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Índice
general de Hispánica

Juan Sebastián Elcano


- Hermanos Pinzón
- Juan de la Cosa (1460-1510)
-
Juan Ponce de León (1460-1521)
- Nicolás de
Ovando (1460-1518)
Alonso de Ojeda (1466-1515)
Pánfilo de Narváez
(1470-1528)
Juan Díaz de Solís(murió
en 1516)
Martín Fernández
de Enciso(murió en 1528)
Vasco Núñez de Balboa
(1475-1517)
Rodrigo de Bastidas
(1475-1527)
Diego de Almagro (1475-1538)
Juan Sebastián Elcano
(1476-1526)
- Gonzalo
Fernández de Oviedo (1478-1557)
Francisco Pizarro
(1478-1541)
Sebastián de Benalcázar
(1480-1551)
Hernán Cortés
(1485-1547)
Pedro de Alvarado
(1486-1541)
Jerónimo de Aguilar (1489-1531)
Alvar Núñez Cabeza
de Vaca (1490-1564)
González Dávila,
Gil (1490-1526)
Pedro de la Gasca(1494-1565)
Bernal Díaz
del Castillo (1496-1584)
Gaspar de
Espinosa (Murió 1537)
-
Hernando de Soto (1500-1543)
- Francisco Aguirre (1500-1580)
Pedro de Valdivia
(1502-1554)
-
Vázquez de Coronado, Francisco (1510-1554)
López de Legazpi, Miguel (1508-1572)
Urdaneta, Andrés de (1508-1568)
Domingo Martínez de Irala (1509-1556)
Lope de Aguirre (1510-1561)
- Francisco Orellana (1511-1546)
- Cristóbal de
Olid
- Pedro Cieza de León
(1521-1554)
- Alvaro de Bazán
(1526-1588)
Juan de Garay
(1528-1583)
- Hurtado de Mendoza, García
(1535-1609)
Jiménez de
Quesada, Gonzalo (m. 1579)
Francisco de Alfaro (s. XVI-XVII)
Diego de Almagro, el Mozo
(1520-1542)
Gonzalo Jiménez de Quesada
(1509-1579)
- Juan de Betanzos (1510-1576)
Pedro
Sarmiento de Gamboa (1532-1592)
- Pedro Fernández de
Quirós (1560-1615)
-
Antonio de Oquendo (1577-1640)
Cristóbal de Altamirano
(m. 1630)
Jorge Juan (1713-1773)
Juan Bautista de Anza
(1734-1788)
Juan Francisco Bodega y Quadra
(1743-1794)
Cosme Damián Churruca
(1761-1805)
Federico Carlos Gravina
(1756-1806)
Félix de Azara (1746-1821)
A añadir:
Diego de Ordaz ( -1532)
Martínez de Recalde
Juan José Navarro
José de Mazarredo
Alcalá Galiano
Antonio Barceló (1717-1797)
Hermanos Pinzón
Navegantes españoles del siglo XV que tomaron parte en el
descubrimiento de América. Naturales de Palos de la Frontera,
adquirieron gran experiencia, fama y fortuna dedicados al tráfico
marítimo.
Martín Alonso (1440-1493) era el mayor. Estudió en Roma los mapas
de la Biblioteca Vaticana, donde consiguió la copia de un mapamundi
y de un libro "de avisos para saber la navegaciónn de las
Indias". Presentado a Colón por los franciscanos de la Rábida,
en seguida acogió con entusiasmo el proyecto de navegar hacia
Occidente, proporcionando a Colón barcos, hombres y dinero.
Nombrado capitán de La Pinta, se enemistó con Colón y desobedeció
sus órdenes tocando primero en La Española, y explorando la isla
por su cuenta. En el viaje de regreso, fue el primero en llegar a la
Península, desembarcando en Bayona y muriendo después retirado en
el convento de la Rábida.
Vicente Yáñez Pinzón (murió en 1519) actuó en el primer viaje
de Colón como capitán de La Niña. Adicto en todo momento al
Almirante, le salvó junto con su tripulación tras el naufragio de
la Santa María.
En 1499 consiguió una capitulación para volver a las Indias. Equipó
cuatro carabelas y con ellas llegó a San Agustín, Brasil. Fue,
pues, su descubridor y el primero en atravesar el Ecuador. Al
regreso descubrió la desembocadura del Amazonas. Más tarde
emprendió un tercer viaje, descubriendo la insularidad de Cuba,
navegando después hasta Yucatán y la costa centroamericana.
En su cuarto viaje navegó por Centroamérica nuevamente, buscando
el paso hacia el Pacífico. Poco se sabe de sus últimos días,
pasados, al parecer, en Sevilla.
Francisco Martín, el menor de los hermanos, y el menos conocido,
actuó como maestre de La Pinta en viaje del descubrimiento.
Es importante notar que los hermanos Pinzón fueron los verdaderos
navegantes de la empresa del descubrimiento. Colón, un hombre de
una idea fija, pero sin conocimientos navales de altura, estuvo a
punto de volverse atrás en los últimos días del primer viaje. Sólo
la tenacidad y decisión de los Pinzones le impulsó a continuar el
viaje.
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Juan de la Cosa (1460-1510)
No son muchas las noticias que tenemos sobre Juan de la Cosa, uno
de los pioneros en las expediciones que abrieron América a los
europeos y uno de los que más viajes realizó al Nuevo Mundo. Nació
en Santoña hacia 1460 y no tenemos más datos de su vida hasta que
aparece mencionado en Lisboa en 1488, el año que Bartolomé
Dias regresaba a Portugal tras rebasar el cabo de Buena
Esperanza. Posiblemente De la Cosa estaba en la capital portuguesa
como espía, enviado por los Reyes
Católicos. Afortunadamente el marino consiguió escapar antes
de que los oficiales lusos le capturaran. En 1492 Juan de la Cosa
participa activamente en la
expedición de Colón,
siendo el propietario de la nao "Santa María", capitana
de la expedición. Las relaciones con el almirante no fueron muy
estrechas y éste acusa al cántabro de haber sido el culpable del
hundimiento de la "Santa María" en la nochebuena de 1492.
Los recientes estudios parecen negar esta acusación ya que De la
Cosa también participó en el segundo viaje colombino y recibió
una compensación económica sustanciosa de la reina Isabel
I por la pérdida de su nao (28 de febrero de 1494). En 1499 el
marino cántabro participa como piloto mayor en la expedición de Alonso
de Ojeda. En este viaje se exploraron las costas entre la boca
del Orinoco y el cabo de la Vela, siendo herido De la Cosa por una
flecha indígena. A su regreso realizó su famosa "Carta-mapamundi"
en la que recoge y representa todas las tierras descubiertas hasta
el momento tanto por portugueses o españoles, incluso los
descubrimientos de Cabotto.
El mapa está realizado en el Puerto de Santa María en el año 1500
y en la actualidad se guarda en el Museo Naval de Madrid, habiendo
sido adquirido por el Estado en pública subasta en 1853. Se
especula que esta obra fuera un encargo realizado por los Reyes Católicos.
En octubre de 1500 De la Cosa realiza su cuarto viaje, como capitán
y corresponsable, en compañía de Rodrigo
Bástidas. Las costas entre el cabo de Vela y el
Darién serán recorridas durante la expedición, obteniendo
importantes remesas de oro. En recompensa por el éxito, los Reyes
le nombran alguacil mayor de Urabá. Será entonces cuando el marino
aparezca como oficial asalariado de la recién creada Casa
de la Contratación. En 1503 la reina Isabel le encomienda una
delicada misión de espionaje en tierras portuguesas de la que no
saldrá tan bien parado como en la primera ocasión. De la Cosa será
arrestado y la propia Isabel tendrá que intervenir para conseguir
su libertad. Los exploradores deseaban obtener de la Corona una
capitulación para ampliar las zonas por descubrir. La deseada
capitulación será conseguida y Juan de la Cosa realiza su quinto
viaje, ahora como capitán general. Los cuatro barcos que formaban
la expedición recorrieron las costas entre isla Margarita y el
golfo de Urabá, recogiendo en Cartagena de Indias a los hombres de Cristóbal
Guerra, poniendo rumbo a La Española. Regresó a España en
1506 y al año siguiente será requerido por la Casa de la
Contratación para dirigir una pequeña escuadra de vigilancia de
las costas entre Cádiz y el cabo de San Vicente, zona frecuentada
por los piratas. En 1508 participará -junto a Yáñez
Pinzón, Díaz
de Solis y Américo
Vespucio- en la comisión en la que se discutía el proyecto de
una expedición a Asia por la ruta occidental. Su sexto y último
viaje lo realizará en 1510, junto a Ojeda y Nicuesa,
recibiendo del rey Fernando
una importante ayuda ya que iba a instalarse junto a su familia en
las nuevas tierras, recibiendo el cargo de Teniente Gobernador. En
contra de los deseos del cántabro, Ojeda decidió desembarcar en la
zona donde más tarde se asentaría Cartagena de Indias. El primer
choque con los indios fue victorioso para los exploradores pero De
la Cosa fue encargado de realizar una internada hasta Turbaco,
siendo sorprendido por un grupo de indios que dispararon flechas
envenenadas contra ellos, causando la muerte del marino y sus acompañantes.
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Juan Ponce de León (1460-1521)
Primer gobernador de Puerto Rico y adelantado de la Florida. N. en
Santervás de Campos, a 12 leguas de Valladolid, en 1460. En su
juventud fue paje y escudero de Pedro Núñez de Guzmán, hermano de
Ramiro Núñez, señor de Toral, quien le educó en las letras y en
las armas. Era de estatura más que mediana. Hábil en las artes de
las armas y del gobierno, peleó en la guerra de Granada junto a su
tío Rodrigo Ponce de León y asistió a toda la campaña hasta la
rendición del último rey moro, Boabdil. Pasó a Indias con Cristóbal
Colón en su segundo viaje (1493). En Santo Domingo adquirió
nombradía en las guerras con los indios. El 12 ag. 1508, después
de concertar capitulaciones con Nicolás de Ovando (v.), desembarcó
como conquistador y gobernador en la isla de Puerto Rico y fundó
allí la primera ciudad cristiana llamada Caparra (hoy San Juan).
Estableció en Puerto Rico, a nombre de los Reyes Católicos, una
granja real de aclimatación de frutos, plantas y animales que tuvo
importantes consecuencias en los primeros tiempos de la conquista de
la América española. En 1512 recibió nombramiento de adelantado,
y en 1514, para recompensarle por sus servicios, el Rey Católico,
al confirmarlo en dichos títulos, le nombró además regidor
perpetuo del cabildo de San Juan y capitán general de las primeras
milicias organizadas en la isla.
Hasta 1521 dirigió el proceso de
colonización de Puerto Rico, fundando las bases de la sociedad y
estableciendo en 1515 la división insular de partidos político-administrativos
que duró hasta 1815. El 27 mar. 1513 descubrió, bautizó y tomó
posesión en nombre de España del territorio de la Florida. En 1521
volvió a poblarla y, sorprendido con sus colonizadores por un
ataque de los indios timucuas, fue mortalmente herido. M. en la
ciudad de Puerto Príncipe, Cuba, a los 61 años y fue enterrado en
la capilla del monasterio de S. Tomás (hoy iglesia de San José) en
San Juan, Puerto Rico. En 1908, en el cuarto centenario de la
colonización de Puerto Rico, por disposición gubernamental, sus
restos fueron trasladados a la catedral de San Juan, donde hoy
reposan. Por derecho propio P. de L. figura en la lista de los más
renombrados conquistadores de América junto con Hernán Cortés,
Hernando de Soto, Francisco Pizarro, etc. Su huella en el proceso
inicial de la conquista española de América está por todas partes
y especialmente en la isla de Puerto Rico.
E. FERNÁNDEZ MÉNDEZ.
Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
(Indice)
Nicolás de Ovando
(1460-1518)
N. en Cáceres en 1460. Fue comendador mayor de la Orden de
Calatrava y figura señera en los primeros tiempos de la colonización
española en América. La torpe política de los Colón y el estado
de desasosiego e indisciplina de La Española determinó primero el
envío de Juan Aguado-en calidad de delegado de la corona; después,
la actuación como pesquisidor de Francisco de Bobadilla (v.); por
último, el nombramiento de O. como gobernador de La Española o,
mejor, de todas las costas y Tierra Firme de las Indias Occidentales.
El dar de lado a los derechos de
Cristóbal Colón (v.), derivados de las capitulaciones santafesinas,
no pudo provocar en éste resentimiento, ya que había pedido a los
reyes no se le enviara a gobernar La Española mientrasno hubiera en
ella otros pobladores de mejores costumbres y más trabajadores. El
nombramiento de O. es de 1502, según G. Fernández de Oviedo, y del
3 sept. 1501 según U. Lamb. Importante la flota que llevó a La
Española al nuevo gobernador. Iban en ella 2.500 hombres, entre los
cuales se encontraban Bartolomé de Las Casas (v.), personas muy
principales y 12 franciscanos priorados por Alonso del Espinal. La
feliz gestión de gobierno de O. presenta cuatro facetas:1) La
pacificación de la isla exigió bélicos esfuerzos y sangre.
Comienza con la guerra contra la provincia de Higüey. Juan de
Esquivel fue el capitán supremo de la misma. Después se lleva a la
provincia de Xaragua, donde la poderosa cacique Anacaona intentaba
un secreto levantamiento contra los españoles. La dominación total
del Oeste de la isla fue completada por las partidas de Diego Velázquez
(v.) y Rodrigo Mejía. Un nuevo despertar de la insurrección en Higüey
determina el postrero acto bélico del gobierno de O. Liquidado,
pudo envanecerse O. de la completa pacificación de La Española;
nada, después, hubo que hacer en son de guerra contra los indios;
nada, también, contra movimientos subversivos de grupos españoles
a estilo de los que tuvieron lugar en la primera etapa del dominio
colombino.
2) La gestión fundacional de nuevas
villas y ciudades fue consecuencia, en casi todos los casos, de las
campañas de pacificación de la isla. Otro carácter tiene la
fundación de la Nueva Santo Domingo, al otro lado del río Ozama;
Las Casas y Fernández de Oviedo no estimaron ventajoso el traslado,
ya que el nuevo asiento no contaba con la buena fuente que el
anterior; sin embargo, pronto surgieron en sus hermosas calles,
anchas y bien ordenadas, sólidas casas y edificios de piedra. Las
aludidas fundaciones fueron concebidas como focos de colonización y
de concentración de los dispersos indígenas.
3) Importante fue la labor de
exploración y reconocimiento en el mundo antillano ordenada por el
gobernador. Comisiona al piloto Andrés Morales para reconocer hasta
sus últimos rincones La Española, y «pusiera por escrito cuantos
ríos, y cuantas tierras y cuantos montes, y cuantos valles, con la
disposición de cada uno, que en ella hallase». Esta información,
según el testimonio de Las Casas, se integra en el famoso Islario
de Alonso de Santa Cruz. Por la misma fecha despachó al capitán
Sebastián de Ocampo «a descubrir del todo a la isla de Cuba,
porque hasta entonces no se sabía si era isla o tierra firme, ni
hasta dónde su longura llegaba, y también ver si era tierra enjuta,
porque se decía que lo más era lleno de anegadizos...» En la misión
que se le confía invirtió Ocampo unos ocho o diez meses. Zanjó,
definitivamente, circunvalándola, la cuestión pendiente de la
insularidad de Cuba. Juan Ponce de León (v.), capitán que había
mandado el contingente de Santo Domingo en la guerra contra Higüey,
fue el protagonista de la primera expedición pobladora de la isla
de Puerto Rico o Borinquén. Contó para ello con la buena amistad
del cacique Agüeibana.
4) Lo más trascendente de la política
socio-económica de O. fue el establecimiento de las encomiendas (v.
REPARTIMIENTOS) de indios. Sistema iniciado en La Española y que
después se implantó en las demás islas y Tierra Firme. Fue
regulado en un principio por real cédula del 20 dic. 1503. Los
encomenderos se obligaban a mantener y a jornalear a los indios a
ellos asignados por repartos que se hacían con frecuencia. En 1509
tuvo lugar la real sustitución, como gobernador, de O. por Diego
Colón (v.), hijo del almirante. Ya en la Península el gran O., que
fue ejemplo de honestidad y honradez,OVANDO, NICOLÁS DE - OVIDIO
NASÓN, PUBLIOconfinó su actividad a lo derivado de su cargo de
comendador mayor de la Orden de Calatrava; m. en Sevilla, en 1518,
según G. Fernández de Oviedo, y el 29 mayo 1511 según U. Lamb,
presidiendo uno de sus Capítulos. Fernández de Oviedo dedica a O.
un cumplido elogio, que en cierto modo hace suyo Las Casas.
AMANDO MELÓN.
Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
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Ojeda, Alonso de
(1466-1515)
Formando parte del segundo
viaje de Colón
encontramos a Alonso de Ojeda. El almirante le confiará la búsqueda
de la rica comarca aurífera de Cibao en cuya expedición tuvo que
socorrer al alcaide de la fortaleza de Santo Tomás del asedio de
los indígenas, liderados por el cacique Caonabó,
siendo éste apresado. La recompensa de los Reyes
Católicos a Ojeda será la concesión de seis leguas de terreno
en Maguana. Al poco tiempo partió para España donde consiguió,
gracias a su estrecha relación con el obispo
Fonseca, el permiso para realizar una expedición a la recién
descubierta Paria, rompiendo de esta manera el monopolio que Colón
tenía para organizar viajes al Nuevo Mundo, según las
Capitulaciones de Santa Fe. En mayo de 1499 parte de Cádiz y
arriba a la desembocadura del Orinoco, reconociendo la costa
comprendida entre isla Margarita y el cabo de la Vela. En septiembre
de ese mismo año regresa a La Española donde es acogido con cierto
recelo por lo que vuelve a España. En 1501 será nombrado
gobernador de la isla de Cuquibacoa partiendo al año siguiente de
nuevo hacia Paria en compañía de Juan de Vergara y García de
Ocampo. Sus dos socios serán apresados y Ojeda entablará un pleito
del que conseguirá salir absuelto. En 1507 recibe una capitulación
para recorrer la costa de Nueva Andalucía y parte hacia Cartagena
junto a De
la Cosa. Los conflictos con los indígenas serán muy graves,
pereciendo en un ataque el propio De la Cosa. Diego
de Nicuesa colaborará con Ojeda en la campaña contra los indígenas,
consiguiendo fundar en febrero de 1510 San Sebastián, el primer
asentamiento europeo en el continente Ojeda abandona la fundación -dejando
a Pizarro
como encargado de la defensa- y se traslada a Santo Domingo,
recibiendo noticias de que la fundación ha sido abandonado. Vivirá
pobremente en Santo Domingo y fallecerá en 1516.
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Narváez, Pánfilo
de (1470-1528)
Conquistador español. Desarroló un importante paperl en
varios lugares de América, a los que le llevó su gran vocación
militar. La primera vez fue acompañando a Esquivel en la conquista
de Jamaica en 1509.
En 1512 en Cuba se le encarga la tarea de conquistar Bayamo a las órdenes
de Diego Velázquez. Narváez tuvo a su cargo las tropas que fueron
a conquistar la parte occidental de la isla. En 1520 fue enviado a México
para capturar a Cortés. Desembarcó en Veracruz y consiguió
aliarse con los indios de Cempoala para atacar a Cortés. Tras una
larga y desigual pelea, Narváez fue vencido y encarcelado. Perdió
un ojo, y en 1521 fue puesto en libertad, regresando a España.
En 1527 zarpó otra vez hacia las Indias con la misión de descubrir
y conquistar la zona entre el río Palmas y la península de la
Florida. En 1528 es atraído por la fiebre del oro, e inició una
serie de incursiones hacia el interior, donde finalmente murió
ahogado en el Misisipí.
