Índice general de Hispánica

Celestino Mutis

 

 

 

Gómez Pereira (1500-1558)
Servet, Miguel (1511-1553)
Juan Pérez de Moya (1513-1592)
Huarte de San Juan, Juan (1529-1591)
Hervás y Panduro, Lorenzo (1735-1809)
Antonio de Ulloa (1716-1795)
Jorge Juan y Santacilia (1713-1773)
Mutis, Celestino (1732-1808)
Félix de Azara (1746-1821)
Cavanilles, Antonio José de (1745-1804)
Elhuyar y de Suvisa, Fausto de (1755-1833)
 
 

Gómez Pereira
En Psicología experimental está a no dudarlo más adelantado que la filosifía de su tiempo, más que la del siglo XVII, más que Bacon y Descartes. Ninguno observa ni analiza como él los fenómenos de la inteligencia. (Men. y Pel.)

Filósofo y médico español, n. en Medina del Campo (1500) y m. después de 1558. Llamado por algunos el «Descartes español», uno de los más notables del grupo de médicos-filósofos del Siglo de Oro (A. de Vilanova, R. de Sabunde, M. Sabuco, Huarte de San Juan; v.), estudió ambas ciencias en Salamanca, donde, según Zubiri, parece muy verosímil que influyera sobre él Durando, es decir, el coletazo europeo del nominalismo (v.). Católico independiente, filosóficamente ecléctico y poco sujeto a autoridades a priori, sino a la experiencia y a la razón. Algo superficial, concede prioridad al conocimiento sensible sobre el intelectual y trata de radicalizar y universalizar el principio de que la teoría se contrasta por la experiencia. Sus teorías serían combatidas desde la diatriba epistolar de un Miguel de Palacios (1555) a la ironía burlona de un Francisco de Sosa (1556). Aunque escribió un tratado de medicina (Novae veraeque medicinae, experimentis et evidentibus rationibus comprobatae, Medina 1558), la obra que le dio fama es la curiosamente titulada Antoniana Margarita, opus nempe physicis, medicis ac thologis non minus utile quam necessarium, Medina 1554.
     
      Su Antoniana Margarita, llamada así en memoria de sus padres, es una mezcla abigarrada de psicología y metafísica, reiterativa y desordenada. Pero su importancia radica en que trata, por primera vez en la Historia de la Filosofía, de una serie de cuestiones de psicología experimental y, sobre todo, porque en su desprecio sistemático de las «autoridades» para recalar en la «sola razón», constituye un claro precursor del método y el dualismo cartesiano. En su estudio comparado del mundo animal, adopta una postura pendular: frente a quienes defienden (polémica muy de la época) que los animales tienen inteligencia, llega a afirmar que ni siquiera sienten; al menos, no sienten emociones o pasiones, aunque de algún modo reciben información; y parece mejor así, ya que las sensaciones son ventanas del conocer y del pensar... Pero ¿cómo se explican los movimientos de los animales, que no pueden ser meros automatismos? G. P. explica esos movimientos por automatismos físicos (como el imán), por recuerdos sensoriales archivados en el cerebro, por «amaestramiento» y por instintos provocados por el hombre.
     
      En cuanto al hombre adopta la postura platónica y prefiere distinguir en él cuatro elementos, es decir, alma y cuerpo cada una con su materia y forma; no hay, pues, relación profunda alma-cuerpo. Como resume Menéndez Pelayo, G. P. «identificó el hecho del conocimiento con la facultad de conocer, y ésta con la sustancia del alma; afirmó que las cualidades sensibles no son accidentes entitativos de los cuerpos; refutó la antigua teoría de las especies inteligibles, defendiendo la del conocimiento directo; echó por tierra las formas sustanciales, propugnando el atomismo».
     
      También como médico es experimentalista y niega las autoridades, no sólo árabes sino incluso a Galeno. Pero, donde destaca más espectacularmente en esa época renacentista, es en psicología, donde niega la posibilidad del conocimiento intuitivo («el conocimiento principia por la sensación»), a pesar de lo cual M. Pelayo le niega la calificación de sensualista resaltando su insistencia en la «experiencia interna» que le hace precursor de los escoceses (v. SENSISMO ESCOCÉS). Su «poderosa y violenta libertad de criterio» ha podido calificarse, en contraste al realismo de Vives, de subjetivismo (R. Aranda).
     
      ¿Hay antinomias insolubles en G. P.? Así parece, pues aunque comienza haciendo profesión de fe (al menos, dice que no se rendirá sino a la razón, exceptuando lo tocante a religión, lo que ya es una salvedad), luego llega a dudar que sea posible demostrar la inmortalidad del alma. Al fin parece hallar pruebas y se basa en el dualismo humano, en la función de forma que el alma asume frente al cuerpo aun considerándolas sustancias autónomas, y en la identidad del alma a lo largo de la vida.
     
      El planteamiento filosófico de G. P. intenta superar el de la escolástica para reconstruir lo mismo en forma nueva, pero cae en equívocos. El paralelo con Descartes (v.) es inevitable, y aunque no se sabe si éste conoció la obra de G. P. su influencia es evidente. Especialmente cuando G. P., para quien el alma es autoconsciente al reflexionar sobre sus actos, concluye: «Nosco me aliquid noscere, et quidquid noscit est, ergo ego sum».
     

