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Índice
general de Hispánica

Celestino Mutis


- Gómez Pereira
(1500-1558)
- Servet,
Miguel (1511-1553)
- Juan Pérez de Moya
(1513-1592)
- Huarte de San Juan, Juan (1529-1591)
Hervás y Panduro, Lorenzo (1735-1809)
Antonio de Ulloa
(1716-1795)
- Jorge Juan y Santacilia
(1713-1773)
- Mutis, Celestino (1732-1808)
Félix de Azara
(1746-1821)
Cavanilles, Antonio José de
(1745-1804)
Elhuyar y de Suvisa, Fausto de
(1755-1833)
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-
Gómez Pereira
En Psicología
experimental está a no dudarlo más adelantado que la filosifía de
su tiempo, más que la del siglo XVII, más que Bacon y Descartes.
Ninguno observa ni analiza como él los fenómenos de la
inteligencia. (Men. y Pel.)
- Filósofo
y médico español, n. en Medina del Campo (1500) y m. después
de 1558. Llamado por algunos el «Descartes español», uno de
los más notables del grupo de médicos-filósofos del Siglo
de Oro (A. de Vilanova, R. de Sabunde, M. Sabuco, Huarte de
San Juan; v.), estudió ambas ciencias en Salamanca, donde,
según Zubiri, parece muy verosímil que influyera sobre él
Durando, es decir, el coletazo europeo del nominalismo (v.).
Católico independiente, filosóficamente ecléctico y poco
sujeto a autoridades a priori, sino a la experiencia y a la
razón. Algo superficial, concede prioridad al conocimiento
sensible sobre el intelectual y trata de radicalizar y
universalizar el principio de que la teoría se contrasta por
la experiencia. Sus teorías serían combatidas desde la
diatriba epistolar de un Miguel de Palacios (1555) a la ironía
burlona de un Francisco de Sosa (1556). Aunque escribió un
tratado de medicina (Novae veraeque medicinae, experimentis et
evidentibus rationibus comprobatae, Medina 1558), la obra que
le dio fama es la curiosamente titulada Antoniana Margarita,
opus nempe physicis, medicis ac thologis non minus utile quam
necessarium, Medina 1554.
Su Antoniana Margarita, llamada
así en memoria de sus padres, es una mezcla abigarrada de
psicología y metafísica, reiterativa y desordenada. Pero su
importancia radica en que trata, por primera vez en la
Historia de la Filosofía, de una serie de cuestiones de
psicología experimental y, sobre todo, porque en su desprecio
sistemático de las «autoridades» para recalar en la «sola
razón», constituye un claro precursor del método y el
dualismo cartesiano. En su estudio comparado del mundo animal,
adopta una postura pendular: frente a quienes defienden (polémica
muy de la época) que los animales tienen inteligencia, llega
a afirmar que ni siquiera sienten; al menos, no sienten
emociones o pasiones, aunque de algún modo reciben información;
y parece mejor así, ya que las sensaciones son ventanas del
conocer y del pensar... Pero ¿cómo se explican los
movimientos de los animales, que no pueden ser meros
automatismos? G. P. explica esos movimientos por automatismos
físicos (como el imán), por recuerdos sensoriales archivados
en el cerebro, por «amaestramiento» y por instintos
provocados por el hombre.
En cuanto al hombre adopta la
postura platónica y prefiere distinguir en él cuatro
elementos, es decir, alma y cuerpo cada una con su materia y
forma; no hay, pues, relación profunda alma-cuerpo. Como
resume Menéndez Pelayo, G. P. «identificó el hecho del
conocimiento con la facultad de conocer, y ésta con la
sustancia del alma; afirmó que las cualidades sensibles no
son accidentes entitativos de los cuerpos; refutó la antigua
teoría de las especies inteligibles, defendiendo la del
conocimiento directo; echó por tierra las formas sustanciales,
propugnando el atomismo».
También como médico es
experimentalista y niega las autoridades, no sólo árabes
sino incluso a Galeno. Pero, donde destaca más
espectacularmente en esa época renacentista, es en psicología,
donde niega la posibilidad del conocimiento intuitivo («el
conocimiento principia por la sensación»), a pesar de lo
cual M. Pelayo le niega la calificación de sensualista
resaltando su insistencia en la «experiencia interna» que le
hace precursor de los escoceses (v. SENSISMO ESCOCÉS). Su «poderosa
y violenta libertad de criterio» ha podido calificarse, en
contraste al realismo de Vives, de subjetivismo (R. Aranda).
¿Hay antinomias insolubles en
G. P.? Así parece, pues aunque comienza haciendo profesión
de fe (al menos, dice que no se rendirá sino a la razón,
exceptuando lo tocante a religión, lo que ya es una salvedad),
luego llega a dudar que sea posible demostrar la inmortalidad
del alma. Al fin parece hallar pruebas y se basa en el
dualismo humano, en la función de forma que el alma asume
frente al cuerpo aun considerándolas sustancias autónomas, y
en la identidad del alma a lo largo de la vida.
El planteamiento filosófico de
G. P. intenta superar el de la escolástica para reconstruir
lo mismo en forma nueva, pero cae en equívocos. El paralelo
con Descartes (v.) es inevitable, y aunque no se sabe si éste
conoció la obra de G. P. su influencia es evidente.
Especialmente cuando G. P., para quien el alma es
autoconsciente al reflexionar sobre sus actos, concluye: «Nosco
me aliquid noscere, et quidquid noscit est, ergo ego sum».
- FERNÁNDEZ CLEMENTE.