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Elcano,
Juan Sebastián (1476-1526)
Desde muy joven Elcano se inició en el arte de la navegación,
interviniendo con una nave propia en la que campaña contra Argel
que en el año 1509 dirigió el cardenal
Cisneros. Con el
Gran Capitán también tomó parte en las guerras italianas. Las
deudas contraídas durante esta época motivaron la venta del barco
a unos extranjeros, lo que estaba prohibido por las leyes españolas.
Elcano pasó algunos años en el anonimato para evitar el
correspondiente castigo. Será con Magallanes
cuando Elcano obtenga mayor fama, alistándose en su
empresa como maestre de la nao Concepción, una de las cinco
naves que formaban la escuadra. La revuelta que tuvo lugar contra
Magallanes en el puerto de San Julián le valió a Elcano el mando
de la San Antonio por encargo de los insurrectos. Como capitán de
la nave rebelde, Elcano pudo mediar para restablecer la disciplina y
sofocar la revuelta, obteniendo un estimable resultado lo que le
valió la estima de Magallanes y el aumento de su prestigio. Una vez
resuelto el problema, regresó a su cargo en la Concepción. La
muerte de Magallanes en la isla de Mactán durante el año 1520
provocó que Elcano asumiera el mando de la empresa. Las naves se
dirigieron hacia las Molucas lo que motivó el envió por parte de
Portugal de una escuadra para interceptarlas. Será en mayo de 1522
cuando Elcano dobló el cabo de Buena Esperanza, llegando cuatro
meses después a Sanlúcar de Barrameda en la nao Victoria. Habían
dado la vuelta al mundo. Fueron dieciocho los tripulantes que
llegaron a tierras andaluzas, quedando algunos prisioneros en Cabo
Verde a cargo del gobernador portugués. En recompensa por la hazaña
conseguida Carlos
I concedió al piloto de Guetaria una pensión de 500 ducados y
un escudo de armas con la inscripción "Primus circumdedisti
me". Posteriormente Elcano participó en las Juntas de Badajoz
y Yelbes donde se puso fin al enfrentamiento hispano-portugués por
la posesión de las islas Molucas. En Portugalete se alistaría en
la armada de Loaisa que embarcaría rumbo a dichas islas, pereciendo
durante la travesía.
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Gonzalo Fernández de Oviedo (1478-1557)
Cronista oficial de Indias, cargo que recibió en
1532. N. en Madrid, que entonces era una villa de ca. 3.000 vecinos,
en agosto de 1478, de familia hidalga procedente de Asturias. El
pueril engreimiento cortesano de F. de O. se refleja en su obra. Según
J. de la Peña, era judío converso (Contribuciones documentales y
críticas para una biografía de Gonzalo Fernández de Oviedo, «Rev.
de Indias» 69-70, Madrid 1957, 603-705). Fueron sus padres Miguel
de Sobrepeña y Juana de Oviedo. M. el 26 jun. 1557 en Santo
Domingo, donde era regidor perpetuo desde 1556 y poesía algunas
propiedades. Realizó seis viajes a Indias en 43 años (1514-56),
residiendo principalmente en Santo Domingo. También conoció
Nicaragua, Panamá y el litoral atlántico de Colombia; conocimiento
que le sirvió para informar de la fauna, la flora (siguiendo en botánica
el elemental modelo de Plinio) y la geografía americanas, y sobre
las costumbres de los indígenas de estos países en su principal
obra Historia general y natural de las Indias, en la que recopila
datos incluso contradictorios y que fue publicada incompleta en
Sevilla (1535). La primera edición completa se debe a J. Amador de
los Ríos (4 vol., Madrid 1851-55), en el que se han basado muchos
de los estudios sobre F. de O., hasta la edición de la BAE (1959),
prologada por J. Pérez de Tudela.
F. de O. fue un autodidacta, un
comprometido de su tiempo, inteligente pero no genial, que se formó
sirviendo a los nobles de España e Italia, y en sus viajes a Indias,
en contacto directo con las personas y la Naturaleza que describió.
Comenzó siendo mozo de cámara, en 1491, cuando sólo tenía 13 años
de edad, del príncipe Juan, hijo de los Reyes Católicos. M. el príncipe
en 1497, entró al servicio, en tierras de Italia, del duque de Milán,
del marqués Francisco de Gonzaga y de los reyes de Nápoles
Fadrique y Juana. Regresando a España en 1502, fue gentilhombre del
duque de Calabria. En 1506 figuraba como «notario apostólico y
secretario del Consejo de la Santa Inquisición» (1506). En 1507
era escribano en Madrid. En 1513, un año antes de marcharse a
Indias como funcionario real, en la expedición de Pedrarias Dávila
(v.), había sido nombrado veedor de las fundiciones del oro. De
vuelta a España en 1515, recibió el nombramiento de procurador en
Tierra Firme. En 1523 era teniente de gobernador en Santa María la
Antigua. De la capitulación para poblar y rescatar en Cartagena de
Indias (1525) no sacó ningún beneficio. Hasta 1532, año en que
fue nombrado cronista, no renunció al cargo de veedor de las
fundiciones. Al año siguiente era alcaide de fortaleza en Santo
Domingo, titulándose capitán, aunque no ejerciera como tal.
Contrajo matrimonio con españolas tres veces, la última en Darién.
Era contrario al mestizaje (pero el
contradictorio F. de O. se unió a una india), partidario del
trabajo obligatorio de los indios, con quienes traficó para sacar
provecho económico y a los que consideraba inferiores y esclavos,
aunque no dudaba que pudieran llegar a ser buenos cristianos. Esta
actitud, que se refleja en el Sumario de la Natural Historia de las
Indias (Toledo 1526), le enfrentó a Las Casas (v.). F. de O. carecía
del criterio de selección como recopilador y como historiador, a
causa quizá de su doble condición de escritor y escribano, denunció
los excesos de los capitanes de la conquista, no por amor a los
indios, sino por enemistad personal, aunque también se aprecia su
interés por reflejar la verdad. En el caso de Pedrarias, consiguió
su destitución. También expuso la corrupción administrativa y el
mal comportamiento de algunos clérigos. Sin embargo, justificó y
razonó la presencia española en Indias, y se complacía en la
descripción de los defectos y vicios de los indios. Tenía un
sentido autoritario de la vida, un concepto del honor muy de su época
y un criterio caballeresco, a tono con su novela de caballerías
Libro del muy esforzado e invencible caballero de fortuna
propiamente llamado Don Claribalde (Valencia 1519).
Además de las obras citadas, tradujo
otras y escribió en castellano, en un estilo coloquial descuidado,
de narrador, pero de relato minucioso y lleno de colorido: Relación
de lo sucedido en la prisión del rey de Francia (inédita), Libro
de la cámara real del príncipe (Madrid 1870), Catálogo real (inédito),
Batallas y Quincuagenas (inéditas), Libro de linajes y armas (inédito),
etc.
La personalidad de F. de O. (una
extraña mezcla de religiosidad y desdén hacia el prójimo) ha
merecido juicios muy contradictorios. El mismo J. Pérez de Tudela,
que tan a fondo ha estudiado su figura, le considera contradictorio
en sí mismo, rudo y delicado, medieval, rigorista, partidario del
castigo duro a los indios, y con un ideal de caballero andante. («Rev.
de Indias» 69-70, Madrid 1957, 391-443). Piensa este autor que hay
que tener en cuenta su condición de veedor de las fundiciones, para
la que era elemental subestimar a los indios. Tampoco puede
olvidarse que estaba encargado del «oficio del hierro de los
esclavos e indios», que le reportaba 11 maravedís por «pieza» señalada.
E. Otte le juzga como «un atrabiliario resentido ansioso de dinero»
(Aspiraciones y actividades heterogéneas de Fernández de Oviedo,
«Rev. de Indias» 71, Madrid 1958, 9-31). En este y otros juicios
parecidos, como el de L. Hanke («un propagandista de las ideas
contrarias a los indios») y el de M. Giménez Fernández («un
intrigante más de la pandilla del obispo Fonseca»), se aprecia la
influencia de B. de Las Casas, que no perdonó a F. de O. su
distinta posición ante el hecho indiano. F. Esteve Barba, aunque
reconoce que F. de O. no sintió simpatía por los indios, le
atribuye objetividad como etnógrafo.
CARLOS R. EGUÍA.
Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
(Indice)
Díaz
de Solís, Juan (murió en 1516)
Juan Díaz de Solís forma parte del escaso grupo de
navegantes que se embarcó hacia el nuevo mundo por intereses científicos.
Se unió en 1508 a Vicente
Yánez Pinzón -hermano de Martín
Alonso Pinzón- en la conquista de las tierras entre Veragua y
el golfo de México. En 1512 obtuvo las capitulaciones para llegar
hasta el
Río de la Plata, descubriendo estos territorios cuatro años
después. Su principal objetivo será la recogida de datos para
elaborar un mapa de la zona por encargo de la
Casa de la Contratación. Este mapa elaborado a partir de los
datos de Díaz de Solís será fundamental para el viaje de Magallanes.
Tras la muerte de Americo
Vespuccio será Díaz de Solís quien ocupe el cargo de Piloto
Mayor gracias a su experiencia náutica como piloto de la Casa da
India de Portugal.
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(Indice)
Fernández
de Enciso, Martín (murió en 1528)
Marino y escritor español del s. XVI. No se tienen noticias
de su n. y m. Como bachiller en Leyes ejerció su profesión en
Sevilla; buscando un mayor rendimiento a la misma, traslada su
residencia a La Española. No le fueron mal sus negocios; tanto, que
pudo contribuir a equipar la flota de Alonso de Ojeda (v.), que en
1508 había sido nombrado para el gobierno de Urabá. A cambio del
apoyo económico prestado, le concede Ojeda la alcaldía mayor de
Urabá. Pero en la colonia de San Sebastián primero, y en la de
Santa María de Antigua después, la figura del bachiller F. de E.
queda eclipsada por la de Vasco Núñez de Balboa (v.). A partir de
este momento jura odio eterno al descubridor del Pacífico; puede
decirse por ello que F. de E. es el primer fautor de la tragedia de
Acla. En el haber de F. de E. hemos de anotar la publicación en
Sevilla, en 1519, de su Suma de Geografía, que se tradujo al inglés
en la misma centuria. La primera parte es un tratado de la esfera,
acompañado de tablas de declinación del sol al uso de los
navegantes. La segunda parte es de geografía regional, e informa
del mundo con referencia a su perímetro costero o en forma de
periplo.
La descripción del mundo oriental o
Viejo Mundo se hace a base de «muchos y auténticos autores», con
la particularidad de usar con fines descriptivos las cuencas hidrográficas.
La información sobre el mundo occidental o Nuevo Mundo es
absolutamente realista, y está basada en su conocimiento personal o
en el de sus contemporáneos. El cabo de San Agustín es punto de
partida para el periplo de América que hace el bachiller por este
orden: litoral al S y N del cabo; arco antillano e islas de San
Juan, Española, Lucayas y Jamaica; después, descripción, la más
circunstanciada, del litoral del Caribe desde Paria hasta el cabo de
Figueras, que sitúa a 21° de lat. N. Las noticias son las primeras
que, en este terreno, se tienen del Nuevo Mundo. La Suma de Geografía
es la primera obra científica de tipo general, donde se incluye la
descripción de las Indias Occidentales. Iba acompañada de una
carta plana, la primera de que se tiene noticia en España. No se
publicó el acompañamiento gráfico de la Suma de Geografía por no
excitar más las suspicacias portuguesas.
AMANDO MELÓN.
Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
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Vasco Núñez
de Balboa (1475-1517).
Núñez de Balboa tiene en su haber una de las mejores hazañas de
la conquista americana: el descubrimiento
del Mar del Sur, primera denominación del Océano Pacífico. De
esta manera, las tesis de Colón
sobre la llegada a la India por la ruta del oeste perdían el poco
crédito con el que contaban. Balboa pertenecía a una familia
hidalga empobrecida por lo que se inició como paje del señor de
Moguer, don Pedro de Portocarrero, poniéndose en contacto con la
empresa descubridora. Cuando contaba 26 años se enroló en la
expedición de Rodrigo
de Bástidas hacia América, recorriendo las costas de la actual
Colombia. En el Nuevo Mundo se estableció, haciéndose cargo de una
granja pero no cuajó en la empresa, fracasando estrepitosamente,
hasta el punto de tener que huir del lugar, perseguido por sus
acreedores, escondido en una vasija. Continuó con su espíritu
viajero al recorrer junto al bachiller Enciso las tierras de Nueva
Andalucía, donde fundaron San Sebastián de Uraba y Santa María de
la Antigua del Dairén, la primera ciudad fundada en el continente
americano. Elegido alcalde de la nueva plaza, continuó con sus
empresas conquistadoras, explorando y tomando diversas zonas del
istmo de Panamá. En una de estas expediciones llegó a descubrir el
Océano Pacífico. Los numerosos pleitos abiertos entre Balboa,
Enciso y Miguel de Pasamonte, tesorero de la Española, provocaron
el declive del de Jerez de los Caballeros. A esto debemos añadir el
enfrentamiento directo entre Balboa y el nuevo gobernador de la zona,
Pedro
Arias de Avila, lo que motivó el triste final de Balboa. Aunque
en un primer momento Pedro Arias prometió a una de sus hijas en
matrimonio a Balboa, el deseo de continuar las conquistas por parte
de Vasco Núñez provocó la ira del gobernador, quien pensaba que
Balboa se iba a sublevar. Arias hizo llamar a Balboa a la villa de
Acla donde fue detenido, recluido y condenado a muerte por traición,
junto a Botello, Argüello, Hernán Muñoz y Valderrábano. La
sentencia se ejecutó entre el 14 y el 21 de enero de 1517, poniendo
fin a las aspiraciones
conquistadoras de uno de los más importantes personajes del
momento.
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Rodrigo
de Bastidas (1475-1527).
Navegante español. N. en Sevilla, en el barrio de Triana, en
una fecha no precisada, pero que podemos fijar alrededor de 1475.
Hasta 1500, su vida y actividad permanecen en la penumbra.
Demostrada la falsedad de la profesión de escribano público que se
le ha venido atribuyendo, creemos, con el cronista Andrés Bernáldez,
que ejerció el oficio de marinero. De su matrimonio nació un hijo
que llevaría su mismo nombre y fue obispo de Coro y luego de Puerto
Rico. El 5 jun. 1500 capitula B. con la corona para descubrir en las
Indias. Comienza así su actividad americana que ya no abandona
hasta su muerte. En enero de 1502 se hace a la mar la expedición
descubridora. Siguiendo las costas de la actual Venezuela y Colombia
descubre entre otros accidentes geográficos el golfo de Urabá,
llegando hasta la altura del Puerto de Retrete desde donde inicia el
tornaviaje. Cerca de Santo Domingo la bruma y las tempestades hunden
los navíos y B. ha de refugiarse en la isla. Por comerciar allí
con los indios es procesado y enviado a España donde se le absuelve.
El 14 feb. 1504, firma una nueva
capitulación para descubrir en el golfo de Urabá o en cualquier
otra tierra. Antes de partir constituye compañía de comercio. Nada
sabemos de este segundo viaje y sí que en 1504 está en Santo
Domingo avecindado en la ciudad donde mantiene un activo comercio.
Interesado en la isla de Trinidad firma nueva capitulación, el 15
dic. 1521, para poblarla. Sin embargo, la oposición de Diego Colón
le hace desistir de la empresa. Desde Santo Domingo proyecta otra
expedición pobladora hacia la región de Santa Marta en el
continente. Consigue la licencia real el 6 nov. 1524. Hasta el 28
mayo 1526 no parte la expedición. El resultado más importante es
la fundación de Santa Marta, hacia junio de 1526, la obra más
perdurable de B. Al año siguiente m. en Santo Domingo a
consecuencia de las heridas recibidas en Santa Marta en un motín de
sus colaboradores.
J. REAL DÍAZ.
Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
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Diego de Almagro
(1475-1538).
Partió a las Indias en 1514, a tomar parte en las expediciones del
Darién y Tierra Firme bajo las órdenes de Pedrarias
Dávila. En 1524 se alía a Francisco
Pizarro y Hernando
de Luque para emprender un viaje exploratorio de las tierras del
sur, alcanzando el río San Juan en 1526 gracias en parte a la ayuda
prestada por la Corona mediante las Capitulaciones de Toledo de
1529. Cuando Pizarro inicia la
conquista de Perú, dos años más tarde, Almagro llegará a
Cajamarca en 1533 con refuerzos desde Panamá. Ejecutado Atahualpa,
ambos se dirigen conjuntamente a la conquista de Cuzco, tras el
reparto del tesoro del Inca. Sin embargo, han de separarse
posteriormente, encargado Almagro de combatir el ataque de Quizquiz,
general de Atahualpa. En Jauja recibió la noticia de la llegada del
adelantado Pedro
de Alvarado con una tropa expedicionaria, que Almagro compró
por 100.000 pesos. Con ella, emprendió la conquista del área
noroeste de Argentina y norte de Chile, sin demasiado éxito.
Estando en Coquimbo, se entera de su nombramiento como mariscal de
la Nueva Toledo y de la partición del territorio peruano en dos áreas
administrativas. La disputa por el control de Cuzco, cuya adjudicación
no parece quedar lo suficientemente esclarecida, motiva su ocupación
y el principio de las Guerras Civiles. Vencido, es apresado por Hernando
Pizarro en la batalla de las Salinas y sentenciado a muerte en
Cuzco en 1538.
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Pizarro,
Francisco (1478-1541)
Como la mayor parte de los
conquistadores castellanos, Pizarro era de origen humilde,
concretamente el hijo natural de un alférez del ejército de los Reyes
Católicos. Pronto se incorporó a las expediciones que se dirigían
a América, participando como lugarteniente de Alonso
de Ojeda en la conquista de Caribana. También tomó parte en la
expedición que fundó Santa María la Antigua, junto a Martín Fernández
de Enciso, y acompañó a Núñez
de Balboa en el descubrimiento del Océano Pacífico en 1513.
Como recompensa por estas acciones, Pizarro recibió del gobernador Pedro
Arias de Avila la alcaldía de la ciudad de Panamá. En 1524 se
asoció con Diego
de Almagro y el clérigo Hernando
de Luque para descubrir el
Imperio de los Incas, objetivo que Pascual
de Andagoya abandonó tras su enfermedad. Tres fueron los viajes
que efectuaron antes de conseguir la definitiva conquista. El primer
viaje se realizó en 1524 y tuvo como punto de partida Panamá,
participando en la empresa 112 hombres. Pizarro partió en primer
lugar y fue seguido por Almagro con 80 hombres más pero la aventura
se saldó en fracaso ya que los indios con los que se encontraron no
les recibieron amigablemente y Almagro perdió un ojo por culpa de
una flecha. Pizarro no se amilanó por la desgraciada operación e
inició una segunda expedición en 1526. También partieron de Panamá
alcanzando la isla del Gallo. El hambre y las enfermedades diezmaron
a la escasa tropa por lo que Almagro regresó a Panamá en busca de
provisiones. Pizarro se mantuvo en la isla junto a un amplio grupo
de hombres que se negaban a continuar. La llegada de Almagro a Panamá
sirvió para que el gobernador Pedro de los Ríos -convencido de la
inutilidad de la empresa- enviara una expedición para recoger al
conquistador y sus hombres. Pizarro se negó a embarcar junto a 13
fieles -los llamados "Trece de las fama"- y permaneció en
la isla hasta que en 1528 uno de sus pilotos llegó a isla del Gallo
con un barco, dispuesto a seguir a su jefe en la empresa peruana. La
costa ecuatoriana fue explorada y llegaron a Tumbez, ciudad que
confirmaba la existencia del reino que buscaban. El 3 de mayo de
1528 Pizarro decidía regresar a Panamá donde se encontró con la
tajante negativa del gobernador a apoyar la empresa. El siguiente
paso de Pizarro será hacer un viaje a España para informar al
emperador Carlos
de las riquezas de Tumbez. En Toledo conoció al ya famoso Hernán
Cortés y consiguió la firma de la Capitulación de Toledo -26
de julio de 1529- por la cual se concedía a Pizarro el cargo de
Capitán General y Gobernador de Nueva Castilla, nombre otorgado a
las tierras peruanas, así como una pensión de 1.000 ducados.
