por el Museo Nacional de Irak

de

    

(Para información sobre el autor, click en su nombre)    

 

Mushin Hasan, Director del Museo.

Hoy todos somos huérfanos, perdida
la tradición de la familia humana.
Nos han arrebatado media vida;
ya casi no hay ayer, sólo mañana.
¡Cómo me sangra el alma de esta herida!



El territorio iraquí contiene los restos arqueológicos más importantes de la historia de la Humanidad, extendiéndose hacia atrás por miles de años.
Las primeras ciudades, la invención de la agricultura y la escritura, los imperios de Asiria, Babilonia y Nínive..., toda esa riqueza cultural representada brillantemente en el Museo Nacional de Bagdad, ha desaparecido en tres días de saqueo.
Más de 170.000 piezas de Arte e Historia han se han evaporado o han sido destruídas.
Ese no es el patrimonio cultural exclusivo de Irak, sino nuestro, de toda la Humanidad. Y quienes no hicieron nada por evitarlo merecen su nombre escrito en el libro de la Historia junto al del Califa Omar que incendió la Biblioteca de Alejandría en el año 641. Sus 300.000 volúmenes, que contenían toda la creación intelectual de la Antigüedad, convertidos en cenizas.

 

 
Han llegado los bárbaros, la progenie de Atila,
Vándalos de la estepa, nietos de Gengis Khan,
y el autoproclamado gendarme no vigila
sino el botín de guerra, su primordial afán.
 
Vagan sin rumbo fijo por el museo en ruinas
las sombras de Hamurabi, Senaquerib, Sargón,
los sueños milenarios rotos por las esquinas,
tan culpable el gendarme como el propio ladrón.
 
Reinas de Babilonia lamentan en pedazos
destructivo pillaje de joyas de oro y plata,
las caricias de antaño se han vuelto martillazos,
y el suspiro en amargo sollozo se desata.
 
No ha perdido Semíramis los jardines colgantes,
talados por la furia del tiempo destructor;
llora un fin de milenios en sólo unos instantes,
y arde en cólera viva Nabucodonosor.
 
Nos han arrebatado parte de nuestra herencia,
ladrones y gendarme culpables por igual;
ellos por ignorancia, y éste por negligencia;
siempre pierde el espíritu con cada arco triunfal.
 
Allí empezó la historia, brotó la agricultura,
se crearon las leyes, la contabilidad,
nacieron las ciudades, se inventó la escritura,
y el moderno salvaje, ¿qué deja en realidad?
 
El moderno salvaje, que sólo se arrodilla
en templos de codicia que su idiotez alzó,
rompe las mismas piedras, las tabletas de arcilla,
las ánforas de loza, que el tiempo respetó.
 
No sólo es ignorante quien destruye la hacienda
y huye con los fragmentos de su rapacidad;
es ignorante inútil quien percibe y no enmienda,
embozado en el manto de su pasividad.
 
Ah, Babilonia, Nínive, Nimrud, Ur de Caldea,
que fuisteis, y aún vivíais en reliquias de historia;
las ruinas de las ruinas es lo que hoy nos rodea,
pero seguís intactas dentro de la memoria.
 
A los nuevos mongoles, vergüenza y menosprecio,
implacable linaje de puños sin cabeza;
nunca se van del todo, nunca se muere el necio,
y una vez más la historia continúa y empieza.
 

Los Angeles, 18 de abril de 2003

 

Asurbanipal en su carro

 

Deportación de los vencidos.

 

Sargón II

 

Toro alado

  León de Babilonia

Máscara de gobernante, de hace 4300 años.

El ataque del león

Máscara de mujer (VIII siglo a.d.J.C.)

 

Extracto de un artículo de Meghan O'Rourke, en el periódico inglés "The Guardian", del 17 de abril del 2003

Los Estados Unidos podían muy fácilmente haber hecho mucho más para evitar o detener el saqueo. El saqueo empezó el viernes, y continuó, según la BBC, durante tres días, al fin de los cuales todavía no había protección fuera del edificio.

