Jorge Manrique

 “Nuestras vidas son los ríos
 que van a dar a la mar,
 que es el morir”

Si Don Quijote hubiera conocido
A este hombre de la pluma y caballero,
Como en letras y en armas el primero
Lo hubiera, a no dudar, reconocido.

Nunca estuvo su espíritu dormido,
Porque fue su vivir sobrio y austero;
Con la mirada en lo imperecedero,
Vio el porvenir como si hubiera sido.

La muerte penetró en su corazón,
Pero no le inspiró lamentaciones,
Ni amargura, ni lóbrego sentir.

Menos como elegía que oración,
Murmurando serenas reflexiones,
Su río fue a la mar, que es el morir.

                  
Los Angeles, 7 de Agosto de 1997

 


 


 

De: Jorge Manrique

A la muerte del Maestre de Santiago
Don Rodrigo Manrique.
 

(Fragmento)
Recuerde alma dormida,
Avive el seso y despierte,
        contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
        tan callando;
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
        da dolor;
cómo, a nuestro parescer,
cualquiera tiempo pasado
        fue mejor.

 Pues si vemos lo presente
cómo en un punto s´es ido
        e acabado,
si juzgamos sabiamente
daremos lo non venido
        por pasado.
Non se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
        lo que espera
más duró lo que vio,
porque todo ha de pasar
        por tal manera.

 Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
        que es el morir:
allí van los señoríos
derechos a se acabar
        e consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
        y más chicos:
allegados, son iguales
los que viven por sus manos
        e los ricos.
.....................................

(Responde el Maestre)

 “Non tengamos tiempo ya
en esta vida mesquina
        por tal modo,
que mi voluntad está
conforme con la Divina
        para todo;
e consiento en mi morir
con voluntad placentera,
    clara e pura,
que querer hombre vivir
cuando Dios quiere que muera
    es locura.

 Tú, que por nuestra maldad
tomaste forma servil
        e baxo hombre;
Tú, que a tu divinidad
juntaste cosa tan vil
        como es el hombre;
Tú, que tan grandes tormentos
sufriste sin resistencia
        en tu persona,
non por mis merecimientos,
mas por tu sola clemencia
        me perdona".

         Cabo

 Así, con tal entender,
todos sentidos humanos
        conservados,
cercado de su mujer,
y de sus hijos e hermanos
        e criados,
dio el alma a quien se la dio
(el cual la ponga en el cielo
        en su gloria.),
que aunque la vida perdió,
dejónos harto consuelo
        su memoria.
 

 


 

Jorge Manrique
1440-1479

Poeta Español, nace en Paredes de Nava (Palencia) y muere en Garcimuñoz, hijo del gran maestre de Santiago, Don Rodrigo Manrique, y sobrino del gran dramaturgo Gómez Manrique. Repartió su corta vida entre el cultivo de las armas y las letras. Tomó parte en las luchas de su tiempo en el bando del príncipe Alfonso y luego de  Isabel la Católica. Aunque su producción de poesía cortesana es breve y su calidad apenas supera la de otros muchos contemporáneos, merece un lugar muy destacado en nuestra literatura por los  480 versos de Las Coplas a la muerte de su padre. En el habla de la fugacidad de la vida y el camino que tenemos que seguir inevitablemente hacia la muerte. Poema de tradición medieval por las lamentaciones fúnebres que desarrolla. Su estilo lírico y lleno de emoción, sitúa la obra en un tiempo y espacio precisos que la hacen fundamental y decisiva dentro de la literatura castellana. La muerte le llega tratando de defender el castillo de Garcimuñoz en Cuenca.
 


 

 







         El poema titular de esta página es original de
        Francisco Alvarez

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