Índice general de Hispánica

El Gran Capitán

 

 

 


Cisneros, Jimenez de (1436-1517)
Tomás de Torquemada (1420-1498)
Isabel la Católica (1451-1504)
Fernando el Católico (1452-1516)
Fernández de Córdoba, Gonzalo (1453-1515)
García de Paredes, Diego (1466-1530)
Francisco de los Cobos (1477-1557)
García de Loaysa y Mendoza (1479-1546)
Leiva, Antonio de (1480-1536)
Fernando Francisco de Avalos (1490-1525)
González de Celorigo, Martín (s. XVI)
Alfonso de Avalos (1500-1546)
Carlos I (V), el Emperador (1500-1558)
Espinosa, Diego de (1502-1572)
Duque de Alba (1507-1582)
Ruy Gómez de Silva, Príncipe de Eboli (1516-1573)
Felipe II (1527-1598)
Duque de Lerma (1533-1625)
Antonio Pérez (1540-1615)
Farnesio, Alejandro (1545-1592)
Austria, Juan de (1547-1578)
Saavedra Fajardo, Diego de (1584-1648)
Conde-Duque de Olivares (1587-1645)
José Patiño (1670-1736)
Pere Joan Barceló (1682-1765)
Marqués de la Ensenada (1702-1781)
Carlos III de España (1716-1788)
Conde de Floridablanca (1728-1808)
Gálvez, Bernardo de (1746-1786)

Mariano Luis de Urquijo (1768-1817)




Cisneros, Francisco Ximénez de (1436-1517)
Franciscano, cardenal, y Primado de España, nacido en Torrelaguna en Nueva Castilla, en 1436; murió en Roa, cerca de Valladolid, en 1517. Se educó en Alcalá y Salamanca, y después de graduarse en derecho canónico y civil, fue a Roma en 1459 donde ejerció algunos años como abogado consistorial. Habiendo atraído la atención de Sixto V, este Papa le prometió la primera vacante en su provincia natal. Esta resultó ser en Uceda, donde Carillo, Arzobispo de Toledo, deseaba asignar a uno de sus seguidores. Ximénez reclamó su derecho sobre ella, y por hacerlo así fue encarcelado por el arzobispo, primero en Uceda y después en la fortaleza de Santorcaz. Fue liberado en 1480, después de seis años de confinamiento, y, transferido a la Diócesis de Sigüenza, pasó a ser gran vicario del Cardenal González, obispo de esa diócesis. En 1484 renunció a ella para hacerse Franciscano de la Congregación Observante en la Hermandad de San Juan en Toledo. Desde entonces, hasta su profesión, fue enviado a Salceda, donde posteriormente fue elegido guardián.

En 1492, por recomendación del Cardenal Mendoza, Arzobispo de Toledo, fue nombrado confesor de la Reina Isabel, cargo que aceptó a condición de poder seguir viviendo en el monasterio y seguir la vida religiosa, asistiendo a la Corte únicamente cuando fuera convocado. Por el mismo tiempo fue elegido provincial de su orden en Castilla, cargo en el que permaneció durante tres años. En 1495 fue elegido para suceder a Mendoza como Arzobispo de Toledo, a cuyo cargo se agregó la cancillería de Castilla que le ofrecieron Fernando e Isabel. Ximénez rechazó la dignidad por humildad, y se mantuvo en su negativa durante seis meses, y sólo consintió finalmente aceptar el cargo obedeciendo el pedido expreso del Papa. Como arzobispo continuó viviendo como un simple franciscano, dedicando una gran parte de sus vastos recursos en beneficio de los pobres y a favor de la liberación de los cautivos. Este estilo de vida fue mal interpretado por muchos, y, a consecuencia de informes recibidos por él, el Papa Alejandro VI lo amonestó por descuidar el esplendor externo que correspondía a su rango; pero Ximénez sólo iba a consentir usar la vestidura episcopal dejando ver por debajo su hábito de fraile. Este celo se inscribía en un intento de reforma de los franciscanos y de los cánones de Toledo. Obligaba a sus hermanos religiosos a observar la regla que prohibía la posesión de propiedades, y como resultado muchos frailes se alejaron de España. Como canciller estaba obligado a tener una preponderante participación en los asuntos de Estado, donde su prudencia y sabiduría fueron de gran valor para su país.

Ganó prestigio también como patrocinador de la enseñanza, y hacia el año 1504 fundó la Universidad de Alcalá, para cuyas cátedras profesionales procuró algunos de los más distinguidos académicos de París, Bolonia, y Salamanca. Era tan alta la estima en que se tenía a esta nueva universidad que todas las órdenes religiosas de España, excepto los benedictinos y los jerónimos, establecieron casas en Alcalá vinculadas a ella. El rey Fernando visitó la universidad en 1514, y dio una eminente aprobación a lo realizado por Ximénez. En 1502 el arzobispo comenzó a trabajar en la publicación de la primera Biblia Políglota, llamada Complutense, por ser Complutum el nombre latino de Alcalá. Esta Biblia tuvo una gran influencia en los estudios bíblicos posteriores; fue dedicada a León X, y su compilación le llevó a Ximénez quince años; se terminó en 1517, sólo cuatro meses antes de su muerte, a un costo personal en torno a las £25.000 ($125.000). La restauración del antiguo Rito Mozárabe en Toledo fue otro de sus proyectos. Para su celebración agregó, en el año 1500, una capilla especial a su catedral y estableció un colegio de sacerdotes para su servicio. Posteriormente surgieron instituciones similares en Valladolid y Salamanca; en Toledo continúa en uso hasta nuestros días.

En el año 1499 Ximénez acompañó a Fernando e Isabel en su visita a la recién conquistada provincia de Granada, y sus labores allí en pro de la conversión de los Moros tuvieron un considerable éxito. A la muerte de Isabel (1504) tuvo que actuar nuevamente en política en relación con la disputada sucesión al trono de Castilla. Felipe de Borgoña murió en 1506, y, estando Fernando ausente en Italia, Ximénez fue designado virrey del reino y tutor de Juana, viuda de Felipe, que había perdido la razón. Al año siguiente Fernando pasó a ser regente de Castilla, y uno de sus primeros actos fue obtener del Papa Julio II el capelo cardenalicio para Ximénez, quien simultáneamente fue nombrado Gran Inquisidor de Castilla y León. Erróneamente se le ha adjudicado la instauración de la Inquisición en España, pero ya estaba totalmente establecida diez años antes de su entrada en la Corte. Como gran inquisidor inició varias reformas en su funcionamiento y constantemente se preocupó de reducir el número de casos reservado a este tribunal. Observaba cuidadosamente la actuación de los diversos funcionarios de la Inquisición, para que no abusaran de su poder con violencias u opresiones indebidas, y organizó y circunscribió los límites de su jurisdicción. Salvaguardó a los académicos y a los profesores del examen y de la supervisión de los inquisidores, y emitió beneficiosas reglas relativas a la instrucción y a la dirección de los nuevos conversos, para protegerlos contra la superstición y la blasfemia. La revisión de algunos de los diversos casos investigados y sentenciados por Ximénez ponen de manifiesto el cuidado y la diligencia con que cumplía los deberes de un cargo que ha sido tan calumniado y mal interpretado. Era ciertamente severo, pero siempre franco y justo en el ejercicio de su autoridad como gran inquisidor.

En 1509, ante su insistente pedido, Fernando equipó una expedición contra los Moros, y, añadiendo dos cañones de su catedral, Ximénez en persona encabezó el ejército. Inspirados en su ejemplo y exhortaciones, las fuerzas españolas tomaron por asalto la ciudad de Orán. En su incansable celo por la propagación de la Fe, Ximénez se preocupó de hacer que su victoria fuera religiosa; cantidad de cristianos cautivos fueron liberados, y varias mezquitas se convirtieron en iglesias cristianas. Al volver a España el cardenal fue recibido como un héroe conquistador tanto en Alcalá como en Toledo. Por esta época ocurrió una seria ruptura de relaciones entre Francia y la Santa Sede, debido al creciente poder de Luis XII, que Julio II temía que pudiera poner en peligro la autoridad de la Iglesia. Para contrarrestarla, el Papa tomó parte a favor de la República de Venecia en contra de Francia, a pesar de que poco tiempo antes los venecianos habían tomado posesión de una parte de los Estados Papales, que le fue restituida a la Iglesia con la ayuda de Luis. Por esta ingratitud de parte de Julio, Luis juró venganza y, en lo posible, la caída del Papa. Atacó a las espiritualidades de la Iglesia en relación con los beneficios, y el ejército francés tomó posesión de Bolonia, que pertenecía al Papa. Al mismo tiempo Luis y el Emperador Maximiliano, con el apoyo de siete cardenales, principalmente franceses, se encargaron de organizar un concilio en Pisa, convocando la asistencia de Julio. Lo acusaban de haber perturbado la paz de Europa, de haber llegado al papado por medios corruptos, y de no haber mantenido su promesa de convocar un concilio general de la Iglesia. Julio decidió librar a Italia de los franceses y llamó a Fernando en su ayuda contra Luis. Por consejo de Ximénez, Fernando resolvió suspender las operaciones en Africa y enviar sus fuerzas para ayudar al Papa, y a fines de 1512 los franceses habían sido expulsados de Italia. El Sínodo cismático de Pisa fue inaugurado el 1º de noviembre de 1511, con la presencia de siete cardenales y unos veinte obispos. El clero de Pisa se negó a involucrarse, puesto que Julio los había amenazado con la excomunión si lo hacían. Los prelados reunidos tomaron miedo y se trasladaron a Milán, para estar bajo la protección de Francia. Allí declararon depuesto al Papa. Entretanto, Julio, cuya mala salud lo había demorado, convocó el Quinto Concilio General Lateranense para la Pascua de 1512, declarando al mismo tiempo inválido el Sínodo de Pisa y Milán. Ximénez apoyó al Papa durante todo este asunto, y su actitud sin duda contribuyó mucho a preservar la unidad de la Iglesia en España. También trabajó activamente para obtener la publicación de la Bula de convocatoria del concilio.

Fernando murió en 1516, habiendo designado a Ximénez como regente hasta el arribo de Carlos V desde Flandes. Adrián, Deán de Lovaina, también reclamó el nombramiento sobre la autoridad de un documento previamente firmado por Carlos. Los juristas que fueron consultados decidieron a favor de Ximénez, quien magnánimamente propuso que él y Adrián actuaran juntos hasta recibir instrucciones adicionales de Carlos. Sospechando que el cardenal sería mejor aceptado por el pueblo español que un extranjero como Adrián, Carlos confirmó a Ximénez en la regencia, mientras a Adrián le dieron el Obispado de Tortona y el puesto de Gran Inquisidor de Aragón. El importante cargo de regente le brindó una amplia perspectiva a la capacidad administrativa del cardenal y a su solicitud por la paz y la seguridad del reino. Los celos y las intrigas entre los grandes, en detrimento del orden del Estado, lo hicieron trasladar la sede del gobierno de Guadalupe a Madrid, por su ubicación central, y esta elección de capital fue confirmada por los siguientes soberanos. Actuando como regente mejoró mucho la condición del ejército y de la marina, y forzó a varias ciudades y personas rebeldes a reconocer su autoridad como representante de Carlos. Inició un nuevo sistema de impuestos, y realizó varias otras reformas internas. Su diplomacia actuó exitosamente para evitar una pactada alianza entre Francia y Portugal que habría perjudicado a Castilla, y cuando Jean d'Albret, el exiliado rey de Navarra, intentó recuperar su perdido reino, Ximénez juntó fuerzas con Francisco I de Francia y lo venció. Tanto como regente durante la ausencia de Carlos y anteriormente como tutor de Juana, su sabiduría y rectitud así como su fortaleza de carácter ayudaron mucho a mantener la integridad del trono español. Participó preponderantemente en los esfuerzos realizados para el beneficio espiritual de las posesiones españolas en América, y organizó una hueste de misioneros para la evangelización del Nuevo Mundo. Colón se había demostrado inepto para gobernar el territorio recientemente adquirido, al tratar como esclavos a los indios conquistados, y su método de acción mereció la más severa condena de parte de Ximénez. En el período de su regencia, llegó a España mayor información acerca de la esclavitud, y tomó fuertes medidas para reprimirla. Elaboró un código de instrucciones para el bienestar de los nativos y utilizó todos sus esfuerzos para protegerlos de la opresión y convertirlos a la fe cristiana.

La salud quebrantada y la edad avanzada lo obligaron a retirarse de la vida pública, y se dice que su fin lo aceleró la ingratitud de Carlos V ante los muchos servicios que le prestó a España. Tenía ochenta y un años cuando murió, y fue enterrado con grandes honores en Alcalá. Se hicieron varios esfuerzos para su canonización, pero sin éxito, aunque ha sido honrado como santo en mucho lugares de España. La mayor parte de su fortuna la dejó a su querida Universidad de Alcalá. Su carácter, que fue muy mal interpretado, fue notable por su gran versatilidad. Era tanto soldado como sacerdote, como lo demuestra su actuación en la conquista de Orán. Fue estrictamente consciente en su vida pública, sin temor de las consecuencias que pudiera acarrearle la realización de lo que pensaba era su deber, mientras en lo privado llevaba sus austeridades y mortificaciones al extremo de poner en riesgo su salud. Moralmente estaba por encima de todo reproche, y cumplía con exactitud las observancias de su estado religioso

Cyprian Alston
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Tomás de Torquemada (1420-1498)

Primer Gran Inquisidor de España, nacido en Valladolid en 1420; murió en Ávila el 26 de Setiembre de 1498. Era sobrino del célebre teólogo y cardenal, Juan de Torquemada. En su temprana juventud ingresó al monasterio Dominico en Valladolid, y más tarde fue nombrado prior del Monasterio de Santa Cruz en Segovia, puesto que desempeñó durante veintidós años. La Infanta Isabel lo escogió como su confesor mientras estuvo Segovia, y cuando ella asumió el trono de Castilla en 1474 él se convirtió en uno de sus más confiados e influyentes consejeros, pero rechazó todos los altos nombramientos eclesiales, prefiriendo permanecer como un simple fraile.