Numerosos periódicos citan a ciudadanos iraquíes que vieron las patrullas de soldados americanos contemplar  impasiblemente cómo los saqueadores se llevaban carros llenos de ánforas, joyería, cerámicas, y otras cosas. "The Guardian" informaba el lunes que los jefes militares americanos habían rechazado una nueva petición desesperada de ayuda de oficiales del Museo de Irak. Y los incendios de la Biblioteca Nacional y del Ministerio de Asuntos Religiosos tuvo lugar dos días completos después de que empezara el saqueo del Museo.  Los americanos deberían haber protegido los museos, tal como pusieron patrullas del ejército a la puerta del Ministerio Nacional del Petróleo. 

La inacción de los militares no parece haber sido un asunto de escoger entre proteger a los ciudadanos y proteger las joyas de oro. El diario "Chicago Tribune" informó que los militares americanos habían asignado varios soldados para destruir a martillazos un mural insultante del ex presidente americano George Bush en el suelo de Hotel Al Rashid, mientras se despreocupaban de la protección del museo y la biblioteca que estaban siendo saqueados.

Nueve arqueólogos británicos sugirieron que despreocupándose del saqueo, la Administración de Bush estaba capitulando ante la presión de los coleccionistas privados que exigen que se permita el tráfico de tesoros nacionales en el mercado internacional. Otros han sugerido que la Administración quiere dar al mundo la impresión del peso simbólico de la destrucción del régimen de Saddam.

Sólo dos piezas de arte de las miles que fueron robadas tras la primera guerra del Golfo has sido recuperadas, ha declarado McGuire Gibson, catedrático de arqueología de Mesopotamia en la Universidad de Chicago.

 

 
CARLOS SECO SERRANO
de la Real Academia de la Historia
ABC, 24 de abril de 2003

 

Por desgracia, el mando norteamericano coronó su obra con una asombrosa dejación de autoridad ante los desórdenes anárquicos que acompañaron a la caída del régimen: un alarde de impasibilidad inconcebible, que propició, entre otros desastres, la destrucción de uno de los más importantes museos arqueológicos del mundo -el que conservaba la huella y el testimonio de los orígenes de nuestra cultura-, y, con él, el de una excepcional Biblioteca arrasada por los nuevos vándalos del siglo XXI. Será difícil perdonar al presidente Bush II su indiferencia ante lo que más hubiera debido preocuparle en el momento de la «victoria»: esto es, la salvación, con la misma diligencia que se aplicó a la de los pozos petrolíferos, de un patrimonio multisecular de historia y arte; patrimonio no sólo del pueblo iraquí, sino de la humanidad entera -incluyendo, por supuesto, el retoño trasatlántico de nuestro Viejo Mundo-. Con sobrada razón pudo decir Darío Valcárcel en un excelente artículo publicado días atrás en la Tercera de ABC, que «desde Franklin Roosevelt acá, todos los presidentes americanos han sido hombres excepcionalmente inteligentes, todos salvo el prudente Gerald Ford. George W. Bush no es inteligente ni prudente...» y «una sociedad planetaria, con fuerza nuclear y globalización, no permite esa clase de disfunciones».

 

 

REQUIEM POR BABILONIA
El legado ha enmudecido 
Laura Malosetti Costa
 
En el suelo de Irak por todas partes podían verse pequeñas colinas de forma característica —tells, los llaman desde tiempos inmemoriales— bajo las cuales había yacimientos de vestigios, la mayoría aún sin excavar. No sólo los iraquíes sino toda la comunidad de historiadores y especialistas en arte antiguo del mundo lo saben "desde siempre". Se calculaba en más de diez mil el número de sitios arqueólogicos irakíes que albergaban piezas aún ignotas del gran rompecabezas de la historia mesopotámica, las culturas sumeria, babilónica y asiria. Fue esa civilización la que, hace más de seis mil años, fundó las primeras ciudades, creó la primera escritura, dictó las primeras leyes y cantó los primeros poemas de la Humanidad. ¿Cuántos de esos tells perduran? Además de las tremendas pérdidas humanas, el daño infligido por la guerra al patrimonio cultural e histórico de Irak es inmenso y los historiadores del arte sabemos que es irreparable. De hecho, algunos arqueólo gos no vacilan en comparar el despojo del legado iraquí con la destrucción de fuentes motivada por la cuarta Cruzada en Constantinopla y la devastación producida por los conquistadores en América.