    
FERNÁNDEZ CLEMENTE.
Cortesía de Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

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Servet, Miguel (1511-1553)
Nacido en 1511 en Villanueva de Sijena, cursa estudios en Zaragoza, Suiza y Francia, interesándose por la medicina en Lyon. Su práctica médica aparece influida por su concepción religiosa, en la que ataca los fundamentos del catolicismo sobre la Trinidad en "De Trinitatis erroribus" (1532). Su independencia de pensamiento le llevó a chocar también con Calvino, con el que mantuvo agrios enfrentamientos que, finalmente, le conducirán a la hoguera. Es importante su desempeño como investigador en medicina, desvelando los errores de la tradición basada en Galeno. Así, mejora el conocimiento de la circulación sanguínea, detallando la existencia de venas y arterias y la irrigación pulmonar. También aporta mejoras en el tratamiento de algunas enfermedades, "Syruporum universa ratio" (1537), sobre la terapéutica de los jarabes.
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Juan Pérez de Moya (1513-1592)

Notable humanista español, profesor de matemáticas en la Corte y en la Universidad de Salamanca, autor de diversos libros sobre filosofía, historia y matemáticas.
Es el primer autor español en publicar una “regla de la cosa”, es decir, el álgebra aplicada a la resolución de ecuaciones.
En 1562 publica en Salamanca su Aritmética Práctica y Especulativa, libro muy popular en su época y reimpreso en numerosas ocasiones hasta mucho después de la muerte de su autor. Probablemente se trate de la obra matemática española más importante de todo el siglo XVI.
La obra matemática más importante de la España del siglo XVI puede ser "Arithmética práctica y especulativa" publicada en 1562, obra de Juan Pérez de Moya que alcanzó difusión en todos los paises a pesar de estar escrita en castellano.
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Huarte de San Juan, Juan (1529-1591)
Médico, humanista y filósofo español; n. en San Juan del Pie del Puerto (actual Navarra francesa) en 1529 y avecindado en Baeza un año más tarde, donde transcurrió su infancia y realizó estudios humanísticos. Se licenció en Medicina en Alcalá, en 1559, y los pocos datos biográficos que nos han llegado de él hablan de su afincamiento definitivo en Linares y de su muerte allí, a fines de 1588 o principios de 1589. No se descarta su permanencia en Baeza durante algún tiempo, ejerciendo su profesión.
     
      Hijo de su época, H. pertenece a ese grupo de médicos españoles del Renacimiento -Gómez Pereira, Francisco Sánchez, Laguna, Vallés- que no limitan su actividad a la práctica médica. Dotado de un espíritu abierto a todo conocimiento, acuden a las fuentes originales del saber médico y dedican parte de su tarea a la especulación filosófica. Frente a lo que sucederá en siglos posteriores, su obra va a tener influencia importante -y a veces será precursora- sobre el pensamiento científico europeo de ulteriores décadas.
     
      Obra principal. La aportación de H. a tal empeño radica en un libro, Examen de ingenios para las Ciencias, que vio la luz en primera edición, en Baeza, en 1575 y que tras su muerte sería meditado (también en Baeza, 1594), corregido en parte, ampliado en algunos capítulos y suprimidos otros. Es cierto que la Inquisición jugó su parte en tales modificaciones, llamando la atención al autor sobre determinadas doctrinas, pero a pesar de ello, H. se mantuvo siempre dentro de la ortodoxia y sus posibles errores fueron fruto, no de la herejía, sino de su posición precursora, que él mismo reconoce al confesar que su libro «no puede escapar de algunos errores, por ser la materia tan delicada y donde no había camino abierto para poderla tractar».
     
      El Examen de ingenios alcanzó pronto gran resonancia, sus 24 ediciones en diferentes idiomas prueban el interés logrado por su doctrina. ¿En qué consiste ésta? Trata H. de ofrecer con su libro al rey Felipe 11, la posibilidad de discernir, mediante el conocimiento del temperamento nativo de los hombres, su disposición para el ejercicio de las distintas actividades intelectuales o técnicas. Piensa así nuestro médico, en una época de crisis que vive como genuino renacentista, alcanzar un mundo de perfección, en el que puedan darse «los mayores artífices» por el mero hecho de aunar el arte en la naturaleza.
     
      En la obra se pueden distinguir tres partes: una primera, de contenido psicológico y carácter teorético, en la que se estudian los distintos ingenios, sus variedades y diferencias, su relación con la constitución temperamental -entendido el temperamento, por supuesto, al modo galénico-, las teorías humorales y el cerebro, todo ello como fundamento de las aptitudes profesionales y de la actividad intelectual humana. La segunda parte del Examen de ingenios, también de contenido psicológico, es de carácter pragmático; en ella trata H. de la correspondencia existente entre las distintas profesiones académicas y las diferentes variedades de ingenio. Analiza, en fin, caracterológicamente, dichas profesiones y los individuos que a ellas se dedican. El último apartado del libro, de contenido biológico y también de carácter práctico, va orientado al logro de los buenos ingenios.
     
      Doctrina del autor. Como hemos podido ver, la doctrina de H. afirma que para el conocimiento científico y el ejercicio profesional, la aplicación del sujeto o los métodos pedagógicos utilizados para ello no tiene tanta importancia como algo nativo en el hombre, algo cuyo origen no radica en su alma y que es preciso atribuir a las diferencias temperamentales. Por ello es imprescindible un estudio práctico que, abarcando la investigación tipológica -en lo que se refiere al temperamento-, su correspondencia con la mentalidad de cada individuo, la relación entre tipos mentales y los diferentes modos de enseñanza y profesiones, permita en fin una aplicación eugenésica, pedagógica y sociológica, con vistas a la selección de superdotados y, más modestamente, a la orientación profesional en general.
     
