- REQUIEM POR BABILONIA
El legado ha
enmudecido
- Laura Malosetti Costa
-
- En
el suelo de Irak por todas partes podían verse pequeñas colinas de forma
característica —tells, los llaman desde tiempos inmemoriales— bajo
las cuales había yacimientos de vestigios, la mayoría aún sin excavar.
No sólo los iraquíes sino toda la comunidad de historiadores y
especialistas en arte antiguo del mundo lo saben "desde siempre".
Se calculaba en más de diez mil el número de sitios arqueólogicos irakíes
que albergaban piezas aún ignotas del gran rompecabezas de la historia
mesopotámica, las culturas sumeria, babilónica y asiria. Fue esa
civilización la que, hace más de seis mil años, fundó las primeras
ciudades, creó la primera escritura, dictó las primeras leyes y cantó
los primeros poemas de la Humanidad. ¿Cuántos de esos tells perduran?
Además de las tremendas pérdidas humanas, el daño infligido por la
guerra al patrimonio cultural e histórico de Irak es inmenso y los
historiadores del arte sabemos que es irreparable. De hecho, algunos arqueólo
gos no vacilan en comparar el despojo del legado iraquí con la destrucción
de fuentes motivada por la cuarta Cruzada en Constantinopla y la devastación
producida por los conquistadores en América.
Seguramente muchos evocarán, al ver los recientes saqueos a los museos
arqueológicos de Bagdad, Mosul y Tikrit, y al ver arder la Biblioteca
Nacional, el día de 2001 en que los talibán afganos demolieron ante las
cámaras del planeta las estatuas colosales de Buda en Bamiyán, el último
gran episodio de "furia iconoclasta fundamentalista". Por
entonces la Unesco, el Museo Metropolitano de Nueva York, otros grandes
museos y coleccionistas privados ofrecieron dinero y recursos técnicos
para retirar las estatuas y llevarlas a un museo seguro; pero la campaña
no conmovió el corazón de estos afganos, que con su furia actuaban una
performance vengativa incluso contra esas "buenas intenciones"
occidentales. Esta vez tampoco las innumerables alertas de la comunidad
internacional de arqueólogos, alzadas desde enero en Estados Unidos, logró
conmover al comando norteamericano. Claro que el saqueo de piezas arqueológicas
y obras de arte en Irak no es nada nuevo. La excavación ilícita, el
saqueo y el contrabando del patrimonio cultural y artístico de Medio
Oriente han venido ocurriendo desde el siglo XIX, y han nutrido cuantiosas
y excelentes colecciones de antigüedades mesopotámicas. El British
Museum y el Louvre parecen ejemplos elocuentes. El despojo de los tesoros
conservados en Irak durante milenios tuvo un incremento acelerado desde la
guerra del Golfo de 1991, y llegó hasta la demencia de los saqueos y
destrozos producidos en el Museo de Bagdad al cabo de la conquista
norteamericana hace exactamente una semana.
Ya en el año 2000 Zainab Bahrani, profesora de historia y arte antiguos
del Medio Oriente de la Universidad de Columbia, denunciaba "la
destrucción de la herencia cultural mesopotámica a través de las
sanciones de las Naciones Unidas". El flujo de artefactos fue
celebrado en las galerías y subastas de Nueva York y capitales europeas
en los años finales del siglo XX como "la edad de oro del arte babilónico".
Precios en alza y una enorme cantidad de piezas "nuevas" en el
mercado de antigüedades comenzaron a alertar a los arqueólogos poco
después de 1991. Algunas de esas piezas pasaron de las subastas a ciertos
museos de Occidente, aun cuando su origen a menudo fuera dudoso. Estas prácticas
se intensificaron de modo dramático a partir del embargo económico
dictado contra Irak, que redujo a la población a condiciones de
existencia insostenibles.
En febrero de 2003, poco antes del comienzo de esta guerra, asistí en
Nueva York a la la 91 Conferencia anual de CAA, College Art Association,
que nuclea a artistas profesionales e historiadores del arte en Estados
Unidos y una de las más importantes entidades especialzadas del mundo.
Además de pronunciarse contra la entonces inminente guerra contra Irak,
tal como lo había hecho casi medio millón de neoyorquinos en las calles
pocos días antes, la institución dio a conocer datos alarmantes sobre la
magnitud de la destrucción provocada por la guerra del Golfo y la
especulación que se produjo en el mercado de antigüedades babilónicas
en los años del embargo. Las denuncias, publicadas en The New York Times,
llevaban la firma de reconocidos especialistas como John M. Russell, del
Massachusetts College of Art, o McGuire Gibson, de la universidad de
Chicago, además de Bahrani.
