Francisco de Quevedo

“No he callar por más que con el dedo,
ya tocando los labios, ya la frente,
silencio mandes o amenaces miedo.”

Un lugar especial para Quevedo
hay en mi corazón y en mis estantes,
y un rumor de sonetos elegantes
bulle en mi mente con susurro quedo.

No hubo rincón en su alma para el miedo,
y España y Roma fueron sus amantes;
sus sátiras bruñidas y punzantes
espadas son forjadas en Toledo.

Vio con dolor el desmoronamiento
de las murallas de su patria amada,
y soñó en su moral renacimiento.

Su acusadora voz fue desterrada,
pero siguió elevándose en el viento,
alejada quizás, no silenciada.

                 Los Angeles, 23 de Julio de 1997
 
 


 
 


 
 

Francisco Quevedo y Villegas
1580-1645

Poeta y narrador español, nace en Madrid.
Miembro de una familia hidalga, crece en un ambiente cortesano. Estudia con los jesuitas en su ciudad natal. Obtiene después una formación filosófica y clásica en la Universidad de Alcalá, lo cual lo induce a mantener correspondencia durante algunos años con el humanista Justo Lipsio. Entabla amistad con el duque de Osuna a cuyo servicio realiza misiones políticas y diplomáticas en Italia. Tras la caída de su protector y amigo se inicia para Quevedo una época agitada de destierros y pasajeros indultos. Permanece encadenado en San Marcos de León entre 1639 y 1643, a causa de un memorial en verso contra el duque de Olivares que se le atribuye. Los dos últimos años de su vida los dedica a la corrección y ordenamiento de sus obras.
Es una de las figuras más importantes del llamado conceptismo español y por antonomasia uno de los más radicales críticos de la corriente contraria, el culteranismo o gongorismo. Contra esta última lanza burlas en La cultura latiniparla y en Agujas de navegar cultos. Como tratadista de temas políticos, morales y filosóficos, es autor de Política de Dios, La cuna y la sepultura, Tratado de la providencia de Dios, y La vida de Marco Bruto.
En su obra imaginativa y poética a través de un estilo lleno de antítesis, sutilezas, asociaciones inesperadas y con una sintaxis nerviosa y cortada, logra trasmutar su visión particular de la vida en creación literaria. La novelaEl Buscón o La vida del Buscón llamado Don Pablos, ejemplo de vagabundos y espejo de tacaños, significa un paso decisivo en la evolución de la picaresca española en la medida que en esta obra es posible aunar la estructura novelesca a la multitud de cuadros satíricos de los principales tipos de la época (el poeta, el estudiante, el hidalgo venido a menos, el ladrón, el arribista) En el terreno de la sátira se destacan Los sueños, compuesta de cinco fantasías morales por las que desfilan en forma alegórica los oficios del hombre: El juicio final, El alguacil alguacilado, Las zurdas de Plutón, El mundo por dentro y visitas de los chistes, Como poeta es conocido hacia 1605, pero sólo unos años después de su muerte, ocurrida en Villanueva de los Infantes, se publica su obra completa. Su extensa producción, una de las cumbres de la poesía barroca junto a la de Felix Lope de Vega y Luis de Gongora, ofrece una gran variedad de temas, voces y formas métricas.
 


 

         Un Soneto de Francisco Quevedo
Miré los muros de la patria mía
si un tiempo fuertes, ya desmoronados,
de la carrera de la edad cansados,
por quien caduca ya su valentía.

Salíme al campo, vi que el sol bebía
los arroyos del hielo desatados,
y del monte quejosos los ganados
que con sombras hurtó su luz al día.

Entré en mi casa; vi que amancillada
de anciana habitación era despojos;
mi báculo, más corvo y menos fuerte;

vencida de la edad sentí mi espada
y no hallé cosa en que poner mis ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.
 

 


         El poema titular de esta página es original de
        Francisco Alvarez

Comentarios y sugerencias: Escríbeme:
 






      


 



A otras páginas de Francisco Alvarez Hidalgo:











message



Copyright / Derechos de autor