      Señala H. tres facultades: entendimiento, imaginación y memoria, cuya forma de ser en el individuo dará lugar a otros tantos modos de ingenio. Ahora bien; puesto que el ingenio está en función del temperamento, relaciona nuestro autor las cualidades humorales constitutivas de los temperamentos con las referidas potencias psíquicas, distinguiendo así tres tipos de ingenio: el memorioso -por temperamento húmedo-; el imaginativo -por temperamento cálido-; y, finalmente, el intelectivo, por temperamento seco. Como quiera que de la combinación de las diferentes cualidades surgen nuevas diferencias, se sigue en la clasificación de los ingenios, según H., una subdivisión en teóricos y prácticos.
     
      Sólo resta ya el médico renacentista, para lograr su examen de ingenios para las ciencias, establecer la correspondencia existente entre los diversos ingenios y las distintas artes y ciencias. Lo consigue -anteponiéndose a Bacon (v.)- mediante su célebre clasificación de las profesiones según la facultad psíquica más necesaria para su ejercicio. En lo que se refiere al entendimiento, predominará para el estudio de la Teología, teoría de la Medicina, Dialéctica, Filosofía y práctica de la jurisprudencia. Para el dominio de la poesía, elocuencia, música, práctica de la Medicina, Matemáticas, Política, Astrología, será precisa la preponderancia de la imaginativa. La memoria, en fin, es facultad imprescindible para sobresalir en el estudio de la Gramática, las lenguas, la teoría de la Jurispericia, la Teología positiva, la Cosmografía y la Aritmética.
     
      Uno de los puntos de fricción del Examen de ingenios con la Inquisición radica en la afirmación de H. -al abordar el problema de las relaciones funcionales entre alma y cuerpo- de que el alma racional, mientras informa al cuerpo, no puede ejercitar acción alguna sin órgano efector adecuado. Ello le lleva a la conclusión de que en el cerebro tiene que existir un órgano para cada facultad. En la edición de 1594 rectificará expresando la existencia de dos potencias intelectivas: una inorgánica, función específica del alma racional, y otra orgánica y cerebral, condición inexcusable para el funcionamiento de la primera.
     
      Para la redacción del Examen, H. de S. J., fiel humanista, hubo de conocer las Sagradas Escrituras, los textos filosóficos clásicos -Platón y Aristóteles-, el Corpus Hippocraticum y las obras de sus contemporáneos. Pero por encima de todos ellos, el escrito que le sirvió de punto de partida fue el Quod animi mores corporis temperamenta sequantur de Galeno (v.), aunque el médico de Linares sobrepasa al de Pérgamo, no ya por su tesis, cristiana la del español, de la igualdad nativa de todas las almas, sino por admitir una correlación estrecha y específica entre el temperamento y el talento intelectual y, sobre todo, por negar rotundamente la influencia de aprendizaje, hábito y vocación sobre la aptitud y el rendimiento de la inteligencia.
     
      La publicación del Examen de ingenios marca el nacimiento de una nueva disciplina: la Psicología diferencial. Sin embargo, la grandeza de la obra se vio menguada por el desconocimiento, casi general en su época, del sentido pedagógico que encerraba. La literatura del Siglo de Oro español, por el contrario, fue fiel notario de la presencia y la existencia de la obra de H.

     
A. ALBARRACIN TEULóN
Cortesía de Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

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Hervás y Panduro, Lorenzo (1735-1809)
Polígrafo español n. en Horcajo de Santiago (Cuenca) el 20 mayo 1735 y m. en Roma el 24 ag. 1809. Máxima figura del enciclopedismo cultural de la España dieciochesca. Precursor de dos disciplinas científicas, la Antropología y la Lingüística Comparada.
     
      Vida y obra. Comenzó sus estudios eclesiásticos en Madrid y los completó en Alcalá de Henares. Ordenado en la Compañía de Jesús, desarrolló cursos de Filosofía en Madrid y Murcia. Residió algunos años en América, donde ejerció una benéfica labor como misionero. Espíritu apacible y reflexivo, entregado al estudio, acogió resignadamente la expulsión de la Compañía y marchó a Italia, donde vivió alejado de toda polémica. La investigación y la ciencia iban a ser sus únicas preocupaciones. Se estableció en Forli con la provincia jesuítica de Toledo y allí vivió hasta 1773 en que un breve pontificio suprimió la Compañía. Acogido a la hospitalidad de la familia Ghini, radicada en Cesena, se dedicó a estructurar sus grandes construcciones enciclopédicas. Tras once años de estancia en la Romaña, pasó a Roma para completar sus trabajos. Investigó a fondo en la Biblioteca Vaticana. La vida política italiana, bastante insegura, le hizo volver a España entre 1798-1801. Vivió algún tiempo en Barcelona, estancia que aprovechó para investigar en el Archivo de la Corona de Aragón, y se retiró n descansar a su pueblo natal. Revocada la amnistía concedida por Carlos IV a los jesuitas, se vio en la necesidad de volver a Italia. Desde 1801 hasta su muerte fue bibliotecario del Palacio del Quirinal y en él trabajó incansablemente hasta poner en orden sus escritos.
     
      Labor enciclopédica y varia. Su obra fundamental es Idea dell'universo. La comenzó en Cesena (1778), y a lo largo de diez años fueron apareciendo hasta 21 tomos divididos en cuatro secciones. La primera es antropológica, la segunda cosmológica, la tercera físico-natural y la cuarta lingüística. En 1792 publicó un apéndice, el tomo 22, de índole sobrenatural, que lleva por título Análisis filosófico-teológico de la caridad, o sea, del amor de Dios. En 1789 comenzó una edición española mucho mejor estructurada. Dividió la enciclopedia en cuatro obras independientes: Historia de la vida del hombre, Viaje estático al mundo planetario, El hombre físico y Catálogo de las lenguas. Su labor erudita no se detuvo en esta obra monumental. Preocupado por los problemas de sutiempo y admirador de la cultura enciclopedista de los franceses, aunque disintiera de sus ideas, expuso sus propias opiniones en un ensayo: Causas de la Revolución de Francia en el año 1789. Completan su inmensa producción, la Descripción del Archivo de la Corona de Aragón, La primitiva población de América y explicación de insignes pinturas mejicanas, la Biblioteca jesuítico-española y el valiosísimo Catálogo de manuscritos españoles y portugueses en Roma.
     
