Índice general de Hispánica

"Relectiones", de Francisco de Vitoria,
creador del Derecho Internacional

 

"A este propósito, Grocio no hace otra cosa que citar y adoptar los argumentos de Vázquez de Menchaca y Castro, dos escolásticos españoles que no han vacilado, aún siendo españoles, en llevar a sus últimas consecuencias sus puntos de vista que, generalmente, se consideran como específicamente grocianos. La verdad es que esa escuela escolástica de juristas españoles se nos aparece a la vez como independiente, científica y humana; desde entonces por nadie ha sido superada. Sin ella, sin soplo divino que la animaba, sin su ciencia y su penetración no hubiese existido el derecho internacional de Grocio ni el Derecho, cual lo conocemos en tiempos modernos".
(Knight: "The life and works of Hugo Grocio", London, 1923)

 

 

 

Baltasar de Ayala (1548-1584)

Juan de Matienzo (1520-1579)


Vitoria, Francisco de (1483-1546)

Teólogo y jurista español del s. XVI. 1. Vida y obras. N. en Burgos, de padre alavés y madre leonesa, en 1483 o en 1492. Ingresó en 1504 en el convento dominico burgalés. En 1509 fue a estudiar Humanidades y Teología a la Univ. de París, doctorándose en 1523, año en el que regresó a España para explicar la Summa aquiniana en el Colegio de S. Gregorio de Valladolid. En 7 sept. 1526 ganó, por oposición, la cátedra de Prima Teología de la Univ. de. Salamanca, enseñando también en la escuela de misioneros que era su convento de S. Esteban. En 1544 un ataque de gota le dejó medio paralítico, y por ello se excusó de asistir al Conc. de Trento. M. el 12 ag. 1546, en su celda salmantina. Con su extraordinaria doctrina y sus nuevos métodos pedagógicos, formó una pléyade de discípulos. No sólo renovó los estudios teológicos, con una orientación humanística, sino los del Derecho Público, siendo el creador de la ciencia del Derecho Internacional y fundador de la Escuela española del XVI. Durante la vida de V. no se imprimió ninguna de sus obras, dejó no obstante numerosos manuscritos y apuntes de clase que luego han sido publicados. Pueden distribuirse en dos grupos: explicación de la obra de s. Tomás de Aquino y relectiones. Las lecciones sobre las obras de S. Tomás fueron dictadas en el siguiente orden: 1526-29, comentario a la 2-2 de la Summa; 1529-31, comentario a la la parte; t533-34, comentario a la 1-2; 1534-37, nuevo comentario a la 2-2; 1537-38, comentario a la 3a parte; 1538-39, comentario al IV Sententiarum: 1539-40, nuevo comentario a la 1 a parte de la Summa. De ellas se conservan varios códices. Los comentarios a la 2-2 de la Summa han sido publicados por Beltrán de Heredia (6 vol., Salamanca-Madrid 1932- 36); el comentario a las cuestiones De sacra doctrina, lo ha publicado C. Pozo en «Archivo Teológico Granadino» 20 (1957) 307-426.
      Las relectiones son una especie de lecciones que resumían toda la materia del año académico o trataban algún tema de actualidad en el momento concreto. Eran desarrolladas ante todo el alumnado de la Facultad o incluso de la entera Universidad; de ahí que obligaran a una esmerada preparación, constituyendo tal vez la parte más importante de la obra de V. de entre ellas mencionemos: De potestafe civile (desarrollada en la Navidad de 1528); De matrimonio (epero 1531); De potestate Ecclesiae prior (comienzos de 1532), De potestate Ecclesiae posterior (mayo o junio 1533), De pofestate Papae et Concilii (abril-junio 1534), De Indis prior (junio 1539), De Indis posterior sive de iure belli (junio 1539). Se conservan en total 13 relectiones; han sido objeto de diversas ediciones (Lyon 1557; Salamanca 1565, Ingolstadt 1580, etc.). Modernamente han sido reeditadas por A. Getino (3 vol., Madrid 1933-35) y T. Urdanoz (Madrid 1960).
      2. Obra teológica. a) Su empresa renovadora. M. Pelayo afirmó «De Vitoria data la verdadera restauración de los estudios teológicos en España». En la actualidad este aserto ha sido documentalmente comprobado, y se ha puesto en claro la significación de V. en el desarrollo de la Teología. Su temple renovador encontró, durante sus estudios en París, el ambiente que le hizo sentir la urgencia de la restauración de la Teología y le proporcionó los medios para llevarla a cabo. Allí, frente a la escolástica decadente del nominalismo, sus maestros Crockaert y Juan de Fenario iniciaban la restauración tomista, a la que V. se incorporó con entusiasmo. Al mismo tiempo, fue sensible a las aspiraciones del renacimiento humanista, que alcanzaban también a la Teología, trayendo consigo su renovación metodológica. Al regresar a España se enfrentó a una Teología de pocos vuelos, carente de la vida y ajena al humanismo cultural. Ante ella, buscará la revisión del método teológico, la correcta utilización de las fuentes y la preocupación por aquellos temas que interesaban especialmente a los hombres de su época. La argumentación teológica -piensa- debe ensanchar su base positiva estudiando el dato escriturístico, con ayuda de los hallazgos de la ciencia bíblica, e interpretando a la luz de los antiguos Concilios, decretos pontificios y enseñanzas patrísticas. La autoridad tiene, en Teología, la primacía ya que expresa la palabra de Dios; sobre ella, y bajo su guía, se edifica el discurso racional, que tiene una función imprescindible en la elaboración de la ciencia teológica. Con ello se opone a los excesos dialécticos del nominalismo, al abuso del recurso al magister dixit, que ahogaba antes de nacer cualquier progreso de la Teología, y al exclusivismo escriturístico de los reformadores protestantes.
      Del interés humanista del Renacimiento, V. asume el empeño de acercarse a las cuestiones humanas, desarrollando la parte práctica de la Teología. Sale al encuentro de los hechos concretos y de las situaciones históricas de la sociedad, para examinarlos desde los principios sapienciales.
      Con él se renuevan también los procedimientos de enseñanza: utiliza un lenguaje sobrio y claro, que contrasta con las complicaciones de la escolástica decadente. Contra las costumbres académicas en vigor, implantó el uso de la Suma reológica de S. Tomás como texto base de las explicaciones escolares, sustituyendo al libro de las Sentencias. Este hecho significó una positÍva reforma por las ventajas que la sustitución, puso orden y claridad, rigurosa trabazón sistemática y seguridad doctrinal. También a partir de su enseñanza, y por el interés que suscitó, se hizo común la costumbre de copiar en el aula las explicaciones del profesor. Con ello sus lecciones se perpetuaban y difundían, dando lugar a la formación de una numerosa escuela de discípulos, que hicieron suyas las enseñanzas del maestro. Estos continúan, sobre todo, su espíritu, ya que dan pruebas de una sana independencia de juicio, y en ocasiones retocan posiciones del maestro o formulan explícitamente lo que en él no había pasado de ser una intuición. No menos de 31 discípulos suyos ocuparán' cátedras en la Universidad de Salamanca, siendo también muy numerosos en los demás centros de la península y en los que surgen en América. Figuras de primera magnitud: Soto, Cano, Vega. Chávez, Ledesma, Báñez, etc., continuaron y desarrollaron la obra renovadora iniciada por Vitoria.
      b) Doctrina. Más que referirnos a puntos concretos, lo que no tendría mucho interés, ya que la importancia de V. está n,o tanto en la tesis que sostuvo, cuanto en el movimiento al que dio lugar, preferimos subrayar las constantes fundamentales de su pensamiento. S. Tomás, interpretado por Cayetano, será su inspirador y fuente principal, dentro de una flexibilidad que le permite admitir aportaciones posteriores de Escoto e incluso del nominalismo. Su espíritu abierto le hace a veces correr el riesgo de cierta indecisión y hasta de cierto eclecticismo doctrinal en cuestiones especulativas, a las que dedicó menos atención, ya que imprimió una orientación práctica a su enseñanza, centrándose en los problemas de tipo moral. El contacto con la realidad humana va a ser, en su concepción teológica, una constante que guía la selección de temas y, en ocasiones, condiciona su solución, incluso a costa del rigor lógico en ciertas cuestiones dogmáticas; como las referentes a la atrición, al aumento de la caridad, a la necesidad de la fe, etc., en que será corregido por sus discípulos. La consideración de la dignidad del hombre, en cuanto creado a imagen de Dios, dotado de dominio sobre las cosas y de connatural sociabilidad, gobierna muchas de sus enseñanzas características, en especial la de doctrina jurídica.
      En la percepción del orden natural, debidamente discernido del sobrenatural, y con consistencia propia, se cifra el segundo principio inspirador de su teología: evitar la confusión de ambos órdenes y las consecuencias de ello dimanantes, p. ej., en lo referente a la sociedad civil y eclesiástica ya su respectiva autoridad. Al reconocer el valor de lo temporal, se opone a las tendencias teocráticas propias de algunos sectQres de la cristiandad medieval y anticipa y prepara muchos de los planteamientos posteriores.
      Digamos, finalmente, qt\e la figura de V. no quedaría bien perfilada si olvidamos que, en su condición de teólogo de máximo prestigio, ejerció notable inftujo en la vida pública de la Iglesia y de la sociedad de su tiempo. Hubo de dictaminar en importantes consultas: Carlos V requirió varias veces su parecer e iniciativa, intervino en la censura de los escritos de Erasmo; promovió la tarea renovadora de la Iglesia, contribuyendo a la obra del Conc. de Trento, donde la actuación de sus discípulos suplió su personal ausencia, etc.
      3. Obra jurídica. a) Su concepción del Derecho Internacional. V. concibió la idea del totus orbis O comunidad universal de todos los pueblos organizados políticamente, fundada en el Derecho natural y basada en el ius societatis et communicationis. Expresó los principios fundamentales del Derecho llamado a regir la comunidad internacional. Fue el primero en definir el moderno Derecho de Gentes: «quod naturalis ratio inter omnes gentes constituit vocatur ius gentium» (lo que la razón natural constituye entre todas las gentes, se llama derecho de gentes) .Cambiando el homines de Gaio por gentes o naciones, abre la vía al Derecho internacional, que no podía ser el que la razón natural estableció entre todos los hombres considerados individualmente, sino agrupados en naciones. El Derecho inter omnes gentes vitoriano es un Derecho universal pero mutable, aunque bastante fijo. Se configura como Derecho positivo, ex communi consensu omnium gentium et nationum; es obligatorio, porque sin él no podría cumplirse debidamente el Derecho natural; su autoridad dimana del «convenio virtual de todo el Orbe» : «El Derecho de gentes no sólo tiene fuerza por el pacto y convenio de los hombres, sino que tiene verdadera fuerza de ley. El Orbe todo, que en cierta manera es una república, tiene poder para dar leyes justas ya todos convenientes, como son las del Derecho de gentes». Esta «autoridad de todo el Orbe» afirmada por V. es la autoridad internacional deseada e intentada en el s. XX, la «autoridad pública universal, reconocida por todos, con poder eficaz para garantizar la seguridad, el cumplimiento de la justicia y el respeto de los derechos» , de que habla el Conc. Vaticano II (Const. Gaudium et spes).
      He aquí la gran modernidad del pensamiento jurídico de V ., que no se limitó a concebir un sistema de Estados soberanos sometidos a las normas de un Derecho internacional de coordinación, sino que atisbó la instauración de un orden mundial al que se subordinen las soberanías estatales, y que afirmó un ius inter gentes amparador de los derechos humanos.
      b) Su teoría sobre el Derecho de la guerra. En su relección segunda De lndis sive de Jure Belli (1539), y analizando si es lícito para los cristianos el hacer la guerra, mantuvo que su declaración pertenece al Estado, pero sólo cuando tenga justa causa: "La única y sola justa causa para hacer la guerra es la injuria recibida". Ha de ser una iniuria grave y culpable, que sea el único y último medio para reprimirla, con tal que la guerra no signifique un mal mayor para la nación y el universo entero (Relección De potestate civili). En todo caso, el príncipe ha de tener en cuenta tres reglas áureas: 1) No debe buscar ocasión ni pretextos para la guerra, sino que, en cuanto pueda, debe guardar la paz con todos los hombres; 2) Una vez estallada la guerra por alguna justa causa, se debe hacer no para ruina y perdición de la nación a quien se hace, sino para la consecución de su derecho y para defensa de la patria y con el fin de lograr la paz y la seguridad; 3) Obtenida la victoria, debe usar del triunfo con moderación, considerándose como juez entre los ofendidos y los que injuriaron; para satisfacer a los primeros con el menor daño y perjuicio para los segundos.
      c) Su doctrina sobre la conquista del Nuevo Mundo. Desde la Junta de Hurgos de 1512 se venía debatiendo en España la licitud de la dominación española en América. Sobre tan magna cuestión habría de pronunciarse V ., sin intervenir directamente en la polémica lascasiana, en sus relecciones De temperantia (1537) y De lndis (1539). En esta última, tras rechazar la usucapión como título justificativo de dominio, afirma que los indios eran verdaderos dueños antes de la llegada de los españoles. Considera también títulos ilegítimos para justificar la soberanía castellana la autoridad universal del emperador, la autoridad temporal del Papa, el descubrimiento, el no recibir los indígenas el Evangelio, los pecados de los indios, la adquisición por enajenación contractual y la ordenación divina. Menciona en cambio siete títulos que justificarían la conquista española: la sociedad y comunicación natural, que comprende el derecho de peregrinación y comercio, la propagación de la religión cristiana, el impedir que los convertidos sean vueltos a la idolatría, dar un príncipe cristiano a los convertidos, evitar la tiranía y las leyes vejatorias, la elección verdadera y voluntaria y la amistad y alianza.
      Tal es el esquema, crítico y equilibrado, de la construcción vitoriana. No consideró ilegítima la acción española en América, sino que la depuró, rechazando títulos falsos de dominio, dejando sentado el principio de la libertad e igualdad jurídica de todos los pueblos, y advirtió que aun en el supuesto de que no hubiera habido deficiencias en los títulos que originariamente movieron a la ocupación, los españoles no debían abandonar las Indias: «después que se han convertido allí muchos bárbaros, ni sería conveniente ni lícito al príncipe abandonar por completo la administración de aquellas Provincias» .Esta conclusión fue de gran importancia histórica. Cuando en 1542, ante las alegaciones de Las Casas y otros frailes, que no sólo condenaban ciertos abusos cometidos en el Nuevo Mundo, sino que opinaban que el rey no tenía derecho alguno a conquistar aquellos países y debía restituir el Perú al Inca, la doctrina vitoriana contribuyó a que Carlos V no abandonara la acción indiana.

