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- Huellas
del beso
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- No sé por qué tus labios me
despiertan
- besos lejanos que jamás me diste;
- no saben desterrarlos, o no aciertan
- a dejarlos dormir. Cuando viniste,
- rozándome la carne, de puntillas,
- nadie te vio, nadie escuchó tu paso,
- sino un temblor ligero en mis
rodillas,
- trémulo de enfrentarme a otro
fracaso.
- Cuántas veces idéntico sendero
- nos conduce a dispares objetivos,
- y en el nuevo, no vemos que el
primero
- aún nos mantiene en su poder
cautivos.
- Y no sirve pensar que lo pasado
- pasado está, que nunca ha de volver;
- ayer, más que un diseño ya borrado,
- es espectro que vuelve a aparecer.
- Y así fluye la vida, una amalgama
- de incidentes que fueron, y que son,
- que no se desvanecen; una trama
- de dolores, de olvidos, de ilusión;
- como rosa que cada primavera
- asiduamente en el rosal florece,
- nube inquieta, incesante viajera,
- o estrella que a la aurora palidece.
- Quizá tus besos son evocadores
- de nube transeúnte, antigua rosa,
- o estrella cuyos últimos fulgores
- se extinguieron, y duerme silenciosa.
- Hay tanto nuevo en cada beso, hay
tanto
- que arrastramos de antiguo, tanta
vida,
- tanto de gozo, soledad y llanto,
- tanto de acogedor y despedida,
- que un beso no es un beso solo,
aislado,
- es una larga historia enmarañada
- aflorando a un presente arrebatado,
- que abraza todo, y que no olvida
nada.
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- Los Angeles, 7 de agosto de 2000
- (Indice) (Comentario)
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- 380 - Clefayri
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- “Quiero
compartir contigo mi tristeza infinita. Esta madrugada,
- mi
gata Clefayri murió victima de mil golpes ocasionados
- por
un atropellamiento. La gata estaba embarazada y nada se
- pudo
hacer para salvar a las crías. Estuve con ella hasta
- las
3 de la mañana, momento en que cerró finalmente y
- para
siempre sus ojos azules. Tenía viviendo y conviviendo
- conmigo
mas de 4 años; era una hermosa gata blanca siamesa
- con
las orejas y el hociquito castaño”. (Una amiga)
- -
- Nunca podré saber si hubieran sido
- tres o cuatro gatitos dormilones,
- tres o cuatro diablillos juguetones,
- porque ni tres ni cuatro me han
nacido.
-
- Muerte injusta, de nuevo has añadido
- sangre, dolor, violencia a tus
blasones,
- y caprichosa o sádica dispones
- que el débil caiga a la segur
rendido.
-
- A esta
madre chiquita, toda blanca,
- y ojos azules, tu impiedad la arranca
- su diminuta vida tan temprano.
-
- Cómo quedó mi corazón deshecho,
- viéndola reposar sobre mi pecho,
- y extinguirse en el hueco de mi mano.
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- Los Angeles, 8 de agosto de 2000
- (Indice) (Comentario)
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- Nada
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- Cansado el cuerpo está de sus
labores,
- cansada de pensar está la mente,
- cansado el corazón, que ya no siente,
- cansado yo, en cadenas y en sudores,
- al fin del sueño en que te hiciste
ausente.
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- Y ahora quiero dormir en lecho frío,
- sin soñar, sin sentir, sin
despertarme;
- un sueño negro en el que desplomarme,
- en un silencio inmóvil, tan vacío
- que sólo muertos han de acompañarme.
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- Y al completar los siglos su carrera,
- y un ángel de trompeta plateada
- lance al aire el clamor de su llamada,
- y el polvo resucite, yo a la espera
- he de quedar de convertirme en nada.
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- Los Angeles, 13 de agosto de 2000
- (Indice) (Comentario)
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- Ciudad
indefensa (Alegoría
de mujer)
-
- He arrancado las puertas de sus
goznes
- para darte inequívocas entradas;
- inútil cada máquina de guerra,
- como superflua te ha de ser la escala,
- pero no desmanteles el ariete,
- que una cierta agresión es necesaria.
