"Moza tan fermosa
no vi en la frontera
como una vaquera
de la Finojosa"

Tan señor de salón y barbacana
como de la cañada y el otero,
la gentileza prefirió al acero,
los libros a la pompa cortesana;

y a la dama elegante, la serrana
de ofrecimiento cálido y sincero,
fresca rosa, que al borde del sendero,
vibra en la noche y brilla en la mañana.

Perdido en los caminos comarcales,
encuentra entre pastores y zagales
el fragante primor de la vaquera...

Campo de Finojosa, envuelto en sueño,
ardiente vía del Calatraveño,
quién pudiera seguirlo, quién pudiera.

Los Angeles, 4 de mayo de 2000


 


 

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Serranilla V


Moça tan fermosa
non vi en la frontera,
como una vaquera
de la Finojosa.


Faziendo la vía
del Calatraveño
a Santa María,
vençido del sueño,
por tierra fragosa
perdí la carrera,
do vi la vaquera
de la Finojosa.

En un verde prado
de rosas e flores,
guardando ganado
con otros pastores,
la vi tan graciosa,
que apenas creyera
que fuese vaquera
de la Finojosa.

Non creo las rosas
de la primavera
sean tan fermosas
nin de tal manera,
fablando sin glosa,
si antes supiera
de aquella vaquera
de la Finojosa.

Non tanto mirara
su mucha beldad,
porque me dexara
en mi libertad.
Mas dixe: "Donosa
(por saber quién era),
¿aquella vaquera
de la Finojosa?..."

Bien como riendo,
dixo: "Bien vengades,
que ya bien entiendo
lo que demandades:
non es desseosa
de amar, nin lo espera,
aquessa vaquera
de la Finojosa".
 


 
 

Miniatura del Marqués de Santillana
 


Hijo del almirante Diego Hurtado de Mendoza y de Leonor de la Vega. Gran poeta y literato, humanista, y uno de los más grandes personajes de la corte de Juan II. Fue el primer marqués de Santillana y conde de Manzanares el Real. Nació en 1398 en Carrión de los Condes (Palencia). Casado con Catalina de Figueroa (1412), hija del maestre de Santiago, Lorenzo Suárez de Figueroa, pudo aumentar su formidable patrimonio, hasta el punto de convertirse en uno de los grandes de España más poderosos e influyentes del siglo XV castellano.
Interviene muy pronto en la compleja política de su tiempo, primero con don Fernando de Antequera, más tarde con su hijo, el Infante Enrique, posteriormente al lado de Alvaro de Luna. Su participación en las diferentes ligas y confederaciones fue decisiva. De todo obtuvo importantes beneficios. Mantuvo a lo largo de su vida la fidelidad a Juan II, aunque se enemistó con Álvaro de Luna a partir de 1431. No por ello militó en el bando de los aragonesistas; en la batalla de Olmedo (1445) se encuentra entre las filas del ejército real, gracias a lo cual el rey le concede el marquesado y el condado referidos. Don Iñigo contribuyó claramente a la caída de don Álvaro (1453), y a partir de entonces comienza a retirarse de la política activa. Su última gran aparición se produce en la campaña de Granada de 1455, ya bajo el reinado de Enrique IV Después se retira a su palacio de Guadalajara para pasar en paz los últimos años de su vida.
Huérfano temprano se educó en la refinada corte aragonesa de Barcelona, donde trabó relación con Jordi de Sant Jordi, copero, y Ausias March, halconero real, y, a lo largo de toda su vida, atesoró una notable biblioteca (más tarde propiedad de la casa ducal de Osuna). No conviene, sin embargo, confundirlo por ello con un escritor humanista. Apenas sabía latín y leía sus clásicos en traducciones no siempre buenas. De otro lado, su misma idea de la profesión literaria y su concepto de poesía son medievales, como refleja muy bien el famoso Proemio, o carta prologal, a la colección de sus obras enviada a don Pedro, condestable de Portugal, que se tiene con exageración como primera «historia de la literatura española». Es, de hecho, un reflejo de las ideas de poesía como ciencia y de la teoría de los estilos heredadas del siglo anterior y, en su aspecto más interesante, un testimonio del cambio de gustos nacido al calor de novedades internacionales que cita: el dulce stil nuovo italiano, el alegorismo francés de Alain Chartier y el Roman de la Rose y, sobre todo, el alegórico modo introducido en España por Francisco Imperial. En el estilo elevado que éste introdujo en el Cancionero de Baena— al que son consustanciales el ritmo acentual muy marcado del verso de arte mayor (dodecasilábico), el cultismo léxico crudo, la referencia mitológica y la alegorización sistemática— escribió Santillana sus composiciones poéticas de mayor empeño: Defunción de Don Enrique de Villena, Coronación de Mosen Jordi, Infierno de los enamorados, y la más larga Comedieta de Ponza, donde se lamenta de la derrota naval sufrida por Alfonso V de Aragón y alude a su victoria final (de ahí, como en su modelo Dante, el curioso titulo de «comedia», que apunta al final feliz de los hechos).
Sobre modelos petrarquistas y dantescos escribió también sus cuarenta y dos sonetos «al itálico modo», primeros en la lírica española tras un par de Villalpando. Al tono moralizante y más simple de expresión corresponden su Doctrinal de privados (feroz ataque contra el de Luna), los Proverbios de gloriosa doctrina y el diálogo de Bías contra Fortuna, quizá el que reúne más afortunados momentos en la glosa de tópicos senequistas y en su presentación de un tema —las mudanzas de fortuna— tan de su época. Más numerosas son sus poesías de tema amoroso al modo cancioneril: entre ellas tienen particular relieve sus encantadoras serranillas (donde el tradicional encuentro amoroso de serrana y señor se estiliza mucho sobre los modelos anteriores) y el Villancico a sus tres hijas, atribuido en algunos lugares a Suero de Ribera, que ensarta con delicada gracia cancioncillas tradicionales en un encantador cuadrito cortesano.

(Juan Carlos Mainer y César Olivera Serrano)

 


 


Cancionero de Palacio

 

 

 

Obras del Marqués de Santillana

 

Obras en prosa:
Prohemio e carta al condestable de Portugal
Los Refranes que dicen las viejas tras el fuego
Las glosas a sus Proverbios
Tratado de Vita Beata
Poesía trovadoresca:
Canciones y dezires
Serranillas
Poesía alegórica y de influencia italiana:
Coronación de Mosén Jordi de San Jordi
Defunssion de Don Enrique de Villena
Triunphete del amor y del sueño
Sonetos fechos al italico modo
Poesía moralizante:
Doctrinal de privados
Los Proverbios o Centiloquio
Bias contra Fortuna

 
 



         El poema titular de esta página es original de
        Francisco Alvarez

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