- Cortesía de Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
(Indice)
- Servet,
Miguel (1511-1553)
- Nacido en 1511 en Villanueva de Sijena, cursa estudios en
Zaragoza, Suiza y Francia, interesándose por la medicina en
Lyon. Su práctica médica aparece influida por su concepción
religiosa, en la que ataca los fundamentos del catolicismo sobre
la Trinidad en "De Trinitatis erroribus" (1532). Su
independencia de pensamiento le llevó a chocar también con Calvino,
con el que mantuvo
agrios enfrentamientos que, finalmente, le conducirán a la
hoguera. Es importante su desempeño como investigador
en medicina, desvelando los errores de la tradición basada
en Galeno.
Así, mejora el conocimiento de la circulación sanguínea,
detallando la existencia de venas y arterias y la irrigación
pulmonar. También aporta mejoras en el tratamiento de algunas
enfermedades, "Syruporum universa ratio" (1537), sobre
la terapéutica de los jarabes.
- (Indice)
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Juan Pérez de Moya
(1513-1592)
- Notable humanista español, profesor de matemáticas
en la Corte y en la Universidad de Salamanca, autor de diversos
libros sobre filosofía, historia y matemáticas.
- Es el primer autor español en publicar una
“regla de la cosa”, es decir, el álgebra aplicada a la
resolución de ecuaciones.
- En 1562 publica en Salamanca su Aritmética Práctica
y Especulativa, libro muy popular en su época y reimpreso en
numerosas ocasiones hasta mucho después de la muerte de su
autor. Probablemente se trate de la obra matemática española más
importante de todo el siglo XVI.
- La
obra matemática más importante de la España del siglo XVI
puede ser "Arithmética práctica y especulativa"
publicada en 1562, obra de Juan Pérez de Moya que alcanzó
difusión en todos los paises a pesar de estar escrita en
castellano.
- (Indice)
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Huarte de San Juan,
Juan (1529-1591)
- Médico,
humanista y filósofo español; n. en San Juan del Pie del
Puerto (actual Navarra francesa) en 1529 y avecindado en Baeza
un año más tarde, donde transcurrió su infancia y realizó
estudios humanísticos. Se licenció en Medicina en Alcalá,
en 1559, y los pocos datos biográficos que nos han llegado de
él hablan de su afincamiento definitivo en Linares y de su
muerte allí, a fines de 1588 o principios de 1589. No se
descarta su permanencia en Baeza durante algún tiempo,
ejerciendo su profesión.
Hijo de su época, H. pertenece
a ese grupo de médicos españoles del Renacimiento -Gómez
Pereira, Francisco Sánchez, Laguna, Vallés- que no limitan
su actividad a la práctica médica. Dotado de un espíritu
abierto a todo conocimiento, acuden a las fuentes originales
del saber médico y dedican parte de su tarea a la especulación
filosófica. Frente a lo que sucederá en siglos posteriores,
su obra va a tener influencia importante -y a veces será
precursora- sobre el pensamiento científico europeo de
ulteriores décadas.
Obra principal. La aportación
de H. a tal empeño radica en un libro, Examen de ingenios
para las Ciencias, que vio la luz en primera edición, en
Baeza, en 1575 y que tras su muerte sería meditado (también
en Baeza, 1594), corregido en parte, ampliado en algunos capítulos
y suprimidos otros. Es cierto que la Inquisición jugó su
parte en tales modificaciones, llamando la atención al autor
sobre determinadas doctrinas, pero a pesar de ello, H. se
mantuvo siempre dentro de la ortodoxia y sus posibles errores
fueron fruto, no de la herejía, sino de su posición
precursora, que él mismo reconoce al confesar que su libro «no
puede escapar de algunos errores, por ser la materia tan
delicada y donde no había camino abierto para poderla tractar».
El Examen de ingenios alcanzó
pronto gran resonancia, sus 24 ediciones en diferentes idiomas
prueban el interés logrado por su doctrina. ¿En qué
consiste ésta? Trata H. de ofrecer con su libro al rey Felipe
11, la posibilidad de discernir, mediante el conocimiento del
temperamento nativo de los hombres, su disposición para el
ejercicio de las distintas actividades intelectuales o técnicas.
Piensa así nuestro médico, en una época de crisis que vive
como genuino renacentista, alcanzar un mundo de perfección,
en el que puedan darse «los mayores artífices» por el mero
hecho de aunar el arte en la naturaleza.
En la obra se pueden distinguir
tres partes: una primera, de contenido psicológico y carácter
teorético, en la que se estudian los distintos ingenios, sus
variedades y diferencias, su relación con la constitución
temperamental -entendido el temperamento, por supuesto, al
modo galénico-, las teorías humorales y el cerebro, todo
ello como fundamento de las aptitudes profesionales y de la
actividad intelectual humana. La segunda parte del Examen de
ingenios, también de contenido psicológico, es de carácter
pragmático; en ella trata H. de la correspondencia existente
entre las distintas profesiones académicas y las diferentes
variedades de ingenio. Analiza, en fin, caracterológicamente,
dichas profesiones y los individuos que a ellas se dedican. El
último apartado del libro, de contenido biológico y también
de carácter práctico, va orientado al logro de los buenos
ingenios.
Doctrina del autor. Como hemos
podido ver, la doctrina de H. afirma que para el conocimiento
científico y el ejercicio profesional, la aplicación del
sujeto o los métodos pedagógicos utilizados para ello no
tiene tanta importancia como algo nativo en el hombre, algo
cuyo origen no radica en su alma y que es preciso atribuir a
las diferencias temperamentales. Por ello es imprescindible un
estudio práctico que, abarcando la investigación tipológica
-en lo que se refiere al temperamento-, su correspondencia con
la mentalidad de cada individuo, la relación entre tipos
mentales y los diferentes modos de enseñanza y profesiones,
permita en fin una aplicación eugenésica, pedagógica y
sociológica, con vistas a la selección de superdotados y, más
modestamente, a la orientación profesional en general.
