Miguel de Cervantes

Don Miguel de la vida de aventura,
manco en Lepanto y en Argel cautivo,
siempre ingenioso y con humor festivo
no obstante la pobreza y la amargura.

Engendrador de la inmortal figura
del caballero audaz, bravo y altivo,
que sólo se rindió al amor esquivo,
con sublime y magnífica locura.

¿Fue Don Alonso tu visión de España,
abrazada a una idea irrealizable,
y agotando sus fuerzas en campaña?

Iniciaste un debate interminable:
Cada lector ha visto en cada hazaña
su propia idea, noble o detestable.

Los Angeles, 24 de Julio de 1997
 


 


 

Primera Parte, Capítulo XI: De lo que sucedió a Don Quijote con unos cabreros. (Fragmento)

Fue recogido de los cabreros con buen ánimo, y habiendo Sancho lo mejor que pudo acomodado a Rocinante y a su jumento, se fue tras el olor que despedían de sí ciertos tasajos de cabra que hirviendo al fuego en un caldero estaban; y aunque él quisiera en aquel mismo punto ver si estaban en sazón de trasladarlos del caldero al estómago, lo dejó de hacer porque los cabreros los quitaron del fuego, y tendiendo por el suelo unas pieles de ovejas, aderezaron con mucha priesa su rústica mesa, y convidaron a los dos, con muestras de muy buena voluntad, con lo que tenían. Sentáronse a la redonda de las pieles seis de ellos, que eran los que en la majada había, habiendo primero con groseras ceremonias rogado a Don Quijote que se sentase sobre un dornajo que vuelto al revés le pusieron. Sentóse Don Quijote, y quedábase Sancho en pie para servirle la copa, que era hecha de cuerno. Viéndole en pie su amo, le dijo: porque veas, Sancho, el bien que en sí encierra la andante caballería, y cuán a pique están los que en cualquiera ministerio de ella se ejercitan, de venir brevemente a ser honrados y estimados del mundo, quiero que aquí a mi lado, y en compañía de esta buena gente, te sientes, y que seas una misma cosa conmigo que soy tu amo y natural señor, que comas en mi plato y bebas por donde yo bebiere; porque de la caballería andante se puede decir lo mismo que del amor que se dice, que todas las cosas iguala. ¡Gran merced! dijo Sancho; pero sé decir a vuestra merced, que como yo tuviese bien de comer, tan bien y mejor me lo comería en pie y a mis solas, como sentado a par de un emperador. Y aún si va a decir verdad, mucho mejor me sabe lo que como en mi rincón sin melindres sin respetos, aunque sea pan y cebolla, que los gallipavos de otras mesas, donde me sea forzoso mascar despacio, beber poco, limpiarme a menudo, no estornudar ni toser si me viene gana, ni hacer otras cosas que la soledad y la libertad traen consigo. Así que, señor mío, estas honras que vuestra merced quiere darme, por ser ministro y adherente de la caballería andante, como lo soy siendo escudero de vuestra merced, conviértalas en otras cosas que me sean de más cómodo y provecho; que estas, aunque las doy por bien recibidas, las renuncio para desde aquí al fin del mundo. Con todo eso, te has de sentar, porque a quien se humilla Dios le ensalza. Y asiéndole por el brazo, le forzó a que junto a él se sentase. No entendían los cabreros aquella jerigonza de escuderos y de caballeros andantes, y no hacían otra cosa que comer y callar y mirar a sus huéspedes, que con mucho donaire y gana embaulaban tasajo como puño. Acabado el servicio de carne, tendieron sobre las zaleas gran cantidad de bellotas avellanadas, y juntamente pusieron un medio queso, más duro que si fuera hecho de argamasa. No estaba en esto ocioso el cuerno, porque andaba a la redonda tan a menudo, ya lleno, ya vacío, como arcaduz de noria, que con facilidad vació un zaque de dos que estaban de manifiesto. Después que Don Quijote hubo bien satisfecho su estómago, tomó un puño de bellotas en la mano, y mirándolas atentamente, soltó la voz a semejantes razones:
¡Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío!
 
