- Cansancio
-
- Ay, que tus
alas negras me hielan y me arañan,
- tu volar es
descenso que apenas reconoces,
- te abrazan
las tinieblas, tus temores te engañan,
- y es tu
silencio un muro que no quiebran mis voces.
-
- Ay, fatiga
del alma, extenuante fatiga,
- de imprevista
llegada, sin razón aparente,
- que ni el
humor aplaca ni el afecto mitiga,
- por parecer
el mundo tan vacío y ausente.
-
- Ay, las vidas
que llaman sin cesar a la lucha,
- el desgaste
sufrido en batalla tras batalla,
- y la razón
explica, y el corazón no escucha,
- y ante el oído
sordo la palabra al fin calla.
-
- Ay, la
angustia que cubre nuestro campo de escarcha,
- sin que la
mente pueda definir los motivos,
- forzándonos
a absurda y agotadora marcha,
- como el judío
errante, perennes fugitivos.
-
- Los
Angeles, 13 de marzo de 2000
- (Indice) (Comentario)
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-
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- 332 - Ojos
cerrados
-
- Tanto color
mis ojos absorbieron
- que cayeron
sin ver, alcoholizados;
- y no puedo
decir si están cansados,
- o en su
propia embriaguez se adormecieron.
-
- No se quieren
abrir; interrumpieron
- la indagación,
y viven encerrados
- tras párpados
tan densos, tan pesados,
- que las luces
de ayer obscurecieron.
-
- No veo el
exterior, pero en mí mismo
- me hallo
colgado al borde de un abismo,
- hipnotizándome
su oscuridad.
-
- ¿Quién me
sacudirá de este letargo?
- Que este sueño
sin sueños es muy largo,
- y quiero
contemplar la realidad.
-
- Los
Angeles, 13 de marzo de 2000
- (Indice) (Comentario)
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-
- 333 - El
toro
-
- Bravo toro,
criado en la dehesa
- en ficticia
impresión de libertad;
- negros ojos
en calma, hostilidad
- de cornamenta
que el ramaje besa.
-
- Azar fatídico
sobre ti pesa,
- vida en el
campo, muerte en la ciudad,
- combate sin
victoria, majestad
- hundida en
sangre, estoque que atraviesa.
-
- Así ella ha
de caer sobre mi arena,
- tras sutil
escarceo en la faena,
- sus pitones
rozándome al pasar.
-
- Y al momento
final, firme la espada,
- hasta la empuñadura
perforada,
- con fiero
impulso se la oirá bramar.
-
- Los
Angeles, 16 de marzo de 2000
- (Indice)
(Comentario)
- -
- -
- -
- -
- Alzheimer
-
- A todos aquellos afectados por esta
- devastadora enfermedad.
- -
- Fluyó mi
vida toda amarrada a la memoria,
- dos cauces
paralelos, idéntica premura,
- días de
abatimiento tras momentos de euforia,
- fases de
extravagancias, etapas de cordura.
-
- De cada
instante, un ágil, indeleble retrato
- se incorporó
a los muros de mi pinacoteca;
- por cada
cuadro un libro de prolijo relato
- subió a los
anaqueles, durmió en mi biblioteca.
-
- Y volví
tantas veces al trote de los años
- a mirar las
escenas de otro tiempo y lugar,
- evocando
ilusiones, amores, desengaños,
- como si tal
pasado fuera a resucitar.
-
- Pero una
densa nube se ha internado en mi mente,
- sembrando el
campo abierto de lagunas de olvido,
- y hay horas
en que vivo perdido en el presente,
- y horas en
que el pasado se me ha desvanecido.
-
- Soy un buque
fantasma flotando a la deriva,
- roto el timón,
sin velas, y sin piloto a bordo;
- se me hace
cada imagen oscura y fugitiva,
- ajeno a los
recuerdos, a los coloquios sordo.
-
- La luz de la
mañana me revela en la almohada
- la sedosa
caricia de tu rostro risueño,
- y no te
reconoce mi mente extraviada,
- como si
despertara sin recordar el sueño.
-
- Los lúcidos
momentos devienen más escasos,
- mientras
desciendo a un pozo cada vez más sombrío;
- un pozo que
devora victorias y fracasos,
- y me arranca
el pasado, dejándome vacío.
-
- Y mis ojos
que un día absorbieron la belleza,
- e irradiaron
destellos airados o afectivos,
- hoy inmóviles
miran, perdida la viveza,
- muerta su
muda lengua, vidrios inexpresivos.