-
- En mis tiempos de paz elevé torres,
- fortifiqué el recinto con murallas,
- y me encerré en mí misma,
anticipando
- avance hostil de incógnita mesnada.
- Pero durmieron sordos los tambores,
- y el muro vio en oblicuidad las
lanzas.
-
- Oh, la inercia irritable de las horas,
- la calma atroz de días y semanas,
- el estilo monótono, inmutable,
- la novedad de no suceder nada,
- me hacía suspirar por el estruendo
- y el peligro de la beligerancia.
-
- Quise mezclar mi sangre decadente
- con la sangre febril de estirpes bárbaras,
- cavar sepulcros para mis prejuicios,
- tejer a la razón una mordaza.
-
- He dejado de ser invulnerable,
- abierta estoy, y mi ciudad te llama.
- Ni mis torres serán inasequibles,
- ni mis tres puertas estarán cerradas.
- A la carga, a la carga, mi extranjero,
- plaza indefensa soy, ven a la carga.
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- Los Angeles, 15 de Agosto de 2000
- (Indice) (Comentario)
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- Deja
hablar a la piel
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- Duérmanse las palabras, no repitan
- su cansado, monótono estribillo,
- hojas flotando al viento,
amarillentas,
- en el otoño su frescor marchito.
- Tuvieron su momento, destellaron
- en luces y sonidos,
- luego perdieron nervio,
- y olvidaron su oficio
- hasta yacer en lánguida apatía,
- piezas muertas de inmóvil mecanismo.
- Hoy la expresión se nutre
- de nuevo colorido,
- savia fluyendo en retorcidas venas,
- vitalidad nacida del instinto.
- Deja hablar a la piel, cálida y
suave,
- erizada en vocablos infinitos,
- voces que no envejecen,
- aunque una y otra vez digan lo mismo;
- deja hablar a la piel, lengua
obstinada,
- ya en términos furtivos
- de rodilla avanzando entre los muslos,
- o dedos atrevidos
- trepando ineludibles
- bajo la superficie del vestido;
- deja hablar a la piel, con la apagada
- dulzura del suspiro,
- con el revuelo de alas sacudidas,
- con la sonoridad del mar, o a gritos.
- La piel contra la piel, que largas
lenguas,
- que multitud de besos clandestinos,
- o palabras de nuevo troqueladas
- con un concepto cada vez distinto.
- Lenguaje inagotable,
- de perenne inflexión y colorido,
- que no se desvirtúa
- por la repetición o los modismos.
- Háblame así, en coloquio
interminable,
- y escúchame tú mismo,
- piel contra piel; que las palabras
duerman
- en alejado exilio,
- y esta conversación acariciante
- nos absorba en perenne remolino.
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- Los Angeles, 16 de agosto de 2000
- (Indice) (Comentario)
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- Punto
de vista
Amó sólo una vez. Qué larga vida
para espacio tan autolimitado…
- o qué estrechez de tierra conocida
- para período tan prolongado.
- Y el otro tanto amó, tan extendida
- fue su pasión, su amor tan derramado,
- que llevó el corazón al descubierto,
- y repobló de flores el desierto.
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- ¿Fue el primero tal vez superficial,
- carácter tibio, rutinario amante,
- que bajo máscara de carnaval
- ocultaba actitud titubeante?
- ¿Fue el segundo más firme y más
leal,
- en su porte gentil y exhuberante?
- Vemos las cosas, más que como son,
- desde el punto de nuestra dimensión.
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- Los Angeles, 17 de agosto de 2000
- (Indice) (Comentario)
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- La nueva ley
-
- “Ama
y haz lo que quieras”. (San Agustín)
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- Se ha legislado todo, ya no quedan
- libres caminos, cándidas acciones;
- sólo normas que acotan o que vedan,
- y reglamentos, y disposiciones.
- Hay principios políticos, sociales,
- reglas de urbanidad, preceptos éticos,
- leyes proteccionistas de animales,
- y métodos estéticos;
- código criminal, civil, canónico,
- reglamentos de juego,
- fórmulas para el orden económico,
- para la paz, la guerra, el alto el
fuego.
