310 – Simbiosis
Tú no eres tú, pues ya eres sólo
mía,
y yo ya no soy yo, de tí impregnado;
éramos dos, pero hemos superado
la individualidad que dividía.
Llegaste a mí en discreta melodía
de imperceptible ritmo delicado,
y a la vez en tumulto alborotado:
En sumisión y abierta rebeldía.
Y me hallaste sereno, y excitable,
como tú suave, como tú implacable,
y en mí incrustada se quedó tu
vida.
Ya somos unidad indivisible,
ambos la misma risa irresistible,
ambos sangrando por la misma herida.
Los Angeles, 10 de enero de 2000
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(Comentario)
311 - Nada
cambia
Si renovar la vida yo pudiera,
si emprendiera de nuevo mi camino,
tal vez sería el mismo peregrino
que idénticos errores cometiera.
Dispuesto a suprimir cada frontera,
perseguidor de todo desatino,
quizá me viera apático y cansino
levantando en mi entorno otra barrera.
Que así es la raza humana, inquisitiva
y emprendedora un día, otro pasiva,
innovadora ayer, hoy rutinaria;
en avance constante, tropezando
siempre en la misma piedra, y alegando
que la fortuna le ha sido adversaria.
Los Angeles, 12 de enero de 2000
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(Comentario)
312 -
Total abrazo
Te pienso como espacio circundante,
mi dimensión, mi límite, mi encierro,
a cuyo ámbito ardiente me destierro,
de naves de alto bordo ex navegante.
Ignoro el vocerío discordante
y a tu quietud sentimental me aferro,
que lima la aspereza de mi hierro,
por ella más bruñido y más
vibrante.
Me veo ya estrechado en el abrazo
perenne de tu cósmico regazo,
y en sus rayos de luz he de quedar.
Inmerso en ti, sin sombras, sin recelos,
cuerpos y almas en cauces paralelos
que desembocan en el mismo mar.
Los Angeles, 13 de enero de 2000
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(Comentario)
313 - Reciprocidad
Libres tus manos a mis manos guíen,
si en tus íntimas zonas titubean;
pues quienes tus regiones merodean,
tal vez ineptamente se desvíen.
Los ojos a los ojos desafíen
y en indudable transparencia lean
cuanto ambas partes piensan y desean,
mientras los labios besan y sonríen.
Y los temblores de la piel unida
a la otra piel vibrante, estremecida,
desencadenarán tal paroxismo,
que nublando el reflejo de la mente,
parecerá flotar seminconsciente
en la marea azul del erotismo.
Los Angeles, 13 de enero de 2000
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(Comentario)
314 - El
eco de su voz
Me declaró su amor, sin esculpirlo
en lápida de mármol perdurable;
y su voz, inocente y entrañable,
se evaporó al momento de decirlo.
El aire recogió el eco al oírlo,
repitiéndolo en ciclo interminable,
pero el final llegaba inevitable,
y un día terminó de repetirlo.
Quedé a la escucha, como quien espera
que la brisa de nuevo devolviera
el melódico tono de su voz.
Vino la noche, sucedió la aurora,
y la brisa llegó acariciadora…
y se alejó de mí, muda y veloz.
Los Angeles, 14 de enero de 2000
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(Comentario)
315 - Tus
manos
Ah, las manos, tus manos, cómo extraño
la suavidad, la firme contextura,
su roce de caderas y cintura,
y los sondeos íntimos del baño.
Intento duplicar cada peldaño
trepando palmo a palmo mi estatura,
y al ver que no eres tú quien lo procura
me siento causa de mi propio engaño.
Vuelvan tus manos, ráfagas febriles,
a alborotar mis senos juveniles,
a suscitar sobre mi piel temblores.
Toca, acaricia, explora, roza, exprime,
que el cuerpo clama cuando el alma gime,
y mis gemidos son desgarradores.
Los Angeles, 14 de enero de 2000
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(Comentario)
Celos
Surgiendo de entre las sombras,
torvos fantasmas oscuros,
me persiguen, me rodean,
en el silencio nocturno.
Ni sé de dónde proceden
ni identifico a ninguno;
pero todos me confrontan
alzando voces y puños,
siendo enemigo de nadie,
y amante tan sólo tuyo.
Su proximidad me agobia,
y me aturden con insultos.
Gritan que ya no eres mía,
que ha pasado ya mi turno,
que el fuego que en tí encendí
languidece hoy moribundo.
Me encuentro de tí excluído,
perdido sin tí, desnudo,
al alzar entre nosotros
la inseguridad un muro.
