Índice general de Hispánica

Juan Sebastián Elcano

 

 

Hermanos Pinzón
Juan de la Cosa (1460-1510)
Juan Ponce de León (1460-1521)
Nicolás de Ovando (1460-1518)
Alonso de Ojeda (1466-1515)
Pánfilo de Narváez (1470-1528)
Juan Díaz de Solís(murió en 1516)
Martín Fernández de Enciso(murió en 1528)
Vasco Núñez de Balboa (1475-1517)
Rodrigo de Bastidas (1475-1527)
Diego de Almagro (1475-1538)
Juan Sebastián Elcano (1476-1526)
Gonzalo Fernández de Oviedo (1478-1557)
Francisco Pizarro (1478-1541)
Sebastián de Benalcázar (1480-1551)
Hernán Cortés (1485-1547)
Pedro de Alvarado (1486-1541)
Jerónimo de Aguilar (1489-1531)
Alvar Núñez Cabeza de Vaca (1490-1564)
González Dávila, Gil (1490-1526)
Pedro de la Gasca(1494-1565)
Bernal Díaz del Castillo (1496-1584)
Gaspar de Espinosa (Murió 1537)
Hernando de Soto (1500-1543)
Francisco Aguirre (1500-1580)
Pedro de Valdivia (1502-1554)
Vázquez de Coronado, Francisco (1510-1554)
López de Legazpi, Miguel (1508-1572)
Urdaneta, Andrés de (1508-1568)
Domingo Martínez de Irala (1509-1556)
Lope de Aguirre (1510-1561)
Francisco Orellana (1511-1546)
Cristóbal de Olid
Pedro Cieza de León (1521-1554)
Alvaro de Bazán (1526-1588)
Juan de Garay (1528-1583)
Hurtado de Mendoza, García (1535-1609)
Jiménez de Quesada, Gonzalo (m. 1579)
Francisco de Alfaro (s. XVI-XVII)
Diego de Almagro, el Mozo (1520-1542)
Gonzalo Jiménez de Quesada (1509-1579)
Juan de Betanzos (1510-1576)
Pedro Sarmiento de Gamboa (1532-1592)
Pedro Fernández de Quirós (1560-1615)
Antonio de Oquendo (1577-1640)
Cristóbal de Altamirano (m. 1630)
Jorge Juan (1713-1773)
Juan Bautista de Anza (1734-1788)
Juan Francisco Bodega y Quadra (1743-1794)
Cosme Damián Churruca (1761-1805)
Federico Carlos Gravina (1756-1806)
Félix de Azara (1746-1821)

A añadir:

Diego de Ordaz ( -1532)  
Martínez de Recalde
Juan José Navarro
José de Mazarredo
Alcalá Galiano
Antonio Barceló (1717-1797)





Hermanos Pinzón
Navegantes españoles del siglo XV que tomaron parte en el descubrimiento de América. Naturales de Palos de la Frontera, adquirieron gran experiencia, fama y fortuna dedicados al tráfico marítimo.
Martín Alonso (1440-1493) era el mayor. Estudió en Roma los mapas de la Biblioteca Vaticana, donde consiguió la copia de un mapamundi y de un libro "de avisos para saber la navegaciónn de las Indias". Presentado a Colón por los franciscanos de la Rábida, en seguida acogió con entusiasmo el proyecto de navegar hacia Occidente, proporcionando a Colón barcos, hombres y dinero.
Nombrado capitán de La Pinta, se enemistó con Colón y desobedeció sus órdenes tocando primero en La Española, y explorando la isla por su cuenta. En el viaje de regreso, fue el primero en llegar a la Península, desembarcando en Bayona y muriendo después retirado en el convento de la Rábida.
Vicente Yáñez Pinzón (murió en 1519) actuó en el primer viaje de Colón como capitán de La Niña. Adicto en todo momento al Almirante, le salvó junto con su tripulación tras el naufragio de la Santa María.
En 1499 consiguió una capitulación para volver a las Indias. Equipó cuatro carabelas y con ellas llegó a San Agustín, Brasil. Fue, pues, su descubridor y el primero en atravesar el Ecuador. Al regreso descubrió la desembocadura del Amazonas. Más tarde emprendió un tercer viaje, descubriendo la insularidad de Cuba, navegando después hasta Yucatán y la costa centroamericana.
En su cuarto viaje navegó por Centroamérica nuevamente, buscando el paso hacia el Pacífico. Poco se sabe de sus últimos días, pasados, al parecer, en Sevilla.
Francisco Martín, el menor de los hermanos, y el menos conocido, actuó como maestre de La Pinta en viaje del descubrimiento.
Es importante notar que los hermanos Pinzón fueron los verdaderos navegantes de la empresa del descubrimiento. Colón, un hombre de una idea fija, pero sin conocimientos navales de altura, estuvo a punto de volverse atrás en los últimos días del primer viaje. Sólo la tenacidad y decisión de los Pinzones le impulsó a continuar el viaje.
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Juan de la Cosa (1460-1510)

No son muchas las noticias que tenemos sobre Juan de la Cosa, uno de los pioneros en las expediciones que abrieron América a los europeos y uno de los que más viajes realizó al Nuevo Mundo. Nació en Santoña hacia 1460 y no tenemos más datos de su vida hasta que aparece mencionado en Lisboa en 1488, el año que Bartolomé Dias regresaba a Portugal tras rebasar el cabo de Buena Esperanza. Posiblemente De la Cosa estaba en la capital portuguesa como espía, enviado por los Reyes Católicos. Afortunadamente el marino consiguió escapar antes de que los oficiales lusos le capturaran. En 1492 Juan de la Cosa participa activamente en la expedición de Colón, siendo el propietario de la nao "Santa María", capitana de la expedición. Las relaciones con el almirante no fueron muy estrechas y éste acusa al cántabro de haber sido el culpable del hundimiento de la "Santa María" en la nochebuena de 1492. Los recientes estudios parecen negar esta acusación ya que De la Cosa también participó en el segundo viaje colombino y recibió una compensación económica sustanciosa de la reina Isabel I por la pérdida de su nao (28 de febrero de 1494). En 1499 el marino cántabro participa como piloto mayor en la expedición de Alonso de Ojeda. En este viaje se exploraron las costas entre la boca del Orinoco y el cabo de la Vela, siendo herido De la Cosa por una flecha indígena. A su regreso realizó su famosa "Carta-mapamundi" en la que recoge y representa todas las tierras descubiertas hasta el momento tanto por portugueses o españoles, incluso los descubrimientos de Cabotto. El mapa está realizado en el Puerto de Santa María en el año 1500 y en la actualidad se guarda en el Museo Naval de Madrid, habiendo sido adquirido por el Estado en pública subasta en 1853. Se especula que esta obra fuera un encargo realizado por los Reyes Católicos. En octubre de 1500 De la Cosa realiza su cuarto viaje, como capitán y corresponsable, en compañía de Rodrigo Bástidas. Las costas entre el cabo de Vela y el Darién serán recorridas durante la expedición, obteniendo importantes remesas de oro. En recompensa por el éxito, los Reyes le nombran alguacil mayor de Urabá. Será entonces cuando el marino aparezca como oficial asalariado de la recién creada Casa de la Contratación. En 1503 la reina Isabel le encomienda una delicada misión de espionaje en tierras portuguesas de la que no saldrá tan bien parado como en la primera ocasión. De la Cosa será arrestado y la propia Isabel tendrá que intervenir para conseguir su libertad. Los exploradores deseaban obtener de la Corona una capitulación para ampliar las zonas por descubrir. La deseada capitulación será conseguida y Juan de la Cosa realiza su quinto viaje, ahora como capitán general. Los cuatro barcos que formaban la expedición recorrieron las costas entre isla Margarita y el golfo de Urabá, recogiendo en Cartagena de Indias a los hombres de Cristóbal Guerra, poniendo rumbo a La Española. Regresó a España en 1506 y al año siguiente será requerido por la Casa de la Contratación para dirigir una pequeña escuadra de vigilancia de las costas entre Cádiz y el cabo de San Vicente, zona frecuentada por los piratas. En 1508 participará -junto a Yáñez Pinzón, Díaz de Solis y Américo Vespucio- en la comisión en la que se discutía el proyecto de una expedición a Asia por la ruta occidental. Su sexto y último viaje lo realizará en 1510, junto a Ojeda y Nicuesa, recibiendo del rey Fernando una importante ayuda ya que iba a instalarse junto a su familia en las nuevas tierras, recibiendo el cargo de Teniente Gobernador. En contra de los deseos del cántabro, Ojeda decidió desembarcar en la zona donde más tarde se asentaría Cartagena de Indias. El primer choque con los indios fue victorioso para los exploradores pero De la Cosa fue encargado de realizar una internada hasta Turbaco, siendo sorprendido por un grupo de indios que dispararon flechas envenenadas contra ellos, causando la muerte del marino y sus acompañantes.

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Juan Ponce de León (1460-1521)
Primer gobernador de Puerto Rico y adelantado de la Florida. N. en Santervás de Campos, a 12 leguas de Valladolid, en 1460. En su juventud fue paje y escudero de Pedro Núñez de Guzmán, hermano de Ramiro Núñez, señor de Toral, quien le educó en las letras y en las armas. Era de estatura más que mediana. Hábil en las artes de las armas y del gobierno, peleó en la guerra de Granada junto a su tío Rodrigo Ponce de León y asistió a toda la campaña hasta la rendición del último rey moro, Boabdil. Pasó a Indias con Cristóbal Colón en su segundo viaje (1493). En Santo Domingo adquirió nombradía en las guerras con los indios. El 12 ag. 1508, después de concertar capitulaciones con Nicolás de Ovando (v.), desembarcó como conquistador y gobernador en la isla de Puerto Rico y fundó allí la primera ciudad cristiana llamada Caparra (hoy San Juan). Estableció en Puerto Rico, a nombre de los Reyes Católicos, una granja real de aclimatación de frutos, plantas y animales que tuvo importantes consecuencias en los primeros tiempos de la conquista de la América española. En 1512 recibió nombramiento de adelantado, y en 1514, para recompensarle por sus servicios, el Rey Católico, al confirmarlo en dichos títulos, le nombró además regidor perpetuo del cabildo de San Juan y capitán general de las primeras milicias organizadas en la isla.
      Hasta 1521 dirigió el proceso de colonización de Puerto Rico, fundando las bases de la sociedad y estableciendo en 1515 la división insular de partidos político-administrativos que duró hasta 1815. El 27 mar. 1513 descubrió, bautizó y tomó posesión en nombre de España del territorio de la Florida. En 1521 volvió a poblarla y, sorprendido con sus colonizadores por un ataque de los indios timucuas, fue mortalmente herido. M. en la ciudad de Puerto Príncipe, Cuba, a los 61 años y fue enterrado en la capilla del monasterio de S. Tomás (hoy iglesia de San José) en San Juan, Puerto Rico. En 1908, en el cuarto centenario de la colonización de Puerto Rico, por disposición gubernamental, sus restos fueron trasladados a la catedral de San Juan, donde hoy reposan. Por derecho propio P. de L. figura en la lista de los más renombrados conquistadores de América junto con Hernán Cortés, Hernando de Soto, Francisco Pizarro, etc. Su huella en el proceso inicial de la conquista española de América está por todas partes y especialmente en la isla de Puerto Rico.

E. FERNÁNDEZ MÉNDEZ.

Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

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Nicolás de Ovando (1460-1518)

N. en Cáceres en 1460. Fue comendador mayor de la Orden de Calatrava y figura señera en los primeros tiempos de la colonización española en América. La torpe política de los Colón y el estado de desasosiego e indisciplina de La Española determinó primero el envío de Juan Aguado-en calidad de delegado de la corona; después, la actuación como pesquisidor de Francisco de Bobadilla (v.); por último, el nombramiento de O. como gobernador de La Española o, mejor, de todas las costas y Tierra Firme de las Indias Occidentales.
     
      El dar de lado a los derechos de Cristóbal Colón (v.), derivados de las capitulaciones santafesinas, no pudo provocar en éste resentimiento, ya que había pedido a los reyes no se le enviara a gobernar La Española mientrasno hubiera en ella otros pobladores de mejores costumbres y más trabajadores. El nombramiento de O. es de 1502, según G. Fernández de Oviedo, y del 3 sept. 1501 según U. Lamb. Importante la flota que llevó a La Española al nuevo gobernador. Iban en ella 2.500 hombres, entre los cuales se encontraban Bartolomé de Las Casas (v.), personas muy principales y 12 franciscanos priorados por Alonso del Espinal. La feliz gestión de gobierno de O. presenta cuatro facetas:1) La pacificación de la isla exigió bélicos esfuerzos y sangre. Comienza con la guerra contra la provincia de Higüey. Juan de Esquivel fue el capitán supremo de la misma. Después se lleva a la provincia de Xaragua, donde la poderosa cacique Anacaona intentaba un secreto levantamiento contra los españoles. La dominación total del Oeste de la isla fue completada por las partidas de Diego Velázquez (v.) y Rodrigo Mejía. Un nuevo despertar de la insurrección en Higüey determina el postrero acto bélico del gobierno de O. Liquidado, pudo envanecerse O. de la completa pacificación de La Española; nada, después, hubo que hacer en son de guerra contra los indios; nada, también, contra movimientos subversivos de grupos españoles a estilo de los que tuvieron lugar en la primera etapa del dominio colombino.
     
      2) La gestión fundacional de nuevas villas y ciudades fue consecuencia, en casi todos los casos, de las campañas de pacificación de la isla. Otro carácter tiene la fundación de la Nueva Santo Domingo, al otro lado del río Ozama; Las Casas y Fernández de Oviedo no estimaron ventajoso el traslado, ya que el nuevo asiento no contaba con la buena fuente que el anterior; sin embargo, pronto surgieron en sus hermosas calles, anchas y bien ordenadas, sólidas casas y edificios de piedra. Las aludidas fundaciones fueron concebidas como focos de colonización y de concentración de los dispersos indígenas.
     
      3) Importante fue la labor de exploración y reconocimiento en el mundo antillano ordenada por el gobernador. Comisiona al piloto Andrés Morales para reconocer hasta sus últimos rincones La Española, y «pusiera por escrito cuantos ríos, y cuantas tierras y cuantos montes, y cuantos valles, con la disposición de cada uno, que en ella hallase». Esta información, según el testimonio de Las Casas, se integra en el famoso Islario de Alonso de Santa Cruz. Por la misma fecha despachó al capitán Sebastián de Ocampo «a descubrir del todo a la isla de Cuba, porque hasta entonces no se sabía si era isla o tierra firme, ni hasta dónde su longura llegaba, y también ver si era tierra enjuta, porque se decía que lo más era lleno de anegadizos...» En la misión que se le confía invirtió Ocampo unos ocho o diez meses. Zanjó, definitivamente, circunvalándola, la cuestión pendiente de la insularidad de Cuba. Juan Ponce de León (v.), capitán que había mandado el contingente de Santo Domingo en la guerra contra Higüey, fue el protagonista de la primera expedición pobladora de la isla de Puerto Rico o Borinquén. Contó para ello con la buena amistad del cacique Agüeibana.
     
      4) Lo más trascendente de la política socio-económica de O. fue el establecimiento de las encomiendas (v. REPARTIMIENTOS) de indios. Sistema iniciado en La Española y que después se implantó en las demás islas y Tierra Firme. Fue regulado en un principio por real cédula del 20 dic. 1503. Los encomenderos se obligaban a mantener y a jornalear a los indios a ellos asignados por repartos que se hacían con frecuencia. En 1509 tuvo lugar la real sustitución, como gobernador, de O. por Diego Colón (v.), hijo del almirante. Ya en la Península el gran O., que fue ejemplo de honestidad y honradez,OVANDO, NICOLÁS DE - OVIDIO NASÓN, PUBLIOconfinó su actividad a lo derivado de su cargo de comendador mayor de la Orden de Calatrava; m. en Sevilla, en 1518, según G. Fernández de Oviedo, y el 29 mayo 1511 según U. Lamb, presidiendo uno de sus Capítulos. Fernández de Oviedo dedica a O. un cumplido elogio, que en cierto modo hace suyo Las Casas.

AMANDO MELÓN.

Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

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Ojeda, Alonso de (1466-1515)
Formando parte del segundo viaje de Colón encontramos a Alonso de Ojeda. El almirante le confiará la búsqueda de la rica comarca aurífera de Cibao en cuya expedición tuvo que socorrer al alcaide de la fortaleza de Santo Tomás del asedio de los indígenas, liderados por el cacique Caonabó, siendo éste apresado. La recompensa de los Reyes Católicos a Ojeda será la concesión de seis leguas de terreno en Maguana. Al poco tiempo partió para España donde consiguió, gracias a su estrecha relación con el obispo Fonseca, el permiso para realizar una expedición a la recién descubierta Paria, rompiendo de esta manera el monopolio que Colón tenía para organizar viajes al Nuevo Mundo, según las Capitulaciones de Santa Fe. En mayo de 1499 parte de Cádiz y arriba a la desembocadura del Orinoco, reconociendo la costa comprendida entre isla Margarita y el cabo de la Vela. En septiembre de ese mismo año regresa a La Española donde es acogido con cierto recelo por lo que vuelve a España. En 1501 será nombrado gobernador de la isla de Cuquibacoa partiendo al año siguiente de nuevo hacia Paria en compañía de Juan de Vergara y García de Ocampo. Sus dos socios serán apresados y Ojeda entablará un pleito del que conseguirá salir absuelto. En 1507 recibe una capitulación para recorrer la costa de Nueva Andalucía y parte hacia Cartagena junto a De la Cosa. Los conflictos con los indígenas serán muy graves, pereciendo en un ataque el propio De la Cosa. Diego de Nicuesa colaborará con Ojeda en la campaña contra los indígenas, consiguiendo fundar en febrero de 1510 San Sebastián, el primer asentamiento europeo en el continente Ojeda abandona la fundación -dejando a Pizarro como encargado de la defensa- y se traslada a Santo Domingo, recibiendo noticias de que la fundación ha sido abandonado. Vivirá pobremente en Santo Domingo y fallecerá en 1516.