"Antes del embargo económico —decía Bahrani—, Irak era uno de
los países de Medio Oriente que mejor preservaba su herencia cultural,
con un Departamento de Antigüedades ejemplar que había establecido un
sistema eficaz para protegerlo." De hecho, Irak suscribió en 1954 el
Convenio de La Haya para la Protección de la Propiedad Cultural en caso
de Conflictos Armados, convenio que hasta hoy EE.UU. y Gran Bretaña se
han negado a firmar.
El embargo creó en Irak una situación imposible de controlar: se
contrabandearon antigüedades a cambio de comida y bienes de primera
necesidad, y aquéllas llegaron rápidamente a las subastas y galerías
elegantes de Nueva York. Quien excava clandestinamente, saquea y roba
obras de arte y piezas arqueológicas comete un delito. Pero también son
delincuentes quienes están en la otra punta de la cadena del ilícito: el
mercado negro de antigüedades, dicen expertos como Elizabeth Stone, es el
tercero en volumen de negocios después del tráfico de armas y de droga.
Allí están los coleccionistas privados, para quienes, además de una
buena inversión, es un signo de distinción coleccionar y exhibir el botín
de los despojos. Pero también están allí y primero —pues educan con
su ejemplo— los grandes museos.
"En la elite intelectual existe un sentimiento generalizado —decía
Bahrani en febrero, cuando aún no habíamos visto lo peor— hacia los
grandes museos de Occidente: se los percibe como un ámbito estético
humanista y universal, desligado de la política. Sin embargo, gracias al
embargo económico contra Irak, algunos de los museos occidentales más
importantes incrementaron su acervo de antigüedades mesopotámicas
abriendo el camino a los coleccionistas privados. Desde el momento en que
las actitudes hacia la herencia cultural están también apoyadas por prácticas
museográficas y escrituras académicas, es nuestra responsabilidad como
intelectuales intervenir en esta horrenda destrucción de la historia."
El saqueo de sitios arqueológicos destruye la herencia cultural no sólo
en el sentido de su propiedad. Cuando se sustrae un objeto (estatuilla,
vasija o tableta de escritura) de su contexto, se transforma en un adorno
mudo. El saqueo daña de modo irrecuperable la memoria histórica que esos
objetos portan en sus coordenadas de espacio-tiempo y en relación con
otros objetos y testimonios; gracias a ellos se escribe y transmite la
historia.
"En los levantamientos que siguieron a la guerra del Golfo de 1991
— sostiene el documento del CAA—, nueve museos regionales fueron
saqueados. Durante los últimos trece años de sanciones muchos sitios han
sido robados —incluyendo la antigua Nínive y Nimrud— y decenas de
miles de obras de arte irreemplazables han desaparecido. Algunas de ellas
han venido apareciendo en los mercados comerciales de antigüedades de
Europa y los Estados Unidos desde entonces."
Es difícil resumir los miles de años de historia de esos lugares donde
durante tres semanas aviones de la coalición arrojaron una "lluvia
de bombas" para destruir un supuesto arsenal peligrosísimo que no
apareció. Seguramente algunos de los nombres de las antiguas ciudades
—Ur, Uruk, Nippur, Lagash, Nínive— evocarán en muchos las clases de
historia, o incluso los viejos cómics de la editorial Columba.
En el territorio de la Irak actual floreció hace más de seis mil años
la primera civilización urbana de que tenemos noticia: la sumeria. Desde
entonces esa zona llamada Mesopotamia, entre los valles de los ríos
Tigris y Eufrates y la medialuna fértil sobre el Golfo Pérsico, estuvo
habitada siempre por sucesivas culturas y civilizaciones que dejaron sus
testimonios en tabletas de arcilla, estelas, relieves, monumentos,
palacios y templos. En la Mesopotamia se inventó la primera forma de
escritura —cuneiforme—. Fue esa civilización la que dividió el día
en 24 horas, inventó la contabilidad y el primer código de leyes
conocido (el de Hammurabi). Allí se inventaron el vidrio, los ladrillos y
el zodíaco y se construyeron los primeros templos como torres escalonadas
(ziggurats). De hecho, la Torre de Babel que menciona la Biblia ha sido
identificada como el ziggurat de Marduk, en Babilonia. A seis kilómetros
de esa ciudad (que fue la capital de Hammurabi 1.750 años a.C.), Estados
Unidos ubicaba como objetivo militar un arsenal químico de Saddam.