Ya no tengo la energía
para demolerlo, y sufro
sabiéndote al otro lado,
sin poder sentir tu pulso.
Alza tu voz y tu vuelo
como una columna de humo,
y desciende como el ángel
del exterminio a mi mundo,
y aniquila estos espectros
silenciando su tumulto.
Y sigue siendo mi amante,
como soy yo amante tuyo.
Los Angeles, 15 de enero de 2000
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(Comentario)
304 – Año
nuevo
Al fin sonaron doce en la campana,
y abrióse entre los dos años el
puente;
miré a ambos lados: Nada diferente,
ver ayer es ver hoy y es ver mañana.
Nada cambia en la vida cotidiana,
agua que arrastra el río en su corriente,
ya con murmullo claro y sonriente,
o con las lágrimas que el duelo hilvana.
Y así vamos al mar, con paso lento,
retardando en meandros el momento
de nuestra propia desembocadura.
O quizá en rapidez de torrentera,
indiferentes a cada ribera
que al pasar nos ofrece su hermosura.
Los Angeles, 2 de enero de 2000
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(Comentario)
305 - Divergencias
Estoy despedazado por las quejas
que a diario taladran mis oídos;
no descienden mis párpados dormidos,
quieren cerrarse, pero no los dejas.
Aunque en mis ojos ya no te reflejas,
y he perdido el pulsar de tus latidos,
los reproches aún dejan ateridos
los ángulos del alma, ahora entre rejas.
Porque soy de mí mismo prisionero,
que hace tiempo te amé, y aún hoy
te quiero,
sin la furia de entonces, de algún modo.
Este lazo tan débil que aún nos
liga
en lugar de acercarnos, sólo obliga,
y si se rompe un día, hundirá todo.
Los Angeles, 3 de enero de 2000
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306 - Delicadamente
No ama tanto quien clava la mirada
como quien la desliza acariciante;
si uno es la fresca brisa susurrante,
el otro es la ventisca alborotada.
Dadme la blanda luz de la alborada,
más que el rayo del día fulgurante;
y antes que la carrera sofocante,
la elegancia de tímida pisada.
Si has de venir a mí, ven con la calma
temerosa de desvelar el alma,
con voz de terciopelo, con candor.
Yo iré a tí en el silencio sosegado
que a tus pies se reclina abandonado,
y en la suave fragancia de la flor.
Los Angeles, 4 de enero de 2000
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307 - Decididamente
Irrumpe en la marisma de mi vida
con la ferocidad de la tormenta,
más seductora cuanto más violenta,
más atractiva cuanto más temida.
Ven con grito de guerra, enardecida,
e impulso arrollador que no consienta
vacilación ni en tí ni en mí,
y atenta
sólo a vencerme y a quedar vencida.
Iré con paso firme, a la carrera,
ni habrá defensa en mí ni en tí
barrera
que impida o dificulte nuestro encuentro.
Lanzándonos los dos al abordaje,
montaremos el íntimo engranaje
que acoplará mi centro con tu centro.
Los Angeles, 4 de enero de 2000
(Indice)
(Comentario)
308 - Euforia
Nace el milagro azul del nuevo día,
replegando la sombra su tristeza,
y la canción de la naturaleza
estrena renovada melodía.
Vástagos ciegos de la fantasía,
los sueños, utopía y gentileza,
recobran la visión, y la belleza
del medio ambiente a su soñar se alía.
Qué espléndida es la vida, qué
radiante.
Cada piedra en la tierra es un diamante,
un nacimiento cada amanecer.
Fluye el amor en ambas direcciones,
habla la mente sin forzar razones,
y la tarde se niega a oscurecer.
Los Angeles, 5 de enero de 2000
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(Comentario)
309 - Recriminación
Círculo de caviar y aperitivo,
de abrigo de visón y petulancia,
que embozado en abúlica ignorancia
cadáver eres que se piensa vivo.
Un mundo atroz hay junto a ti, cautivo
de su propia indigente circunstancia,
de niños sin niñez, que de la infancia
pasaron a la industria y al cultivo.
Un mundo de esqueletos trashumantes
con la angustia del hambre en los semblantes,
y sin más voluntad que de morir.
Un mundo de congoja, miserable,
del que sólo tu estilo es responsable,
que otros nutren a fuerza de sufrir.
Los Angeles, 5 de enero de 2000
(Indice)
(Comentario)
310 - Círculo
cuadrado
El amor es un círculo cuadrado,
aleación de gozo y desventura,
mezcla de mansedumbre y amargura,
de corazón en paz y atribulado.