L. GARCIA ARIAS.

Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
(Indice)

Ginés de Sepúlveda (1496-1573)

Juan de Ginés Sepúlveda estudió en Córdoba y Alcalá de Henares, completando su formación académica en Bolonia. Su interés por Aristóteles le llevó a traducir dos de sus obras. Pasó como consejero al servicio del cardenal Cayetano, colaborando en la elaboración del "Nuevo Testamento". Su papel contrario a las reformas eclesiásticas le llevó a combatir el pensamiento de Erasmo de Rotterdam y a refutar a Lutero, defendiendo a Catalina de Aragón frente a Enrique VIII. En 1535 fue nombrado capellán por Carlos I e inicio su defensa del derecho de los pueblos civilizados a someter por las armas a los salvajes. Contrario al espíritu de las "Leyes Nuevas" consiguió que las revocaran en 1542, lo que motivó la llegada a España de Las Casas. Desde ese momento se inició una guerra dialéctica entre Sepúlveda -con la publicación de "De justis belli causis apud indios"- y Las Casas -publicando "Treinta proposiciones muy jurídicas"- que condujo a la celebración de una reunión de teólogos en Valladolid entre los meses de agosto y septiembre de 1550 con el objetivo de solucionar la disputa. En la reunión participaron Domingo de Soto, Bartolomé Carranza y Melchor Cano, sustituido posteriormente por Pedro de La Gasca. Sepúlveda defendió sus ideas de guerra justa contra los indios a causa de sus pecados e idolatrías, por su inferioridad cultural y para evitar guerras entre ellos, argumentos a los que ya se había opuesto Francisco de Vitoria. No hubo resolución final y cada uno de los contrincantes se consideró vencedor. Sepúlveda abandonó la vida pública para retirarse a su pueblo natal donde falleció.