Seguramente muchos evocarán, al ver los recientes saqueos a los museos arqueológicos de Bagdad, Mosul y Tikrit, y al ver arder la Biblioteca Nacional, el día de 2001 en que los talibán afganos demolieron ante las cámaras del planeta las estatuas colosales de Buda en Bamiyán, el último gran episodio de "furia iconoclasta fundamentalista". Por entonces la Unesco, el Museo Metropolitano de Nueva York, otros grandes museos y coleccionistas privados ofrecieron dinero y recursos técnicos para retirar las estatuas y llevarlas a un museo seguro; pero la campaña no conmovió el corazón de estos afganos, que con su furia actuaban una performance vengativa incluso contra esas "buenas intenciones" occidentales. Esta vez tampoco las innumerables alertas de la comunidad internacional de arqueólogos, alzadas desde enero en Estados Unidos, logró conmover al comando norteamericano. Claro que el saqueo de piezas arqueológicas y obras de arte en Irak no es nada nuevo. La excavación ilícita, el saqueo y el contrabando del patrimonio cultural y artístico de Medio Oriente han venido ocurriendo desde el siglo XIX, y han nutrido cuantiosas y excelentes colecciones de antigüedades mesopotámicas. El British Museum y el Louvre parecen ejemplos elocuentes. El despojo de los tesoros conservados en Irak durante milenios tuvo un incremento acelerado desde la guerra del Golfo de 1991, y llegó hasta la demencia de los saqueos y destrozos producidos en el Museo de Bagdad al cabo de la conquista norteamericana hace exactamente una semana.

Ya en el año 2000 Zainab Bahrani, profesora de historia y arte antiguos del Medio Oriente de la Universidad de Columbia, denunciaba "la destrucción de la herencia cultural mesopotámica a través de las sanciones de las Naciones Unidas". El flujo de artefactos fue celebrado en las galerías y subastas de Nueva York y capitales europeas en los años finales del siglo XX como "la edad de oro del arte babilónico". Precios en alza y una enorme cantidad de piezas "nuevas" en el mercado de antigüedades comenzaron a alertar a los arqueólogos poco después de 1991. Algunas de esas piezas pasaron de las subastas a ciertos museos de Occidente, aun cuando su origen a menudo fuera dudoso. Estas prácticas se intensificaron de modo dramático a partir del embargo económico dictado contra Irak, que redujo a la población a condiciones de existencia insostenibles.

En febrero de 2003, poco antes del comienzo de esta guerra, asistí en Nueva York a la la 91 Conferencia anual de CAA, College Art Association, que nuclea a artistas profesionales e historiadores del arte en Estados Unidos y una de las más importantes entidades especialzadas del mundo. Además de pronunciarse contra la entonces inminente guerra contra Irak, tal como lo había hecho casi medio millón de neoyorquinos en las calles pocos días antes, la institución dio a conocer datos alarmantes sobre la magnitud de la destrucción provocada por la guerra del Golfo y la especulación que se produjo en el mercado de antigüedades babilónicas en los años del embargo. Las denuncias, publicadas en The New York Times, llevaban la firma de reconocidos especialistas como John M. Russell, del Massachusetts College of Art, o McGuire Gibson, de la universidad de Chicago, además de Bahrani.

"Antes del embargo económico —decía Bahrani—, Irak era uno de los países de Medio Oriente que mejor preservaba su herencia cultural, con un Departamento de Antigüedades ejemplar que había establecido un sistema eficaz para protegerlo." De hecho, Irak suscribió en 1954 el Convenio de La Haya para la Protección de la Propiedad Cultural en caso de Conflictos Armados, convenio que hasta hoy EE.UU. y Gran Bretaña se han negado a firmar.