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Narváez, Pánfilo de (1470-1528)
Conquistador español. Desarroló un importante paperl en varios lugares de América, a los que le llevó su gran vocación militar. La primera vez fue acompañando a Esquivel en la conquista de Jamaica en 1509.
En 1512 en Cuba se le encarga la tarea de conquistar Bayamo a las órdenes de Diego Velázquez. Narváez tuvo a su cargo las tropas que fueron a conquistar la parte occidental de la isla. En 1520 fue enviado a México para capturar a Cortés. Desembarcó en Veracruz y consiguió aliarse con los indios de Cempoala para atacar a Cortés. Tras una larga y desigual pelea, Narváez fue vencido y encarcelado. Perdió un ojo, y en 1521 fue puesto en libertad, regresando a España.
En 1527 zarpó otra vez hacia las Indias con la misión de descubrir y conquistar la zona entre el río Palmas y la península de la Florida. En 1528 es atraído por la fiebre del oro, e inició una serie de incursiones hacia el interior, donde finalmente murió ahogado en el Misisipí.
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Elcano, Juan Sebastián (1476-1526)
Desde muy joven Elcano se inició en el arte de la navegación, interviniendo con una nave propia en la que campaña contra Argel que en el año 1509 dirigió el cardenal Cisneros. Con el Gran Capitán también tomó parte en las guerras italianas. Las deudas contraídas durante esta época motivaron la venta del barco a unos extranjeros, lo que estaba prohibido por las leyes españolas. Elcano pasó algunos años en el anonimato para evitar el correspondiente castigo. Será con Magallanes cuando Elcano obtenga mayor fama, alistándose en su empresa como maestre de la nao Concepción, una de las cinco naves que formaban la escuadra. La revuelta que tuvo lugar contra Magallanes en el puerto de San Julián le valió a Elcano el mando de la San Antonio por encargo de los insurrectos. Como capitán de la nave rebelde, Elcano pudo mediar para restablecer la disciplina y sofocar la revuelta, obteniendo un estimable resultado lo que le valió la estima de Magallanes y el aumento de su prestigio. Una vez resuelto el problema, regresó a su cargo en la Concepción. La muerte de Magallanes en la isla de Mactán durante el año 1520 provocó que Elcano asumiera el mando de la empresa. Las naves se dirigieron hacia las Molucas lo que motivó el envió por parte de Portugal de una escuadra para interceptarlas. Será en mayo de 1522 cuando Elcano dobló el cabo de Buena Esperanza, llegando cuatro meses después a Sanlúcar de Barrameda en la nao Victoria. Habían dado la vuelta al mundo. Fueron dieciocho los tripulantes que llegaron a tierras andaluzas, quedando algunos prisioneros en Cabo Verde a cargo del gobernador portugués. En recompensa por la hazaña conseguida Carlos I concedió al piloto de Guetaria una pensión de 500 ducados y un escudo de armas con la inscripción "Primus circumdedisti me". Posteriormente Elcano participó en las Juntas de Badajoz y Yelbes donde se puso fin al enfrentamiento hispano-portugués por la posesión de las islas Molucas. En Portugalete se alistaría en la armada de Loaisa que embarcaría rumbo a dichas islas, pereciendo durante la travesía.

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Gonzalo Fernández de Oviedo (1478-1557)

Cronista oficial de Indias, cargo que recibió en 1532. N. en Madrid, que entonces era una villa de ca. 3.000 vecinos, en agosto de 1478, de familia hidalga procedente de Asturias. El pueril engreimiento cortesano de F. de O. se refleja en su obra. Según J. de la Peña, era judío converso (Contribuciones documentales y críticas para una biografía de Gonzalo Fernández de Oviedo, «Rev. de Indias» 69-70, Madrid 1957, 603-705). Fueron sus padres Miguel de Sobrepeña y Juana de Oviedo. M. el 26 jun. 1557 en Santo Domingo, donde era regidor perpetuo desde 1556 y poesía algunas propiedades. Realizó seis viajes a Indias en 43 años (1514-56), residiendo principalmente en Santo Domingo. También conoció Nicaragua, Panamá y el litoral atlántico de Colombia; conocimiento que le sirvió para informar de la fauna, la flora (siguiendo en botánica el elemental modelo de Plinio) y la geografía americanas, y sobre las costumbres de los indígenas de estos países en su principal obra Historia general y natural de las Indias, en la que recopila datos incluso contradictorios y que fue publicada incompleta en Sevilla (1535). La primera edición completa se debe a J. Amador de los Ríos (4 vol., Madrid 1851-55), en el que se han basado muchos de los estudios sobre F. de O., hasta la edición de la BAE (1959), prologada por J. Pérez de Tudela.
      F. de O. fue un autodidacta, un comprometido de su tiempo, inteligente pero no genial, que se formó sirviendo a los nobles de España e Italia, y en sus viajes a Indias, en contacto directo con las personas y la Naturaleza que describió. Comenzó siendo mozo de cámara, en 1491, cuando sólo tenía 13 años de edad, del príncipe Juan, hijo de los Reyes Católicos. M. el príncipe en 1497, entró al servicio, en tierras de Italia, del duque de Milán, del marqués Francisco de Gonzaga y de los reyes de Nápoles Fadrique y Juana. Regresando a España en 1502, fue gentilhombre del duque de Calabria. En 1506 figuraba como «notario apostólico y secretario del Consejo de la Santa Inquisición» (1506). En 1507 era escribano en Madrid. En 1513, un año antes de marcharse a Indias como funcionario real, en la expedición de Pedrarias Dávila (v.), había sido nombrado veedor de las fundiciones del oro. De vuelta a España en 1515, recibió el nombramiento de procurador en Tierra Firme. En 1523 era teniente de gobernador en Santa María la Antigua. De la capitulación para poblar y rescatar en Cartagena de Indias (1525) no sacó ningún beneficio. Hasta 1532, año en que fue nombrado cronista, no renunció al cargo de veedor de las fundiciones. Al año siguiente era alcaide de fortaleza en Santo Domingo, titulándose capitán, aunque no ejerciera como tal. Contrajo matrimonio con españolas tres veces, la última en Darién.
      Era contrario al mestizaje (pero el contradictorio F. de O. se unió a una india), partidario del trabajo obligatorio de los indios, con quienes traficó para sacar provecho económico y a los que consideraba inferiores y esclavos, aunque no dudaba que pudieran llegar a ser buenos cristianos. Esta actitud, que se refleja en el Sumario de la Natural Historia de las Indias (Toledo 1526), le enfrentó a Las Casas (v.). F. de O. carecía del criterio de selección como recopilador y como historiador, a causa quizá de su doble condición de escritor y escribano, denunció los excesos de los capitanes de la conquista, no por amor a los indios, sino por enemistad personal, aunque también se aprecia su interés por reflejar la verdad. En el caso de Pedrarias, consiguió su destitución. También expuso la corrupción administrativa y el mal comportamiento de algunos clérigos. Sin embargo, justificó y razonó la presencia española en Indias, y se complacía en la descripción de los defectos y vicios de los indios. Tenía un sentido autoritario de la vida, un concepto del honor muy de su época y un criterio caballeresco, a tono con su novela de caballerías Libro del muy esforzado e invencible caballero de fortuna propiamente llamado Don Claribalde (Valencia 1519).
      Además de las obras citadas, tradujo otras y escribió en castellano, en un estilo coloquial descuidado, de narrador, pero de relato minucioso y lleno de colorido: Relación de lo sucedido en la prisión del rey de Francia (inédita), Libro de la cámara real del príncipe (Madrid 1870), Catálogo real (inédito), Batallas y Quincuagenas (inéditas), Libro de linajes y armas (inédito), etc.
      La personalidad de F. de O. (una extraña mezcla de religiosidad y desdén hacia el prójimo) ha merecido juicios muy contradictorios. El mismo J. Pérez de Tudela, que tan a fondo ha estudiado su figura, le considera contradictorio en sí mismo, rudo y delicado, medieval, rigorista, partidario del castigo duro a los indios, y con un ideal de caballero andante. («Rev. de Indias» 69-70, Madrid 1957, 391-443). Piensa este autor que hay que tener en cuenta su condición de veedor de las fundiciones, para la que era elemental subestimar a los indios. Tampoco puede olvidarse que estaba encargado del «oficio del hierro de los esclavos e indios», que le reportaba 11 maravedís por «pieza» señalada. E. Otte le juzga como «un atrabiliario resentido ansioso de dinero» (Aspiraciones y actividades heterogéneas de Fernández de Oviedo, «Rev. de Indias» 71, Madrid 1958, 9-31). En este y otros juicios parecidos, como el de L. Hanke («un propagandista de las ideas contrarias a los indios») y el de M. Giménez Fernández («un intrigante más de la pandilla del obispo Fonseca»), se aprecia la influencia de B. de Las Casas, que no perdonó a F. de O. su distinta posición ante el hecho indiano. F. Esteve Barba, aunque reconoce que F. de O. no sintió simpatía por los indios, le atribuye objetividad como etnógrafo.

CARLOS R. EGUÍA.

Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

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Díaz de Solís, Juan (murió en 1516)
Juan Díaz de Solís forma parte del escaso grupo de navegantes que se embarcó hacia el nuevo mundo por intereses científicos. Se unió en 1508 a Vicente Yánez Pinzón -hermano de Martín Alonso Pinzón- en la conquista de las tierras entre Veragua y el golfo de México. En 1512 obtuvo las capitulaciones para llegar hasta el Río de la Plata, descubriendo estos territorios cuatro años después. Su principal objetivo será la recogida de datos para elaborar un mapa de la zona por encargo de la Casa de la Contratación. Este mapa elaborado a partir de los datos de Díaz de Solís será fundamental para el viaje de Magallanes. Tras la muerte de Americo Vespuccio será Díaz de Solís quien ocupe el cargo de Piloto Mayor gracias a su experiencia náutica como piloto de la Casa da India de Portugal.

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Fernández de Enciso, Martín (murió en 1528)
Marino y escritor español del s. XVI. No se tienen noticias de su n. y m. Como bachiller en Leyes ejerció su profesión en Sevilla; buscando un mayor rendimiento a la misma, traslada su residencia a La Española. No le fueron mal sus negocios; tanto, que pudo contribuir a equipar la flota de Alonso de Ojeda (v.), que en 1508 había sido nombrado para el gobierno de Urabá. A cambio del apoyo económico prestado, le concede Ojeda la alcaldía mayor de Urabá. Pero en la colonia de San Sebastián primero, y en la de Santa María de Antigua después, la figura del bachiller F. de E. queda eclipsada por la de Vasco Núñez de Balboa (v.). A partir de este momento jura odio eterno al descubridor del Pacífico; puede decirse por ello que F. de E. es el primer fautor de la tragedia de Acla. En el haber de F. de E. hemos de anotar la publicación en Sevilla, en 1519, de su Suma de Geografía, que se tradujo al inglés en la misma centuria. La primera parte es un tratado de la esfera, acompañado de tablas de declinación del sol al uso de los navegantes. La segunda parte es de geografía regional, e informa del mundo con referencia a su perímetro costero o en forma de periplo.
      La descripción del mundo oriental o Viejo Mundo se hace a base de «muchos y auténticos autores», con la particularidad de usar con fines descriptivos las cuencas hidrográficas. La información sobre el mundo occidental o Nuevo Mundo es absolutamente realista, y está basada en su conocimiento personal o en el de sus contemporáneos. El cabo de San Agustín es punto de partida para el periplo de América que hace el bachiller por este orden: litoral al S y N del cabo; arco antillano e islas de San Juan, Española, Lucayas y Jamaica; después, descripción, la más circunstanciada, del litoral del Caribe desde Paria hasta el cabo de Figueras, que sitúa a 21° de lat. N. Las noticias son las primeras que, en este terreno, se tienen del Nuevo Mundo. La Suma de Geografía es la primera obra científica de tipo general, donde se incluye la descripción de las Indias Occidentales. Iba acompañada de una carta plana, la primera de que se tiene noticia en España. No se publicó el acompañamiento gráfico de la Suma de Geografía por no excitar más las suspicacias portuguesas.
     
AMANDO MELÓN.

Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

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Vasco Núñez de Balboa (1475-1517).
Núñez de Balboa tiene en su haber una de las mejores hazañas de la conquista americana: el descubrimiento del Mar del Sur, primera denominación del Océano Pacífico. De esta manera, las tesis de Colón sobre la llegada a la India por la ruta del oeste perdían el poco crédito con el que contaban. Balboa pertenecía a una familia hidalga empobrecida por lo que se inició como paje del señor de Moguer, don Pedro de Portocarrero, poniéndose en contacto con la empresa descubridora. Cuando contaba 26 años se enroló en la expedición de Rodrigo de Bástidas hacia América, recorriendo las costas de la actual Colombia. En el Nuevo Mundo se estableció, haciéndose cargo de una granja pero no cuajó en la empresa, fracasando estrepitosamente, hasta el punto de tener que huir del lugar, perseguido por sus acreedores, escondido en una vasija. Continuó con su espíritu viajero al recorrer junto al bachiller Enciso las tierras de Nueva Andalucía, donde fundaron San Sebastián de Uraba y Santa María de la Antigua del Dairén, la primera ciudad fundada en el continente americano. Elegido alcalde de la nueva plaza, continuó con sus empresas conquistadoras, explorando y tomando diversas zonas del istmo de Panamá. En una de estas expediciones llegó a descubrir el Océano Pacífico. Los numerosos pleitos abiertos entre Balboa, Enciso y Miguel de Pasamonte, tesorero de la Española, provocaron el declive del de Jerez de los Caballeros. A esto debemos añadir el enfrentamiento directo entre Balboa y el nuevo gobernador de la zona, Pedro Arias de Avila, lo que motivó el triste final de Balboa. Aunque en un primer momento Pedro Arias prometió a una de sus hijas en matrimonio a Balboa, el deseo de continuar las conquistas por parte de Vasco Núñez provocó la ira del gobernador, quien pensaba que Balboa se iba a sublevar. Arias hizo llamar a Balboa a la villa de Acla donde fue detenido, recluido y condenado a muerte por traición, junto a Botello, Argüello, Hernán Muñoz y Valderrábano. La sentencia se ejecutó entre el 14 y el 21 de enero de 1517, poniendo fin a las aspiraciones conquistadoras de uno de los más importantes personajes del momento.

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Rodrigo de Bastidas (1475-1527).
Navegante español. N. en Sevilla, en el barrio de Triana, en una fecha no precisada, pero que podemos fijar alrededor de 1475. Hasta 1500, su vida y actividad permanecen en la penumbra. Demostrada la falsedad de la profesión de escribano público que se le ha venido atribuyendo, creemos, con el cronista Andrés Bernáldez, que ejerció el oficio de marinero. De su matrimonio nació un hijo que llevaría su mismo nombre y fue obispo de Coro y luego de Puerto Rico. El 5 jun. 1500 capitula B. con la corona para descubrir en las Indias. Comienza así su actividad americana que ya no abandona hasta su muerte. En enero de 1502 se hace a la mar la expedición descubridora. Siguiendo las costas de la actual Venezuela y Colombia descubre entre otros accidentes geográficos el golfo de Urabá, llegando hasta la altura del Puerto de Retrete desde donde inicia el tornaviaje. Cerca de Santo Domingo la bruma y las tempestades hunden los navíos y B. ha de refugiarse en la isla. Por comerciar allí con los indios es procesado y enviado a España donde se le absuelve.
      El 14 feb. 1504, firma una nueva capitulación para descubrir en el golfo de Urabá o en cualquier otra tierra. Antes de partir constituye compañía de comercio. Nada sabemos de este segundo viaje y sí que en 1504 está en Santo Domingo avecindado en la ciudad donde mantiene un activo comercio. Interesado en la isla de Trinidad firma nueva capitulación, el 15 dic. 1521, para poblarla. Sin embargo, la oposición de Diego Colón le hace desistir de la empresa. Desde Santo Domingo proyecta otra expedición pobladora hacia la región de Santa Marta en el continente. Consigue la licencia real el 6 nov. 1524. Hasta el 28 mayo 1526 no parte la expedición. El resultado más importante es la fundación de Santa Marta, hacia junio de 1526, la obra más perdurable de B. Al año siguiente m. en Santo Domingo a consecuencia de las heridas recibidas en Santa Marta en un motín de sus colaboradores.

J. REAL DÍAZ.

Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991


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Diego de Almagro (1475-1538).
Partió a las Indias en 1514, a tomar parte en las expediciones del Darién y Tierra Firme bajo las órdenes de Pedrarias Dávila. En 1524 se alía a Francisco Pizarro y Hernando de Luque para emprender un viaje exploratorio de las tierras del sur, alcanzando el río San Juan en 1526 gracias en parte a la ayuda prestada por la Corona mediante las Capitulaciones de Toledo de 1529. Cuando Pizarro inicia la conquista de Perú, dos años más tarde, Almagro llegará a Cajamarca en 1533 con refuerzos desde Panamá. Ejecutado Atahualpa, ambos se dirigen conjuntamente a la conquista de Cuzco, tras el reparto del tesoro del Inca. Sin embargo, han de separarse posteriormente, encargado Almagro de combatir el ataque de Quizquiz, general de Atahualpa. En Jauja recibió la noticia de la llegada del adelantado Pedro de Alvarado con una tropa expedicionaria, que Almagro compró por 100.000 pesos. Con ella, emprendió la conquista del área noroeste de Argentina y norte de Chile, sin demasiado éxito. Estando en Coquimbo, se entera de su nombramiento como mariscal de la Nueva Toledo y de la partición del territorio peruano en dos áreas administrativas. La disputa por el control de Cuzco, cuya adjudicación no parece quedar lo suficientemente esclarecida, motiva su ocupación y el principio de las Guerras Civiles. Vencido, es apresado por Hernando Pizarro en la batalla de las Salinas y sentenciado a muerte en Cuzco en 1538.