En ese tiempo la pureza de la Fe Católica en España estaba en gran peligro por los numerosos Marranos y Moriscos, quienes, por razones materiales, se convirtieron en falsos convertidos del Judaísmo y Mahometismo al Cristianismo. Los Marranos cometieron serias atrocidades en contra de la Cristiandad y se propusieron judaizar toda España. La inquisición, que los soberanos católicos habían autorizado que establezca Sixto IV en 1478, había, a pesar de las injustificadas crueldades, fallado en su propósito, principalmente por ausencia de centralización. En 1483 el papa nombró a Torquemada, quien había sido un inquisidor asistente desde el 11 de Febrero de 1482, Gran Inquisidor de Castilla, y el 17 de Octubre le extendió su jurisdicción hasta Aragón.

Como representante papal y oficial de mayor rango en la corte inquisitorial, Torquemada dirigió la empresa entera de la Inquisición en España, fue autorizado a delegar sus facultades inquisitoriales a otros Inquisidores de su propia elección, quienes permanecían bajo su responsabilidad, y estableció las apelaciones a la Santa Sede. Él inmediatamente estableció tribunales en Valladolid, Sevilla, Jaén, Ávila, Córdoba y Villa Real, y, en 1484, en Zaragoza para el Reino de Aragón. También instituyó un Consejo Superior, que consistía de cinco miembros, cuyo jefe tenía la obligación de ayudarlo en la escucha de las apelaciones (ver INQUISICIÓN --La Inquisición en España). Convocó una asamblea general de inquisidores españoles en Sevilla, el 29 de Noviembre de 1484, y presentó un bosquejo de veintiocho artículos como guía. A esto añadió varios nuevos estatutos en 1485, 1488 y 1498 (Reuss, "Sammlungen der Instructionen des spanischen Inquisitionsgerichts", Hanover, 1788). Los Marranos encontraron poderosas maneras de evadir los tribunales en los judíos de España, cuyas riquezas los habían hecho muy influyentes y sobre los que la Inquisición no tenía jurisdicción. En esta situación Torquemada pidió a los soberanos que exijan a los judíos que se conviertan en cristianos o que abandonen España. Para frustrar esta medida los judíos acordaron pagan al gobierno español 10,000 ducados si los dejaban tranquilos. Existe una tradición que cuando Fernando estaba a punto de ceder a la tentadora oferta, Torquemada se le apareció, sosteniendo un crucifijo en lo alto, y exclamando: "Judas Iscariote vendió a Cristo por 30 monedas de plata; Su Alteza está a punto de venderlo por 30,000 ducados. Aquí está Él; tómelo y véndalo." Dejando el crucifijo en la mesa abandonó la habitación. Principalmente a través de esta mediación los Judíos fueron expulsados de España en 1492.

Se ha escrito mucho sobre la inhumana crueldad de Torquemada. Llorente registra que durante el mando de Torquemada (1483-98) 8800 personas fueron quemadas y 9654 fueron castigados de diferentes formas (Histoire de l'Inquisition, IV, 252). Estos datos son altamente exagerados, como ha sido concluyentemente probado por Hefele (Cardenal Giménez, cap. xviii), Gams (Kirchengeschichte von Spanien, III, II, 68-76), y muchos otros. Incluso el historiados judío Graetz se satisface sosteniendo que "bajo el primer Inquisidor Torquemada en el transcurso de catorce años (1485-1498) por lo menos 2000 judíos fueron quemados como pecadores impenitentes" ("Historia de los judíos", Filadelfia, 1897, IV, 356). La mayoría de historiadores sostienen con el protestante Peschel (Das Zeitalter, der Entdeckungen, Atuttgart, 1877, pp. 119 sq.) que el número de personas quemadas desde 1481 hasta 1504, cuando Isabel murió, fue cerca de 2000. Si la forma de Torquemada de indagar y castigar a los herejes era justificable es un asunto que debe ser decido no sólo comparado con el nivel penal del siglo quince, sino también, y principalmente, a través de una investigación sobre la necesidad de preservar el cristianismo en España. El cronista español contemporáneo, Sebastián de Olmedo (Chronicon magistrorum generalium Ordinis Prædicatorum, fol. 80-81) llama a Torquemada "el martillo de los herejes, la luz de España, el salvador de su país, el honor de su orden".

Michael Ott

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Isabel La Católica (1451-1504)
Reina de Castilla y forjadora de la unidad nacional, con su esposo Fernado de Aragón. Es paradójico que Isabel, la mejor reina que ha tenido España, fuera hija de Isabel de Portugal, que murió loca, y madre de Juana I, que también fue loca. Esta hija y madre de locas gobernó a España con más cordura y sabiduría que ningún otro rey. Ella fue la fuerza dirigente en la empresa de Granada, y en el Descubrimiento de América. El ilustre escritor del Renacimiento italiano, Baltasar de Castiglione, escribía en 1507: "Afirman todos cuantos la conocieron haber hallado en ella una tan divina manera de gobernar que parecía casi bastase solamente su voluntad para que, sin más ruido, cada uno hiciese lo que debía; a tal punto que apenas nadie osaba, ni en su propia casa y secretamente, hacer cosa que creyese que a ella habría de desagradar... Ella supo juntar tan admirablemente el rigor de la justicia con la blandura de la clemencia y con la liberalidad, que en sus días no hubo ningún bueno que se quejase de ser poco remunerado, ni ningún malo de ser demasiadamente castigado. Y de esto nació tener los pueblos hacia ella una suma reverencia mezclada de amor y de temor, la cual está todavía tan arraigada en el ánimo de todos que parece como si pensasen que ella desde el cielo les mira, y desde allí les deba enviar alabanzas o reprensión". El éxito de su reinado se debe tanto a su enérgica actividad como a la selección de excelentes colaboradores, tales como el Cardenal Cisneros y el Gran Capitán. Durante su reinado la corte estaba en constante movimiento, con todos sus hijos nacidos en lugares diferentes, de acuerdo con las necesidades del momento. Tampoco fue ajena a la inquietud intelectual de la época, como lo demuestra el hecho de comenzar a estudiar latín con la famosa maestra Beatriz Galindo, conocida como La Latina. Antonio de Nebrija, el príncipe de los humanistas castellanos, presentó su famosa Gramática a Isabel en la Universidad de Salamanca en 1492, al tiempo que Colón la exponía su fantástico proyecto. Su protección a los indios de las recién descubiertas tierras americanas fue admirable. Cuando Colón regreso con algunos indígenas, la reina reaccionó con autoridad:"¿Quién le ha dado al Almirante permiso para esclavizar a mis súbditos?"

La figura de Isabel I será fundamental para conocer el tránsito que se produce en la Península Ibérica entre la Edad Media y la era Moderna. Su reinado, junto a su esposo Fernando de Aragón, servirá de puente entre dos épocas y tendrá elementos identificativos tanto de una etapa como de la otra. Nace el 22 de abril de 1451 en el pueblo abulense de Madrigal de las Altas Torres. Será la tercera hija del rey Juan II de Castilla, casado en segundas nupcias con doña Isabel de Portugal, la madre de la futura Reina Católica. Su infancia transcurrió en Arévalo, donde se trasladó su madre al poco tiempo de enviudar. La estancia en Arévalo no será muy agradable ya que la madre pronto empieza a dar muestras de locura. Poco sabemos de su instrucción, suponiendo que en estos años aprendería a leer y escribir. En 1464 el rey Enrique IV, su hermanastro, la lleva a su corte, dotándola de rentas, mercedes y una villa en Casarrubios del Monte. Las relaciones entre los hermanos son bastante estrechas y don Enrique da muestras de cariño hacia la joven infanta al igual que a su otro hermano, don Alfonso. La situación en la corte de Enrique no es muy gratificante ya que los nobles desean restar aún más poder al legítimo monarca, produciéndose un soterrado enfrentamiento entre los partidarios de una monarquía fuerte y los que optan por un monarca manejable del que puedan conseguir todo tipo de gracias y mercedes. En este ambiente se produce un hecho significativo conocido como "Farsa de Avila". En una grotesca ceremonia los nobles deponen a Enrique IV y nombran rey de Castilla al príncipe Alfonso, alegando que la heredera -Juana, hija de Enrique y de su segunda esposa Juana de Portugal- es ilegítima al ser fruto de los amores de la reina y el valido, Beltrán de la Cueva, de donde viene el nombre de Beltraneja con el que la infanta es conocida posteriormente. Isabel está al margen de todas estas maniobras pero pronto entrará en escena. La muerte del príncipe Alfonso en 1468 provoca que sus partidarios elijan a la joven infanta como nueva candidata a arrebatar la corona a Enrique. El objetivo nobiliario será contar con una persona manejable con la que realizar sus intereses personales. En este contexto se firma el Pacto de los Toros de Guisando (1468) en el que Enrique reconoce a su hermana Isabel como princesa de Asturias, confirmando la ilegitimidad de su hija Juana. Resulta curioso como Isabel, cuyas posibilidades de reinar en Castilla eran muy escasas al nacer, se había convertido en la sucesora al trono. Como princesa de Asturias Isabel debe elegir un buen marido para casarse. Los candidatos a este matrimonio político serán varios: Alfonso V de Portugal; don Pedro Girón, maestre de Calatrava, y Fernando de Aragón, heredero de la corona vecina. La elección se consumó en Ocaña , donde Isabel constituyó su casa: Fernando era el elegido. El matrimonio se celebrará en Valladolid el 19 de octubre de 1469, presentando el arzobispo Carrillo una bula papal falsa ya que ambos contrayentes eran primos segundos, teniendo como antepasado común a Juan I de Castilla. Pero este matrimonio significará el enfrentamiento entre los dos hermanos ya que Enrique reacciona rápidamente y declara ilegal el nombramiento de Isabel como princesa de Asturias, reconociendo a Juana como su heredera legítima (Valdelozoya, 1470). La guerra civil está servida aunque aún queden algunos años para estallar. En un primer momento, Isabel y Fernando apenas cuentan con aliados, retirándose a Medina de Rioseco, pero paulatinamente va creciendo el número de sus partidarios: el País Vasco, Borgoña, Roma y especialmente la poderosa familia Mendoza. La posición de Isabel es cada vez más fuerte y parece que el propio Enrique se aviene a negociar. Pero en estos momentos el monarca fallece en Madrid, en la noche del 11 al 12 de diciembre de 1474, sin hacer testamento. Tomando como base el tratado de los Toros de Guisando Isabel se proclama reina de Castilla en Segovia, el 13 de diciembre. Es una política de hechos consumados que provocará la guerra entre Isabel y sus partidarios -que apoyan una monarquía estable y consolidada- frente a Juana y sus aliados -curiosamente los que anteriormente la consideraban ilegítima, pretendiendo consolidar sus derechos feudales y relegar la monarquía a un plano meramente formal-. En enero de 1475 se firma la Concordia de Segovia entre Isabel y Fernando donde se produce un reparto de competencias entre ambos monarcas. Isabel es "reina y propietaria de Castilla" y su esposo recibe el título de rey. Desde ese momento los esposos formarán un bloque imposible de dividir y con esa firmeza pueden hacer frente al estallido de la guerra. La guerra civil se produce entre 1475 y 1479, convirtiéndose en guerra internacional al participar Portugal y Francia apoyando a Juana mientras que Aragón rinde su apoyo a Isabel. La derrota portuguesa en las cercanías de Toro (1 de marzo de 1476) y las dificultades francesas para invadir tierras guipuzcoanas gracias a la labor de la marina vasca inclinan la balanza a favor del bando isabelino. Durante tres años se irán sofocando los focos de resistencia en tierras extremeñas y andaluzas, lo que indica que la causa isabelina no estaba tan arraigada. Los Tratados de Alcaçovas (septiembre de 1479) ponen fin a la contienda y desde ese momento Isabel está firmemente asentada en el trono. Ese mismo año de 1479 muere Juan II de Aragón por lo que Fernando se convierte en rey aragonés, poniéndose en marcha la unión dinástica de Castilla y Aragón. Los cimientos del Estado moderno se están colocando en la Península Ibérica. Para robustecer el poder real se tomaron una serie de medidas de gran calado, la mayor parte de ellas en el seno de las Cortes: la constitución de la Santa Hermandad con fines de índole policial y judicial (Madrigal de las Altas Torres, 1476); la reorganización del Consejo Real, la ampliación de las competencias de los corregidores (Toledo, 1480); regulación de la Hacienda Real; revisión de las mercedes otorgadas a los nobles por Enrique IV; incorporación de los maestrazgos de las Ordenes Militares a la Corona al nombrar Gran Maestre a Fernando; establecimiento en Valladolid de la Real Chancillería, creando una segunda Chancillería en Granada (1505); constitución de un ejército permanente que tiene como núcleo las Guardias Reales, las milicias urbanas y la Santa Hermandad. En materia religiosa se produce la expulsión de los judíos (1492); la reforma de las órdenes religiosas, labor realizada por el cardenal Cisneros; y la creación de la Inquisición en Castilla (1478) gracias a la bula "Exigit sinceras devotionis affectus" promulgada por Sixto IV por la que se otorga a los reyes el poder de nombrar dos o tres obispos para desempeñar el oficio de inquisidores, produciéndose las primeras condenas en Sevilla durante el año 1481. En 1492 se producen tres hechos de gran importancia para España: la conquista de Granada -que pone fin a la guerra con el reino nazarí desde el año 1482-, la conquista de las Canarias -las islas mayores: Gran Canaria, La Palma y Tenerife- y el descubrimiento de América gracias a Cristóbal Colón. Los tres episodios se pueden relacionar con la política exterior desarrollada por Isabel y Fernando, encaminada a extender los dominios ibéricos para afianzar la corona como una potencia internacional, enfrentándose a Francia. Bien es cierto que la línea trazada por Fernando tenía como objetivo la expansión hacia el Mediterráneo -Italia y Sicilia- pero con estas nuevas aportaciones Castilla se abría al Atlántico. Gracias a las bulas "Inter Caetera" (mayo de 1493) el papa Alejandro VI concedió la soberanía de las tierras descubiertas -aunque Colón pensaba que había llegado a las Indias-. Será este mismo pontífice quien otorgue a Isabel y Fernando el título de Reyes Católicos en 1494 -posiblemente para compensar al título de "Rey Cristianísimo" que ostentaban los soberanos franceses- que también disfrutarán todos sus herederos. Dentro de la política exterior conviene destacar la política de enlaces diseñada por los reyes para sus hijos. Todos los matrimonios están encaminados a aislar a Francia: Isabel casaría con el príncipe portugués don Alfonso y al enviudar, con su heredero, don Manuel el Afortunado; Juan casará con Margarita de Austria, hija del emperador Maximiliano I y María de Borgoña; Juana contraerá matrimonio con Felipe de Austria, también hijo del emperador; María se casará con su cuñado, el viudo don Manuel de Portugal; Catalina será la primera esposa de Enrique VIII de Inglaterra. Portugal, el Imperio e Inglaterra, rodeando con sus vástagos al reino francés. El diseño de Fernando no podía ser más perfecto. La muerte del príncipe Juan en 1497 provocará a doña Isabel una depresión, quizá por motivos sucesorios. El fallecimiento de Isabel (1498) y su hijo Miguel (1500) -heredero de las coronas de Portugal por su padre, Castilla por su abuela y Aragón por su abuelo- aumentarán la desazón en la reina que fallecerá en Medina del Campo el 26 de noviembre de 1504, víctima de un cáncer. El testamento deja como heredera y propietaria de la Corona de Castilla a su hija Juana. El cadáver de doña Isabel fue llevado a Granada donde será enterrado, pudiéndose apreciar hoy en día un precioso mausoleo -realizado por Domenico Fancelli- en la Capilla Real granadina, acompañada de su esposo Fernando.

