Cuando me vaya para siempre  

Cuando me vaya para siempre en tierra
con mis despojos tu pasión ferviente;
a mi recuerdo tu memoria cierra;
es ley común que a quien cubrió la tierra
el olvido lo cubra eternamente.
 
A nueva vida da pasión despierta
y sé dichosa; si un amor perdiste,
otro cariño tocará tu puerta...
¿por qué impedir que la esperanza muerta
resurja ufana para bien del triste?
 
Ya ves... todo renace...; hasta la pálida
tarde revive en la mañana hermosa;
vuelven las hojas a la rama escuálida,
y la cripta que forma la crisálida,
es cuna de pintada mariposa.
 
Tornan las flores al jardín ufano
que arropó con sus nieves el invierno;
hasta el polo disfruta del verano...
¿por qué nomás el corazón humano
ha de sufrir el desencanto eterno?
 
Ama de nuevo y sé feliz. Sofoca
hasta el perfume de mi amor, si existe;
¡solo te pido que no borres, loca,
al sellar otros labios con tu boca,
la huella de aquel beso que me diste!
 
 
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Inmortalidad
 
No, no fue tan efímera la historia
de nuestro amor entre los folios tersos
del libro virginal de tu memoria,
como pétalo azul está la gloria
doliente, noble y casta de mis versos.
 
¡No puedes olvidarme: te condeno
a un recuerdo tenaz! Mi amor ha sido
lo más alto en tu vida, lo más bueno;
y sólo entre los légamos y el cieno
surge el pálido loto de tu olvido.
 
Me verás dondequiera: en el incierto
anochecer, en la alborada rubia,
y cuando hagas labor en el desierto
corredor, mientras tiemblan en tu huerto
los monótonos hilos de la lluvia.
 
¡Y habrás de recordar! Esa es la herencia
que te da mi dolor, que nada ensalma.
¡Seré cumbre de luz en tu existencia,
y un reproche inefable en tu conciencia
y una estela inmortal dentro de tu alma!

 

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Los muertos

 

El paraíso existe; pero no es un lugar (cual la creencia común pretende) tras el hosco y triste bregar del mundo. El paraíso existe pero es sólo un estado de conciencia.
 
Los muertos no se van a parte alguna,
no emprenden al azul remotos viajes
ni anidan en los cándidos celajes
ni tiemblan en los rayos de la luna.
 
Son voluntades lúcidas, atentos
y alados pensamientos
que flotan en redor, como diluídos
en la sombra, son límpidos intentos
de servirnos en todos los momentos,
son amores custodios escondidos.
 
Son númenes propicios, que se escudan
en el arcano, mas que no se mudan
para nosotros; que obran en las cosas
por nuestro bien; son fuerzas misteriosas
que, si las invocamos, nos ayudan.
 
¡Feliz quien a su lado
tiene el alma de un muerto idolatrado
y en las angustias del camino siente
sutil, mansa, impalpable, la delicia
de su santa caricia
como un soplo de paz sobre la frente.  

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Seis meses


¡Seis meses ya de muerta! Y en vano he pretendido
un beso, una palabra, un hálito, un sonido...
y, a pesar de mi fe, cada día evidencio
que detrás de la tumba ya no hay más que silencio.
 
Si yo me hubiese muerto, ¡qué mar, qué cataclismos,
qué vórtices, qué nieblas. qué cimas ni qué abismos
burlaran mi deseo febril y omnipotente
de venir por las noches a besarte en la frente,
de bajar con la luz de un astro zahorí,
a decirte al oído: “No te olvides de mí”
 
Y tú, que me querías tal vez más que te amé,
callas inexorable, de suerte que no sé
sino dudar de todo, del alma, del destino,
¡y ponerme a llorar en medio del camino!
Pues con desolación infinita evidencio
que detrás de la tumba ya no hay más que silencio...

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Sólo tú  

Cuando lloro con todos los que lloran,
cuando ayudo a los tristes con su cruz,
cuando parto mi pan con los que imploran,
eres tú quien me inspira , sólo tú.
 
Cuando marcho sin brújula ni tino,
perdiendo de mis alas el albor
en unos barrizales del camino
soy yo culpable, solamente yo.
 
Cuando miro al que sufre como hermano;
cuando elevo mi espíritu al azul;
cuando me acuerdo de que soy cristiano,
eres tu quien me inspira, sólo tú.
 
Pobres a quienes haya socorrido,
almas oscuras a las que di luz;;
¡no me lo agradezcáis, que yo no he sido!
Fuiste tú, muerta mía, fuiste tú...  

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Los muertos mandan

“Los muertos mandan”. ¡si, tú mandas, vida mía!
Si ejecuto una acción digo: “Le gustaría?”
Hago tal o cual cosa, pensando: “¡Ella, lo hacía!”
 
Busco lo que buscabas, lo que dejabas dejo,
amo lo que tú amabas, copio como un espejo
tus costumbres, tus hábitos... ¡Soy nomás tu reflejo!

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