Almagro recibiría el título de hidalgo y el oficio de alcaide de
Tumbez mientras que Luque obtendría el obispado de Nueva Valencia y
los "Trece de la fama" recibían el privilegio de hidalguía.
Para la próxima y definitiva expedición involucró a sus hermanos Hernando,
Juan y Gonzalo.
A su llegada a Panamá Pizarro y Almagro se enzarzaron en una
disputa por los beneficios obtenidos por el primero en la capitulación,
disputas que se solventaron cuando se inició el tercer viaje, a
principios de 1531. Al llegar a Tumbez contemplaron como la ciudad
había sido arrasada con motivo de la guerra civil entre Huascar
y Atahualpa,
iniciada al fallecer el padre de ambos, Huayna
Capac. La primera decisión de Pizarro sería penetrar en el país
incaico manteniendo a sus tropas a pie y a caballo en las cercanías
del litoral. Llegados a la localidad de Saña se dirigieron al corazón
del Imperio: los Andes. A pesar de las dificultades, el 15 de
noviembre de 1532 alcanzaron Cajamarca, encontrándose la ciudad
abandonada. Se envió una embajada a Atahualpa -reciente vencedor de
su rival, Huascar- en la que se le indicaba la presencia hispana en
la zona y los deseos de reunirse con él. Atahualpa llegó acompañado
de 10.000 quiteños desarmados lo que facilitó su captura. El inca
ofreció a los españoles una gran cantidad de riquezas a cambio de
la libertad. Las riquezas llegaron con fluidez a Cajamarca y serían
repartidas entre los conquistadores. Temiendo que los recién
llegados nombraran inca a Huascar, Atahualpa mandó asesinar a su
rival, aportando a Pizarro una excelente excusa para condenarle a
muerte. Atahualpa será ejecutado el 26 de julio de 1533. En agosto
Pizarro -acompañado de las escasas tropas españolas y de los
auxiliares quechuas, enemigos de la dominación inca- se dirige a
Cuzco, la capital del Imperio Inca, tomando la ciudad y convirtiéndose
en el dueño del Perú, a pesar de reconocer como inca a un tercer
hermano, Manco Cayac. El 18 de enero de 1535 se funda la nueva
capital, la Ciudad de Los Reyes, la actual Lima. Almagro es nombrado
gobernador de Nueva Toledo -las tierras del sur del dominio de
Pizarro- y parte hacia la región de Chile para realizar su
conquista. En Cuzco se reproducirán los momentos de tensión al
huir de la ciudad el inca Manco, quien organizó un potente ejército
y regresó a la capital para enfrentarse a Pizarro. El regreso de
Almagro de tierras chilenas -debido a no poder someter a las
guerreras tribus de la región- resultó providencial ya que los
sublevados tuvieron que levantar el sitio, refugiándose en
Vilcabamba desde donde Manco inició una guerra de guerrillas contra
los
conquistadores. Inmediatamente se desencadenó una guerra
abierta entre los partidarios de Almagro y los de Pizarro, lucha que
se saldó con la muerte de Almagro en la Guerra de Salinas al ser
hecho prisionero, juzgado y ejecutado (1538). El hijo de Almagro,
también llamado Diego de Almagro "el Mozo", decidió
vengar la muerte de su padre por lo que invadió el palacio del
gobernador Pizarro en la Ciudad de los Reyes, donde el conquistador
de Trujillo ponía fin a sus días el 26 de junio de 1541
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Sebastián
de Benalcázar (1480-1551).
Los datos sobre este conquistador
no están claros hasta 1514 por lo que algunos especialistas opinan
que participó en el
tercer viaje de Colón
a tierras americanas. Desde 1514 Sebastián de Benalcázar tomó
parte de las expediciones dirigidas por Pedrarías
Dávila en la zona del Dairén. Será en 1524 cuando participe
en la
conquista de Nicaragua junto a Hernández
de Córdoba, uniéndose seis años después a la empresa
conquistadora del Perú
junto a Almagro
y Pizarro.
A finales de 1533 recibió el cargo de teniente gobernador de Piura,
desde donde consideró iniciar la conquista de Quito, foco de
resistencia inca a los españoles. En la arrasada ciudad
coincidieron las fuerzas de Benalcázar con las de Alvarado
y Almagro, iniciándose negociaciones entre los capitanes. Alvarado
acabó cediendo y Benalcázar obtuvo plenos poderes. Desde ese
momento puso en marcha una campaña contra los rebeldes y capturó y
ejecutó al inca Ramiñahui. El siguiente paso será conquistar el
territorio cercano y fundar un amplio número de ciudades -Popayán
o Santiago de Guayaquil-. Un nuevo encuentro con tropas de otros
conquistadores en las cercanías de Bogota (1539) se saldó con un
viaje a España para legitimar sus derechos de conquista. Dos años
después regresaba a tierras americanas con los títulos de
adelantado y gobernador de Popayán. Las denuncias por los abusos
cometidos motivaron el envío de Robledo como juez de residencia.
Benalcázar ejecutó al juez, siendo condenado a muerte por este
delito. Su apelación fue aprobada pero falleció antes de viajar a
España.
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Cortés,
Hernán (1485-1547)
Procedente de una familia hidalga, Hernán Cortés inició
estudios universitarios en Salamanca donde conoció en profundidad
el latín y el derecho, aunque sólo permaneció dos años en sus
aulas. Con apenas veinte años viajó a La Española para ocupar el
cargo de escribano de la villa de Azúa. Su relación con el
gobernador Diego
Velázquez de Cuellar se fue estrechando hasta el punto de
participar Cortés como secretario en la expedición a Cuba llevada
a cabo en 1511, donde fue nombrado alcalde de Santiago de Baracoa,
ciudad recién fundada. En 1518, y tras permanecer algunos años en
la cárcel bajo la acusación de conspiración, fue rehabilitado por
Velázquez y encargado de viajar a la península de Yucatán para
reconocer el terreno, prohibiéndosele la fundación de colonias
permanentes. El 10 de febrero de 1519 partió de Santiago rumbo a México.
Tras diez días de navegación llegaron a la isla de Cozumel desde
donde se dirigieron hacia Tabasco, lugar donde se produjo el primer
enfrentamiento con los indígenas que salieron derrotados. Cortés y
sus hombres, no más de 700, continuaron con su expedición, dirigiéndose
hacia San Juan de Ulúa para fundar, a pesar de la expresa prohibición
de Velázquez, la ciudad de la Villarrica de la Vera Cruz. El poder
municipal quedaba en manos de los habitantes de la ciudad, las
tropas de Cortés, y se elegía al de Medellín como comandante en
jefe del ejército. En la ciudad recién fundada, Cortés tuvo
noticias de la existencia de un importante imperio, el Azteca,
donde las riquezas eran cuantiosas. Decidió el
conquistador aventurarse en la empresa, contando con la alianza
de los indios toltecas y tlaxcaltecas que estaban enfrentados a los
aztecas. La ciudad sagrada de Choluca fue asaltada y saqueada,
poniendo rumbo hacia la capital imperial, Tenochtitlan,
donde fueron recibidos por Moctezuma.
La hostilidad entre conquistadores y aztecas creció al rechazar
Cortés las prácticas religiosas de la comunidad, que incluían
sacrificios humanos. Esta tensa situación se complicó con la
llegada de Pánfilo
de Narváez a Ulúa al mando de un ejército de 1.400 hombres,
con la intención de acabar con Cortes por indicación del
gobernador Velázquez. Cortés se desplazó a Ulúa dejando a Pedro
de Alvarado en Tenochtitlan como jefe de los 120 hombres del
destacamento. El enfrentamiento entre Cortés y Narváez no se
produjo y ambos regresaron a Tenochtitlan con las nuevas tropas. La
revuelta contra Cortés y sus hombres se fraguó en los últimos días
del mes de junio de 1520. El de Medellín consideró que sólo la
presencia de Moctezuma podría calmar a sus súbditos por lo que le
exigió que saliera a una terraza del palacio, donde el emperador
fue abatido por las pedradas de los habitantes de la ciudad que habían
elegido a Cuitláhuac como sustituto. Cortés decidió huir de
Tenochtitlan en la famosa Noche
Triste, la noche del 30 de junio al 1 de julio de 1520, momento
en el que fallecieron cerca de 800 españoles y más de 5.000 indios
aliados. Cortés rehizo su ejército y marchó de nuevo sobre
Tenochtitlan, venciendo el 7 de junio de 1521 en la batalla de
Otumba y en el mes de agosto se conquista la ciudad. Un año más
tarde el de Medellín recibe el nombramiento de gobernador y capitán
general del reino de Nueva
España. Los funcionarios de Carlos
I pronto llegaron al territorio para recuperar las parcelas de
poder cedido a los conquistadores y Cortés fue desposeído de sus
cargos y obligado a volver a España. En Castilla, Cortés intenta
recuperar sus honores, consiguiendo que el monarca le otorgara el título
de marqués del valle de Oaxaca y el cargo de capitán general,
aunque sin funciones gubernativas. Entre 1530 y 1540 estuvo de nuevo
en México para regresar a España en ese año y participar en la
expedición a Argel, con el objetivo de obtener el favor real, algo
que no consiguió. Tras su fracaso se instaló en las cercanías de
Sevilla donde organizó una tertulia literaria y humanística,
falleciendo en Castilleja de la Cuesta el 2 de diciembre de 1547,
siendo sus restos llevados a México por disposición testamentaria.
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Pedro
de Alvarado (1486-1541).
Toma parte en 1511 en la conquista de Cuba, uniéndose en
1518 a las huestes de Grijalva
y un año más tarde a las de Cortés.
Con éste participa en la
conquista de México, siendo uno de los protagonistas
principales de la llamada Noche
Triste acaecida en Tenochtitlan. Ordenó asesinar a más de
seiscientos nobles mexica, lo que desembocó en el ataque que hizo
huir a los españoles de la ciudad. Tras la conquista del imperio
mexica, parte en 1523 hacia América Central, tomando rápidamente
las tierras mayas de Guatemala y El Salvador. Fundó la población
de Santiago de los Caballeros y derrotó a los quichés. Viaja a
España para que se le reconozcan sus derechos de conquista, siendo
nombrado en 1527 Gobernado, Capitán General y Adelantado de
Guatemala. En 1534 emprende la conquista de Quito, de la que debe
desistir tras habérsele adelantado Benalcázar
y Almagro.
La muerte le sorprende preparando una expedición a las Molucas,
siendo herido mientras prestaba ayuda a los españoles de Nueva
Galicia. Ha pasado a la Historia como un personaje cruel y
avaricioso, siendo procesado varias veces. No obstante, salió bien
librado de todos los juicios, gracias a la influencia de Francisco
de los Cobos, secretario de Carlos
I.
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Jerónimo de
Aguilar (1489-1531).
Como conquistador,
participó en las expediciones de Valdivia,
estableciéndose posteriormente en La Española. Tras tomar parte en
una expedición al Darién, naufragó y fue tomado prisionero por los
mayas en 1507. En 1515 fue rescatado por Hernán
Cortés, asistiendo a éste como intérprete en la
conquista de los pueblos del área central mexicana. Su
participación fue importante por cuanto, tras ocho años de
cautiverio, conocía buena parte de las costumbres de algunos
pueblos indígenas.
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González
Dávila, Gil (1490-1526)
González Dávila fue criado del influyente obispo
Fonseca y en 1511 consiguió el cargo de contador en La Española.
En 1520 firmará una capitulación para explorar la ruta que iba a
las islas Molucas desde el istmo de Panamá, realizando el viaje dos
años más tarde. En la expedición se recorrieron las costas de las
actuales Costa
Rica y Nicaragua, llegando hasta el golfo de Fonseca que fue
bautizado así en honor del obispo. Desembarcará en Honduras (1524)
y fundará San Gil de Buena Vista, siendo acusado de usurpador por Cortés
lo que motivó su apresamiento. Cortés le envió a España y allí
presumiblemente falleció.
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Núñez
Cabeza de Vaca, Alvar (1490-1564)
Célebre por sus andanzas y exploraciones en América, en el s. XVI.
Nieto de Pedro de Vera, gobernador y conquistador de Gran Canaria.
Su madre, Teresa Cabeza de Vaca, pertenecía a una familia de
hidalgos de Jerez de la Frontera. La fecha de su nacimiento es
incierta, siendo la más probable la de 1490. Tampoco su juventud es
bien conocida. Su figura surge en la expedición de Pánfilo de Narváez
a Florida, donde figuraba como tesorero de la flota. Las desdichas
sufridas por Álvar N. y sus compañeros fueron narradas por él
mismo, y de su relación se hizo una primera edición en Zamora en
1542, siendo luego reimpresa en Valladolid en 1555 y más tarde, en
1749, incluida en la colección de narraciones recopiladas por
Barcia con el título de Naufragios de Álvar Núñez Cabeza de Vaca.
Por ella podemos conocer uno de los viajes más insólitos de todos
los realizados por los españoles en América.
En 1528 llegó la expedición de Narváez
a la bahía de Tampa, desde donde emprendieron una marcha hacia el
interior, penetrando en el territorio de los apalaches. Acosados por
los indígenas, llegaron hasta el río Misisipí, donde para poder
retornar al mar construyeron unas barcas con las cuales fueron a
parar a una isla, frente a la futura Galveston, que Álvar N. bautizó
con el nombre de Malhado. De los 300 hombres de la expedición sólo
llegaron a ella 15. Un año más tarde, N. consiguió escapar al
continente y, después de haber vivido seis años entre los indios,
encontró en la costa de Texas a otros supervivientes de la expedición:
Dorantes, Castillo Mal- donado y un negro llamado Esteban. Juntos
decidieron escapar y, convertidos en curanderos, fueron avanzando
hacia el O. En su marcha cruzaron el río Bravo, siguiendo su curso
hasta llegar a lo que hoy es el Paso. Continuaron por Sonora hasta
San Miguel de Culiacán. Diez meses duró el viaje, durante el cual
atravesaron los territorios que actualmente están ocupados por
Texas y por los Estados mexicanos de Chihuahua y Sonora. Las fantasías
creadas con este viaje se convirtieron en un mito que actuó como imán
para la conquista del Norte de Nueva España.
Tras varios meses en México, N.
volvió a España, donde en 1537 fue nombrado por Carlos V
adelantado de los territorios del Plata. Poco después partía hacia
su nuevo gobierno, pero debido a un naufragio tuvo que desembarcar
en la isla de Santa Catalina. En ella se enteró del abandono de
Buenos Aires y el establecimiento de Asunción. Después de enviar
150 hombres por mar hasta el estuario del Plata, decidió hacer el
viaje por tierra atravesando el territorio de los indios guaraníes
por las corrientes de los ríos 19uazú y Paraná, y consiguiendo
llegar a Asunción en marzo de 1542. Su gobierno en Asunción se
caracterizó por la buena política mantenida con los indios. Unido
a los guaraníes, consiguió reducir a los indomables guaycurúes
con lo cual quedó sometida la región del Chaco. Inició la
penetración hacia el O, después de fundar en la orilla occidental
del río el Puerto de los Reyes, donde dejó como maestre de campo a
Martínez de Irala. Llegó hasta la región de Chiquitos, pero la
selva se mostraba impenetrable y hubo de volver al Puerto de los
Reyes, donde la situación era crítica.
Durante su mandato, N. despachó dos
expediciones: una al Chaco mandada por Francisco Rivera, que
proporcionó noticias de los indios del interior, y otra al norte
del río Uruguay, que fue portadora de leyendas tales como las
Amazonas y Eldorado, que actuaron como fuerza impulsora para nuevos
descubrimientos. Sus relaciones con los oficiales reales y con los
españoles allí establecidos no fueron muy cordiales, y en abril de
1544 los asunceños apoyados por Irala se amotinaron contra el
gobernador, apresándole y enviándole a España Juzgado por el
Consejo de Indias, fue condenado a destierro en el presidio de Orán,
y, después de ocho años, revocada su sentencia, fue nombrado juez
de la Casa de Contratación de Sevilla. M. en dicha ciudad en 1564,
habiendo llegado a ser presidente del Consulado según su sobrino
Ruiz Díaz de Guzmán, quien escribió una historia de la conquista
de la comarca platense.
E. VILA VILAR.
Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
(Indice)
Gasca, Pedro de la
(1494-1565)
N. en la provincia de Ávila. Fue colegial en Alcalá y
examinador de licencias en arte. Pasó a Salamanca en 1531, donde se
graduó de bachiller en Derecho y se licenció en Teología en el
Colegio de San Bartolomé, de donde llegó a ser rector. Obtuvo una
canonjía en la ca. tedral de Salamanca, y en la de Toledo se le
nombró juez metropolitano. Al final, entró en el Consejo de la
Inquisición. Era un tipo ideal para solucionar una situación difícil.
Ésta se iba a presentar en otras tierras. En 1542, la promulgación
de las Leyes Nuevas acabando con las encomiendas, había alzado a
todo el Perú. Su virrey, Núñez de Vela, en su afán de cumplirlas
acabó muerto en Añaquito. G. Pizarro, caudillo de los pobladores
descontentos, se adueñó de la tierra (v. PIZARRO, FAMILIA).
En España, el príncipe Felipe, en
nombre de su padre, convocó una Junta parg consultar lo que debía
hacerse. Entre las soluciones que se discutieron se aceptó la que
abogaba por el empleo de métodos suaves. La persona que los pondría
en práctica sería L. G. Marchó a América como presidente de la
Audiencia que había de instalarse nuevamente en Lima y provisto de
dos cartas para G. Pizarro: una del rey y otra suya personal;
llevaba además un poder general. Podía perdonar toda clase de
delitos, repartir y encomendar tierras e indios, revocar leyes,
nombrar gobernadores, etc. En julio 1547, está ya en Nombre de Dios
e inicia la primera parte de su plan: atraerse a los capitanes que
estaban con el rebelde haciéndoles ver los poderes que traía. Hernán
Mejías, Aldana e Hinojosa, jefe de la flota pizarrista surta en
Panamá, se pasaron al bando real, abortando con su defección el
plan de Gonzalo de matar al cura. Con la misma facilidad que L. G.
ganaba popularidad, Gonzalo la perdía debido a entregarse a hechos
criticables: entrar bajo palio en Lima después de la batalla de Añaquito,
lucir en sus banderas iniciales con coronas reales, etc.
Cuando L. G. tuvo en su bando a
bastantes capitanes, le envió a Gonzalo las cartas que traía, pero
al negarle éste la entrada en Lima, se dio cuenta de que el rebelde
sólo dejaría el mando con la vida. Es entonces cuando inicia la
segunda etapa de su plan: la campaña política. Pide tropas al
virrey de México, Mendoza, y a los presidentes de las Audiencias de
Guatemala y La Española. Remite a Lorenzo de Aldana a recorrer las
costas del Perú, recogiendo a los que deseaban abandonar a Gonzalo
y apoderándose de Trujillo, ciudad donde repartieron cartas,
citando en Cajamarca como centro de reunión para marchar sobre
Gonzalo. El navío que éste remitió para recuperar el puerto
(Trujillo) se unió a L. G. Lo mismo que las ciudades de Guayaquil,
Piura, Tumbes y Puerto Viejo. Las deserciones dentro del campo
pizarrista eran enormes. Dentro del mismo Perú, Centeno se había
sublevado y apoderado del Cuzco y Alto Perú, quitándole a Gonzalo
una fuerza poderosa. En medio de gran confusión, el rebelde
abandona Lima y marcha hacia Arequipa, matando antes al hermano del
virrey muerto. La capital en seguida levantó pendón por el rey y
recibió a Lorenzo de Aldana. Mientras tanto, L. G. abandona Panamá
(abril 1547) con más de 20 barcos y las tropas que había
organizado. A fines de junio, está en Tumbes, y de ahí sale para
Trujillo. A Hinojosa le nombra capitán general y le ordena que vaya
a Jauja con tropas; a Lorenzo de Aldana le encarga que siga en Lima
y cuide de la flota.