Señala H. tres facultades:
entendimiento, imaginación y memoria, cuya forma de ser en el
individuo dará lugar a otros tantos modos de ingenio. Ahora
bien; puesto que el ingenio está en función del temperamento,
relaciona nuestro autor las cualidades humorales constitutivas
de los temperamentos con las referidas potencias psíquicas,
distinguiendo así tres tipos de ingenio: el memorioso -por
temperamento húmedo-; el imaginativo -por temperamento cálido-;
y, finalmente, el intelectivo, por temperamento seco. Como
quiera que de la combinación de las diferentes cualidades
surgen nuevas diferencias, se sigue en la clasificación de
los ingenios, según H., una subdivisión en teóricos y prácticos.
Sólo resta ya el médico
renacentista, para lograr su examen de ingenios para las
ciencias, establecer la correspondencia existente entre los
diversos ingenios y las distintas artes y ciencias. Lo
consigue -anteponiéndose a Bacon (v.)- mediante su célebre
clasificación de las profesiones según la facultad psíquica
más necesaria para su ejercicio. En lo que se refiere al
entendimiento, predominará para el estudio de la Teología,
teoría de la Medicina, Dialéctica, Filosofía y práctica de
la jurisprudencia. Para el dominio de la poesía, elocuencia,
música, práctica de la Medicina, Matemáticas, Política,
Astrología, será precisa la preponderancia de la imaginativa.
La memoria, en fin, es facultad imprescindible para sobresalir
en el estudio de la Gramática, las lenguas, la teoría de la
Jurispericia, la Teología positiva, la Cosmografía y la
Aritmética.
Uno de los puntos de fricción
del Examen de ingenios con la Inquisición radica en la
afirmación de H. -al abordar el problema de las relaciones
funcionales entre alma y cuerpo- de que el alma racional,
mientras informa al cuerpo, no puede ejercitar acción alguna
sin órgano efector adecuado. Ello le lleva a la conclusión
de que en el cerebro tiene que existir un órgano para cada
facultad. En la edición de 1594 rectificará expresando la
existencia de dos potencias intelectivas: una inorgánica,
función específica del alma racional, y otra orgánica y
cerebral, condición inexcusable para el funcionamiento de la
primera.
Para la redacción del Examen,
H. de S. J., fiel humanista, hubo de conocer las Sagradas
Escrituras, los textos filosóficos clásicos -Platón y Aristóteles-,
el Corpus Hippocraticum y las obras de sus contemporáneos.
Pero por encima de todos ellos, el escrito que le sirvió de
punto de partida fue el Quod animi mores corporis temperamenta
sequantur de Galeno (v.), aunque el médico de Linares
sobrepasa al de Pérgamo, no ya por su tesis, cristiana la del
español, de la igualdad nativa de todas las almas, sino por
admitir una correlación estrecha y específica entre el
temperamento y el talento intelectual y, sobre todo, por negar
rotundamente la influencia de aprendizaje, hábito y vocación
sobre la aptitud y el rendimiento de la inteligencia.
La publicación del Examen de
ingenios marca el nacimiento de una nueva disciplina: la
Psicología diferencial. Sin embargo, la grandeza de la obra
se vio menguada por el desconocimiento, casi general en su época,
del sentido pedagógico que encerraba. La literatura del Siglo
de Oro español, por el contrario, fue fiel notario de la
presencia y la existencia de la obra de H.
A.
ALBARRACIN TEULóN
- Cortesía de Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
(Indice)
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Hervás y Panduro,
Lorenzo (1735-1809)
Polígrafo
español n. en Horcajo de Santiago (Cuenca) el 20 mayo 1735 y m.
en Roma el 24 ag. 1809. Máxima figura del enciclopedismo
cultural de la España dieciochesca. Precursor de dos
disciplinas científicas, la Antropología y la Lingüística
Comparada.
Vida y obra. Comenzó sus
estudios eclesiásticos en Madrid y los completó en Alcalá de
Henares. Ordenado en la Compañía de Jesús, desarrolló cursos
de Filosofía en Madrid y Murcia. Residió algunos años en América,
donde ejerció una benéfica labor como misionero. Espíritu
apacible y reflexivo, entregado al estudio, acogió
resignadamente la expulsión de la Compañía y marchó a
Italia, donde vivió alejado de toda polémica. La investigación
y la ciencia iban a ser sus únicas preocupaciones. Se estableció
en Forli con la provincia jesuítica de Toledo y allí vivió
hasta 1773 en que un breve pontificio suprimió la Compañía.
Acogido a la hospitalidad de la familia Ghini, radicada en
Cesena, se dedicó a estructurar sus grandes construcciones
enciclopédicas. Tras once años de estancia en la Romaña, pasó
a Roma para completar sus trabajos. Investigó a fondo en la
Biblioteca Vaticana. La vida política italiana, bastante
insegura, le hizo volver a España entre 1798-1801. Vivió algún
tiempo en Barcelona, estancia que aprovechó para investigar en
el Archivo de la Corona de Aragón, y se retiró n descansar a
su pueblo natal. Revocada la amnistía concedida por Carlos IV a
los jesuitas, se vio en la necesidad de volver a Italia. Desde
1801 hasta su muerte fue bibliotecario del Palacio del Quirinal
y en él trabajó incansablemente hasta poner en orden sus
escritos.
Labor enciclopédica y varia. Su
obra fundamental es Idea dell'universo. La comenzó en Cesena
(1778), y a lo largo de diez años fueron apareciendo hasta 21
tomos divididos en cuatro secciones. La primera es antropológica,
la segunda cosmológica, la tercera físico-natural y la cuarta
lingüística. En 1792 publicó un apéndice, el tomo 22, de índole
sobrenatural, que lleva por título Análisis filosófico-teológico
de la caridad, o sea, del amor de Dios. En 1789 comenzó una
edición española mucho mejor estructurada. Dividió la
enciclopedia en cuatro obras independientes: Historia de la vida
del hombre, Viaje estático al mundo planetario, El hombre físico
y Catálogo de las lenguas. Su labor erudita no se detuvo en
esta obra monumental. Preocupado por los problemas de sutiempo y
admirador de la cultura enciclopedista de los franceses, aunque
disintiera de sus ideas, expuso sus propias opiniones en un
ensayo: Causas de la Revolución de Francia en el año 1789.