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Pizarro, Francisco (1478-1541)
Como la mayor parte de los conquistadores castellanos, Pizarro era de origen humilde, concretamente el hijo natural de un alférez del ejército de los Reyes Católicos. Pronto se incorporó a las expediciones que se dirigían a América, participando como lugarteniente de Alonso de Ojeda en la conquista de Caribana. También tomó parte en la expedición que fundó Santa María la Antigua, junto a Martín Fernández de Enciso, y acompañó a Núñez de Balboa en el descubrimiento del Océano Pacífico en 1513. Como recompensa por estas acciones, Pizarro recibió del gobernador Pedro Arias de Avila la alcaldía de la ciudad de Panamá. En 1524 se asoció con Diego de Almagro y el clérigo Hernando de Luque para descubrir el Imperio de los Incas, objetivo que Pascual de Andagoya abandonó tras su enfermedad. Tres fueron los viajes que efectuaron antes de conseguir la definitiva conquista. El primer viaje se realizó en 1524 y tuvo como punto de partida Panamá, participando en la empresa 112 hombres. Pizarro partió en primer lugar y fue seguido por Almagro con 80 hombres más pero la aventura se saldó en fracaso ya que los indios con los que se encontraron no les recibieron amigablemente y Almagro perdió un ojo por culpa de una flecha. Pizarro no se amilanó por la desgraciada operación e inició una segunda expedición en 1526. También partieron de Panamá alcanzando la isla del Gallo. El hambre y las enfermedades diezmaron a la escasa tropa por lo que Almagro regresó a Panamá en busca de provisiones. Pizarro se mantuvo en la isla junto a un amplio grupo de hombres que se negaban a continuar. La llegada de Almagro a Panamá sirvió para que el gobernador Pedro de los Ríos -convencido de la inutilidad de la empresa- enviara una expedición para recoger al conquistador y sus hombres. Pizarro se negó a embarcar junto a 13 fieles -los llamados "Trece de las fama"- y permaneció en la isla hasta que en 1528 uno de sus pilotos llegó a isla del Gallo con un barco, dispuesto a seguir a su jefe en la empresa peruana. La costa ecuatoriana fue explorada y llegaron a Tumbez, ciudad que confirmaba la existencia del reino que buscaban. El 3 de mayo de 1528 Pizarro decidía regresar a Panamá donde se encontró con la tajante negativa del gobernador a apoyar la empresa. El siguiente paso de Pizarro será hacer un viaje a España para informar al emperador Carlos de las riquezas de Tumbez. En Toledo conoció al ya famoso Hernán Cortés y consiguió la firma de la Capitulación de Toledo -26 de julio de 1529- por la cual se concedía a Pizarro el cargo de Capitán General y Gobernador de Nueva Castilla, nombre otorgado a las tierras peruanas, así como una pensión de 1.000 ducados. Almagro recibiría el título de hidalgo y el oficio de alcaide de Tumbez mientras que Luque obtendría el obispado de Nueva Valencia y los "Trece de la fama" recibían el privilegio de hidalguía. Para la próxima y definitiva expedición involucró a sus hermanos Hernando, Juan y Gonzalo. A su llegada a Panamá Pizarro y Almagro se enzarzaron en una disputa por los beneficios obtenidos por el primero en la capitulación, disputas que se solventaron cuando se inició el tercer viaje, a principios de 1531. Al llegar a Tumbez contemplaron como la ciudad había sido arrasada con motivo de la guerra civil entre Huascar y Atahualpa, iniciada al fallecer el padre de ambos, Huayna Capac. La primera decisión de Pizarro sería penetrar en el país incaico manteniendo a sus tropas a pie y a caballo en las cercanías del litoral. Llegados a la localidad de Saña se dirigieron al corazón del Imperio: los Andes. A pesar de las dificultades, el 15 de noviembre de 1532 alcanzaron Cajamarca, encontrándose la ciudad abandonada. Se envió una embajada a Atahualpa -reciente vencedor de su rival, Huascar- en la que se le indicaba la presencia hispana en la zona y los deseos de reunirse con él. Atahualpa llegó acompañado de 10.000 quiteños desarmados lo que facilitó su captura. El inca ofreció a los españoles una gran cantidad de riquezas a cambio de la libertad. Las riquezas llegaron con fluidez a Cajamarca y serían repartidas entre los conquistadores. Temiendo que los recién llegados nombraran inca a Huascar, Atahualpa mandó asesinar a su rival, aportando a Pizarro una excelente excusa para condenarle a muerte. Atahualpa será ejecutado el 26 de julio de 1533. En agosto Pizarro -acompañado de las escasas tropas españolas y de los auxiliares quechuas, enemigos de la dominación inca- se dirige a Cuzco, la capital del Imperio Inca, tomando la ciudad y convirtiéndose en el dueño del Perú, a pesar de reconocer como inca a un tercer hermano, Manco Cayac. El 18 de enero de 1535 se funda la nueva capital, la Ciudad de Los Reyes, la actual Lima. Almagro es nombrado gobernador de Nueva Toledo -las tierras del sur del dominio de Pizarro- y parte hacia la región de Chile para realizar su conquista. En Cuzco se reproducirán los momentos de tensión al huir de la ciudad el inca Manco, quien organizó un potente ejército y regresó a la capital para enfrentarse a Pizarro. El regreso de Almagro de tierras chilenas -debido a no poder someter a las guerreras tribus de la región- resultó providencial ya que los sublevados tuvieron que levantar el sitio, refugiándose en Vilcabamba desde donde Manco inició una guerra de guerrillas contra los conquistadores. Inmediatamente se desencadenó una guerra abierta entre los partidarios de Almagro y los de Pizarro, lucha que se saldó con la muerte de Almagro en la Guerra de Salinas al ser hecho prisionero, juzgado y ejecutado (1538). El hijo de Almagro, también llamado Diego de Almagro "el Mozo", decidió vengar la muerte de su padre por lo que invadió el palacio del gobernador Pizarro en la Ciudad de los Reyes, donde el conquistador de Trujillo ponía fin a sus días el 26 de junio de 1541

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Sebastián de Benalcázar (1480-1551).
Los datos sobre este conquistador no están claros hasta 1514 por lo que algunos especialistas opinan que participó en el tercer viaje de Colón a tierras americanas. Desde 1514 Sebastián de Benalcázar tomó parte de las expediciones dirigidas por Pedrarías Dávila en la zona del Dairén. Será en 1524 cuando participe en la conquista de Nicaragua junto a Hernández de Córdoba, uniéndose seis años después a la empresa conquistadora del Perú junto a Almagro y Pizarro. A finales de 1533 recibió el cargo de teniente gobernador de Piura, desde donde consideró iniciar la conquista de Quito, foco de resistencia inca a los españoles. En la arrasada ciudad coincidieron las fuerzas de Benalcázar con las de Alvarado y Almagro, iniciándose negociaciones entre los capitanes. Alvarado acabó cediendo y Benalcázar obtuvo plenos poderes. Desde ese momento puso en marcha una campaña contra los rebeldes y capturó y ejecutó al inca Ramiñahui. El siguiente paso será conquistar el territorio cercano y fundar un amplio número de ciudades -Popayán o Santiago de Guayaquil-. Un nuevo encuentro con tropas de otros conquistadores en las cercanías de Bogota (1539) se saldó con un viaje a España para legitimar sus derechos de conquista. Dos años después regresaba a tierras americanas con los títulos de adelantado y gobernador de Popayán. Las denuncias por los abusos cometidos motivaron el envío de Robledo como juez de residencia. Benalcázar ejecutó al juez, siendo condenado a muerte por este delito. Su apelación fue aprobada pero falleció antes de viajar a España.

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Cortés, Hernán (1485-1547)
Procedente de una familia hidalga, Hernán Cortés inició estudios universitarios en Salamanca donde conoció en profundidad el latín y el derecho, aunque sólo permaneció dos años en sus aulas. Con apenas veinte años viajó a La Española para ocupar el cargo de escribano de la villa de Azúa. Su relación con el gobernador Diego Velázquez de Cuellar se fue estrechando hasta el punto de participar Cortés como secretario en la expedición a Cuba llevada a cabo en 1511, donde fue nombrado alcalde de Santiago de Baracoa, ciudad recién fundada. En 1518, y tras permanecer algunos años en la cárcel bajo la acusación de conspiración, fue rehabilitado por Velázquez y encargado de viajar a la península de Yucatán para reconocer el terreno, prohibiéndosele la fundación de colonias permanentes. El 10 de febrero de 1519 partió de Santiago rumbo a México. Tras diez días de navegación llegaron a la isla de Cozumel desde donde se dirigieron hacia Tabasco, lugar donde se produjo el primer enfrentamiento con los indígenas que salieron derrotados. Cortés y sus hombres, no más de 700, continuaron con su expedición, dirigiéndose hacia San Juan de Ulúa para fundar, a pesar de la expresa prohibición de Velázquez, la ciudad de la Villarrica de la Vera Cruz. El poder municipal quedaba en manos de los habitantes de la ciudad, las tropas de Cortés, y se elegía al de Medellín como comandante en jefe del ejército. En la ciudad recién fundada, Cortés tuvo noticias de la existencia de un importante imperio, el Azteca, donde las riquezas eran cuantiosas. Decidió el conquistador aventurarse en la empresa, contando con la alianza de los indios toltecas y tlaxcaltecas que estaban enfrentados a los aztecas. La ciudad sagrada de Choluca fue asaltada y saqueada, poniendo rumbo hacia la capital imperial, Tenochtitlan, donde fueron recibidos por Moctezuma. La hostilidad entre conquistadores y aztecas creció al rechazar Cortés las prácticas religiosas de la comunidad, que incluían sacrificios humanos. Esta tensa situación se complicó con la llegada de Pánfilo de Narváez a Ulúa al mando de un ejército de 1.400 hombres, con la intención de acabar con Cortes por indicación del gobernador Velázquez. Cortés se desplazó a Ulúa dejando a Pedro de Alvarado en Tenochtitlan como jefe de los 120 hombres del destacamento. El enfrentamiento entre Cortés y Narváez no se produjo y ambos regresaron a Tenochtitlan con las nuevas tropas. La revuelta contra Cortés y sus hombres se fraguó en los últimos días del mes de junio de 1520. El de Medellín consideró que sólo la presencia de Moctezuma podría calmar a sus súbditos por lo que le exigió que saliera a una terraza del palacio, donde el emperador fue abatido por las pedradas de los habitantes de la ciudad que habían elegido a Cuitláhuac como sustituto. Cortés decidió huir de Tenochtitlan en la famosa Noche Triste, la noche del 30 de junio al 1 de julio de 1520, momento en el que fallecieron cerca de 800 españoles y más de 5.000 indios aliados. Cortés rehizo su ejército y marchó de nuevo sobre Tenochtitlan, venciendo el 7 de junio de 1521 en la batalla de Otumba y en el mes de agosto se conquista la ciudad. Un año más tarde el de Medellín recibe el nombramiento de gobernador y capitán general del reino de Nueva España. Los funcionarios de Carlos I pronto llegaron al territorio para recuperar las parcelas de poder cedido a los conquistadores y Cortés fue desposeído de sus cargos y obligado a volver a España. En Castilla, Cortés intenta recuperar sus honores, consiguiendo que el monarca le otorgara el título de marqués del valle de Oaxaca y el cargo de capitán general, aunque sin funciones gubernativas. Entre 1530 y 1540 estuvo de nuevo en México para regresar a España en ese año y participar en la expedición a Argel, con el objetivo de obtener el favor real, algo que no consiguió. Tras su fracaso se instaló en las cercanías de Sevilla donde organizó una tertulia literaria y humanística, falleciendo en Castilleja de la Cuesta el 2 de diciembre de 1547, siendo sus restos llevados a México por disposición testamentaria.

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Pedro de Alvarado (1486-1541).
Toma parte en 1511 en la conquista de Cuba, uniéndose en 1518 a las huestes de Grijalva y un año más tarde a las de Cortés. Con éste participa en la conquista de México, siendo uno de los protagonistas principales de la llamada Noche Triste acaecida en Tenochtitlan. Ordenó asesinar a más de seiscientos nobles mexica, lo que desembocó en el ataque que hizo huir a los españoles de la ciudad. Tras la conquista del imperio mexica, parte en 1523 hacia América Central, tomando rápidamente las tierras mayas de Guatemala y El Salvador. Fundó la población de Santiago de los Caballeros y derrotó a los quichés. Viaja a España para que se le reconozcan sus derechos de conquista, siendo nombrado en 1527 Gobernado, Capitán General y Adelantado de Guatemala. En 1534 emprende la conquista de Quito, de la que debe desistir tras habérsele adelantado Benalcázar y Almagro. La muerte le sorprende preparando una expedición a las Molucas, siendo herido mientras prestaba ayuda a los españoles de Nueva Galicia. Ha pasado a la Historia como un personaje cruel y avaricioso, siendo procesado varias veces. No obstante, salió bien librado de todos los juicios, gracias a la influencia de Francisco de los Cobos, secretario de Carlos I.

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Jerónimo de Aguilar (1489-1531).
Como conquistador, participó en las expediciones de Valdivia, estableciéndose posteriormente en La Española. Tras tomar parte en una expedición al Darién, naufragó y fue tomado prisionero por los mayas en 1507. En 1515 fue rescatado por Hernán Cortés, asistiendo a éste como intérprete en la conquista de los pueblos del área central mexicana. Su participación fue importante por cuanto, tras ocho años de cautiverio, conocía buena parte de las costumbres de algunos pueblos indígenas.

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González Dávila, Gil (1490-1526)
González Dávila fue criado del influyente obispo Fonseca y en 1511 consiguió el cargo de contador en La Española. En 1520 firmará una capitulación para explorar la ruta que iba a las islas Molucas desde el istmo de Panamá, realizando el viaje dos años más tarde. En la expedición se recorrieron las costas de las actuales Costa Rica y Nicaragua, llegando hasta el golfo de Fonseca que fue bautizado así en honor del obispo. Desembarcará en Honduras (1524) y fundará San Gil de Buena Vista, siendo acusado de usurpador por Cortés lo que motivó su apresamiento. Cortés le envió a España y allí presumiblemente falleció.

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Núñez Cabeza de Vaca, Alvar (1490-1564)
Célebre por sus andanzas y exploraciones en América, en el s. XVI. Nieto de Pedro de Vera, gobernador y conquistador de Gran Canaria. Su madre, Teresa Cabeza de Vaca, pertenecía a una familia de hidalgos de Jerez de la Frontera. La fecha de su nacimiento es incierta, siendo la más probable la de 1490. Tampoco su juventud es bien conocida. Su figura surge en la expedición de Pánfilo de Narváez a Florida, donde figuraba como tesorero de la flota. Las desdichas sufridas por Álvar N. y sus compañeros fueron narradas por él mismo, y de su relación se hizo una primera edición en Zamora en 1542, siendo luego reimpresa en Valladolid en 1555 y más tarde, en 1749, incluida en la colección de narraciones recopiladas por Barcia con el título de Naufragios de Álvar Núñez Cabeza de Vaca. Por ella podemos conocer uno de los viajes más insólitos de todos los realizados por los españoles en América.
      En 1528 llegó la expedición de Narváez a la bahía de Tampa, desde donde emprendieron una marcha hacia el interior, penetrando en el territorio de los apalaches. Acosados por los indígenas, llegaron hasta el río Misisipí, donde para poder retornar al mar construyeron unas barcas con las cuales fueron a parar a una isla, frente a la futura Galveston, que Álvar N. bautizó con el nombre de Malhado. De los 300 hombres de la expedición sólo llegaron a ella 15. Un año más tarde, N. consiguió escapar al continente y, después de haber vivido seis años entre los indios, encontró en la costa de Texas a otros supervivientes de la expedición: Dorantes, Castillo Mal- donado y un negro llamado Esteban. Juntos decidieron escapar y, convertidos en curanderos, fueron avanzando hacia el O. En su marcha cruzaron el río Bravo, siguiendo su curso hasta llegar a lo que hoy es el Paso. Continuaron por Sonora hasta San Miguel de Culiacán. Diez meses duró el viaje, durante el cual atravesaron los territorios que actualmente están ocupados por Texas y por los Estados mexicanos de Chihuahua y Sonora. Las fantasías creadas con este viaje se convirtieron en un mito que actuó como imán para la conquista del Norte de Nueva España.
      Tras varios meses en México, N. volvió a España, donde en 1537 fue nombrado por Carlos V adelantado de los territorios del Plata. Poco después partía hacia su nuevo gobierno, pero debido a un naufragio tuvo que desembarcar en la isla de Santa Catalina. En ella se enteró del abandono de Buenos Aires y el establecimiento de Asunción. Después de enviar 150 hombres por mar hasta el estuario del Plata, decidió hacer el viaje por tierra atravesando el territorio de los indios guaraníes por las corrientes de los ríos 19uazú y Paraná, y consiguiendo llegar a Asunción en marzo de 1542. Su gobierno en Asunción se caracterizó por la buena política mantenida con los indios. Unido a los guaraníes, consiguió reducir a los indomables guaycurúes con lo cual quedó sometida la región del Chaco. Inició la penetración hacia el O, después de fundar en la orilla occidental del río el Puerto de los Reyes, donde dejó como maestre de campo a Martínez de Irala. Llegó hasta la región de Chiquitos, pero la selva se mostraba impenetrable y hubo de volver al Puerto de los Reyes, donde la situación era crítica.
      Durante su mandato, N. despachó dos expediciones: una al Chaco mandada por Francisco Rivera, que proporcionó noticias de los indios del interior, y otra al norte del río Uruguay, que fue portadora de leyendas tales como las Amazonas y Eldorado, que actuaron como fuerza impulsora para nuevos descubrimientos. Sus relaciones con los oficiales reales y con los españoles allí establecidos no fueron muy cordiales, y en abril de 1544 los asunceños apoyados por Irala se amotinaron contra el gobernador, apresándole y enviándole a España Juzgado por el Consejo de Indias, fue condenado a destierro en el presidio de Orán, y, después de ocho años, revocada su sentencia, fue nombrado juez de la Casa de Contratación de Sevilla. M. en dicha ciudad en 1564, habiendo llegado a ser presidente del Consulado según su sobrino Ruiz Díaz de Guzmán, quien escribió una historia de la conquista de la comarca platense.

E. VILA VILAR.

Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991


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Gasca, Pedro de la (1494-1565)
N. en la provincia de Ávila. Fue colegial en Alcalá y examinador de licencias en arte. Pasó a Salamanca en 1531, donde se graduó de bachiller en Derecho y se licenció en Teología en el Colegio de San Bartolomé, de donde llegó a ser rector. Obtuvo una canonjía en la ca. tedral de Salamanca, y en la de Toledo se le nombró juez metropolitano. Al final, entró en el Consejo de la Inquisición. Era un tipo ideal para solucionar una situación difícil. Ésta se iba a presentar en otras tierras. En 1542, la promulgación de las Leyes Nuevas acabando con las encomiendas, había alzado a todo el Perú. Su virrey, Núñez de Vela, en su afán de cumplirlas acabó muerto en Añaquito. G. Pizarro, caudillo de los pobladores descontentos, se adueñó de la tierra (v. PIZARRO, FAMILIA).
      En España, el príncipe Felipe, en nombre de su padre, convocó una Junta parg consultar lo que debía hacerse. Entre las soluciones que se discutieron se aceptó la que abogaba por el empleo de métodos suaves. La persona que los pondría en práctica sería L. G. Marchó a América como presidente de la Audiencia que había de instalarse nuevamente en Lima y provisto de dos cartas para G. Pizarro: una del rey y otra suya personal; llevaba además un poder general. Podía perdonar toda clase de delitos, repartir y encomendar tierras e indios, revocar leyes, nombrar gobernadores, etc. En julio 1547, está ya en Nombre de Dios e inicia la primera parte de su plan: atraerse a los capitanes que estaban con el rebelde haciéndoles ver los poderes que traía. Hernán Mejías, Aldana e Hinojosa, jefe de la flota pizarrista surta en Panamá, se pasaron al bando real, abortando con su defección el plan de Gonzalo de matar al cura. Con la misma facilidad que L. G. ganaba popularidad, Gonzalo la perdía debido a entregarse a hechos criticables: entrar bajo palio en Lima después de la batalla de Añaquito, lucir en sus banderas iniciales con coronas reales, etc.
      Cuando L. G. tuvo en su bando a bastantes capitanes, le envió a Gonzalo las cartas que traía, pero al negarle éste la entrada en Lima, se dio cuenta de que el rebelde sólo dejaría el mando con la vida. Es entonces cuando inicia la segunda etapa de su plan: la campaña política. Pide tropas al virrey de México, Mendoza, y a los presidentes de las Audiencias de Guatemala y La Española. Remite a Lorenzo de Aldana a recorrer las costas del Perú, recogiendo a los que deseaban abandonar a Gonzalo y apoderándose de Trujillo, ciudad donde repartieron cartas, citando en Cajamarca como centro de reunión para marchar sobre Gonzalo. El navío que éste remitió para recuperar el puerto (Trujillo) se unió a L. G. Lo mismo que las ciudades de Guayaquil, Piura, Tumbes y Puerto Viejo. Las deserciones dentro del campo pizarrista eran enormes. Dentro del mismo Perú, Centeno se había sublevado y apoderado del Cuzco y Alto Perú, quitándole a Gonzalo una fuerza poderosa. En medio de gran confusión, el rebelde abandona Lima y marcha hacia Arequipa, matando antes al hermano del virrey muerto. La capital en seguida levantó pendón por el rey y recibió a Lorenzo de Aldana. Mientras tanto, L. G. abandona Panamá (abril 1547) con más de 20 barcos y las tropas que había organizado. A fines de junio, está en Tumbes, y de ahí sale para Trujillo. A Hinojosa le nombra capitán general y le ordena que vaya a Jauja con tropas; a Lorenzo de Aldana le encarga que siga en Lima y cuide de la flota.
      En octubre de 1547, Pizarro destroza las tropas de Centeno en Guarinas. Envalentonado con el triunfo, no abandona el Cuzco y espera en Lima a L. G. El encuentro se realiza en Sacsahuamán, donde apenas hay batalla debido a las deserciones del campo pizarrista. El primero en abandonar el campo fue Garcilaso de la Vega. El segundo día del desastre es ajusticiado Gonzalo. Las primeras acciones de L. G. fueron los castigos duros. Luego vinieron los premios. Los nombramientos, los repartimientos. En septiembre de 1548, entra en Lima siendo nombrado Padre Restaurador y Pacificador. A principios de 1549, llegan los oidores para la Audiencia de Lima. De acuerdo con ella y con los obispos, L. G. envía visitadores por el virreinato, a fin de que le informen en todos los aspectos. Su mayor preocupación era mejorar la situación de los indígenas. Quiso exonerarles del servicio personal, poniendo en práctica una Real Cédula que ordenaba su abolición. Pero las alteraciones que se produjeron al no haber en el país acémilas y negros suficientes para reemplazar a los indios, le hicieron aplazar el cumplimiento de lo mandado. El 2 feb. 1550, tras dar unas serie de medidas, como confiar la conquista de Tucumán a Juan Núñez de Prado, la de Chuquimayo a Diego de Palomino, la de Chunchos a Francisco Hernández Girón; establecer el juzgado de Bienes de Difuntos, así como dar consejos a la Audiencia, parte para España llevando para el rey millón y medio de castellanos. M. el 10 nov. 1567 en Sigüenza, de donde era obispo desde 1561.

