Menéndez y Pelayo

 “¡Entre los muertos vivo!”

A una España en miseria y humillada
Le salió un defensor con elocuencia,
Que atacó con las armas de la ciencia
A la ignorancia malintencionada.

Desenterró la historia sepultada,
Nos devolvió el orgullo en nuestra herencia,
Y en cada libro pronunció sentencia
De muerte a la calumnia descarada.

Vivió toda su vida entre los muertos,
Resucitando a muchos a otra vida
Más honorable y menos aparente.

A los dormidos los dejó despiertos,
A los  dolientes los curó la herida,
Y con los ignorantes fue inclemente.



Los Angeles, 13 de Agosto de 1997

 




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De: Menéndez y Pelayo

Historia de los Heterodoxos Españoles

(Fragmento)

Dios nos conservó la victoria, y premió el esfuerzo perseverante dándonos el destino más alto entre todos los destinos de la historia humana: el de completar el planeta, el de borrar los antiguos linderos del mundo. Un ramal de nuestra raza forzó el cabo de las Tormentas, interrumpiendo el sueño secular de Adamastor, y reveló los misterios del sagrado Ganges, trayendo por despojos los aromas de Ceilán  y las perlas que adornaban la cuna del sol y el tálamo de la aurora. Y el otro ramal fué a prender  en tierra intacta aún de caricias humanas, donde los ríos eran como mares,  los montes, veneros de plata, y en cuyo hemisferio brillaban estrellas nunca imaginadas por Tolomeo ni por Hiparco.

Dichosa edad aquélla, de prestigios y maravillas,  edad de juventud y de robusta vida. España era o se creía el pueblo de Dios, y cada español, cual otro Josué, sentía en sí fe y aleinto bastante para derrocar los muros al son de las trompetas o para atajar al sol en su carrera.  Nada parecía ni resultaba imposible; la fe de aquellos hombres, que parecian guarnecidos de triple lámina de bronce, era la fe, que mueve de su lugar las montañas. Por eso en los arcanos de Dios les estaba guardado el hacer sonar la palabra de Cristo en las más bárbaras gentilidades; el hundir en el golfo de Corinto las soberbias naves del tirano de Grecia, y salvar, por ministerio del joven de Austria, la Europa occidental del segundo y postrer amago del islamismo; el romper las huestes luteranas en las marismas bátavas con la espada en la boca y el agua a la cintura y el entregar a la Iglesia romana cien pueblos por cada uno que le arrebataba la herejía.

España, evangelizadora de la mitad del orbe; España, martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio...; ésa es nuestra grandeza y nuestra unidad; no tenemos otra. El día en que acabe de perderse, España volverá al cantonalismo de los arévacos y de los vectones o de los reyes de taifas.
 
 


 
 

Marcelino Menéndez y Pelayo
1865-1912

Polígrafo, lingüista e historiador español, nace y muere en Santander. Estudia en el Instituto Cántabro de Santander, donde su padre enseña matemáticas. Viaja a Barcelona estudiar filosofía y letras, pero  se decide por la Universidad de Valladolid al discrepar con los postulados metafísicos enseñados por Nicolás Salamerón. Se recibe con máximos honores y va a Madrid donde obtiene un doctorado a los 19 años. Cuatro años más tarde gana la cátedra de literatura de la universidad Complutense y a los 25 años, es miembro de las academias españolas de Historia, Bellas Artes y Ciencias Morales y Políticas. Desarrolla una intensa labor investigativa sobre la cultura, tradición y literatura españolas que ven la luz en trabajos como Antilogía de los poetas hispanoamericanos, en el que comprendía la literatura peninsular y de las Américas; Historia de los heterodoxos españoles, La ciencia de España, estudios historiográfico sobre el desarrollo científico de su país.
Orígenes de la novela; Orígenes de la lírica, Las ideas estéticas y Horacio en España, obras históricas que rescatan el nacimiento y el proceso de evolución de los géneros literarios. Hace estudios críticos sobre el Siglo de Oro español, como prólogo a Lope de Vega y Calderón y su teatro. Su producción intelectual esta contenida en 65 volúmenes y en un archivo epistolar, testigo de su constante intercambio con los académicos del mundo. Diputado de Palma de Mallorca y Zaragoza, senador y director de la Biblioteca Nacional en 1898. Por todo ello es considerado por los mejores críticos "el fundador de la historia de la filosofía y el pensamiento español, bajo cuya inspiración todavía vivimos los que nos dedicamos a estas tareas"
(José Luis Abellán), y el "creador de la historia de nuestra literatura: pobló un espacio inmenso de la
cultura española, antes casi desierto; y nos dejó en su obra un tesoro que ni aun podemos inventariar
y un modelo intocable y perenne" (Dámaso Alonso).

A pesar de esta inmensa obra, lo que él más estimaba era su Biblioteca, "obra de mi paciente
esfuerzo, única obra mía de la que me encuentro medianamente satisfecho".

Su labor es un invaluable aporte a la literatura e historia españolas.
 


 

 







         El poema titular de esta página es original de
        Francisco Alvarez

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