-
- Si pudiera
estar triste, si la angustia me hiriera,
- si el dolor
palpitara sangrante por la herida…
- pero todo está
muerto dentro de mí, y por fuera
- sólo un
remedo queda de lo que fue la vida.
-
- Los
Angeles, 17 de marzo de 2000
- (Indice) (Comentario)
- -
- -
- -
- 330 - Seis
meses
-
- En seis días,
amor, habrás partido,
- arrancando de
cuajo cuanto tengo;
- no sabré dónde
estoy, de dónde vengo,
- a dónde iré,
ni si te habré perdido.
-
- ¡Oh deleitable
amor, fruto prohibido!
- ¿Cómo en mis
labios húmedos retengo
- tu sabor
agridulce, y no detengo
- tu irremediable
marcha hacia el olvido?
-
- Vine en fieros
deseos, mas confieso
- que volvería sólo
por un beso,
- y por verte
dormir al despertarme.
-
- Seis meses pasarán,
como estos días,
- y al converger
tus huellas con las mías,
- ¿podrán tus
ojos identificarme?
-
- Los
Angeles, 4 de marzo de 2000
- (Indice)
-
-
- Existencia
y vida
-
- No
reconquistaremos los años malgastados
- en las arduas
tareas de la supervivencia;
- manos
encallecidas y torsos encorvados
- más que vivir
la vida remolcan la existencia.
-
- Abre el labriego
el surco, lo riega de sudores,
- lanza a voleo el
trigo, desde el alba al ocaso,
- y es víctima
inocente del tiempo y sus rigores,
- que transforman
su esfuerzo en lamentable fracaso.
-
- Amarrado a la
tierra, ni ve la nube clara,
- ni oye el canto
del ave, ni el murmullo del río,
- ni el verdor de
la fronda o la perenne algazara
- de la naturaleza;
sólo el trabajo frío.
-
- El cántico de
hierro del martillo moldea
- con su voz
creadora en la fragua los metales,
- y los templa en
el fuego, y al yunque los golpea
- con el ritmo
salvaje de fieros atabales.
-
- Y al extenderse
el humo por el recinto oscuro,
- arrastrándose
el tiempo con tic tac implacable,
- las sonrisas del
día se estrellan en el muro,
- ignorando el
herrero su caricia entrañable.
-
- Curva sobre la
mesa su espalda el funcionario
- y entierra mente
y manos en áridos escritos,
- esclavo de las
reglas, cautivo del horario,
- supeditado a insípidas
fórmulas y ritos.
-
- Y prosiguen los
días, se suceden los años,
- en letárgica
marcha, rutinaria costumbre,
- sin relevo de
ideas, sin paisajes extraños,
- sin emerger sus
hombros entre la muchedumbre.
-
- Y tantos de
nosotros, infelices labriegos,
- oscuros
proletarios, burócratas apáticos,
- derrochamos la
vida, mudos, sordos y ciegos,
- con pasiones
inertes y conceptos dogmáticos.
-
- Se está
forjando en bronce monumental campana
- que agrietará
los muros con tronador tañido,
- y hará germinar
raudo un insólito mañana
- resucitando al
muerto, despertando al dormido.
-
- Y aprenderemos
todos a valorar la vida
- dando impulso al
momento febril y vehemente,
- besos, rosas e
ideas, el alma estremecida,
- la mano
acariciante y el gesto sonriente.
-
- Los
Angeles, 7 de marzo de 2000
- (Indice) (Comentario)
-
-
-
- 331 - Nuevo
mar
-
- Un océano en
calma, azul verdoso,
- bajo tus párpados
he descubierto.
- ¿Me ofrecerás
en su ribera un puerto
- donde mi alma
agotada halle reposo?
-
- De otro mar
vengo, oscuro, borrascoso,
- en cuya soledad
me juzgué muerto;
- pero hoy, aquí,
contigo, estoy despierto,
- inmerso en tu
reflejo luminoso.
-
- Obstrúyanme la
vista del pasado
- tus nubes de
perfil algodonado,
- que no se vuelve
a lo que no se ve.
-
- Y sólo surcaré
tus aguas claras,
- mar que de
tantos mares me separas,
- y en tu dársena
sólo fondearé.