F. MORALES PADRÓN.

Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991


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Díaz del Castillo, Bernal (1496-1584)
Cronista, soldado de Cortés y autor de la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. N. en Medina del Campo (1495), y m. en Guatemala (1584). Hijo de Francisco Díaz del Castillo, regidor de Medina, y de María Díez Rejón. Pasa a Indias con Pedrarias Dávila (1514). Participa en las expediciones de Hernández de Córdoba (1517) y Juan de Grijalva (1518). Soldado de Cortés en la conquista de México (1519), toma parte en la «Noche triste», en el asedio de Tenochtitlán, y es malherido en Tlascala. Más tarde, casa con Teresa Becerra; deja familia. Hacia 1539 visita España. Retorna con mercedes reales a Guatemala. Asiste, en calidad de antiguo conquistador, a la junta sobre Indias de Valladolid (1550), donde defiende el parecer de los viejos conquistadores: perpetuidad de la encomienda de indios. En Guatemala otra vez, es regidor perpetuo del Ayuntamiento, encomendero y vecino respetado.
     
      A los 72 años se decide a escribir su Historia. Escrita ya alguna parte, llegan a sus manos los libros de Paulo Jovio, Gonzalo de Illescas y la crónica de F. López de Gómara (v.). Viva impresión le causa la versión procortesiana de Gómara. Plan, disposición, argumento, todo tiende a la exaltación del héroe, su protector. Aparece allí como figura excepcional. Su presencia reduce a plano subalterno la de sus colaboradores. La participación de la masa de soldados queda casi desvanecida. «En todas las batallas o reencuentros éramos los que sosteníamos al Cortés, dice Bernal, y ahora nos aniquila este cronista». La lectura de Gómara le incita a continuar su narración. Y aún más, a poner de relieve el esfuerzo decisivo de los soldados de la conquista. No subestima las dotes de Cortés; al contrario, las encomia tanto como Gómara. Pretende subrayar un empeño conjuntado. Sin resentimiento, la conquista aparece allí como obra de caudillo y soldados a la vez. Impreciso en la cronología, pese a su portentosa memoria. Acentúa la descripción de hechos vividos. Testigo de vista de muchos capítulos; recurre a nueva información en otros. Destaca la sinceridad del relato; una prosa llana y espontánea. Fuente histórica muy importante; obra literaria de categoría singular. Primera ed. por fray Alonso Remón en 1623.

M. MATICORENA ESTRADA.

Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

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Espinosa, Gaspar de (murió en 1537)
Conquistador. Participó en la expedición de Pedrarias Dávila al Darién y fue nombrado alcalde mayor de Nuestra Señora de la Antigua. Incoó proceso contra Núñez de Balboa, fue oidor de la primera Audiencia de Ultramar (1511), fundó Panamá (1518), y conquistó parte de la actual Costa Rica. Tras residir algún tiempo en España, regresó a las Indias para unirse a Pizarro y Almagro en la conquista del Perú.
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Hernando de Soto (1500-1543)

Tras tomar parte -junto a Pedrarías Dávila- en la conquista de América central y Nicaragua, Hernando de Soto acompañó a Pizarro en su expedición al Perú. Participó en la captura del inca Atahualpa en Cajamarca, aunque se negó a que fuera ejecutado. El enfrentamiento con Pizarro motivó su regreso a España donde obtuvo la capitulación para realizar la conquista de Florida, atraído por los escritos de Núñez Cabeza de Vaca. Con los títulos de adelantado de La Florida y gobernador de Cuba, partió de Sanlúcar en 1538 en dirección a La Habana, dejando en Cuba como gobernadora a su esposa, Isabel de Bobadilla. Desembarcó al año siguiente con 900 hombres en Tampa, dirigiéndose hacia el noreste. Cruzaron las Montañas Azules y la región de Casachiqui, donde fueron atacados por los indígenas. Invernaron en la región de Vitangue y en la primavera exploraron los territorios de Naguatex y Guacane, descubriendo en mayo de 1541 el río Mississippi, cruzándolo a la altura de la actual Memphis. Recorrieron la llanura de Arkansas y se retiraron al sudeste, falleciendo Hernando de Soto en la primavera de 1543, víctima de la fiebre.

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Francisco Aguirre (1500-1580).
Nacido en Talavera de la Reina, se enroló en las tropas de Pizarro que emprendieron la conquista en territorio peruano, luchando a favor de éste contra Almagro. Participó también en la expedición de Valdivia en Chile, estando presente en 1540 en la fundación de Santiago. Tomó el control de Tucumán y el area altoperuana después de disputarla a Núñez de Prado, pasando posteriormente a ser gobernador en 1563. Fundador de Santiago del Estero, en 1566 es acusado de herejía y apresado. Falleció en 1580 en el municipio chileno de La Serena.

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Valdivia, Pedro de (1502-1554)
Conquistador de Chile y fundador de esta nación. N. hacia 1502 en uno de los pueblos del valle de La Serena, en Extremadura, disputándose su cuna Castuera, Villanueva, Zalamea y Campanario, donde estuvo ramificado su linaje de estirpe hidalga. De su educación no se guardan noticias, pero puede presumirse esmerada, a juzgar por el estilo de sus cartas. Hace sus primeras armas en Flandes, de donde pasa a Italia a participar en la guerra que allí sostiene Carlos I de España con Francisco I de Francia. Lucha a. las órdenes del marqués de Pescara, y en 1525 participa en la batalla de Pavía. Con el grado de capitán retorna un tiempo a Extremadura y alli casa con Marina Ortiz de Gaete. Pero pronto el ansia de aventura le hace abandonar la tranquilidad del hogar y partir a América en 1535. Permanece breve tiempo en Venezuela, pues el medio no se le presenta propicio a sus anhelos de gloria; y ante un pedido de refuerzos que formula Francisco Pizarro a la Audiencia de Santo Domingo, no vacila en enrolarse con otros 400 soldados y partir rumbo al Perú, donde llega a comienzos de 1537.
      El espíritu sagaz de Pizarro capta desde el primer momento las condiciones nada comunes de V .: su fidelidad, su valentía, su extraordinario talento de estratega. En la guerra civil que ha de mantener con su antiguo socio Diego de Almagro, Pizarro nombra a V. maestre de campo de sus tropas. Por cierto que no se equivoca en la elección, pues V. destroza el ejército de Almagro en la batalla de las Salinas en 1538. En recompensa obtiene una encomienda de indios en el valle de la Canela y una rica mina en el cerro de Porco en la región de Charcas. Uno y otro beneficio pueden colmar la sed del más codicioso, pero V. busca algo diferente, que el medio del Perú no puede proporcionarle: la conquista de una gloria personal y exclusiva. Es así como medita emprender una acción difícil, casi temeraria, en busca del renombre anhelado.
      Pizarro había obtenido de la corona permiso para conquistar y poblar las tierras situadas al Sur de su gobernación, que le son otorgadas a Almagro y que éste, después de un recorrido fugaz, deja desamparadas. No parece que en Pizarro hubiese existido por entonces el ánimo de expedicionar a dichas regiones que, comparadas con el Perú, eran mucho menos pobladas y ricas. Por eso no deja de admirarse que Y. le solicite licencia para realizar por sí esta empresa y abandonar, en pos de una quimera, la encomienda y la mina que estaba usufructuando. Procura disuadirle de sus propósitos, pero ante su insistencia accede a su petición. El expedicionario, sin colaboración oficial y sólo afirmado en su voluntad inflexible, se lanza a una aventura oscura, que ve iluminada por la fe. Con el título de teniente gobernador de Pizarro, único aporte del último, realiza contratos de compañía con mercaderes para procurarse recursos económicos, y uno especial con Pero Sancho de Hoz, que tenía autorización para explorar y gobernar las tierras al S del estrecho de Magallanes, quien se compromete a aportar dos navíos cargados de bastimentos, aparte de caballos y armas.
      La expedición a Chile. Con unos 11 acompañantes, comprendida una mujer arrojada, Inés Suárez, y unos 1.000 indios de servicio, Yparte del Cuzco al iniciarse enero de 1540. Toma hacia el Sur el penoso camino del desierto y, en el curso de los meses siguientes, se le unen otros refuerzos procedentes de una fracasada expedición a la región de los indios chunchos y chiriguanos en el Alto Perú. Logra así reunir una hueste de 150 españoles, entre los que destacan por su sobresaliente personalidad Francisco de Yillagra, Jerónimo de Alderete, Francisco de Aguirre y Rodrigo de Ouiroga. La ayuda convenida con Pero Sancho de Hoz jamás llega, pues éste derrocha sus caudales en el juego en Lima y aparece arteramente una noche en el campamento de Y, en el desierto de Atacama, resuelto a darle muerte y sustituirle en el mando de la expedición. Y le perdona y aún le permite continuar en la expedición, previa renuncia a todo derecho en ella.
      Tras diversos altos en la ruta, algunos de ellos prolongados, la hueste alcanza el valle de Copiapó, en los 27° de lat. Sur, donde comenzaba, según las provisiones de Pizarro, el país que debía someter Valdivia. Este, en solemne acto, toma posesión del territorio en nombre del rey y lo denomina Nueva Extremadura, en recuerdo de su tierra natal. Al cabo de dos meses de descanso, sigue la hueste hasta el valle de Aconcagua, apreciable por su fertilidad y la riqueza de sus lavaderos de oro. Más conocido dicho valle por el nombre de Chile, dará su denominación a toda la amplia comarca y primará sobre la de Nueva Extremadura que le impusiera Valdivia. Prosiguiendo su viaje, los expedicionarios llegan, en diciembre de 1540, al valle del Mapocho y establecen allí su campamento. Era el lugar ameno y feraz, y V. lo escoge para instalar la primera población y el centro de las futuras operaciones de conquista. Con toda solemnidad, el 12 feb. 1541 declara fundada la ciudad de Santiago y un mes después instituye su cabildo. Con él se inicia el trasplante a Chile de las instituciones jurídicas castellanas, base de la colonización emprendida.
      En los meses próximos circula la noticia, que llega por boca de los indios desde el Perú, que allí los partidarios del difunto Almagro se habían alzado y dado muerte a Francisco Pizarro. Este hecho produce la automática caducidad del título de teniente gobernador que ostenta Valdivia. Los pobladores temen que una persona extraña llegue desde el Perú a asumir el mando ya favorecer a gente nueva, que nada había hecho por la colonización de Chile. De ahí que el cabildo, interpretando el sentir de la mayoría, estime prudente otorgar a V. el título de gobernador interino, mientras el rey provea en definitiva. Aunque el aludido aspira al cargo y ve así cumplida su esperanza de mandar autónomamente en el territorio, se muestra cauteloso de dar cualquier paso en su favor, sabiendo que Pero Sancho de Hoz y sus parciales, aunque pocos, espían maliciosamente sus menores pasos y pretenden exhibirle como rebelde. Rehúsa, pues, V. una y varias veces el mando que se le ofrece y sólo acaba aceptándolo cuando todos los pobladores reunidos en cabildo abierto están dispuestos a elegir otro gobernador si persiste en su actitud negativa.
      No concluye 1541 sin que la colonización experimente un grave contratiempo. En septiembre, un fuerte y sorpresivo ataque de los indios a la naciente ciudad de Santiago la reduce a escombros, causa la muerte de dos españoles, resultaron heridos muchos otros y acaba con la mayor parte de los animales y bastimentos traídos desde el Perú. La situación se torna realmente desesperada; pero la entereza de V. puede más que el infortunio. Envía una expedición al Perú en busca de auxilios, reedifica Santiago y cuida con esmero la multiplicación del escaso trigo y pocos animales salvados de la catástrofe. Este estado de abandono e inseguridad demora dos años, hasta que son recibidos los refuerzos solicitados. Pero los hombres y bastimentos llegados, aunque útiles, resultan insuficientes. Una exploración practicada por V. varias leguas al Sur de Santiago, así como también un viaje por mar que por su orden realiza el piloto genovés Juan Bautista Pastene, con objeto de alcanzar hasta el estrecho de Magallanes, y que se detiene a los 41° de lat. S, convencen al caudillo de que necesita mayores recursos para ampliar la colonización. Resuelve entonces buscarlos personalmente en Perú, usando para ello uno de los dos barcos en los que habían llegado los rogados auxilios.
      Valdivia, gobernador y poblador. Llegó V. al Perú en una hora crítica. Gonzalo Pizarro, hermano de Francisco, se había alzado contra el rey y éste había enviado para poner orden en la tierra a un hombre de singular prudencia: Pedro de La Gasca. V. se pone a sus órdenes, y con su reconocido talento de estratega derrota a Gonzalo Pizarro en la batalla de Jaquijahuana (1548). La Gasca, que poseía amplias facultades del rey y estaba agradecido del apoyo de V ., le concede en propiedad el título de gobernador de Chile, señalándole por jurisdicción desde el valle de Copiapó hasta los 41° de lat. S, y desde el océano Pacífico hasta 100 leguas al interior. Si lo último pone bajo el mando de V. territorios al oriente de los Andes, lo primero deja fuera de la gobernación de Chile el estrecho de Magallanes, contrariando así las aspiraciones del conquistador .
      Cuando se apresta a retornar a Chile, V. es detenido por La Gasca para someterle a un proceso. Emulos del caudillo, por medio de denuncias anónimas, le habían acusado de cometer violencias y despojos entre los colonos de Chile. La Gasca practica una cuidadosa investigación, que remata en una sentencia absolutoria. En abril de 1549, V. regresa a Chile, con 200 hombres de auxilio, para continuar su tarea colonizadora. Envía al Norte a Francisco de Aguirre a repoblar la ciudad de La Serena, destruida por los indios, y sigue luego en persona al Sur, resuelto a ampliar la conquista. En las márgenes de la bahía de Penco funda el 5 de octubre de 1550 la ciudad de Concepción, dotada de excelentes comunicaciones marítimas y buen abastecimiento pesquero; y en la confluencia de los ríos Cautín y Damas echa las bases de una nueva ciudad, La Imperial, el 16 abril 1552. La región estaba muy poblada de indígenas y los vecinos logran el beneficio de ricas encomiendas. El fervor fundacional no se detiene y surgen otras poblaciones: Valdivia, Villárrica y Los Confines. V. envía además a Francisco de Villagra ya Francisco de Aguirre a hacer efectiva su jurisdicción en las regiones al oriente de los Andes, y al piloto Francisco de Ulloa al estrecho de Magallanes, que explora favorablemente.
      En la empresa colonizadora, V. se muestra no sólo como militar valiente, sino también como gobernante avezado. Su don de mando y espíritu de iniciativa le permiten mantener la disciplina en la hueste heterogénea donde se emboscan algunos adversarios, orientar el trabajo de la tierra y de los lavaderos de oro, dirigir las obras públicas, difundir entre españoles e indios las primeras letras, dictar para los últimos normas protectoras y cuidar de su evangelización. Además hace llegar al rey, en periódicas cartas, una relación minuciosa de los progresos y azares de la expedición, transformándose así en el primer historiador de la conquista de Chile. En dichas cartas incluye valiosas informaciones sobre la geografía y la fauna de Chile y las costumbres de los aborígenes. En ocasiones, su pluma se exalta para alabar las excelencias del país. Revela así ánimo resuelto a radicarse definitiva. mente en el país ya no comprar un palmo en España; como dice Carlos V, «aunque tuviese un millón de ducados». Pero no se contenta con el grado 41 como frontera Sur de su gobernación, sino que aspira a extenderla hasta el estrecho de Magallanes. Para el logro de este anhelo y la obtención de otras mercedes, envía a la corte a Jerónimo de Alderete. El 29 sept. 1554, Carlos V, considerando los méritos del peticionario, amplía la gobernación de Chile hasta el estrecho y da a V. los títulos de adelantado y caballero de la Orden de Santiago. Estas concesiones no las goza el favorecido, porque ya había muerto.
      En efecto, en diciembre de 1553, los indígenas atacan el fuerte de Tucapel e inician un movimiento de agitación al S del río Bío-Bío. V., con unos 50 soldados y varios indios de servicio, sale de Concepción rumbo a ese sitio, con la intención de reunirse allí el día de Navidad con otros españoles. Pero lo que le espera en Tucapel es una emboscada. Los araucanos, al mando de su jefe Lautaro, le atacan en oleadas sucesivas hasta producir el agotamiento del gobernador y sus compañeros. Derribado del caballo en un intento imposible de repliegue, el valeroso caudillo cae al fin prisionero de sus enemigos, que le dan muerte (25 dic. 1553). La trágica desaparición de V., si bien representa un grave trastorno en el desarrollo de la colonización española en Chile, no la detiene. Su obra había echado hondas raíces y es proseguida sin desmayo por sus sucesores. Por su tarea civilizadora, su amplia visión política y su amor a la tierra conquistada, que se transparenta en sus notables cartas al rey, V. abre allí un horizonte histórico. Puede considerársele el fundador de la nacionalidad chilena.