Completan su inmensa producción, la Descripción del Archivo de
la Corona de Aragón, La primitiva población de América y
explicación de insignes pinturas mejicanas, la Biblioteca jesuítico-española
y el valiosísimo Catálogo de manuscritos españoles y
portugueses en Roma.
No puede hablarse de un estilo
peculiar de H. y P. Su obra no se prestaba a la recreación ni
al cuidado exquisito de la forma. La aridez de la materia fue un
gran obstáculo a salvar y el escritor sale airoso con la
incrustación de capítulos pintorescos y movidos, llenos de anécdotas
y curiosidades.
Hervás y Panduro, lingüista. De
todos sus trabajos destacaremos, por su modernidad y audacia, el
Catálogo de las lenguas de las naciones conocidas (1800-1805),
verdadero monumento de la ciencia del lenguaje, por el que
merece el sobrenombre de padre de la lingüística comparada.
Encomió su labor W. von Humboldt, cuya teoría romántica tanto
debe al ingrato trabajo de H. y P. Lo moderno de su mentalidad
filosófico-lingüística lo demuestra su perduración, como
lejana huella, en los neoidealistas alemanes del s. xx. Pocos
lingüistas del s. xvin logran este alcance. Una frase del polígrafo
compendia una verdad discutida, pero muy acertada: «las lenguas
no son sólo códigos de hablar, sino también métodos para
hablar y pensar». Este axioma lo refrendó con el estudio de
cerca de 300 lenguas y dialectos. Supera su visión y
profundidad a las famosas enciclopedias Pallas y Mitrídates de
Adelung-Vaten, las otras dos construcciones enciclopédicas de
las lenguas.
Veinticinco años antes de que F.
Bopp demostrara científicamente la existencia de la familia
aria, estableció por primera vez en Europa el parentesco entre
griego y sánscrito. Frente a los lingüistas franceses, demostró
que el hebreo no fue la lengua del Paraíso ni la primigenia;
dejó sentado definitivamente su parentesco con otras lenguas
semitas, tales como el arameo, árabe y siriaco. Sostuvo la teoría
del vasco-iberismo y la demostró con procedimientos científicos.
Estableció dos nuevas familias de lenguas, la malayo-polinesia
y la fino-ugria. Su mayor timbre de gloria consiste en haber
sido citado elogiosamente por lingüistas de la talla de O.
Jespersen y W. von Humboldt. Fue el primero en reconocer la
superior importancia de la gramática para decidir el parentesco
de las lenguas (en esto sigue las huellas del filósofo Leibniz,
v.). Hasta entonces lo que se comparaba era el léxico y así lo
hicieron los recopiladores de la Pallas y los comparatistas
Adelung-Vaten. Como hombre de visión universal, H. y P. no se
limitó al estrecho marco de las lenguas europeas, trabajo hecho
en parte por J. J. Escalígero, sino que abarcó lenguas de todo
el mundo. Se valió de datos directos o a través de
intermediarios, casi siempre misioneros, que le prestaron una
valiosa colaboración en lo referente a lenguas americanas y de
Insulindia. Es lamentable que H. y P. no se propusiera un fin
lingüístico. Las lenguas fueron un camino seguro para
establecer familias étnicas. Ésa fue la finalidad de todos sus
trabajos. Una obra titánica, producto de años de esfuerzo,
patentiza su silencioso laborar, modelo de estudiosos y eruditos.
- P.
CORREA RODRÍGUEZ
- Cortesía de Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
-
- Humanista y erudito. Como jesuita tuvo que irse a Italia en
1767 a raiz de la expulsión de los Compañía. compuso en
italiano una obra enciclopédica 'Idea dell' Universo', que
refundió parcialmente en castellano y de la que extrajo el 'Catálogo
de las lenguas conocidad' , en seis volúmenes (1800-05), obra
fundamental de la Filología comparada. En ella, fruto de una
paciente labor investigadora, niega la unidad originaria de las
lenguas e influye en la filología moderna al afirmar la
importancia básica de la estructura gramatical y la
persistencia de los rasgos fonéticos de los idiomas. Su
producción incluye diversas gramáticas y vocabularios. 'Vocabulario
polígloto' (1787), un esbozo histórico sobre el arte de
escribir y un manual de paleografía 'Paleografía Universal'
(1793). A la erudiciónthistórica pertenece su 'Descripción
del Archivo de la Corona de Aragón' (1801). Se le ha calificado
como 'el último humanista y el primer filólogo del mundo'.