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Fernando el Católico (1452-1516)

El 10 de mayo de 1452 nacía en la localidad zaragozana de Sos el hijo primogénito del rey aragonés Juan II y su segunda esposa, la castellana Juana Enríquez, hija de don Fadrique Enríquez, almirante de Castilla. Las Cortes de Calatayud le juran como heredero de la corona de Aragón en 1461, tras la muerte de su hermanastro Carlos, el príncipe de Viana. Antes de su matrimonio conocemos algunas aventuras amorosas del joven galán con una tal Aldonza Roig. Como resultados de estos amores nacerán dos hijos naturales: Alfonso -que será nombrado años más tarde arzobispo de Zaragoza y virrey de Aragón- y Juana -futura esposa de don Bernardino Fernández de Velasco, condestable de Castilla-. Durante del matrimonio también mantuvo relaciones extraconyugales, naciendo dos hijas llamadas María de Aragón que pasarían sus días en un convento de agustinas de los alrededores de Madrid. En 1468 fallece doña Juana Enríquez y el príncipe Alfonso es nombrado corregente del reino aragonés y rey de Sicilia, posiblemente para dotar al joven de un reino con el que fortalecer su próximo matrimonio con Isabel de Castilla, princesa de Asturias en esos momentos. El 7 de enero se firma un protocolo entre los futuros esposos por el que Fernando se compromete a actuar en estrecha colaboración con Isabel y adoptar las decisiones en común. El enlace no satisface a Enrique IV por lo que se realizará de incógnito. Fernando parte a tierras castellanas en octubre de ese año y el día 19 se celebrará el matrimonio, oficiado por el arzobispo Carrillo quien proporciona a la pareja una dispensa papal falsa, necesaria debido a tener como antepasado común a Juan I de Castilla. Esta situación será regularizada por Sixto IV en 1471. Los siguientes meses serán de absoluto aislamiento para los esposos que ven como la mayoría de los nobles toman partido por la infanta Juana en la carrera por el trono castellano. En mayo de 1471 se producen las primeras adhesiones a los príncipes: el País Vasco se decanta por Isabel y Fernando al tiempo que la poderosa familia de los Mendoza va colocándose a su lado. La muerte de Enrique IV -12 de diciembre de 1474- y la posterior autoproclamación de Isabel como reina de Castilla -13 de diciembre de 1474- sorprenderá a Fernando en Aragón. La guerra civil castellana está servida y el aragonés quiere mover sus cartas. Se proclama el único descendiente varón vivo de Enrique IV y se presenta como candidato al trono castellano. Esta actuación motivará la firma entre los esposos de la concordia de Segovia -15 de enero de 1475- en la que se establece absoluta igualdad entre ambos en el ejercicio del poder real - a pesar de que el nombre del rey debe anteceder al de la reina, al igual que las armas de ambos-, norma que también se seguirá posteriormente en Aragón. De esta manera los esposos se presentan como un bloque consolidado, apoyado por un buen número de nobles, ciudades y villas que desean el "buen gobierno del reino", empujando a los monarcas a poner en marcha una política de consolidación del poder real. La participación de Fernando en la Guerra de Sucesión será determinante ya que Aragón apoyará a los jóvenes esposos frente a Alfonso V de Portugal y Luis XI de Francia, que se inclinan por Juana. El inicial avance portugués es frenado al tomar Fernando Zamora y obtener una contundente victoria en la batalla de Toro -1 de marzo de 1476-. La guerra estaba sentenciada al ser expulsados los franceses de Fuenterrabía, aunque los focos de resistencia en Andalucía y Extremadura aún tardarán tres años en ser apagados. El fin de la guerra se sentencia en los Tratados de Alcaçovas -septiembre de 1479-. Desde ese momento la labor personal de Fernando e Isabel resulta difícil de diferenciar, no sólo en Castilla sino también en Aragón donde el rey Juan II ha muerto en enero de 1479 siendo sucedido por Fernando. Los especialistas hablan del germen del Estado Moderno en estos momentos, poniéndose como objetivo los gobernantes la consolidación del poder monárquico. Las medidas encaminadas a la organización del reino castellano son de gran calado -creación de la Santa Hermandad y del Consejo Real, regulación de la Hacienda Real, incorporación de los maestrazgos de la Ordenes Militares a al corona la nombrar a Fernando Gran Maestre de cada una de ellas, etc.-. Parece que la actividad en Aragón no fue tan numerosa, destacando su actuación en la resolución de los problemas de los campesinos de remensa a través de la sentencia arbitral de Guadalupe (1486). Su intento de sustituir a los diputados de la Generalitat catalana por otros elegidos por el monarca no prosperó, teniendo mayor éxito en la implantación de la insaculación para la elección de cargos en el ayuntamiento barcelonés y de otras ciudades. El restablecimiento de la Inquisición en la corona aragonesa trajo en un primer momento problemas graves que acabaron con el asesinato del inquisidor Pedro de Arbues. La respuesta fue contundente y la Inquisición se afianzó en la corona. Siempre se ha hecho referencia al reparto de funciones entre Isabel y Fernando, adjudicando a la soberana los asuntos internos y al monarca los externos. En los asuntos de política exterior Fernando demostró su capacidad política. Uno de los primeros objetivos será poner punto final a la Reconquista, en unos momentos en que el reino nazarí de Granada estaba dando muestras de crisis y decadencia. La guerra duró diez años y en enero de 1492 Boabdil entregaba las llaves de la ciudad, poniendo fin a siete siglos de presencia musulmana en la península. A pesar de que la empresa se presentó como iniciativa de la corona castellana, el papel desempeñado por Fernando será crucial. También participó en la aventura americana que permitiría a Colón descubrir un nuevo continente, siendo uno de los valedores de las Capitulaciones de Santa Fe. Pero las miras del rey estaban en la defensa de los intereses aragoneses en el Mediterráneo y aquí debemos hacer referencia a los asuntos italianos y norteafricanos. En el norte de Africa se toman importantes plazas: Melilla (1497), Mers-el-Kebir (1505) y Orán (1509) estableciéndose protectorados en Bujía, Trípoli y Argel. El Magreb parecía estar ocupado por la corona hispánica cuando la derrota en la isla de Gelves (1511) hizo despertar del sueño. El control de unas cuantas plazas fuertes será el resultado de dicha derrota, poniéndose de manifiesto la fortaleza del Imperio Turco en el Mediterráneo oriental. En Italia la corona de Aragón controlaba Cerdeña y Sicilia mientras que Nápoles estaba gobernado por Ferrante, hijo natural de Alfonso V el Magnánimo. Carlos VIII de Francia también tenía intereses en la península y alcanzó un trato con Fernando: la devolución a Aragón del Rosellón y la Cerdaña -perdidos en la reciente guerra catalana- a cambio de libertad de actuación francesa en Italia -Tratado de Barcelona, 1493-. Pero la intervención del monarca francés en Nápoles motivará que Fernando organice una Liga Santa junto al emperador Maximiliano, el papa Alejandro VI, Milán y Venecia. Don Gonzalo Fernández de Córdoba dirigirá las tropas aliadas que serán derrotadas en Seminara pero que reaccionarán contundentemente en los próximos años y obligaran a Francia a establecer la retirada. Luis XII de Francia vuelve a la carga, ahora de manera diplomática y firma con Fernando el Tratado de Granada (1500) por el que se reparte el reino de Nápoles. Las aplicaciones del tratado traerán complicaciones y estallará de nuevo la guerra, obteniendo don Gonzalo dos importantes victorias en Ceriñola y Garellano (1503) siendo incorporado el reino de Nápoles a la corona aragonesa dos años después. La política matrimonial desarrollada por los Reyes católicos -título obtenido en 1494 de manos de Alejandro VI- tendrá como objetivo aislar a Francia, buscando como aliados de los reinos hispánicos a Portugal, el Imperio e Inglaterra. Los enlaces serán los siguientes: Isabel casaría con el príncipe portugués don Alfonso y al enviudar, con su heredero, don Manuel el Afortunado; Juan casará con Margarita de Austria, hija del emperador Maximiliano I y María de Borgoña; Juana contraerá matrimonio con Felipe de Austria, también hijo del emperador; María se casará con su cuñado, el viudo don Manuel de Portugal; Catalina será la primera esposa de Enrique VIII de Inglaterra. El 26 de noviembre de 1504 Isabel fallece en Medina del Campo dejando como heredera de Castilla a su hija Juana. El testamento tiene un curioso párrafo: "cuando la Princesa, mi hija, no estuviere presente en estos reinos o estando en ellos no quisiere o no pudiere entender en la gobernación de ellos (...) el rey Fernando, mi señor, rija, administre y gobierne los dichos mis reinos y señoríos por la dicha Princesa" . Quizá por este párrafo podemos deducir que Isabel aprecia ciertos trastornos mentales en su hija y no desea que el reino caiga en manos de Felipe. Fernando se hace cargo de Castilla como regente hasta la llegada de los nuevos reyes que están en Flandes. Pero la nobleza castellana empieza a dar muestras de preocupación y deseos de responder a los agravios realizados anteriormente por los monarcas. Esta nobleza levantisca apoya incondicionalmente a Felipe como rey quien también recibe el apoyo de Luis XII de Francia y del Imperio. Una vez más Fernando da muestras de su inteligencia política y firma con el rey francés la paz de Blois (1505) por la que Luis renunciaba a sus derechos sobre Nápoles y Fernando contraía matrimonio con la sobrina del monarca francés, Germana de Foix. El matrimonio se celebró en Valladolid el 18 de marzo de 1506 y a los pocos meses Fernando abandona Castilla rumbo a sus posesiones de Aragón, evitando cualquier problema con su hija Juana y Felipe. La muerte de El Hermoso el 25 de septiembre de 1506 vuelve a poner de nuevo a Fernando en la órbita castellana. Juana da muestras de incapacidad mental y en el país impera la anarquía por lo que Cisneros decide llamar a Fernando en calidad de regente, iniciándose la segunda regencia que abarcará entre 1507 y 1516. En el otoño de 1509 se encierra a Juana en Tordesillas al ser declarada loca -locura por razones de Estado más que cuestiones psíquicas, posiblemente- y ese mismo año fallece el pequeño Juan, hijo de Fernando y Germana (3 de mayo de 1509). La energía caracteriza este segundo periodo de regencia imponiendo fuertes castigos a la nobleza levantisca, siendo el episodio más destacado la invasión de Navarra en 1512. La invasión del reino vecino se encuadra en las luchas contra Francia ya que el pequeño estado era un fiel aliado francés. La excomunión de Julio II al monarca francés se hizo extensiva a Navarra y Fernando ordenó al duque de Alba la invasión que se consumó con la rendición de Pamplona el 25 de julio de 1512. Antes de morir Fernando redactó dos testamentos; en el primero de mayo de 1512 dejaba al infante Fernando como regente en espera de la llegada de Carlos I. Sin embargo este testamento será modificado en enero de 1516 al designar al cardenal Cisneros como regente de Castilla. En un delicado estado de salud, Fernando emprendió un viaje a Andalucía para organizar una gran armada contra los turcos pero antes de llegar la comitiva regia a Madrigalejo (Cáceres) el rey fallecía. Era el 23 de enero de 1516 y las coronas de Castilla y Aragón iban a parar al joven Carlos quien se hacía proclamar rey en Bruselas el 14 de marzo de 1516.