JAIME EYZAGUIRRE

Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

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Urdaneta, Andrés de (1508-1568)

Marino y religioso de la Orden de s. Agustín. N. en Villafranca de Oria (Guipúzcoa), tal vez en el caserío de Oyanguren, en 1508. Embarcó en la flota de García Jofre de Loaysa, que zarpó de La Coruña el 24 jul. 1525 rumbo a las islas de la Especiería, acompañando a Juan Sebastián Elcano , piloto mayor de esta armada, y ambos navegaron en la nave Sancti Spiritus. La flota, después de tocar en Canarias, cruzó. el Atlántico para costear el continente americano en busca del estrecho de Magallanes, que al fin atravesaron tras muchos esfuerzos; el 25 mayo 1526 estaban ya en el océano Pacífico, donde una tempestad separó a las naves. u. y Elcano habían pasado a la Santa María de la Victoria, ya bordo de ella murió este último el 6 de agosto según el Diario que aquél comenzó a escribir desde la partida, y que es una valiosa fuente histórica. El 4 de septiembre se encontraban frente a la isla de Guam. Después pasaron a Mindanao y luego a las Molucas, donde se encontraron con los portugueses.
      Allí comenzó una nueva época de la vida de U., convertido en soldado, diplomático y comerciante, durante nueve años de permanencia en aquellas islas, luchando con lusitanos e indígenas. Después de la cesión de las Molucas a Portugal en 1529, U. salió de ellas en febrero de 1535 y regresó a España por el océano Indico, en barcos portugueses. Desembarcó en Lisboa el 26 jun. 1536 y pasó a Valladolid, donde debió de encontrarse con Pedro de Alvarado , que preparaba una expedición al mar del Sur, y le propuso que fuera con él. U. aceptó y ambos pasaron a Guatemala, pero Alvarado fue en socorro de Cristóbal de Oñate y murió en Nueva Galicia; su compañero quedó como corregidor de la mitad de los pueblos de Avalos, cargo que le confió el virrey Antonio de Mendoza . En 1547 se le nombró almirante de la Armada que debía ir al Perú en auxilio de Pedro de La Gasca , encargado de someter a Gonzalo Pizarro, pero éste fue vencido y decapitado antes de que partiese la expedición.
      Siguió U. en Nueva España durante unos años, desempeñando otros cargos y comisiones, y en 1552 ingresó en el noviciado de los agustinos de México; profesó el 20 mar. 1553, ordenándose sacerdote en 1557, y poco después fue nombrado maestro de novicios. Pero no dejó de interesarse nunca por la tan buscada «vuelta del Poniente» y fue madurando un plan que expuso ante los pilotos y técnicos convocados por el virrey Luis de Velasco, que tenía por entonces plenos poderes de Felipe II para enviar expediciones por el mar del Sur. Se organizó con tal fin la que el virrey puso al mando de Miguel .López de Legazpi , que llegó a Filipinas en 1565, y desde la isla de Cebú zarpó la nao San Pedro en la que iba como general Felipe de Salcedo, pero era u. quien debía dirigir el rumbo, aunque por su calidad de religioso no figurara como piloto. P.I . marcó la derrota a seguir hasta rebasar los 39° de latitud N, en cuya altura navegaron ya hasta ver tierra americana el 18 sept. 1565 y, bajando a lo largo de las costas de California y México, entraron en Acapulco el 8 de octubre, quedando así descubierta la «vuelta del Poniente». Desde aquí u. pasó a México y luego a Veracruz, donde embarcó para España.
      Ante una Junta de peritos reunida en Madrid el 8 oct. 1566, Sostuvo que las Filipinas y las Molucas estaban dentro de la zona cedida a Portugal por el tratado de Zaragoza (1529). Después pidió licencia para regresar al convento de México, donde pasó la cuaresma de 1567. Falleció el 3 jun. 1568. El cadáver fue sepultado en la cripta de la iglesia, pero en el s. XVII un incendio y una inundación hicieron desaparecer los restos. En su pueblo natal hay un grupo escultórico que lo representa señalando el cielo a dos indios; en realidad, u. tuvo pocas ocasiones de actuar como misionero, aunque tenía grandes deseos de serlo, y lo que le impulsó a embarcar con Legazpi fue su afán evangelizador; gracias a su pericia náutica pudo predicarse el cristianismo en Filipinas, a las que hubiera querido regresar para ejercer allí su sagrado ministerio..

Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

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López de Legazpi, Miguel (1508-1572)

El conquistador de Filipinas n. en Zumárraga, hacia 1508, de padres nobles. Segundón de la casa, se dedicó probablemente al estudio del Derecho, aunque no tenemos hasta hoy prueba documental de ello. En 1528 estaba ya en México, donde fue escribano, y allí mismo se casó con Isabel Garcés. Su primogénita, Teresa, se unió a Pedro de Salcedo y fue madre de Felipe y Juan, capitanes distinguidos en la conquista de Filipinas. Algunos historiadores afirman que L. había realizado empresas guerreras antes de que el segundo virrey de Nueva España, Luis de Velasco, le confiara el mando de la expedición que debía buscar la «vuelta del Poniente», pero la muerte de aquél (julio 1564) hizo cambiar el objetivo de la empresa.
      La armada, compuesta por las naos San Pedro y San Pablo, los pataches San Juan y San Lucas, y una fragatilía, zarpó del puerto de Navidad en la madrugada del 21 nov. 1564, y el 25 del mismo L. hizo abrir, en presencia de los pilotos y capitanes, la instrucción secreta que llevaba. En ella se mandaba seguir el derrotero de la armada de Villalobos y, por tanto, dirigirse a las Filipinas. El 13 feb. 1565 avistaron la isla de Sámar, y, después de tomar posesión de la tierra, pasaron a Leyte. Felipe de Salcedo, nieto de L., y Martín de Goiti exploraron la isla y hallaron un puerto abundante en víveres, donde se trasladaron los barcos. El hijo de un cacique mezcló su sangre con la del alférez Andrés de Ibarra, bebiéndola ambos en dos vasos de vino, señal de paz según las costumbres del país. Pasaron luego a la isla de Limasagua y después a Camiguín, situada al N de Mindanao. Los vientos les llevaron luego a Bohol, donde fueron bien recibidos por los régulos Cicatuna y Cigala.
      Desde allí envió L. el patache San Juan a Mindanao, bajo el mando de Guido de Lavezares, tesorero oficial real, y del capitán Juan de la Isla. Encontraron oro, lo cual encendió la codicia de muchos soldados que quisieron saquear la tierra, a lo que L. se opuso, actitud que mantuvo siempre y produjo a veces descontento entre su gente. Cicatuna celebró con él la sangrienta ceremonia que sellaba las paces en las islas, y después la flota pasó a Cebú (27 abr. 1565), donde hubo que hacer un desembarco protegido por la artillería de las naos. L. decidió poblar esta isla y fundó el 8 mayo 1565 la villa de San Miguel. El 1 de junio zarpó la nao San Pedro para retornar a Nueva España, y el 15 oct. 1567 llegó a Filipinas el galeón San jerónimo con noticia de su feliz viaje; este buque llevaba socorros, pero no conducía ningún
      documento que autorizara a seguir la conquista, por lo que L. envió otros dos barcos a buscarlos, el segundo mandado por su nieto Felipe, que pereció en este viaje. L. dirigió personalmente la conquista de la isla de Panay, donde estableció su cuartel general. Desde aquí envió expediciones que ocuparon las islas próximas. En 1570, fue conquistada la de Mindoro, lo que puso a los españoles a las puertas de Luzón.
      Fracasada la primera expedición que mandaron Goiti y Juan de Salcedo, L. dirigió la segunda, después de haber recibido ya una real cédula que le autorizaba a fundar ciudades y repartir encomiendas, y le daba el título de adelantado de las islas de los Ladrones. Usó por vez primera estas facultades para erigir un ayuntamiento en la villa de San Miguel, cuyo nombre cambió por el de Ciudad del Santísimo Nombre de Jesús, por la imagen que había dejado allí Antonio Pigafetta (v.). L. salió de Panay el 15 abr. 1571 y a los ocho días estaba en Cavite, donde recibió a los régulos mahometanos Matanda y Solimán, que se sometieron sin lucha. Comprendiendo que Manila (v.) reunía las mejores condiciones para ser la capital del archipiélago, fundó el 24 jun. 1571 la ciudad española, conservando su nombre indígena. El adelantado envió entonces a Martín de Goiti y a Juan de Salcedo con dos grupos de hombres para ocupar la isla de Luzón, y él se quedó en Manila, donde residió hasta su muerte, ocurrida el 20 ag. 1572, a consecuencia de un fallo cardiaco. Su rectitud moral dio a la conquista de Filipinas un carácter pacífico que la distingue de otras empresas análogas.

L. DÍAZ-TRECHUELO.

Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

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Domingo Martínez de Irala (1509-1556)

Conquistador español del Paraguay, n. en 1509, en Vergara. Fue con Pedro de Mendoza (v.) al Río de la Plata (1535-36) y estuvo en la fundación de Buenos Aires. Partió con Juan de Ayolas hacia el Perú (14 oct. 1536), hasta llegar a un punto sobre el río Paraguay (200 de lat. S) que denominaron Candelaria (2 febrero). M. del. quedó allí con 30 soldados, como teniente de Ayolas, y éste se internó en el Chaco, hacia el O. En Candelaria, lo encontraron los capitanes Juan de Salazar y Gonzalo de Mendoza (junio 1537), enviados del adelantado. Por el mal estado de sus barcos, M. del. descendió hasta Arecutacuá a repararlos, y aquéllos siguieron aguas abajo, a fundar un fuerte: Asunción. Dos veces regresó M. de I. a Candelaria y no pudo sostenerse allí por la hostilidad de los naturales y el deterioro de su flotilla.
      En abril de 1539 estaba en Asunción, donde se suscitó controversia por el mando superior. M. del. invocaba su calidad de teniente de Ayolas, que lo era a su vez del adelantado; Francisco Ruiz Galán se fundaba en un despacho del mismo Mendoza; y Alonso Cabrera exhibía una cédula que facultaba a los conquistadores a elegir gobernador a falta de legítimo titular del cargo. Prevaleció el derecho de M. de I., que asumió el poder (19 jun. 1539). Otra vez en Candelaria, comprobó la muerte de Ayolas y su gente por los indios. Desde entonces, afrontaría la difícil tarea de sostener la conquista sin recursos y sin auxilios de la metrópoli. Con los oficiales de hacienda, acordó la despoblación de Buenos Aires y la concentración de todos los españoles en Asunción, a la que dio cabildo (16 sept. 1541) y señaló traza de ciudad.
      El 12 mar. 1542 llegaba el adelantado Alvar Núñez Cabeza de Vaca (v.), que designó a M. de I. su maestre de campo y le envió al Norte a buscar un camino al Alto Perú. El 6 en. 1543, M. del. reconocía el puerto de los Reyes, que le pareció apropiado para base de operaciones. De regreso, sofocó un alzamiento indígena, acompañó al adelantado a los Reyes '(septiembre 1543) y de allí pasó a la zona de los xarayes, en el curso superior del río Paraguay. De vuelta a Asunción, los vecinos depusieron a Cabeza de Vaca y los oficiales de hacienda entregaron el mando a M. de I. (25 abr. 1544); su nuevo gobierno duró 12 años, hasta su muerte. Sometió a indios hostiles, dispuso exploraciones y, en noviembre de 1547, a través del Chaco, fue al Alto Perú, donde halló ya afirmado el poder español. En Asunción, había quedado por teniente suyo Francisco de Mendoza, que fue preso y ejecutado por antiguos parciales de Cabeza de Vaca (agosto 1548). Entre tanto, M. del. esperaba noticias del Perú, y la incertidumbre soliviantaba a su gente, por lo que cedió el mando a Gonzalo de Mendoza. De vuelta los expedicionarios en la costa del río Paraguay, se enteraron de lo acontecido en Asunción y se sometieron a M. del. (13 mar. 1549), para bajar juntos a la capital, en la que entraron sin oposición. Se formó causa a los rebeldes y su jefe, Diego de Abreu, fue muerto en la selva (1553).
      Tardaba M. de I. en repartir encomiendas de indios, lo que inquietaba a los conquistadores, a dos de los cuales hizo ejecutar. M. de I., sin embargo, no era sanguinario: a dos condenados a muerte, Alonso Riquelme de Guzmán y Francisco Ortiz de Vergara, cabecillas alvaristas, les indultó y les casó con dos hijas suyas, las mestizas Úrsula y Marina (1552 ó 1553). De este modo, aseguró paz perdurable y la terminación de las antiguas banderías.
      M. de I. asentó la colonia y se ocupó de vigilar la línea de Tordesillas, fundó pueblos de indios, fomentó el mestizaje, reglamentó los gremios y oficios, abrió una escuela y dio cuenta al rey de todo lo acontecido desde la deposición de Cabeza de Vaca. En abril de 1556, llegaba el primer obispo, y M. de I. recibía su título de gobernador, con lo cual quedaba definitivamente organizada la provincia. Cuando dirigía el corte de maderas para la futura catedral, enfermó de gravedad y poco después moría en Asunción (3 oct. 1556). Le sucedían 10 hijos, habidos con siete indias guaraníes. Su descendencia ha descollado en toda la historia paraguaya. Por su abnegación, sagacidad y obra de gobierno, es considerado el fundador del Paraguay.

RAFAEL ELADIO VELÁZQUEZ

Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

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Gonzalo Jiménez de Quesada (1509-1579)

Jiménez de Quesada rompe con el tópico de los conquistadores hispanos ya que estudió derecho en Salamanca. En 1535 es nombrado Justicia Mayor de la localidad de Santa Marta y se traslada a América junto con Pedro Fernández de Lugo. Al año siguiente recibe el cargo de Capitán General en la expedición que remontará el río Magdalena para llegar en 1537 a las tierras de los chibchas. En las tierras altas de la meseta se enfrentarán a dos tribus locales en su búsqueda de oro y esmeraldas, considerando que habían encontrado algún rastro de El Dorado. En 1539 se encontrará con Benalcázar y Federman, teniendo todos el mismo objetivo. La fundación de la ciudad de Santa Fe de Bogotá será la mayor empresa de Quesada pero la gobernación de la ciudad quedará para el hijo de Fernández de Lugo, lo que motivó que don Gonzalo continúe en su búsqueda del mítico El Dorado, arruinándose en los diversos intentos. Como escritor realizará un "Compendio Historial", una "Relación de la conquista y los ratos de suesca", y el "Antijovio".

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Vázquez de Coronado, Francisco (1510-1565)

Descubridor y explorador español. Las noticias que Cabeza de Vaca aportó sobre las tierras sureñas de los actuales Estados Unidos produjeron en México gran conmoción. Los relatos fabulosos sobre las siete ciudades de Cibola, cuyas maravillas y excelencias conocía a través de los indios, fueron los que impulsaron a fray Marcos de Niza a intentar una exploración por aquellas tierras desconocidas. El intrépido fraile, conocedor ya de los rigores de la conquista por su participación en la del Imperio inca, partió de Culiacán con dirección N en 1539, llegando a divisar las ya famosas siete ciudades de Cíbola en junio de ese mismo año. El fraile creyó ver unas ciudades resplandecientes por sus riquezas y de una cultura muy superior a la de los aztecas. En realidad, las maravillosas ciudades que fray Marcos había contemplado no eran otra cosa que los míseros poblados de Zuñi, en el actual Estado americano de Arizona. Su apasionada descripción hasta tal punto hizo impacto en Nueva España que el virrey Antonio de Mendoza organizó una nueva expedición, a pesar de la obstinada oposición de Cortés, al frente de la cual puso a V. de C., joven capitán nacido en Salamanca en 1510 y que en 1535 había pasado a América, ansioso de fama y fortuna. Su matrimonio con Beatriz Estrada, hija del tesorero real, le había introducido en la alta sociedad virreinal, viendo pronto satisfecha su ambición al recibir la gobernación de la provincia de Nueva Galicia, que Nuño de Guzmán dejaba vacante. Se hallaba en este cargo cuando el virrey Mendoza le otorgó la capitanía de la expedición que había de conquistar y colonizar las tierras descubiertas por fray Marcos de Niza.
      Partió V. de C. de Culiacán con su ejército, compuesto de 300 españoles y 800 indios, en febrero de 1540. Bordeando la costa occidental de México avanzó hacia el N, hasta un poco más allá de Guaymas, donde se desvió hacia el interior atravesando las montañas del sudeste de Arizona. En julio de este mismo año llegó la expedición al país de los zuñis, la tan ansiada Cíbola, y con la llegada vino también la decepción, pues lo que los expedicionarios contemplaron no eran las maravillosas ciudades descritas por fray Marcos, todas cubiertas de oro y plata y con magníficas cúpulas y torreones, sino unos miserables pueblos, que lo único que tenían de valor era la originalidad de su estructura. Decidieron, no obstante, su conquista, que llevaron a cabo sin excesivo esfuerzo. Ante los infructuosos resultados de la expedición), decidió V. de C. enviar pequeños grupos de exploración en busca de nuevas tierras. Un grupo partió hacia el E, llegando hasta los extraños pueblos de Moqui, en el nordeste de Arizona, y descubriendo que por aquella zona no encontrarían otra cosa que aridez y desolación. Otra pequeña expedición, al mando de García López de Cárdenas, se dirigió al O, y su resultado fue el descubrimiento del Gran Cañón del Colorado, ante cuya profundidad quedaron vivamente impresionados.
      Después condujo V. de C. su ejército al pueblo de Tiguex, junto al río Grande, donde oyó hablar del mito de Ouivira. Según los indios, era una ciudad de oro puro, y en su búsqueda partieron los expedicionarios, en la primavera de 1541. Marcharon a través de las inmensas llanuras de Arkansas hasta el extremo nordeste de Kansas, para alcanzar, tras muchas penalidades, la fabulosa Quivira, que no era sino una tribu de salvajes nómadas, que ni conocían el oro ni sabían dónde encontrarlo. Tras esta nueva decepción regresaron a Tiguex, donde v. de C. estuvo a punto de perder la vida por una desafortunada caída del caballo. Quebrantado física y moralmente por estos reveses, decidió,el regreso a México en la primavera de 1542. El virrey le recibió fríamente, porque consideraba que había fracasado, y le desposeyó del gobierno de Nueva Galicia. Su brillante vida política había terminado. M. hacia 1550.

