Fray Luis de León

 “Qué descansada vida
 la del que huye del mundanal ruido...”

Los pocos sabios que en el mundo han sido
Se honrarían de estar en compañía
De este Fray Luis de tersa poesía,
Prosa elegante y corazón florido.

En vida retirada sumergido,
Halló la paz en la floresta umbría,
Y se impregnó de luz y de armonía
Al contemplar la noche pensativo.

La envidia lo acusó y puso en prisiones,
Pero a ninguno vió como enemigo,
Ni se dejó arrastrar por emociones.

Volvió a sus clases, no como testigo
De  amarguras y de persecuciones,
Sino con el espíritu de amigo.

Los Angeles, 13 de Agosto de 1997

 

 


 

De: Fray Luis de León
 

Vida retirada

¡Qué descansada vida
la del que huye el mundanal ruïdo
y sigue la escondida
senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!

Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio moro, en jaspes sustentado.

No cura si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.

¿Qué presta a mi contento
si soy del vano dedo señalado,
si en busca de este viento
ando desalentado
con ansias vivas y mortal cuidado?

¡Oh campo, oh monte, oh río!
¡Oh secreto seguro deleitoso!
roto casi el navío,
a vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso.

Un no rompido sueño,
un día puro, alegre, libre quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de quien la sangre ensalza o el dinero.

Despiértenme las aves
con su cantar süave no aprendido,
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
quien al ajeno arbitrio está atenido.

Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.

Del monte en la ladera
por mi mano plantado tengo un huerto,
que con la primavera
de bella flor cubierto,
ya muestra en esperanza el fruto cierto.

Y como codiciosa
de ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura.

Y luego sosegada
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo de pasada
de verdura vistiendo,
y con diversas flores va esparciendo.

El aire el huerto orea,
y ofrece mil olores al sentido,
los árboles menea
con un manso ruïdo,
que del oro y del cetro pone olvido.

Ténganse su tesoro
los que de un flaco leño se confían:
no es mío ver al lloro
de los que desconfían
cuando el cierzo y el ábrego porfían.

La combatida antena
cruje, y en ciega noche el claro día
se torna; al cielo suena
confusa vocería,
y la mar enriquecen a porfía.

A mí una pobrecilla
mesa, de amable paz bien abastada
me baste, y la vajilla
de fino oro labrada,
sea de quien la mar no teme airada.

Y mientras miserable-
mente se están los otros abrasando
en sed insacïable
del no durable mando,
tendido yo a la sombra esté cantando.

A la sombra tendido
de yedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce, acordado,
del plectro sabiamente meneado.
 
 

 


 

Fray Luis de León
1527-1591

La perenne estrella polar de la poesía ha sido llamado este escritor español nacido en Belmonte del Tajo, provincia de Cuenca. La vida de Fray Luis tanto de estudiante como de catedrático transcurrió en la Universidad de Salamanca, la más importante en la España de ese tiempo. Allí desarrollo las cátedras de Teología  y de interpretación de la Biblia. Hace sus votos sacerdotales en 1544. En 1560 se licencia como maestro de Teología, Las enemistades ganadas entonces le acarrean 4 años de reclusión en los calabozos de la Inquisición Valladolid. Una vez declarada su inocencia vuelve a la Universidad Salmantina, donde ocupa las cátedras de Teología, Escolástica, Filosofía Moral y Sagradas Escrituras. Fray Luis fue no sólo un gran poeta sino también un excelente prosista y pensador político. Toda su obra revela un gran conocimiento de los textos antiguos; tanto los textos bíblicos como de la poesía latina; especialmente Horacio, de quien tradujo varias obras y quien influyó notablemente en su producción poética. A el se debe la exposición castellana del Cantar de los cantares, el comentario al último de los Proverbios de Salomón, La perfecta casada (1583) y la exposición del Libro de Job. Bajo el titulo de Los nombres de Cristo en las Escrituras. También fuera de a Horacio traduce las obras de los autores de la antigüedad como Virgilio, Tibulo, Píndaro y Seneca. Precide la escuela salmantina opuesta a la ampulosidad y el formalismo de la escuela sevillana. Entre sus obras más destacadas están: Profecia del Tajo, La vida retirada y las Odas a Felipe Ruiz, Noche serena, A Salinas y A la ascensión del Señor. Aunque su obra está constituida apenas por algo más de cuarenta poemas se le considera fundamental en la lírica española.
Muere en Madrigal de las Altas Torres.
 
 


 
 







         El poema titular de esta página es original de
        Francisco Alvarez

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