Don Quijote

“…tengo de hacer obras que queden escritas en el
libro de la Fama por todos los venideros siglos…”

(I, XVIII)

Padre espiritual de todos cuantos
Recorren las cañadas y caminos
En búsqueda incesante de destinos,
De amor, y de ideales sacrosantos.

Tu fe dio a Dulcinea sus encantos,
Y no desfalleció tras los molinos.
Ni poderes humanos ni divinos
Lograron reducirla en tus quebrantos.

Cuando nuestra alma esté en su noche oscura,
Danos tu misma fe y tu dignidad
Frente a la lucha y a la desventura.

Danos tu sed de la inmortalidad
Aunque lleve consigo la locura,
Que tu sueño es la sola realidad.

                   Los Angeles, 26 de Julio de 1997

 


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Capítulo VIII. Del buen suceso que el valeroso don Quijote
  tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los
     molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice
 recordación

(Fragmento)

En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo; y, así como don Quijote los vio, dijo a su escudero:
–La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear, porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta, o pocos más, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos
comenzaremos a enriquecer; que ésta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.

–¿Qué gigantes? –dijo Sancho Panza.

–Aquellos que allí ves –respondió su amo– de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.

–Mire vuestra merced –respondió Sancho– que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.

–Bien parece –respondió don Quijote– que no estás cursado en esto de las aventuras: ellos son gigantes; y si tienes miedo, quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.

Y, diciendo esto, dio de espuelas a su caballo Rocinante, sin atender a las voces que su escudero Sancho le daba, advirtiéndole que, sin duda alguna, eran molinos de viento, y no gigantes, aquellos que iba a acometer. Pero él iba tan puesto en que eran gigantes, que ni oía las voces de su escudero Sancho ni echaba de ver, aunque estaba ya bien cerca, lo que eran; antes, iba diciendo en voces altas:

–Non fuyades, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete.

Levantóse en esto un poco de viento y las grandes aspas comenzaron a moverse, lo cual visto por don Quijote, dijo:

–Pues, aunque mováis más brazos que los del gigante Briareo, me lo habéis de pagar. Y, en diciendo esto, y encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en el ristre, arremetió a todo el galope de Rocinante y embistió con el primero molino que estaba delante; y, dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia que hizo la lanza pedazos,llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo.
Acudió Sancho Panza a socorrerle, a todo el correr de su asno, y cuando llegó halló que no se podía menear: tal fue el golpe que dio con él Rocinante.

–¡Válame Dios! –dijo Sancho–. ¿No le dije yo a vuestra merced que mirase bien lo que hacía, que no eran sino molinos de viento, y no lo podía ignorar sino quien llevase otros tales en la cabeza?

–Calla, amigo Sancho –respondió don Quijote–, que las cosas de la guerra, más que otras, están sujetas a continua mudanza; cuanto más, que yo pienso, y es así verdad, que aquel sabio Frestón que me robó el aposento y los libros ha vuelto estos gigantes en molinos por quitarme la gloria de su vencimiento: tal es la enemistad que me tiene; mas, al cabo al cabo, han de poder poco sus malas artes contra la bondad de mi espada.
 –Dios lo haga como puede –respondió Sancho Panza.
Y, ayudándole a levantar, tornó a subir sobre Rocinante, que medio despaldado estaba. Y, hablando en la pasada aventura, siguieron el camino del Puerto Lápice, porque allí decía don Quijote que no era posible dejar de hallarse muchas y diversas aventuras, por ser lugar muy pasajero; sino que iba muy pesaroso por haberle faltado la lanza; y, diciéndoselo a su escudero, le dijo:

–Yo me acuerdo haber leído que un caballero español, llamado Diego Pérez de Vargas, habiéndosele en una batalla roto la espada, desgajó de una encina un pesado ramo o tronco, y con él hizo tales cosas aquel día, y machacó tantos moros, que le quedó por sobrenombre Machuca, y así él como sus descendientes se llamaron, desde aquel día en adelante, Vargas y Machuca. Hete dicho esto, porque de la primera encina o roble que se me depare pienso
desgajar otro tronco tal y tan bueno como aquél, que me imagino y pienso hacer con él tales hazañas, que tú te tengas por bien afortunado de haber merecido venir a vellas y a ser testigo de cosas que apenas podrán ser creídas.

 –A la mano de Dios –dijo Sancho–; yo lo creo todo así como vuestra merced lo dice; pero enderécese un poco, que parece que va de medio lado, y debe de ser del molimiento de la caída.

–Así es la verdad –respondió don Quijote–; y si no me quejo del dolor, es porque no es dado a los caballeros andantes quejarse de herida alguna, aunque se le salgan las tripas por ella.

–Si eso es así, no tengo yo qué replicar –respondió Sancho–, pero sabe Dios si yo me holgara que vuestra merced se quejara cuando alguna cosa le doliera. De mí sé decir que me he de quejar del más pequeño dolor que tenga, si ya no se entiende también con los escuderos delos caballeros andantes eso del no quejarse.