-
- Un monstruo cefalópodo despliega
- sus tentáculos estranguladores
- sobre todos nosotros, y nos niega
- nuestros impulsos más arrolladores.
- Yo me emanciparé de su dominio,
- quemaré protocolos y ordenanzas
- que intentan provocar el exterminio
- de nuestras esperanzas.
- Y escribiré una ley, tan sólo una,
- que invalide cuantas están escritas,
- ley formulada en palidez de luna
- sobre nocturnas citas.
- Una ley que libere, que no oprima,
- tan clara al iletrado como al culto,
- que por igual a quien sonría o gima
- sea razón de aplauso, no de insulto.
- Ley que diga: “Te quiero si me
quieres,
- y aún sin quererme te querré y te
quiero,
- te antepongo a derechos y deberes,
- y en tu ausencia te espero y
desespero.
- Si decides volver, he de acogerte,
- si no regresas, seguiré esperando,
- en mí te llevo, aunque sin retenerte,
- y te contemplo sin estar mirando.
- Libre has de ser de amarme u
olvidarme,
- y libre he ser yo en mis sentimientos,
- sin que puedan lograr intimidarme
- órdenes, normas, ley o reglamentos.”
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- Los Angeles, 18 de agosto de 2000
- (Indice) (Comentario)-
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- Mirando atrás
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- He de morir mirando sobre el hombro,
- de cara a mis mejores realidades;
- nunca el futuro me ha causado asombro
- con su enjambre de posibilidades:
- Un quizás, un enigma en claroscuro,
- más que respuestas, una interrogante,
- océano inseguro
- que a tierra ignota lleva al navegante.
- Ni me ha sobrecogido
- la existencia aparente
- de ese soplo nacido y evadido,
- que llamamos presente.
- Miro hacia atrás y a mí mismo me veo,
- como soy, como fui, como me ha visto
- la multitud con la que me codeo,
- los amigos con quienes coexisto.
- Y más lejos aún, generaciones
- auténticas, tangibles,
- con sus triunfos y sus contradicciones,
- sus derrotas y sueños imposibles.
- Gentes de carne y hueso,
- como yo, de pasión enarnecidas,
- capaces de matarse por un beso,
- o curarse uno al otro las heridas.
- No soy sino eslabón en la cadena
- forjada con el hierro de la historia,
- eslabón que chirría o que resuena
- con voz de duelo o cántico de euforia.
- Pude haber sido todo en el pasado,
- con las huestes de Atila, sanguinario,
- en el Renacimiento, refinado,
- o místico en el claustro, y visionario.
- Tal vez esclavo en la revolución
- de Espartaco en inútil rebeldía,
- o en las serenas aulas de Platón
- disertando sobre filosofía.
- O traficante de armas, equipando
- al débil como al fuerte,
- indiferente a un bando u otro bando,
- señor de mercaderes de la muerte.
- Pude haber sido trovador, amante,
- siervo, mendigo, explorador, artista,
- o pistolero abjecto e ignorante
- pintado de color nacionalista.
- De todos ellos heredero soy,
- de unos con honra, de otros con afrenta,
- de su sangre y sus huesos hecho estoy,
- su colectividad me representa.
- Auténticas, genuinas realidades
- que tuvieron y tienen existencia,
- por eso miro atrás, a sus verdades,
- no a un porvenir envuelto en apariencia.
- Y moriré con la mirada ardiente
- hacia el pasado cierto,
- y vivo estaré en él, aunque la gente
- me considere muerto.
- Enterradme en un campo de violetas
- bajo la hierba verde,
- donde me han precedido otros poetas,
- y como a ellos tal vez se me recuerde.
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- Los Angeles, 24 de julio de 2000
- (Indice)
(Comentario)
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- Accidente
mortal
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- Tal vez no tuvo nombre, ni dueño, ni cobijo,
callejero incesante, perenne vagabundo,
resignado a una suerte triste que no maldijo
a pesar de saberse marginado del mundo.
En el fondo sin fondo de sus ojos afables
resaltaba un destello de innegable tristeza,
el mismo brillo noble que los más miserables
enmascarar no pueden dentro de su pobreza.