En octubre de 1547, Pizarro destroza
las tropas de Centeno en Guarinas. Envalentonado con el triunfo, no
abandona el Cuzco y espera en Lima a L. G. El encuentro se realiza
en Sacsahuamán, donde apenas hay batalla debido a las deserciones
del campo pizarrista. El primero en abandonar el campo fue Garcilaso
de la Vega. El segundo día del desastre es ajusticiado Gonzalo. Las
primeras acciones de L. G. fueron los castigos duros. Luego vinieron
los premios. Los nombramientos, los repartimientos. En septiembre de
1548, entra en Lima siendo nombrado Padre Restaurador y Pacificador.
A principios de 1549, llegan los oidores para la Audiencia de Lima.
De acuerdo con ella y con los obispos, L. G. envía visitadores por
el virreinato, a fin de que le informen en todos los aspectos. Su
mayor preocupación era mejorar la situación de los indígenas.
Quiso exonerarles del servicio personal, poniendo en práctica una
Real Cédula que ordenaba su abolición. Pero las alteraciones que
se produjeron al no haber en el país acémilas y negros suficientes
para reemplazar a los indios, le hicieron aplazar el cumplimiento de
lo mandado. El 2 feb. 1550, tras dar unas serie de medidas, como
confiar la conquista de Tucumán a Juan Núñez de Prado, la de
Chuquimayo a Diego de Palomino, la de Chunchos a Francisco Hernández
Girón; establecer el juzgado de Bienes de Difuntos, así como dar
consejos a la Audiencia, parte para España llevando para el rey
millón y medio de castellanos. M. el 10 nov. 1567 en Sigüenza, de
donde era obispo desde 1561.
F. MORALES PADRÓN.
Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
(Indice)
Díaz
del Castillo, Bernal (1496-1584)
Cronista, soldado de Cortés y autor de la Historia verdadera
de la conquista de la Nueva España. N. en Medina del Campo (1495),
y m. en Guatemala (1584). Hijo de Francisco Díaz del Castillo,
regidor de Medina, y de María Díez Rejón. Pasa a Indias con
Pedrarias Dávila (1514). Participa en las expediciones de Hernández
de Córdoba (1517) y Juan de Grijalva (1518). Soldado de Cortés en
la conquista de México (1519), toma parte en la «Noche triste»,
en el asedio de Tenochtitlán, y es malherido en Tlascala. Más
tarde, casa con Teresa Becerra; deja familia. Hacia 1539 visita España.
Retorna con mercedes reales a Guatemala. Asiste, en calidad de
antiguo conquistador, a la junta sobre Indias de Valladolid (1550),
donde defiende el parecer de los viejos conquistadores: perpetuidad
de la encomienda de indios. En Guatemala otra vez, es regidor
perpetuo del Ayuntamiento, encomendero y vecino respetado.
A los 72 años se decide a escribir
su Historia. Escrita ya alguna parte, llegan a sus manos los libros
de Paulo Jovio, Gonzalo de Illescas y la crónica de F. López de Gómara
(v.). Viva impresión le causa la versión procortesiana de Gómara.
Plan, disposición, argumento, todo tiende a la exaltación del héroe,
su protector. Aparece allí como figura excepcional. Su presencia
reduce a plano subalterno la de sus colaboradores. La participación
de la masa de soldados queda casi desvanecida. «En todas las
batallas o reencuentros éramos los que sosteníamos al Cortés,
dice Bernal, y ahora nos aniquila este cronista». La lectura de Gómara
le incita a continuar su narración. Y aún más, a poner de relieve
el esfuerzo decisivo de los soldados de la conquista. No subestima
las dotes de Cortés; al contrario, las encomia tanto como Gómara.
Pretende subrayar un empeño conjuntado. Sin resentimiento, la
conquista aparece allí como obra de caudillo y soldados a la vez.
Impreciso en la cronología, pese a su portentosa memoria. Acentúa
la descripción de hechos vividos. Testigo de vista de muchos capítulos;
recurre a nueva información en otros. Destaca la sinceridad del
relato; una prosa llana y espontánea. Fuente histórica muy
importante; obra literaria de categoría singular. Primera ed. por
fray Alonso Remón en 1623.
M. MATICORENA ESTRADA.
Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
(Indice)
Espinosa,
Gaspar de (murió en 1537)
Conquistador. Participó en la expedición de Pedrarias Dávila
al Darién y fue nombrado alcalde mayor de Nuestra Señora de la
Antigua. Incoó proceso contra Núñez de Balboa, fue oidor de la
primera Audiencia de Ultramar (1511), fundó Panamá (1518), y
conquistó parte de la actual Costa Rica. Tras residir algún tiempo
en España, regresó a las Indias para unirse a Pizarro y Almagro en
la conquista del Perú.
(Indice)
Hernando de Soto (1500-1543)
Tras tomar parte -junto a Pedrarías
Dávila- en la
conquista de América central y Nicaragua, Hernando de Soto
acompañó a Pizarro
en su expedición al Perú.
Participó en la captura del inca Atahualpa
en Cajamarca, aunque se negó a que fuera ejecutado. El
enfrentamiento con Pizarro motivó su regreso a España donde obtuvo
la capitulación para realizar la conquista de Florida, atraído por
los escritos de Núñez
Cabeza de Vaca. Con los títulos de adelantado de La Florida y
gobernador de Cuba, partió de Sanlúcar en 1538 en dirección a La
Habana, dejando en Cuba como gobernadora a su esposa, Isabel de
Bobadilla. Desembarcó al año siguiente con 900 hombres en Tampa,
dirigiéndose hacia el noreste. Cruzaron las Montañas Azules y la
región de Casachiqui, donde fueron atacados por los indígenas.
Invernaron en la región de Vitangue y en la primavera exploraron
los territorios de Naguatex y Guacane, descubriendo en mayo de 1541
el río Mississippi, cruzándolo a la altura de la actual Memphis.
Recorrieron la llanura de Arkansas y se retiraron al sudeste,
falleciendo Hernando de Soto en la primavera de 1543, víctima de la
fiebre.
(www.artehistoria.com)
Francisco Aguirre
(1500-1580).
Nacido en Talavera de la Reina, se enroló en las tropas de Pizarro
que emprendieron la conquista en territorio
peruano, luchando a favor de éste contra Almagro.
Participó también en la expedición de Valdivia
en Chile,
estando presente en 1540 en la fundación de Santiago. Tomó el
control de Tucumán y el area altoperuana después de disputarla a Núñez
de Prado, pasando posteriormente a ser gobernador en 1563. Fundador
de Santiago del Estero, en 1566 es acusado de herejía y apresado.
Falleció en 1580 en el municipio chileno de La Serena.
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Valdivia,
Pedro de (1502-1554)
Conquistador de Chile y fundador de esta nación. N. hacia
1502 en uno de los pueblos del valle de La Serena, en Extremadura,
disputándose su cuna Castuera, Villanueva, Zalamea y Campanario,
donde estuvo ramificado su linaje de estirpe hidalga. De su educación
no se guardan noticias, pero puede presumirse esmerada, a juzgar por
el estilo de sus cartas. Hace sus primeras armas en Flandes, de
donde pasa a Italia a participar en la guerra que allí sostiene
Carlos I de España con Francisco I de Francia. Lucha a. las órdenes
del marqués de Pescara, y en 1525 participa en la batalla de Pavía.
Con el grado de capitán retorna un tiempo a Extremadura y alli casa
con Marina Ortiz de Gaete. Pero pronto el ansia de aventura le hace
abandonar la tranquilidad del hogar y partir a América en 1535.
Permanece breve tiempo en Venezuela, pues el medio no se le presenta
propicio a sus anhelos de gloria; y ante un pedido de refuerzos que
formula Francisco Pizarro a la Audiencia de Santo Domingo, no vacila
en enrolarse con otros 400 soldados y partir rumbo al Perú, donde
llega a comienzos de 1537.
El espíritu sagaz de Pizarro capta
desde el primer momento las condiciones nada comunes de V .: su
fidelidad, su valentía, su extraordinario talento de estratega. En
la guerra civil que ha de mantener con su antiguo socio Diego de
Almagro, Pizarro nombra a V. maestre de campo de sus tropas. Por
cierto que no se equivoca en la elección, pues V. destroza el ejército
de Almagro en la batalla de las Salinas en 1538. En recompensa
obtiene una encomienda de indios en el valle de la Canela y una rica
mina en el cerro de Porco en la región de Charcas. Uno y otro
beneficio pueden colmar la sed del más codicioso, pero V. busca
algo diferente, que el medio del Perú no puede proporcionarle: la
conquista de una gloria personal y exclusiva. Es así como medita
emprender una acción difícil, casi temeraria, en busca del
renombre anhelado.
Pizarro había obtenido de la corona
permiso para conquistar y poblar las tierras situadas al Sur de su
gobernación, que le son otorgadas a Almagro y que éste, después
de un recorrido fugaz, deja desamparadas. No parece que en Pizarro
hubiese existido por entonces el ánimo de expedicionar a dichas
regiones que, comparadas con el Perú, eran mucho menos pobladas y
ricas. Por eso no deja de admirarse que Y. le solicite licencia para
realizar por sí esta empresa y abandonar, en pos de una quimera, la
encomienda y la mina que estaba usufructuando. Procura disuadirle de
sus propósitos, pero ante su insistencia accede a su petición. El
expedicionario, sin colaboración oficial y sólo afirmado en su
voluntad inflexible, se lanza a una aventura oscura, que ve
iluminada por la fe. Con el título de teniente gobernador de
Pizarro, único aporte del último, realiza contratos de compañía
con mercaderes para procurarse recursos económicos, y uno especial
con Pero Sancho de Hoz, que tenía autorización para explorar y
gobernar las tierras al S del estrecho de Magallanes, quien se
compromete a aportar dos navíos cargados de bastimentos, aparte de
caballos y armas.
La expedición a Chile. Con unos 11
acompañantes, comprendida una mujer arrojada, Inés Suárez, y unos
1.000 indios de servicio, Yparte del Cuzco al iniciarse enero de
1540. Toma hacia el Sur el penoso camino del desierto y, en el curso
de los meses siguientes, se le unen otros refuerzos procedentes de
una fracasada expedición a la región de los indios chunchos y
chiriguanos en el Alto Perú. Logra así reunir una hueste de 150
españoles, entre los que destacan por su sobresaliente personalidad
Francisco de Yillagra, Jerónimo de Alderete, Francisco de Aguirre y
Rodrigo de Ouiroga. La ayuda convenida con Pero Sancho de Hoz jamás
llega, pues éste derrocha sus caudales en el juego en Lima y
aparece arteramente una noche en el campamento de Y, en el desierto
de Atacama, resuelto a darle muerte y sustituirle en el mando de la
expedición. Y le perdona y aún le permite continuar en la expedición,
previa renuncia a todo derecho en ella.
Tras diversos altos en la ruta,
algunos de ellos prolongados, la hueste alcanza el valle de Copiapó,
en los 27° de lat. Sur, donde comenzaba, según las provisiones de
Pizarro, el país que debía someter Valdivia. Este, en solemne acto,
toma posesión del territorio en nombre del rey y lo denomina Nueva
Extremadura, en recuerdo de su tierra natal. Al cabo de dos meses de
descanso, sigue la hueste hasta el valle de Aconcagua, apreciable
por su fertilidad y la riqueza de sus lavaderos de oro. Más
conocido dicho valle por el nombre de Chile, dará su denominación
a toda la amplia comarca y primará sobre la de Nueva Extremadura
que le impusiera Valdivia. Prosiguiendo su viaje, los
expedicionarios llegan, en diciembre de 1540, al valle del Mapocho y
establecen allí su campamento. Era el lugar ameno y feraz, y V. lo
escoge para instalar la primera población y el centro de las
futuras operaciones de conquista. Con toda solemnidad, el 12 feb.
1541 declara fundada la ciudad de Santiago y un mes después
instituye su cabildo. Con él se inicia el trasplante a Chile de las
instituciones jurídicas castellanas, base de la colonización
emprendida.
En los meses próximos circula la
noticia, que llega por boca de los indios desde el Perú, que allí
los partidarios del difunto Almagro se habían alzado y dado muerte
a Francisco Pizarro. Este hecho produce la automática caducidad del
título de teniente gobernador que ostenta Valdivia. Los pobladores
temen que una persona extraña llegue desde el Perú a asumir el
mando ya favorecer a gente nueva, que nada había hecho por la
colonización de Chile. De ahí que el cabildo, interpretando el
sentir de la mayoría, estime prudente otorgar a V. el título de
gobernador interino, mientras el rey provea en definitiva. Aunque el
aludido aspira al cargo y ve así cumplida su esperanza de mandar
autónomamente en el territorio, se muestra cauteloso de dar
cualquier paso en su favor, sabiendo que Pero Sancho de Hoz y sus
parciales, aunque pocos, espían maliciosamente sus menores pasos y
pretenden exhibirle como rebelde. Rehúsa, pues, V. una y varias
veces el mando que se le ofrece y sólo acaba aceptándolo cuando
todos los pobladores reunidos en cabildo abierto están dispuestos a
elegir otro gobernador si persiste en su actitud negativa.
No concluye 1541 sin que la
colonización experimente un grave contratiempo. En septiembre, un
fuerte y sorpresivo ataque de los indios a la naciente ciudad de
Santiago la reduce a escombros, causa la muerte de dos españoles,
resultaron heridos muchos otros y acaba con la mayor parte de los
animales y bastimentos traídos desde el Perú. La situación se
torna realmente desesperada; pero la entereza de V. puede más que
el infortunio. Envía una expedición al Perú en busca de auxilios,
reedifica Santiago y cuida con esmero la multiplicación del escaso
trigo y pocos animales salvados de la catástrofe. Este estado de
abandono e inseguridad demora dos años, hasta que son recibidos los
refuerzos solicitados. Pero los hombres y bastimentos llegados,
aunque útiles, resultan insuficientes. Una exploración practicada
por V. varias leguas al Sur de Santiago, así como también un viaje
por mar que por su orden realiza el piloto genovés Juan Bautista
Pastene, con objeto de alcanzar hasta el estrecho de Magallanes, y
que se detiene a los 41° de lat. S, convencen al caudillo de que
necesita mayores recursos para ampliar la colonización. Resuelve
entonces buscarlos personalmente en Perú, usando para ello uno de
los dos barcos en los que habían llegado los rogados auxilios.
Valdivia, gobernador y poblador. Llegó
V. al Perú en una hora crítica. Gonzalo Pizarro, hermano de
Francisco, se había alzado contra el rey y éste había enviado
para poner orden en la tierra a un hombre de singular prudencia:
Pedro de La Gasca. V. se pone a sus órdenes, y con su reconocido
talento de estratega derrota a Gonzalo Pizarro en la batalla de
Jaquijahuana (1548). La Gasca, que poseía amplias facultades del
rey y estaba agradecido del apoyo de V ., le concede en propiedad el
título de gobernador de Chile, señalándole por jurisdicción
desde el valle de Copiapó hasta los 41° de lat. S, y desde el océano
Pacífico hasta 100 leguas al interior. Si lo último pone bajo el
mando de V. territorios al oriente de los Andes, lo primero deja
fuera de la gobernación de Chile el estrecho de Magallanes,
contrariando así las aspiraciones del conquistador .
Cuando se apresta a retornar a Chile,
V. es detenido por La Gasca para someterle a un proceso. Emulos del
caudillo, por medio de denuncias anónimas, le habían acusado de
cometer violencias y despojos entre los colonos de Chile. La Gasca
practica una cuidadosa investigación, que remata en una sentencia
absolutoria. En abril de 1549, V. regresa a Chile, con 200 hombres
de auxilio, para continuar su tarea colonizadora. Envía al Norte a
Francisco de Aguirre a repoblar la ciudad de La Serena, destruida
por los indios, y sigue luego en persona al Sur, resuelto a ampliar
la conquista. En las márgenes de la bahía de Penco funda el 5 de
octubre de 1550 la ciudad de Concepción, dotada de excelentes
comunicaciones marítimas y buen abastecimiento pesquero; y en la
confluencia de los ríos Cautín y Damas echa las bases de una nueva
ciudad, La Imperial, el 16 abril 1552. La región estaba muy poblada
de indígenas y los vecinos logran el beneficio de ricas encomiendas.
El fervor fundacional no se detiene y surgen otras poblaciones:
Valdivia, Villárrica y Los Confines. V. envía además a Francisco
de Villagra ya Francisco de Aguirre a hacer efectiva su jurisdicción
en las regiones al oriente de los Andes, y al piloto Francisco de
Ulloa al estrecho de Magallanes, que explora favorablemente.
En la empresa colonizadora, V. se
muestra no sólo como militar valiente, sino también como
gobernante avezado. Su don de mando y espíritu de iniciativa le
permiten mantener la disciplina en la hueste heterogénea donde se
emboscan algunos adversarios, orientar el trabajo de la tierra y de
los lavaderos de oro, dirigir las obras públicas, difundir entre
españoles e indios las primeras letras, dictar para los últimos
normas protectoras y cuidar de su evangelización. Además hace
llegar al rey, en periódicas cartas, una relación minuciosa de los
progresos y azares de la expedición, transformándose así en el
primer historiador de la conquista de Chile. En dichas cartas
incluye valiosas informaciones sobre la geografía y la fauna de
Chile y las costumbres de los aborígenes. En ocasiones, su pluma se
exalta para alabar las excelencias del país. Revela así ánimo
resuelto a radicarse definitiva. mente en el país ya no comprar un
palmo en España; como dice Carlos V, «aunque tuviese un millón de
ducados». Pero no se contenta con el grado 41 como frontera Sur de
su gobernación, sino que aspira a extenderla hasta el estrecho de
Magallanes. Para el logro de este anhelo y la obtención de otras
mercedes, envía a la corte a Jerónimo de Alderete. El 29 sept.
1554, Carlos V, considerando los méritos del peticionario, amplía
la gobernación de Chile hasta el estrecho y da a V. los títulos de
adelantado y caballero de la Orden de Santiago. Estas concesiones no
las goza el favorecido, porque ya había muerto.
En efecto, en diciembre de 1553, los
indígenas atacan el fuerte de Tucapel e inician un movimiento de
agitación al S del río Bío-Bío. V., con unos 50 soldados y
varios indios de servicio, sale de Concepción rumbo a ese sitio,
con la intención de reunirse allí el día de Navidad con otros
españoles. Pero lo que le espera en Tucapel es una emboscada. Los
araucanos, al mando de su jefe Lautaro, le atacan en oleadas
sucesivas hasta producir el agotamiento del gobernador y sus compañeros.
Derribado del caballo en un intento imposible de repliegue, el
valeroso caudillo cae al fin prisionero de sus enemigos, que le dan
muerte (25 dic. 1553). La trágica desaparición de V., si bien
representa un grave trastorno en el desarrollo de la colonización
española en Chile, no la detiene. Su obra había echado hondas raíces
y es proseguida sin desmayo por sus sucesores. Por su tarea
civilizadora, su amplia visión política y su amor a la tierra
conquistada, que se transparenta en sus notables cartas al rey, V.
abre allí un horizonte histórico. Puede considerársele el
fundador de la nacionalidad chilena.
JAIME EYZAGUIRRE
Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
(Indice)
Urdaneta, Andrés de (1508-1568)
Marino y religioso de la Orden de s. Agustín.