      No puede hablarse de un estilo peculiar de H. y P. Su obra no se prestaba a la recreación ni al cuidado exquisito de la forma. La aridez de la materia fue un gran obstáculo a salvar y el escritor sale airoso con la incrustación de capítulos pintorescos y movidos, llenos de anécdotas y curiosidades.
     
      Hervás y Panduro, lingüista. De todos sus trabajos destacaremos, por su modernidad y audacia, el Catálogo de las lenguas de las naciones conocidas (1800-1805), verdadero monumento de la ciencia del lenguaje, por el que merece el sobrenombre de padre de la lingüística comparada. Encomió su labor W. von Humboldt, cuya teoría romántica tanto debe al ingrato trabajo de H. y P. Lo moderno de su mentalidad filosófico-lingüística lo demuestra su perduración, como lejana huella, en los neoidealistas alemanes del s. xx. Pocos lingüistas del s. xvin logran este alcance. Una frase del polígrafo compendia una verdad discutida, pero muy acertada: «las lenguas no son sólo códigos de hablar, sino también métodos para hablar y pensar». Este axioma lo refrendó con el estudio de cerca de 300 lenguas y dialectos. Supera su visión y profundidad a las famosas enciclopedias Pallas y Mitrídates de Adelung-Vaten, las otras dos construcciones enciclopédicas de las lenguas.
     
      Veinticinco años antes de que F. Bopp demostrara científicamente la existencia de la familia aria, estableció por primera vez en Europa el parentesco entre griego y sánscrito. Frente a los lingüistas franceses, demostró que el hebreo no fue la lengua del Paraíso ni la primigenia; dejó sentado definitivamente su parentesco con otras lenguas semitas, tales como el arameo, árabe y siriaco. Sostuvo la teoría del vasco-iberismo y la demostró con procedimientos científicos. Estableció dos nuevas familias de lenguas, la malayo-polinesia y la fino-ugria. Su mayor timbre de gloria consiste en haber sido citado elogiosamente por lingüistas de la talla de O. Jespersen y W. von Humboldt. Fue el primero en reconocer la superior importancia de la gramática para decidir el parentesco de las lenguas (en esto sigue las huellas del filósofo Leibniz, v.). Hasta entonces lo que se comparaba era el léxico y así lo hicieron los recopiladores de la Pallas y los comparatistas Adelung-Vaten. Como hombre de visión universal, H. y P. no se limitó al estrecho marco de las lenguas europeas, trabajo hecho en parte por J. J. Escalígero, sino que abarcó lenguas de todo el mundo. Se valió de datos directos o a través de intermediarios, casi siempre misioneros, que le prestaron una valiosa colaboración en lo referente a lenguas americanas y de Insulindia. Es lamentable que H. y P. no se propusiera un fin lingüístico. Las lenguas fueron un camino seguro para establecer familias étnicas. Ésa fue la finalidad de todos sus trabajos. Una obra titánica, producto de años de esfuerzo, patentiza su silencioso laborar, modelo de estudiosos y eruditos.
     
 
P. CORREA RODRÍGUEZ
Cortesía de Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
 
Humanista y erudito. Como jesuita tuvo que irse a Italia en 1767 a raiz de la expulsión de los Compañía. compuso en italiano una obra enciclopédica 'Idea dell' Universo', que refundió parcialmente en castellano y de la que extrajo el 'Catálogo de las lenguas conocidad' , en seis volúmenes (1800-05), obra fundamental de la Filología comparada. En ella, fruto de una paciente labor investigadora, niega la unidad originaria de las lenguas e influye en la filología moderna al afirmar la importancia básica de la estructura gramatical y la persistencia de los rasgos fonéticos de los idiomas. Su producción incluye diversas gramáticas y vocabularios. 'Vocabulario polígloto' (1787), un esbozo histórico sobre el arte de escribir y un manual de paleografía 'Paleografía Universal' (1793). A la erudiciónthistórica pertenece su 'Descripción del Archivo de la Corona de Aragón' (1801). Se le ha calificado como 'el último humanista y el primer filólogo del mundo'.
"...de cuyo cerebro, como Minerva del de Júpiter, brotó armada y pujante la Filología Comparada. Con cuánto gozo vemos a Max Müller en sus inmortales Lecturas sobre la Ciencia del Lenguaje, dadas en la Institución Británica en 1861, reconocer y proclamar en alta voz los méritos de Hervás, que conoció y estudió cinco veces más idiomas que Court de Gebelin y los demás lingüistas de entonces..., juntó noticias y ejemplos de más de 300 lenguas; compuso por sí mismo las gramáticas de 40 idiomas, y fue el primero (entiéndase bien, el primero, así lo dice Max Müller) en sentar el principio más capital y fecundo de la ciencia filológica; es a saber: que la clasificación de las lenguas no debe fundarse (como hasta entonces empírica y rutinariamente se venía haciendo) en la semejanza de sus vocabularios, sino en el artificio gramatical...Finalmente, (son palabras de Max Müller) uno de los más hermosos descubrimientos de la ciencia del lenguaje, es establecimiento de la familia de las lenguas malayas y polinesias que se extienden por más de 200 grados de latitud en los mares Oriental y Pacífico, desde la isla de Madagascar, al este de Africa, hasta la isla Davis, al oeste de América, fue hecho por Hervás y Panduro mucho tiempo antes de ser anunciado al mundo por G. Humboldt" (Menéndez y Pelayo)
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Antonio de Ulloa (1716-1795)