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Fernández de Córdoba (1453-1515)
Entre los militares más prestigiosos del reinado de los Reyes Católicos destaca don Gonzalo Fernández de Córdoba, conocido como el Gran Capitán. Miembro de la casa de Aguilar, entró con doce años al servicio del príncipe don Alfonso. Tras el fallecimiento del príncipe, don Gonzalo es llamado por la reina Isabel para incorporarse a su servicio. Casado con su prima Isabel de Montemayor, pronto quedará viudo y sin descendencia, dedicándose al oficio militar desde ese momento. Concretamente fueron las guerras de Granada donde se produjo su incorporación en el ejército, destacando en la toma de Illara y en el sitio de Tájara. Gracias a su amistad con Boabdil el Chico, los Reyes Católicos le encargaron las negociaciones que finalizaron con la toma de Granada el 2 de enero de 1492. El señorío de Orvija, determinadas rentas sobre la seda y la encomienda de la orden de Santiago fueron las recompensas obtenidas por los excelentes servicios prestados a la Corona. Italia sería el nuevo frente abierto tras Granada. La invasión francesa de Nápoles motivó la participación española en el conflicto en ayuda del rey napolitano, siendo don Gonzalo el militar elegido para encabezar los ejércitos. Tras dos años de lucha, Córdoba consigue una exitosa victoria, obteniendo el merecido sobrenombre de Gran Capitán así como el título de duque de Santángelo. La firma del Tratado de Granada en 1500 ponía aparentemente fin a las disputas entre España y Francia por el territorio napolitano. Ambos países se repartían el reino meridional italiano: la zona norte correspondía a los franceses mientras la sur a los españoles. Pronto se rompió el inestable equilibrio al conquistar Francia algunas plazas. El fantasma de la guerra se cernía sobre Nápoles de nuevo y don Gonzalo era enviado al frente de batalla Tras resistir algunos sitios en diferentes plazas, las tropas españolas conseguían vencer a los soldados franceses en dos míticas batallas: Ceriñola y Garellano, falleciendo en la primera de ellas el jefe de los ejércitos galos, el duque de Nemours. Nápoles quedaba definitivamente bajo influencia española gracias a la hábil estrategia de don Gonzalo quien acabó con la medieval guerra de choque al dotar de mayor responsabilidad a la infantería y emplear la táctica de defensa-ataque. Tras el fallecimiento de Isabel en 1504, don Fernando y Gonzalo inician un distanciamiento que provocó la retirada de Córdoba del gobierno napolitano. Posiblemente los ligeros deseos independentistas del territorio que podían ser encabezados por el Gran Capitán llevaron al rey católico a tomar la decisión. Don Gonzalo regresó a España donde falleció en 1515, a pesar de intentar obtener en numerosas ocasiones el necesario permiso real para trasladarse al lugar donde consiguió todos sus triunfos.

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García de Paredes, Diego (1466-1530)
Militar español. Intervino en las guerras de Granada junto al Gran Capitán y luego dirigió la guardia pontificia de Alejandro VI, aunque se incorporó al ejército español durante las campañas de Italia. Dejó escrita su 'Vida', que aparece recogida en las 'Crónicas del Gran Capitán'. Fue llamado el Sansón de Extremadura por su extraordinaria fuerza.
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Francisco de los Cobos (1477-1557)

Carlos I depositó su confianza en muy pocas personas debido a su reservado carácter. Una de ellas fue don Francisco de los Cobos, quien, tras una dilatada carrera, alcanzó el importante cargo de secretario del rey. Don Francisco pertenecía a una modesta familia andaluza con residencia en Ubeda. Su tío, Diego Vela Allide, obtuvo los cargos de contador y secretario, siendo la persona responsable de que el joven Francisco llegara a la corte, formando parte de su servicio. Poco después, Francisco pasó a la casa de don Hernando de Zafra, siendo su criado y recibiendo su confianza, lo que permitió el ascenso a escribano de cámara y público en 1503 Muerto don Hernando, Cobos pasaba al servicio de Lope Conchillos, ocupando el cargo de oficial de la Secretaría de Indias. Lentamente iba consolidando su posición administrativa al ser nombrado Contador mayor de Granada (1508), regidor de Ubeda ese mismo año, encargado del registro de concesiones, pagos y mercedes directamente por Fernando el Católico (1510) y regidor de Granada (1511). El fallecimiento de don Fernando provocó un viaje de Francisco a Flandes con el fin de cortejar a los consejeros del nuevo rey, Carlos I. El viaje cumplió sus expectativas y Cobos consiguió el apoyo de Guillermo de Croy, señor de Chievres, siendo nombrado secretario del rey el 12 de diciembre de 1516. La escalada de Cobos continuaría a su regreso a Castilla ya que pronto sustituyó al caído en desgracia Conchillos como presidente de la Secretaría de Indias al tiempo que aumentaba su confianza con Carlos, acompañando al rey en su viaje a Flandes y Alemania del año 1520 y convirtiéndose en el principal asesor de las cuestiones españolas. Su posición mejoró tras su matrimonio con María de Mendoza en octubre de 1522 al emparentar con una de las familias de mayor prestigio en el panorama castellano, aliada tradicional de los monarcas. No exento de refriegas políticas, Cobos alcanzaba su techo cuando fue nombrado Consejero de Estado en 1529, acudiendo como tal a la coronación de Carlos como emperador en Bolonia al año siguiente. Su papel como colaborador del emperador motivará sus continuos viajes acompañando a Carlos, participando incluso en la expedición a Túnez del año 1535. Las recompensas llegaron de la mano de nuevos nombramientos como comendador mayor de León, adelantado de Cazorla, señor de Sabiote y contador mayor de Castilla. Los últimos años de Cobos pasaron en intentar sacar la economía castellana de las primeras dificultades que empezaba a padecer por las continuas campañas militares llevadas a cabo en Europa para mantener su puesto hegemónico. El propio Felipe II recibía de su padre las instrucciones pertinentes durante su regencia para el gobierno de la nación, incluyendo en ellas el seguir el sabio consejo de don Francisco. El 10 de mayo de 1547 fallecía este insigne político andaluz en su localidad natal de Úbeda, tras un año de complicada enfermedad.

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García de Loaysa y Mendoza (1479-1546)

Miembro de una noble familia toledana, a los 17 años tomó el hábito dominico en el Convento de San Esteban de Salamanca, perteneciente a la Orden de los Predicadores. Profesó en los conventos de Peñafiel y el de Santo Tomás de Avila, continuando sus estudios de teología en el Colegio de San Gregorio de Valladolid. Será nombrado vicario de la provincia dominicana de España y provincial de la misma, siendo elevado en 1518 a general de los dominicos, cargo en el que se mantuvo durante cinco años. En 1524 es propuesto por Carlos I para el obispado de Osma (Soria) cargo que mantendría hasta que en 1532 lo canjeó por el de Sigüenza, cuya remuneración era más alta. Siete años después alcanzó la diócesis arzobispal de Sevilla que ya mantuvo hasta el final de su vida. El cardenalato lo había obtenido en 1530 de manos de Clemente VII, durante su estancia en Bolonia para coronar emperador a Carlos V. La trayectoria política de García de Loaysa posiblemente será más brillante que la episcopal. En 1521 actuaría como mediador entre la Santa Junta Comunera y la Corona, después de ser acusado por el Consejo Real de Castilla de complaciente con la causa comunera, posiblemente por ser la Orden dominica la que más simpatizaba con los rebeldes. En 1523 pasará a desempeñar el influyente cargo de confesor de Carlos I y al año siguiente es nombrado presidente del Consejo de Indias, la primera persona que ocuparía este importante cargo. Desde este lugar se opondrá a todo tipo de humillación para con los indígenas, apoyando fervientemente la causa de Las Casas e interviniendo en la elaboración y promulgación de las Leyes Nuevas (1542-43) en las que se suprimía el régimen de encomienda. También participó en el litigio que los Colón había establecido con la Corona por las aplicaciones de las capitulaciones de Santa Fe, restringiendo en su sentencia los honores y privilegios de la familia del descubridor (1536). Desde 1526 era miembro del Consejo de Estado por lo que su participación en los asuntos de la época será fundamental. En 1530 es nombrado embajador en Roma, destino que él consideró como un destierro. A su regreso a España en 1535 formará parte del Consejo de Estado de doña Isabel, regente en aquellos momentos del país, y del Consejo de Carlos cuando éste regresó. Esta será la práctica habitual debido a los diversos viajes del emperador, permaneciendo Loaysa integrado de cualquier manera en la cúpula del Estado. Continuó su acumulación de nombramientos con el de comisario general del Consejo de Cruzada y en 1545 será nombrado Inquisidor General. Al año siguiente fallecerá.