 

Miguel de Cervantes Saavedra
1547-1616

Máximo representante de la literatura española y reconocida figura de la literatura universal.
Nace en Alcalá de Henares y muere en Madrid .
Durante su infancia vive con su familia en Valladolid, Córdoba, Sevilla y Madrid, donde estudia en un colegio de formación erasmista.
Se presume que estudia en la Universidad de Salamanca. Se desplaza a Italia donde sirve de ayudante de cámara al cardenal Acquaviva. En 1571 toma parte de la batalla de Lepanto en la que recibe dos heridas, una de las cuales  le deja estropeada la mano izquierda, razón por la cual se le conoce como “El manco de Lepanto” En 1575 la galera que le lleva de regreso a España es apresada por corsarios argelinos que le mantienen cautivo hasta 1580. Durante este período lee los autores latinos. Se casa con Doña Catalina de Salazar en 1584. Desempeña cargos como el de comisario de Provisiones de la Armada Invencible. Fracasada su pretensión de hallar premio a sus servicios, permanece durante algún tiempo en Lisboa donde nace su hija Isabel. En 1590 intenta sin éxito, ser destinado al servicio de la Corona en América, recibiendo en cambio el cargo de recaudador de Hacienda, en el desarrollo del cual es encarcelado por malos manejos. De nuevo en libertad se traslada a Valladolid donde padece el escarnio público debido a su vida irregular llevada por su hija y por su hermana. En sus últimos diez u once años, recibe del conde de Lemos y del arzobispo de Toledo una reducida ayuda económica que alivia sus necesidades. Poco antes de morir dedica al conde de Lemos su libro Los trabajos Persiles y Segismunda, dedicatoria que se constituye en una de las páginas más conmovedoras por cuanto en ellas presenta los avatares de su existencia. Del aparente fracaso de su vida Cervantes logra destilar una obra genial y imperecedera.
De las múltiples vicisitudes a que se ve abocado recoge los aspectos de su país y de su tiempo: los sórdidos, los populares y los aristocráticos para entregárselos a su lector convertidos en prototipos eternos. En su basta producción literaria, cuya grandeza arranca de  ese conjunto de rasgos positivos de su personalidad creadora, se armoniza la poesía, el teatro y la novela. En poesía escribe cuatro composiciones dedicadas a las Exequias de la Reina Isabel de Valois , a la que le siguen  A Pedro de Padilla. A la muerte de Fernando Herrera, A la Austriada de Juan Rufo y Al Túmulo del Rey Felipe. De su producción teatral se destacan La comedia del cerco de Numancia, El rufián dichoso, Pedro de Urdemalas. Los tratos del Argel,  El gallardo español, La gran sultana, Los baños de Argel, La lección de los alcaldes de Daganzo, El retablo de las maravillas, La cueva de Salamanca y El celoso extremeño.
Cervantes se considera como el escritor que consolida la novela como género ya que a partir de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, cuya primera parte es publicada en 1605 y la segunda en 1615, logra la síntesis de las incipientes formas narrativas de su tiempo y organiza un vasto mundo imaginativo en torno a la figura del héroe. Don Quijote y su escudero Sancho Panza, el amor de aquél por Dulcinea, representan una ruptura de la novela caballeresca de la época y sientan las bases del desarrollo de la literatura española y universal desde entonces. De su restante producción en prosa se destacan La Galatea (1584) y Novelas ejemplares (1613).


Obras completas
 
Obras completas
 
El Quijote digital
 
Estudio sobre el Quijote
 
“Mi entrañable señor Cervantes” (Jorge Luis Borges)
 
Novelas ejemplares 
 
“Apuntes sobre nuestro libro emblema” (Rafael Arráiz Lucca)
 
Iconografía del Quijote
 
Cervantes en Ciberspain. Biografía de Cervantes y una edición de "El Quijote" en español.
 
"Biblioteca Quijotesca": Textos breves de 34 autores sobre el "Quijote" (de Borges a Unamuno)
 
Pagina de Cervantes y El Quijote
 
 



         El poema titular de esta página es original de
        Francisco Alvarez

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