El embargo creó en Irak una situación imposible de controlar: se contrabandearon antigüedades a cambio de comida y bienes de primera necesidad, y aquéllas llegaron rápidamente a las subastas y galerías elegantes de Nueva York. Quien excava clandestinamente, saquea y roba obras de arte y piezas arqueológicas comete un delito. Pero también son delincuentes quienes están en la otra punta de la cadena del ilícito: el mercado negro de antigüedades, dicen expertos como Elizabeth Stone, es el tercero en volumen de negocios después del tráfico de armas y de droga. Allí están los coleccionistas privados, para quienes, además de una buena inversión, es un signo de distinción coleccionar y exhibir el botín de los despojos. Pero también están allí y primero —pues educan con su ejemplo— los grandes museos.

"En la elite intelectual existe un sentimiento generalizado —decía Bahrani en febrero, cuando aún no habíamos visto lo peor— hacia los grandes museos de Occidente: se los percibe como un ámbito estético humanista y universal, desligado de la política. Sin embargo, gracias al embargo económico contra Irak, algunos de los museos occidentales más importantes incrementaron su acervo de antigüedades mesopotámicas abriendo el camino a los coleccionistas privados. Desde el momento en que las actitudes hacia la herencia cultural están también apoyadas por prácticas museográficas y escrituras académicas, es nuestra responsabilidad como intelectuales intervenir en esta horrenda destrucción de la historia."

El saqueo de sitios arqueológicos destruye la herencia cultural no sólo en el sentido de su propiedad. Cuando se sustrae un objeto (estatuilla, vasija o tableta de escritura) de su contexto, se transforma en un adorno mudo. El saqueo daña de modo irrecuperable la memoria histórica que esos objetos portan en sus coordenadas de espacio-tiempo y en relación con otros objetos y testimonios; gracias a ellos se escribe y transmite la historia.

"En los levantamientos que siguieron a la guerra del Golfo de 1991 — sostiene el documento del CAA—, nueve museos regionales fueron saqueados. Durante los últimos trece años de sanciones muchos sitios han sido robados —incluyendo la antigua Nínive y Nimrud— y decenas de miles de obras de arte irreemplazables han desaparecido. Algunas de ellas han venido apareciendo en los mercados comerciales de antigüedades de Europa y los Estados Unidos desde entonces."

Es difícil resumir los miles de años de historia de esos lugares donde durante tres semanas aviones de la coalición arrojaron una "lluvia de bombas" para destruir un supuesto arsenal peligrosísimo que no apareció. Seguramente algunos de los nombres de las antiguas ciudades —Ur, Uruk, Nippur, Lagash, Nínive— evocarán en muchos las clases de historia, o incluso los viejos cómics de la editorial Columba.

En el territorio de la Irak actual floreció hace más de seis mil años la primera civilización urbana de que tenemos noticia: la sumeria. Desde entonces esa zona llamada Mesopotamia, entre los valles de los ríos Tigris y Eufrates y la medialuna fértil sobre el Golfo Pérsico, estuvo habitada siempre por sucesivas culturas y civilizaciones que dejaron sus testimonios en tabletas de arcilla, estelas, relieves, monumentos, palacios y templos. En la Mesopotamia se inventó la primera forma de escritura —cuneiforme—. Fue esa civilización la que dividió el día en 24 horas, inventó la contabilidad y el primer código de leyes conocido (el de Hammurabi). Allí se inventaron el vidrio, los ladrillos y el zodíaco y se construyeron los primeros templos como torres escalonadas (ziggurats). De hecho, la Torre de Babel que menciona la Biblia ha sido identificada como el ziggurat de Marduk, en Babilonia. A seis kilómetros de esa ciudad (que fue la capital de Hammurabi 1.750 años a.C.), Estados Unidos ubicaba como objetivo militar un arsenal químico de Saddam.