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Leiva, Antonio de (1480-1536)
Capitán español. Pariente del Gran Capitán, a cuyas órdenes intervino en Italia. Destacó en la defensa de Pavía (1524-25), que le valió el nombramiento de gobernador del Milanesado y príncipe de Ascoli, y venció de nuevo a los franceses en 1528, reconquistando la plaza. En 1533 fue nombrado jefe de la Liga formada por Carlos V en Italia, a quien acompañó en las campañas de Africa, y del mediodía de Francia, donde murió.
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Fernando Francisco de Avalos (1490-1525)
Militar español, residente en Nápoles, marqués de Pescara. Fue uno de los más ilustres militares de Carlos V. Contribuyó a la conquista del Milanesado (1521) y derrotó a los franceses en Bicoca (1522). Destacó en Pavía y dirigió las tropas imperiales que ocuparon el Milanesado. Casó con la poetisa Vittoria Colonna.
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González de Celorigo, Martín (s. XVI)
Economista español. Culminó el análisis de la economía española de este siglo, iniciado a mediados de la centuria por Tomás de Mercado y Luis Ortiz. Su obra más importante,'Memorial de la política necesaria y útil restauración de la República de España', se publicó en 1600. El pensamiento escolástico, después de descubrir la circulación monetaria (Mercado, Azpilcueta) descubrió con él el concepto de riqueza.
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Alfonso de Avalos (1500-1546)
Militar español, residente en Nápoles, Marqués del Vasto. Desde muy joven combatió en los ejércitos de Carlos V. Participó en la batalla de Pavía (1525) y actuó contra Francia durante el período de la Liga Clementina. Cayó prisionero ante Nápoles (1528). Más tarde acompañó a Carlos V en la campaña de Túnez (1535), e intervino en las guerras contra Francia. Nombrado gobernador militar de Milán (1538), fue derrotado en Cerisoles (1544), pero defendió luego el Milanesado contra los franceses.
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Carlos I de España y V de Alemania (1500-1558)
El 24 de febrero de 1500 nacía en Gante Carlos I de España y V de Alemania. Sus padres eran Felipe de Habsburgo, conocido como El Hermoso, archiduque de Austria, duque de Borgoña, de Luxemburgo, de Brabante, de Güeldres y Limburgo y conde de Tirol, Artois y Flandes, y doña Juana de Castilla, heredera de la corona castellana y de la aragonesa. Sus abuelos maternos eran nada menos que los Reyes Católicos y los paternos el Emperador Maximiliano I y doña María de Borgoña. Como heredero de todos ellos al ser el primogénito, Carlos obtendrá uno de los mayores imperios del Renacimiento, siendo uno de los primeros impulsores de la idea de unificación en Europa, tomando la religión católica como el instrumento unificador. La educación del joven príncipe corrió a cargo de su tía Margarita de Austria, mujer de gran cultura que inculcará en Carlos el amor por las artes y la cultura. Como preceptor se hizo cargo del muchacho el cardenal Adriano de Utrecht, futuro papa Adriano VI. Desde los nueve años encontramos a otro personaje en el círculo de Carlos: Guillermo de Croy, señor de Chievres, hombre de gran codicia que se ganó la confianza del príncipe, durmiendo incluso en la misma habitación que él con la excusa de que si el príncipe se despertaba, tendría alguien con quien hablar. Aunque esta relación no parece aparentemente positiva, el contacto de Carlos con Guillermo de Croy le convertirá en un hombre de estado, acercándole a los secretos del gobierno. En 1516 fallece don Fernando el Católico, dejando vacante la corona de Aragón, mientras que la corona castellana estaba en manos de doña Juana, recluida en Tordesillas debido a su enajenación mental. Esto convertía a Carlos en regente del reino de Castilla aunque en realidad todo el poder quedaba en sus manos. Carlos embarcó en Flandes con destino a la península ibérica, llegando a las playas de Asturias en septiembre de 1517. El cardenal Cisneros, regente de Castilla, acudió al encuentro con el nuevo rey, pero falleció en Roa antes de que se produjera. El cardenal no sufrió la humillación de ver como el monarca le entregaba la dimisión, ingrata recompensa para un hombre que tanto había dado al reino. La camarilla de flamencos que rodeaba al inexperto rey (tenía 17 años y no sabía hablar castellano, por lo que no se podía comunicar con sus súbditos) acaparó rápidamente todos los puestos de confianza, iniciando una auténtica caza y captura de los caudales del reino que salían de las fronteras para la financiación de los asuntos en los Países Bajos. Lo primero que hizo Carlos en tierras españolas fue visitar a su madre, encerrada en Tordesillas desde hacía más de siete años. El encuentro entre madre e hijos (a Carlos le acompañaba su hermana Leonor, futura esposa de Manuel I de Portugal) fue emotivo ya que hacía más de doce años que no se veían. Posiblemente el motivo de la visita sería la legitimación de la decisión de coronarse rey (lo que había hecho en Bruselas el 14 de marzo de 1516) cuando la legítima propietaria de Castilla no había fallecido. Para solucionar este problema legal y político, desde este momento en todos los documentos oficiales figurarán el nombre de ambos soberanos, siempre el de la reina en primer lugar. Otro problema le surge a la camarilla flamenca con don Fernando, el hermano menor de Carlos, nacido en Alcalá de Henares, criado y educado en Castilla, con un amplio número de partidarios dispuestos a coronarle. Incluso los Guzmán pensaron en llevar a Fernando a Aragón donde sería coronado rey con el apoyo de doña Germana de Foix, segunda esposa del Católico. Con el fin de eliminar problemas, Chievres decidió enviar a don Fernando a Bruselas. Sin embargo, las Cortes reunidas en Valladolid se opusieron a dicha medida, exigiendo que Fernando permaneciera en España al menos hasta que Carlos tuviera descendencia. Pero Chievres consiguió su objetivo y envió al infante a Bruselas, saltándose la decisión de la asamblea. Los ánimos estaban bastante encendidos ya que los procuradores a Cortes (encabezados por el representante de Burgos, Juan de Zumel) no admitían que la presidencia estuviera en manos de un extranjero, Jean de Sauvage, ni los desmanes cometidos por los flamencos. Por eso se realizaron una serie de exigencias al rey como el respeto a las leyes de Castilla, el inmediato despido de los extranjeros que tuviera a su servicio, el aprendizaje del castellano y la ubicación de castellanos en los cargos más importantes. Carlos juró respeto a las leyes castellanas y consiguió un crédito de 600.000 ducados por un plazo de tres años. Superado el escollo castellano, Carlos pone rumbo a Aragón donde las complicaciones también estaban a la orden del día. En las Cortes aragonesas existía un amplio grupo que quería nombrar príncipe-heredero a Fernando. Tras meses de duros debates, las Cortes reconocieron a Carlos como rey y le otorgaron un empréstito de 200.000 ducados. Después pondría rumbo a Cataluña donde los tratos también se prolongaron en el tiempo. Un año tuvo que estar el rey entre sus súbditos catalanes. En Barcelona recibe la noticia de su elección como Emperador, el 28 de junio de 1519. Este nombramiento encenderá los ánimos en Castilla, al considerar que los gastos de Carlos aumentarían considerablemente. Rápidamente se extendieron las protestas desde Toledo a las otras ciudades del reino, exigiendo la convocatoria de una reunión de Cortes donde se recomendase al monarca que no se marchara del país, que no permitiese el saqueo de las arcas castellanas por los flamencos y que éstos abandonasen los cargos que ocupaban. Las Cortes fueron convocadas en Santiago de Compostela, pero con unos propósitos absolutamente diferentes. Los procuradores eran reacios a las propuestas que les hacían los consejeros de Carlos por lo que Gattinara decidió unilateralmente trasladar la reunión a La Coruña, donde se concedió el ansiado subsidio con el que Carlos se trasladaba a Alemania. El cardenal Adriano de Utrecht quedaba como regente de un país en rebeldía. Desde que Carlos marchó a Alemania (mayo de 1520) hasta su regreso a Castilla (julio de 1522) se sucederán en España dos de los episodios más destacables del siglo XVI: la revuelta de las comunidades en Castilla y la rebelión de las germanías en Valencia. Camino de Alemania, Carlos hizo escala en Inglaterra, llegando a Aquisgran donde sería coronado Rey de Romanos en octubre de 1520. Al recibir el nombramiento, el nuevo emperador se compromete a mantener los derechos de los príncipes, mantener el orden imperial, emplear oficiales alemanes en el interior de las fronteras, restaurar el Consejo de Regencia y convocar una Asamblea de los Estados. Dicha asamblea, denominadas Dietas, tiene lugar en Worms en 1521. En esta reunión Fernando es nombrado regente del Imperio y elevado al rango de archiduque. Lutero es declarado proscrito, iniciándose el enfrentamiento religioso que implica la expansión del luteranismo. En la primavera de 1522 Carlos pone rumbo a España, haciendo una escala en Inglaterra para firmar un acuerdo con Enrique VIII con el fin de establecer la defensa de ambos países contra Francia. En julio desembarcaba en Santander y desde ese momento van a primar los asuntos exteriores sobre la política interior. Y es que Carlos tendrá desde el primer momento una idea imperial en su cabeza, imaginando una comunidad supranacional de estados europeos unidos por la religión cristiana y vinculados por la común pertenencia a la dinastía de los Habsburgo. Esta es la razón por la que se considera a Carlos como uno de los primeros impulsores de la Unión Europea. Lógicamente estas ideas provocan una serie de obstáculos. El primero será Francia, cuyas fronteras estaban rodeadas por los territorios de los Habsburgo, algo similar a lo que le ocurre al Papado. Entre 1521 y 1544 Carlos va a involucrarse en cuatro guerras con Francisco I de Francia, guerras en las que el emperador saldrá victorioso en mayor medida. Esta es la razón por la que se considera a ambos personajes como los últimos caballeros medievales, llegándose a plantear el enfrentamiento mutuo en un duelo para solucionar los conflictos. Muerto Francisco I será su sucesor, Enrique II, quien continúe con el conflicto, obteniendo el francés una contundente victoria. Con el fin de fortalecer sus relaciones con Portugal, Carlos eligió como esposa a Isabel, la hija del rey Manuel I de Portugal y María de Aragón, hija de los Reyes Católicos. Los cónyuges eran primos hermanos lo que no eran una disculpa ya que en la época los matrimonios entre los miembros de las familias reales se consideraban una manera de mejorar la raza. Isabel era una mujer muy atractiva, con unos bellos y grandes ojos azules y un cuerpo esbelto, destacando por encima de su belleza su inteligencia, como tendrá oportunidad de demostrar en sus numerosas regencias del país. La boda se realizó en Sevilla el 11 de marzo de 1526, pasando los novios la luna de miel en Granada. Parece que el amor nació de manera inmediata entre los cónyuges, a pesar de que Carlos ya tenía una hija, fruto de su relación con Margarita van Gest durante su estancia en Flandes, en 1522. Margarita de Austria será el nombre de la primera hija ilegítima de don Carlos. Uno de los momentos más importantes para Carlos será su coronación como emperador que tuvo lugar en Bolonia el 24 de febrero de 1530, el mismo día de su cumpleaños. Clemente VII se convertía en aliado de la causa imperial al imponer a Carlos la corona de hierro de los longobardos. Los cronistas nos cuentan que para pasar del palacio donde se alojaba el séquito imperial hasta la catedral de San Petronio se había colocado una pasarela, que se rompió en el momento de pasar la comitiva. Todo quedó en un gran susto, solventado por las fiestas que se celebraron. El acuerdo con el papa que permitió la coronación obligará a Carlos a la defensa de los territorios de la Iglesia, sometiendo Florencia y llegando a un acuerdo con Venecia. De esta manera se pacificaba temporalmente la península italiana. El nuevo enemigo procede ahora de Turquía y tiene un nombre propio Solimán I. En este nuevo frente de conflicto destaca la toma de Túnez por las tropas imperiales el 21 de julio de 1535. Dos duros golpes va a soportar Carlos en 1539. El fallecimiento de su esposa el 1 de mayo de 1539 provocó su hundimiento, retirándose al monasterio de la Sisla durante dos meses, tiempo en el que no permitió ningún tipo de visitas. Cuando parecía lago recuperado le llega la noticia del motín que se produce en su ciudad natal, Gante. El levantamiento había sido provocado por la negativa de los ciudadanos a pagar impuestos para sufragar las guerras contra Francia, incitando a la revuelta a las ciudades vecinas. Para sofocar la rebelión, Carlos cruzó Francia invitado por Francisco y cuando llegó a Gante la revuelta se sofocó, con su sola presencia. Nueve dirigentes fueron ejecutados, la villa perdió sus privilegios y tuvieron que pagar una indemnización, siendo obligados a mantener una guarnición. Como hombre de acción, una vez tranquilizados la mayoría de los frentes, Carlos se enzarzó en una nueva empresa: la expedición contra Argel en octubre de 1541, encontrándose con una tempestad que provocó la pérdida de 14 galeras y unas 100 embarcaciones menores. La operación resultó un fracaso y el emperador ordenó reembarcar. Un nuevo frente de conflicto se cierne sobre el Imperio, siendo uno de los mayores fracasos cosechados por Carlos. La cuestión protestante motivará un gravísimo problema en Alemania, consiguiendo imponer el emperador la fuerza en la batalla de Muhlberg (24 de abril de 1547), inmortalizado por Tiziano en un excelente retrato ecuestre. Sin embargo, esta euforia no es muy duradera ya que los alemanes se aliaron con Enrique II de Francia, quien tomó las plazas imperiales de Metz, Toul y Verdún, al tiempo que los turcos tomaban Trípoli y Mauricio de Sajonia traicionaba la confianza de Carlos y le atacaba en Innsbruck, pudiendo escapar por los nevados pasos de los Alpes para salvarse en Italia. Las amenazas eran continuas y las dificultades financieras aún peores, por lo que Carlos, cansado y decepcionado, decidió abdicar. El 25 de octubre de 1555, ante los Estados Generales reunidos en Bruselas, el emperador dejaba la soberanía de los Países Bajos en manos de su hijo Felipe. Tres meses más tarde, el 16 de enero de 1556, renunciaba a las coronas de Castilla, León, Aragón-Cataluña, Cerdeña y Sicilia a favor de Felipe. En septiembre del mismo año abdicaba el gobierno del Imperio en su hermano Fernando y se embarcaba rumbo a España. En febrero de 1557 llega al monasterio de Yuste con el fin de descansar, disfrutar de la comida y de la tranquilidad, ganada tras casi 30 años de intenso ajetreo. En Yuste fallecía Carlos I de España y V de Alemania el 21 de septiembre de 1558.

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Espinosa, Diego de (1502-1572)
Político y eclesiástico. Ocupó el cargo de oidor de la audiencia de Sevilla y en 1566 Felipe II le nombró inquisidor general y presidente del Consejo de Castilla. Gozó de gran influencia en el Consejo de Estado y fue uno de los inspiradores del decreto contra los moriscos, que provocó el levantamiento de las Alpujarras. En cambio, ante la sublevación de los Países Bajos, defendió, junto al Duque de Eboli, una política transigente. Fue nombrado cardenal en 1568.
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Duque de Alba (1507-1582)

La figura del duque de Alba se encuentra entre las más importantes de la historia del siglo XVI español. Su labor como militar implicado en los conflictos más destacados de su tiempo se compagina con la de cortesano, estableciendo a su alrededor un importante grupo de poder que recibirá la denominación de partido albista, enfrentado a los ebolistas de Ruy Gómez y Antonio Pérez. Don Fernando fue educado en las armas por su abuelo, Fadrique Alvarez de Toledo, ilustre militar que había participado en numerosas campañas con los Reyes Católicos y Carlos I. En 1522 don Fernando, con quince años, contrae matrimonio con María Enríquez, miembro de una de las más prestigiosas familias castellanas, lo que nos muestra la importancia de la política matrimonial en la alta nobleza De este enlace nacerán dos hijos: Fadrique y Diego. Pronto el de Alba decidió participar en la guerra, abandonando su hogar para ponerse a las órdenes del condestable de Castilla y rendir Fuenterrabía (1524). Esta hazaña le valió su entrada en el ejército imperial con el que participara en la toma de Argel (1535) y en la famosa batalla de Mühlberg (1547) donde el emperador vencerá a los protestantes. Con el nuevo monarca, Felipe II, don Fernando tendrá un destacado papel tanto militar como político, defendiendo los postulados más rígidos e intransigentes con los que afianzar el papel de España en Europa. Participará en las guerras de Italia y en Flandes donde su papel será destacado como sofocador de la revuelta, lo que motivará el encendido odio de la población hacia su persona. Como gobernador de los Países Bajos promovió la creación del Tribunal de los Tumultos e impulsó nuevos tributos lo que convirtieron su gobierno en tremendamente impopular, propiciando su caída en 1573. De regreso a España fue apresado por el rey ya que don Fernando apoyaba el matrimonio de su hijo Fadrique frente al rechazo del monarca. Debemos considerar que los enlaces matrimoniales de la nobleza debían contar con el beneplácito real. Pero rápidamente el de Alba participará en un episodio militar: la conquista de Portugal tras ser Felipe II nombrado rey del país vecino en las cortes de Thomar (1580). Su heroico papel motivará el nombramiento de condestable de Portugal y miembro de la Orden del Toisón de Oro. Poco tiempo tuvo de disfrutar de ambos honores ya que don Fernando falleció en Lisboa en 1582, a los 75 años.

