Angel Ganivet

En el nadir histórico de España,
Entre la humillación y el desaliento,
Como un profeta alzó la voz al viento,
Voz salida del fondo de su entraña.

Combate secular en tierra extraña
Malgastó la energía y el talento
Que hubieran impulsado el movimiento
Fecundo y creador de otra campaña.

Replegados detrás de la frontera,
Dibujemos la nueva perspectiva
Con espíritu firme y poderoso.

Un nuevo Siglo de Oro está a la espera,
Mas sólo ha de llegar si el alma activa
Su potencial castizo y luminoso.


Los Angeles, 14 de Agosto de 1997
 


 


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Ganivet

“Idearium español”

(Fragmentos)

   Hemos tenido, después de períodos sin unidad de carácter, un período hispano-romano, otro hispano-visigótico, y otro hispano-árabe; el que les sigue será un período hispano-europeo, y otro hispano-colonial; los primeros de constitución, y el último de expansión.
   Pero no hemos tenido un período español puro, en el cual nuestro espíritu, constituído ya, diese sus frutos en su propio territorio; y por no haberle tenido, la lógica de la Historia exige que lo tengamos, y que nos esforcemos por ser nosotros los iniciadores.
   Importante es la acción de una raza por medio de la fuerza, pero es más importannte su acción ideal; y ésta alcanza sólo su apogeo cuando se abandona la acción exterior y se  concentra dentro del territorio toda la vitalidad nacional.
[...]
   Toda nuestra Historia demuestra que nuestros triunfos fueron debidos más a nuestra energía espiritual que a nuestra fuerza puesto que nuestras fuerzas siempre fueron inferiores a nuestras obras; no pretendemos hoy trocar los papeles y confiar a un poder puramente material nuestro porvenir.
   Antes de salir de España hemos de forjar dentro del territorio ideas que guíen nuestra acción, porque caminar a ciegas no puede conducir más que a triunfos azarosos y efímeros, y a ciertos y definitivos desastres.
[...]
   Y lo más original de este modo de expresión fue que, por nacer del choque de dos fuerzas, tenía que ser reflejo de ambas. Los españoles, al celebrar sus hazañas, lo hacían con espíritu cristiano, pues que con él y por él combatían; pero el ropaje de sus conceptos era en gran parte ajustado a la usanza mora.
   El espíritu de los árabes, llegaba entonces a su apogeo, y era natural que influyese sobre el de los españoles, si ya no bastara el contacto de varios siglos y la guerra misma, que suele ser el medio más eficaz que tienen los pueblos para ejercer sus recíprocas influencias. De esa poesía popular, cristiana y arábiga a la vez, arábiga sin que lo arábigo desvirtúe lo cristiano, antes, dándole más brillante entonación, nacieron las tendencias más marcadas en el espíritu religioso español: El misticismo, que fue la exaltación poética, y el fanatismo, que fue la exaltación de la acción.  El misticismo fue como una santificación de la sensualidad afriicana, y el fanatismo fue una reversión contra nosotros mismos, cuanto terminó la Reconquista, de la furia acumulada durante ocho siglos de combate. El mismo espíritu que se elevaba a los más sublimes conceptos, creaba instituciones formidables y terroríficas; y cuando queremos mostrar algo que marque con relieve nuestro carácteer tradicional, tenemos  qu acudir, con aparente contrasentido, a los autos de fe y a los arrebatos de amor divino de Santa Teresa.
 
 





Angel Ganivet
1865-1898

Novelista, ensayista y dramaturgo español, nace en Granada, precursor de la generación del 98 movimiento que promulga la recuperación de los principios de la literatura clásica española y el arraigo cultural y tradicional del pueblo ibérico. Graduado en derecho y filosofía, desempeña cargos diplomáticos como cónsul de España en países del norte de Europa. Sus dos novelas La conquista del reino de Maya y Los trabajos del infatigable creador Pío Cid, aunque narran la vida y la historia de un conquistador que va colonizando poblaciones y haciendo labor proselitista entre sus vasallos para procurarles una vida mejor, son autobiografías, ya que reflejan su espíritu y convicción de lucha por el pueblo español y sus valores tradicionales. Su preocupación por recuperar las memorias de España se plasma en su ensayo Idearium español, donde expone la situación y psicología del español. Escribe el drama El escultor del alma y las novelas Granada la bella y Cartas finlandesas. El interés por rescatar el acervo español. Les lleva a formar un grupo llamado La generación del 98 y que les motiva su conformación como grupo ideológico, propósito de los escritores, poetas, filósofos y pensadores sociólogos y economistas. Se trataba de conocer cuáles eran las causas verdaderas de la decadencia de España y de buscar en el fondo del alma nacional y de la cultura europea los remedios necesarios. Era preciso desnudar a España para poner al descubierto sus defectos, acabar con el materialismo y la patriotería y tratar de que el país se incorporara a Europa, de la que había estado torpemente alejada, Esa generación, que algunos han llamado “Renacimiento” dio frutos espléndidos en todos los campos de la actividad intelectual; produjo hombres de ciencia, investigadores, filósofos, pero a la vez  pensadores y artistas. Se suicida en Riga, Rusia.

 


 




 
 



         El poema titular de esta página es original de
        Francisco Alvarez

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