N. en Villafranca de Oria (Guipúzcoa), tal vez en el caserío de
Oyanguren, en 1508. Embarcó en la flota de García Jofre de Loaysa,
que zarpó de La Coruña el 24 jul. 1525 rumbo a las islas de la
Especiería, acompañando a Juan Sebastián Elcano , piloto mayor de
esta armada, y ambos navegaron en la nave Sancti Spiritus. La flota,
después de tocar en Canarias, cruzó. el Atlántico para costear el
continente americano en busca del estrecho de Magallanes, que al fin
atravesaron tras muchos esfuerzos; el 25 mayo 1526 estaban ya en el
océano Pacífico, donde una tempestad separó a las naves. u. y
Elcano habían pasado a la Santa María de la Victoria, ya bordo de
ella murió este último el 6 de agosto según el Diario que aquél
comenzó a escribir desde la partida, y que es una valiosa fuente
histórica. El 4 de septiembre se encontraban frente a la isla de
Guam. Después pasaron a Mindanao y luego a las Molucas, donde se
encontraron con los portugueses.
Allí comenzó una nueva época de la
vida de U., convertido en soldado, diplomático y comerciante,
durante nueve años de permanencia en aquellas islas, luchando con
lusitanos e indígenas. Después de la cesión de las Molucas a
Portugal en 1529, U. salió de ellas en febrero de 1535 y regresó a
España por el océano Indico, en barcos portugueses. Desembarcó en
Lisboa el 26 jun. 1536 y pasó a Valladolid, donde debió de
encontrarse con Pedro de Alvarado , que preparaba una expedición al
mar del Sur, y le propuso que fuera con él. U. aceptó y ambos
pasaron a Guatemala, pero Alvarado fue en socorro de Cristóbal de Oñate
y murió en Nueva Galicia; su compañero quedó como corregidor de
la mitad de los pueblos de Avalos, cargo que le confió el virrey
Antonio de Mendoza . En 1547 se le nombró almirante de la Armada
que debía ir al Perú en auxilio de Pedro de La Gasca , encargado
de someter a Gonzalo Pizarro, pero éste fue vencido y decapitado
antes de que partiese la expedición.
Siguió U. en Nueva España durante
unos años, desempeñando otros cargos y comisiones, y en 1552
ingresó en el noviciado de los agustinos de México; profesó el 20
mar. 1553, ordenándose sacerdote en 1557, y poco después fue
nombrado maestro de novicios. Pero no dejó de interesarse nunca por
la tan buscada «vuelta del Poniente» y fue madurando un plan que
expuso ante los pilotos y técnicos convocados por el virrey Luis de
Velasco, que tenía por entonces plenos poderes de Felipe II para
enviar expediciones por el mar del Sur. Se organizó con tal fin la
que el virrey puso al mando de Miguel .López de Legazpi , que llegó
a Filipinas en 1565, y desde la isla de Cebú zarpó la nao San
Pedro en la que iba como general Felipe de Salcedo, pero era u.
quien debía dirigir el rumbo, aunque por su calidad de religioso no
figurara como piloto. P.I . marcó la derrota a seguir hasta rebasar
los 39° de latitud N, en cuya altura navegaron ya hasta ver tierra
americana el 18 sept. 1565 y, bajando a lo largo de las costas de
California y México, entraron en Acapulco el 8 de octubre, quedando
así descubierta la «vuelta del Poniente». Desde aquí u. pasó a
México y luego a Veracruz, donde embarcó para España.
Ante una Junta de peritos reunida en
Madrid el 8 oct. 1566, Sostuvo que las Filipinas y las Molucas
estaban dentro de la zona cedida a Portugal por el tratado de
Zaragoza (1529). Después pidió licencia para regresar al convento
de México, donde pasó la cuaresma de 1567. Falleció el 3 jun.
1568. El cadáver fue sepultado en la cripta de la iglesia, pero en
el s. XVII un incendio y una inundación hicieron desaparecer los
restos. En su pueblo natal hay un grupo escultórico que lo
representa señalando el cielo a dos indios; en realidad, u. tuvo
pocas ocasiones de actuar como misionero, aunque tenía grandes
deseos de serlo, y lo que le impulsó a embarcar con Legazpi fue su
afán evangelizador; gracias a su pericia náutica pudo predicarse
el cristianismo en Filipinas, a las que hubiera querido regresar
para ejercer allí su sagrado ministerio..
Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
(Indice)
López de
Legazpi, Miguel (1508-1572)
El conquistador de Filipinas n. en Zumárraga, hacia 1508, de
padres nobles. Segundón de la casa, se dedicó probablemente al
estudio del Derecho, aunque no tenemos hasta hoy prueba documental
de ello. En 1528 estaba ya en México, donde fue escribano, y allí
mismo se casó con Isabel Garcés. Su primogénita, Teresa, se unió
a Pedro de Salcedo y fue madre de Felipe y Juan, capitanes
distinguidos en la conquista de Filipinas. Algunos historiadores
afirman que L. había realizado empresas guerreras antes de que el
segundo virrey de Nueva España, Luis de Velasco, le confiara el
mando de la expedición que debía buscar la «vuelta del Poniente»,
pero la muerte de aquél (julio 1564) hizo cambiar el objetivo de la
empresa.
La armada, compuesta por las naos San
Pedro y San Pablo, los pataches San Juan y San Lucas, y una fragatilía,
zarpó del puerto de Navidad en la madrugada del 21 nov. 1564, y el
25 del mismo L. hizo abrir, en presencia de los pilotos y capitanes,
la instrucción secreta que llevaba. En ella se mandaba seguir el
derrotero de la armada de Villalobos y, por tanto, dirigirse a las
Filipinas. El 13 feb. 1565 avistaron la isla de Sámar, y, después
de tomar posesión de la tierra, pasaron a Leyte. Felipe de Salcedo,
nieto de L., y Martín de Goiti exploraron la isla y hallaron un
puerto abundante en víveres, donde se trasladaron los barcos. El
hijo de un cacique mezcló su sangre con la del alférez Andrés de
Ibarra, bebiéndola ambos en dos vasos de vino, señal de paz según
las costumbres del país. Pasaron luego a la isla de Limasagua y
después a Camiguín, situada al N de Mindanao. Los vientos les
llevaron luego a Bohol, donde fueron bien recibidos por los régulos
Cicatuna y Cigala.
Desde allí envió L. el patache San
Juan a Mindanao, bajo el mando de Guido de Lavezares, tesorero
oficial real, y del capitán Juan de la Isla. Encontraron oro, lo
cual encendió la codicia de muchos soldados que quisieron saquear
la tierra, a lo que L. se opuso, actitud que mantuvo siempre y
produjo a veces descontento entre su gente. Cicatuna celebró con él
la sangrienta ceremonia que sellaba las paces en las islas, y después
la flota pasó a Cebú (27 abr. 1565), donde hubo que hacer un
desembarco protegido por la artillería de las naos. L. decidió
poblar esta isla y fundó el 8 mayo 1565 la villa de San Miguel. El
1 de junio zarpó la nao San Pedro para retornar a Nueva España, y
el 15 oct. 1567 llegó a Filipinas el galeón San jerónimo con
noticia de su feliz viaje; este buque llevaba socorros, pero no
conducía ningún
documento que autorizara a seguir la
conquista, por lo que L. envió otros dos barcos a buscarlos, el
segundo mandado por su nieto Felipe, que pereció en este viaje. L.
dirigió personalmente la conquista de la isla de Panay, donde
estableció su cuartel general. Desde aquí envió expediciones que
ocuparon las islas próximas. En 1570, fue conquistada la de Mindoro,
lo que puso a los españoles a las puertas de Luzón.
Fracasada la primera expedición que
mandaron Goiti y Juan de Salcedo, L. dirigió la segunda, después
de haber recibido ya una real cédula que le autorizaba a fundar
ciudades y repartir encomiendas, y le daba el título de adelantado
de las islas de los Ladrones. Usó por vez primera estas facultades
para erigir un ayuntamiento en la villa de San Miguel, cuyo nombre
cambió por el de Ciudad del Santísimo Nombre de Jesús, por la
imagen que había dejado allí Antonio Pigafetta (v.). L. salió de
Panay el 15 abr. 1571 y a los ocho días estaba en Cavite, donde
recibió a los régulos mahometanos Matanda y Solimán, que se
sometieron sin lucha. Comprendiendo que Manila (v.) reunía las
mejores condiciones para ser la capital del archipiélago, fundó el
24 jun. 1571 la ciudad española, conservando su nombre indígena.
El adelantado envió entonces a Martín de Goiti y a Juan de Salcedo
con dos grupos de hombres para ocupar la isla de Luzón, y él se
quedó en Manila, donde residió hasta su muerte, ocurrida el 20 ag.
1572, a consecuencia de un fallo cardiaco. Su rectitud moral dio a
la conquista de Filipinas un carácter pacífico que la distingue de
otras empresas análogas.
L. DÍAZ-TRECHUELO.
Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
(Indice)
Domingo Martínez de Irala (1509-1556)
Conquistador español del Paraguay, n. en 1509, en Vergara. Fue
con Pedro de Mendoza (v.) al Río de la Plata (1535-36) y estuvo en
la fundación de Buenos Aires. Partió con Juan de Ayolas hacia el
Perú (14 oct. 1536), hasta llegar a un punto sobre el río Paraguay
(200 de lat. S) que denominaron Candelaria (2 febrero). M. del. quedó
allí con 30 soldados, como teniente de Ayolas, y éste se internó
en el Chaco, hacia el O. En Candelaria, lo encontraron los capitanes
Juan de Salazar y Gonzalo de Mendoza (junio 1537), enviados del
adelantado. Por el mal estado de sus barcos, M. del. descendió
hasta Arecutacuá a repararlos, y aquéllos siguieron aguas abajo, a
fundar un fuerte: Asunción. Dos veces regresó M. de I. a
Candelaria y no pudo sostenerse allí por la hostilidad de los
naturales y el deterioro de su flotilla.
En abril de 1539 estaba en Asunción,
donde se suscitó controversia por el mando superior. M. del.
invocaba su calidad de teniente de Ayolas, que lo era a su vez del
adelantado; Francisco Ruiz Galán se fundaba en un despacho del
mismo Mendoza; y Alonso Cabrera exhibía una cédula que facultaba a
los conquistadores a elegir gobernador a falta de legítimo titular
del cargo. Prevaleció el derecho de M. de I., que asumió el poder
(19 jun. 1539). Otra vez en Candelaria, comprobó la muerte de
Ayolas y su gente por los indios. Desde entonces, afrontaría la difícil
tarea de sostener la conquista sin recursos y sin auxilios de la
metrópoli. Con los oficiales de hacienda, acordó la despoblación
de Buenos Aires y la concentración de todos los españoles en
Asunción, a la que dio cabildo (16 sept. 1541) y señaló traza de
ciudad.
El 12 mar. 1542 llegaba el adelantado
Alvar Núñez Cabeza de Vaca (v.), que designó a M. de I. su
maestre de campo y le envió al Norte a buscar un camino al Alto Perú.
El 6 en. 1543, M. del. reconocía el puerto de los Reyes, que le
pareció apropiado para base de operaciones. De regreso, sofocó un
alzamiento indígena, acompañó al adelantado a los Reyes '(septiembre
1543) y de allí pasó a la zona de los xarayes, en el curso
superior del río Paraguay. De vuelta a Asunción, los vecinos
depusieron a Cabeza de Vaca y los oficiales de hacienda entregaron
el mando a M. de I. (25 abr. 1544); su nuevo gobierno duró 12 años,
hasta su muerte. Sometió a indios hostiles, dispuso exploraciones
y, en noviembre de 1547, a través del Chaco, fue al Alto Perú,
donde halló ya afirmado el poder español. En Asunción, había
quedado por teniente suyo Francisco de Mendoza, que fue preso y
ejecutado por antiguos parciales de Cabeza de Vaca (agosto 1548).
Entre tanto, M. del. esperaba noticias del Perú, y la incertidumbre
soliviantaba a su gente, por lo que cedió el mando a Gonzalo de
Mendoza. De vuelta los expedicionarios en la costa del río
Paraguay, se enteraron de lo acontecido en Asunción y se sometieron
a M. del. (13 mar. 1549), para bajar juntos a la capital, en la que
entraron sin oposición. Se formó causa a los rebeldes y su jefe,
Diego de Abreu, fue muerto en la selva (1553).
Tardaba M. de I. en repartir
encomiendas de indios, lo que inquietaba a los conquistadores, a dos
de los cuales hizo ejecutar. M. de I., sin embargo, no era
sanguinario: a dos condenados a muerte, Alonso Riquelme de Guzmán y
Francisco Ortiz de Vergara, cabecillas alvaristas, les indultó y
les casó con dos hijas suyas, las mestizas Úrsula y Marina (1552
ó 1553). De este modo, aseguró paz perdurable y la terminación de
las antiguas banderías.
M. de I. asentó la colonia y se ocupó
de vigilar la línea de Tordesillas, fundó pueblos de indios,
fomentó el mestizaje, reglamentó los gremios y oficios, abrió una
escuela y dio cuenta al rey de todo lo acontecido desde la deposición
de Cabeza de Vaca. En abril de 1556, llegaba el primer obispo, y M.
de I. recibía su título de gobernador, con lo cual quedaba
definitivamente organizada la provincia. Cuando dirigía el corte de
maderas para la futura catedral, enfermó de gravedad y poco después
moría en Asunción (3 oct. 1556). Le sucedían 10 hijos, habidos
con siete indias guaraníes. Su descendencia ha descollado en toda
la historia paraguaya. Por su abnegación, sagacidad y obra de
gobierno, es considerado el fundador del Paraguay.
RAFAEL ELADIO VELÁZQUEZ
Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
(Indice)
Gonzalo Jiménez de
Quesada (1509-1579)
Jiménez de Quesada rompe con el tópico de los
conquistadores hispanos ya que estudió derecho en Salamanca. En
1535 es nombrado Justicia Mayor de la localidad de Santa Marta y se
traslada a América junto con Pedro Fernández de Lugo. Al año
siguiente recibe el cargo de Capitán General en la expedición que
remontará el río Magdalena para llegar en 1537 a las tierras de
los chibchas. En las tierras altas de la meseta se enfrentarán a
dos tribus locales en su búsqueda de oro y esmeraldas, considerando
que habían encontrado algún rastro de El
Dorado. En 1539 se encontrará con Benalcázar
y Federman,
teniendo todos el mismo objetivo. La fundación de la ciudad de
Santa Fe de Bogotá será la mayor empresa de Quesada pero la
gobernación de la ciudad quedará para el hijo de Fernández de
Lugo, lo que motivó que don Gonzalo continúe en su búsqueda del mítico
El Dorado, arruinándose en los diversos intentos. Como escritor
realizará un "Compendio Historial", una "Relación
de la conquista y los ratos de suesca", y el "Antijovio".
(www.artehistoria.com)
(Indice)
Vázquez de Coronado,
Francisco (1510-1565)
Descubridor y explorador español. Las noticias que Cabeza de
Vaca aportó sobre las tierras sureñas de los actuales Estados
Unidos produjeron en México gran conmoción. Los relatos fabulosos
sobre las siete ciudades de Cibola, cuyas maravillas y excelencias
conocía a través de los indios, fueron los que impulsaron a fray
Marcos de Niza a intentar una exploración por aquellas tierras
desconocidas. El intrépido fraile, conocedor ya de los rigores de
la conquista por su participación en la del Imperio inca, partió
de Culiacán con dirección N en 1539, llegando a divisar las ya
famosas siete ciudades de Cíbola en junio de ese mismo año. El
fraile creyó ver unas ciudades resplandecientes por sus riquezas y
de una cultura muy superior a la de los aztecas. En realidad, las
maravillosas ciudades que fray Marcos había contemplado no eran
otra cosa que los míseros poblados de Zuñi, en el actual Estado
americano de Arizona. Su apasionada descripción hasta tal punto
hizo impacto en Nueva España que el virrey Antonio de Mendoza
organizó una nueva expedición, a pesar de la obstinada oposición
de Cortés, al frente de la cual puso a V. de C., joven capitán
nacido en Salamanca en 1510 y que en 1535 había pasado a América,
ansioso de fama y fortuna. Su matrimonio con Beatriz Estrada, hija
del tesorero real, le había introducido en la alta sociedad
virreinal, viendo pronto satisfecha su ambición al recibir la
gobernación de la provincia de Nueva Galicia, que Nuño de Guzmán
dejaba vacante. Se hallaba en este cargo cuando el virrey Mendoza le
otorgó la capitanía de la expedición que había de conquistar y
colonizar las tierras descubiertas por fray Marcos de Niza.
Partió V. de C. de Culiacán con su
ejército, compuesto de 300 españoles y 800 indios, en febrero de
1540. Bordeando la costa occidental de México avanzó hacia el N,
hasta un poco más allá de Guaymas, donde se desvió hacia el
interior atravesando las montañas del sudeste de Arizona. En julio
de este mismo año llegó la expedición al país de los zuñis, la
tan ansiada Cíbola, y con la llegada vino también la decepción,
pues lo que los expedicionarios contemplaron no eran las
maravillosas ciudades descritas por fray Marcos, todas cubiertas de
oro y plata y con magníficas cúpulas y torreones, sino unos
miserables pueblos, que lo único que tenían de valor era la
originalidad de su estructura. Decidieron, no obstante, su conquista,
que llevaron a cabo sin excesivo esfuerzo. Ante los infructuosos
resultados de la expedición), decidió V. de C. enviar pequeños
grupos de exploración en busca de nuevas tierras. Un grupo partió
hacia el E, llegando hasta los extraños pueblos de Moqui, en el
nordeste de Arizona, y descubriendo que por aquella zona no
encontrarían otra cosa que aridez y desolación. Otra pequeña
expedición, al mando de García López de Cárdenas, se dirigió al
O, y su resultado fue el descubrimiento del Gran Cañón del
Colorado, ante cuya profundidad quedaron vivamente impresionados.
Después condujo V. de C. su ejército
al pueblo de Tiguex, junto al río Grande, donde oyó hablar del
mito de Ouivira. Según los indios, era una ciudad de oro puro, y en
su búsqueda partieron los expedicionarios, en la primavera de 1541.
Marcharon a través de las inmensas llanuras de Arkansas hasta el
extremo nordeste de Kansas, para alcanzar, tras muchas penalidades,
la fabulosa Quivira, que no era sino una tribu de salvajes nómadas,
que ni conocían el oro ni sabían dónde encontrarlo. Tras esta
nueva decepción regresaron a Tiguex, donde v. de C. estuvo a punto
de perder la vida por una desafortunada caída del caballo.
Quebrantado física y moralmente por estos reveses, decidió,el
regreso a México en la primavera de 1542. El virrey le recibió fríamente,
porque consideraba que había fracasado, y le desposeyó del
gobierno de Nueva Galicia. Su brillante vida política había
terminado. M. hacia 1550.
L. NAVARRO GARCÍA.
Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
(Indice)
Lope de Aguirre
(1510-1561).
Nacido en Oñate (Guipúzcoa), como hijo segundón de una familia de
hidalgos hubo de marchar a la pujante Sevilla del siglo XVI en busca
de fortuna. Partió hacia América en 1534, participando en los
diversos enfrentamientos entre españoles que se desarrollaban en
territorio peruano. Así, tomó partido a favor de Vaca
de Castro y en contra de Almagro,
en las Guerras Civiles, dentro del bando realista, y en las luchas
contra Gonzalo
Pizarro, a favor de Núñez
de Vela, y el enviado del rey, La
Gasca. Su colaboración en el asesinato del corregidor Hinojosa,
en 1552, fue la causa de su condena a muerte, posteriormente
conmutada por Alvarado
a cambio de aplastar la sublevación de Girón, en 1154. El viaje
exploratorio de los marañones, que transcurre por el rio Huallaga
hacia el Marañón y el Amazonas bajo el mando de Pedro
de Ursúa, le sirve para escalar políticamente, haciéndose
nombra Maestre de Campo tras el asesinato tras el asesinato de Ursúa.