"...de cuyo cerebro, como Minerva del de Júpiter, brotó
armada y pujante la Filología Comparada. Con cuánto gozo vemos
a Max Müller en sus inmortales Lecturas sobre la Ciencia del
Lenguaje, dadas en la Institución Británica en 1861, reconocer
y proclamar en alta voz los méritos de Hervás, que conoció y
estudió cinco veces más idiomas que Court de Gebelin y los demás
lingüistas de entonces..., juntó noticias y ejemplos de más
de 300 lenguas; compuso por sí mismo las gramáticas de 40
idiomas, y fue el primero (entiéndase bien, el primero, así lo
dice Max Müller) en sentar el principio más capital y fecundo
de la ciencia filológica; es a saber: que la clasificación de
las lenguas no debe fundarse (como hasta entonces empírica y
rutinariamente se venía haciendo) en la semejanza de sus
vocabularios, sino en el artificio gramatical...Finalmente, (son
palabras de Max Müller) uno de los más hermosos
descubrimientos de la ciencia del lenguaje, es establecimiento
de la familia de las lenguas malayas y polinesias que se
extienden por más de 200 grados de latitud en los mares
Oriental y Pacífico, desde la isla de Madagascar, al este de
Africa, hasta la isla Davis, al oeste de América, fue hecho por
Hervás y Panduro mucho tiempo antes de ser anunciado al mundo
por G. Humboldt" (Menéndez y Pelayo)
(Indice)
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- Antonio de Ulloa
(1716-1795)
Nacido en Sevilla, ingresó en la Academia de guardias-marinas de
Cádiz, sentando plaza en 1733. Solicitado permiso al gobierno español
por el francés para realizar un viaje científico por tierras
americanas, a cargo de La
Condamine, se accedió a cambio de permitir la presencia de
Antonio de Ulloa y de su compañero Jorge
Juan. Realizado el viaje exploratorio, el buque francés fue
apresado en el regreso por barcos ingleses, siendo liberados ambos
marinos en Inglaterra. Durante su estancia en Londres, aprovechó
para completar sus conocimientos científicos y dictar una
comunicación en la Royal Society sobre el Perú, siendo elegido
miembro. De vuelta a España, publicó conjuntamente con Jorge Juan
las "Observaciones astronómicas y phisicas" (1748) y la
"Relación histórica del viage a la América meridional..."
(1748), no sin ciertas reticencias de la corte por su vocación
copernicana. Su segunda publicación es un profundo estudio y
descripción en cuatro volúmenes de los países visitados,
incluyendo la primera descripción científica del platino. Ciertos
aspectos de su informe, muy críticos con la administración y
declarados como secreto por el gobierno español, fueron publicados
en 1826 por el viajero inglés David Barny bajo el título de "Noticias
secretas de América". Ulloa fue comisionado por el gobierno
español para emprender viaje a los países punteros europeos en
materia científica, donde deberá recabar información de carácter
técnico. Este viaje le permite conocer a algunas de las
personalidades más relevantes de la época. A su vuelta a España,
intentó promover la investigación científica, participando en
diversos proyectos y en la creación de varias instituciones. En
1758 es nombrado gobernador de la mina de Huancavélica y
superintendente de su mina de mercurio. Más tarde fue nombrado
gobernador de la Luisiana meridional y, poco después, regresó a
España, ascendiendo a jefe de escuadra. La vocación científica de
Ulloa no declinó, publicando en 1772 "Noticias americanas:
entretenimientos físico-históricos sobre la América meridional, y
la septentrional oriental: comparación general de los territorios,
climas y producciones en las tres especies vegetal, animal y
mineral..." y realizando un nuevo viaje a América en el que
estudió la declinación de la brújula entre Cádiz y Veracruz.
Erudito en varios campos, estudió electricidad y magnetismo, aplicó
el microscopio solar de reflexión al estudio de la circulación
sanguínea de peces e insectos y proyectó el canal de navegación y
riego de Castilla. Falleció en Cádiz en 1795.
(www.artehistoria.com)
(Indice)
Jorge Juan y Santacilia
(1713-1773)
Entre 1735 y 1744 es comisionado por el gobierno español para
participar, junto a Antonio
de Ulloa, en el viaje de La
Condamine a Perú
para efectuar la medición del grado del meridiano terrestre. Las
experiencias y resultado del viaje son publicados por ambos a su
vuelta a Madrid, en la "Relación histórica del viaje a la América
Meridional", las "Observaciones astronómicas y físicas",
en las que se hizo cargo de la parte matemática, y las "Noticias
secretas de América", ensayo realizado por encargo del marqués
de la Ensenada y en el que se criticaban los abusos y desmanes
cometidos por la administración española en América contra los
indígenas. Prohibido, el libro no fue publicado hasta 1826 en
Londres, por David Barny. Interesado en la ingeniería naval, se
desplazó a Londres para conocer las técnicas constructivas y
proyectó y dirigió los arsenales de Cartagena y Ferrol. Recibió
el cargo de capitán de la Compañía de Guardiamarinas en 1751,
estableciéndose en Cádiz. En esta ciudad fundó el Observatorio
astronómico y la Asamblea Amistosa Literaria, sociedad de discusión
sobre temas de física, geografía, etc. En 1767 fue durante seis
meses embajador extraordinario en Marruecos, encargándosele en 1770
la dirección del real Seminario de Nobles. Para esta institución
realizó una reforma del plan de estudios y redactó su "Examen
marítimo teórico-práctico", utilizado como manual.
(www.artehistoria.com)
(Indice)
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Mutis,
Celestino (1732-1808)
Médico y botánico. Se educó en Sevilla, pero a partir
de 1757 permaneció en Madrid enseñando anatomía y aprendiendo
Botánica en el Jardín Botánica instituido por Fernando VI.
En 1760 viaja a América como médico del marqués de Vega y se
establece en Bogotá, dedicándose a los estudios de farmacología
y ejerciendo como médico, donde resultó ser una verdadera
eminencia. A él se debe una serie de aplicaciones de drogas.
Posteriormente se dedicó a la enseñanza de la Astronomía y
Matemática, y descubrió la variación nocturna del barómetro.
Organizó la Sociedad Patriótica de Nueva Granada, cuyo fin era
el desarrollo agrícola, industrial y científico, así como la
educación popular.
Pero lo que realmente le interesaba y apasionaba era la Historia
Natural, y dentro de ella la Botánica. Por sus estudios y
experiencia en este tema, ya que reunió un herbario con miles
de descripciones de plantas y más de 6.000 láminas dibujadas
en color, en 1783 Carlos III le nombró primer botánico y astrónomo
de la Expedición a América Septentrional.
Se le considera como una de las figuras científicas y mantenía
correspondencia con Linneoo y Cavanilles. Su mayor aportación a
la ciencia es su herbolario y la colección de láminas. Ambos
se encuentran hoy en el Jardín Botánico de Madrid.