-
- Los
Angeles, 8 de marzo de 2000
- (Indice)
(Comentario)
-
- -
- -
- -
-
- La rosa
-
- "Digas tú,
el marinero
- que en las
naves vivías,
- si la nave, o
la vela, o la estrella
- es tan bella."
(Gil Vicente)
-
- Hablo a los
caminantes
- de recónditas
rutas escondidas,
- que huyendo las
estepas flameantes
- las volvieron a
ver reverdecidas.
-
- Y al diestro
marinero
- dibujando en el
agua fugaz huella,
- y leyendo en la
noche el derrotero
- en el lejano
brillo de la estrella.
-
- Y al indeciso
con temor del gozo,
- sus gemidos de
amor amordazados,
- y al audaz,
ignorante del sollozo,
- sus deseos en
flor amotinados.
-
- Hablo a los
emisarios
- de la
sensualidad y la armonía,
- de quienes
siguen ímpetus contrarios
- viviendo en
realidad y en fantasía.
-
- Los que habeis
presagiado la belleza,
- quienes habeis
llegado a disfrutarla,
- cuantos en
soledades y tristeza
- sólo habeis
conseguido imaginarla.
-
- Decid si en
vuestra mente, en vuestro entorno
- una rosa tan
bella ha florecido
- como la rosa con
que yo me adorno,
- y que entre
tantos otros me ha elegido.
-
- Los
Angeles, 9 de marzo de 2000
- (Indice)
(Comentario)
- -
- -
- -
- Nadie te ve
-
- Nadie te ve,
mujer enamorada,
- como te he
visto yo, como aún te veo,
- desbordante
de luz, y engalanada
- del atavío
rojo del deseo.
-
- Nadie te ve,
mujer, porque te ocultas
- bajo
semblante de serena calma;
- mas yo ví
las borrascas que sepultas
- en los fondos
recónditos del alma.
-
- Nadie te ve,
mujer, tal como eres,
- te ven como
deseas que te vean:
- Sobria en
derechos, rígida en deberes,
- y principios
que nunca titubean.
-
- Nadie te ve
impulsiva y soñadora
- como te ví,
como te amé aquel día
- en que
olvidaste el porte de señora
- para estallar
en fiera fantasía.
-
- Nadie ve el
natural voluptuoso
- bajo el marco
social encadenado,
- ni los hijos,
los padres, o el esposo
- que existen,
más que viven, a tu lado.
-
- Pero yo he
visto en la naturaleza
- volcanes que
juzgamos extinguidos,
- y un día su
furor se despereza,
- en orgía de
fuego y estallidos.
-
- Y quienes a
su sombra establecieron
- sus campos de
cultivo y sus poblados,
- lamentarán
que nunca percibieron
- esa voz que
clamó a gritos callados.
-
- Los
Angeles, 28 de febrero de 2000
- (Indice) (Comentario)
-
-
-
- Bajo la lluvia
-
- Pardo el
campo y las nubes.
- Llueve.
- Se entristece
la tarde.
- Duerme
- el bullicio
de voces infantiles.
- Palidecen
- las farolas
de rostros ovalados
- que al brillo
no se atreven.
- La calle está
vacía.
- Nadie viene.
- Nadie va; sólo
el agua
- que a
borbotones vierten
- los canalones,
y que distribuye
- turbias
caricias a los desniveles.
- Un revuelo a
lo lejos
- de paraguas
oscuros que se pierden
- en zaguanes y
esquinas,
- precipitadamente…
-
- Y tú,
descalza,
- con la única
sonrisa que florece
- en esta tarde
mustia
- de tonos
grises que a la noche mueren;
- sin evitar
los charcos, jubilosa,
- chapoteante
tu zancada breve.
- Los brazos
extendidos, un zapato
- colgando en
cada mano, alta la frente,
- absorbiendo
las gotas, que acarician
- el rostro y
se sumergen
- en la blusa
entreabierta,
- rodando entre
los senos, y se extienden
- como un
tropel de diminutos dedos
- exploradores
de la piel del vientre.
-
- Y giras,
bailarina,
- como quien
obedece
- al ritmo de
una música callada,
- que sólo
escuchas tú, sólo tu sientes.
-
- Viejas decrépitas
tras las ventanas
- contemplan y
no entienden.
- Perdieron
hace tiempo la locura
- que el corazón
en libertad mantiene.
-
- Danza, vuelve
a saltar, caracolea,
- con fiera
intensidad, sin detenerte,
- con el
atrevimiento
- de la mujer
que afronta lo que quiere.