Rebelado contra el poder real, hace asumir el mando a Fernando de
Guzmán, en principio con el cargo de gobernador para, una vez
concretada la ruptura con la monarquía española, proclamarle rey y
emprender la guerra contra los Reinos del Perú y los representantes
del poder real en ellos. Se produce así una desnaturalización de
España y su rey, Felipe
II, de quien no se consideran vasallos ni al que deben, por
tanto, observar obediencia. Posteriormente, Lope de Aguirre toma
personalmente el poder, autoproclamándose "Príncipe de la
libertad de los reinos de Tierra Firme y provincias de Chile" y
declara la guerra a España. Tomada isla Margarita (Venezuela),
durante el paso al continente comienzan las deserciones. Lope de
Aguirre es asesinado en 1561 de dos tiros de arcabuz. Tras su muerte
se incia un proceso judicial que le condenará como rebelde.
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Orellana,
Francisco (1511-1546)
Conquistador español del S. XVl, cuya hazaña de navegar por
primera vez el río Amazonas (v.) le coloca entre los grandes
descubridores españoles en América. Su figura, su personalidad y
su misma gesta son objeto de numerosas polémicas, que se han
sucedido desde la descripción que de él hicieron los primeros
cronistas. Traidor de los Pizarro -de los que era pariente- según
unos, y amigo y servidor de ellos según otros, lo mismo se le acusa
de despotismo y malos tratos a sus compañeros de viaje, que se le
señala como persona noble y generosa. Pero todos coinciden en
afirmar que tenía un espíritu joven e impetuoso y que poseía un
amplio conocimiento de las lenguas indígenas gracias a vocabularios
que él mismo construía.
N. en Trujillo en 1511 y allí vivió
hasta 1527, año en el que pasó a Sevilla con objeto de embarcarse
para el Nuevo Mundo. Partió probablemente en la expedición de
Alvarado, pues en 1528 se encontraba en Panamá. Muy pronto se
trasladó a Perú con Pizarro, al que ayudó en sus conquistas en
las que perdió un ojo. Probablemente, llegó a reunir riquezas, ya
que tomó parte en el reparto del botín del Cuzco, pero nunca llegó
a ser rico, pues invirtió mucho dinero en el sostenimiento de sus
hombres. Intervino en numerosas campañas: con Gonzalo de Olmos fundó
la nueva ciudad de Puerto Viejo después de las rencillas habidas
entre Pacheco y Benalcázar en el antiguo emplazamiento de la misma;
también junto a Olmos acudió a romper el sitio de la ciudad de
Lima y a pacificar a los indígenas en el Cuzco. Luchó a favor de
los Pizarro contra Diego de Almagro, demostrándoles una vez más su
lealtad. Más adelante, en 1539, fundó la ciudad de Santiago de
Guayaquil después que fracasó el primer intento de Benalcázar. En
ella permaneció dos años, hasta que fue llamado por Gonzalo
Pizarro para que le acompañara a su proyectada expedición al país
de la canela.
Es difícil describir el ambiente del
Perú en esta época, desde donde continuamente salían expediciones
que volvían con tesoros o con noticias de ellos. Los hombres de
entonces vivían impregnados de un espíritu renacentista donde tenían
favorable acogida todos los mitos de la Antigüedad y otros nuevos
surgidos con los descubrimientos geográficos.
Al llegar O. a Quito para reunirse
con Pizarro, se encontró con que éste ya se había marchado sin
esperarle. Emprendió no obstante la marcha con 20 hombres por el
accidentado camino que había seguido su compañero y, después de
cruzar los Andes tras incontables penalidades, se reunió con el
resto de la expedición. Establecieron un campamento cerca del volcán
Bumaco. O. fue elegido lugarteniente de Pizarro. Parece que en
realidad se trató de una división de poderes, encargándose
Pizarro de la parte bélica, y O., dada su facilidad para entenderse
con los indígenas, de la administración interna. Desde Zumaco
salieron para encontrarse un caudaloso río, el Coca, adonde
llegaron el 26 jun. 1541. Por sus orillas buscaron un sitio a propósito
para vadearlo; así conocieron a los indios omagua, cuyo jefe les
sirvió de guía. Como la canela que habían hallado hasta entonces
en la región de Zumaco era escasa y no parecía que hubiera
riquezas por aquellos parajes, Gonzalo Pizarro decidió no volver a
Quito fracasado y propuso construir un bergantín para aligerar la
marcha en la misma dirección que llevaban y alcanzar de esta manera
el buscado mar del Norte. O. no se mostró partidario de esto y se
inclinaba más a volver a las sabanas de Pasto y Popayán e ir en
busca de Eldorado, pero acató las órdenes de Pizarro.
Por las noticias que adquirieron de
los indios, se avecinaba una región muy despoblada. La marcha con
el bergantín continuaba igual de penosa, por lo que Pizarro ordenó
que O. se adelantara con algunos hombres en el barco para ganar
tiempo y llegar antes a lugares poblados que les facilitaran
vituallas. Los hechos fueron muy distintos a como esperaban, pues la
confluencia del río Coca con el Napo ofrecía un terreno cenagoso
sin más habitantes que una gran cantidad de caimanes. La corriente
les arrastraba con gran fuerza, por lo que siguieron adelante hasta
la desembocadura del Aguarico, donde encontraron ya los primeros
habitantes. Aquí se le planteó a O. el gran dilema. La lealtad a
su jefe, le imponía la vuelta en su busca, pero las circunstancias
a lo largo del viaje determinaron la situación. Quizá empujado por
sus hombres, que consideraban imposible la vuelta contra corriente,
o quizá por propia iniciativa, O. realizó el mismo acto legalista
que antes había utilizado Hernán Cortés para hacerse con el mando:
renunció a su cargo de lugarteniente y fue nombrado jefe por sus
hombres, decidiendo continuar hacia adelante.
Pensaron construir en esta región un
nuevo barco y esperar por si llegaba Pizarro con el resto de los
expedicionarios, pero las relaciones con los indios se iban
enfriando, por lo que decidieron seguir. El P. Gaspar de Carvajal,
cronista de la expedición que acompañó a O. En todo su recorrido,
describe la navegación por el Amazonas; habla de la ferocidad de
los indios que vivían a lo largo de este río, de sus flechas
envenenadas, de su antropofagia, de su costumbre de usar como
trofeos de guerra las cabezas de sus víctimas y de la existencia de
mujeres guerreras, que según noticias de los indios eran
administradoras de un país habitado sólo por ellas. Por fin
llegaron al delta del Amazonas donde los indios más pacíficos,
acostumbrados a la visita de otros expedicionarios españoles y
portugueses, les recibieron bien. Desde la desembocadura del
Amazonas a la isla Margarita tardaron 15 días; el viaje finalizó
en septiembre de 1542. El Consejo de Indias absolvió a O. de su
posible traición a Pizarro, y en reconocimiento a sus méritos le
concedió el título de adelantado de la Nueva Andalucía y permiso
para preparar otra expedición. Salió nuevamente de España en
1546, con mala fortuna, pues de cuatro barcos que llevaba sólo se
salvó uno, en la travesía hasta América. Con él intentó
remontar el río, pero murió de fiebres al poco tiempo, en brazos
de su esposa Ana de Ayala, que le acompañó en este viaje.
E. VILA VILAR.
Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
(Indice)
Cristóbal de Olid
Acompañando a Hernán
Cortés en la
conquista de México encontramos a Cristóbal de Olid, convirtiéndose
en uno de los mejores capitanes.
Olid será quien conquiste Michoacán (1522), siendo enviado a
Honduras para impedir la ocupación de González
Dávila. Este será apresado pero Olid quiso realizar la empresa
de la conquista de Honduras por su cuenta, lo que motivó el envió
de Francisco de las Casas por parte de Cortés. El enviado también
será derrotado y hecho prisionero pero Las Casas y González Dávila
se unieron y vencieron a Olid, ajusticiándole bajo la acusación de
traidor.
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(Indice)
- Pedro Cieza de León
(1521-1554)
Pedro de Cieza participó en la tropa dirigida por Almagro
y Pizarro
que conquistaron el Perú en 1531. Todas las vivencias que tuvo el
soldado fueron recogidas en la "Crónica del Perú". La
obra está dividida en cuatro libros, estando el primero dedicado al
clima, costumbres y tradiciones indígenas; el segundo lo dedica a
las hazañas del señorío inca; en el tercero se narra la conquista,
aunque esta parte está perdida; y el cuarto quedó incompleto.
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- Alvaro
de Bazán (1526-1588)
- Este marino español,
nacido en Granada en 1526, y muerto en Lisboa en 1588, fue el
primer Marqués de Santa Cruz.
El hijo del capitán general de las galeras de España, en 1554
se había destacado al mando de la armada que combatía a los
corsarios franceses y, años después, tuvo a su cargo la
escuadra encargada de la vigilancia del estrecho de Gibraltar.
Algo más tarde, y
desde su base en Nápoles, participó en la guerra naval contra
los turcos, y fue nombrado marqués de Santa Cruz por FelipeII.
Lo cierto es que, al mando de la escuadra de reserva en la
batalla de Lepanto, desempeñó un papel crucial en la misma, lo
que propiciaría su posterior nombramiento de capitán general
de las galeras de España.
Durante la guerra
con Portugal dirigió las operaciones navales, e intervino con
éxito en las Azores, donde derrotó a la flota francesa.
Nombrado capitán general de la mar océana, Felipe II le
encomendó los preparativos para la expedición de la Armada
Invencible, aunque don Álvaro murió poco antes de que pudiera
dar por concluida su tarea.
Al menos, dejó este mundo sin haber conocido un fracaso, que
podría haber empeñado su intachable hoja de servicios.
- Construyó importantes
monumentos el Marqués de Santa Cruz, alguno de los cuales aún
perdura en Argelia. Aunque el más importante, y el que para
nosotros ostenta una mayor significación, es el Palacio del
Viso del Marqués, hoy Archivo de la Marina española.
- De don Álvaro se ha
escrito que peleó como caballero, escribió como docto, vivió
como héroe y murió como santo. Como se ha dicho, con toda razón,
que la escalera de este Palacio renacentista, sirvió como
modelo a la de El Escorial.
(http://www.apalasdunas.org/colegio/marques.htm)
(Indice)
Juan de Garay
(1528-1583)
Conquistador y colonizador español, n. en
Belandia, barrio de Orduña, provincia de Vizcaya, probablemente en
1528. También se le adjudicó como patria Villalba de Losa,
provincia de Burgos, muy próximo a Orduña, y asimismo Gordejuela,
en las Encartaciones. Se ignora el nombre de sus padres. Era sobrino
del oidor Pedro de Zárate, con el cual se dirigió al Perú, en
1543, cuando tenía 14 años de edad.
Tomo parte en la fundación de Tarija
y en la de Santa Cruz de la Sierra. Hizo un viaje a la Asunción y a
su regreso a Santa Cruz se casó con Isabel de Becerra y Mendoza.
Volvió a la Asunción con la expedición de Felipe de Cáceres en
1568. En este tiempo se sentía la urgente necesidad de contar con
un puerto en el océano Atlántico. Lo reclamaban los pobladores de
las ciudades del Alto Perú, de Chile, del Noroeste de la Argentina
y del Paraguay. El gobernador de la Asunción, Martín Suárez de
Toledo, encomendó a G. la fundación de una ciudad en el río Paraná.
G. preparó una expedición de nueve españoles y 75 criollos y
descendió hasta el fuerte de Caboto, donde se encontró con Jerónimo
Luis de Cabrera, qua acababa de fundar Córdoba. En el mismo a. de
1573, el 15 de noviembre, G. fundó la ciudad de Santa Fe. En
febrero de 1574 supo que había llegado al Río de la Plata el
tercer adelantado Juan Ortiz de Zárate, natural de Orduña. G. le
salvó de un ataque de los indios y con él subió a la Asunción,
donde murió. En su testamento Ortiz de Zárate dejó establecido
que su cargo de adelantado debía heredarlo el hombre que se casase
con su hija Juana, habida en una ñusta descendiente de los incas.
En 1576, G. hizo un viaje a Santiago del Estero, acompañó a su
gobernador Diego de Abreu en la fundación de San Clemente de la
Nueva Sevilla y, por último, se dirigió a Charcas, donde supo que
Juana Ortiz de Zárate se había casado con Juan de Torres de Vera y
Aragón. Éste lo nombró su teniente el 9 abr. 1578 y le encomendó
«poblar en el puerto de Buenos Aires una ciudad». En septiembre de
1578, G. estuvo en la Asunción, en 1579 se dedicó a batir a los
indios del Alto Paraguay y en enero de 1580 preparó la repoblación
de Buenos Aires.
Los repobladores fueron 66 personas,
entre las cuales había diez españoles y una mujer, Ana Díaz. Un
portugués, Antonio Tomás, había asistido a la primera fundación.
Viajaron por tierra y por el río. En mayo estuvieron en Santa Fe,
y, el día 29, en el Paraná de las Palmas. G. fundó «la ciudad de
la Trinidad», en «este puerto de Santa María de Buenos Aires»,
el 11 jun. 1580. El escribano Pedro de Jerez redactó el acta. A la
provincia le dio el nombre de Nueva Vizcaya. G. nombró los alcaldes
del cabildo, enarboló el rollo de la justicia, señaló los lugares
en que debían levantarse el cabildo, el fuerte, la catedral y tres
conventos y distribuyó lotes a los fundadores. También fijó el
escudo de la ciudad: un águila negra con una corona en la cabeza,
cuatro polluelos a los pies y una cruz de Calatrava en la garra
derecha. El 24 de octubre repartió otras tierras en las afueras. Más
tarde hizo una excursión a Santa Fe, volvió a Buenos Aires y
exploró la costa atlántica hasta la actual ciudad de Mar del
Plata. Regresó en enero de 1582, subió a la Asunción y bajó
nuevamente a Santa Fe. El 10 mar. 1583 acompañó en un bergantín
al gobernador de Chile, Alonso de Sotomayor. Se detuvo con sus
hombres en Sancti Spiritus, el antiguo fuerte de Caboto, y, mientras
dormía, los indios le mataron a palos.
G. fue uno de los conquistadores más
puros de la conquista. Noble en sus actos y sentimientos, activo,
pacificador admirable. No existe un documento que le ataque. Sus
contemporáneos le recordaron con admiración y afecto. Su
descendencia, hasta la actualidad, ha sido estudiada a la perfección
por el genealogista argentino Ricardo de Lafuente Machain en su obra
Los Machain (Buenos Aires 1926).
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(Indice)
Hurtado de
Mendoza, García (1535-1597)
Hijo del virrey del Perú Andrés
Hurtado de Mendoza, le acompañó al Nuevo Mundo en 1556. Un año
después sería nombrado Gobernador de Chile,
tras la muerte de Pedro
de Valdivia. Su misión será acabar con los belicosos araucanos
pero en primer lugar tuvo que hacer frente a las rencillas entre Francisco
de Aguirre y Francisco de Villagra. Los rivales fueron apresados
y García Hurtado pudo enfrentarse a los araucanos comandados por Caupolicán.
Obtuvo importantes victorias en Concepción y Lagunillas, derrotando
definitivamente a los indígenas y poniendo en marcha una intensa
labor repobladora. La caída de su padre del virreinato motivó
también su sustitución bajo la acusación de excesiva crueldad en
las campañas realizadas. Regresó a España para conseguir el perdón
de Felipe
II, pasando a ocupar diversos cargos militares y administrativos
en la península. En 1589 recibió el nombramiento de virrey del Perú
debido a su experiencia en la zona. Su principal misión sería
reforzar el estrecho de Magallanes.
El gobierno de García Hurtado de Mendoza estará caracterizado por
la fidelidad a la Corona, realizando importantes aportaciones económicas
al Estado al aumentar los impuestos y la producción de azogue, al
tiempo que prohibía el acceso al Perú por la ruta del Río de la
Plata. La relación con la Iglesia no fue del todo fluida debido al
asunto de las regalías. Interesado por los asuntos culturales, fundó
varios colegios. En 1596 cesó a petición propia de su cargo, dos años
después de haber rechazado el ataque de la escuadra inglesa. Regresó
a España, falleciendo en Madrid.
(Indice)
Jiménez
de Quesada, Gonzalo (m. 1579)
Conquistador español, en quien se da la más perfecta fusión
del guerrero y el humanista.
Biografía. N. en 1510, probablemente
en Córdoba, aunque también Granada se disputa su cuna. Hijo del
lic. Jiménez y de Isabel de Quesada, hidalgos acomodados, que viven
del ejercicio de la abogacía en Córdoba y más tarde en Granada.
Ya joven ingresa en la Univ. de Salamanca para estudiar leyes y
recibe el título de licenciado. En 1535, pasa a las Indias con el
cargo de auditor general en la expedición organizada por Pedro Fernández
de Lugo. Llega a Santa Marta. Fernández de Lugo le otorga el título
de teniente general en 1536 y le confía la misión de emprender el
descubrimiento de las cabeceras del río Grande en la cual han
fracasado los españoles llegados con Bastidas a Santa Marta. El 5
abr. 1536 sale de Santa Marta, llevando en su expedición cinco
naves, 700 infantes, 100 soldados de a caballo y tres capellanes,
fray Domingo de Las Casas, dominico sevillano de 29 años, y dos clérigos,
Antón de Lescámez y Juan de Legaspes. La expedición terrestre
sigue la dirección SE, buscando las estribaciones occidentales de
la Sierra Nevada para rehuir contacto con los indios chimilas y
pasar los ríos por la parte más alta. En un mes alcanza el valle
de Uparj o cauce del río Zazare. El 6 de abril parte la expedición
fluvial y llega a Malambo. El 28 de julio alcanza a Talalameque y se
cuentan 80 leguas desde Santa Marta. Allí se reorganizan las
fuerzas de la expedición y esperan la flota. El 26 de agosto se reúnen
las dos expediciones en Sompallón.
En esta época, sus hombres, enfermos,
hambrientos y diezmados, quieren regresar a Santa Marta. J. de Q.
logra infundirles ánimo para proseguir la jornada. El 28 de octubre
llegan a la Tora, a 150 leguas de Santa Marta. Llevan seis meses de
viaje. Han perecido más de las dos terceras partes. Sólo son 200.
Viendo síntomas de desaliento entre ellos, J. de Q. les arenga con
el fin de levantar los ánimos. Noviembre y diciembre se pasan en
preparaciones para continuar el ascenso en la Tora, donde se
encuentran de nuevo las expediciones fluvial y terrestre. La
flotilla debe esperar allí ocho meses, pasados los cuales, si no
tiene noticias de la expedición, podrá regresar a Santa Marta. El
lic. Gallegos, encargado de la flotilla, no obedece la orden. Se
marcha un mes después con la expedición fluvial, río abajo, llevándose
al capellán Juan de Legaspes. En una escala los indios le asaltan,
le matan muchos hombres, hieren a otros, y él mismo recibe una
flecha en el ojo. Llega a Santa Marta con sólo 20 hombres enfermos.