(www.artehistoria.com)

(Indice)

 

Martín de Azpilcueta (1492-1586)

Teólogo moralista y célebre canonista español del s. XVI; llamado el Doctor Navarro, por su origen. N. el 13 dic. 1492, en Barasoain (Navarra); pariente de S. Francisco Javier, con quien mantuvo relaciones epistolares; estudió Filosofía en Alcalá (1503-1510) y Derecho en Tolosa; fue profesor de Derecho con gran brillantez en Tolosa, Cahors, Salamanca (donde ingresa en 1524 y en donde ocupa, en 1537, la cátedra de Prima de Derecho), y Coimbra (1538-1555, donde tiene como alumno a Covarrubias). De 1555 a 1567 fue consejero de Derecho canónico en la corte de Felipe II. A. defendió a Carranza en Valladolid y en Roma, a donde se dirigió en 1567; este hecho le enemistó con el rey. En Roma, su talento, su piedad y sus virtudes le merecieron el favor de los papas Pío V, Gregorio XIII y Sixto V. Fue nombrado consultor de la Sagrada Penitenciaría, y aunque no pudo recibir la púrpura cardenalicia por oposición de Felipe II (cfr. J. Goñi Gaztambide, Por qué el Dr. Navarro no fue nombrado cardenal, «Príncipe de Viana», 111, 1942, 419-455), no dejó de ser una de las personalidades más célebres de la Ciudad Eterna, donde m. el 21 jun. 1586.
      Como canonista, A. ha dejado innumerables obras de Derecho. Es famosa De reditibus beneficiorum ecclesiasticorum (Sobre los réditos de los beneficios eclesiásticos), Roma 1568, 1574 (la 1ª. ed. española en Valladolid 1566), en la que sostiene la opinión de que es obligación de justicia para todos los beneficiados emplear los bienes superfluos en obras pías. Todas las obras canónicas fueron publicadas en edición completa en Roma (3 vol., 1590), en Lyon (1589-91), en Venecia (5 vol., 1602); pero la mejor es la de Colonia (5 vol. in-folio, 1606). El método de A., en sus clases y en sus obras de Derecho, es la unión del Derecho civil y el canónico con un fin al mismo tiempo pastoral.
      A. es conocido sobre todo por su obra de Moral, el Enchiridion si ve Manuale confessariorum et paenitentium (Enchiridion o Manual de confesores y penitentes). Apareció primero en castellano (Coimbra, 1553; Salamanca 1557), siendo después refundido en latín (Amberes, 1575). Es un libro que ha tenido más de 50 ediciones y ha sido publicado en diversas lenguas: castellano, portugués, italiano, latín. Varios autores han hecho de él síntesis escolares. Es una obra clásica, que coloca a A. entre los más eminentes casuistas y autores de pastoral penitencial. De esta Teología moral práctica, sobre todo de la Universidad de Salamanca, y de las Sumas de confesores han de nacer las Instituciones morales postridentinas, que han prevalecido hasta nuestros días en la enseñanza de la moral en los seminarios.
      La Suma de moral de A. procede con el siguiente orden: 1) alma humana; 2) confesión; 3) diez mandamientos; 4) cinco preceptos de la Iglesia; 5) siete sacramentos; 6) soberbia y pecados capitales; 7) obras de misericordia; 8) pecados de los diversos estados; 9) censuras y excomuniones. Este esquema está inspirado en la práctica penitencial. A. fue un moralista que juntó el Derecho con la moral en orden a la práctica del sacramento de la Penitencia, al estilo de S. Alfonso María de Ligorio, de Noldin o de Vermeersch. Introdujo, en cierta medida la especulación jurídica en la moral, aunque descuidó la fundamentación dogmática y filosófica de las soluciones morales prácticas. A. se preocupó también de la moral económica, si bien de un modo práctico y casuístico. Su estudio sobre cambios y usura denota en él un conocimiento grande de la vida económica de su tiempo. Fue ensanchando el campo lícito de las operaciones, a pesar de su restricción inicial.

MARCIANO VIDAL.

Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

(Indice)

Alfonso de Castro (1492-1558)

Vida. Teólogo, jurisconsulto, escriturista y predicador español, n. en Zamora en 1492. A los 15 años tomó hábito de S. Francisco, en cuya Orden llegó a desempeñar cargos de gobierno. Estudió Teología y Filosofía en la recién fundada Univ. de Alcalá, de donde pasó a enseñar Teología en su convento de Salamanca, tarea a la que dedicó 30 años. Si no enseñó en la Univ. de Salamanca, ni en sus obras ostenta títulos de doctor o maestro (rigurosas normas de los franciscanos observantes), con todo, su nombre hay que colocarlo junto a Carvajal y Vitoria (v.), con quienes contribuyó al renacimiento de la Teología. Consejero de Carlos V, viaja con él a la coronación y a los Países Bajos, donde predica a los mercaderes españoles, disputa con los luteranos y prepara su obra más conocida, Adversus omnes haereses, publicada en 1534. La defensa de la fe, necesidad del momento, ocupa su vida y sus escritos más difundidos. De regreso a Salamanca brilla como predicador, denunciando fogosamente los abusos que, tanto en el clero como en el pueblo, favorecen la herejía. Como maestro, destaca por su independencia de pensamiento frente a los grandes teólogos a quienes venera y de quienes disiente, cuando lo cree oportuno, con gran libertad intelectual. Asiste al conc. de Trento (1545-47, como teólogo del card. Pacheco, de Jaén, y 1551-52, enviado por el Emperador): interviene enérgicamente en las discusiones y prepara material sobre el canon de la S. E., la inspiración, la justificación, la Misa, etc.; son aducidas por los Padres algunas de sus doctrinas escritas. En 1553 pasa al servicio de Felipe II, acompañándole en su viaje y boda en Inglaterra; es consultado en los asuntos importantes del Imperio y dicta su parecer, según lo cree justo, sea contra el rey o contra el Papa. Pasa a Amberes, donde continúa su labor de predicador apasionado con católicos y protestantes. Nombrado por Felipe II arzobispo de Santiago, en Bruselas m. el 3 feb. 1558. Una vida tan agitada deja espacio a su ágil pluma para escribir sobre todas las ciencias sagradas libros continuamente enriquecidos y salpicados de experiencia.
      Obras. Adversus omnes haereses libri 14, especie de enciclopedia de herejías (más de 400), expuestas y refutadas no por orden cronológico o sistemático, sino en cuanto se oponen a conceptos cristianos (130 voces) recogidos por orden alfabético. Se editó más de 10 veces en sólo 22 años: Francia, Alemania e Italia vieron las sucesivas ed. corregidas por el autor; Hermant en 1712 la tradujo al francés y Andrés de Olmos la puso en verso castellano. Es su obra más difundida, por la que se le llamó «azote de herejes». De fusta hereticorum punitione 1.3, Salamanca 1547, en que con principios teológicos y jurídicos define el justo medio entre la condena farisaica y la cobarde blandura con el hereje: modo de devolverlo a la fe, penas del contumaz y causas socioreligiosas de las herejías. De potestate legis poenalis, Salamanca 1550; numerosas veces reeditada, es un estudio científico de extraordinaria importancia por el que ha sido llamado por penalistas civiles «padre y fundador del Derecho Penal» (v.); la reedición de Murcia 1931 muestra la validez actual de sus conceptos: trata sistemáticamente todo lo referente a la naturaleza y fin de la pena y sus relaciones con el delito en orden al tema de las leyes penales (v.) patrias que, sostiene, obligan en conciencia y esto antes de la sentencia del juez. 25 Sermones sobre el salmo 50 y 24 sobre el salmo 31. A estas obras, recogidas en la última ed. de Madrid 1773, hay que añadir otras menos difundidas: De validitate matrimonii Henriqui VIII el Catharinae y un comentario al profeta Isaías, no publicado. Sus libros teológicos, de muy buen leer, revelan una personalidad vibrante y audaz; siempre en la ortodoXIa, no están exentos de imprecisiones señaladas por la crítica.

