“Caminante, no hay camino
Se hace camino al andar”

¿Que no hay camino, Antonio? Hay un camino
imprimido en la roca por tu planta;
camino permanente, en el que canta
tu verso austero, recio y cristalino.

En las tierras de Soria, el campesino
contempla con un nudo en la garganta
la adustez del paisaje, y te levanta
su brindis con “un vaso de bon vino”.

Por tu amada llanura y tus alcores
rezando tus poemas pasa el Duero,
con sonrisas y lágrimas de amores.

En el cielo en que te halles, sólo espero
que estés con tus amigos escritores,
y que a todos sonría el dios ibero.

                             Los Angeles, 1997

 
 



Un poema de Machado:

El Dios ibero

Igual que el ballestero
tahúr de la cantiga,
tuviera una saeta el hombre ibero
para el Señor que apedreó la espiga
y malogró los frutos otoñales,
y un "gloria a ti" para el Señor que grana
centenos y trigales
que el pan bendito le darán mañana.
Señor de la ruïna,
adoro porque aguardo y porque temo:
con mi oración se inclina
hacia la tierra un corazón blasfemo.

¡Señor, por quien arranco el pan con pena,
sé tu poder, conozco mi cadena!

¡Oh dueño de la nube del estío
que la campiña arrasa,
del seco otoño, del helar tardío,
y del bochorno que la mies abrasa!

¡Señor del iris, sobre el campo verde
donde la oveja pace,
Señor del fruto que el gusano muerde
y de la choza que el turbión deshace,

tu soplo el fuego del hogar aviva,
tu lumbre da sazón al rubio grano,
y cuaja el hueso de la verde oliva,
la noche de San Juan, tu santa mano!

¡Oh dueño de fortuna y de pobreza,
ventura y malandanza,
que al rico das favores y pereza
y al pobre su fatiga y su esperanza!

¡Señor, Señor: en la voltaria rueda
del año he visto mi simiente echada,
corriendo igual albur que la moneda
del jugador en el azar sembrada!

¡Señor, hoy paternal, ayer cruento,
con doble faz de amor y de venganza,
a ti, en un dado de tahúr al viento
va mi oración, blasfemia y alabanza!"

Este que insulta a Dios en los altares,
no más atento al ceño del destino,
también soñó caminos en los mares
y dijo: es Dios sobre la mar camino.

¿No es él quien puso a Dios sobre la guerra
más allá de la suerte,
más allá de la tierra,
más allá de la mar y de la muerte?

¿No dio la encina ibera
para el fuego de Dios la buena rama,
que fue en la santa hoguera
de amor una con Dios en pura llama?

Mas hoy... ¡Qué importa un día!
Para los nuevos lares
estepas hay en la floresta umbría,
leña verde en los viejos encinares.

Aún larga patria espera
abrir al corvo arado sus besanas;
para el grano de Dios hay sementera
bajo cardos y abrojos y bardanas.

¡Qué importa un día!  Está el ayer alerto
al mañana, mañana al infinito,
hombres de España, ni el pasado ha muerto,
no está el mañana -ni el ayer- escrito.

¿Quién ha visto la faz al Dios hispano?
Mi corazón aguarda
al hombre ibero de la recia mano,
que tallará en el roble castellano
el Dios adusto de la tierra parda.
 

 

Antonio Machado
1875-1939

Poeta español perteneciente a la generación del 98, nace en Sevilla.
Considerado uno de los más grandes poetas españoles del siglo XX.
Su deseo de crear un espíritu de renovación imprime el elemento crítico a la sociedad decadente, en la búsqueda de auténticos valores peninsulares. Obtiene el título de doctor en filosofía y letras de la Universidad de Madrid.
Se desempeña como profesor de francés en el Instituto de Soria, en Baeza, Segovia y en el Instiituto Calderón de la Barca en Madrid . En París conoce a Rubén Darío quien se constituye para los nuevos poetas españoles en una gran influencia, en especial para Machado.
Debe de viajar a Valencia y Barcelona para protegerse de los estragos de la guerra civil, pero abandona a España y se traslada a Francia, donde se instala en Collioure, donde muere.
Su estilo poco rebuscado, con versos simples, aunque expresan una gran profundidad  de espíritu, recogen la sensibilidad del que se traduce no sólo en el amor por su tierra sino en la expresión de sus sentimientos más íntimos.
Su obra poética, de inmenso valor, está comprendida por
Campos de Castilla, Nuevas canciones, Cancionero apócrifo, La guerra y Soledades, Galerías y otros poemas.
Escribe además algunas obras en prosa como Abel Martín, Juan de Mairena, y Los complementarios.
 

 

 

 
 



         El poema titular de esta página es original de
        Francisco Alvarez

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