No se dejó de reír don Quijote de la simplicidad de su escudero; y así, le declaró que podía muy bien quejarse, como y cuando quisiese, sin gana o con ella; que hasta entonces no había leído cosa en contrario en la orden de caballería. Díjole Sancho que mirase que era hora de comer. Respondióle su amo que por entonces no le hacía menester; que comiese él cuando se
le antojase. Con esta licencia, se acomodó Sancho lo mejor que pudo sobre su jumento, y, sacando de las alforjas lo que en ellas había puesto, iba caminando y comiendo detrás de su amo muy de su espacio, y de cuando en cuando empinaba la bota, con tanto gusto, que le pudiera envidiar el más regalado bodegonero de Málaga. Y, en tanto que él iba de aquella manera menudeando tragos, no se le acordaba de ninguna promesa que su amo le hubiese hecho, ni tenía por ningún trabajo, sino por mucho descanso, andar buscando las aventuras, por peligrosas que fuesen.

En resolución, aquella noche la pasaron entre unos árboles, y del uno dellos desgajó don Quijote un ramo seco que casi le podía servir de lanza, y puso en él el hierro que quitó de la que se le había quebrado. Toda aquella noche no durmió don Quijote, pensando en su señora Dulcinea, por acomodarse a lo que había leído en sus libros, cuando los caballeros pasaban sin dormir muchas noches en las florestas y despoblados, entretenidos con las memorias de sus señoras. No la pasó ansí Sancho Panza, que, como tenía el estómago lleno, y no de agua de chicoria, de un sueño se la llevó toda; y no fueran parte para despertarle, si su amo no lo llamara, los rayos del sol, que le daban en el rostro, ni el canto de las aves, que, muchas y muy regocijadamente, la venida del nuevo día saludaban. Al levantarse dio un tiento a la bota, y hallóla algo más flaca que la noche antes; y afligiósele el corazón, por parecerle que no llevaban camino de remediar tan presto su falta. No quiso desayunarse don Quijote, porque, como está dicho, dio en sustentarse de sabrosas memorias. Tornaron a su comenzado camino del Puerto Lápice, y a obra de las tres del día le descubrieron.

Universidad de Alcalá
 


 

                           Pablo Picasso

'Vida y hechos del ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha';

No es casual el momento de la historia española en que aparece el
Quijote. El soldado de Lepanto ha visto con amargura el principio de los
vencimientos. Cervantes, que cantó a la Armada Invencible antes y
después de la derrota, supo sentir en su alma el dolor del momento de un
gran fracaso, la nueva era del tratado de la tribulación. Sin duda, de
esta amargura, de este dolor, en que los fracasos personales de la vida
del Cervantes alcabalero podían sublimarse en un horizonte nacional,
brotó parte del humor del Quijote, basado en la bondad incomprendida del
héroe, en el ideal de justicia universal deshecho a palos y pedradas..
Ramiro de Maesztu, en su hondo libro Don Quijote, Don Juan y la
Celestina, ha señalado el contacto de la creación  cervantina con la
decadencia española.

La delicada gama psicológica que acompaña los caracteres de Don Quijote
y Sancho es bien diversa del simplismo con que vulgarmente ha sido
apreciado el libro en general. El Quijote es, a la vez, fácil y difícil.
Con razón  Madariaga comparaba la parte asequible a todo lector con una
sinfonía “cuya línea melódica se pega al oído y, por tanto, se hace
popular. Pero ello no quita que la sinfonía posea una trama armónica de
gran densidad y riqueza, tejida con sutiiles resonancias y simpatías.”.
Por tanto, la visión simplista de los dos grandes personajes se
compararía con la parte de molodía fácilmente asequible (Don Quijote,
valiente; Sancho, cobarde. Don Quijote, idealista; Sancho, materialista)
Y sin embargo, ambas figuras se  mueven en un delicado y complejo
paralelismo. Por eso dice, con razón el aludido crítico: “Sancho es, en
cierto modo, una transposicion de Don  Quijote en clave distinta”.
Unamuno ha visto con hondura la necesidad que implica Sancho para Don
Quijote: :Necesitábale para hablar; esto es, para pensar en  voz alta
sin rebozo, para oírse a sí mismo y para oír el rechazo vivo de su voz
en el mundo. Sancho fue su coro, la Humanidad toda para él. Y en cabeza
de Sancho ama a la Humanidad toda”.

Frente a esta invasión del sentido quijotesco en las personas y los
ambientes se encuentra el lector con el sugestivo proceso hacia la
cordura del héroe. Don Quijote se va imponiendo a todos los ambientes en
que se halla por sus nobles razones, a pesar de la locura caballeresca.
Es curioso el detalle de los estudiantes que , yendo con unos
labradores, se encuentran con el hidalgo de la Mancha, al comienzo del
episodio de las bodas de Camacho, y a pesar de darse cuenta de su manía,
con todo eso le miraron con admiración y respeto”. Ya  antes, a don
Diego de Miranda, atento a los hechos y dichos de Don Quijote, le
parecía “que era un cuerdo loco, y un loco que tiraba a ser cuerdo”.

(Notas de Angel Valbuena Pratt)
 

    Strauss, Massenet y Kienzl hicieron óperas de la obra, la Donquichotterie.

 


 

Don Quijote de La Mancha:
http://es.wikipedia.org/wiki/Don_Quijote_de_la_Mancha
 
Don Quijote en el cine:
http://www.uhu.es/cine.educacion/cineyeducacion/donquijote.htm
 
Citas del Quijote:
http://es.wikiquote.org/wiki/Don_Quijote_de_la_Mancha
 
El Quijote en Rusia:
http://es.wikipedia.org/wiki/Don_Quijote_de_la_
Mancha#Don_Quijote_en_Rusia
 
Portal de Cervantes:
http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/Cervantes/

 

 



El poema titular de esta página es original de
Francisco Alvarez Hidalgo.

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