Nacido en Sevilla, ingresó en la Academia de guardias-marinas de Cádiz, sentando plaza en 1733. Solicitado permiso al gobierno español por el francés para realizar un viaje científico por tierras americanas, a cargo de La Condamine, se accedió a cambio de permitir la presencia de Antonio de Ulloa y de su compañero Jorge Juan. Realizado el viaje exploratorio, el buque francés fue apresado en el regreso por barcos ingleses, siendo liberados ambos marinos en Inglaterra. Durante su estancia en Londres, aprovechó para completar sus conocimientos científicos y dictar una comunicación en la Royal Society sobre el Perú, siendo elegido miembro. De vuelta a España, publicó conjuntamente con Jorge Juan las "Observaciones astronómicas y phisicas" (1748) y la "Relación histórica del viage a la América meridional..." (1748), no sin ciertas reticencias de la corte por su vocación copernicana. Su segunda publicación es un profundo estudio y descripción en cuatro volúmenes de los países visitados, incluyendo la primera descripción científica del platino. Ciertos aspectos de su informe, muy críticos con la administración y declarados como secreto por el gobierno español, fueron publicados en 1826 por el viajero inglés David Barny bajo el título de "Noticias secretas de América". Ulloa fue comisionado por el gobierno español para emprender viaje a los países punteros europeos en materia científica, donde deberá recabar información de carácter técnico. Este viaje le permite conocer a algunas de las personalidades más relevantes de la época. A su vuelta a España, intentó promover la investigación científica, participando en diversos proyectos y en la creación de varias instituciones. En 1758 es nombrado gobernador de la mina de Huancavélica y superintendente de su mina de mercurio. Más tarde fue nombrado gobernador de la Luisiana meridional y, poco después, regresó a España, ascendiendo a jefe de escuadra. La vocación científica de Ulloa no declinó, publicando en 1772 "Noticias americanas: entretenimientos físico-históricos sobre la América meridional, y la septentrional oriental: comparación general de los territorios, climas y producciones en las tres especies vegetal, animal y mineral..." y realizando un nuevo viaje a América en el que estudió la declinación de la brújula entre Cádiz y Veracruz. Erudito en varios campos, estudió electricidad y magnetismo, aplicó el microscopio solar de reflexión al estudio de la circulación sanguínea de peces e insectos y proyectó el canal de navegación y riego de Castilla. Falleció en Cádiz en 1795.

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Jorge Juan y Santacilia (1713-1773)

Entre 1735 y 1744 es comisionado por el gobierno español para participar, junto a Antonio de Ulloa, en el viaje de La Condamine a Perú para efectuar la medición del grado del meridiano terrestre. Las experiencias y resultado del viaje son publicados por ambos a su vuelta a Madrid, en la "Relación histórica del viaje a la América Meridional", las "Observaciones astronómicas y físicas", en las que se hizo cargo de la parte matemática, y las "Noticias secretas de América", ensayo realizado por encargo del marqués de la Ensenada y en el que se criticaban los abusos y desmanes cometidos por la administración española en América contra los indígenas. Prohibido, el libro no fue publicado hasta 1826 en Londres, por David Barny. Interesado en la ingeniería naval, se desplazó a Londres para conocer las técnicas constructivas y proyectó y dirigió los arsenales de Cartagena y Ferrol. Recibió el cargo de capitán de la Compañía de Guardiamarinas en 1751, estableciéndose en Cádiz. En esta ciudad fundó el Observatorio astronómico y la Asamblea Amistosa Literaria, sociedad de discusión sobre temas de física, geografía, etc. En 1767 fue durante seis meses embajador extraordinario en Marruecos, encargándosele en 1770 la dirección del real Seminario de Nobles. Para esta institución realizó una reforma del plan de estudios y redactó su "Examen marítimo teórico-práctico", utilizado como manual.