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Ruy Gómez de Silva, Príncipe de Eboli (1516-1573)  

El matrimonio de Carlos I con Isabel de Portugal va a provocar la llegada de un importante número de cortesanos portugueses a Castilla entre los que encontramos a Ruy Téllez de Meneses, mayordomo mayor de doña Isabel. Este hombre era el abuelo de Ruy Gómez de Silva, hijo de don Francisco de Silva y doña María de Noroña, señores de Ulme y de la Chamusca, localidad donde nació Ruy en 1516. Su calidad de segundón motivó que acompañara a su abuelo en el traslado a Castilla, entrando como menino al servicio de la Emperatriz. El nacimiento del príncipe Felipe en 1527 motivará la cercanía de Ruy al pequeño, siendo compañero habitual de juegos y uniéndoles una estrecha amistad. En 1548 Ruy es nombrado uno de los cinco gentileshombres de cámara del príncipe lo que indica el inicio de su carrera política. Cuando Gómez contaba con 36 años, Felipe pensó que debía casar a su fiel amigo y compañero, eligiéndose como candidata a doña Teresa de Toledo, hermana del marqués de la Velada. Doña Teresa eligió el matrimonio con Dios y se hizo monja por lo que se tuvo que tomar una nueva candidata. La preferida por Felipe era doña Ana de Mendoza, hija de los condes de Mélito, una de las mujeres más atractivas de la corte a pesar de haber perdido un ojo. Ana contaba con doce años de edad, lo que no fue inconveniente para que se llevara a cabo el matrimonio. Celebrada la ceremonia, Ruy se trasladó con Felipe a Inglaterra donde el monarca se casó con María Tudor. La estancia inglesa duró hasta 1559. Una vez en Castilla, la confianza de Felipe fue creciendo, recibiendo todo tipo de cargos y honores: consejero de Estado y Guerra, contador y mayordomo del príncipe don Carlos y príncipe de Eboli. El nuevo título procedía de tierras italianas, tierras que fueron vendidas por Ruy para adquirir otras en la Alcarria, más cercanas a Madrid y de mayor agrado para Gómez. El agradecimiento de Felipe a la colaboración prestada se consumó con el nombramiento de duque de Estremera, título que Ruy cambió en 1572 por el ducado de Pastrana donde fundó su mayorazgo y casa. No tuvo mucho tiempo de disfrutarlo ya que falleció el 29 de julio de 1573. 

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Felipe II (1527-1598)
Rey de España de 1556 a 1598. Hijo del Emperador Carlos. Su padre le preparó con mucho cuidado para el ejercicio del poder y le grabó en la mente la importancia del sentido del deber. Felipe siguió al pie de la letra sus instrucciones pues sentía por él auténtica veneración. De personalidad recelosa, sólo se sentía seguro entre sus papeles de estado, que releía incansable, subrayándolos y anotándoles, sin precipitarse nunca en la toma de decisiones. Felipe II se autodominaba perfectamente, no manifestando sus sentimientos, dedicándose con energía a sus ocupaciones. Su vida privada estuvo preservada en el Monasterio de El Escorial, donde, encerrado con sus libros y sus cuadros vivió una existencia solitaria. El conjunto arquitectónico de El Escorial, construído por Juan de Herrera y Juan Bautista de Toledo, representa excepcionalmente al personaje y a su época. A su llegada a España en 1559 se encontró con gravísimos problemas. Además de los graves asuntos económicos, la debilidad del poder real se había incrementado y en algunas ciudades aparecieron grupos protestantes. Tuvo una fuete preocupación por la ortodoxia religiosa. Su lucha por la defensa del Catolicismo fue tan intensa que en muchas ocasiones su política se supeditaba a la Religión. Felipe II estuvo imbuído de la idea de la monarquía por la gracia de Dios y carismática. Consideraba que su voluntad era la de todos sus súbditos. Su autoridad descansó en una santidad personal que ejerció un poder mágico sobre los gobernados. Su política se basó en la idea de unidad y de Estado unificado, y tuvo carácter esencialmente religioso. No confió en que el Papa podría contener el avance de la herejía, y quiso hacer de España una fortaleza a prueba de herejías y desviaciones. Aunque tuvo una enorme capacidad de trabajo, necesitaba colaboradores. Uno de estos, Antonio Pérez, llegaría a tener un inmenso poder en la corte. El Rey comprendería muy tarde la inmoralidad de este secretario suyo. Al final, le confinó en prisión, pero escapó a Aragón, y más tarde a Francia e Inglaterra, donde vendió los secretos de estado a los enemigos de España, contribuyendo en parte al nacimiento de la Leyenda Negra. Un grave problema de su política interior fue la sublevación de las Alpujarras. Los moriscos era una minoría no asimilada, y se temía su alianza con los turcos. Su insurrección en 1568, como respuesta al cambio que habían sufrido sus condiciones de vida, tuvo una gran importancia y repercusión. El levantamiento fue sofocado, pero el problema no se solucionó y se ordenó su dispersión por los territorios castellanos. Su política exterior fue muy activa. En el Mediterráneo Italia se sometería a la política española, y pacificado este territorio, Felipe II pudo dedicar sus esfuerzos a la contención del turco. La defensa de Malta significó el freno de la ofensiva turca hacia el Mediterráneo occidental. Este espíritu quedó patente y triunfante en la batalla naval de Lepanto en 1571. Una vez conseguido el equilibrio entre Turquía y España, ésta pudo cancelar de momento su política mediterránea y dedicar sus esfuerzos a otros problemas surgidos en el centro de Europa, concretamente en los Países Bajos. En este caso la rebelión y la herejía iban unidas. Felipe II optó por la represión para solucionar los dos problemas, y envió al Duque de Alba para restablecer el orden. El monarca estaba convencido de que se trataba de una conspiración internacional. La incorporación a la corona en 1580 del reino de Portugal fue un hecho especialmente significativo. Reinó sobre el imperio más extenso de la Historia, y ejerció un control casi absoluto sobre el Atlántico. Ante la creciente intervención inglesa en los Países Bajos en apoyo de los rebeldes y la creciente ola de piratería inglesa en el Atlántico, Felipe II optó por el plan de invadir Inglaterra. Una gran flota se construyó principalmente en Lisboa. El fracaso de la expedición 1588 fue debido principalmente a las inclemencias del tiempo y a la carencia de un puerto para embarcar los tercios de los Países Bajos. Los historiadores ingleses han considerado este fracaso como una victoria debida la actuación de sus marinos, aunque en realidad el efecto de éstos no tuvo consecuencias definitivas. Felipe II, al recibir las noticias, reaccionó en su manera habitual, con estoicismo, exclamando: Envié mis barcos contra los hombres, no contra las tempestades. Mucho se ha escrito acerca de la decadencia de España a partir de este suceso. Sin embargo, aunque fue un golpe duro, no constituyó un cambio de singular importancia en la situación europea o americana. Las naves españolas continuaron dominando los mares y los tercios españoles siguieron triunfando en los campos de Europa por más de cincuenta años, hasta la batalla de Rocroi, a mediados del siglo siguiente. En 1596, por el tratado de Greenwich se plasmó una coalición occidental entre Inglaterra, Francia y Holanda contra el Imperio de Felipe II. Durante su reinado la cultura tuvo un gran florecimiento. Proliferaron las universidades, siendo las de Alcalá y Salamanca las más destacadas. Brilló la literatura y el arte, que tuvo un marcado carácter religioso. Murió en su celda de El Escorial, dejando graves problemas al único hijo varón que le sobrevivió, el príncipe Felipe. Con cierta amargura había exclamado en cierta ocasión: Dios, que me ha dado tantos reinos, no me ha dado un hijo que los pueda gobernar. Los historiadores extranjeros han sido extremadamente injustos al enjuiciar la personalidad y la obra de este Rey. La propaganda generada por la política exterior del período, sobre todo por hallarse Francia, Inglaterra, Italia y los Países Bajos a la sombra del coloso español, y con frecuencia en el lado perdedor de las batallas, ha enturbiado el juicio de los historiadores, que describen a Felipe como un monstruo. Nada más lejos de la verdad. (Biografías Universales)
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Duque de Lerma (1533-1625)

Dice una coplilla popular que "para no morir ahorcado, el mayor ladrón de España se vistió de colorado" en clara alusión al duque de Lerma ya que consiguió el capelo cardenalicio momentos antes de su caída, evitando así todo tipo de procesos que le hubieran condenado, sin lugar a dudas. Y es que el duque de Lerma puede ser considerado como el paradigma de la corrupción en España, cosechando todo tipo de honores y prebendas gracias a su posición privilegiada como valido del rey Felipe III. Don Francisco era miembro de una noble familia; sus padres eran don Francisco de Sandoval, marqués de Denia, y doña Isabel de Borja, hija del duque de Gandía. Fue educado en la corte madrileña por su tío don Cristóbal de Rojas Sandoval, arzobispo de Sevilla, quien consiguió introducir al joven Francisco como menino del príncipe don Carlos. A los 22 años muere su padre y queda como cabeza de su linaje, aunque las deudas eran mayores que las rentas percibidas. Lerma pelea por restaurar la potencia económica de su casa y cinco años después consigue el cargo de gentilhombre de cámara del rey, primer escalón de su ascenso político. En 1592 pasa a ocupar el mismo cargo en la casa del príncipe Felipe, con el que establece una relación muy especial, ganándose la confianza del joven gracias a los continuos regalos. Resultaba esta política equivocada para sus intereses económicos, pero podemos decir que fue una excelente inversión a largo plazo, de la que obtuvo cuantiosos beneficios. Sebastián de Moura, consejero real, vio con temor la dependencia del joven príncipe respecto a don Francisco, por lo que recomendó a Felipe II que nombrara a Lerma virrey de Valencia, con el fin de alejarle de la corte. Dos años más tarde regresaba a Madrid por expreso deseo del joven Felipe quien facilitó a su amigo el nombramiento de caballerizo mayor en 1598, el mismo año que Felipe II fallecía y Felipe III accedía a la corona. Este momento supone el inicio de la vertiginosa carrera de don Francisco. Inmediatamente ocupó los cargos de caballerizo mayor y sumillers de corps, convirtiéndose en la sombra del rey y limitando el acceso de otros personajes a él. Su primera decisión fue sustituir a la mayoría del aparato administrativo del reinado anterior, creando un equipo de colaboradores de su máxima confianza en los que incluyó a numerosos miembros de su familia. Los puestos más importantes cayeron en manos de su círculo de familiares y amigos, estableciendo una red de patronos y clientes encabezada por don Rodrigo Calderón. En 1599 recibió el título de duque de Lerma, hasta ahora sólo ostentaba el marquesado de Denia, convirtiéndose en Grande de España. Pero su mayor triunfo consistió en el traslado temporal de la corte a Valladolid (1601-1606) con el fin de alejar al rey de la negativa influencia de su tía María, retirada al convento de las Descalzas Reales de Madrid. Esta operación de cambio de la corte supuso importantes beneficios económicos para el valido. Lerma ampliaba su poder consiguiendo del rey todo tipo de rentas, favores, mercedes y oficios, hasta el punto de tener en su poder el sello real. Felipe III era un mero pelele en manos de su valido que se ocupaba de organizar la vida del monarca para contentarle: viajes a diversas partes del reino, cacerías, comidas, etc. Toda las decisiones políticas que se tomaron entre 1599 y 1618 contaron con el visto bueno de Lerma, especialmente las relacionadas con la firma de la tregua con los Países Bajos de 1609 y la expulsión de los moriscos de ese mismo año, dos de los episodios más importantes de su privanza. Lentamente empezaron a surgir voces opositoras, especialmente alrededor de la reina Margarita, iniciándose una serie de investigaciones que desentrañaron el complejo entramado de corrupción existente. Franqueza y Ramírez de Prado fueron las primeras víctimas de las incipientes persecuciones iniciadas por el visitador Fernando Carrillo. La siguiente caída fue don Rodrigo Calderón, la mano derecha de Lerma. A partir de 1612 aumentan las voces de oposición al régimen, encabezada por los militares llegados de Flandes debido a la paz y apoyadas por el duque de Uceda, el confesor real Aliaga o Zúñiga. La presión ejercida por este nuevo grupo, al tiempo que Lerma tenía cada vez más dificultades para colocar en los puestos principales a gente de su confianza, motivará que don Francisco solicite el capelo cardenalicio a Roma con el objetivo de salvarse de una más que evidente persecución política y judicial. En 1618 consigue el cardenalato y Felipe III otorga el necesario permiso para que Lerma se retire a sus propiedades. Los procesos que se iniciaron contra él y su régimen no le afectaron directamente aunque sí vio como Calderón era ejecutado en la Plaza Mayor de Madrid. Retirado de la vida pública, el anteriormente todopoderoso duque de Lerma fallecía en 1625.