A. DE MIER VÉLEZ.

Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

(Indice)

Vázquez de Menchaca (1512-1569)

Contemporáneo de Domingo de Soto, inspirador de la obra de Hugo  Grocio  que se adelantó a muchos de los planteamientos de filosofía política de Locke e incluso a Hobbes, con una concepción de la naturaleza idéntica al homo oeconomicus que utilizarnos los economistas, realiza una defensa de lo que  él denomina derechos naturales del individuo y resalta los límites de la autoridad política  frente  a los derechos de los individuos hasta la justificación del tiranicidio. Sólo la utilidad de los  hombres justifica la organización social y el principado. Resalta la importancia del interés propio como el estímulo más eficaz del comportamiento humano. La defensa de la libertad y  del derecho individual le lleva a la conclusión de que "no podernos ser despojados de nuestros  bienes de modo absolutos ni tan siquiera en aras de la utilidad pública, a no ser que en último  término se nos otorgue una recompensa justa". Tampoco "puede el príncipe privarnos de una  propiedad adquirida por prescripción". Sin embargo esto no le impide considerar la  ineficiencia del mayorazgo que "enriquece a uno y sepulta a muchos en triste esclavitud".

(Indice)

 

 

Covarrubias y Leyva, Diego de (1512-1577)
Jurisconsulto castellano. N. en Toledo en 1512; tras aprender el latín con Almofara y el griego con Clenardo, marchó en 1527 a Salamanca, donde entre otros maestros, tuvo a Martín de Azpilcueta. En 1538 obtuvo una plaza en el colegio del Salvador de Oviedo y el título de bachiller en cánones; al año siguiente, el de doctor; en 1540, una cátedra que desempeñó durante ocho años. De 1548 a 1559 ejerció el cargo de oidor en Granada. En 1560 visitó y reformó la Univ. de Salamanca. En el mismo año, como obispo de Ciudad Rodrigo, asistió alconc. de Trento (v. TRENTO, CONCILIO DE) con activa participación en la sección XX, de organización y disciplina. En 1571 fue nombrado presidente del Consejo de Castilla, siendo sucesor del card. Espinosa, y se acreditó como hombre de gobierno. M. en 1577.
      Su producción jurídica está ligada a su carrera académica. Comprende un tratado de esponsales y matrimonio que terminó en 1545; otro de testamentos y sucesión intestada, de 1547. De las relecciones universitarias procede una serie de escritos sobre juramento, excomunión, prescripción adquisitiva, restitución y homicidio. Su dictamen sobre la moneda sintetiza el tratamiento numismático, político, jurídico y moral. En 1552 compiló un volumen de sus Varias Resoluciones, y en 1556, otro de Cuestiones Prácticas. Canonista y civilista insigne, hasta merecer el apelativo de Bártolo español (v. BARTOLO DE SASSOFERRATO), fue el prototipo de jurista del rey, bajo Felipe 11. Sus obras completas, reunidas en 1558 y reimpresas muchas veces hasta 1762, gozaron de una amplia vigencia. Alguna colaboración recibió de su hermano Antonio (15141602), también jurisconsulto y teólogo, y destacado helenista, que le acompañó a Trento y en el Consejo de Castilla; su ayuda fue especialmente notable al preparar una edición de la Lex Visigothorum, contemporánea a la de Pithou (1579).
     

RAFAEL GIBERT.

Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991


(Indice)

Luis de Molina (1535-1600)
"El Molinismo es uno de los mayores esfuerzos que el pensamiento católico ha hecho para explicarse a sí mismo; es, al mismo tiempo, un esfuerzo metafísico enorme". (Alberto Bonet)

Nace en Cuenca, de familia noble. A los 18 años entra en la Compañía de Jesús en Alcalá de Henares. Estudia Filosofía y Teología en Coimbra y es profesor en la Universidad de Evora. Muere en Madrid, el 12 de octubre de 1600.

En su libro "De Justitia et jure" (Cuenca, 1593)  Molina desarrolla una teoría general del Derecho prestando especial atención a los problemas jurídico-económicos de su tiempo, tales como la política monetaria, "la ley de cambio", la regulación de los precios, las relaciones iglesia-estado, problemas fiscales y libertad de mercado.

Sus opiniones sobre la esclavitud son interesantes. Molina considera que la esclavitud es justificable en ciertas circunstancias. Por ejemplo, los condenados a muerte pueden solicitar la conmutación de la pena por la esclavitud perpetua; los enemigos conquistados en una guerra justa pueden ser sometidos a esclavitud como compensación a las pérdidas  de los vencedores; los adultos conscientes y libres pueden decidir venderse a sí mismos como esclavos.  En cambio, su análisis del comercio de esclavos africanos, que pudo conocer directamente en el puerto de Lisboa, le lleva a la conclusión de que el tráfico de esclavos tal como estaba siendo llevado por los portugueses, era injusto y malvado y aquellos que se dedicaran a dicho negocio, vendedores y compradores, estaban posiblemente destinados a la condenación eterna.

(http://www.eumed.net/cursecon/economistas/molina.htm)

(Indice)

 

 

Mariana, Juan de (1536-1623)
Historiador español del s. XVI, autor de una Historia general de España, obra de gran estilo y fama relevante entre todas las de su género; como tratadista de temas teológicos y políticos es una de las glorias intelectuales de la Compañía de Jesús y una de las mentes más lúcidas del pensamiento español de la época. N. en Talavera en 1536 y estudió en Alcalá de Henares, dedicándose con especial vocación a las humanidades. En sus años universitarios conoció al P. Jerónimo de Nadal, colaborador de S. Ignacio. De esa amistad nació su decisión de ingresar en la recién creada Compañía de Jesús, cuando tenía 17 años. Pasó por importantes centros de formación y tuvo grandes maestros, como Francisco de Borja y el P. Laínez, general de la Compañía, quien le escogió como profesor para el colegio de Roma (1561). Desde allí, y tras dos años de magisterio en Sicilia, pasó a París, donde se doctoró en Teología.
      Vuelto a España, residió en Toledo desde 1574, en la casa profesa de los jesuitas. Desempeñó varios cargos, como examinador sinodal, consejero del Santo Oficio y censor de obras teológicas y escriturísticas, revisando, entre otras, la famosa Biblia Políglota de Amberes, que había dirigido el gran hebraísta Arias Montano.
      La obra del P. M. es muy extensa y abarca una amplia temática. En 1581 colaboró en la redacción del Manual para la administración de sacramentos del Dr. García de Loaysa, que se publicó en Toledo. Un año más tarde redactaba las Actas del concilio diocesano de Toledo, y en 1584 dirigía la composición del índice de libros prohibidos. Su obra más extensa, Historia general de España, fue compuesta y publicada en 1592 y 1601. En ese mismo periodo publicaba en Toledo (1598) su tratado De rege et regis institutione, obra muy ciceroniana en su estilo y cuya tesis estriba en definir la potestad real, que M. limita, en cuanto hace residir el poder en la comunidad, que lo trasmite al príncipe, quien, por su parte, está supeditado a la ley natural y a la positiva, tesis original e incluso revolucionaria dentro de la concepción monárquica de la época.
      Su teoría del tiranicidio, justificable como último extremo cuando el príncipe no sirve al fin ético del Estado, el bien común, ha sido frecuentemente desenfocada e incluso tratadistas políticos del xix han visto en M. un precedente del liberalismo (v. TIRANRÍA). Para M. existe una perfecta distinción entre el rey y el tirano, cuya muerte nunca puede ser obra de justicia individual, sino última decisión de toda la comunidad. Los Siete tratados, publicados en Colonia en 1609, son también obra polémica. El cuarto de ellos, De mutatione monetae, en que ataca la devaluación monetaria ordenada por Felipe III, sin previo asentimiento del pueblo, le valió un proceso inquisitorial instigado por el duque de Lerma y año y medio de prisión en el convento de S. Francisco de Madrid.
      Gran latinista, buscó para su obra maestra, Historia general de España, una base historiográfica romana, producto de sus lecturas de Salustio y Tácito. Elaborada sobre crónicas e historias anteriores, carece ésta de una labor crítica depuradora de las fuentes que manejó, tal como lo había hecho, p. ej., su coetáneo Zurita (v.); de ahí que adolezca de falta de criterio científico. Tampoco fue éste, por cierto, el objetivo de P. M., «sino poner en orden y estilo lo que otros habían recogido». Se desentiende de la procedencia de los datos y noticias que maneja y se dirige a crear, con estilo a veces muy oratorio, una gran panorámica histórica. En realidad, es una obra de valoración de España, escrita hacia las otras naciones, donde se puede resaltar el factor patriótico, claro indicio de una motivación política. Comienza la obra con las consabidas alabanzas de España, iniciadas por S. Isidoro, cuyas obras había editado M. por deseo del rey (1595-99). El relato sigue un plan cronológico, aun en periodos tan confusos como la Reconquista, y llega hasta 1516. Compuesta primero en latín, su éxito le llevó a redactarla y publicarla también en castellano en 1601. El P. M. m. el 16 feb. 1623, en la casa profesa de Toledo.