Las calles no eran suyas, aun siendo su morada,
jungla inhospitalaria de metal y cemento,
jugándose la vida cruzando la calzada,
sin adquirir destreza con cada nuevo intento.
Iba con el desprecio que tiene de la vida
quien nunca tuvo nada, y al morir nada pierde,
consciente de que el día que ocurra su partida,
nadie habrá que le llore, nadie que le recuerde.
Y ayer, sobre el asfalto, llegó tarde el frenazo,
acompañando al golpe desgarrador aullido,
y la bestia de hierro, tras el brutal zarpazo,
reanudó indiferente su habitual recorrido.
Duermes sobre el bordillo tu sueño irreversible,
con un hilo de sangre fluyendo de la boca;
ya has alcanzado, amigo, tu paisaje apacible,
- campos sin carreteras de ligereza loca.
-
- Mi mano te acaricia, mas no sientes el roce
- de mis dedos errantes sobre tu tibia piel;
- qué sereno reposas, como quien reconoce
- que la muerte es rescate de una vida cruel.
-
- Duerme, perro sin dueño; tan tarde conocido
- que de ti no me llevo sino un recuerdo triste;
- duerme, cachorro, duerme, que ya has sido
elegido
- compañero de un ángel que sólo por ti existe.
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- Los Angeles, 28 de julio de 2000
- (Indice)
(Comentario)
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- 376 - Pesadilla
I
Densa sombra me abraza, sombra fría,
húmeda sombra en fondo silencioso,
fétida el agua a la cintura, en foso
de soledad, olvido y agonía.
Pendiente sobre mí, la lejanía
de un círculo de cielo nebuloso,
cuyo grito callado y poderoso
me ordena alzarme hacia la luz del día.
Y grieta a grieta a mi ascensión procedo,
con una mezcla de esperanza y miedo
de no poder llegar al aire puro.
Ya casi al borde del brocal del pozo,
y un ángel negro me derrumba el gozo,
desplomando mi cuerpo al fondo oscuro.
Los Angeles, 31 de julio de 2000
- (Indice)
(Comentario)
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- 377 - Pesadilla
II
-
- Duermo consciente de que estoy dormido,
- e intento despertarme, y desespero,
- amordazado, inmóvil prisionero
- incapaz de protesta o de gemido.
-
- Se alza sobre mi tórax oprimido
- greñudo monstruo de mirar severo,
- de contextura y músculos de acero,
- sin acción, sin palabras y sin ruido.
-
- Inútil es mi esfuerzo en desplazarlo,
- intento despertarme sin lograrlo,
- y el fuelle pulmonar se me revienta;
-
- pienso, mas no razono, desvarío,
- y empapada la piel en sudor frío,
- aún desvelado, el sueño me amedrenta.
-
- Los Angeles, 31 de julio de 2000
- (Indice)
(Comentario)
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- 378 - Pesadilla
III
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- Sólo intento reposo a mi fatiga
- y en las brumas del sueño diluirme;
- no sé de qué o por qué quiero evadirme,
- ni quién con tanta sinrazón me hostiga.
-
- Desconocida cáfila enemiga
- se obstina infatigable en perseguirme,
- y no he de resistirles a pie firme,
- ni batalla daré ni urdiré intriga.
-
- Mas van los pies tan lentos en la huída
- que pierdo ya girones de la vida
- en las garras de mis perseguidores.
-
- Oh, qué desesperante forcejeo,
- y qué estéril esfuerzo, pues me veo
- despertando en angustia y en sudores.
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- Los Angeles, 1 de agosto de 2000
- (Indice)
(Comentario)
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- 379
- Pesadilla
IV
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- Negra es la noche, y en tu busca avanza
- mi pie inseguro en las desiertas ruinas;
- rasga mi piel, no sé si las espinas,
- o un espectro que en torno de mí danza.
-
- La sombra más oscura se abalanza,
- repitiéndose en todas las esquinas
- en siniestras salidas repentinas,
- forma sin cuerpo en planes de venganza.
-
- En temor inicié mi derrotero,
- en pánico creció, y hoy desespero
- esclava del terror de no enconrtrarte.