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 Antonio Pérez (1540-1615)

Entre los mayores enemigos de Felipe II se cuenta uno de sus secretarios más eficientes: Antonio Pérez, promotor de la Leyenda Negra que corre en torno al rey prudente. Pérez fue legitimado por Carlos I en 1542 como hijo de Gonzalo Pérez ya que el origen de su nacimiento queda bastante oscuro. Parece bastante probable que el mencionado Gonzalo Pérez, uno de los más prestigiosos secretarios de Carlos I y posteriormente de Felipe II, fuese el padre, siendo acusado por sus enemigos de engendrar a Antonio durante su etapa de clérigo, lo que don Gonzalo siempre negó. Esta circunstancia empaña el origen del futuro secretario. Tras la legitimación, el pequeño Antonio fue llevado a las tierras de Ruy Gómez de Silva, príncipe de Eboli, donde se crió hasta iniciar su formación cuando contaba los doce años. Esa formación se cuidó especialmente ya que estudió en las más prestigiosas universidades europeas: Alcalá, Salamanca, Lovaina y Padua. La cultura italiana le influyó considerablemente ya que pasó largo tiempo en el país transalpino. Su mentor, Eboli, le requirió para su traslado a la corte donde inició su formación política de mano de su padre, quien en ese momento ocupaba el cargo de secretario del Consejo de Estado. Cuando murió Gonzalo, en abril de 1566, Antonio asumió los asuntos italianos. Felipe II exigió al joven Pérez que pusiera fin a su vida disoluta y se casara para firmar oficialmente su nombramiento. Esta faceta de crápula se mantendrá durante buena parte de la vida de Pérez, aludiéndose a sus continuos escarceos con la princesa de Eboli, doña Ana Mendoza. También se haría famoso por el disparatado tren de vida que acostumbraba llevar, pleno de lujo y ostentación, para lo que tuvo que recurrir a turbios asuntos cargados de corruptelas en los que se involucraba presuntamente a su amante. Lentamente Antonio obtenía la confianza de Felipe II, pasando a ser uno de los más destacados miembros del partido ebolista enfrentado con el otro grupo de poder en la corte, los partidarios del duque de Alba. Tal fue la confianza que don Antonio consiguió del rey que colocó a un hombre de su entorno para controlar a don Juan de Austria. Juan de Escobedo resultó elegido pero pronto abandonó al secretario para apoyar las opiniones de don Juan, enviado como Gobernador General a los Países Bajos. El enfrentamiento con Escobedo provocará la rápida caída de Pérez ya que, con motivo de una visita oficial de Escobedo a Madrid enviado por don Juan para recabar mayores apoyos en su política flamenca, Pérez consideró peligroso al recién llegado, temeroso de que descubriera su doble juego. Por lo tanto, don Antonio convenció al rey de que Escobedo era el instigador de una posible traición de don Juan, por lo que se decidió su eliminación. Escobedo fue asesinado en las calles de Madrid el 23 de marzo de 1578. Este error político fue rápidamente aprovechado por los enemigos de Pérez que encendieron la sombra de la duda en Felipe. Se inició una investigación en la que se descubrió la culpabilidad del secretario. Felipe relevaba a Pérez por el anciano Granvela y Antonio era detenido y encarcelado el 28 de julio de 1579. La causa por la que Pérez era enjuiciado se limitaba a asuntos de corrupción, sin profundizar en el asesinato. El proceso se prolongó en el tiempo y Pérez fue condenado a dos años de cárcel y diez de destierro pero, simultáneamente, se inició el proceso por el asesinato de Escobedo que acabó con la acusación formal y la tortura del reo. Corría el mes de junio de 1589 y Pérez se vio perdido, por lo que empezó a pensar en la huida. El 19 de abril de 1590 llegaba a Aragón acogiéndose al derecho foral, valiéndose de su condición de hijo de aragonés. El rey no podía enjuiciar en Aragón a un reo que hubiera cometido su crimen en Castilla por lo que empleó el único tribunal que tenía competencias en todo el territorio peninsular: la Santa Inquisición. Pérez fue acusado de herejía y se intentó trasladar a la cárcel inquisitorial, lo que provocó una revuelta en Zaragoza, al ver el joven Justicia de Aragón Juan de Lanuza como los fueros aragoneses no eran respetados. Pérez consiguió huir a Francia y Felipe enviaba un ejército a Aragón que ponía fin a los disturbios y a la vida del Justicia. Una vez en territorio galo, Antonio Pérez recibió el apoyo de Enrique IV al poner en manos de éste atractivos proyectos desestabilizadores para España. El fracaso de los intentos de invasión francesa motivó el traslado de Pérez a Inglaterra donde también contó con importantes ayudas, ofreciendo interesante información que sirvió para el ataque inglés a Cádiz en 1596. La paz de Vervins (1598) supuso el final diplomático de Pérez, dedicándose a la escritura, publicando dos importantes obras que tuvieron un destacado efecto negativo en la figura de Felipe II: las Relaciones y las Cartas. Tras intentar obtener el perdón hispano en numerosas ocasiones, siempre con un resultado negativo, Pérez falleció en la más absoluta pobreza en París, el 7 de abril de 1615.

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Farnesio, Alejandro (1545-1592)
El papel de Alejandro Farnesio en el conflicto de los Países Bajos va a ser crucial, pudiendo haber puesto fin a la guerra si Felipe II no se hubiera involucrado en la política francesa con el fin de hacerse con ese trono para su hija Isabel Clara Eugenia. Farnesio era hijo de Octavio Farnesio y Margarita de Parma; posiblemente sea la única persona de la historia que tiene como abuelo a un emperador - Carlos V - y como bisabuelo a un papa - Paulo III -. Su adolescencia la pasó en España, estudiando en Alcalá de Henares junto al príncipe Carlos y don Juan de Austria. Con 20 años casó con la infanta María de Portugal, manifestando pronto su amor por las armas. Participó en la batalla de Lepanto junto a su buen amigo Juan de Austria. Precisamente a este sustituyó Farnesio como gobernador general de los Países Bajos en 1578, desempeñando un papel decisivo en la consolidación del poder español en las provincias flamencas. No conforme con la recuperación de las provincias valonas gracias al Tratado de Arrás (1579), Farnesio decidió emprender campañas militares contra los holandeses, tomando Amberes. La lucha se decantaba del lado español pero Felipe II decidió utilizar los temidos tercios de Flandes en otras empresas, especialmente Inglaterra y Francia, lo que motivó el consiguiente freno en los Países Bajos y el enfrentamiento de Farnesio con el monarca.

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Juan de Austria (1547-1578)
La personalidad de don Juan de Austria siempre se ha opuesto a la de su hermano Felipe II, saliendo beneficiado el primero. El gran público alaba las hazañas del vencedor de Lepanto mientras percibe en el monarca a un hombre huraño y triste, encerrado en El Escorial. Don Juan era hijo natural del emperador Carlos V y Bárbara Blomberg, dama sobre la que no existe acuerdo entre los historiadores ya que unos la tratan de nobleza flamenca y otros de camarera alemana. Carlos V encomendará su educación a don Luis de Quijada, mayordomo real y a su esposa Magdalena de Ulloa, portándose ambos como sus verdaderos padres. Durante estos años, don Juan fue llamado Jeromín. Será en 1559 cuando Felipe II reconozca el origen de Jeromín, cambiando su nombre por el de don Juan de Austria, creando una casa propia y otorgándole la Orden del Toisón. Don Juan inicia sus estudios en Alcalá de Henares, en compañía de Alejandro Farnesio y el príncipe Carlos. Su destino, en un primer momento, sería iniciar la carrera eclesiástica pero pronto demostró una mayor afición por las armas, intentando enrolarse en una armada destinada a tomar Malta. Este entusiasmo por lo militar motivará su nombramiento en 1568 de general de los mares. La victoria sobre la revuelta morisca de Granada será su primer gran éxito, lo que le permitió comandar la flota de la Liga Santa que vencerá a los turcos en Lepanto. Este importante éxito militar provocará las ansias de don Juan; deseaba el tratamiento de alteza y la concesión del título de infante. Felipe II refrenó esos deseos con el nombramiento de gobernador general de los Países Bajos en 1576. Su participación en el conflicto será un éxito parcial ya que conseguirá el regreso de Flandes a la órbita española gracias a la publicación del Edicto Perpetuo. Sin embargo, no recibió los apoyos económicos y militares suficientes - su secretario Escobedo fue asesinado en Madrid por secuaces de Antonio Pérez cuando acudió a la capital para solicitar ayuda - por lo que don Juan asumió su fracaso, falleciendo en el campamento de Namur el 1 de octubre de 1578. Tras él quedaban sus aspiraciones a un reino propio, habiendo pensado en Inglaterra tras su matrimonio con María Estuardo y una invasión del territorio británico. Todas sus ideas cayeron en saco roto, quizá por el temor de su hermano a un rival superior en simpatías populares.

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Saavedra Fajardo, Diego de (1584-1648)
Político y diplomático, de Murcia. Estudió en la Universidad de Salamanca. Se dedicó a la política pura y al servicio diplomático, siendo uno de los personajes políticos de más talla de la época. Durante cuarenta años presto su habilidad negiciadora, y su conocimiento diplomático en toda Europa. Inició su colaboración como secretario del cardenal Gaspar de Borja, asistió a varios cónclaves, fue secretario en las embajadas de Roma y Nápoles, ostentó la máxima representación en la elección del rey de Romanos, en la Dieta de Ratisbona, en el Congreso de Münster. Por sus méritos la Corona le otorgó muchos honores y cargos. Su obra más importante es 'Idea de un príncipe político-cristiano presentada en cien empresas' (1640). Fue un libro muy leído en su tiempo. En él se dan abundantes consejos y reflexiones sobre la educaciónn y conducta posterior de un príncipe gobernante. Escribió otras obras, como 'República literaria', en la que valiéndose de un sueño describe la vida de una ciudad donde es trasportado, y donde discute y conversa con los genios literarios españoles y europeos más conocidos. En el terreno de la política pura escribió 'Consideraciones a la política y razón de Estado', en que ofrece una serie de reflexiones sobre el difícil arte del gobierno, analizando las teorías y formas políticas clásicas. Su obra 'Locuras de Europa' es de excepcional interés y de una valía literaria en los diálogos de Mercurio y Luciano, dignos de la mejor prosa castellana. Su estilo es conciso, claro, tendiendo a la sentencia y al consejo. Está en línea con el estilo de Quevedo y Graciá, lleno de sabiduría, prudencia y experiencia.
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Pere Joan Barceló (1682-1765)
Guerrillero catalán, conocido también por el apodo 'Carrasclet', debido a que en su juventud fue carbonero (carrascla, en el dialecto de su comarca significaba encina). Luchó al lado del archiduque Carlos en la guerra de Sucesión española. Ya acabada la contienda (1714), riñó con un oficial de Felipe V, se refugió en las montañas y organizó grupos de guerrilleros para continuar la lucha contra este monarca, que tuvo que abandonar en 1720. Al año siguiente se estableció en Viena. Las autoridades austríacas le nombraron coronel y participó en las campañas de Nápoles contra los españoles (1734), pero cayó prisionero de éstos, que le encarcelaron en Cádiz hasta 1740. Volvió a Viena y combatió en favor de la Emperatriz María Teresa en la guerra de Sucesión austríaca (1741). Luego se retiró a Hungría donde murió.
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Conde-Duque de Olivares (1587-1645)

Nacido en Roma en 1587, sus padres eran Enrique de Guzmán y María de Pimentel y Fonseca, condes de Olivares, pertenecientes a una rama menor del linaje Medinasidonia y dedicados a la atención del rey. Olivares cursó estudios eclesiásticos en Salamanca desde 1601, siendo nombrado rector por sus compañeros dos años mas tarde. Al morir sus dos hermanos mayores dejó la Universidad y, junto a su padre, acompañó a la corte en Valladolid y Madrid. La anterior muerte de sus hermanos y la de su padre, en 1607, le dejó al frente del mayorazgo y el título nobiliario, por lo que fijó su residencia en Sevilla. Su matrimonio con Isabel de Velasco le permitió entrar en el círculo cortesano, al ser su esposa dama de honor de la reina Margarita. En Sevilla se dedicó al mecenazgo de artistas y literatos, pero en 1615 ingresó de nuevo en la corte al servicio del príncipe, futuro Felipe IV. Desde su posición, protegido por su tío don Baltasar de Zúñiga, ganó poder y prestigio en el seno de la corte, ganándose el favor del futuro rey y observando la caída en desgracia del duque de Lerma y la salida de los Sandoval, hechos que aprovechó para sí. En 1621, ya con Felipe IV como rey, es nombrado sumiller de corps, y un año después alcanza el cargo de caballerizo mayor, desde donde obtiene un poderoso control sobre la corte y aprovecha su ascendiente sobre el rey. Ya en 1623, en la visita del príncipe de Gales, Olivares aparece como valido, cargo que obtiene mediante una progresiva escalada en la corte mediante favores, regalos e intrigas, no sin una encarnizada lucha con otras facciones y grupos, como los Sandoval. Desde su cargo de valido obtuvo una copiosa fortuna, como hiciera su predecesor Lerma, agregando extensos territorios a sus posesiones, rentas y títulos. Su desempeño político no pasó desapercibido. Personalista y ambicioso, en muchas ocasiones organizó juntas para sustituir a los consejos de gobierno y fijó su posición jerárquica entre estos y el rey. Para asegurar su poder y control político, se apoyó en las grandes casas aristocráticas. En plena crisis institucional, con una monarquía desacreditada y unos reinos de España que habían perdido progresivamente la hegemonía en Europa, Olivares estableció un programa - Gran Memorial- para recuperar el poder del rey, fuertemente cuestionado, y el prestigio de la monarquía como institución. En definitiva se trataba de una reorganización de los recursos, que se consideraban mal gestionados, de tal manera que los gastos derivados de la acción política fueran sufragados igualmente por todos los territorios, y no sólo por Castilla, mediante la llamada Unión de Armas. En parecido sentido, se intentó reorganizar la Hacienda y se intentó dar al gobierno una mayor capacidad de actuación y capacidad ejecutiva, mediante la concentración de poder en la figura del valido. Las reformas, no obstante, se enfrentaron a la oposición de cortes y ciudades, lo que hizo recurrir al endeudamiento para sufragar la guerra de Flandes, hasta el punto que en 1627 hubo de decretarse la bancarrota y la crisis hizo tocar fondo. Los sucesos de Mantua (1629) facultaron a Olivares para ejercer el poder de modo aun más autoritario e implantar su programa de reformas en los cinco años siguientes, si bien los resultados fueron nimios y hubo de abandonarse tras la ruptura con Francia. El desprestigio de su gobierno le hizo ser fuertemente cuestionado, al punto que en varias ocasiones estuvo a punto de ser depuesto, especialmente durante la enfermedad del monarca en 1627. Sólo su habilidad para desenvolverse en el ambiente cortesano le hizo aguantar en el sillón. Previa a su caía, la victoria de Fuenterrabia le proporcionó un último momento de gloria, si bien se realizó mediante recursos extraordinarios que ahondaron más si cabe en la crisis de la Hacienda real. Precisamente estos recursos provocaron el levantamiento catalán que a su vez posibilitó la separación de Portugal, hechos que resultaron letales para la carrera política del valido. En 1643 es destituido por Felipe IV, retirándose a Loeches y posteriormente a Toro y falleciendo en 1645.