M. ESPADAS BURGOS

Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

(Indice)

Suárez, Francisco (1548-1617)
Teólogo y filósofo, nacido en Granada. Estudió en Salamanca, e ingresó en la Compañía de Jesús en 1564. En un principio, fue rechazado por considerársele poco inteligente.
Enseñó Filosofía de 1572 a 1574 en los Colegios de Salamanca y Segovia. Hasta 1597 fue profesor de los Colegios de Avila, Valladolid, Colegio Romano en Roma, Alcalá y Salamanca. Desde 1597 hasta 1615 ocupó la cátedra de Prima en la Universidad de Coimbra.
Entre sus obras de Filosofía y Teología destacan los dos grandes volúmenes de Disputationes metaphysicae, impresos en 1597; la gran obra jurídica De legibus ac Deo Legislatore, De Deo uno et Trino. Contra el rey Jacobo I de Inglaterra escribió Defensio fidei adversus Anglicanae sectae errores. También el tratado De Anima.
Suárez es el más destacado representante de la escolástica en el siglo XVI, el único gran filósofo escolástico después de Ockam. Su labor más importante es la sistematización de la metafísica y su filosofía jurídica y política.
Aunque se mantuvo en general dentro del tomismo, sin embargo no se vió limitado por este sistema, sino que adoptó posturas independientes y aun en contra cuando su investigación y penamiento así lo requerían. Profundizó con una claridad y un rigor extraordinarios. No fue sólo un comentarista, sino un filósofo y un teólogo auténtico, original, que influyó activamente en el desarrollo de importantes aspectos de la Filosofía y Teología. Durante los siglos XVI y XVII sus obras eran estudiadas y analizadas en las más importantes universidades europeas. No cabe duda que Descartes y Grocio fueron influidos por Suárez, como lo fue la metafísica de Leibniz. Lo mismo puede afirmarse de los idealistas alemanes.
En el ambiente del pensamiento político, Suárez analizó, entre otros, el tema importantísimo del origen del poder. En este sentido es contrario a la teoría del origen divino de los reyes que con tanto ardor se defendió en los países protestantes. El poder real no viene inmediatamente de Dios, sino, como afirmaron muchos otros juristas españoles de la época, el poder real tiene que fundamentarse en el consentimiento del pueblo. Es el pueblo quien tiene el poder, la soberanía, derivada directamente de Dios. Por eso el pueblo puede retirar legítimamente su consentimiento a los soberanos indignos de ejercer el poder que él ha depositado en sus manos. Es esta teoría un claro desarrollo de la soberanía popular que más tarde se desarrollaría y adquiriría nuevas fundamentaciones religiosas y laicas.
Las obras completas de Suárez alcanzan 26 volúmenes, y con toda justicia se le conoce como el Doctor Eximio.
(Indice)

Juan Solórzano Pereira (1575-1655)

Inició sus estudios de derecho en la Universidad de Salamanca, cursando durante doce años, y a temprana edad será nombrado catedrático de Prima y en 1607, de vísperas de leyes. En 1609 es nombrado oidor de la Audiencia de Lima por Felipe III, permaneciendo en el cargo hasta 1627. En 1616 será nombrado gobernador y visitador de las minas de Huancavélica y a su regreso, dos años después, tenía preparado el primer libro y el índice de los cinco restantes de una recopilación de cédulas y ordenanzas del gobierno de la región. Solicitó el regreso a la península al conde-duque de Olivares en 1627 debido a la dificultad de promoción. En febrero del año siguiente era designado fiscal del Consejo de Hacienda , poco después del de Indias, pasando a ser miembro de este último consejo en octubre de 1629. En 1640 el rey Felipe IV le concede el hábito de caballero de la Orden de Santiago y el título de Consejero del Supremo de Castilla. Entre sus numerosos trabajos jurídicos destaca la exposición doctrinal de conjunto, escrita en latín y dividida en dos partes: "Disputatio de Indiarum iure sive de iusta Indiarum occidentalium inquisitions, adquisitione et retentione" y "De Indiarum iure sive de iusta Undiarum occidentalium gobenatione", tratando en la primera de la descripción y descubrimiento de las Indias y en la segunda de la organización política de los territorios americanos. En 1653 publicó "Emblemata regio Politica" sobre la teoría del Estado.

(www.artehistoria.com)

 

Leyes de Indias:

Las Leyes de Burgos

Estas leyes ordenaban que se debía establecer a los indígenas cerca de los asentamientos españoles. De esta forma se intentaba lograr el trato efectivo y permanente con el español para lograr la evangelización, una adaptación más estrecha a los modos de vida europeos y un mejor aprovechamiento de su fuerza de trabajo.
"La primera, que pues los indios son libres, y Vuestra Alteza y la Reina, nuestra señora que haya santa gloria, los mandaron tratar como a libres, que asi se haga."



Las Leyes Nuevas

Estas fueron redactadas en 1542. En ellas se reitera la disposición que prohibia la esclavitud y el trabajo forzado de los indígenas. También se establecía el monto de los tributos a pagar por los indios como vasallos de la corona. Además se legislaba sobre trabajos peligrosos como la extracción de perlas y las encomiendas. Estas leyes tuvieron una fuerte resistencia por parte de los colonos españoles y tardaron años en comenzar a cumplirse.


Las ordenanzas de Alfaro:

Felipe II, ante las reiteradas denuncias de algunos funcionarios y miembros del clero, dispuso que el presidente de la Audiencia de Charcas inspeccionara las regiones de su jurisdicción con el objeto de producir un informe respecto del trato dado a los indígenas.

