Poemas de amor, de soledad, de esperanza de
Francisco Álvarez Hidalgo
Seda que pasa

Índice

Sonetos:
Esta noche La palabra miente Mis versos en misión Brinda y bebe Un solo día Bel-la Libertad
Poemas:
Hugo Chávez Mi mágica montaña
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Breverías

2321
Voy a besar el tacto que en tus manos habita, para aspirarlo luego, y extenderlo en tus senos con la más exquisita de las delicadezas, como lo hiciera el ciego, que resucita en dedos y labios las retinas, generando visiones más densas, más genuinas.

2322
La vida me ha hecho rueda, cuyo incesante giro me lleva únicamente donde me ha programado, no adonde yo quisiera. Desde mi ojo de cíclope en el eje, suspiro por avistarte un día, quebrar alborozado hasta mi último radio, y aquietarme a tu vera.

2323
Mis versos, torreón que se desploma, hojas que el viento barre en la meseta. Quisiera hablarte en el sutil idioma de la rosa, la orquídea, la violeta, cada corola, pétalo, y aroma, verso mejor que el del mejor poeta. En quietud y silencio he de expresarme; si me escuchas, sabrás interpretarme.

2324
Roza mi mano el viento, que le llega bien a campo través, o por senderos confluyendo en la esquina de mi casa. Sabe de ti, su aliento me sosiega, pero también sus tonos plañideros me traen perplejidad que me desfasa. Mas no le invito a entrar. Sólo mi puerta a tu propia llegada será abierta.

2325
Me he dormido en tu sueño, y ovillado en tu mente, me acuno en la maraña de imágenes latente intramuros de ti, rincón tan hogareño. No me turban, perfiles de tiempos transcurridos, que engendran, a lo más, leves crujidos, como vieja escalera, nunca hostiles.

Sonetos

2426 - Esta noche
La noche que enlazaba a los tambores del sexo audaz pianos y violetas, es confusión de formas incompletas y de bullicios entorpecedores. Se van amortiguando los rumores, se van desvaneciendo las siluetas, enflaquece la voz de los poetas, y se desvalorizan los amores. Esta noche es letárgica y ajena, ni arde la llama, ni el tambor resuena, ni el espectro de antaño reaparece. El silencio se ensancha y densifica, nada se mueve en casa; todo indica que el ángel de la vida se adormece.
Los Angeles, 5 de agosto de 2010
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2427 - La palabra miente
¿Cómo he de hablarte? La palabra miente; o no alcanza el más íntimo sentido, o no sabe expresarlo; es el crujido de la seda que pasa, lo aparente. Fascinaría siendo equivalente al júbilo, al afecto o al gemido que intenta describir, pero es vestido, bello, tal vez, mas nunca transparente. Podré ingeniar el más sutil lenguaje, pero no será más que el andamiaje para erigir mi sueño, no éste mismo. En vez de identidad, analogía, dos vertientes dispares, cuya vía de comunicación es el abismo.
Los Angeles, 5 de agosto de 2010
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2428 - Mis versos en misión
He escrito versos de cristal, de acero, del color del abrazo y de la rosa, versos de indecisión de mariposa, de espíritu gemelo o forastero. Almas les di del mismo semillero en que emergió la mía, en luminosa mañana de San Juan, con fe de esposa y voluptuosidad de aventurero. Los encaucé a los puntos cardinales, en misión de lectura y recitales, divulgando alborozos y problemas. Mas cada piel oyó su propio canto, revivió su pasión, gimió su llanto, como si hubiera escrito mis poemas.
Los Angeles, 5 de agosto de 2010
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2429 - Brinda y bebe
Para ti es este vaso. No está lleno, ningún vaso lo está, pero ¿qué importa? No es lo que falta, sino lo que aporta, lo que en él debes ver, y si te es bueno. No es el cáliz mortal que el Nazareno temió en Getsemaní, ni el que transporta a espurio edén, sino el que reconforta, la silenciosa paz después del trueno. En este vaso me he vertido todo, tal como soy, en entidad y en modo, con mis carencias y mis atributos. Brinda y bebe sin fórmulas rituales, por estos dos espíritus sensuales, bajo la ley de amor, sin estatutos.
Los Angeles, 6 de agosto de 2010
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2430 - Un solo día
Cuando yo muera, ¿me amarás un día? Un solo día, pero mío entero. Pondrás en tu memoria un cancerbero, a otras sombras feroz, mas no a la mía; y narcotizarás tu fantasía, alas plegadas en prisión de acero, sin contacto exterior, sin mensajero. Y por fin sólo yo en tu compañía. No reverberarán en tus oídos ni otras voces, susurros o gemidos que cuantos me escuchaste y reconstruyo. De medianoche a medianoche, atado a tu abrazo plural y, desgajado, partiendo al fin mi espíritu…tan tuyo.
Los Angeles, 8 de agosto de 2010
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2431 - Bel-la
Gatita, de la variedad ‘cálico’, recientemente adoptada, de dos meses de edad.
Bel-la. Bella también, tan diminuta que, al llegar, era el cuenco de mi mano cuna y columpio, el peso tan liviano que eras pluma en el aire, eras voluta de humo azul, o arabesco de batuta. Bek, a sus siete, es perro casi anciano; si gigantesco, cálido y urbano, algo burlón, que amaga y no ejecuta. Mishka, hermana mayor, algo celosa, necesita su espacio. Sigilosa, te observará algún tiempo, y vendrá a ti. Y aquí estoy yo, minúscula gatita de gracia inesperada y exquisita, embelesado desde que te vi.
Los Angeles, 8 de agosto de 2010
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2432 - Libertad
He cancelado la moral, contigo. Ya no me quedan verja o alambrada bloqueándome el paso, encrucijada de caminos a optar, a que me obligo. Emancipado estoy, pues me desligo de vínculos impuestos; cada entrada sin boleto será, cada escapada no encartará licencia ni castigo. Lo llaman libertad. Quien al lenguaje, trocándolo en desmadre, hiciera ultraje, peca de estupidez o de ceguera. Estoy abierto a ti, sin restricciones, como se abren ventanas y balcones cuando el aire de casa degenera.
Los Angeles, 9 de agosto de 2010