En la antiquísima ciudad de Ur (fundada unos 4.000 años a.C., se la
considera la más antigua del mundo, junto con Uruk) nació el profeta
Abraham. Ur fue bombardeada en 1991 y su ziggurat dañado gravemente:
cuatro enormes cráteres de bombas en el piso y unos 400 agujeros de balas
en sus paredes. En Mosul (que sufrió un bombardeo masivo en 1991), el
Museo arqueológico albergaba una importante colección de esculturas
asirias e islámicas, tabletas de arcilla y estelas con inscripciones. Se
pudo ver su saqueo en vivo y en directo. En la ciudad había además
importantes mezquitas e iglesias cristianas, escuelas y monasterios. Muy
cerca de allí se levantan los palacios de Nínive y Nimrud, capitales del
imperio asirio, fundadas hace tres mil años. El gran rey asirio
Assurnasirpal II hizo relatar sus hazañas militares en relieves que se
desplegaban en las paredes de su palacio en Nimrud. Esas paredes fueron dañadas
por las bombas durante la guerra del Golfo en 1991, al igual que el
palacio de Senaquerib en Nínive.
Hace varios años ya que la World Monuments Fund, entidad que protege a
los principales monumentos de la humanidad, ubicó varios sitios arqueológicos
iraquíes en peligro. Señaló sobre todo los palacios de Nínive y Nimrud,
con valiosos frisos datados en el siglo XVII a.C. que narran las campañas
militares de los asirios. "Hace algunos años estos frisos empezaron
a aparecer en venta en subastas europeas y tenemos información de que se
trata de saqueos —comentó ante nuestra consulta Bonnie Burnham,
presidente de esta Fundación—. Muchos de los objetos de estos palacios
estaban en el Museo de Mosul, que también fue saqueado." Además de
estos dos palacios, Burnham identifica otro sitio prioritario para el
rescate: la antigua ciudadela de Erbil, habitada desde hace 8.000 años y
un monumento urbano sin igual en el mundo. "Es increíble que el régimen
de Saddam no los haya puesto a resguardo, ya que sobró tiempo para
hacerlo. Pero también sorprende muchísimo que el comando de la coalición
occidental se preocupó de que no fueran dañados por misiles, pero no tomó
ningún recaudo frente a los saqueos. Sorprende que no haya existido un
claro enfoque cultural en esta campaña militar, porque al igual que el
petróleo, el patrimonio cultural es una de las principales riquezas de la
región."
La CNN difundió las imágenes de la "última gran batalla"
entre los invasores y la resistencia iraquí en la Universidad de Bagdad.
Se pudo ver a los soldados norteamericanos disparando balas, cañones y
bombas contra las paredes de un edificio moderno: fue diseñado por el
alemán Walter Gropius. El complejo deportivo de Bagdad fue diseñado por
Le Corbusier en los años 50. La ciudad fue fundada por el califa Al
Mansur en el año 762. La universidad de Mustansyria, fundada en el siglo
XIII, es de las más antiguas del mundo. Además de mezquitas y templos,
palacios, mausoleos, Bagdad poseía una biblioteca con miles de
manuscritos medioevales.
Entre los tesoros del Museo Nacional de Badgad estaba la colección de
antigüedades mesopotámicas más importante del mundo. Entre ellas, miles
de tabletas de arcilla con escritura cuneiforme, muchas aun no descifradas.
Durante los bombardeos de 1991 sus curadores iraquíes pusieron en riesgo
sus vidas durmiendo en el museo para protegerlo de las bombas. Hoy la
pregunta es dónde están.
Mencionamos los Budas dinamitados de Bamiyán. Hoy otro fundamentalismo,
el de un jefe de estado que dice tener a Dios de su parte, no sólo
destruyó una cantidad aún no estimada de vidas humanas. Otros muchos
hombres y mujeres del pasado, que habían dejado el secreto de sus
acciones escrito, tallado en el barro y las piedras de Irak, han sido
condenados a una segunda y definitiva muerte con la destrucción de esos
tesoros arqueológicos. Aunque pueda parecer insignificante, cada tableta
de arcilla destruida es una voz acallada para la historia de la Humanidad.
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