L. NAVARRO GARCÍA.

Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

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Lope de Aguirre (1510-1561).
Nacido en Oñate (Guipúzcoa), como hijo segundón de una familia de hidalgos hubo de marchar a la pujante Sevilla del siglo XVI en busca de fortuna. Partió hacia América en 1534, participando en los diversos enfrentamientos entre españoles que se desarrollaban en territorio peruano. Así, tomó partido a favor de Vaca de Castro y en contra de Almagro, en las Guerras Civiles, dentro del bando realista, y en las luchas contra Gonzalo Pizarro, a favor de Núñez de Vela, y el enviado del rey, La Gasca. Su colaboración en el asesinato del corregidor Hinojosa, en 1552, fue la causa de su condena a muerte, posteriormente conmutada por Alvarado a cambio de aplastar la sublevación de Girón, en 1154. El viaje exploratorio de los marañones, que transcurre por el rio Huallaga hacia el Marañón y el Amazonas bajo el mando de Pedro de Ursúa, le sirve para escalar políticamente, haciéndose nombra Maestre de Campo tras el asesinato tras el asesinato de Ursúa. Rebelado contra el poder real, hace asumir el mando a Fernando de Guzmán, en principio con el cargo de gobernador para, una vez concretada la ruptura con la monarquía española, proclamarle rey y emprender la guerra contra los Reinos del Perú y los representantes del poder real en ellos. Se produce así una desnaturalización de España y su rey, Felipe II, de quien no se consideran vasallos ni al que deben, por tanto, observar obediencia. Posteriormente, Lope de Aguirre toma personalmente el poder, autoproclamándose "Príncipe de la libertad de los reinos de Tierra Firme y provincias de Chile" y declara la guerra a España. Tomada isla Margarita (Venezuela), durante el paso al continente comienzan las deserciones. Lope de Aguirre es asesinado en 1561 de dos tiros de arcabuz. Tras su muerte se incia un proceso judicial que le condenará como rebelde.

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Orellana, Francisco (1511-1546)
Conquistador español del S. XVl, cuya hazaña de navegar por primera vez el río Amazonas (v.) le coloca entre los grandes descubridores españoles en América. Su figura, su personalidad y su misma gesta son objeto de numerosas polémicas, que se han sucedido desde la descripción que de él hicieron los primeros cronistas. Traidor de los Pizarro -de los que era pariente- según unos, y amigo y servidor de ellos según otros, lo mismo se le acusa de despotismo y malos tratos a sus compañeros de viaje, que se le señala como persona noble y generosa. Pero todos coinciden en afirmar que tenía un espíritu joven e impetuoso y que poseía un amplio conocimiento de las lenguas indígenas gracias a vocabularios que él mismo construía.
     
      N. en Trujillo en 1511 y allí vivió hasta 1527, año en el que pasó a Sevilla con objeto de embarcarse para el Nuevo Mundo. Partió probablemente en la expedición de Alvarado, pues en 1528 se encontraba en Panamá. Muy pronto se trasladó a Perú con Pizarro, al que ayudó en sus conquistas en las que perdió un ojo. Probablemente, llegó a reunir riquezas, ya que tomó parte en el reparto del botín del Cuzco, pero nunca llegó a ser rico, pues invirtió mucho dinero en el sostenimiento de sus hombres. Intervino en numerosas campañas: con Gonzalo de Olmos fundó la nueva ciudad de Puerto Viejo después de las rencillas habidas entre Pacheco y Benalcázar en el antiguo emplazamiento de la misma; también junto a Olmos acudió a romper el sitio de la ciudad de Lima y a pacificar a los indígenas en el Cuzco. Luchó a favor de los Pizarro contra Diego de Almagro, demostrándoles una vez más su lealtad. Más adelante, en 1539, fundó la ciudad de Santiago de Guayaquil después que fracasó el primer intento de Benalcázar. En ella permaneció dos años, hasta que fue llamado por Gonzalo Pizarro para que le acompañara a su proyectada expedición al país de la canela.
     
      Es difícil describir el ambiente del Perú en esta época, desde donde continuamente salían expediciones que volvían con tesoros o con noticias de ellos. Los hombres de entonces vivían impregnados de un espíritu renacentista donde tenían favorable acogida todos los mitos de la Antigüedad y otros nuevos surgidos con los descubrimientos geográficos.
     
      Al llegar O. a Quito para reunirse con Pizarro, se encontró con que éste ya se había marchado sin esperarle. Emprendió no obstante la marcha con 20 hombres por el accidentado camino que había seguido su compañero y, después de cruzar los Andes tras incontables penalidades, se reunió con el resto de la expedición. Establecieron un campamento cerca del volcán Bumaco. O. fue elegido lugarteniente de Pizarro. Parece que en realidad se trató de una división de poderes, encargándose Pizarro de la parte bélica, y O., dada su facilidad para entenderse con los indígenas, de la administración interna. Desde Zumaco salieron para encontrarse un caudaloso río, el Coca, adonde llegaron el 26 jun. 1541. Por sus orillas buscaron un sitio a propósito para vadearlo; así conocieron a los indios omagua, cuyo jefe les sirvió de guía. Como la canela que habían hallado hasta entonces en la región de Zumaco era escasa y no parecía que hubiera riquezas por aquellos parajes, Gonzalo Pizarro decidió no volver a Quito fracasado y propuso construir un bergantín para aligerar la marcha en la misma dirección que llevaban y alcanzar de esta manera el buscado mar del Norte. O. no se mostró partidario de esto y se inclinaba más a volver a las sabanas de Pasto y Popayán e ir en busca de Eldorado, pero acató las órdenes de Pizarro.
     
      Por las noticias que adquirieron de los indios, se avecinaba una región muy despoblada. La marcha con el bergantín continuaba igual de penosa, por lo que Pizarro ordenó que O. se adelantara con algunos hombres en el barco para ganar tiempo y llegar antes a lugares poblados que les facilitaran vituallas. Los hechos fueron muy distintos a como esperaban, pues la confluencia del río Coca con el Napo ofrecía un terreno cenagoso sin más habitantes que una gran cantidad de caimanes. La corriente les arrastraba con gran fuerza, por lo que siguieron adelante hasta la desembocadura del Aguarico, donde encontraron ya los primeros habitantes. Aquí se le planteó a O. el gran dilema. La lealtad a su jefe, le imponía la vuelta en su busca, pero las circunstancias a lo largo del viaje determinaron la situación. Quizá empujado por sus hombres, que consideraban imposible la vuelta contra corriente, o quizá por propia iniciativa, O. realizó el mismo acto legalista que antes había utilizado Hernán Cortés para hacerse con el mando: renunció a su cargo de lugarteniente y fue nombrado jefe por sus hombres, decidiendo continuar hacia adelante.
     
      Pensaron construir en esta región un nuevo barco y esperar por si llegaba Pizarro con el resto de los expedicionarios, pero las relaciones con los indios se iban enfriando, por lo que decidieron seguir. El P. Gaspar de Carvajal, cronista de la expedición que acompañó a O. En todo su recorrido, describe la navegación por el Amazonas; habla de la ferocidad de los indios que vivían a lo largo de este río, de sus flechas envenenadas, de su antropofagia, de su costumbre de usar como trofeos de guerra las cabezas de sus víctimas y de la existencia de mujeres guerreras, que según noticias de los indios eran administradoras de un país habitado sólo por ellas. Por fin llegaron al delta del Amazonas donde los indios más pacíficos, acostumbrados a la visita de otros expedicionarios españoles y portugueses, les recibieron bien. Desde la desembocadura del Amazonas a la isla Margarita tardaron 15 días; el viaje finalizó en septiembre de 1542. El Consejo de Indias absolvió a O. de su posible traición a Pizarro, y en reconocimiento a sus méritos le concedió el título de adelantado de la Nueva Andalucía y permiso para preparar otra expedición. Salió nuevamente de España en 1546, con mala fortuna, pues de cuatro barcos que llevaba sólo se salvó uno, en la travesía hasta América. Con él intentó remontar el río, pero murió de fiebres al poco tiempo, en brazos de su esposa Ana de Ayala, que le acompañó en este viaje.

E. VILA VILAR.

Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
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Cristóbal de Olid

Acompañando a Hernán Cortés en la conquista de México encontramos a Cristóbal de Olid, convirtiéndose en uno de los mejores capitanes. Olid será quien conquiste Michoacán (1522), siendo enviado a Honduras para impedir la ocupación de González Dávila. Este será apresado pero Olid quiso realizar la empresa de la conquista de Honduras por su cuenta, lo que motivó el envió de Francisco de las Casas por parte de Cortés. El enviado también será derrotado y hecho prisionero pero Las Casas y González Dávila se unieron y vencieron a Olid, ajusticiándole bajo la acusación de traidor.

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Pedro Cieza de León (1521-1554)

Pedro de Cieza participó en la tropa dirigida por Almagro y Pizarro que conquistaron el Perú en 1531. Todas las vivencias que tuvo el soldado fueron recogidas en la "Crónica del Perú". La obra está dividida en cuatro libros, estando el primero dedicado al clima, costumbres y tradiciones indígenas; el segundo lo dedica a las hazañas del señorío inca; en el tercero se narra la conquista, aunque esta parte está perdida; y el cuarto quedó incompleto.

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Alvaro de Bazán (1526-1588)
Este marino español, nacido en Granada en 1526, y muerto en Lisboa en 1588, fue el primer Marqués de Santa Cruz.
El hijo del capitán general de las galeras de España, en 1554 se había destacado al mando de la armada que combatía a los corsarios franceses y, años después, tuvo a su cargo la escuadra encargada de la vigilancia del estrecho de Gibraltar.
Algo más tarde, y desde su base en Nápoles, participó en la guerra naval contra los turcos, y fue nombrado marqués de Santa Cruz por FelipeII. Lo cierto es que, al mando de la escuadra de reserva en la batalla de Lepanto, desempeñó un papel crucial en la misma, lo que propiciaría su posterior nombramiento de capitán general de las galeras de España.
Durante la guerra con Portugal dirigió las operaciones navales, e intervino con éxito en las Azores, donde derrotó a la flota francesa. Nombrado capitán general de la mar océana, Felipe II le encomendó los preparativos para la expedición de la Armada Invencible, aunque don Álvaro murió poco antes de que pudiera dar por concluida su tarea.
Al menos, dejó este mundo sin haber conocido un fracaso, que podría haber empeñado su intachable hoja de servicios.
Construyó importantes monumentos el Marqués de Santa Cruz, alguno de los cuales aún perdura en Argelia. Aunque el más importante, y el que para nosotros ostenta una mayor significación, es el Palacio del Viso del Marqués, hoy Archivo de la Marina española.
De don Álvaro se ha escrito que peleó como caballero, escribió como docto, vivió como héroe y murió como santo. Como se ha dicho, con toda razón, que la escalera de este Palacio renacentista, sirvió como modelo a la de El Escorial.

(http://www.apalasdunas.org/colegio/marques.htm)
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Juan de Garay (1528-1583)

Conquistador y colonizador español, n. en Belandia, barrio de Orduña, provincia de Vizcaya, probablemente en 1528. También se le adjudicó como patria Villalba de Losa, provincia de Burgos, muy próximo a Orduña, y asimismo Gordejuela, en las Encartaciones. Se ignora el nombre de sus padres. Era sobrino del oidor Pedro de Zárate, con el cual se dirigió al Perú, en 1543, cuando tenía 14 años de edad.
     
      Tomo parte en la fundación de Tarija y en la de Santa Cruz de la Sierra. Hizo un viaje a la Asunción y a su regreso a Santa Cruz se casó con Isabel de Becerra y Mendoza. Volvió a la Asunción con la expedición de Felipe de Cáceres en 1568. En este tiempo se sentía la urgente necesidad de contar con un puerto en el océano Atlántico. Lo reclamaban los pobladores de las ciudades del Alto Perú, de Chile, del Noroeste de la Argentina y del Paraguay. El gobernador de la Asunción, Martín Suárez de Toledo, encomendó a G. la fundación de una ciudad en el río Paraná. G. preparó una expedición de nueve españoles y 75 criollos y descendió hasta el fuerte de Caboto, donde se encontró con Jerónimo Luis de Cabrera, qua acababa de fundar Córdoba. En el mismo a. de 1573, el 15 de noviembre, G. fundó la ciudad de Santa Fe. En febrero de 1574 supo que había llegado al Río de la Plata el tercer adelantado Juan Ortiz de Zárate, natural de Orduña. G. le salvó de un ataque de los indios y con él subió a la Asunción, donde murió. En su testamento Ortiz de Zárate dejó establecido que su cargo de adelantado debía heredarlo el hombre que se casase con su hija Juana, habida en una ñusta descendiente de los incas. En 1576, G. hizo un viaje a Santiago del Estero, acompañó a su gobernador Diego de Abreu en la fundación de San Clemente de la Nueva Sevilla y, por último, se dirigió a Charcas, donde supo que Juana Ortiz de Zárate se había casado con Juan de Torres de Vera y Aragón. Éste lo nombró su teniente el 9 abr. 1578 y le encomendó «poblar en el puerto de Buenos Aires una ciudad». En septiembre de 1578, G. estuvo en la Asunción, en 1579 se dedicó a batir a los indios del Alto Paraguay y en enero de 1580 preparó la repoblación de Buenos Aires.
     
      Los repobladores fueron 66 personas, entre las cuales había diez españoles y una mujer, Ana Díaz. Un portugués, Antonio Tomás, había asistido a la primera fundación. Viajaron por tierra y por el río. En mayo estuvieron en Santa Fe, y, el día 29, en el Paraná de las Palmas. G. fundó «la ciudad de la Trinidad», en «este puerto de Santa María de Buenos Aires», el 11 jun. 1580. El escribano Pedro de Jerez redactó el acta. A la provincia le dio el nombre de Nueva Vizcaya. G. nombró los alcaldes del cabildo, enarboló el rollo de la justicia, señaló los lugares en que debían levantarse el cabildo, el fuerte, la catedral y tres conventos y distribuyó lotes a los fundadores. También fijó el escudo de la ciudad: un águila negra con una corona en la cabeza, cuatro polluelos a los pies y una cruz de Calatrava en la garra derecha. El 24 de octubre repartió otras tierras en las afueras. Más tarde hizo una excursión a Santa Fe, volvió a Buenos Aires y exploró la costa atlántica hasta la actual ciudad de Mar del Plata. Regresó en enero de 1582, subió a la Asunción y bajó nuevamente a Santa Fe. El 10 mar. 1583 acompañó en un bergantín al gobernador de Chile, Alonso de Sotomayor. Se detuvo con sus hombres en Sancti Spiritus, el antiguo fuerte de Caboto, y, mientras dormía, los indios le mataron a palos.
     
      G. fue uno de los conquistadores más puros de la conquista. Noble en sus actos y sentimientos, activo, pacificador admirable. No existe un documento que le ataque. Sus contemporáneos le recordaron con admiración y afecto. Su descendencia, hasta la actualidad, ha sido estudiada a la perfección por el genealogista argentino Ricardo de Lafuente Machain en su obra Los Machain (Buenos Aires 1926).