El 17 de enero J. de Q. alcanza la
tierra de Atún. Pasa el río Opón y trasmonta la cordillera, tras
la cual encuentra un valle cultivado y poblado por muchos indios. Se
descubre el valle y principio de la sierra de Opón. Allí apresan
al cacique Opón y siguen con él hasta descubrir otro valle con un
pueblo que bautizan con el nombre de la Grita, por la mucha que
alzaron los indios en son de guerra. Oro, esmeraldas, sal, venados,
conejos, curíes, sementeras de patatas (las primeras que
encontraron en este reino), maíz, yucas y frutas varias les
reconforta el ánimo y les llena los estómagos. Escuchan un idioma
diferente. El 2 de marzo, J. de Q. hace el elogio de las maravillas
que ofrecen las hermosas y extensas tierras de Chipatá, asiento del
cacique del mismo nombre. El 4 mar. de 1537 el P. Las Casas celebra
allí la primera Misa que se dijo en este reino. Se pasa lista y
responden 166 hombres. Hay 69 caballos. Se reanuda la marcha por los
actuales sitios de Vélez y Barbosa hasta llegar a Lenguazaque el 13
de marzo. J. de Q. prohíbe bajo pena de muerte quitar a los indios
sus haberes a la fuerza.
El 20 de abril llega a Muequetá o
corte del zipa en Bacatá (o Funza). Emprende ahora formalmente la
conquista del reino chibcha, que culmina en 1538 con la fundación
del que llamó Nuevo Reino de Granada y de las ciudades de Santa Fe
(hoy Bogotá), Tunja y Vélez. En 1539, en compañía de los
conquistadores Sebastián de Belalcázar (v.) y Nicolás de
Federmann, que venían en pos del mismo territorio conquistado por
él, vuelve a España a dar cuenta al rey de lo descubierto. Regresa
en 1551 con los títulos de mariscal y regidor de la ciudad de Santa
Fe. En 1568, consiguió del rey el título de adelantado con renta
anual de la real caja y encomienda de indios. M. en la ciudad de
Mariquita (Colombia) en 1579. Sus restos reposan en la catedral de
Bogotá.
Actuación en la conquista del Nuevo
Reino de Granada. A pesar de ser J. de Q. un conquistador, es
oportuno subrayar que todos sus actos respondieron a principios
humanísticos. En la arenga que dirigió a Sacrezazipa, jefe indígena,
expresa el fin que le llevó a la conquista del Nuevo Reino de
Granada: «Porque has de saber que el Papa, monarca soberano que por
el poder de Dios tiene suprema autoridad sobre todos los hombres y
reinos de la tierra, tuvo por bien darle al rey de España este
nuevo mundo, para que en él sucediesen sus herederos, con fin de
que las gentes bárbaras que lo habitan y tan ciegas viven en sus
idolatrías fuesen instruidas y adoctrinadas en nuestra santa fe católica,
reconociendo sólo un Dios autor de todo lo criado, de cuyo poder
depende el premio y castigo eterno; y así por cumplir las órdenes
de nuestro rey, que son en conformidad de la voluntad del Papa,
hemos venido descubriendo varias provincias, ofreciendo toda amistad
a sus moradores, aunque los efectos han sido muy diferentes con
aquellos que no han querido admitir la paz».
De esta supuesta misión que se
atribuye J. de Q. se desprende la actitud que solía tener con los
indios y que bien pone de manifiesto fray Pedro Simón a propósito
de los tratos de paz que tuvo el conquistador con el cacique de
Bogotá: «con todo eso, viendo aquella humildad con que venía
pidiendo paz, trayendo en señal de ella aquellos presentes, se les
había aplacado la cólera y quitado el enojo y que se quitaría más
del todo, y quedarían en perpetua amistad, sin acordarse de lo
pasado, si el Bogotá dejaba aparte su demasiada arrogancia, le venía
a visitar para dar ambos juntos orden al asiento de las paces y
firme amistad, y que le daría a entender muchas cosas que tenía
que tratar, así tocante a las cosas de su alma y las de sus
vasallos, como de las que tocaban al conocimiento del rey y señor
por quien él era enviado». El juicio más destacado sobre la acción
de J. de Q. en la conquista probablemente sea el del P. Aguado: «Algunos
capitanes ha habido como fue el general Jiménez de Quesada,
descubridor de este reino, y otros muchos sin él, que en sus
primeras entradas han sido tan moderados que jamás han hecho ni
consentido hacer demasías a los indios, mirando y considerando su
ignorancia y las justas causas que para no sujetarse luego a los
principios han tenido y tienen».
Su ideología sobre la unidad
cultural en el Nuevo Reino. Jiménez de Q. quiso que la raza indígena
lograra afirmarse a través de las elevadas formas de la civilización
trasplantada por él al territorio que había descubierto y
conquistado contra cualquiera otra raza europea que pretendiera
ganar al indio para una civilización diferente y ajena a la hispánica.
Nada de extraño tiene que esta idea fuera concebida por un hombre
de tan arraigado patriotismo, después de haberse entrevistado con
Federmann y Belalcázar, que buscaban el mismo territorio
conquistado por él. En aquel momento que simboliza en la historia
colombiana la unidad de religión, de lengua y, por consiguiente, de
ideales, descuella la grandeza religiosa y patriótica de este
conquistador, que reclama con elevadas razones sus derechos a
plantar en el área geográfica por él conquistada y en el espíritu
de sus habitantes las elevadas formas de vida civilizada del Imperio
de Carlos V.
Su concepto de justicia y su política
cristiana en el Nuevo Reino. En todo momento el soplo del humanismo
alienta los discursos que dirige el conquistador y letrado a sus
capitanes y soldados. «En el trato con los naturales -advierte a
sus tropas- importa que nos reconozcan como hombres, no desmintamos
con las obras lo racional de los propósitos; no faltemos a lo
pactado y nos haremos superiores guardando palabra». Con esta
trascendental y primera lección persigue el fundador de Bogotá que
los indígenas se acostumbraran a ver en los españoles la dignidad
de hombres y la superioridad de civilizados y de ellos aprendieran
los principios de Derecho natural que ordena la fidelidad a los
pactos. A su vez, los españoles deberían tener el concepto exacto
de los aborígenes que representaban la base de toda una civilización,
las energías potenciales para recibir la forma de nación y los
sujetos aptos para edificar una sociedad.
«Todas estas cosas -son palabras de
J. de Q.- no ha de ser la violencia lo que las ha de conseguir, pues
ésta antes suele destruir lo negociado, sino la confianza en Dios y
la mano blanda, pues así los tendremos en todas las voluntades de
todos los que encontremos, porque al fin son hombres como nosotros...
y todo hombre tiene natural inclinación a ser amigo de quien le
trata con amistad... y así de estos indios no hemos de tomar más
de lo que nos quisieran dar... porque al fin todo cuanto vamos
pisando es suyo por Derecho natural y divino y el dejarnos entrar es
gracia que nos hacen y de justicia no nos deben nada». Obsérvese
que su lenguaje se encuentra en consonancia con todos sus actos, los
cuales siempre estuvieron subordinados a los conceptos de justicia
natural y política cristiana.
Su biblioteca. Poseyó una abundante
y bien seleccionada biblioteca que, según el testimonio de los
cronistas, debió de pasar a poder de los dominicos en Santa Fe.
Varios autores han hecho resaltar este aspecto como sintomático de
lo que iba a ser el movimiento cultural en el Nuevo Reino de
Granada.
Obras. Rafael Torres Quintero en su
bibliografía de J. de Q. hizo una «enumeración completa (de las
obras) publicadas y de las perdidas, aunque de estas últimas no se
sepa siquiera si fueron concluidas». Estas obras, según la
clasificación y anotación de Torres Quintero, son:
1539, Epítome de la Conquista del
Nuevo Reino de Granada. Su primer editor (Marco Jiménez de la
Espada) afirma: «Se guarda entre los papeles de nuestro Archivo
Histórico. Procede de los llamados del Arca de Santa Cruz que
pasaron, por muerte de este insigne cosmógrafo de Indias, a formar
parte del rico depósito de documentos del expresado Consejo en
octubre de 1572».
1539-47, Gran Cuaderno (perdido). Con
este título han denominado los historiadores el desaparecido libro
de apuntes originales de J. de Q. que el cronista Fernández de
Oviedo afirmó haber tenido en sus manos.
1549, Indicaciones para el buen
gobierno, en «Bol. de Historia y Antigüedades» 162, XIV (1922-23)
345-361.
1560-67, Anales del Emperador Carlos
V. Las referencias del propio J. de Q. a esta obra suya, quizá no
concluida, se repiten con gran frecuencia a través de todo El
Antijovio.
1567, El Antijovio, publicado por
primera vez por el Inst. Caro y Cuervo en 1952.
1567, Las diferencias de la guerra de
los dos mundos (perdida).
1568, Ratos de Suesca. El P. Simón
en sus Noticias historiales, Pról. al lector, PIX, dice que J. de
Q. «escribió su descubrimiento y cosas de él en unos tomos que
intituló Ratos de Suesca». Fundados en estos datos, casi todos los
historiadores mencionan la obra de J. de Q., de cuyo paradero no se
tiene noticia.
1572-75, Compendio historial. Son
numerosos los testimonios de cronistas e historiadores acerca de ésta
que parece haber sido la obra fundamental de J. de Q. sobre la
conquista y que también desapareció. Valga por todas la noticia
que dio el obispo Lucas Fernández de Piedrahita en el Prólogo de
su Historia general del Nuevo Reino de Granada: «Me encontré en
una de las librerías de la Corte con el Compendio historial de las
conquistas del Nuevo Reino de Granada, que hizo, escribió y remitió
a España el adelantado Gonzalo Jiménez de Quesada; pero con tan
mala estrella que por más de ochenta años había pasado por los
ultrajes de manuscritos entre el concurso de muchos libros impresos».
1576, Memoria de los descubridores y
conquistadores que entraron conmigo a descubrir y conquistar este
Nuevo Reyno de Granada, en Compendio histórico del descubrimiento y
colonización de la Nueva Granada en Siglo decimosexto, por el
coronel Joaquín Acosta, París 1848, apéndice, documento 2,
398-404. Sermones sobre Nuestra Señora para ser predicados los sábados
de Cuaresma. El testimonio explícito sobre estos escritos del
adelantado nos viene dado por el P. Simón en sus Noticias
historiales, II, Bogotá 1891, 226. Dice el cronista que J. de Q.
dejó en su testamento un legado cuya renta cobrarían el deán y
cabildo de Santa Fe. Un cuaderno. Las referencias sobre este libro
de apuntes, también desaparecido y de muy dudosa cronología, se
encuentra en Juan de Castellanos y el P. Simón. Una traducción.
Por las palabras de J. de Q. en el Antijovio se sabe ahora de esta
desconocida obra.
F. CARO MOLINA.
Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
(Indice)
Francisco de
Alfaro (s. XVI-XVII).
Funcionario colonial español. Hombre de leyes, fue destinado a América,
donde desempeñó los cargos de fiscal de las audiencias de Charcas
y de Panamá, oidor de la de Lima, y visitador general de las
provincias del Río de la Plata, Tucumán y Paraguay. su visita
(1610-1612) fue la ocasión de que redactara sus conocidas
Ordenanzas, también llamadas Código de Alfaro. En ellas señalaba
los abusos que se cometían con los indios y proponía una serie de
remedios a los mismos. Presidente de la Real Academia de Charcas en
1632, regresó a España luego y ocupó el cargo de miembro del
Consejo de Indias.
(Indice)
Diego de
Almagro, el Mozo (1520-1542).
Hijo de Diego de Almagro y de una india de Panamá. A la muerte de
su padre, fue reconocido como jefe de los almagristas para continuar
la lucha contra los pizarristas. En 1541 fue proclamado general del
Perú, después del asesinato de Pizarro. Pero Carlos V no aceptó
esta proclamación y nombró gobernador del Perú a Vaca de Castro,
quien derrotó a los almagristas en el llano de Chupas (1542). Cayó
prisionero y fue ejecutado.
(Indice)
Juan de Betanzos
(1510-1576)
Entre los compañeros de Pizarro
y Almagro
en la
conquista del Perú estaba Juan de Betanzos, convirtiéndose en
uno de los primeros colonos de Piura. Se casó con Angelina -hermana
de Atahualpa-
y aprendió el quechua, convirtiéndose en el intérprete de
Pizarro. De esta forma contactó con un amplio número de nobles indígenas.
En un primer momento apoyó a Gonzalo
Pizarro en el asunto de las "Leyes Nuevas" pero
posteriormente se convirtió en firme defensor de La
Gasca. Esta postura le valió la entrega de una encomienda. El
conocimiento de la lengua quechua le sirvió de nuevo al hacer de
interprete con motivo de la rebelión de los incas de Vilacamba.
Quizá sea su crónica denominada "Suma y narración de los
incas" una de las más interesantes de la historia de la antigüedad
prehispánica. Murió en Cuzco en 1576.
(www.artehistoria.com)
(Indice)
Pedro
Sarmiento de Gamboa (1532-1592)
Diversos territorios de México y Guatemala fueron recorridos por
Pedro Sarmiento antes de su llegada al Perú en 1557. En 1569 el
virrey Toledo
le ordenó que escribiese un compendio de las costumbres, la vida
cotidiana y la organización política del Imperio
Inca, realizando la "Historia Indica". Su relato,
escrito de manera precisa y descriptiva, servirá de complemento a
las crónicas de otros autores como Pachacuti
o Cieza.
Los amplios conocimientos de astrología que Sarmiento demostró le
ocasionaron problemas con la Inquisición.
(www.artehistoria.com)
(Indice)
Fernández
de Quirós, Pedro. (1560-1615)
Navegante y conquistador español del s. xvii. N. en Évora
(Portugal) en 1565, pero como Portugal está unida a la sazón a
Castilla, es vasallo y súbdito de Castilla. Muy joven marcha a
Lisboa donde estudia náutica. Obtiene el empleo de sobrecargo en un
buque y un día llega a poseer el título de piloto mayor. De
Portugal se dirige a España y de aquí al Perú, donde goza de la
estimación del virrey marqués de Cañete. En 1595 se enrola como
piloto y capitán en la expedición de Álvaro de Mendaña (v.) para
poblar y colonizar las islas Salomón. Un error de cálculo les
conduce a otras islas en lugar de las Salomón. Son esas islas
abandonadas la espoleta que mueve al infatigable F. de O., quien,
como tantos otros navegantes de los s. xvi11 al XIX, queda ya para
siempre embrujado por el Pacífico, cuyas aguas y mares le atraen
como un imán toda la vida y le inspiran bellas páginas.
El 11 dic. 1596 arriban a Acapulco
los restos de la expedición de Mendaña. F. de O., que había
mandado la nave, se dirige al Perú y llega a Paita el 3 mayo 1597.
Desde este puerto escribe al virrey Luis de Velasco ofreciéndose a
ir con un navío a descubrir nuevas tierras. Velasco le aconseja que
se entreviste con el rey, por lo que se embarca para España el 17
abr. 1598, y llega en febrero de 1600 a Sevilla, desde donde se
dirige a Roma para ganar el jubileo. Allí, ayudado por el duque de
Sesa, visita al papa Clemente VIII, quien promete ayudarle cerca del
rey de España. Llega a esta nación en 1602 y entrega su primer
memorial al rey el 17 de junio. Los proyectos, pruebas y razones que
expone en la Corte ante el rey, los matemáticos y geógrafos, de la
existencia de un gran pedazo de tierra firme al S del estrecho de
Magallanes, son tan convincentes, que el rey ordena en una primera cédula
que vaya F. de Q. al Perú, donde deben darle todo lo necesario para
la empresa. Con varias cédulas reales embarca en Cádiz en la flota
del marqués de Montes Claros que iba de virrey de Nueva España.
Después de muchos trabajos llega a Lima en marzo de 1605.
La primera dificultad que encuentra
en Perú es Fernando de Castro, marido de Isabel Barreto, que
asegura que le pertenecen las islas por haberlas descubierto Mendaña
(v.). Logra convencerle, y apresta tres naves: la capitana que llamó
San Pedro y San Pablo; la almiranta, que llamó San Pedro, y la
tercera, inás pequeña, que llamó Tres Reyes. El capitán de la
expedición es F. de O. El objetivo, explorar la tierra austral, las
regiones desconocidas del mar del Sur y la isla Santa Cruz, donde
murió Mendaña. La expedición sale del Callao el 21 dic. 1605, a
las 4 de la tarde. A 800 leguas de Lima encuentran la primera isla
que llama Luna Puesta; a ésta siguen otras: San Juan Bautista, San
Telmo, Las Cuatro Coronelas y San Miguel, pero no desembarcan en
ninguna de ellas por falta de fondeadores y puertos.
El 10 de febrero encuentran la
primera isla poblada, y al día siguiente ven otras dos, que no
visitan pero que bautizan: Decena-Sagitaria y Fugitiva (todas del
archipiélago de Tuamotú). Buscando agua hallan la isla de San
Bernardo (Carolina), despoblada y sin agua, y ante el disgusto de la
gente deciden buscar la isla de Santa Cruz que no encuentran, aunque
en compensación dan con otra también habitada que denominan
Peregrina. El 25 mar. 1606 la gente de la capitana se alborota
excitada por el piloto mayor. El capitán lo destituye y pone en su
lugar a Pedro de Leza. Continúan el viaje y llegan a la isla N. S.
del Socorro y al archipiélago de las Nuevas Hébridas, en una de
cuyas islas, la de Espíritu Santo, F. de Q. toma posesión de todas
las tierras del Sur hasta el Polo. Y aquí termina su viaje, porque
se vuelve a México. Según él, porque le acomete una tormenta; según
Váez de Torres y Diego Prado de Tovar, porque abandona la empresa
intencionadamente.
Tanto en México como en España es
mal recibido. Nadie le hace caso, y se pasa siete años escribiendo
memoriales para que le ayuden en una nueva empresa por el Pacífico.
Se le entretiene con buenas palabras e incluso se envían en 1613
instrucciones al virrey del Perú, Francisco de Borja, para que le
avude. Pero tras ésta sale una segunda instrucción que ordena no
se haga caso a la primera. F. de Q. embarca para América, pero m.
en Panamá cn 1614.
La expedición abandonada por F. de
O. La continúa Váez de Torres (v.), que, tras esperarle 15 días,
decide marchar a Manila pasando por el mar del Coral, el estrecho de
Torres que separa Australia y Nueva Guinea, el mar de las Molucas y,
por último, el puerto de Cavite en Manila. El interés geográfico
del viaje radica en la torna de posesión de las Nuevas Hébridas y
el pasar navegando tan cerca de Australia, tierra cuyas costas tal
vez divisan.
F. MORALES PADRÓN.
Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
(Indice)
Antonio de Oquendo (1577-1640)
Almirante guipuzcoano. Combatió contra franceses y holandeses con pericia
y valor. Y, por lo general, con fortuna, salvo en su última acción:
la batalla de las Dunas, en la que fue completamente derrotado por la escuadra holandesa de Martin Tromp. Esta batalla (17- 18
de agosto y 21 de octubre de 1639) se produjo durante la lucha de España contra las Provincias Unidas (Holanda ), aliadas con
Francia por la posesión de Flandes. La escuadra de Oquendo,
derrotada en el primer encuentro, buscó refugio en el puerto
inglés de las Dunas. Allí entró en busca de Tromp, pero los
ingleses, neutrales se interpusieron. Entonces las naves españolas
se hicieron a la mar y se libró el combate, favorable a los
holandeses. Se perdió el navío «Santa Teresa », que montaba
ochenta cañones, entre otros; la nave capitana, mandada por
Oquendo rechazó los ataques de los buques holandeses y pudo
refugiarse en Mardick. La operación tenía por objeto
desembarcar refuerzos en esta plaza, lo que se hizo.
(Indice)
Cristóbal
de Altamirano (m. 1630).
Conquistador español. Fue al Río de la Plata en la expediciónde
Ortiz de Zárate (1572), y participó en la exploración de las
tierras de la gobernación de Asunción del Paraguay.