-
- Los
Angeles, 29 de febrero de 2000
- (Indice) (Comentario)
-
-
-
- 327 - Llanto
-
- Almas de
acero no saben llorar:
- Alzan, hunden,
embisten o critican;
- lágrimas que
no asfixian, purifican;
- no las
reprimas, déjalas rodar.
-
- Son las
sonrisas notas del cantar
- de la vida,
campanas que repican;
- pero el
llanto es silencio, en él se explican
- soledades,
tristezas, y pesar.
-
- Tiene el
dolor más hondas las raíces
- que el júbilo,
y así los infelices
- sienten con más
severa intensidad.
-
- Si sentir es
vivir, quien se enamora,
- que tanto más,
cuanto más ama, llora,
- será quien
tenga vida de verdad.
-
- Los
Angeles, 1 de marzo de 2000
- (Indice) (Comentario)
-
- -
- -
- -
- 328 - Cybermujer
-
- Mujer sin
rostro, un día aparecida
- como la
percepción de un sentimiento,
- ansia pletórica
de ofrecimiento,
- imagen
nebulosa, indefinida.
-
- Luego vibró
tu voz, estremecida,
- y la risa
nerviosa, y el intento
- de
entremezclar tu aliento con mi aliento
- en otro
ambiente que llamamos vida.
-
- En el mundo
irreal que nos rodea
- no somos más
que una incorpórea idea
- con feroz
avidez de ser tangible.
-
- Y aunque al
fin vi hoy tu rostro en la pantalla,
- no es menos
elevada la muralla
- que te hace
en la distancia inaccesible
-
- Los
Angeles, 1 de marzo de 2000
- (Indice) (Comentario)
-
-
-
- 329
- Intima
contienda
-
- Cálida carne
alzada en pie de guerra
- presta a
luchar a pecho descubierto;
- el torreón
tiene el postigo abierto,
- es hora de
avanzar sobre la tierra.
-
- Enhiesta
lanza que la mano aferra
- asesta al
adversario golpe experto,
- yaciendo
malherido, mas no muerto,
- y en la
incisión de nuevo el arma entierra.
-
- Se firma
rendición sin condiciones,
- que donde hay
voluntad sobran razones,
- en diplomacia
de conformidades.
-
- Hay en la
tregua justas y torneos,
- y tras la
insurrección de los deseos
- ambos
reanudan las hostilidades.
-
- Los
Angeles, 1 de marzo de 2000
- (Indice) (Comentario)
-
- -
- -
- -
- Sé
mi paisaje
-
- La montaña es
inmóvil, receptiva,
- abrazo acogedor
y consistente;
- bajo la nieve
de diciembre, aún viva,
- bajo el fuego
de agosto, resistente.
-
- Sé para mí
montaña que me apoye,
- que me
sostenga si me debilito,
- sé el eco de
mi voz, que cuando se oye
- pueda pensar
que en tu interior habito.
-
- La torre es sólida,
y entre sus muros
- vibra vitalidad
invulnerable,
- centinela
embozado en aires puros,
- al apremio y la
calma imperturbable.
-
- Sé torre
para mí, siempre a la escucha
- de la
tribulación y la emergencia,
- seguridad en
medio de la lucha,
- y estímulo
contra la indiferencia.
-
- El lago es el
espejo del paisaje,
- introspectiva
placidez serena
- entre los
verdes y oros del follaje
- que sobre el
agua agita su melena.
-
- Sé lago para
mí, dame un presente
- desnudo de
avidez, de calma lleno,
- que estoy
cansado ya de ser torrente;
- déjame
descansar sobre tu seno.
-
- Los
Angeles, 21 de febrero de 2000
- (Indice)
(Comentario)
-
-
- El
Amor
-
- “Mil gracias
derramando
- pasó
por estos sotos con presura,
- y
yéndolos mirando,
- con
sola su figura
- vestidos
los dejó de fermosura.”
- (San
Juan de la Cruz)
-
- En búsqueda he salido de ese amor de leyenda
- jinete sobre un sueño radiante, arrollador;
- y he preguntado a todos al borde de la senda,
- al arroyo y al árbol, a la brisa y la flor.
-
- El arroyo ha seguido su curso indiferente,
- no ha interrumpido el árbol su requiebro liviano
- de la brisa coqueta que entre las ramas miente,
- y la flor…se ha dormido silenciosa en mi mano.