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Mutis, Celestino (1732-1808)
Médico y botánico. Se educó en Sevilla, pero a partir de 1757 permaneció en Madrid enseñando anatomía y aprendiendo Botánica en el Jardín Botánica instituido por Fernando VI.
En 1760 viaja a América como médico del marqués de Vega y se establece en Bogotá, dedicándose a los estudios de farmacología y ejerciendo como médico, donde resultó ser una verdadera eminencia. A él se debe una serie de aplicaciones de drogas. Posteriormente se dedicó a la enseñanza de la Astronomía y Matemática, y descubrió la variación nocturna del barómetro. Organizó la Sociedad Patriótica de Nueva Granada, cuyo fin era el desarrollo agrícola, industrial y científico, así como la educación popular.
Pero lo que realmente le interesaba y apasionaba era la Historia Natural, y dentro de ella la Botánica. Por sus estudios y experiencia en este tema, ya que reunió un herbario con miles de descripciones de plantas y más de 6.000 láminas dibujadas en color, en 1783 Carlos III le nombró primer botánico y astrónomo de la Expedición a América Septentrional.
Se le considera como una de las figuras científicas y mantenía correspondencia con Linneoo y Cavanilles. Su mayor aportación a la ciencia es su herbolario y la colección de láminas. Ambos se encuentran hoy en el Jardín Botánico de Madrid.
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Félix de Azara (1746-1821)
Félix de Azara nació en Barbuñales (Huesca) en 1742, fue el sexto hijo de una acomodada familia. Su padre, Alejandro de Azara y Loscertales, era señor de Barbuñales y de Lizara y Barón de Pertusa. La influencia de su familia se aprecia en los puestos destacados a los que llegaron sus hermanos: Eustaquio, obispo de Barcelona; José Nicolás fue uno de los ilustrados españoles más destacados y desempeñó importantes misiones diplomáticas al servicio de Carlos III y Carlos IV; Mateo llegó a ser auditor de la Audiencia de Barcelona y Lorenzo profesor de la Universidad de Huesca y Deán de su Cabildo Catedralicio.
La vida de Félix de Azara fue la propia de un ilustrado: curioso, observador, deseoso de conocer y mejorar el mundo que le rodeaba para bien de su pueblo.
Comenzó sus estudios en la Universidad de Huesca donde permaneció cuatro años, terminados los cuales decidió no seguir estudios en la Universidad Sertoriana y eligió la carrera de las armas. A este respecto, se ha de hacer notar que los ilustrados no recibieron su formación científica en las Universidades españolas de mediados del siglo XVIII, ya que éstas estaban ancladas en el más cerrado aristotelismo y en sus aulas no se impartían ni ciencia moderna, ni matemáticas, ni ninguna de las llamadas ciencias útiles. La ciencia moderna y las matemáticas, que tanto interesaban a los ilustrados, se estudiaban en los Seminarios de Nobles o en las Academias Militares. En 1761 se trasladó a Barcelona donde se formó en matemáticas en la escuela que había enseñado el famoso Ingeniero Militar Pedro Lucuce. En 1767 era subteniente de Infantería e Ingeniero delineador de los ejércitos nacionales, plazas y fronteras.
Durante los siete años siguientes se dedicó a tareas que, actualmente, no asociamos con las ocupaciones habituales de la milicia. Trabajó en las correcciones hidrográficas de los ríos Oñar, Tajuña, Henares y Jarama; se ocupó de reconstruir las fortificaciones de Mallorca. Tanto celo demostró en todos sus cometidos que fue nombrado Maestro de Estudios de Ingenieros de Barcelona. De esta época datan los trabajos que realizó en las obras de fortificación de Figueras y una estatua, que todavía se puede contemplar hoy en el Parque de la Ciudadela de Barcelona.
En 1775 España entró en guerra con Argelia y la doble vertiente de su formación, como ingeniero y como militar de armas, lo llevó a ese escenario de lucha donde resultó herido de gravedad. Trasladado a la península en un barco de su protector, el Conde de Fuentes, tuvo una larga convalecencia debida a la infección de la herida que le provocaba fiebre continua y no cicatrizaba. En el proceso de curación se le extirpó parcialmente una costilla y la convalecencia duró cinco años.
Hay un dato curioso, y es que, entre los achaques que padeció en el largo proceso de curación de la herida de guerra, sufrió unas tremendas molestias de estómago que le aparecían después de las comidas, hasta que un médico le dijo que no probara el pan - santo remedio. Dejó de comer pan, le desaparecieron las malas digestiones y se fue entrenando para la dieta de carne asada a la que iba a estar sometido durante los casi veinte años de su aventura sudamericana.
El motivo político por el que Félix de Azara llegó a ser el naturalista español más afamado de su tiempo, y que, seguramente, de no haberse planteado, ni siquiera hubiera ido a América, fue el de cumplir las exigencias del Tratado de Tordesillas.
Según el Tratado de Tordesillas de 1494, una comisión mixta hispano-portuguesa debería determinar un meridiano tal que al Este del mismo las tierras fueran portuguesas y al Oeste españolas. El meridiano no se delimitó nunca porque a los portugueses les interesaba tener las fronteras imprecisas para poder avanzar hacia el Oeste en busca de piedras preciosas y en busca de esclavos. El avance portugués se vio favorecido por el tipo de conquista que realizaban los españoles, recorredores de grandes distancias en busca de gloria, hazañas o tierras de promisión, como sucedió con El dorado.
Las fundaciones de poblaciones españolas eran efímeras y las que superaron el paso del tiempo no siempre estaban habitadas por gentes equipadas e instruidas. Sin embargo, Portugal a lo largo de sus avances hacía asentamientos de bandeirantes, pobladores de múltiples nacionalidades y mercenarios, que acudían a Brasil con sus familias en busca de metales preciosos y también de tierras donde asentarse. Eran pobladores dotados de buenos instrumentos de cultivo y de conocimientos técnicos. Los bandeirantes se introducían progresivamente en el despoblado y desprotegido territorio español para hacer contrabando y mantener una indeterminación de fronteras favorable a Portugal. Si a la situación se le añade que los jesuitas habían fundado sus misiones en la zona fronteriza en litigio se completan las causas del retraso secular de la fijación de las fronteras americanas entre España y Portugal.
En 1750 se hizo un nuevo tratado en el que se reconocía buena parte de la situación de hecho creada en siglo y medio por Portugal y los jesuitas. En este nuevo Tratado España salía perjudicada con respecto a lo dispuesto en el Tratado de Tordesillas.
Las razones fundamentales que motivaron el hecho de que Félix de Azara fuera trasladado a América por orden del rey fueron: evitar que España viera aún más mermadas, en otro posible Tratado, sus posesiones ultramarinas; la sublevación de indios cristianos; la elaboración de fiables catastros de poblaciones de origen europeo y la determinación de la autoridad sobre ciudades que aparecían en la franja fronteriza.
Recuperado de la herida argelina, Félix de Azara se incorporó a la guarnición de San Sebastián, en 1780, con el grado de Teniente Coronel. En 1781 recibió orden de presentarse al embajador de España en Lisboa. De allí partió con sus compañeros para ponerse a las órdenes del virrey de Buenos Aires, el 12 de Marzo llegaron a Río de Janeiro y el 13 de Mayo a Montevideo.
En su Geografía física y esférica, que permaneció manuscrita hasta 1907, se reflejan las sensaciones de un hombre que, en 1790, había comprendido que la comisión de portugueses para delimitar fronteras no llegaría, y que tenía que enfrentarse con la necesidad de ocupar el tiempo de espera forzada en algo útil, tal y como correspondía a un ilustrado convencido. En su Geografía se manifiesta en ese sentido:
Llegué a Asunción, capital de Paraguay, donde supe que no había portugueses ni noticias de ellos, por cuyo motivo no quise afrontar cosa alguna ni hacer el menor costo, porque además yo sospechaba con bastante fundamento que dichos portugueses tardarían en llegar, y aunque en consecuencia mi demora en Paraguay sería dilatada no se me había dado instrucción para este caso y me vi precisado a meditar sobre la elección de algún objeto que ocupase mi detención con utilidad. desde luego vi que lo que convenía a mi profesión y circunstancias era acopiar elementos para hacer una buena carta sin omitir lo que pudiese ilustrar la geografía física, la historia natural de las aves y los cuadrúpedos y finalmente lo que pudiera conducir al perfecto conocimiento del país y sus habitantes.
Como su misión oficial era esperar a los portugueses, muchos de los viajes que realizó para conocer el país los hizo a escondidas y a sus propias expensas. Muchas veces pedía permiso al virrey para viajar él y sus acompañantes con excusas. En esos viajes escondía los aparatos de medida para no levantar sospechas. Cada día a mediodía observaba la latitud por el sol y durante la noche la determinaba por las estrellas. Jamás viajó sin un aparato de reflexión de Halley y un horizonte artificial. En los viajes llevaba baratijas y alcohol para atraerse a los indios, un escaso equipaje y una escasa intendencia, por lo que, en sus largas expediciones, tenía que someterse a dietas de carne asada. Completaba los datos obtenidos en las expediciones con datos de archivo, pero estaban como los archivos estaban muy desordenados conseguía poca información.
Azara tenía formación como ingeniero militar y estaba versado en matemáticas y ciencia moderna, pero no tenía una preparación adecuada como naturalista. No obstante, tenía firmemente adquirido el método científico por su educación y por su ejercicio profesional. Su espíritu científico le llevó elaborar una obra sólida, admirada en toda Europa por su rigor observacional, por sus métodos de clasificación y por sus teorías. La obra naturalista de Azara quedó recogida en tres libros fundamentales: Viajes por la América Meridional, editados en París, y en francés, en 1809; Apuntamientos para la Historia Natural de los páxaros del Paraguay y del Río de la Plata, ultimado en 1796 y publicado en 1802; Apuntamientos para la Historia Natural de los cuadrúpedos del Paraguay y del Río de la Plata, que completó al final de sus estancia americana.
El método de Félix de Azara como naturalista le llevó a corregir afirmaciones erróneas emitidas por Buffon en su Historia Natural y a ser considerado por algunos autores como precursor de las teorías hereditarias del siglo XIX y de las evolucionistas de Darwin. Debe hacerse notar que la obra dio a los naturalistas de su tiempo y a los posteriores un material observacional útil y abundante junto a unos temas sobre los que investigar y reflexionar.
Félix de Azara observaba a los animales en su medio natural, los medía, estudiaba sus colores, las diferencias entre machos y hembras, realizaba un dibujo y proseguía con la clasificación por familias. Azara era consciente de que no conocía los métodos de clasificación de Linneo ni los nombres dados a los animales por Buffon, máximo naturalista del siglo. Por eso vio la necesidad de estudiar la obra de Buffon, que, con todo apremio, pidió a España. En 1796, en su viaje a Buenos Aires, recibió la obra de Buffon, pero él ya tenía solucionado el problema de clasificación de los pájaros y terminada la obra Apuntamientos para la Historia Natural de los páxaros del Paraguay y del Río de la Plata. La obra de Buffon le sirvió para recoger datos de los cuadrúpedos del Paraguay y del Río de la Plata según la taxonomía Buffoniana.
Al recibir la obra del sabio francés, Azara constató que Buffon no conocía muchas especies americanas o que las había visto deterioradas por el traslado o por la mala conservación. Además, el naturalista español aportaba ricas observaciones sobre el medio natural en que se desenvolvían los animales y sustanciosas reflexiones sobre vida y comportamiento de las diferentes especies.
Azara aportó a la comunidad científica, además de un material observacional científicamente clasificado, una serie de opiniones que lo enfrentaron a las tesis comúnmente aceptadas. Así, para explicar la aparición de especies idénticas en diferentes continentes, no aceptaba la hipótesis de las grandes emigraciones, en cambio mantenía la teoría creacionista, aunque modificada con las hipótesis de creaciones simultáneas y creaciones sucesivas. Proponía como causas de las mutaciones (evoluciones) observadas en diferentes especies animales las de carácter interno y, de este modo se aproximó a una teoría de la herencia que cristalizaría en el siglo XIX.
Su obra no fue reconocida al principio, es más, algunos de los productos de sus minuciosas observaciones fueron tirados, literalmente, a la basura. Tal es el caso del envío que le hizo en 1789 a Floridablanca de cuatrocientos pájaros conservados en alcohol. El ministro los remitió al vicerrector del Gabinete Real de Historia Natural, José Clavijo Fajardo, el cual sólo vio en aquella preciosa aportación de Azara que los nombres de los pájaros estaban en indio (por aquellas fechas Azara no conocía la obra de Buffon), que no se citaba en el trabajo ni a Buffon ni a Linneo y que las hipótesis emitidas por Azara cuestionaban las de estos autores.
En 1801 regresó a España y, gracias a su hermano José Nicolás fue presentado en París a grandes investigadores, acogido en muchas sociedades científicas y recibido con honores en el Museo de Historia Natural. Cuando en 1803 volvió a Madrid rechazó el virreinato de Méjico y en 1805 aceptó ser miembro de la Junta de Fortificaciones. Ese mismo año se retiró a Barbuñales, desde donde redactó numerosos informes y donde murió en 1821.
Una prueba del talante ilustrado y no absolutista de este sabio aragonés es que en 1815 rechazó la Orden Americana de Isabel la Católica que acababa de ser creada por Fernando VII.
Por Víctor Arenzana Hernández