(Indice)
Juan, Jorge (1713-1773)
Entre 1735 y 1744 es comisionado por el gobierno español para
participar, junto a Antonio
de Ulloa, en el viaje de La
Condamine a Perú
para efectuar la medición del grado del meridiano terrestre. Las
experiencias y resultado del viaje son publicados por ambos a su
vuelta a Madrid, en la "Relación histórica del viaje a la América
Meridional", las "Observaciones astronómicas y físicas",
en las que se hizo cargo de la parte matemática, y las "Noticias
secretas de América", ensayo realizado por encargo del marqués
de la Ensenada y en el que se criticaban los abusos y desmanes
cometidos por la administración española en América contra los
indígenas. Prohibido, el libro no fue publicado hasta 1826 en
Londres, por David Barny. Interesado en la ingeniería naval, se
desplazó a Londres para conocer las técnicas constructivas y
proyectó y dirigió los arsenales de Cartagena y Ferrol. Recibió
el cargo de capitán de la Compañía de Guardiamarinas en 1751,
estableciéndose en Cádiz. En esta ciudad fundó el Observatorio
astronómico y la Asamblea Amistosa Literaria, sociedad de discusión
sobre temas de física, geografía, etc. En 1767 fue durante seis
meses embajador extraordinario en Marruecos, encargándosele en 1770
la dirección del real Seminario de Nobles. Para esta institución
realizó una reforma del plan de estudios y redactó su "Examen
marítimo teórico-práctico", utilizado como manual.
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(Indice)
Juan Bautista de
Anza (1734-1788)
Junto al padre
Garcés, el capitán Juan Bautista Anza abrió una nueva ruta
terrestre desde Tubac (Arizona) -donde era capitán del presidio-
hacia las misiones californianas, atravesando los ríos Gila y
Colorado. En 1775 regresó a la nueva zona explorada en compañía
de 250 colonos, alcanzando Monterrey de California al año siguiente
y fundando el núcleo germinal de la posterior San Francisco. Sus
hazañas fueron recompensadas con el ascenso a teniente coronel y el
nombramiento de gobernador de Nuevo México. Su afán explorador no
se paró aquí y en 1780 organizó otra expedición con la que
encontrar una nueva vía que llegara hasta la mexicana Sonora. La
sumisión de los indios moquis y la paz con los navajos serán
algunos de sus logros en la gobernación. La rebelión de los yumas
en 1781 acabó con la muerte de los colonos establecidos en las
regiones exploradas, el propio padre Garcés y la pérdida de los
territorios ganados.
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Bodega y Quadra, Juan
Francisco (1743-1794)
Marino y cartógrafo hispanoamericano. N. en Lima en 1744.
Pasados los primeros años de su juventud, ingresó en la marina
española, en la que obtuvo los grados de teniente y capitán de navío.
Llegó a ser comandante del apostadero de San BIas en California y
Caballero de la Orden de Santiago. De fuerte carácter y espíritu
indomable, fue uno de los descubridores de las inhóspitas costas de
Alaska. En sus viajes realizó varios descubrimientos de puertos,
ensenadas, etc., quedando constancia de ello en una bahía bautizada
con su nombre y en una isla del Pacífico, descubierta en unión de
Vancouver y que lleva el nombre de ambos.
De los viajes que realizó, dos de
ellos efectuados al N de California, tienen gran importancia por la
latitud que alcanzaron y la serie de datos etnográficos y geográficos
que aportaron. Estos viajes, de los que se conservan en el Archivo
General de Indias copias de los diarios de navegación, forman parte
por su cronología y su carácter científico de la serie de
navegaciones emprendidas con este fin en el s. XVIII. En el primero
de estos viajes, planeado por el virrey de México Bucarelli, con
objeto de tener un conocimiento más exacto de la costa NO de
California, participaron tres embarcaciones: la fragata Santiago
mandada por B. de Haceta, la goleta Felicidad o Sonora mandada por
B. y C. y el paquebote s. Carlos al mando de Juan M. de Ayala. De
ellas, sólo la goleta mandada por B. y C. llegó a alcanzar los 58°
de latitud N, con una tripulación de 14 hombres y un piloto: El
segundo de estos viajes se preparó con otros fines: el
reconocimiento de los establecimientos rusos en Alaska, sobre los
cuales habían llegado noticias alarmantes a la corte española. Se
llevó a cabo en 1779 y en él intervinieron dos embarcaciones: la
fragata Princesa, mandada por I. de Arteaga y la Favorita,
capitaneada por B. y C. Llegaron a alcanzar los 61° de latitud N y
se reconoció palmo a palmo toda la costa.
B. y C. fue un gran etnólogo y
naturalista. Sus diarios son documentos inapreciables para estudiar
las costumbres de los naturales de la costa norteamericana. La serie
de cartas geográficas que trazó y que se encuentran en el Archivo
General de Indias de Sevilla y en el Mus. Naval de Madrid le dan
categoría de gran cartógrafo. Sus escritos más importantes son
diarios y relaciones de viajes. De sus trabajos cartográficos
merecen destacarse: un plano del puerto de los Remedios; un plano
del puerto de Eucarelli; un plano del puerto del Capitán Bodega y
una carta reducida de las costas y mares septentrionales de
California, así como numerosas cartas geográficas sobre lugares de
la costa de California y Alaska que se conservan en el Mus. Naval de
Madrid. En 1780 una real orden suprimió los viajes de altura a
California y B. y C. fue trasladado al departamento de La Habana. M.
en Tepic en 1794, prematuramente envejecido a causa de las
penalidades sufridas en sus viajes.
E. VILA VILAR.
Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
(Indice)
Félix de Azara
(1746-1821)
- Félix
de Azara nació en Barbuñales
(Huesca) en
1742, fue el sexto hijo de una acomodada familia. Su padre,
Alejandro de Azara y Loscertales, era señor de Barbuñales y de
Lizara y Barón de Pertusa. La influencia de su familia se
aprecia en los puestos destacados a los que llegaron sus
hermanos: Eustaquio, obispo de Barcelona; José Nicolás fue uno
de los ilustrados españoles más destacados y desempeñó
importantes misiones diplomáticas al servicio de Carlos III y
Carlos IV; Mateo llegó a ser auditor de la Audiencia de
Barcelona y Lorenzo profesor de la Universidad de Huesca y Deán
de su Cabildo Catedralicio.
La vida de Félix de Azara fue la propia de un ilustrado:
curioso, observador, deseoso de conocer y mejorar el mundo que
le rodeaba para bien de su pueblo.
Comenzó
sus estudios en la Universidad de Huesca donde permaneció
cuatro años, terminados los cuales decidió no seguir estudios
en la Universidad Sertoriana y eligió la carrera de las armas.
A este respecto, se ha de hacer notar que los ilustrados no
recibieron su formación científica en las Universidades españolas
de mediados del siglo XVIII, ya que éstas estaban ancladas en
el más cerrado aristotelismo y en sus aulas no se impartían ni
ciencia moderna, ni matemáticas, ni ninguna de las llamadas
ciencias útiles. La ciencia moderna y las matemáticas, que
tanto interesaban a los ilustrados, se estudiaban en los
Seminarios de Nobles o en las Academias Militares. En 1761 se
trasladó a Barcelona donde se formó en matemáticas en la
escuela que había enseñado el famoso Ingeniero Militar Pedro
Lucuce. En 1767 era subteniente de Infantería e Ingeniero
delineador de los ejércitos nacionales, plazas y fronteras.
Durante los siete años siguientes se dedicó a tareas que,
actualmente, no asociamos con las ocupaciones habituales de la
milicia. Trabajó en las correcciones hidrográficas de los ríos
Oñar, Tajuña, Henares y Jarama; se ocupó de reconstruir las
fortificaciones de Mallorca. Tanto celo demostró en todos sus
cometidos que fue nombrado Maestro de Estudios de Ingenieros de
Barcelona. De esta época datan los trabajos que realizó en las
obras de fortificación de Figueras y una estatua, que todavía
se puede contemplar hoy en el Parque de la Ciudadela de
Barcelona.
En 1775 España entró en guerra con Argelia y la doble
vertiente de su formación, como ingeniero y como militar de
armas, lo llevó a ese escenario de lucha donde resultó herido
de gravedad. Trasladado a la península en un barco de su
protector, el Conde de Fuentes, tuvo una larga convalecencia
debida a la infección de la herida que le provocaba fiebre
continua y no cicatrizaba. En el proceso de curación se le
extirpó parcialmente una costilla y la convalecencia duró
cinco años.
Hay un dato curioso, y es que, entre los achaques que padeció
en el largo proceso de curación de la herida de guerra, sufrió
unas tremendas molestias de estómago que le aparecían después
de las comidas, hasta que un médico le dijo que no probara el
pan - santo remedio. Dejó de comer pan, le desaparecieron las
malas digestiones y se fue entrenando para la dieta de carne
asada a la que iba a estar sometido durante los casi veinte años
de su aventura sudamericana.
El motivo político por el que Félix de Azara llegó a ser el
naturalista español más afamado de su tiempo, y que,
seguramente, de no haberse planteado, ni siquiera hubiera ido a
América, fue el de cumplir las exigencias del Tratado de
Tordesillas.
Según el Tratado de Tordesillas de 1494, una comisión mixta
hispano-portuguesa debería determinar un meridiano tal que al
Este del mismo las tierras fueran portuguesas y al Oeste españolas.
El meridiano no se delimitó nunca porque a los portugueses les
interesaba tener las fronteras imprecisas para poder avanzar
hacia el Oeste en busca de piedras preciosas y en busca de
esclavos. El avance portugués se vio favorecido por el tipo de
conquista que realizaban los españoles, recorredores de grandes
distancias en busca de gloria, hazañas o tierras de promisión,
como sucedió con El dorado.
Las
fundaciones de poblaciones españolas eran efímeras y las que
superaron el paso del tiempo no siempre estaban habitadas por
gentes equipadas e instruidas. Sin embargo, Portugal a lo largo
de sus avances hacía asentamientos de bandeirantes,
pobladores de múltiples nacionalidades y mercenarios, que acudían
a Brasil con sus familias en busca de metales preciosos y también
de tierras donde asentarse. Eran pobladores dotados de buenos
instrumentos de cultivo y de conocimientos técnicos. Los bandeirantes
se introducían progresivamente en el despoblado y desprotegido
territorio español para hacer contrabando y mantener una
indeterminación de fronteras favorable a Portugal. Si a la
situación se le añade que los jesuitas habían fundado sus
misiones en la zona fronteriza en litigio se completan las
causas del retraso secular de la fijación de las fronteras
americanas entre España y Portugal.
En 1750 se hizo un nuevo tratado en el que se reconocía buena
parte de la situación de hecho creada en siglo y medio por
Portugal y los jesuitas. En este nuevo Tratado España salía
perjudicada con respecto a lo dispuesto en el Tratado de
Tordesillas.
Las razones fundamentales que motivaron el hecho de que Félix
de Azara fuera trasladado a América por orden del rey fueron:
evitar que España viera aún más mermadas, en otro posible
Tratado, sus posesiones ultramarinas; la sublevación de indios
cristianos; la elaboración de fiables catastros de poblaciones
de origen europeo y la determinación de la autoridad sobre
ciudades que aparecían en la franja fronteriza.
- Recuperado
de la herida argelina, Félix de Azara se incorporó a la
guarnición de San Sebastián, en 1780, con el grado de Teniente
Coronel. En 1781 recibió orden de presentarse al embajador de
España en Lisboa. De allí partió con sus compañeros para
ponerse a las órdenes del virrey de Buenos Aires, el 12 de
Marzo llegaron a Río de Janeiro y el 13 de Mayo a Montevideo.
En
su Geografía física y esférica, que permaneció
manuscrita hasta 1907, se reflejan las sensaciones de un hombre
que, en 1790, había comprendido que la comisión de portugueses
para delimitar fronteras no llegaría, y que tenía que
enfrentarse con la necesidad de ocupar el tiempo de espera
forzada en algo útil, tal y como correspondía a un ilustrado
convencido. En su Geografía se manifiesta en ese
sentido:
Llegué a Asunción, capital de Paraguay, donde supe que no había
portugueses ni noticias de ellos, por cuyo motivo no quise
afrontar cosa alguna ni hacer el menor costo, porque además yo
sospechaba con bastante fundamento que dichos portugueses tardarían
en llegar, y aunque en consecuencia mi demora en Paraguay sería
dilatada no se me había dado instrucción para este caso y me
vi precisado a meditar sobre la elección de algún objeto que
ocupase mi detención con utilidad. desde luego vi que lo que
convenía a mi profesión y circunstancias era acopiar elementos
para hacer una buena carta sin omitir lo que pudiese ilustrar la
geografía física, la historia natural de las aves y los cuadrúpedos
y finalmente lo que pudiera conducir al perfecto conocimiento
del país y sus habitantes.
Como su misión oficial era esperar a los portugueses, muchos de
los viajes que realizó para conocer el país los hizo a
escondidas y a sus propias expensas. Muchas veces pedía permiso
al virrey para viajar él y sus acompañantes con excusas. En
esos viajes escondía los aparatos de medida para no levantar
sospechas. Cada día a mediodía observaba la latitud por el sol
y durante la noche la determinaba por las estrellas. Jamás viajó
sin un aparato de reflexión de Halley y un horizonte
artificial. En los viajes llevaba baratijas y alcohol para
atraerse a los indios, un escaso equipaje y una escasa
intendencia, por lo que, en sus largas expediciones, tenía que
someterse a dietas de carne asada. Completaba los datos
obtenidos en las expediciones con datos de archivo, pero estaban
como los archivos estaban muy desordenados conseguía poca
información.
Azara tenía formación como ingeniero militar y estaba versado
en matemáticas y ciencia moderna, pero no tenía una preparación
adecuada como naturalista. No obstante, tenía firmemente
adquirido el método científico por su educación y por su
ejercicio profesional. Su espíritu científico le llevó
elaborar una obra sólida, admirada en toda Europa por su rigor
observacional, por sus métodos de clasificación y por sus teorías.
La obra naturalista de Azara quedó recogida en tres libros
fundamentales: Viajes por la América Meridional,
editados en París, y en francés, en 1809; Apuntamientos
para la Historia Natural de los páxaros del Paraguay y del Río
de la Plata, ultimado en 1796 y publicado en 1802; Apuntamientos
para la Historia Natural de los cuadrúpedos del Paraguay y del
Río de la Plata, que completó al final de sus estancia
americana.
El método de Félix de Azara como naturalista le llevó a
corregir afirmaciones erróneas emitidas por Buffon en su Historia
Natural y a ser considerado por algunos autores como
precursor de las teorías hereditarias del siglo XIX y de las
evolucionistas de Darwin. Debe hacerse notar que la obra dio a
los naturalistas de su tiempo y a los posteriores un material
observacional útil y abundante junto a unos temas sobre los que
investigar y reflexionar.
Félix de Azara observaba a los animales en su medio natural,
los medía, estudiaba sus colores, las diferencias entre machos
y hembras, realizaba un dibujo y proseguía con la clasificación
por familias. Azara era consciente de que no conocía los métodos
de clasificación de Linneo ni los nombres dados a los animales
por Buffon, máximo naturalista del siglo. Por eso vio la
necesidad de estudiar la obra de Buffon, que, con todo apremio,
pidió a España. En 1796, en su viaje a Buenos Aires, recibió
la obra de Buffon, pero él ya tenía solucionado el problema de
clasificación de los pájaros y terminada la obra Apuntamientos
para la Historia Natural de los páxaros del Paraguay y del Río
de la Plata. La obra de Buffon le sirvió para recoger
datos de los cuadrúpedos del Paraguay y del Río de la Plata
según la taxonomía Buffoniana.
Al recibir la obra del sabio francés, Azara constató que
Buffon no conocía muchas especies americanas o que las había
visto deterioradas por el traslado o por la mala conservación.
Además, el naturalista español aportaba ricas observaciones
sobre el medio natural en que se desenvolvían los animales y
sustanciosas reflexiones sobre vida y comportamiento de las
diferentes especies.
Azara aportó a la comunidad científica, además de un material
observacional científicamente clasificado, una serie de
opiniones que lo enfrentaron a las tesis comúnmente aceptadas.
Así, para explicar la aparición de especies idénticas en
diferentes continentes, no aceptaba la hipótesis de las grandes
emigraciones, en cambio mantenía la teoría creacionista,
aunque modificada con las hipótesis de creaciones simultáneas
y creaciones sucesivas. Proponía como causas de las mutaciones
(evoluciones) observadas en diferentes especies animales las de
carácter interno y, de este modo se aproximó a una teoría de
la herencia que cristalizaría en el siglo XIX.
Su obra no fue reconocida al principio, es más, algunos de los
productos de sus minuciosas observaciones fueron tirados,
literalmente, a la basura. Tal es el caso del envío que le hizo
en 1789 a Floridablanca de cuatrocientos pájaros conservados en
alcohol. El ministro los remitió al vicerrector del Gabinete
Real de Historia Natural, José Clavijo Fajardo, el cual sólo
vio en aquella preciosa aportación de Azara que los nombres de
los pájaros estaban en indio (por aquellas fechas Azara no
conocía la obra de Buffon), que no se citaba en el trabajo ni a
Buffon ni a Linneo y que las hipótesis emitidas por Azara
cuestionaban las de estos autores.
En 1801 regresó a España y, gracias a su hermano José Nicolás
fue presentado en París a grandes investigadores, acogido en
muchas sociedades científicas y recibido con honores en el
Museo de Historia Natural. Cuando en 1803 volvió a Madrid
rechazó el virreinato de Méjico y en 1805 aceptó ser miembro
de la Junta de Fortificaciones. Ese mismo año se retiró a
Barbuñales, desde donde redactó numerosos informes y donde
murió en 1821.
Una prueba del talante ilustrado y no absolutista de este sabio
aragonés es que en 1815 rechazó la Orden Americana de
Isabel la Católica que acababa de ser creada por Fernando
VII.
- Por Víctor
Arenzana Hernández
(Indice)
Gravina,
Federico Carlos (1756-1806)
Marino español. Entró en la Escuela de Marinos de Cádiz (1775).
Tomó parte en el sitio de Gibraltar al mando de una batería
flotante (1782); posteriormente participó en varias expediciones a
Argel (1783, 1784, 1785), y en 1788 se desplazó a Constantinopla,
donde trazó nuevas cartas de la costa. Durante la guerra contra la
República francesa (1793-95) tomó parte en la toma y en la defensa
de Tolón (1793) y en la defensa de Rosas (1794-95). En 1804 se le
nombró embajador en París, en sustitución de Azara. Declarada la
guerra a la Gran Bretaña, estuvo al frente de los buques españoles
de la escuadra hispano-francesa de Villeneuve, que ocupó la
Martinica, libró la batalla de Finisterre (1805) y fue derrotada en
Trafalgar el mismo año. En este último encuentro fue gravemente
herido, y a consecuencias de ello, murió en marzo del año
siguiente.
(Indice)
Churruca,
Cosme Damián (1761-1805)
Marino español. Tomó parte en uno de los intentos frustrados de
reconquistar Gibraltar en 1779. Marcha hacia el Estrecho de
Magallanes con la expedición organizada para estudiar las
corrientes marinas y levantar planos de las costas y puertos con el
fin de facilitar la navegación desde el puerto de Lima a España.
La expedición también exploró la Tierra del Fuego. Su diario fue
publicado en 1793. Dos años después se le encominenda la expedición
a las costas de América Central y Norte para realizar un atlas
marino. Su trabajo fue la base de las cartas de las Antillas
publicadas en 1802. Durante una visita de la Escuadra española al
puerto de Brest, en Francia, fue a ver el Observatorio de París,
entablando amistad con Napoleón, quien le distinguió con honores.
Hacia 1805 se le entregó el mando del buque San Juan Nepomuceno,
que tomó parte en la batalla de Trafalgar. Entabló combate con
cinco navíos de la división de Collingwood, luchando heroicamente.
Herido de gravedad, continuó sin desfallecer sobre cubierta, hasta
que murió. Los mismos ingleses le rindieron honores por su valor y
el rey español le concedió a título póstumo el grado de teniente
general.
(Indice)
Galeón español

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