(Indice)
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Félix de Azara
(1746-1821)
- Félix
de Azara nació en Barbuñales
(Huesca) en
1742, fue el sexto hijo de una acomodada familia. Su padre,
Alejandro de Azara y Loscertales, era señor de Barbuñales y de
Lizara y Barón de Pertusa. La influencia de su familia se
aprecia en los puestos destacados a los que llegaron sus
hermanos: Eustaquio, obispo de Barcelona; José Nicolás fue uno
de los ilustrados españoles más destacados y desempeñó
importantes misiones diplomáticas al servicio de Carlos III y
Carlos IV; Mateo llegó a ser auditor de la Audiencia de
Barcelona y Lorenzo profesor de la Universidad de Huesca y Deán
de su Cabildo Catedralicio.
La vida de Félix de Azara fue la propia de un ilustrado:
curioso, observador, deseoso de conocer y mejorar el mundo que
le rodeaba para bien de su pueblo.
Comenzó sus estudios en la Universidad de Huesca donde
permaneció cuatro años, terminados los cuales decidió no
seguir estudios en la Universidad Sertoriana y eligió la
carrera de las armas. A este respecto, se ha de hacer notar que
los ilustrados no recibieron su formación científica en las
Universidades españolas de mediados del siglo XVIII, ya que éstas
estaban ancladas en el más cerrado aristotelismo y en sus aulas
no se impartían ni ciencia moderna, ni matemáticas, ni ninguna
de las llamadas ciencias útiles. La ciencia moderna y las matemáticas,
que tanto interesaban a los ilustrados, se estudiaban en los
Seminarios de Nobles o en las Academias Militares. En 1761 se
trasladó a Barcelona donde se formó en matemáticas en la
escuela que había enseñado el famoso Ingeniero Militar Pedro
Lucuce. En 1767 era subteniente de Infantería e Ingeniero
delineador de los ejércitos nacionales, plazas y fronteras.
Durante los siete años siguientes se dedicó a tareas que,
actualmente, no asociamos con las ocupaciones habituales de la
milicia. Trabajó en las correcciones hidrográficas de los ríos
Oñar, Tajuña, Henares y Jarama; se ocupó de reconstruir las
fortificaciones de Mallorca. Tanto celo demostró en todos sus
cometidos que fue nombrado Maestro de Estudios de Ingenieros de
Barcelona. De esta época datan los trabajos que realizó en las
obras de fortificación de Figueras y una estatua, que todavía
se puede contemplar hoy en el Parque de la Ciudadela de
Barcelona.
En 1775 España entró en guerra con Argelia y la doble
vertiente de su formación, como ingeniero y como militar de
armas, lo llevó a ese escenario de lucha donde resultó herido
de gravedad. Trasladado a la península en un barco de su
protector, el Conde de Fuentes, tuvo una larga convalecencia
debida a la infección de la herida que le provocaba fiebre
continua y no cicatrizaba. En el proceso de curación se le
extirpó parcialmente una costilla y la convalecencia duró
cinco años.
Hay un dato curioso, y es que, entre los achaques que padeció
en el largo proceso de curación de la herida de guerra, sufrió
unas tremendas molestias de estómago que le aparecían después
de las comidas, hasta que un médico le dijo que no probara el
pan - santo remedio. Dejó de comer pan, le desaparecieron las
malas digestiones y se fue entrenando para la dieta de carne
asada a la que iba a estar sometido durante los casi veinte años
de su aventura sudamericana.
El motivo político por el que Félix de Azara llegó a ser el
naturalista español más afamado de su tiempo, y que,
seguramente, de no haberse planteado, ni siquiera hubiera ido a
América, fue el de cumplir las exigencias del Tratado de
Tordesillas.
Según el Tratado de Tordesillas de 1494, una comisión mixta
hispano-portuguesa debería determinar un meridiano tal que al
Este del mismo las tierras fueran portuguesas y al Oeste españolas.
El meridiano no se delimitó nunca porque a los portugueses les
interesaba tener las fronteras imprecisas para poder avanzar
hacia el Oeste en busca de piedras preciosas y en busca de
esclavos. El avance portugués se vio favorecido por el tipo de
conquista que realizaban los españoles, recorredores de grandes
distancias en busca de gloria, hazañas o tierras de promisión,
como sucedió con El dorado.
Las fundaciones de poblaciones españolas eran efímeras y las
que superaron el paso del tiempo no siempre estaban habitadas
por gentes equipadas e instruidas. Sin embargo, Portugal a lo
largo de sus avances hacía asentamientos de bandeirantes,
pobladores de múltiples nacionalidades y mercenarios, que acudían
a Brasil con sus familias en busca de metales preciosos y también
de tierras donde asentarse. Eran pobladores dotados de buenos
instrumentos de cultivo y de conocimientos técnicos. Los bandeirantes
se introducían progresivamente en el despoblado y desprotegido
territorio español para hacer contrabando y mantener una
indeterminación de fronteras favorable a Portugal. Si a la
situación se le añade que los jesuitas habían fundado sus
misiones en la zona fronteriza en litigio se completan las
causas del retraso secular de la fijación de las fronteras
americanas entre España y Portugal.
En 1750 se hizo un nuevo tratado en el que se reconocía buena
parte de la situación de hecho creada en siglo y medio por
Portugal y los jesuitas. En este nuevo Tratado España salía
perjudicada con respecto a lo dispuesto en el Tratado de
Tordesillas.
Las razones fundamentales que motivaron el hecho de que Félix
de Azara fuera trasladado a América por orden del rey fueron:
evitar que España viera aún más mermadas, en otro posible
Tratado, sus posesiones ultramarinas; la sublevación de indios
cristianos; la elaboración de fiables catastros de poblaciones
de origen europeo y la determinación de la autoridad sobre
ciudades que aparecían en la franja fronteriza.