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Hurtado de Mendoza, García (1535-1597)
Hijo del virrey del Perú Andrés Hurtado de Mendoza, le acompañó al Nuevo Mundo en 1556. Un año después sería nombrado Gobernador de Chile, tras la muerte de Pedro de Valdivia. Su misión será acabar con los belicosos araucanos pero en primer lugar tuvo que hacer frente a las rencillas entre Francisco de Aguirre y Francisco de Villagra. Los rivales fueron apresados y García Hurtado pudo enfrentarse a los araucanos comandados por Caupolicán. Obtuvo importantes victorias en Concepción y Lagunillas, derrotando definitivamente a los indígenas y poniendo en marcha una intensa labor repobladora. La caída de su padre del virreinato motivó también su sustitución bajo la acusación de excesiva crueldad en las campañas realizadas. Regresó a España para conseguir el perdón de Felipe II, pasando a ocupar diversos cargos militares y administrativos en la península. En 1589 recibió el nombramiento de virrey del Perú debido a su experiencia en la zona. Su principal misión sería reforzar el estrecho de Magallanes. El gobierno de García Hurtado de Mendoza estará caracterizado por la fidelidad a la Corona, realizando importantes aportaciones económicas al Estado al aumentar los impuestos y la producción de azogue, al tiempo que prohibía el acceso al Perú por la ruta del Río de la Plata. La relación con la Iglesia no fue del todo fluida debido al asunto de las regalías. Interesado por los asuntos culturales, fundó varios colegios. En 1596 cesó a petición propia de su cargo, dos años después de haber rechazado el ataque de la escuadra inglesa. Regresó a España, falleciendo en Madrid.
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Jiménez de Quesada, Gonzalo (m. 1579)
Conquistador español, en quien se da la más perfecta fusión del guerrero y el humanista.
      Biografía. N. en 1510, probablemente en Córdoba, aunque también Granada se disputa su cuna. Hijo del lic. Jiménez y de Isabel de Quesada, hidalgos acomodados, que viven del ejercicio de la abogacía en Córdoba y más tarde en Granada. Ya joven ingresa en la Univ. de Salamanca para estudiar leyes y recibe el título de licenciado. En 1535, pasa a las Indias con el cargo de auditor general en la expedición organizada por Pedro Fernández de Lugo. Llega a Santa Marta. Fernández de Lugo le otorga el título de teniente general en 1536 y le confía la misión de emprender el descubrimiento de las cabeceras del río Grande en la cual han fracasado los españoles llegados con Bastidas a Santa Marta. El 5 abr. 1536 sale de Santa Marta, llevando en su expedición cinco naves, 700 infantes, 100 soldados de a caballo y tres capellanes, fray Domingo de Las Casas, dominico sevillano de 29 años, y dos clérigos, Antón de Lescámez y Juan de Legaspes. La expedición terrestre sigue la dirección SE, buscando las estribaciones occidentales de la Sierra Nevada para rehuir contacto con los indios chimilas y pasar los ríos por la parte más alta. En un mes alcanza el valle de Uparj o cauce del río Zazare. El 6 de abril parte la expedición fluvial y llega a Malambo. El 28 de julio alcanza a Talalameque y se cuentan 80 leguas desde Santa Marta. Allí se reorganizan las fuerzas de la expedición y esperan la flota. El 26 de agosto se reúnen las dos expediciones en Sompallón.
      En esta época, sus hombres, enfermos, hambrientos y diezmados, quieren regresar a Santa Marta. J. de Q. logra infundirles ánimo para proseguir la jornada. El 28 de octubre llegan a la Tora, a 150 leguas de Santa Marta. Llevan seis meses de viaje. Han perecido más de las dos terceras partes. Sólo son 200. Viendo síntomas de desaliento entre ellos, J. de Q. les arenga con el fin de levantar los ánimos. Noviembre y diciembre se pasan en preparaciones para continuar el ascenso en la Tora, donde se encuentran de nuevo las expediciones fluvial y terrestre. La flotilla debe esperar allí ocho meses, pasados los cuales, si no tiene noticias de la expedición, podrá regresar a Santa Marta. El lic. Gallegos, encargado de la flotilla, no obedece la orden. Se marcha un mes después con la expedición fluvial, río abajo, llevándose al capellán Juan de Legaspes. En una escala los indios le asaltan, le matan muchos hombres, hieren a otros, y él mismo recibe una flecha en el ojo. Llega a Santa Marta con sólo 20 hombres enfermos.
      El 17 de enero J. de Q. alcanza la tierra de Atún. Pasa el río Opón y trasmonta la cordillera, tras la cual encuentra un valle cultivado y poblado por muchos indios. Se descubre el valle y principio de la sierra de Opón. Allí apresan al cacique Opón y siguen con él hasta descubrir otro valle con un pueblo que bautizan con el nombre de la Grita, por la mucha que alzaron los indios en son de guerra. Oro, esmeraldas, sal, venados, conejos, curíes, sementeras de patatas (las primeras que encontraron en este reino), maíz, yucas y frutas varias les reconforta el ánimo y les llena los estómagos. Escuchan un idioma diferente. El 2 de marzo, J. de Q. hace el elogio de las maravillas que ofrecen las hermosas y extensas tierras de Chipatá, asiento del cacique del mismo nombre. El 4 mar. de 1537 el P. Las Casas celebra allí la primera Misa que se dijo en este reino. Se pasa lista y responden 166 hombres. Hay 69 caballos. Se reanuda la marcha por los actuales sitios de Vélez y Barbosa hasta llegar a Lenguazaque el 13 de marzo. J. de Q. prohíbe bajo pena de muerte quitar a los indios sus haberes a la fuerza.
      El 20 de abril llega a Muequetá o corte del zipa en Bacatá (o Funza). Emprende ahora formalmente la conquista del reino chibcha, que culmina en 1538 con la fundación del que llamó Nuevo Reino de Granada y de las ciudades de Santa Fe (hoy Bogotá), Tunja y Vélez. En 1539, en compañía de los conquistadores Sebastián de Belalcázar (v.) y Nicolás de Federmann, que venían en pos del mismo territorio conquistado por él, vuelve a España a dar cuenta al rey de lo descubierto. Regresa en 1551 con los títulos de mariscal y regidor de la ciudad de Santa Fe. En 1568, consiguió del rey el título de adelantado con renta anual de la real caja y encomienda de indios. M. en la ciudad de Mariquita (Colombia) en 1579. Sus restos reposan en la catedral de Bogotá.
      Actuación en la conquista del Nuevo Reino de Granada. A pesar de ser J. de Q. un conquistador, es oportuno subrayar que todos sus actos respondieron a principios humanísticos. En la arenga que dirigió a Sacrezazipa, jefe indígena, expresa el fin que le llevó a la conquista del Nuevo Reino de Granada: «Porque has de saber que el Papa, monarca soberano que por el poder de Dios tiene suprema autoridad sobre todos los hombres y reinos de la tierra, tuvo por bien darle al rey de España este nuevo mundo, para que en él sucediesen sus herederos, con fin de que las gentes bárbaras que lo habitan y tan ciegas viven en sus idolatrías fuesen instruidas y adoctrinadas en nuestra santa fe católica, reconociendo sólo un Dios autor de todo lo criado, de cuyo poder depende el premio y castigo eterno; y así por cumplir las órdenes de nuestro rey, que son en conformidad de la voluntad del Papa, hemos venido descubriendo varias provincias, ofreciendo toda amistad a sus moradores, aunque los efectos han sido muy diferentes con aquellos que no han querido admitir la paz».
      De esta supuesta misión que se atribuye J. de Q. se desprende la actitud que solía tener con los indios y que bien pone de manifiesto fray Pedro Simón a propósito de los tratos de paz que tuvo el conquistador con el cacique de Bogotá: «con todo eso, viendo aquella humildad con que venía pidiendo paz, trayendo en señal de ella aquellos presentes, se les había aplacado la cólera y quitado el enojo y que se quitaría más del todo, y quedarían en perpetua amistad, sin acordarse de lo pasado, si el Bogotá dejaba aparte su demasiada arrogancia, le venía a visitar para dar ambos juntos orden al asiento de las paces y firme amistad, y que le daría a entender muchas cosas que tenía que tratar, así tocante a las cosas de su alma y las de sus vasallos, como de las que tocaban al conocimiento del rey y señor por quien él era enviado». El juicio más destacado sobre la acción de J. de Q. en la conquista probablemente sea el del P. Aguado: «Algunos capitanes ha habido como fue el general Jiménez de Quesada, descubridor de este reino, y otros muchos sin él, que en sus primeras entradas han sido tan moderados que jamás han hecho ni consentido hacer demasías a los indios, mirando y considerando su ignorancia y las justas causas que para no sujetarse luego a los principios han tenido y tienen».
      Su ideología sobre la unidad cultural en el Nuevo Reino. Jiménez de Q. quiso que la raza indígena lograra afirmarse a través de las elevadas formas de la civilización trasplantada por él al territorio que había descubierto y conquistado contra cualquiera otra raza europea que pretendiera ganar al indio para una civilización diferente y ajena a la hispánica. Nada de extraño tiene que esta idea fuera concebida por un hombre de tan arraigado patriotismo, después de haberse entrevistado con Federmann y Belalcázar, que buscaban el mismo territorio conquistado por él. En aquel momento que simboliza en la historia colombiana la unidad de religión, de lengua y, por consiguiente, de ideales, descuella la grandeza religiosa y patriótica de este conquistador, que reclama con elevadas razones sus derechos a plantar en el área geográfica por él conquistada y en el espíritu de sus habitantes las elevadas formas de vida civilizada del Imperio de Carlos V.
      Su concepto de justicia y su política cristiana en el Nuevo Reino. En todo momento el soplo del humanismo alienta los discursos que dirige el conquistador y letrado a sus capitanes y soldados. «En el trato con los naturales -advierte a sus tropas- importa que nos reconozcan como hombres, no desmintamos con las obras lo racional de los propósitos; no faltemos a lo pactado y nos haremos superiores guardando palabra». Con esta trascendental y primera lección persigue el fundador de Bogotá que los indígenas se acostumbraran a ver en los españoles la dignidad de hombres y la superioridad de civilizados y de ellos aprendieran los principios de Derecho natural que ordena la fidelidad a los pactos. A su vez, los españoles deberían tener el concepto exacto de los aborígenes que representaban la base de toda una civilización, las energías potenciales para recibir la forma de nación y los sujetos aptos para edificar una sociedad.
      «Todas estas cosas -son palabras de J. de Q.- no ha de ser la violencia lo que las ha de conseguir, pues ésta antes suele destruir lo negociado, sino la confianza en Dios y la mano blanda, pues así los tendremos en todas las voluntades de todos los que encontremos, porque al fin son hombres como nosotros... y todo hombre tiene natural inclinación a ser amigo de quien le trata con amistad... y así de estos indios no hemos de tomar más de lo que nos quisieran dar... porque al fin todo cuanto vamos pisando es suyo por Derecho natural y divino y el dejarnos entrar es gracia que nos hacen y de justicia no nos deben nada». Obsérvese que su lenguaje se encuentra en consonancia con todos sus actos, los cuales siempre estuvieron subordinados a los conceptos de justicia natural y política cristiana.
      Su biblioteca. Poseyó una abundante y bien seleccionada biblioteca que, según el testimonio de los cronistas, debió de pasar a poder de los dominicos en Santa Fe. Varios autores han hecho resaltar este aspecto como sintomático de lo que iba a ser el movimiento cultural en el Nuevo Reino de Granada.
      Obras. Rafael Torres Quintero en su bibliografía de J. de Q. hizo una «enumeración completa (de las obras) publicadas y de las perdidas, aunque de estas últimas no se sepa siquiera si fueron concluidas». Estas obras, según la clasificación y anotación de Torres Quintero, son:
      1539, Epítome de la Conquista del Nuevo Reino de Granada. Su primer editor (Marco Jiménez de la Espada) afirma: «Se guarda entre los papeles de nuestro Archivo Histórico. Procede de los llamados del Arca de Santa Cruz que pasaron, por muerte de este insigne cosmógrafo de Indias, a formar parte del rico depósito de documentos del expresado Consejo en octubre de 1572».
      1539-47, Gran Cuaderno (perdido). Con este título han denominado los historiadores el desaparecido libro de apuntes originales de J. de Q. que el cronista Fernández de Oviedo afirmó haber tenido en sus manos.
      1549, Indicaciones para el buen gobierno, en «Bol. de Historia y Antigüedades» 162, XIV (1922-23) 345-361.
      1560-67, Anales del Emperador Carlos V. Las referencias del propio J. de Q. a esta obra suya, quizá no concluida, se repiten con gran frecuencia a través de todo El Antijovio.
      1567, El Antijovio, publicado por primera vez por el Inst. Caro y Cuervo en 1952.
      1567, Las diferencias de la guerra de los dos mundos (perdida).
      1568, Ratos de Suesca. El P. Simón en sus Noticias historiales, Pról. al lector, PIX, dice que J. de Q. «escribió su descubrimiento y cosas de él en unos tomos que intituló Ratos de Suesca». Fundados en estos datos, casi todos los historiadores mencionan la obra de J. de Q., de cuyo paradero no se tiene noticia.
      1572-75, Compendio historial. Son numerosos los testimonios de cronistas e historiadores acerca de ésta que parece haber sido la obra fundamental de J. de Q. sobre la conquista y que también desapareció. Valga por todas la noticia que dio el obispo Lucas Fernández de Piedrahita en el Prólogo de su Historia general del Nuevo Reino de Granada: «Me encontré en una de las librerías de la Corte con el Compendio historial de las conquistas del Nuevo Reino de Granada, que hizo, escribió y remitió a España el adelantado Gonzalo Jiménez de Quesada; pero con tan mala estrella que por más de ochenta años había pasado por los ultrajes de manuscritos entre el concurso de muchos libros impresos».
      1576, Memoria de los descubridores y conquistadores que entraron conmigo a descubrir y conquistar este Nuevo Reyno de Granada, en Compendio histórico del descubrimiento y colonización de la Nueva Granada en Siglo decimosexto, por el coronel Joaquín Acosta, París 1848, apéndice, documento 2, 398-404. Sermones sobre Nuestra Señora para ser predicados los sábados de Cuaresma. El testimonio explícito sobre estos escritos del adelantado nos viene dado por el P. Simón en sus Noticias historiales, II, Bogotá 1891, 226. Dice el cronista que J. de Q. dejó en su testamento un legado cuya renta cobrarían el deán y cabildo de Santa Fe. Un cuaderno. Las referencias sobre este libro de apuntes, también desaparecido y de muy dudosa cronología, se encuentra en Juan de Castellanos y el P. Simón. Una traducción. Por las palabras de J. de Q. en el Antijovio se sabe ahora de esta desconocida obra.

F. CARO MOLINA.

Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991


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Francisco de Alfaro (s. XVI-XVII).
Funcionario colonial español. Hombre de leyes, fue destinado a América, donde desempeñó los cargos de fiscal de las audiencias de Charcas y de Panamá, oidor de la de Lima, y visitador general de las provincias del Río de la Plata, Tucumán y Paraguay. su visita (1610-1612) fue la ocasión de que redactara sus conocidas Ordenanzas, también llamadas Código de Alfaro. En ellas señalaba los abusos que se cometían con los indios y proponía una serie de remedios a los mismos. Presidente de la Real Academia de Charcas en 1632, regresó a España luego y ocupó el cargo de miembro del Consejo de Indias.
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Diego de Almagro, el Mozo (1520-1542).
Hijo de Diego de Almagro y de una india de Panamá. A la muerte de su padre, fue reconocido como jefe de los almagristas para continuar la lucha contra los pizarristas. En 1541 fue proclamado general del Perú, después del asesinato de Pizarro. Pero Carlos V no aceptó esta proclamación y nombró gobernador del Perú a Vaca de Castro, quien derrotó a los almagristas en el llano de Chupas (1542). Cayó prisionero y fue ejecutado.
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Juan de Betanzos (1510-1576)
Entre los compañeros de Pizarro y Almagro en la conquista del Perú estaba Juan de Betanzos, convirtiéndose en uno de los primeros colonos de Piura. Se casó con Angelina -hermana de Atahualpa- y aprendió el quechua, convirtiéndose en el intérprete de Pizarro. De esta forma contactó con un amplio número de nobles indígenas. En un primer momento apoyó a Gonzalo Pizarro en el asunto de las "Leyes Nuevas" pero posteriormente se convirtió en firme defensor de La Gasca. Esta postura le valió la entrega de una encomienda. El conocimiento de la lengua quechua le sirvió de nuevo al hacer de interprete con motivo de la rebelión de los incas de Vilacamba. Quizá sea su crónica denominada "Suma y narración de los incas" una de las más interesantes de la historia de la antigüedad prehispánica. Murió en Cuzco en 1576.

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Pedro Sarmiento de Gamboa (1532-1592)
Diversos territorios de México y Guatemala fueron recorridos por Pedro Sarmiento antes de su llegada al Perú en 1557. En 1569 el virrey Toledo le ordenó que escribiese un compendio de las costumbres, la vida cotidiana y la organización política del Imperio Inca, realizando la "Historia Indica". Su relato, escrito de manera precisa y descriptiva, servirá de complemento a las crónicas de otros autores como Pachacuti o Cieza. Los amplios conocimientos de astrología que Sarmiento demostró le ocasionaron problemas con la Inquisición.

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Fernández de Quirós, Pedro. (1560-1615)
Navegante y conquistador español del s. xvii. N. en Évora (Portugal) en 1565, pero como Portugal está unida a la sazón a Castilla, es vasallo y súbdito de Castilla. Muy joven marcha a Lisboa donde estudia náutica. Obtiene el empleo de sobrecargo en un buque y un día llega a poseer el título de piloto mayor. De Portugal se dirige a España y de aquí al Perú, donde goza de la estimación del virrey marqués de Cañete. En 1595 se enrola como piloto y capitán en la expedición de Álvaro de Mendaña (v.) para poblar y colonizar las islas Salomón. Un error de cálculo les conduce a otras islas en lugar de las Salomón. Son esas islas abandonadas la espoleta que mueve al infatigable F. de O., quien, como tantos otros navegantes de los s. xvi11 al XIX, queda ya para siempre embrujado por el Pacífico, cuyas aguas y mares le atraen como un imán toda la vida y le inspiran bellas páginas.
      El 11 dic. 1596 arriban a Acapulco los restos de la expedición de Mendaña. F. de O., que había mandado la nave, se dirige al Perú y llega a Paita el 3 mayo 1597. Desde este puerto escribe al virrey Luis de Velasco ofreciéndose a ir con un navío a descubrir nuevas tierras. Velasco le aconseja que se entreviste con el rey, por lo que se embarca para España el 17 abr. 1598, y llega en febrero de 1600 a Sevilla, desde donde se dirige a Roma para ganar el jubileo. Allí, ayudado por el duque de Sesa, visita al papa Clemente VIII, quien promete ayudarle cerca del rey de España. Llega a esta nación en 1602 y entrega su primer memorial al rey el 17 de junio. Los proyectos, pruebas y razones que expone en la Corte ante el rey, los matemáticos y geógrafos, de la existencia de un gran pedazo de tierra firme al S del estrecho de Magallanes, son tan convincentes, que el rey ordena en una primera cédula que vaya F. de Q. al Perú, donde deben darle todo lo necesario para la empresa. Con varias cédulas reales embarca en Cádiz en la flota del marqués de Montes Claros que iba de virrey de Nueva España. Después de muchos trabajos llega a Lima en marzo de 1605.
      La primera dificultad que encuentra en Perú es Fernando de Castro, marido de Isabel Barreto, que asegura que le pertenecen las islas por haberlas descubierto Mendaña (v.). Logra convencerle, y apresta tres naves: la capitana que llamó San Pedro y San Pablo; la almiranta, que llamó San Pedro, y la tercera, inás pequeña, que llamó Tres Reyes. El capitán de la expedición es F. de O. El objetivo, explorar la tierra austral, las regiones desconocidas del mar del Sur y la isla Santa Cruz, donde murió Mendaña. La expedición sale del Callao el 21 dic. 1605, a las 4 de la tarde. A 800 leguas de Lima encuentran la primera isla que llama Luna Puesta; a ésta siguen otras: San Juan Bautista, San Telmo, Las Cuatro Coronelas y San Miguel, pero no desembarcan en ninguna de ellas por falta de fondeadores y puertos.
      El 10 de febrero encuentran la primera isla poblada, y al día siguiente ven otras dos, que no visitan pero que bautizan: Decena-Sagitaria y Fugitiva (todas del archipiélago de Tuamotú). Buscando agua hallan la isla de San Bernardo (Carolina), despoblada y sin agua, y ante el disgusto de la gente deciden buscar la isla de Santa Cruz que no encuentran, aunque en compensación dan con otra también habitada que denominan Peregrina. El 25 mar. 1606 la gente de la capitana se alborota excitada por el piloto mayor. El capitán lo destituye y pone en su lugar a Pedro de Leza. Continúan el viaje y llegan a la isla N. S. del Socorro y al archipiélago de las Nuevas Hébridas, en una de cuyas islas, la de Espíritu Santo, F. de Q. toma posesión de todas las tierras del Sur hasta el Polo. Y aquí termina su viaje, porque se vuelve a México. Según él, porque le acomete una tormenta; según Váez de Torres y Diego Prado de Tovar, porque abandona la empresa intencionadamente.
      Tanto en México como en España es mal recibido. Nadie le hace caso, y se pasa siete años escribiendo memoriales para que le ayuden en una nueva empresa por el Pacífico. Se le entretiene con buenas palabras e incluso se envían en 1613 instrucciones al virrey del Perú, Francisco de Borja, para que le avude. Pero tras ésta sale una segunda instrucción que ordena no se haga caso a la primera. F. de Q. embarca para América, pero m. en Panamá cn 1614.
      La expedición abandonada por F. de O. La continúa Váez de Torres (v.), que, tras esperarle 15 días, decide marchar a Manila pasando por el mar del Coral, el estrecho de Torres que separa Australia y Nueva Guinea, el mar de las Molucas y, por último, el puerto de Cavite en Manila. El interés geográfico del viaje radica en la torna de posesión de las Nuevas Hébridas y el pasar navegando tan cerca de Australia, tierra cuyas costas tal vez divisan.

F. MORALES PADRÓN.

Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

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Antonio de Oquendo (1577-1640)

Almirante guipuzcoano. Combatió contra franceses y holandeses con pericia y valor. Y, por lo general, con fortuna, salvo en su última acción: la batalla de las Dunas, en la que fue completamente derrotado por la escuadra holandesa de Martin Tromp. Esta batalla (17- 18 de agosto y 21 de octubre de 1639) se produjo durante la lucha de España contra las Provincias Unidas (Holanda ), aliadas con Francia por la posesión de Flandes. La escuadra de Oquendo, derrotada en el primer encuentro, buscó refugio en el puerto inglés de las Dunas. Allí entró en busca de Tromp, pero los ingleses, neutrales se interpusieron. Entonces las naves españolas se hicieron a la mar y se libró el combate, favorable a los holandeses. Se perdió el navío «Santa Teresa », que montaba ochenta cañones, entre otros; la nave capitana, mandada por Oquendo rechazó los ataques de los buques holandeses y pudo refugiarse en Mardick. La operación tenía por objeto desembarcar refuerzos en esta plaza, lo que se hizo.