Poemas

Hugo Chávez
Errático Presidente de Venezuela
Hugo Chávez, Hugo Chávez, militar de tres al cuarto, con hambre de batallitas, e historia de amotinado; resucitando fantasmas que murieron del fracaso, te afilias a ideologías que la historia ha repudiado, y te envaneces de ser el hijo tonto de Castro. En su sepulcro de piedra Bolívar sufre el escarnio de que se acocie su nombre a planes descabellados. Hacia el mar, el Orinoco arrastra amargura y llanto, y hedor de derrota trepa por sabanas y poblados. Aló, señor Presidente, la voz de los paniaguados que resuena en tus oídos como estribillo cansado, no es la voz de Venezuela, sino la que has acallado, que el déspota no tolera disensión en su aledaño. Tu andamiaje de programas, como tú, se viene abajo. Vuelve a tu cuartel, sargento, generalito de barro, que no le cae bien el juego de gobernar a un payaso. “¿Por qué no te callas?”, alguien te enjaretó con enfado, al escuchar tus soflamas ataviadas en andrajos. “¿Por qué no te callas?”, dicen los otros venezolanos, los que piensan, los que saben, los que se han desvinculado de tu castillo de naipes, emperador proletario. Tiempo vendrá en que esta etapa de bolivarismo rancio, desaparezca en la sombra donde yacen los fracasos. La historia, balanza estricta, justamente ha reservado para tu gestión, no un libro, sino un asterisco amargo, única estrella otorgada a tu gris generalato.
Los Angeles, 4 de agosto de 2010
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Mi mágica montaña
Tantas veces, al roce de una sombra, pensaba haber nacido, y colmaba de abrazos los graneros de que el alma subsiste en su camino de peregrinación a la belleza; y tantas veces me engañé a mí mismo. Las siluetas, las sombras, que apenas tienen vida, son furtivos monteros al acecho de la pieza: Propósito, celada y beneficio. Cada vez que el fracaso me ilustraba, regresaba al olvido. Y aparecía otro perfil, su magia sólo dentro de mí, puro espejismo. Vivía en serranía de altibajos, cumbres, barrancos, crestas, precipicios, aleluyas y requiems, lágrimas, risas, en perenne círculo. Sin desmoralizarme las caídas en mi fantasmagórico alpinismo, volviendo una vez más, y otra más tarde, a la altura del sueño que, aunque efímero, me ejercitaba el alma para nuevos designios. Nunca era empresa de montaña media, siempre fue el Everest el objetivo; ese icono de cimas a que aspiramos todos, ese mito. Cuando uno lo contempla en lejanía, las otras cumbres, las que se han vivido a medio gas, de paso, pierden la relevancia que les dimos. Mi mágica montaña se abrió ante mí como se abriera un libro que nada me ocultara, haciendo todos sus misterios míos. Más que llegar yo a ella, ella me sobrevino; más que asaltar sus crestas y recodos, me los brindó espontánea, no en granito, mas en ríos de tacto, alma de selva, carnaval de humedades, y latidos, ascensión a la inversa, en que el escalador es ascendido. Ah, montaña hechizada, toda mía, mi Parnaso y mi Olimpo.
Los Angeles, 7 de agosto de 2010
Diseño: Carmen Álvarez
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