Gime afligido, canta alborozado,
piensa morir y a su pesar perdura,
es blando y revestido de armadura,
ve a un tiempo el cielo azul y encapotado.
Encadenado a sus contradicciones,
desdeña por igual ruego y razones,
no sabe lo que tiene o lo que quiere.
Puede ser brisa que invisible besa,
oferta puede ser, o bien promesa,
o tal vez hierro que implacable hiere.
Los Angeles, 7 de enero de 2000
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(Comentario)
Forastero
Todos pasan de largo, sin ver que hay una oferta
de senos entreabiertos y de besos en flor;
todos pasan de largo, sin llamar a la puerta,
y yo sola, vestida de mi propio calor.
Estas manos ociosas de otra piel necesitan,
y mi piel de otra mano que erótica me
explore;
que las rosas que llevo en el cuerpo se marchitan
sin el apasionado tacto que las desflore.
Me acribillan los siete puñales del deseo
rasgándome la entraña que tú
rasgar debieras,
tú, ser desconocido, que ni siento ni
veo,
a quien tanto daría por poco que me dieras.
Qué juventud tan larga, viniendo de tan
lejos,
hasta el umbral remoto de mi edad extendida;
pero sus arrebatos, aunque no se hagan viejos,
¿de qué sirven, viviendo en soledad
la vida?
Se me desborda el alma con fuerza arrolladora
y ni sé contenerla, ni contenerla quiero;
debo volcarme en alguien aunque al llegar la
aurora
recoja su equipaje y prosiga su sendero.
Manos extrañas, muslos cálidos y
vibrantes,
húmedos labios tersos, singlad mi superficie,
alta está la marea, navegad incesantes,
y que este mi oleaje os envuelva y acaricie.
Venid, llegad, dejadme derramada y repleta
del ímpetu y la savia, del afán
y el ardor,
arrancadme este anhelo, que me siento incompleta
con tanto amor a punto, sin hacer el amor.
Si espero y desespero sin oir vuestro paso,
o si vuestra pisada lleva un eco distante,
¿será que vivo aislada en la cueva
del fracaso,
donde sólo en mis sueños tiene
ser el amante?
Ay, cómo van los días sin cesar
desgranando
su rosario de cuentas, inexorablemente,
y el fuego de mis venas se va autodevorando
porque tú, forastero, no te has hecho
presente.
Los Angeles, 22 de diciembre de
1999
(Indice)
(Comentario)
Madre
Naturaleza
A mis amigos/as venezolanos, en
solidaridad
por los recientes desastres en
su país.
-
Qué bella y qué alevosa, madre Naturaleza,
sirena entre las rocas elevando tu canto
de serena dulzura, frescor y gentileza,
y reventando en furia, indiferente al llanto.
¿De qué sirve al arroyo su murmullo
apacible,
para qué la solemne marcha triunfal del
río,
si despiertas un día rencorosa, irascible,
reventando sus cauces bajo un cielo sombrío?
Madre Naturaleza, virgen y prostituta,
que germinas el campo, y arrasas el poblado,
que doras las espigas y maduras la fruta,
y arrancas la esperanza de quien los ha sembrado.
Madre Naturaleza, que das un cielo terso
a quien requiere lluvia de frescor fecundante,
y otro día desatas con instinto perverso
tu rebaño de nubes en tormenta incesante.
Canaliza tus fuerzas, que ese ímpetu salvaje
destruye la belleza que a tí misma te
diste,
y al arrasar las vidas que pueblan tu paisaje
coronará tu frente la miseria más
triste.
Madre Naturaleza, cruel y vengativa,
vomitando en las aguas cristalinas el lodo
que estrangula y sepulta la sonrisa festiva
de quienes se perdieron, de quien lo perdió
todo.
Madre de la injusticia, que en el débil
te ensañas,
y con frecuencia ignoras o respetas al fuerte,
aplastando a tu paso las míseras cabañas
y sembrando cosecha fructífera de muerte.
A los hombres he visto de incrédula mirada,
y a las madres dolientes en callado gemido,
y a los niños desnudos, cuya vida truncada
desvanece el recuerdo de quiénes son o
han sido.
Madre de los desastres, de trágicos destinos,
tal vez envanecida por cantos de poetas
que ven noches de luna, nostálgicos caminos,
idílicos rumores, románticas siluetas.
Ebria del vino añejo de tu vana arrogancia
no controlas los negros brutos de tu cuadriga,
y desbocados corren en franca discordancia;
oh, amante de otros tiempos, hoy amarga enemiga.
Levántate de nuevo con la clara sonrisa
de un sol tibio que traiga la bíblica
paloma
con su rama de olivo, y el soplo de la brisa
devuelva a la campiña su primitivo aroma.