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Cristóbal de Altamirano (m. 1630).
Conquistador español. Fue al Río de la Plata en la expediciónde Ortiz de Zárate (1572), y participó en la exploración de las tierras de la gobernación de Asunción del Paraguay.
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Juan, Jorge (1713-1773)
Entre 1735 y 1744 es comisionado por el gobierno español para participar, junto a Antonio de Ulloa, en el viaje de La Condamine a Perú para efectuar la medición del grado del meridiano terrestre. Las experiencias y resultado del viaje son publicados por ambos a su vuelta a Madrid, en la "Relación histórica del viaje a la América Meridional", las "Observaciones astronómicas y físicas", en las que se hizo cargo de la parte matemática, y las "Noticias secretas de América", ensayo realizado por encargo del marqués de la Ensenada y en el que se criticaban los abusos y desmanes cometidos por la administración española en América contra los indígenas. Prohibido, el libro no fue publicado hasta 1826 en Londres, por David Barny. Interesado en la ingeniería naval, se desplazó a Londres para conocer las técnicas constructivas y proyectó y dirigió los arsenales de Cartagena y Ferrol. Recibió el cargo de capitán de la Compañía de Guardiamarinas en 1751, estableciéndose en Cádiz. En esta ciudad fundó el Observatorio astronómico y la Asamblea Amistosa Literaria, sociedad de discusión sobre temas de física, geografía, etc. En 1767 fue durante seis meses embajador extraordinario en Marruecos, encargándosele en 1770 la dirección del real Seminario de Nobles. Para esta institución realizó una reforma del plan de estudios y redactó su "Examen marítimo teórico-práctico", utilizado como manual.

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Juan Bautista de Anza (1734-1788)
Junto al padre Garcés, el capitán Juan Bautista Anza abrió una nueva ruta terrestre desde Tubac (Arizona) -donde era capitán del presidio- hacia las misiones californianas, atravesando los ríos Gila y Colorado. En 1775 regresó a la nueva zona explorada en compañía de 250 colonos, alcanzando Monterrey de California al año siguiente y fundando el núcleo germinal de la posterior San Francisco. Sus hazañas fueron recompensadas con el ascenso a teniente coronel y el nombramiento de gobernador de Nuevo México. Su afán explorador no se paró aquí y en 1780 organizó otra expedición con la que encontrar una nueva vía que llegara hasta la mexicana Sonora. La sumisión de los indios moquis y la paz con los navajos serán algunos de sus logros en la gobernación. La rebelión de los yumas en 1781 acabó con la muerte de los colonos establecidos en las regiones exploradas, el propio padre Garcés y la pérdida de los territorios ganados.

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Bodega y Quadra, Juan Francisco (1743-1794)
Marino y cartógrafo hispanoamericano. N. en Lima en 1744. Pasados los primeros años de su juventud, ingresó en la marina española, en la que obtuvo los grados de teniente y capitán de navío. Llegó a ser comandante del apostadero de San BIas en California y Caballero de la Orden de Santiago. De fuerte carácter y espíritu indomable, fue uno de los descubridores de las inhóspitas costas de Alaska. En sus viajes realizó varios descubrimientos de puertos, ensenadas, etc., quedando constancia de ello en una bahía bautizada con su nombre y en una isla del Pacífico, descubierta en unión de Vancouver y que lleva el nombre de ambos.
      De los viajes que realizó, dos de ellos efectuados al N de California, tienen gran importancia por la latitud que alcanzaron y la serie de datos etnográficos y geográficos que aportaron. Estos viajes, de los que se conservan en el Archivo General de Indias copias de los diarios de navegación, forman parte por su cronología y su carácter científico de la serie de navegaciones emprendidas con este fin en el s. XVIII. En el primero de estos viajes, planeado por el virrey de México Bucarelli, con objeto de tener un conocimiento más exacto de la costa NO de California, participaron tres embarcaciones: la fragata Santiago mandada por B. de Haceta, la goleta Felicidad o Sonora mandada por B. y C. y el paquebote s. Carlos al mando de Juan M. de Ayala. De ellas, sólo la goleta mandada por B. y C. llegó a alcanzar los 58° de latitud N, con una tripulación de 14 hombres y un piloto: El segundo de estos viajes se preparó con otros fines: el reconocimiento de los establecimientos rusos en Alaska, sobre los cuales habían llegado noticias alarmantes a la corte española. Se llevó a cabo en 1779 y en él intervinieron dos embarcaciones: la fragata Princesa, mandada por I. de Arteaga y la Favorita, capitaneada por B. y C. Llegaron a alcanzar los 61° de latitud N y se reconoció palmo a palmo toda la costa.
      B. y C. fue un gran etnólogo y naturalista. Sus diarios son documentos inapreciables para estudiar las costumbres de los naturales de la costa norteamericana. La serie de cartas geográficas que trazó y que se encuentran en el Archivo General de Indias de Sevilla y en el Mus. Naval de Madrid le dan categoría de gran cartógrafo. Sus escritos más importantes son diarios y relaciones de viajes. De sus trabajos cartográficos merecen destacarse: un plano del puerto de los Remedios; un plano del puerto de Eucarelli; un plano del puerto del Capitán Bodega y una carta reducida de las costas y mares septentrionales de California, así como numerosas cartas geográficas sobre lugares de la costa de California y Alaska que se conservan en el Mus. Naval de Madrid. En 1780 una real orden suprimió los viajes de altura a California y B. y C. fue trasladado al departamento de La Habana. M. en Tepic en 1794, prematuramente envejecido a causa de las penalidades sufridas en sus viajes.

E. VILA VILAR.

Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

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Félix de Azara (1746-1821)
Félix de Azara nació en Barbuñales (Huesca) en 1742, fue el sexto hijo de una acomodada familia. Su padre, Alejandro de Azara y Loscertales, era señor de Barbuñales y de Lizara y Barón de Pertusa. La influencia de su familia se aprecia en los puestos destacados a los que llegaron sus hermanos: Eustaquio, obispo de Barcelona; José Nicolás fue uno de los ilustrados españoles más destacados y desempeñó importantes misiones diplomáticas al servicio de Carlos III y Carlos IV; Mateo llegó a ser auditor de la Audiencia de Barcelona y Lorenzo profesor de la Universidad de Huesca y Deán de su Cabildo Catedralicio.
La vida de Félix de Azara fue la propia de un ilustrado: curioso, observador, deseoso de conocer y mejorar el mundo que le rodeaba para bien de su pueblo.
Comenzó sus estudios en la Universidad de Huesca donde permaneció cuatro años, terminados los cuales decidió no seguir estudios en la Universidad Sertoriana y eligió la carrera de las armas. A este respecto, se ha de hacer notar que los ilustrados no recibieron su formación científica en las Universidades españolas de mediados del siglo XVIII, ya que éstas estaban ancladas en el más cerrado aristotelismo y en sus aulas no se impartían ni ciencia moderna, ni matemáticas, ni ninguna de las llamadas ciencias útiles. La ciencia moderna y las matemáticas, que tanto interesaban a los ilustrados, se estudiaban en los Seminarios de Nobles o en las Academias Militares. En 1761 se trasladó a Barcelona donde se formó en matemáticas en la escuela que había enseñado el famoso Ingeniero Militar Pedro Lucuce. En 1767 era subteniente de Infantería e Ingeniero delineador de los ejércitos nacionales, plazas y fronteras.
Durante los siete años siguientes se dedicó a tareas que, actualmente, no asociamos con las ocupaciones habituales de la milicia. Trabajó en las correcciones hidrográficas de los ríos Oñar, Tajuña, Henares y Jarama; se ocupó de reconstruir las fortificaciones de Mallorca. Tanto celo demostró en todos sus cometidos que fue nombrado Maestro de Estudios de Ingenieros de Barcelona. De esta época datan los trabajos que realizó en las obras de fortificación de Figueras y una estatua, que todavía se puede contemplar hoy en el Parque de la Ciudadela de Barcelona.
En 1775 España entró en guerra con Argelia y la doble vertiente de su formación, como ingeniero y como militar de armas, lo llevó a ese escenario de lucha donde resultó herido de gravedad. Trasladado a la península en un barco de su protector, el Conde de Fuentes, tuvo una larga convalecencia debida a la infección de la herida que le provocaba fiebre continua y no cicatrizaba. En el proceso de curación se le extirpó parcialmente una costilla y la convalecencia duró cinco años.
Hay un dato curioso, y es que, entre los achaques que padeció en el largo proceso de curación de la herida de guerra, sufrió unas tremendas molestias de estómago que le aparecían después de las comidas, hasta que un médico le dijo que no probara el pan - santo remedio. Dejó de comer pan, le desaparecieron las malas digestiones y se fue entrenando para la dieta de carne asada a la que iba a estar sometido durante los casi veinte años de su aventura sudamericana.
El motivo político por el que Félix de Azara llegó a ser el naturalista español más afamado de su tiempo, y que, seguramente, de no haberse planteado, ni siquiera hubiera ido a América, fue el de cumplir las exigencias del Tratado de Tordesillas.
Según el Tratado de Tordesillas de 1494, una comisión mixta hispano-portuguesa debería determinar un meridiano tal que al Este del mismo las tierras fueran portuguesas y al Oeste españolas. El meridiano no se delimitó nunca porque a los portugueses les interesaba tener las fronteras imprecisas para poder avanzar hacia el Oeste en busca de piedras preciosas y en busca de esclavos. El avance portugués se vio favorecido por el tipo de conquista que realizaban los españoles, recorredores de grandes distancias en busca de gloria, hazañas o tierras de promisión, como sucedió con El dorado.
Las fundaciones de poblaciones españolas eran efímeras y las que superaron el paso del tiempo no siempre estaban habitadas por gentes equipadas e instruidas. Sin embargo, Portugal a lo largo de sus avances hacía asentamientos de bandeirantes, pobladores de múltiples nacionalidades y mercenarios, que acudían a Brasil con sus familias en busca de metales preciosos y también de tierras donde asentarse. Eran pobladores dotados de buenos instrumentos de cultivo y de conocimientos técnicos. Los bandeirantes se introducían progresivamente en el despoblado y desprotegido territorio español para hacer contrabando y mantener una indeterminación de fronteras favorable a Portugal. Si a la situación se le añade que los jesuitas habían fundado sus misiones en la zona fronteriza en litigio se completan las causas del retraso secular de la fijación de las fronteras americanas entre España y Portugal.
En 1750 se hizo un nuevo tratado en el que se reconocía buena parte de la situación de hecho creada en siglo y medio por Portugal y los jesuitas. En este nuevo Tratado España salía perjudicada con respecto a lo dispuesto en el Tratado de Tordesillas.
Las razones fundamentales que motivaron el hecho de que Félix de Azara fuera trasladado a América por orden del rey fueron: evitar que España viera aún más mermadas, en otro posible Tratado, sus posesiones ultramarinas; la sublevación de indios cristianos; la elaboración de fiables catastros de poblaciones de origen europeo y la determinación de la autoridad sobre ciudades que aparecían en la franja fronteriza.
Recuperado de la herida argelina, Félix de Azara se incorporó a la guarnición de San Sebastián, en 1780, con el grado de Teniente Coronel. En 1781 recibió orden de presentarse al embajador de España en Lisboa. De allí partió con sus compañeros para ponerse a las órdenes del virrey de Buenos Aires, el 12 de Marzo llegaron a Río de Janeiro y el 13 de Mayo a Montevideo.
En su Geografía física y esférica, que permaneció manuscrita hasta 1907, se reflejan las sensaciones de un hombre que, en 1790, había comprendido que la comisión de portugueses para delimitar fronteras no llegaría, y que tenía que enfrentarse con la necesidad de ocupar el tiempo de espera forzada en algo útil, tal y como correspondía a un ilustrado convencido. En su Geografía se manifiesta en ese sentido:
Llegué a Asunción, capital de Paraguay, donde supe que no había portugueses ni noticias de ellos, por cuyo motivo no quise afrontar cosa alguna ni hacer el menor costo, porque además yo sospechaba con bastante fundamento que dichos portugueses tardarían en llegar, y aunque en consecuencia mi demora en Paraguay sería dilatada no se me había dado instrucción para este caso y me vi precisado a meditar sobre la elección de algún objeto que ocupase mi detención con utilidad. desde luego vi que lo que convenía a mi profesión y circunstancias era acopiar elementos para hacer una buena carta sin omitir lo que pudiese ilustrar la geografía física, la historia natural de las aves y los cuadrúpedos y finalmente lo que pudiera conducir al perfecto conocimiento del país y sus habitantes.
Como su misión oficial era esperar a los portugueses, muchos de los viajes que realizó para conocer el país los hizo a escondidas y a sus propias expensas. Muchas veces pedía permiso al virrey para viajar él y sus acompañantes con excusas. En esos viajes escondía los aparatos de medida para no levantar sospechas. Cada día a mediodía observaba la latitud por el sol y durante la noche la determinaba por las estrellas. Jamás viajó sin un aparato de reflexión de Halley y un horizonte artificial. En los viajes llevaba baratijas y alcohol para atraerse a los indios, un escaso equipaje y una escasa intendencia, por lo que, en sus largas expediciones, tenía que someterse a dietas de carne asada. Completaba los datos obtenidos en las expediciones con datos de archivo, pero estaban como los archivos estaban muy desordenados conseguía poca información.
Azara tenía formación como ingeniero militar y estaba versado en matemáticas y ciencia moderna, pero no tenía una preparación adecuada como naturalista. No obstante, tenía firmemente adquirido el método científico por su educación y por su ejercicio profesional. Su espíritu científico le llevó elaborar una obra sólida, admirada en toda Europa por su rigor observacional, por sus métodos de clasificación y por sus teorías. La obra naturalista de Azara quedó recogida en tres libros fundamentales: Viajes por la América Meridional, editados en París, y en francés, en 1809; Apuntamientos para la Historia Natural de los páxaros del Paraguay y del Río de la Plata, ultimado en 1796 y publicado en 1802; Apuntamientos para la Historia Natural de los cuadrúpedos del Paraguay y del Río de la Plata, que completó al final de sus estancia americana.
El método de Félix de Azara como naturalista le llevó a corregir afirmaciones erróneas emitidas por Buffon en su Historia Natural y a ser considerado por algunos autores como precursor de las teorías hereditarias del siglo XIX y de las evolucionistas de Darwin. Debe hacerse notar que la obra dio a los naturalistas de su tiempo y a los posteriores un material observacional útil y abundante junto a unos temas sobre los que investigar y reflexionar.
Félix de Azara observaba a los animales en su medio natural, los medía, estudiaba sus colores, las diferencias entre machos y hembras, realizaba un dibujo y proseguía con la clasificación por familias. Azara era consciente de que no conocía los métodos de clasificación de Linneo ni los nombres dados a los animales por Buffon, máximo naturalista del siglo. Por eso vio la necesidad de estudiar la obra de Buffon, que, con todo apremio, pidió a España. En 1796, en su viaje a Buenos Aires, recibió la obra de Buffon, pero él ya tenía solucionado el problema de clasificación de los pájaros y terminada la obra Apuntamientos para la Historia Natural de los páxaros del Paraguay y del Río de la Plata. La obra de Buffon le sirvió para recoger datos de los cuadrúpedos del Paraguay y del Río de la Plata según la taxonomía Buffoniana.
Al recibir la obra del sabio francés, Azara constató que Buffon no conocía muchas especies americanas o que las había visto deterioradas por el traslado o por la mala conservación. Además, el naturalista español aportaba ricas observaciones sobre el medio natural en que se desenvolvían los animales y sustanciosas reflexiones sobre vida y comportamiento de las diferentes especies.
Azara aportó a la comunidad científica, además de un material observacional científicamente clasificado, una serie de opiniones que lo enfrentaron a las tesis comúnmente aceptadas. Así, para explicar la aparición de especies idénticas en diferentes continentes, no aceptaba la hipótesis de las grandes emigraciones, en cambio mantenía la teoría creacionista, aunque modificada con las hipótesis de creaciones simultáneas y creaciones sucesivas. Proponía como causas de las mutaciones (evoluciones) observadas en diferentes especies animales las de carácter interno y, de este modo se aproximó a una teoría de la herencia que cristalizaría en el siglo XIX.
Su obra no fue reconocida al principio, es más, algunos de los productos de sus minuciosas observaciones fueron tirados, literalmente, a la basura. Tal es el caso del envío que le hizo en 1789 a Floridablanca de cuatrocientos pájaros conservados en alcohol. El ministro los remitió al vicerrector del Gabinete Real de Historia Natural, José Clavijo Fajardo, el cual sólo vio en aquella preciosa aportación de Azara que los nombres de los pájaros estaban en indio (por aquellas fechas Azara no conocía la obra de Buffon), que no se citaba en el trabajo ni a Buffon ni a Linneo y que las hipótesis emitidas por Azara cuestionaban las de estos autores.
En 1801 regresó a España y, gracias a su hermano José Nicolás fue presentado en París a grandes investigadores, acogido en muchas sociedades científicas y recibido con honores en el Museo de Historia Natural. Cuando en 1803 volvió a Madrid rechazó el virreinato de Méjico y en 1805 aceptó ser miembro de la Junta de Fortificaciones. Ese mismo año se retiró a Barbuñales, desde donde redactó numerosos informes y donde murió en 1821.
Una prueba del talante ilustrado y no absolutista de este sabio aragonés es que en 1815 rechazó la Orden Americana de Isabel la Católica que acababa de ser creada por Fernando VII.
Por Víctor Arenzana Hernández


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Gravina, Federico Carlos (1756-1806)
Marino español. Entró en la Escuela de Marinos de Cádiz (1775). Tomó parte en el sitio de Gibraltar al mando de una batería flotante (1782); posteriormente participó en varias expediciones a Argel (1783, 1784, 1785), y en 1788 se desplazó a Constantinopla, donde trazó nuevas cartas de la costa. Durante la guerra contra la República francesa (1793-95) tomó parte en la toma y en la defensa de Tolón (1793) y en la defensa de Rosas (1794-95). En 1804 se le nombró embajador en París, en sustitución de Azara. Declarada la guerra a la Gran Bretaña, estuvo al frente de los buques españoles de la escuadra hispano-francesa de Villeneuve, que ocupó la Martinica, libró la batalla de Finisterre (1805) y fue derrotada en Trafalgar el mismo año. En este último encuentro fue gravemente herido, y a consecuencias de ello, murió en marzo del año siguiente.
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Churruca, Cosme Damián (1761-1805)
Marino español. Tomó parte en uno de los intentos frustrados de reconquistar Gibraltar en 1779. Marcha hacia el Estrecho de Magallanes con la expedición organizada para estudiar las corrientes marinas y levantar planos de las costas y puertos con el fin de facilitar la navegación desde el puerto de Lima a España. La expedición también exploró la Tierra del Fuego. Su diario fue publicado en 1793. Dos años después se le encominenda la expedición a las costas de América Central y Norte para realizar un atlas marino. Su trabajo fue la base de las cartas de las Antillas publicadas en 1802. Durante una visita de la Escuadra española al puerto de Brest, en Francia, fue a ver el Observatorio de París, entablando amistad con Napoleón, quien le distinguió con honores. Hacia 1805 se le entregó el mando del buque San Juan Nepomuceno, que tomó parte en la batalla de Trafalgar. Entabló combate con cinco navíos de la división de Collingwood, luchando heroicamente. Herido de gravedad, continuó sin desfallecer sobre cubierta, hasta que murió. Los mismos ingleses le rindieron honores por su valor y el rey español le concedió a título póstumo el grado de teniente general.
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Galeón español

 

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