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 José Patiño (1670-1736)  

Estudio en el Colegio de los Jesuitas de su ciudad natal, ingresando en la Compañía aunque no se ordenó. Felipe V le llamó como colaborador durante la Guerra de Sucesión y entre 1711-1713 recibe los nombramientos de intendente de Extremadura y superintendente de Cataluña, ocupándose después de la presidencia de la Junta Superior de Gobierno y Justicia del Principado, poniendo en marcha las primeras reformas financieras y las normas que permitirán la confección del Catastro en 1716. Al año siguiente recibe de Alberoni los cargos de intendente general de Marina y Ejército y presidente del Tribunal de Contratación de Indias, poniendo en marcha un ambicioso destinado a la reforma de la Marina y la potenciación del comercio con las Indias a través de la creación de compañías. Será uno de los promotores del traslado de la Casa de la Contratación a Cádiz donde se construirán en 1724 los astilleros de La Carraca. También se encargará de organizar las expediciones a Cerdeña y Sicilia con las que Isabel de Farnesio pretendía situar a sus vástagos en los territorios italianos. La caída de Alberoni arrastró a Patiño, siendo encarcelado y procesado para conseguir después la absolución. Desde este momento empieza una nueva carrera ascendente, siendo designado en 1726 secretario de Marina e Indias y poco después de Hacienda. La política del país estaba en sus manos, intentando mantener la herencia de los infantes en Italia. Intentó poner en marcha el Catastro y como secretario de Guerra organizó la victoriosa campaña de Orán (1732). Dos años más tarde se aúpa a la secretaría de Estado, ocupando el cargo hasta su muerte.

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Marqués de la Ensenada (1702-1781)  

Miembro de una familia de hidalgos modestos procedente de La Rioja, su padre era notario apostólico por lo que la familia vivió en primero en Azofra y Santo Domingo de la Calzada. En 1720 aparece documentado en Cádiz donde es nombrado oficial supernumerario del Ministerio de Marina por José Patiño. Inicia una brillante carrera que desemboca en el nombramiento como Comisario Real de Marina en 1734 en El Ferrol, encomendándosele la tarea de construcción y rearme de bajeles. Participará en la formación de la escuadra que reconquistará Orán en 1732 y como recompensa recibió de Felipe V el cargo de Comisario Ordenador de Marina. Al año siguiente participará en la formación de la Armada que tenía como objetivo la conquista Nápoles y Sicilia. Ante un nuevo éxito recibirá el título de marqués de la Ensenada. Ahora empieza su carrera en la administración central al ser designado secretario del Consejo del Almirantazgo (1737) y secretario de Estado y Guerra en la expedición de las tropas españolas que participaban en la Guerra de Sucesión austríaca (1741). La muerte de Campillo en 1743 le permitirá recibir las secretarías de Guerra, Hacienda, Marina e Indias, designándole notario de los reinos de España. Dos años más tarde será nombrado consejero de Estado, cargo en le que permanecerá con Fernando VI. Su política tiene como objetivo fortalecer los ejércitos y la Armada, recuperando el control económico de las Indias y reformar la administración y el comercio con una serie de medidas ilustradas. Su política exterior estuvo enfrentada a Carvajal ya que éste era anglófilo mientras que Ensenada tendía hacia Francia. Ambos políticos se compensaban y la muerte de Carvajal en 1754 provocó la caída de Ensenada meses más tarde, utilizando como pretexto una comunicación enviada al futuro Carlos III que provocó un conflicto con Inglaterra en Paraguay y Honduras. Será desterrado a Granada y después al Puerto de Santa María. Carlos III le permitió regresar a la Corte sin ocupar ningún papel político. Su presunta implicación en los motines de 1766 le llevaron al destierro a Medina del Campo, donde falleció.

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Carlos III de España (1716-1788)
Fue duque de Parma y Plasencia y Rey de Nápoles (1734-1759), y a la muerte de su hermanastro Fernando VI heredó la corona española. Su gobierno marca la plenitud del despotismo ilustrado en España. Ayudado por ministros inteligentes (Esquilache, Floridablanca, Campomanes, Roda, Aranda, Múzquiz, y otros) acometió importantes reformas económicas, sociales y políticas. Como algunas de esas reformas lesionaban los intereses de las clases privilegiadas, la reacción no se hizo esperar. El motín de Esquilache estalló en 1766, dirigido por la aristocracia y el clero. Un año después fueron expulsados los jesuitas, acusados de complicidad en el motín. Las razones sin embargo tenían más que ver con la resistencia que ofrecía al reformismo estatal mediante el control de las cátedras universitarias y de los colegios mayores, reductos de la nobleza. De ahí que la expulsión pueda considerarse como el primer episodio de la lucha entre el Estado y la Iglesia por la educación de la juventud. La mayoría del episcopado aplaudió el decreto de expulsión. Esta medida privó a España de un gran núcleo de intelectuales que se desparramaron por Italia, Alemania y Rusia. Fue importante la reforma agraria ejecutada en este reinado, la más espectacular fue la repoblación de Sierra Morena, con el asentamiento de 2.500 familias de campesinos. (1667-1775) En cuanto a la industria y al comercio, se fomentó la libertad de industria y de circulación de toda clase de mercancías, con la supresión de aduanas interiores, libertad de comercio con América que provocó una gran prosperidad para la periferia peninsular y de un aumento extraordinario de los recursos del tesoro. En el campo de la hacienda se procuró que todo el mundo, nobleza y clero incluídos, contribuyeran a los gastos públicos. Se introdujeron innovaciones en la administración de la justicia, y se reorganizó la marina y el ejército. Para la difusión del espíritu ilustrado y de los proyectos de reforma se crearon las Sociedades Económicas de Amigos del País. La política exterior representa la eliminación del pacifismo neutralista del reinado anterior. La inclinación del monarca hacia Francia y los ataques británicos a las Indias españolas, llevaron a España a la firma del tercer Pacto de Familia (1761) con los Borbones franceses y a la participación en la guerra de los Siete Años contra Inglaterra. La armada británica ocupó Martinica, La Habana y Manila. La Paz de París (1763) puso fin a estos reveses, y España recuperó La Habana y Manila y recibió la Luisiana de Francia, pero perdió Marinica y cedio la Florida a Inglaterra. Se trató de recuperar el Peñón de Gibraltar, pero la empresa fracasó. Sin embargo, España recuperó la Florida y Menorca por la paz de Versalles (1783) Buscó la reanudación de las relaciones con los países musulmanes, con el fin de garantizar la seguridad de tráfico por el Mediterráneo. Con estos fines, se firmaron acuerdos entre España y Constantinopla (1782), Trípoli (1784), y Argelia y Túnez (1786)
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Conde de Floridablanca (1728-1808)

Su formación académica se desarrolla en su ciudad natal, cursando estudios de Leyes que le permiten alcanzar a los 20 años el título de abogado. Su relación con personajes influyentes de la corte como el duque de Alba o el presidente del Consejo de Castilla, Rojas, le permite alcanzar el cargo de fiscal de lo criminal en el Consejo de Castilla (1766). Será enviado a Cuenca para investigar el motín que se produjo contra el ministro Esquilache, poniendo de manifiesto en el procedimiento su pertinaz defensa del regalismo. Junto con Campomanes, será uno de los defensores de la expulsión de los jesuitas (1767) e inicia una serie de expedientes en los que se revisa la relación de la Monarquía con la Iglesia, destacando el "Expediente del obispo de Cuenca" en el que contestaba a un escrito en el que el obispo se quejaba de la política religiosa seguida por Carlos III. Moñino será enviado a Roma como embajador y en recompensa a los trabajos realizados para la Corona, el rey le nombra conde de Floridablanca. Su siguiente ascenso será en 1777 cuando es designado primer secretario de Estado, cargo que ocupará durante quince años. En este periodo se encontrará con la oposición del llamado "partido aragonés" encabezado por el conde Aranda, partidario del tradicional peso de los Consejos en detrimento del poder de las Secretarías. Floridablanca llevará a cabo un intenso programa de reformas, especialmente en cuestiones administrativas al intentar crear un Consejo de Ministros con el objetivo de dotar de mayor rapidez y competitividad a los órganos ministeriales. Estas reformas contaron con la oposición de los "aragoneses" que consiguieron retirarle del poder en 1792. Su política exterior estaba encaminada a obtener una ventajosa posición respecto a Inglaterra -fruto de esta política será la recuperación de Menorca (1782)- y una menor dependencia de Francia, al tiempo que estableció una estrecha colaboración con Portugal y una hábil relación con los reinos no cristianos. Tras su caída en 1792 sufrió un breve cautiverio en Pamplona, retirándose a su Murcia natal hasta que en 1808, con motivo de la renuncia de Carlos IV y la invasión napoleónica, fue elegido presidente de la Junta Suprema Central, falleciendo ese año en Sevilla.

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Gálvez, Bernardo de (1746-1786)
Hijo del Virrey de Nueva España, Matías de Gálvez, y sobrino del secretario de Indias, don José de Galvez, fue destinado a América con 19 años al ser nombrado capitán en la frontera de las Provincias Internas. En las campañas contra los apaches iniciadas en 1769 se distinguió por su valentía por lo que fue nombrado visitador en 1772, regresando a España y tomando parte en la expedición de Argel. Cuatro años después volvía a América, ahora como coronel del Regimiento de Luisiana. En 1777 será nombrado gobernador de Luisiana, persiguiendo el contrabando inglés y favoreciendo el comercio con Francia y el libre tráfico con Cuba y Yucatán. Participó en la Guerra de Independencia norteamericana, reconquistando la Florida Occidental, por lo que fue recompensado con los grados de mariscal de campo y teniente general y la gobernación del territorio conquistado. Su carrera administrativa no paró aquí y en 1785 sería nombrado gobernador de Cuba -sin abandonar sus anteriores cargos-, remachando su ascenso con el nombramiento de Virrey de México, cargo que apenas pudo disfrutar unos meses ya que falleció en 1786. Durante este corto tiempo intentó paliar los efectos de la hambruna y de la peste, lo que le hizo ganarse el cariño de sus súbditos y las sospechas de la corte, insinuándose que murió envenenado.

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Mariano Luis de Urquijo (1768-1817)

Cursó estudios de derecho en Madrid y Salamanca y se trasladó a Inglaterra donde tradujo "La muerte de César" de Voltaire. La Inquisición le ordenó detener por esta traducción, salvándose gracias a la intervención de Floridablanca. Inicia su carrera diplomática y administrativa y en 1792 es nombrado oficial de la primera secretaría de Estado, ocupando interinamente dicha secretaría en 1798 y posteriormente en propiedad. Apoyó el viaje científico de Humboldt y eliminó un buen número de privilegios inquisitoriales. Napoleón le señaló como causante de la negativa a la petición de recursos hecha a España por el emperador, lo que le llevó a firmar un tratado por el que la Luisiana y otros territorios pasarían a depender de Francia a cambio del reino de Etruria. El 13 de diciembre de 1800 fue destituido de su cargo por mediación de Napoleón, Godoy y el Papado. La Inquisición volvió a acusarle y le encerró durante año y medio, acudiendo de nuevo a la cárcel en 1804. La llegada al trono de Fernando VII supondrá la liberación del político ilustrado. Durante el reinado de José Bonaparte será nombrado secretario de la Junta de Notables y secretario de Estado. En 1809 será declarado reo de alta traición por los patriotas contrarios al rey francés y Urquijo huyó en 1813, tras la derrota en la batalla de Vitoria. Obtuvo la nacionalidad francesa y falleció en París.

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Testamento de Felipe II

 


Carlos V y Europa:
http://cervantesvirtual.com/historia/CarlosV/presentacion.shtml
El proyecto europeísta de Carlos V:
http://cervantesvirtual.com/historia/CarlosV/7_6_heras.shtml
Los Tercios Españoles:
http://es.wikipedia.org/wiki/Tercio
http://www.tercios.org/FLANDES.html
Felipe II:
http://es.wikipedia.org/wiki/Felipe_II_de_Espa%C3%B1a
La España de Felipe II (Video, 53 minutos):
http://www.youtube.com/watch?v=K5TrGXgFVpY
La Armada Invencible):
http://www.todahistoria.com/la-derrota-de-la-armada-invencible/
Felipe II y la leyenda negra:
http://www.analitica.com/va/arte/dossier/4094914.asp
Fuentes de la leyenda negra:
http://arte-history.blogspot.com/2009/02/la-leyenda-negra-espanola.html
Felipe III:
http://mercaba.org/Rialp/F/felipe_iii_de_espana.htm
Felipe IV:
http://es.wikipedia.org/wiki/Felipe_IV_de_Espa%C3%B1a
Política internacional de Felipe IV:
http://www.latindex.com/cultura/FelipeIV/fel-cap1-g.htm
El Renacimiento en España:
http://www.rinconcastellano.com/renacimiento/hist_renac.html#

 

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