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Cavanilles, Antonio José de (1745-1804)
Gran científico español de renombre universal; n. el 16 en. 1745 en Valencia. Dedicó su vida al estudio e investigación de la Botánica. M. el 10 mayo 1804, en Madrid. Tras de sus estudios elementales, pasó a cursar en la Univ. de Valencia, Filosofía y Teología, y en este periodo de su formación religiosa le fue encomendada la educación de los hijos del duque del Infantado, gracias a cuyo generoso mecenazgo pudo realizar en 1777 un viaje a París para dedicarse al estudio de las Ciencias Naturales, cuando contaba 36 años. En esta estancia en París, y mediante las enseñanzas de A. L. de Jussieu, se aficionó a la Botánica cambiando por completo la orientación de sus estudios. Rápidamente se dio a conocer en Francia con una obra de defensa de los españoles titulada Observations sur l'article Espagne de la Nouvelle Encyclopédie, trabajo sin carácter científico que apareció en 1784. Su primer trabajo como botánico se titula Monadelphiae classis dissertationes (1785) y, por su calidad y rigor científico, le consagra en el campo de la Botánica.
      A partir de esta fecha se multiplican sus trabajos, pudiéndose contar entre los más importantes: Observaciones sobre la Historia Natural, Geografía, Agricultura, Población y Frutos del Reyno de Valencia y junto a ella los seis tomos que componen los Icones et Descriptiones plantarum con dibujos realizados en su gran mayoría por el mismo C., obra que aún hoy es fundamental en el estudio de las plantas. En 1801 fue nombrado director y catedrático del jardín Botánico de Madrid, cuya mejora comenzó desde el mismo momento de su nombramiento, siendo sucedido en este cargo por su discípulo Lagasca.
      La obra de C. tiene un indiscutible mérito en relación con, su época, pues fue el primer botánico en España que tuvo en consideración puntos de vista linneanos (v. LINNEO) en el método de clasificación de plantas, atendiendo a caracteres fundamentales y no a simples apariencias morfológicas; así prescinde de las reglas clásicas conocidas hasta entonces y adopta un sistema basado en la estructura de los órganos reproductores de las flores. En conjunto, toda su obra fue de la mayor resonancia europea y muy beneficiosa para la ciencia española, tanto por ella en sí, como por las nuevas pautas a seguir que descubrió a sus discípulos.
     