-
- Y he partido de nuevo, íntegra la esperanza,
- con el mismo objetivo, la misma interrogante;
- y cuanto más mi paso por el camino avanza,
- más difícil parece mi meta, y más distante.
-
- Una mujer se cruza, labrando una sonrisa,
- y al preguntar si acaso al Amor ha encontrado,
- balancea sus curvas, como hiciera la brisa,
- frívola y seductora, yéndose de mi lado.
-
- Llega un hombre
seguro de sí mismo, y le digo:
- “¿Escuchaste
sus ruegos? ¿Percibiste su aroma?”
- Y su voz
vacilante, casi un sollozo: “Amigo,
- ni sentí su
presencia, ni conozco su idioma”.
-
- Me rozó con
sus frías alas el desaliento,
- y no supe,
indeciso, si seguir o volver,
- cuando vi entre
la fronda el íntimo ofrecimiento
- que a un joven
de sí misma le hacía una mujer.
-
- Circulando en
la sangre, pensé, de estos amantes
- descubriré el
conjuro del amor duradero;
- pero aprendí
que no eran sino dos caminantes
- brevemente
reunidos en el mismo sendero.
-
- ¿Dónde estará,
me dije, ese amor inefable,
- que obsesiona y
eleva, que conmueve y excita,
- ese amor tan
intenso, tan fiel e inagotable,
- que todo lo
comprenda, que todo lo permita?
-
- Y el susurro
del viento me acarició el oído,
- produciendo una
mezcla de dulces sinsabores:
- “Risa, lágrimas,
gozo, desengaños, olvido…
- No hay un Amor,
amigo, sino tan sólo amores.”
-
- Los
Angeles,
22 de febrero de 2000
- (Indice)
(Comentario)
-
-
-
-
- Silencio
y lejanía
-
- Vino, me amó y
partió; dejó a su paso
- plenitudes,
placeres y vacíos;
- se perdió como
el sol en el ocaso,
- como se pierden
en el mar los ríos.
-
- Ha de tener el
sol otra alborada,
- y aunque el río
se va, también se queda;
- pero de aquella
fiera llamarada,
- ni el recuerdo
quizá en su mente rueda.
-
- Mantúvose en
silencio y lejanía
- como quien
duerme en brazos de la muerte;
- y yo permanecí
esperando el día
- en que de nuevo
su alma se despierte.
-
- Y si al abrir
sus ojos al pasado
- se detienen en
mí por un momento,
- tal vez vuelva
su amor arrebatado
- a producir un
nuevo ofrecimiento.
-
- Y aquí estaré,
en deseos y temblores,
- sin
recriminaciones, ni exigencia,
- para dar nueva
vida a aquellas flores
- que a punto
estuvo de agostar la ausencia.
-
- Los
Angeles, 25 de febrero de 2000
- (Indice)
(Comentario)
-
-
-
- Inspiración
-
- La inspiración
es espontánea y firme;
- sin anunciarse
ni pedir horario
- viene al
encuentro caprichosamente,
- imprimiendo en
la mente recio impacto;
- y no deja
tarjeta de visita;
- llega, toca y
se va, ligero el paso.
- Sin dirección
postal; no se rastrea
- su camino hacia
atrás; su itinerario
- es incierto,
inseguro, imprevisible;
- nadie puede
tomarla por asalto.
-
- No se va en búsqueda
de la belleza,
- simplemente
aparece a nuestro lado.
-
- La percepción
de cuanto nos rodea
- a través de la
vista, oído y tacto,
- nos llega en
sensaciones inseguras,
- ilógico, quizá
disparatado.
-
- No producen los
dedos melodía,
- la melodía nos
la da el piano.
- Las lágrimas
no nacen de los ojos,
- sino del corazón
atribulado.
- Y tanto que
tenemos, lo tenemos
- más porque se
nos da que por ganarlo.
-
- La inspiración
es una grácil ninfa
- cabalgando
desnuda un hipocampo,
- un unicornio
azul en campo verde,
- entre el mar y
las nubes un pegaso.
-
- No vamos a ella,
viene ella a nosotros
- en su propio
momento, que ignoramos;
- como el amor,
callado y subrepticio,
- será nuestro
deber anticiparlo.
- Porque si llama
a nuestra puerta un día,
- y no la abrimos,
pasará de largo.
-
- Los
Angeles, 25 de febrero de 2000
- (Indice)
(Comentario)
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