Laocoonte y sus hijos,

         data del siglo I a.C., y ahora se encuentra en el Vaticano, en Roma.

 
 Laocoonte

Ví con angustia a la élite guerrera
Dejar caer las armas de sus manos,
Y precavió mi voz a mis hermanos
De aceptar el caballo de madera.

En su entraña yacían a la espera
Los griegos que juzgábamos lejanos;
Mas fueron todos mis esfuerzos vanos,
Y Troya se lanzó a su propia hoguera.

Tres veces escuché la sacudida
De las armas, y alcé mi voz al viento;
Y se perdió mi grito en el clamor.

Un dios airado me arrancó la vida,
Uniendo mis dos hijos al tormento:
Este, sin duda, fue el mayor dolor.

Los Angeles, 27 de Agosto de 1997
 

 

 

Laocoonte

La sonrisa del sol besó las cumbres,
y el enemigo levantó las anclas.
Partieron los guerreros en sus naves,
dando la espalda
a diez años de lucha,
ensangrentada.
Los vi alejarse sin pesar ni gozo,
mas la zozobra se anidó en mi alma.
Aprendí a respetarlos en la lucha,
no en los ardides, sólo con las armas.
Dejaron un caballo gigantesco
sobre la playa,
sombrío como nube de tormenta,
silenciosa amenaza.
No sé por qué, pero un presentimiento,
una angustia fatal resquebrajaba
mi corazón al verlo contra el cielo,
y sobre el fondo de las olas claras.
Me acerqué silencioso;
su sombra prolongada
me produjo un intenso escalofrío.
Sentí como si hubiera cien miradas
cayendo sobre mí,
sin poder observar quién me miraba.
Qué trágico dolor, qué peso inmenso
sentí sobre mi espalda,
sin poder explicarlo,
qué pena tan amarga.
Diez años de heroísmo y de miserias
sobre la dura tierra ensangrentada
parecían pedir un fin más noble,
y no una retirada.
Ah, los griegos, valientes como astutos,
fieros leones, zorras solitarias…
Más les temí por sus estratagemas
que les temí en el campo de batalla.
¿Y ahora qué? ¿Abandono de la empresa,
e ignominiosa vuelta hacia la patria?
Hijos de Troya, no es éste el momento
de trompetas de gloria y algazara.
Desconfiad, los griegos
no dan algo por nada.

La multitud no escucha a quien disiente,
sólo escucha a quien habla
el lenguaje que adula sus instintos,
o las voces que halagan.
Niños, mujeres, viejos y guerreros
iniciaron la danza
en torno del trofeo,
sobre la arena ardiente de la playa.
Y comenzó el arrastre
de la bestia fatídica. Cantaba
la muchedumbre a coro,
a cada impulso de la fuerza aunada.
Y en lento avance vino a detenerse
al pie de las murallas.
Y una vez más lancé mi voz al viento,
en súplica ignorada.
Tres veces advertí a la muchedumbre,
y tres veces ahogaron mis palabras.
Apolo se mostró más poderoso
que nuestra propia divinidad, Palas.
El protegió a los griegos,
ella durmió hasta despertar en llamas.
Dos serpientes enormes
salieron de las aguas,
y en abrazo mortal se entrelazaron
a mis hijos y a mí. Qué vil y extraña
la actitud de los dioses,
ejerciendo en los hombres su venganza.
Qué dolor ver el fin
de nuestra propia patria,
abriendo la ciudad al enemigo
que no logró escalar nuestras murallas.
Mas el dolor más duro, intolerable,
fue la agonía cruel, desesperada,
de mis hijos en fiero forcejo
en los tensos anillos que estrechaban
más y más el abrazo sofocante,
sin que dioses ni humanos lo evitaran.
Murieron junto a mí, y están conmigo.
Troya también murió, mas su desgracia
vino por no escuchar mi voz prudente.
Ahora en las ruinas calcinadas vagan
los sombríos espíritus,
los pálidos fantasmas,
de los guerreros que lo dieron todo,
y perdieron sus vidas y sus almas.

Los Angeles, 29 de agosto de 1997


 


 
 

 

 

Un caballo trae la ruina a Troya
 

                                                                Pintura de El Greco
 
Un magnífico caballo, todo de madera.
Los troyanos lo rodean, contemplándolo.
Sólo Laocoonte mira suspicaz esa ofrenda abandonada por los griegos en la costa.
El sacerdote aconseja a los troyanos que no acepten pues sospecha que allí hay una traición. Queriendo probar lo que dice lanza un dardo contra el caballo: el impacto produce un sonido hueco. Laocoonte propone que quemen el caballo, pero nadie le hace caso. Todos creen que los griegos desean la paz y que han dejado el caballo en la playa para propiciarse a Neptuno (Poseidón) y así tener vientos marinos favorables.
Diez años antes, cuando los griegos desembarcaron en Tróade, los troyanos habían matado a su sacerdote de Neptuno, acusándolo de no haber hecho sacrificios que agradasen al dios. Ahora pedían a Laocoonte que ocupase el lugar del sacerdote muerto. debería ofrecer sacrificios al señor de los mares para agradecerle su participación en la partida de los invasores.
Laocoonte aceptó la designación: era inútil seguir previniendo a sus compatriotas con respecto al caballo. Se preparaba para inmolar un toro gigantesco, cuando dos serpientes salieron del mar y se lanzaron sobre los hijos del sacerdote, queriendo ahogarlos. Laocoonte corrió a salvarlos y resultó muerto.
En todas las mentes surgió el mismo pensamiento: Laocoonte había muerto por oponerse a la aceptación del presente. Había sido impío y en su muerte recibía el castigo: un motivo más para aceptar el regalo.
Caía la noche cuando el majestuoso caballo entró al interior de las murallas, llevando consigo la destrucción de la ciudad.