Con considerable retraso- año 1610- el presidente de la nombrada Audiencia encomendó al oidor Francisco de Alfaro la misión de cumplimentar la ordenanza real. Éste recorrió la región del Tucumán, Cuyo, Buenos Aires y Paraguay y en la ciudad de Asunción (1612) dio forma a las Ordenanzas que llevan su nombre. En ellas el oidor Alfaro cumplió toda la legislación referida a la situación del indio :
  • se reitera la supresión del trabajo servil de los indios ;
  • se establece que no podían ser trasladados a más de una legua de distancia de su residencia habitual ;
  • declara nula toda compraventa de indios, fijando que todos aquellos que hubiesen sido trasladados de una encomienda a otra serían devueltos a su lugar de origen ;
  • el indio tendría libertad de elegir patrón, pero no podía comprometerse a servir al mismo más de un año ;
  • se establece el pago de una tasa anual de cinco pesos que podían ser pagados en productos de tierra o, en su defecto, con treinta días de trabajo, debiendo encargarse del cobro el justicia mayor o los alcaldes ;
  • se reglamenta la formación de pueblos indígenas regidos por el alcalde indio ;
  • se reglamenta la mita, estableciéndose que la remuneración no podía pagarse en especies y el mitayo debería ser atendido o enviado a su lugar de origen.
Las ordenanzas de Alfaro fueron muy resistidas. Tanto en el Río de la Plata como en el Paraguay se levantaron voces interesadas en impedir la reivindicación del indígena, pero las ordenanzas se aprobaron con algunas modificaciones.



Las leyes de Indias

Tal legislación estaba integrada por las reales cédulas u órdenes, pragmáticas, instrucciones y cartas relativas al derecho público de Hispanoamérica:

  • las reales cédulas eran expuestas al rey por el Consejo de Indias; se referían a una cuestión determinada y comenzaban con la fórmula: '' Yo el Rey, hago saber... ''.
  • las reales órdenes (creadas en la época de los Borbones) emanaban del Ministerio por orden del rey.
  • las pragmáticas eran leyes de carácter general, que se diferenciaban de las anteriores en las fórmulas de su publicación.
  • las ordenanzas (dictadas por los virreyes o por las reales audiencias) legislaban sobre asuntos y, en algunos casos, constituían verdaderos códigos.
La particularidad que tenía la legislación indiana es que se destinaba a legislar para cada caso y cada lugar. El hecho de no integrar un programa orgánico de gobierno, sumado a las enormes distancias entre la metrópoli y sus dominios ultramarinos determinó frecuentes confusiones. Esto era común en algunos casos cuando las autoridades aplicaban disposiciones que ya habían sido derogadas, esto ocurría por no tener conocimiento sobre las mismas. Debido a que muchas veces las autoridades encargadas de dictar las leyes desconocían las reales condiciones sociales, políticas y económicas del medio americano, las disposiciones resultaban inaplicables, convirtiéndose en fuente de resistencias y aun de rebeldías ante la ley. Las autoridades encargadas de hacerla cumplir optaban por un acatamiento teórico declarando suspendida su vigencia. Todos estos inconvenientes fueron advertidos por diversos funcionarios y juristas quienes abogaron por lograr un ordenamiento y codificación de la legislación indiana y así eliminar las abundantes superposiciones y contradicciones legales que dificultan las tareas de gobierno.

Recopilación de las leyes de Indias

Durante el reinado de Carlos II se promulgó la real cédula del 18 de mayo de 1680, que dio fuerza legal a la Recopilación de las leyes de los reinos de Indias, conjunto de disposiciones jurídicas ordenadas en 9 libros, que contienen alrededor de 6.400 leyes. La Recopilación de 1680 constituye un elemento indispensable para conocer los principios políticos, religiosos, sociales y económicos que inspiraron la acción de gobierno de la monarquía española:

Libro I. Se refiere a los asuntos religiosos, tales como el regio patronato, la organización de la Iglesia americana; la situación del clero (regular y secular) y diversos aspectos relacionados con la cultura y la enseñanza, entonces muy conectada con la religión.

Libro II. Se ocupa de la estructura del gobierno indiano con especial referencia a las funciones y competencia del Consejo de Indias y las audiencias.

Libro III. Resume los deberes, competencia, atribuciones y funciones de virreyes y gobernadores. Igualmente hace referencia a la organización militar indiana.

Libro IV. Se ocupa de todo lo concerniente al descubrimiento y la conquista territorial. En consecuencia fija las normas de poblamiento, reparto de tierras y las relacionadas con las obras públicas y minería.

Libro V. Legisla sobre diversos aspectos del derecho público (límites jurisdiccionales) y funciones, competencia y atribuciones de los alcaldes, corregidores y demás funcionarios menores.

Libro VI. Se ocupa fundamentalmente de la situación de los indígenas (condición social, régimen de encomiendas, tributos, etc.).

Libro VII. Resume todos los aspectos vinculados con la acción policial, especialmente los relacionados con la moralidad pública.

Libro VIII. Legisla sobre la organización rentística y financiera.

Libro IX. Se refiere a la organización comercial indiana y a los medios de regularla, con especial referencia a la Casa de Contratación y a los sistemas de comercio.

La guerra justa y el Requerimiento:

España, como se ha dicho tantas veces, fue el único país conquistador que puso en duda su derecho a ejercer una acción dominadora. El asunto no sirvió de nada, pues la conquista de América tuvo la misma virulencia de cualquier otra, pero dice bastante de la capacidad de autocrítica del pueblo español en el siglo XVI. En realidad la conquista, como tal, no fue ordenada por nadie. No existen unas capitulaciones de conquista similares, por ejemplo, a las de Santa Fe, que iniciaron el descubrimiento. La conquista de las Indias se planteó tan pronto como se comprobó que las tierras encontradas no eran China, ni Japón, ni la India, lo que hizo inoperante la idea inicial de fundar unas factorías comerciales para realizar en ellas el intercambio de especias, oro, piedras preciosas, telas finas, etc. Colón se hartó de buscar las mercadurías de que hablara Marco Polo y, finalmente, se dedicó a buscar oro. Las incursiones en busca del metal precioso despertaron el recelo de los naturales y cuando éstos se sublevaron emprendió contra ellos una campaña, al término de la cual les capturó como esclavos y les impuso un tributo. El problema se mixtificó con el hallazgo de indios caribes (antropófagos), que fueron considerados igualmente susceptibles de ser dominados mediante la guerra y esclavizados. Los Reyes se alarmaron ante el envío masivo de esclavos indios a España y consultaron el asunto a juristas y teólogos, que confirmaron la posibilidad de esclavizar a quienes se enfrentaban a los españoles, así como a los antropófagos. Contra los primeros se esgrimió el principio medieval de la guerra justa contra infieles, pero aplicado a paganos, y contra los segundos el de su irracionalidad. Boyl y Margarit señalaron entonces que los métodos empleados por Colón habían llevado a los indios a la rebelión. Los monarcas efectuaron nuevas consultas de las que vino a resultar, en 1500, la declaración de los indios como vasallos libres (se pusieron en libertad los esclavizados sin motivo alguno), si bien continuó manteniéndose el principio de que los rebeldes podían ser sometidos por la guerra y los caribes esclavizados. Ovando realizó luego las grandes campañas militares de la Española contra todos los rebeldes e impuso el repartimiento de los indios como mano de obra de los españoles. Su ejemplo fue secundado en otras islas antillanas, sin que nadie pusiera objeción alguna. En 1511 se complicaron las cosas, pues el padre Montesinos (portavoz de los dominicos de La Española) escandalizó a todo el mundo disertando desde el púlpito contra la explotación de los indios y poniendo, de camino, en tela de juicio la autoridad con que se les dominaba y hasta la guerra que se les hacía. A partir de entonces, los dos problemas del trabajo indígena y de la guerra a los naturales se afrontaron conjuntamente. Los Reyes volvieron a consultar nuevamente a teólogos y juristas que ratificaron la legitimidad de ambos, dándoles además una solución jurídica. El trabajo obligatorio del indio fue considerado justo y necesario, pero siempre que no supusiera su aniquilamiento, ni impidiera su evangelización. Bastaba por tanto reglamentarlo adecuadamente, cosa que empezó a hacerse en la Junta de Burgos de 1512, donde se dieron las primeras leyes en favor de los indios, que formaron en realidad una legislación laboral dirigida a mitigar la explotación indiscriminada de los naturales. Los naturales gozarían de días festivos, remuneración por el trabajo, buen tratamiento, adoctrinamiento, etc. Se complementaron luego con las Ordenanzas acordadas en la Junta de Valladolid el año 1513 y las de la Junta de Madrid de 1516. Naturalmente todas estas leyes no lograron evitar los abusos, sino únicamente castigar a los culpables que explotaban inmisericordemente a los indios... cuando eran denunciados (rara vez) y se comprobaban sus delitos (más raro aún). En cuanto a la cuestión de hacerles la guerra, se salvó mediante el llamado Requerimiento, que estrenó Pedrarias Dávila en 1513. Fue un documento de carácter ético jurídico en el cual se libraba a la real conciencia de responsabilidades, gracias al uso de la advertencia. Dando por sentado el hecho de que los españoles tenían derecho a ocupar las Indias, se interpretó que cuando los indios se oponían a ello era por dos posibles razones; por mala intención, en cuyo caso se les podía hacer la guerra justa sin el menor reparo, o por falta de información. Para solventar este último obstáculo, se decidió explicarles bien el derecho que asistía a los españoles. Se redactó un documento en el que se les ilustraba sobre el particular con toda clase de detalles. Debía leérseles cuando los españoles comprendiesen que los indios iban a lanzarse al ataque, que era considerado el momento oportuno. El Requerimiento, que así se llamó, fue redactado por el famoso jurista Palacios Rubio, y explicaba que Dios hizo el cielo y la tierra y una pareja humana de la que todos venimos (tesis monogenista), y que dejó a San Pedro para que fuese superior del linaje humano. El descendiente de este San Pedro vivía en Roma y era el Papa, quien hizo donación de todas las Indias a los Reyes de Castilla en virtud de ciertas escrituras que, se decía, "podéis ver (estaban en latín) si quisiéredes" y que por tales señores habían sido recibidos por otros indígenas, permitiendo su adoctrinamiento. Se exhortaba luego a los indios a entender todo lo explicado, tomándose el tiempo necesario: "Por ende, como mejor puedo vos ruego y requiero que entendáis bien esto que os he dicho, y tenéis para entenderlo y deliberar sobre ello el tiempo que fuere justo ...." Finalmente se les amenazaba con que si a pesar de todo no aceptaban la presencia española "certifícoos que con el ayuda de Dios yo entraré poderosamente contra vosotros y vos haré guerra por todas las partes y manera que yo pudiere, y vos sujetaré al yugo y obediencia de la Iglesia y de sus Altezas, y tomaré vuestras personas y de vuestras mujeres e hijos y los haré esclavos, y como tales los venderé ...." A modo de colofón, se añadía que la culpa de todo lo que ocurriera sería de los indios, y no de los españoles: "y protesto que las muertes y daños que della se recrescieren sean de vuestra culpa, y no de Su Alteza, ni mía, ni déstos caballeros que conmigo vinieron". Como el Requerimiento había que leerlo necesariamente a unos indios no conquistados y cuando se disponían a defenderse de los invasores, lo normal es que no hubiera un intérprete capaz de traducir todo aquello, por lo que se recurría a uno de alguna lengua cercana, o se leía en castellano. El efecto era aproximadamente el mismo. Los indios, una vez repuestos de la sorpresa de haber escuchado aquella perorata ininteligible, y por lo regular antes de que concluyera su lectura, se lanzaban a combatir y con verdadera furia. Resultó así que el Requerimiento no solucionó nada, salvo librar de pecado a los invasores y a sus reyes, pero el formalismo se mantuvo durante décadas y fue compañero inseparable de la conquista. Los dominicos, sobre todo el padre Las Casas, no se quedaron muy conformes con el remedio dado, como se decía entonces, y siguieron atacando la conquista, por considerarla injusta y opuesta a la misión evangelizadora. Las Casas llegó a calificar la palabra conquista de "mahomética", pues hasta ese extremo le parecía infernal. La polémica se agudizó a partir de 1525, cuando se formaron ya verdaderas escuelas de expertos en defender y rechazar el derecho de conquista. Contra ella estaban fray Antonio de Córdoba, Las Casas, Vitoria, Domingo de Soto, Vázquez Menchaca, etc. A favor estaban Palacios Rubio, Fernández de Enciso, Solórzano, etc. El enfrentamiento alcanzó su punto culminante en la Junta de Valladolid de 1542, año en el cual Las Casas redactó tres escritos importantes para defender su postura: "La Brevísima relación de la destruición de las Indias", el "Memorial de Remedios" y una "Representación al Emperador". La "Brevísima" es un relato terrorífico sobre la conquista de América hecho con la finalidad que nos dice su autor: "suplicar a Su Majestad con instancia importuna que no conceda, ni permita, las que los tiranos inventaron, prosiguieron y han cometido (que) llaman conquistas". Contiene muchas verdades y mentiras sobre tales conquistas. Es de anotar que las mayores exageraciones se hicieron al narrar las campañas realizadas en el Perú y en el Nuevo Reino de Granada, que el dominico escribió utilizando fuentes de segunda mano y malintencionadas, como eran una "Relación" de Marcos de Niza, para la primera, y una probanza hecha contra Jiménez de Quesada, seguramente de Jerónimo de Lebrón, para la segunda. Impresa posteriormente en 1552, la "Brevísima" sirvió de base para la Leyenda Negra, como es sabido. El "Memorial de Remedios" era un plan de colonización de las Indias, acorde con la más exigente moral católica, en el que se suprimían la encomienda y la esclavitud indígena, y se proponían formas diversas en conformidad con la situación en que se encontrase el territorio. Para los no conquistados se proponía únicamente la penetración mediante misioneros. En cuanto a la "Representación al Emperador", constituyó la mayor utopía lascasiana -y las tuvo grandes- pues sugería a Carlos I la restitución por parte de los conquistadores de los bienes robados a los indios, que irían a parar a los naturales, si se les localizaba, o a la Corona. La solución pragmática de la Corona al escándalo promovido por la conquista y explotación del indio mediante la encomienda fueron las Leyes Nuevas, otorgadas el 20 de noviembre de 1542 en las que, entre otras muchas cosas, se suprimió el traspaso de encomiendas, se prohibió que ningún Virrey ni Gobernador hiciera nuevos descubrimientos, ni por mar, ni por tierra. Sólo los autorizarían las Audiencias y en caso de extrema necesidad, llevando un religioso, y teniendo prohibido tomar bienes de los indios o las personas de éstos. Unos años después, en 1549, el Consejo de Indias propuso al Rey la suspensión absoluta de todos los descubrimientos y las conquistas que estuvieran pendientes. En realidad ya se había conquistado casi toda la América hispana y el resto tenía escaso interés, por carecer de riquezas. En 1573, el jurista Juan de Obando propuso que en el futuro se sustituyese la palabra conquista, de tan malas resonancias, por la de pacificación; una solución muy española que consiste en cambiar de nombre a las cosas, pensando que con ello se resuelve algo. Las únicas pacificaciones importantes fueron las de Filipinas y Nuevo México, pues el resto estaba ya pacificado a sangre y fuego. Pese a todos los esfuerzos realizados, fue imposible parar a tiempo la conquista, que cumplió su ciclo de destrucción y barbarie. No caeremos nosotros en la trampa de justificarla con los argumentos tradicionales de necesidad de la evangelización o de incorporar los pueblos americanos a la cultura occidental, o de asegurar que era un proceso inexorable que habrían emprendido otros países europeos de no llevarlo a cabo los españoles, ni de decir que las conquistas se han seguido haciendo hasta nuestros días por otros pueblos prepotentes, pues todo esto no es más que la razón de la sinrazón. La conquista pudo haber sido diferente si se hubiera hecho en otra coyuntura histórica, pero es difícil aventurar si habría sido mejor o peor. En cualquier caso, está justamente en el origen de la formación de los pueblos americanos y es preciso conocerla a fondo para comprender la Historia de América. De nada sirve ocultarla o cambiarla de nombre.

