Poema escrito por:

Balada a la muerte

Cuando ya muerta mi ilusión postrera, 
en mi pecho le abrí su tumba helada, 
una noche llegó a mi cabecera 
la misteriosa y pálida enlutada. 
Mi corazón se estremeció al sentirla 
pero, aunque ella inclinándose muy quedo, 
“Soy la muerte”- me dijo. yo al oírla, 
ni tristeza sentí ni sentí miedo. 
“Yo soy tu último amor. Juro adorarte 
-dijo al besarme con un beso frío; 
tuya, tuya he de ser; no he de dejarte: 
quiero que seas para siempre mío.” 
Yo la quise estrechar contra mi pecho 
para gozar de sus caricias todas; 
pero ella dijo, huyendo de mi lecho: 
“Esperemos que pasen nuestras bodas.” 
Y las noches así fueron pasando 
y la fiebre agravando mi quimera, 
yo siempre preguntándole: “¿Hasta cuándo?” 
ella diciendo siempre: Espera... Espera...” 
Pero por fin cedió la calentura 
y una noche (mi alma acongojada 
no ha sentido jamás tanta amargura) 
ya no volvió la pálida enlutada. 
Y al mirar que la muerte no ha tornado 
al lecho en que la espero hora tras hora, 
pienso que, cual otra, me ha dejado, 
porque es también mujer ... y engañadora.

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