- Recuperado
de la herida argelina, Félix de Azara se incorporó a la
guarnición de San Sebastián, en 1780, con el grado de Teniente
Coronel. En 1781 recibió orden de presentarse al embajador de
España en Lisboa. De allí partió con sus compañeros para
ponerse a las órdenes del virrey de Buenos Aires, el 12 de
Marzo llegaron a Río de Janeiro y el 13 de Mayo a Montevideo.
En su Geografía física y esférica, que permaneció
manuscrita hasta 1907, se reflejan las sensaciones de un hombre
que, en 1790, había comprendido que la comisión de portugueses
para delimitar fronteras no llegaría, y que tenía que
enfrentarse con la necesidad de ocupar el tiempo de espera
forzada en algo útil, tal y como correspondía a un ilustrado
convencido. En su Geografía se manifiesta en ese
sentido:
Llegué a Asunción, capital de Paraguay, donde supe que no había
portugueses ni noticias de ellos, por cuyo motivo no quise
afrontar cosa alguna ni hacer el menor costo, porque además yo
sospechaba con bastante fundamento que dichos portugueses tardarían
en llegar, y aunque en consecuencia mi demora en Paraguay sería
dilatada no se me había dado instrucción para este caso y me
vi precisado a meditar sobre la elección de algún objeto que
ocupase mi detención con utilidad. desde luego vi que lo que
convenía a mi profesión y circunstancias era acopiar elementos
para hacer una buena carta sin omitir lo que pudiese ilustrar la
geografía física, la historia natural de las aves y los cuadrúpedos
y finalmente lo que pudiera conducir al perfecto conocimiento
del país y sus habitantes.
Como su misión oficial era esperar a los portugueses, muchos de
los viajes que realizó para conocer el país los hizo a
escondidas y a sus propias expensas. Muchas veces pedía permiso
al virrey para viajar él y sus acompañantes con excusas. En
esos viajes escondía los aparatos de medida para no levantar
sospechas. Cada día a mediodía observaba la latitud por el sol
y durante la noche la determinaba por las estrellas. Jamás viajó
sin un aparato de reflexión de Halley y un horizonte
artificial. En los viajes llevaba baratijas y alcohol para
atraerse a los indios, un escaso equipaje y una escasa
intendencia, por lo que, en sus largas expediciones, tenía que
someterse a dietas de carne asada. Completaba los datos
obtenidos en las expediciones con datos de archivo, pero estaban
como los archivos estaban muy desordenados conseguía poca
información.
Azara tenía formación como ingeniero militar y estaba versado
en matemáticas y ciencia moderna, pero no tenía una preparación
adecuada como naturalista. No obstante, tenía firmemente
adquirido el método científico por su educación y por su
ejercicio profesional. Su espíritu científico le llevó
elaborar una obra sólida, admirada en toda Europa por su rigor
observacional, por sus métodos de clasificación y por sus teorías.
La obra naturalista de Azara quedó recogida en tres libros
fundamentales: Viajes por la América Meridional,
editados en París, y en francés, en 1809; Apuntamientos
para la Historia Natural de los páxaros del Paraguay y del Río
de la Plata, ultimado en 1796 y publicado en 1802; Apuntamientos
para la Historia Natural de los cuadrúpedos del Paraguay y del
Río de la Plata, que completó al final de sus estancia
americana.
El método de Félix de Azara como naturalista le llevó a
corregir afirmaciones erróneas emitidas por Buffon en su Historia
Natural y a ser considerado por algunos autores como
precursor de las teorías hereditarias del siglo XIX y de las
evolucionistas de Darwin. Debe hacerse notar que la obra dio a
los naturalistas de su tiempo y a los posteriores un material
observacional útil y abundante junto a unos temas sobre los que
investigar y reflexionar.
Félix de Azara observaba a los animales en su medio natural,
los medía, estudiaba sus colores, las diferencias entre machos
y hembras, realizaba un dibujo y proseguía con la clasificación
por familias. Azara era consciente de que no conocía los métodos
de clasificación de Linneo ni los nombres dados a los animales
por Buffon, máximo naturalista del siglo. Por eso vio la
necesidad de estudiar la obra de Buffon, que, con todo apremio,
pidió a España. En 1796, en su viaje a Buenos Aires, recibió
la obra de Buffon, pero él ya tenía solucionado el problema de
clasificación de los pájaros y terminada la obra Apuntamientos
para la Historia Natural de los páxaros del Paraguay y del Río
de la Plata. La obra de Buffon le sirvió para recoger
datos de los cuadrúpedos del Paraguay y del Río de la Plata
según la taxonomía Buffoniana.
Al recibir la obra del sabio francés, Azara constató que
Buffon no conocía muchas especies americanas o que las había
visto deterioradas por el traslado o por la mala conservación.
Además, el naturalista español aportaba ricas observaciones
sobre el medio natural en que se desenvolvían los animales y
sustanciosas reflexiones sobre vida y comportamiento de las
diferentes especies.
Azara aportó a la comunidad científica, además de un material
observacional científicamente clasificado, una serie de
opiniones que lo enfrentaron a las tesis comúnmente aceptadas.
Así, para explicar la aparición de especies idénticas en
diferentes continentes, no aceptaba la hipótesis de las grandes
emigraciones, en cambio mantenía la teoría creacionista,
aunque modificada con las hipótesis de creaciones simultáneas
y creaciones sucesivas. Proponía como causas de las mutaciones
(evoluciones) observadas en diferentes especies animales las de
carácter interno y, de este modo se aproximó a una teoría de
la herencia que cristalizaría en el siglo XIX.
Su obra no fue reconocida al principio, es más, algunos de los
productos de sus minuciosas observaciones fueron tirados,
literalmente, a la basura. Tal es el caso del envío que le hizo
en 1789 a Floridablanca de cuatrocientos pájaros conservados en
alcohol. El ministro los remitió al vicerrector del Gabinete
Real de Historia Natural, José Clavijo Fajardo, el cual sólo
vio en aquella preciosa aportación de Azara que los nombres de
los pájaros estaban en indio (por aquellas fechas Azara no
conocía la obra de Buffon), que no se citaba en el trabajo ni a
Buffon ni a Linneo y que las hipótesis emitidas por Azara
cuestionaban las de estos autores.