(www.artehistoria.com)

 

El Pensamiento filosófico y político del Descubrimiento y conquista de América
 
En la recopilación de las leyes de indias de 1680, en la ley 1era.
Título 1ero. , libro 3ero., folio 1ero., se lee lo siguiente: "porque sabemos que por donación de la
santa sede apostólica y por otros justos y legítimos títulos "somos señor de las indias occidentales y
están incorporadas a nuestra real corona de castilla".Solórzano Pereyra , que junto con Matienzo y
Antonio de León Pinelo constituye el mas grande tratadista del derecho indiano de los tiempos
coloniales en su política Indiana, comentando los títulos justificativos de la dominación hispana en
América , exalta el de la donación pontificia de tal suerte que dice que si faltaran todos los demás ,
con este basta . Este titulo de dominación pontificia es el resultante de las bulas Inter. Caetera del 3
y 4 de mayo del año 1492. Bulas que tienen como antecedentes tres a los portugueses y, entre otras,
una con el mismo nombre de Inter. Caetera de Calixto XII del año 1456.
El punto básico de esa Bula Inter. Caetera , en el sentido ideológico , es lo que se llama la
tesis pontificia lista y que algunos han llamado la tesis agustinianita , porque San Agustín en su obra
La Ciudad de Dios considera que el derecho natural del Estado queda absorbido por un derecho
superior que es el de la Iglesia . Esta tesis fue desarrollada en el inicio de la Baja edad media por
Enrique de Susa , cardenal de Ostia, a quien se le dio el sobrenombre de Ostiense . De conformidad
con ella , el papa tiene una doble investidura , es decir, la espiritual , y la temporal , es Rey de reyes
y Señor de Señores. Esta idea tuvo varios apologistas.En Italia la defendió Santiago de Viterbo y en
España , América . Precisamente , hablando de la justificación y la legitimación del dominio español
en América , hace una glosa , una explicación de la bula en análisis, hasta considerar que los reinos
de los infieles bajo la dependencia de la santa sede, hasta el momento en que esta decida el tomarlos
o darlos a un príncipe cristiano para que propague en ellos la fe cristiana .
A esta altura de la exposición , invoquemos las ideas básicas de Vitoria en su reeletiones y en
de Indii ; en ellas condenaba la doctrina del Ostiense y consideraba que el papa dio lo que real y
efectivamente no era suyo , porque su señorío y su dominación es de carácter religioso o espiritual .
Afirmaba , dentro de la tradición tomista , que las organizaciones políticas y el dominio de los
bienes proceden de la razón natural y del derecho humano , no del divino, y por tanto, reconocía la
soberanía de las naciones , sin importar su tamaño y el grado de civilización en que se encontraban .
Rechazaba , en consecuencia , la infidelidad como causa de perdida del dominio, en este
sentido apuntaba : "La infidelidad no quita ni el derecho natural , ni el humano ; pero los dominios
son o de derecho natural o de derecho positivo; luego no se quita por falta de fe", y mas adelante
expresó: "Antes de la llegada de los españoles a las indias eran los bárbaros verdaderos dueños
políticas y privadamente". Destaquemos esas ultimas palabras.
Los últimos de legitimación que aceptaba eran, entre otros: la comunicación entre los
pueblos , la propagación de la fe que debía ser pacifica y dejar a salvo las posesiones de los infieles ;
la preservación de la fe ya recibida , la tiranía de los naturales particularmente de los jefes contra su
pueblo y la verdadera y voluntaria elección es decir, el consentimiento.
Llama la atención , que además de Vitoria , se fue articulando un interesante pensamiento
dentro de la iglesia católica no solo entre los dominicos , con su no aceptación de la tesis del
dominio temporal del papa , sino también de los jesuitas , particularmente en el padre Suárez y el
padre Mariana . El primero en su obra de rege et regibus Instituciones , es decir Del rey y de las
Instituciones reales y el segundo , en su libro : De Legibus AC leo legislatore , a saber, de las leyes y
de Dios como Legislador , tuvieron ya la idea del origen popular de la soberanía y crearon la teoría
del regicidio y el tiranicidio . Si el rey trataba con despotismo y tiranía al pueblo este podía
derrocarlo y hasta aplicarle la pena capital. Consecuencias de la idea de la soberanía del derecho
Indiano.
El poder y la eficacia que tienen las ideas que tienen las ideas son extraordinarios . Ellas
sobrevuelan espacios y tiempos. Ciertamente, en el inicio del siglo XIX , una extraordinaria crisis
abatió a la monarquía española , crisis que en toda su historia no había tenido . Como se sabe , la
monarquía quedó acéfala en el año 1808 , frente a este hecho trascendental , esa tesis de la soberanía
por donación pontificia , va a ser utilizada como elemento ideológico justificativo para desechar la
lealtad y la obediencia a España y para que América recupere su soberanía . Quiero destacar la
participación de un dominicano , Jacobo de Villa Urrutia , el cabildo abierto de la ciudad de México
en 1808 , donde junto con el licenciado verdad planteaba que debido a la cautividad de los reyes en
Bayona , América debía volver a la situación anterior a la conquista porque ella no pertenecía a la
nación española sino a la corona representada en sus reyes , la cual las mismas leyes de Indias
planteaban como reza en la ley 1era., del titulo 1ro.y del libro III . Fol.1.
El Cabildo de San German , en Puerto Rico, apoyado en la misma tesis , le pidió a Ramón
Power ,su diputado en las cortes de 1810-11, que en caso de que se perdiera la dinastía , Puerto Rico
podía asumir su independencia . En base a esa idea del Derecho de Gentes de aquel tiempo, que
como decíamos consagraba la leyes de Indias, también se formaron juntas autónomas en América ,
por ejemplo, la de Montevideo del 21 de septiembre de 1808 ; la de chuquisaca y la paz(Mayo,
1809); la de Caracas , Quito y Buenos Aires(1809).
Pero quiero llamar la atención a un documento que encontré en la sección de libros raros y
curiosos de la Biblioteca Nacional de México cuando preparaba mi tesis de doctorado. Me refiero a
un folleto que publicó el Gobernador de la Diócesis de Michoacán , Manuel de la Barcena , que para
mi es el documento mas extraordinario en cuanto a la negación de los títulos que podía invocar
España para justificar su dominación en América . Ese folleto él lo titulo : Manifiesto al mundo la
justicia y la necesidad de la Independencia de la Nueva España. En esa obra apoyado en Grocio en
su libro del derecho de Guerra y de paz y en las Reelecciones y De Indii , de Vitoria , volvió a
plantear el debate para sacar como consecuencia que España no tenia ningún titulo para poder
justificar y legitimar , si se fundase la ley en la justicia , su dominación en América y uno de los
titulo que con mas radicalidad impugna es el de donación pontificia siendo él gobernador de la
referida Diócesis , justamente en la que hacia once años se había levantado Hidalgo para proclamar
la Independencia y cuyo obispo Manuel abad y queipo , gran amigo de aquél , es quien mas
radicalmente combate el pensamiento emancipador , pues de la Barcena arremete contra ese titulo.
No concede al papa la capacidad política de legitimar posesión territorial alguna , y me llamo
también la atención de ese documento su aversión , su critica frontal o radical contra toda
conquista . No concedió a ningún país el derecho de conquistar a otro por eso decía : "en fin el
derecho de conquista es de la fuerza".
Al cabo de mas de tres siglos el problema de la soberanía llegara finalmente a una solución
de continuidad . Esa solución la ofrece la propia España que había legitimado en el Derecho
Indiano su dominio en América . Ella se encuentra en la Constitución de Cádiz en el Art. 35 del
titulo primero , del libro 1ro. , allí leemos : " la nación española es libre y soberana y no pertenece a
familia alguna ni a persona particular" y en el Art.1ro. reza : "la nación española la constituyen los
españoles que habitan ambos hemisferios". De suerte que la idea de la soberanía pasa de una en
manos del rey por donación pontificia a la de que ella reside en el pueblo conforme a la doctrina de
Rousseau.

(Fernando Pérez Memén)

 

 

 

Vázquez de Menchaca:
Escuela de Salamanca:
Derecho indiano:
Juan de Mariana y los Escolásticos españoles:
Leyes de Indias:
De las Universidades y Estudios Generales:
La Comunidad bajo el coloniaje:
Política Indiana:

 

Índice general de Hispánica