M. E. RON ÁLVAREZ.
Cortesía de Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

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Elhuyar y de Suvisa, Fausto de (1755-1833)
Juan José N. en Logroño en 1754. y m. en 1796. Cursó estudios elementales en su tierra natal y luego sus padres (de origen vasco-francés) le enviaron a París para completar su formación; allí conoció a algunos miembros le la Real Soc. Vascongada que estudiaban en Francia y el año 1777 ingresó como socio de la citada Sociedad, bajo cuyos auspicios pudo aprender técnicas metalúrgicas, visitando Suecia, Inglaterra y otros países. Junto con su hermano realizó en el Real Seminario de Vergara las notables experiencias que condujeron al aislamiento del wolframio. En 1784 marchó a Colombia como técnico de minas y allí se casó (1788) y m. ocho años más tarde (se cree que en Bogotá). El alejamiento de España y la muerte prematura han sido la causa de que su labor de investigación química, mineralógica y minera no haya alcanzado la estimación que merece.
     
      Fausto. N. también en Logroño el 11 oct. 1757 y m. en Madrid en 1833. Recibió una formación cultural análoga a la de su hermano y como él recorrió diversos países (Sajonia, Hungría, Austria) para adquirir conocimientos metalúrgicos, relacionándose entonces con destacados científicos europeos. Colaboró con Juan José en el descubrimiento del wolframio y de 1783 a 1785 cursó en Vergara estudios de Mineralogía y Metalurgia, interviniendo además en los trabajos de Chabaneau sobre purificación de las platinas americanas. Contrajo matrimonio en Viena (1788) y pasó a México donde su conocimiento de las técnicas mineras le permitió realizar una eficaz labor como director de las Minas y Consejo Minero de Nueva España, creó un Seminario de Minería que inició sus tareas en 1792. En 1821, regresó a su patria, donde siguió atendiendo cuanto se relacionaba con el aprovechamiento de menas metalúrgicas y fue varios años Director de Minas. Dejó interesantes publicaciones científicas y técnicas, en las que es patente el espíritu de la época.

LEANDRO SILVÁN.
Cortesía de Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

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Obra de Huarte de San Juan

 


Felipe II, la ciencia y la técnica:

http://galeon.hispavista.com/razonespanola/re96-mar.htm

 

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