Los Angeles, 21 de diciembre de
1999
(Indice)
(Comentario)
301 - Defensiva
Si tuvieras el alma de cristal
filtraría mis ojos en tu esencia,
y desnuda, en la más pura inocencia,
te vería en tu forma original.
Pero si el alma tienes de metal,
rígida, fría, sólo tu apariencia
percibiré, sin luz, sin transparencia,
un tú inarmónico y superficial.
Si vestida de yelmo y de coraza
vienes a mí, cuando mi amor te abraza
herido quedará por tu dureza..
Renuncia a tan inútiles defensas,
que mantener cautivo lo que piensas
denota soledad más que firmeza.
Los Angeles, 23 de diciembre de
1999
(Indice)
(Comentario)
302 - Lejanía
Mi cuerpo anoche quiso estar contigo,
pues aunque siempre estás en mí
presente,
fue, faltando el contacto, insuficiente,
como si en vez de amante fuera amigo.
Y tuve frío; me faltó el abrigo
de tu piel a mis miembros adyacente;
y en mi soñar quise tender un puente
que pudieras cruzar y estar conmigo.
Este vivir sin tí me martiriza;
eres el manantial que se desliza
cuya agua fresca no puedo beber.
Algo que está tan cerca y tan lejano,
que lo siento al alcance de la mano
y tal vez no me va a pertenecer.
Los Angeles, 26 de diciembre de
1999
(Indice)
(Comentario)
303 - En
vela
No duermas hoy, vela conmigo, aumenta
tu hechizo, que de noche me sostiene;
un nubarrón plomizo hacia mí viene
y en descarga de lágrimas revienta.
Tu cercanía emocional ahuyenta
los trasgos de las sombras, y mantiene
tal sosiego a mi lado, que detiene
el avance frontal de la tormenta.
Aunque tu cuerpo esté a miles de millas,
te tendré acurrucada en mis rodillas,
en invisible abrazo en torno a mí.
Y tus ojos, tan lejos, tan cercanos,
recorrerán mi piel como dos manos,
y así lo harán mis ojos para tí.
Los Angeles, 27 de diciembre de
1999
(Indice)
(Comentario)
Islas
Clavados en azul, somos islotes
sin más contacto que señales de
humo;
conscientes de mil vidas, solitarios,
sin partir de nosotros, vagabundos,
como veleros en periplo eterno,
y anclados en la bruma del crepúsculo.
Inmóviles viajeros, embebidos
en la cacofonía del tumulto
de la ciudad lejana, y en la calma
de la aldea dormida en su refugio,
cuyas voces sin lenguas nos confían
sus ansiedades en lenguaje mudo.
Cuántas almas llorando en lontananza
soledades amargas, infortunios,
tendiendo manos, esperando besos,
abriendo sus deseos más ocultos.
Y el espíritu hermano, compatible,
que a nuestro lado aparecer no pudo,
se perfila sincero y cristalino
a la distancia cruel de medio mundo.
Somos islas perdidas, y no hay barcos,
yo en mi mar verdiazul, y tú en el tuyo.
Los Angeles, 30 de diciembre de
1999
(Indice)
(Comentario)
Besos
dormidos
Vendrán los besos, y traerán silencio,
y nos preguntaremos quiénes somos,
dónde nos conocimos, qué buscamos,
y tal vez nos respondan nuestros ojos,
ignorantes del miedo a la palabra,
pues la verdad les grita desde el fondo.
Y al mirarnos, habrá una luz recóndita
de tibio colorido melancólico,
que abrirá perspectivas imprevistas,
y que será en sí misma testimonio
de algo que fue, que ya es insostenible,
tan quimérico como el unicornio.
Ayer los besos, aunque amortiguados,
llevaban un clamor de intenso gozo,
entretejían lágrimas y risas
en verdes primaveras y en otoños,
calendario de pétalos dormidos,
dormido el tiempo sobre nuestros rostros.
¿Qué sucedió? Tal vez una
mañana,
a la orilla del río, entre los olmos,
se despertó la niebla del cansancio,
y repobló el paisaje de abandono.
Y los besos se fueron marchitando,
sin casi percibirlo, sin sollozos.
Y hoy sólo son costumbre, su arrebato
en retirada triste, sin retorno.
Es hora de partir; se fue la magia,
el temblor está en calma, el amor prófugo,
los besos silenciosos, tan dormidos
que no despertarán..., como nosotros.
Los Angeles, 30 de diciembre de
1999
(Indice)
(Comentario)
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