-
- Y en el mar de esta noche y de esta vida,
- náufrago soy, mi nave sumergida,
- sin ti, sin más que mi avidez de amarte.
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- Los Angeles, 2 de agosto de 2000
- (Indice)
(Comentario)
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- Sunset
Hotel
-
- Han
llegado cargados de extrañas herramientas,
- bidones
de pintura, rodillos y pinceles,
- profanando
añoranzas remotas, soñolientas,
- de
sencillos idilios y pasiones infieles;
- traen
prosaicos bosquejos de formas corpulentas,
- y
será uno de tantos asépticos hoteles;
- y
el arcaico edificio de aquel primer encuentro,
- aunque
cambie de rostro, le llevaremos dentro.
-
-
- Arrancarán
la alfombra, de colores neutrales
- pintarán
las paredes, cambiarán los espejos,
- y
al llevarse en pedazos los quebrados cristales,
- se
llevarán tu imagen en múltiples reflejos,
- sombra
a todos oculta, de perfiles sensuales,
- que
sólo yo percibo, tan cercana y tan lejos.
- Oh
el espejo discreto, el espejo testigo
- de
tantas fantasías realizadas contigo.
-
-
- Y
los besos dormidos en paredes y techo,
- los
besos otorgados, los besos recibidos,
- fluídos
de dos cuerpos desnudos sobre el lecho,
- y
en guirnalda invisible hasta hoy entretejidos,
- quedarán
sepultados en el confín estrecho
- de
un color sobre el otro, y en sombra sumergidos.
- Y
otros besos sobre ellos, al correr de los años,
- quedarán
estampados, pero serán de extraños.
-
-
- La
alcoba en que nos vimos un día, y nos amamos,
- ya
no será la misma, ya no nos pertenece,
- han
borrado las huellas íntimas que dejamos,
- y
al fondo del espejo nuevo ya no aparece
- la
silueta desnuda que entonces reflejamos;
- sólo
un vago recuerdo en el aire permanece.
- Tu
huella en mi memoria nadie podrá borrarla,
- y
nadie entrará al alma para remodelarla.
-
- Los
Angeles, 2 de agosto de 2000
- (Indice)
(Comentario)
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- Ya
no me dices “Te amo”
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- “Esta
noche al oído me has dicho dos palabras
- comunes.
Dos palabras cansadas
- de
ser dichas".
(Alfonsina
Storni)
- -
- Nunca pude saber qué pretendías
- cuando una y otra vez, eco insistente,
- la queja de tus noches y tus días
- me azotaba la mente.
- ¿Era mi amor acaso sordo y mudo
- que apenas respondía a tu terneza?
- No, no lo fue; pudo decirlo, pudo
- reiterar la riqueza
- de vocablos o frases familiares
- que han adquirido tal monotonía
- como la luz del día,
- como el llanto del viento en los pinares.
- Algo que, si flamante,
- rasgueara las cuerdas de la lira,
- emitiría plenitud vibrante
- de melodía al alma que suspira.
- Pero esas cuerdas han sido rozadas
- tantas veces que ya sus vibraciones
- llegan inadvertidas, o cansadas,
- monótonas canciones
- que sólo se oyen pero no se atienden,
- sin lograr transmitir lo que pretenden.
- Hay lenguajes más íntimos, más claros,
- que no se debilitan
- con la repetición, como disparos
- que inevitablemente nos agitan.
- Lenguaje de la acción, de la mirada,
- de la entrega magnánima, constante,
- que sin fórmulas dicen a la amada
- cuanto ella escuchar quiere del amante.
- Es un ‘te quiero’ firme y silencioso,
- repetido a diario,
- cuyo tácito grito poderoso
- hace cualquier vocablo innecesario.
- Las palabras, ya beso, ya cuchillo,
- pierden irreversiblemente el brillo,
- y la expresión de ayer, resplandeciente,
- será tal vez mañana indiferente.
- Mira más bien la acción,
- que las palabras vuelan en el viento,
- deja escuchar tan sólo al corazón,
- que el oído es ajeno al sentimiento.
- Los Angeles, 4 de agosto de 2000
-
(Indice)(Comentario)
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