En 1801 regresó a España y, gracias a su hermano José Nicolás
fue presentado en París a grandes investigadores, acogido en
muchas sociedades científicas y recibido con honores en el
Museo de Historia Natural. Cuando en 1803 volvió a Madrid
rechazó el virreinato de Méjico y en 1805 aceptó ser miembro
de la Junta de Fortificaciones. Ese mismo año se retiró a
Barbuñales, desde donde redactó numerosos informes y donde
murió en 1821.
Una prueba del talante ilustrado y no absolutista de este sabio
aragonés es que en 1815 rechazó la Orden Americana de
Isabel la Católica que acababa de ser creada por Fernando
VII.
- Por Víctor
Arenzana Hernández
(Indice)
Cavanilles,
Antonio José de (1745-1804)
Gran científico español de renombre universal; n. el 16 en.
1745 en Valencia. Dedicó su vida al estudio e investigación de la
Botánica. M. el 10 mayo 1804, en Madrid. Tras de sus estudios
elementales, pasó a cursar en la Univ. de Valencia, Filosofía y
Teología, y en este periodo de su formación religiosa le fue
encomendada la educación de los hijos del duque del Infantado,
gracias a cuyo generoso mecenazgo pudo realizar en 1777 un viaje a
París para dedicarse al estudio de las Ciencias Naturales, cuando
contaba 36 años. En esta estancia en París, y mediante las
enseñanzas de A. L. de Jussieu, se aficionó a la Botánica
cambiando por completo la orientación de sus estudios. Rápidamente
se dio a conocer en Francia con una obra de defensa de los
españoles titulada Observations sur l'article Espagne de la
Nouvelle Encyclopédie, trabajo sin carácter científico que
apareció en 1784. Su primer trabajo como botánico se titula
Monadelphiae classis dissertationes (1785) y, por su calidad y rigor
científico, le consagra en el campo de la Botánica.
A partir de esta fecha se multiplican
sus trabajos, pudiéndose contar entre los más importantes:
Observaciones sobre la Historia Natural, Geografía, Agricultura,
Población y Frutos del Reyno de Valencia y junto a ella los seis
tomos que componen los Icones et Descriptiones plantarum con dibujos
realizados en su gran mayoría por el mismo C., obra que aún hoy es
fundamental en el estudio de las plantas. En 1801 fue nombrado
director y catedrático del jardín Botánico de Madrid, cuya mejora
comenzó desde el mismo momento de su nombramiento, siendo sucedido
en este cargo por su discípulo Lagasca.
La obra de C. tiene un indiscutible
mérito en relación con, su época, pues fue el primer botánico en
España que tuvo en consideración puntos de vista linneanos (v.
LINNEO) en el método de clasificación de plantas, atendiendo a
caracteres fundamentales y no a simples apariencias morfológicas;
así prescinde de las reglas clásicas conocidas hasta entonces y
adopta un sistema basado en la estructura de los órganos
reproductores de las flores. En conjunto, toda su obra fue de la
mayor resonancia europea y muy beneficiosa para la ciencia española,
tanto por ella en sí, como por las nuevas pautas a seguir que
descubrió a sus discípulos.
- M. E. RON ÁLVAREZ.
Cortesía de Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
(Indice)
Elhuyar y de Suvisa,
Fausto de (1755-1833)
Juan José N. en Logroño en 1754. y
m. en 1796. Cursó estudios elementales en su tierra natal y luego
sus padres (de origen vasco-francés) le enviaron a París para
completar su formación; allí conoció a algunos miembros le la
Real Soc. Vascongada que estudiaban en Francia y el año 1777
ingresó como socio de la citada Sociedad, bajo cuyos auspicios
pudo aprender técnicas metalúrgicas, visitando Suecia,
Inglaterra y otros países. Junto con su hermano realizó en el
Real Seminario de Vergara las notables experiencias que condujeron
al aislamiento del wolframio. En 1784 marchó a Colombia como
técnico de minas y allí se casó (1788) y m. ocho años más
tarde (se cree que en Bogotá). El alejamiento de España y la
muerte prematura han sido la causa de que su labor de
investigación química, mineralógica y minera no haya alcanzado
la estimación que merece.
Fausto. N. también en Logroño el
11 oct. 1757 y m. en Madrid en 1833. Recibió una formación
cultural análoga a la de su hermano y como él recorrió diversos
países (Sajonia, Hungría, Austria) para adquirir conocimientos
metalúrgicos, relacionándose entonces con destacados
científicos europeos. Colaboró con Juan José en el
descubrimiento del wolframio y de 1783 a 1785 cursó en Vergara
estudios de Mineralogía y Metalurgia, interviniendo además en
los trabajos de Chabaneau sobre purificación de las platinas
americanas. Contrajo matrimonio en Viena (1788) y pasó a México
donde su conocimiento de las técnicas mineras le permitió
realizar una eficaz labor como director de las Minas y Consejo
Minero de Nueva España, creó un Seminario de Minería que
inició sus tareas en 1792. En 1821, regresó a su patria, donde
siguió atendiendo cuanto se relacionaba con el aprovechamiento de
menas metalúrgicas y fue varios años Director de Minas. Dejó
interesantes publicaciones científicas y técnicas, en las que es
patente el espíritu de la época.
LEANDRO
SILVÁN.
Cortesía de Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
(Indice)
Obra de Huarte de San Juan

Felipe II, la ciencia y la técnica:
http://galeon.hispavista.com/razonespanola/re96-mar.htm
Índice
general de Hispánica


 

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