 

 


 
   
 


 
                                                          El Laocoonte de Blake
Laoconte o Laocoonte

Laoconte o Laocoonte, en la mitología griega, sacerdote de Apolo, dios del Sol, o de Poseidón, dios del mar. En el último año de la guerra de Troya, los griegos fabricaron un caballo gigante de madera, que hacían pasar por una ofrenda votiva a la diosa Atenea, pero que, en realidad, era un escondite para los soldados griegos. Laocoonte, temiendo el ardid, aconsejó vanamente a los jefes troyanos que destruyeran el regalo, advirtiendo: "temo a los griegos hasta cuando llegan con regalos". Mientras se decidía si era conveniente arriesgarse a introducir el caballo en la ciudad por los augurios favorables que estaban supuestamente ligados con él, Poseidón, la divinidad más implacable con Troya, envió dos horribles serpientes marinas hacia la tierra. Avanzando hacia el sitio donde se encontraban Laocoonte y sus dos hijos, las serpientes se enroscaron en el cuerpo de los niños. Laocoonte se esforzó por soltarlas, pero ellas le estrangularon a él y a sus hijos. Los troyanos, convencidos de que era una señal del cielo para ignorar la advertencia de Laocoonte, llevaron el caballo dentro de las murallas de la ciudad y así contribuyeron directamente a su propia destrucción.
La más famosa interpretación literaria de la leyenda de Laocoonte se encuentra en la Eneida de Virgilio. La representación artística más conocida es una escultura de mármol del sacerdote y sus hijos oprimidos por las serpientes; este grupo, conocido como Laocoonte y sus hijos, data del siglo I a.C., y ahora se encuentra en el Vaticano, en Roma.

"Laoconte", Enciclopedia Microsoft(R) Encarta(R) 99. (c) 1993-1998 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

 


 
 

                                                         Mural de Lucio Massari
 
A los troyanos se les advirtió bastante que no fueran a entrar a ese caballo a la ciudad. El primero que se los advirtió fue uno de los sacerdotes del dios Apolo, que era adivino, y se llamaba Laoconte. Hasta un día que estaba Laoconte en la playa, echando su sermón, se oyó un ruido mar adentro y fueron saliendo dos serpientes que echaban fuego por la boca y se le enrollaron a Laoconte y a sus dos hijos que estaban con él, estrangulándoles. 
Estas serpientes las había mandado Poseidón (Neptuno), que era amigo de los griegos, para que los troyanos no le hicieran caso a Laoconte y entraran el caballo.

 

 

 

 

Enlaces referentes a este mito:

Laocoonte:
http://es.wikipedia.org/wiki/Laocoonte
 
http://houseoflittlerabbit.foroactivo.com/cultura-f8/laoconte-escultura-mitologia-t98.htm
 
http://latinajadediogenes.blogspot.com/2010/03/el-despecho-de-una-diosa-laocoonte-y-la.html
 
 
Mitología Griega

Mitología Griega, en general:

 

Mitología griega:

http://es.wikipedia.org/wiki/Mitolog%C3%ADa_griega

 

Diccionario de mitología:

http://www.kelpienet.net/rea/diccionario.php?lp=A

 

Dioses Olímpicos:

http://www.kelpienet.net/rea/pers.php?ns=1

 

Dioses Menores:

http://www.kelpienet.net/rea/pers.php?ns=2

 

Grupos menores (Nereidas, Ninfas, Náyades, etc.:

http://www.kelpienet.net/rea/pers.php?ns=3

 

Titanes:

http://www.kelpienet.net/rea/pers.php?ns=4

 

Monstruos:

http://www.kelpienet.net/rea/pers.php?ns=5

 

Leyendas:

http://www.kelpienet.net/rea/leyendas.php

 

Mitología general: 

http://www.guiascostarica.com/mitos/grecia.htm

 

Personajes mitológicos:

http://www.elolimpo.com/lista_personajes.html

 

Los griegos en tiempos de los mitos:

http://www.kelpienet.net/rea/tiempos.php

 

Mitología griega en la pintura:

http://es.wikipedia.org/wiki/Categor%C3%ADa:Mitolog%C3%ADa_griega_en_la_pintura

 

 

ROBERT GRAVES

“LOS MITOS GRIEGOS”

http://www.bibliocomunidad.com/web/libros/Graves,%20Robert%20-%20Los%20Mitos%20Griegos%20I.pdf

(El índice, que aparece al final de la obra, puedes verlo aquí):

http://poesiadelmomento.com/luminarias/mitos/indice_robert_graves.html

 

 



 


 
 


El poema titular de esta página es original de


Francisco Alvarez Hidalgo.

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