Índice general de Hispánica

Duque de Alba

 

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El siglo XV es un siglo que hace girar el papel de la España conquistada en una España conquistadora que mira más allá de los espacios conocidos hasta entonces por los europeos. Con la unión de los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, se consolida la unidad territorial, con la excepción de Navarra. Esta unidad permite que los esfuerzos por imponer el cristianismo se cristalicen: se instala la Inquisición y se logra expulsar a los árabes con la toma de Granada en 1492. Se promueve entonces también con éxito la expulsión de los judíos. Mientras tanto, Cristóbal Colón, apoyado económicamente por la reina Isabel, encontraba una nueva tierra: América

La muerte de Isabel la Católica deja un vacío en cuanto a la mano férrea para convertir a España en una unidad. Su heredera, su hija Juana, padecía de una enfermedad mental que le impedía continuar con la trayectoria de su madre. Finalmente es Fernando, esposo de Isabel, quien gobierna como regente de su propia hija. En 1512 el Duque de Alba conquista Navarra, logrando por fin la completa posesión de la península a una sola casa real.

Carlos I, nieto de Fernando el Católico, se convierte en rey de España en 1516. La herencia que recibe es un enorme imperio que extiende sus dominios por Nápoles, Sicilia y Cerdeña por un lado, y los territorios de América por otro. La muerte de Maximiliano de Austria le deja en posesión de la actual Austria, Alemania, el Franco-Condado y los Países Bajos, convirtiéndose en el Emperador Carlos V del Sacro Imperio Romano-Germánico y en el hombre más poderoso de la época. Con Francia vive momentos de lucha por la hegemonía europea, quedando el poder siempre en manos españolas.

Por otra parte, la nueva tierra, América, se ofrece como una zona rica y fácil de conquistar que, bajo las órdenes de aventureros exploradores, logra quedar en manos de los españoles. Hernán Cortés conquista México en 1521, Francisco Pizarro y Diego de Almagro Perú, Hernando de Soto Florida en 1539 y Pedro de Valdivia Chile en 1541. Durante este siglo, la corona española se ve en propiedad de la nueva tierra prácticamente en su totalidad. Sin embargo, la situación en Europa no es muy favorable. Las guerras religiosas entre protestantes y católicos merman la fuerza de Carlos V en Alemania y le obligan a ceder ese territorio a los protestantes mediante la paz de Augsburgo.

En 1556, Carlos V abdica en favor de su hijo Felipe II cuya política se centra en el fortalecimiento de España y la defensa del catolicismo, enfrentando una fuerte crisis económica, producto de las largas y costosas guerras religiosas. Es Felipe II quien funda en Madrid la capital española en 1561.

Un imperio poderoso y extenso siempre exige una inversión muy grande en su conservación y es fuente de atracción de otras naciones. A Felipe II le corresponde mantener esa gran extensión de dominios, desviando grandes cantidades de recursos, en general provenientes del nuevo mundo, hacia la milicia. De esta forma, el poder económico de España pasa a manos de banqueros alemanes o genoveses que apoyan a la corona española en su lucha por la hegemonía.

Los Países Bajos buscan su independencia; tratando de conservarlos de alguna forma, Felipe II los deja en 1598 a su hija Clara Eugenia que, casada con el Archiduque Alberto, intenta mantenerlos bajo el dominio español. En 1571 los turcos, que intentaban hacerse del mercado y movimiento en el Mediterráneo, son derrotados en la Batalla de Lepanto bajo las órdenes de Juan de Austria, hermano del rey. En 1580, Felipe II se convierte en rey de Portugal y, mientras el imperio crece por un lado, pierde su fuerza en la zona más delicada: las finanzas. El intento de derrotar a Inglaterra con la Armada Invencible en 1588 fracasa y marca el inicio de un período de decadencia en la Casa de los Austrias que representa a su vez el declive inicial del Imperio Español.

Los herederos de Felipe II no lograron mantener el poder que su padre alcanzó. Territorialmente la corona española se mantiene como la más extensa y poderosa del mundo; sin embargo, las deudas a pagar por los gastos de guerras incesantes ahogan a España en tanto que las administraciones de los monarcas se veían influenciadas por inhábiles consejeros que no encontraron solución adecuada para recuperar las finanzas del Imperio.

A partir de 1609, las acciones erradas de la corona española orillan a una rápida desintegración del imperio en el territorio europeo. Pierden los Países Bajos en 1609; la expulsión de moriscos en ese año tiene grandes repercusiones en la agricultura española y le obliga a endeudarse más; pierde Portugal en 1640 y Holanda en 1648 con la Paz de Westfalia; Francia recupera sus territorios y se hace de Flandes en 1668".

(http://www.amadeus.net/home/destinations/es/europa/espana/histo.htm)

 

"España fue un Estado misionero antes que conquistador. Si utilizó la espada fue para que, sin violencia, pasara triunfante la cruz. La tónica de la conquista la daba Isabel la Católica cuando a la hora de su muerte dictaba al escribano real estas palabras: "Nuestra principal intención fue de procurar atraer a los pueblos dellas (de las Indias) e los convertir a nuestra sancta fe cathólica." La daba Carlos V cuando, al despedir a los prelados de Panamá y Cartagena les decía: "Mirad que os he echado a aquellas ánimas a cuestas; parad mientes que deis cuenta dellas a Dios, y me descarguéis a mí." La dieron todos los monarcas en frases que suscribía el más ardoroso misionero de nuestra fe. La daban las leyes de Indias, cuyo pensamiento oscila entre estas dos grandes preocupaciones: la enseñanza del cristianismo y la defensa de los aborígenes.

España mandó a América lo más selecto de sus misioneros. Franciscanos, dominicos, agustinos, jesuitas, acá enviaron hombres de talla y de fama europea. Los nombres de fray Juan de Gaona, una de las primeras glorias de la iglesia americana; de fray Francisco de Bustamante, uno de los grandes predicadores de su tiempo; fray Alonso de Veracruz, teólogo eminente; todos ellos eran de alto abolengo, o por la sangre o por las letras, y dejaban una Europa que les hubiera levantado sobre las alas de la fama.

Los mismos conquistadores se distinguieron tanto por su genio militar como por su alma de apóstoles. Pizarro, que funda la ciudad de Cuzco "en acrecentamiento de nuestra sancta fe cathólica"; Balboa, que al descubrir el Pacífico, que no habían visto ojos de hombre blanco, desde las alturas andinas, hinca sus rodillas y bendice a Jesucristo y a su Madre y espera para Dios la conquista de aquellas tierras y mares; Menéndez de Avilés, el conquistador de la Florida, que promete emplear todo lo que fuere y tuviere "para meter el Evangelio en aquellas tierras", y otros cien, no hicieron más que seguir el espíritu de Colón al desembarcar, por vez primera, en San Salvador: "Yo -dice el Almirante-, porque nos tuviera mucha amistad, porque conocí que era gente que mejor se convertía a nuestra santa fe con amor que no por fuerza, les di unos bonetes colorados y unas cuentas de vidrio, que se ponían al pescuezo." (Cardenal Gomá)

 

 

 

 

 

Francisco de Orellana

 

Los Tercios Españoles:
http://es.wikipedia.org/wiki/Tercio
http://www.tercios.org/FLANDES.html
La Administración y los Instrumentos del Estado con Carlos I:
Breve historia de la Armada española:
Navegantes y cartógrafos:

 


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