En la antiquísima ciudad de Ur (fundada unos 4.000 años a.C., se la considera la más antigua del mundo, junto con Uruk) nació el profeta Abraham. Ur fue bombardeada en 1991 y su ziggurat dañado gravemente: cuatro enormes cráteres de bombas en el piso y unos 400 agujeros de balas en sus paredes. En Mosul (que sufrió un bombardeo masivo en 1991), el Museo arqueológico albergaba una importante colección de esculturas asirias e islámicas, tabletas de arcilla y estelas con inscripciones. Se pudo ver su saqueo en vivo y en directo. En la ciudad había además importantes mezquitas e iglesias cristianas, escuelas y monasterios. Muy cerca de allí se levantan los palacios de Nínive y Nimrud, capitales del imperio asirio, fundadas hace tres mil años. El gran rey asirio Assurnasirpal II hizo relatar sus hazañas militares en relieves que se desplegaban en las paredes de su palacio en Nimrud. Esas paredes fueron dañadas por las bombas durante la guerra del Golfo en 1991, al igual que el palacio de Senaquerib en Nínive.

Hace varios años ya que la World Monuments Fund, entidad que protege a los principales monumentos de la humanidad, ubicó varios sitios arqueológicos iraquíes en peligro. Señaló sobre todo los palacios de Nínive y Nimrud, con valiosos frisos datados en el siglo XVII a.C. que narran las campañas militares de los asirios. "Hace algunos años estos frisos empezaron a aparecer en venta en subastas europeas y tenemos información de que se trata de saqueos —comentó ante nuestra consulta Bonnie Burnham, presidente de esta Fundación—. Muchos de los objetos de estos palacios estaban en el Museo de Mosul, que también fue saqueado." Además de estos dos palacios, Burnham identifica otro sitio prioritario para el rescate: la antigua ciudadela de Erbil, habitada desde hace 8.000 años y un monumento urbano sin igual en el mundo. "Es increíble que el régimen de Saddam no los haya puesto a resguardo, ya que sobró tiempo para hacerlo. Pero también sorprende muchísimo que el comando de la coalición occidental se preocupó de que no fueran dañados por misiles, pero no tomó ningún recaudo frente a los saqueos. Sorprende que no haya existido un claro enfoque cultural en esta campaña militar, porque al igual que el petróleo, el patrimonio cultural es una de las principales riquezas de la región."

La CNN difundió las imágenes de la "última gran batalla" entre los invasores y la resistencia iraquí en la Universidad de Bagdad. Se pudo ver a los soldados norteamericanos disparando balas, cañones y bombas contra las paredes de un edificio moderno: fue diseñado por el alemán Walter Gropius. El complejo deportivo de Bagdad fue diseñado por Le Corbusier en los años 50. La ciudad fue fundada por el califa Al Mansur en el año 762. La universidad de Mustansyria, fundada en el siglo XIII, es de las más antiguas del mundo. Además de mezquitas y templos, palacios, mausoleos, Bagdad poseía una biblioteca con miles de manuscritos medioevales.

Entre los tesoros del Museo Nacional de Badgad estaba la colección de antigüedades mesopotámicas más importante del mundo. Entre ellas, miles de tabletas de arcilla con escritura cuneiforme, muchas aun no descifradas. Durante los bombardeos de 1991 sus curadores iraquíes pusieron en riesgo sus vidas durmiendo en el museo para protegerlo de las bombas. Hoy la pregunta es dónde están.

Mencionamos los Budas dinamitados de Bamiyán. Hoy otro fundamentalismo, el de un jefe de estado que dice tener a Dios de su parte, no sólo destruyó una cantidad aún no estimada de vidas humanas. Otros muchos hombres y mujeres del pasado, que habían dejado el secreto de sus acciones escrito, tallado en el barro y las piedras de Irak, han sido condenados a una segunda y definitiva muerte con la destrucción de esos tesoros arqueológicos. Aunque pueda parecer insignificante, cada tableta de arcilla destruida es una voz acallada para la historia de la Humanidad.
 

Tableta de escritura asiria

     Babilonia

Arpista, segundo milenio a.d.J.C

Hammurabi’s Law:
http://es.wikipedia.org/wiki/C%C3%B3digo_de_Hammurabi
 
Código de Hamurabi:
http://www.revistamedica.8m.com/histomed02.htm
http://clio.rediris.es/fichas/hammurabi.htm
http://www.admon.8m.com/html/historia.htm
 
Jardines colgantes de Babilonia:
http://es.wikipedia.org/wiki/Jardines_Colgantes_de_Babilonia
 
Imperio Asirio:
http://www.artehistoria.com/historia/contextos/224.htm
 
Imperio Neoasirio:
http://www.artehistoria.com/historia/contextos/223.htm
 
Biografías:
 
Asurbanipal (siglo VII a.d. J.C.):
Biografía
 
Hammurabi (siglo XVIII a.d.J.C.):
http://www.artehistoria.com/historia/personajes/4062.htm
 
Nabucodonosor (siglo VII a.d J.C.):
http://www.artehistoria.com/historia/personajes/4124.htm
 
Sargón II (siglo VIII a.d.J.C.):
http://www.artehistoria.com/historia/personajes/4048.htm
http://www.artehistoria.com/historia/contextos/206.htm
 
Senaquerib (siglo VIII a.d.J.C.):
http://www.artehistoria.com/historia/personajes/4119.htm
 
Tiglatpileser III (siglo VIII a.d.J.C):
http://www.artehistoria.com/historia/personajes/4116.htm


 

frankalva@earthlink.net



 

 

Francisco, el autor

Índice de Poesía del momento

Diario sentimental:
Poemas románticos reflejando el intinerario emocional de un amante y las vicisitudes de las relaciones a distancia.

Edición quincenal, con un centenar de números publicados, todos con poemas exclusivamente de Francisco Alvarez Hidalgo.

Índice de Postales Poéticas

Sobre poemas del autor, con música de fondo; dispuestas a ser enviadas a quien desees. Con ese mensaje que tal vez no te has atrevido a expresar, o no has sabido hacerlo. O simplemente porque te gusta el detalle.

Consta de más de 160 postales, todas con poemas originales de Francisco Alvarez Hidalgo.

Luminarias

Serie en dos secciones: Una sobre autores literarios, y otra sobre mitos universales. Cada página arranca de un soneto de Francisco Alvarez Hidalgo, y continúa con la biografía del autor o la narrativa del mito. Contienen enlaces a páginas de asuntos relacionados.

Consta por el momento de 63 páginas sobre otros tantos autores y mitos.

Pálida muerte

Poemas, en su mayoría, de Francisco Alvarez Hidalgo, sobre la pérdida de seres queridos, ya entre la familia o de las propias mascotas.
Esta serie consta de unas cincuenta páginas.

El Cerco de Zamora

Romancero sobre la épica castellana del siglo XI.
Aunque la pieza central es el romance ganador del Concurso Internacional Bellido Dolfos, titulado "La Asamblea de los muertos", de Francisco Alvarez Hidalgo, recoge también romances de otros
concursantes, romances viejos, fragmentos de Crónicas medievales, breves biografías de los principales personajes, etc.

Poesía erótica

Antología de la poesía sensual. Incluye poemas de autores consagrados.

En la actualidad, son unas 30 páginas/postales.

Antología de Sonetos

En ésta serie, como en la anterior, se da cabida a otros poetas consagrados por el tiempo. 

Cuenta en la actualidad con cien sonetos en cien páginas, con su propia cajita de envío.

Hispánica

Esta serie de páginas, unas cincuenta aproximadamente, ha sido enteramente remodelada, ampliada, y mejorada en diciembre del 2002.
Como el subtítulo indica, 'Hombres y asuntos de España', se trata de
personajes de la Historia de España, recogiendo cerca de un millar de biografías y con introducciones a diversos períodos.