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- 426 - Retrato
de bailarina
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- En solitaria danza sorprendida,
- durmió en los músculos el movimiento,
- inmóviles cuajaron luz y viento,
- de la melena y poco más vestida.
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- Grácil sinuosidad en la salida
- de espalda vertical hacia el asiento,
- en retorno hacia el muslo, y nuevo intento
- de retroceso al pie en postura erguida.
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- Mano iniciando vuelo de paloma,
- mientras el rostro sobre el hombro asoma
- con gesto de sensual invitación.
-
- Desconozco al mirarte si prefiero
- la quietud del retrato, o el ligero,
- dinámico despliegue de la acción.
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- Los
Angeles, 5 de marzo de 2001
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(Indice) (Comentario)
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- 427 - Monólogo
de la mujer fría:
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- Repliégate, mi piel, que el alma exige
- sentimientos, y excluye sensaciones;
- no voluptuosidad, sino razones
- para vivir la inteligencia elige.
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- ¿Quién en la oscura tempestad dirige
- sobre el agua los altos galeones?
- ¿Quién determina lo que son visiones,
- y quién la falsa realidad corrige?
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- No la ceguera absurda del sentido,
- más ciego cuanto menos reprimido,
- improductivo en su fugacidad.
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- No la pasión, sino la idea fría
- orden engendrará de la anarquía,
- fortaleza de la fragilidad.
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- Los
Angeles, 5 de marzo de 2001
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(Indice) (Comentario)
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- 428 - Monólogo
de la mujer apasionada
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- Llevo a remolque el alma ensangrentada
- de amar entre la espina y el deseo;
- en tu crisol mi realidad moldeo,
- mi presencia a la tuya atenazada.
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- Si la noche te ausenta, qué truncada,
- qué indefensa y atónita me veo,
- qué hambrienta del salvaje forcejeo
- que te trueca en león sobre la almohada.
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- Dame la infinitud de tu lenguaje,
propagador del único mensaje
- que el flujo de mis venas aún entiende.
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- Y esa cálida carne que codicio,
- sin ti ansiedad, contigo casi vicio,
- que al adherirse a mí, la piel enciende.
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- Los
Angeles, 5 de marzo de 2001
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(Indice) (Comentario)
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- 429 - Monólogo
de la mujer escéptica
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- Desdeñosa del que acaricia y besa,
- a la emotividad indiferente,
- me ciñe identidad independiente
- que ni sabe de amor, ni le interesa.
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- Quien ama lleva sobre el rostro impresa
- la marca insulsa del adolescente;
- mi madurez ni avala ni consiente
- la falsedad sellada en la promesa.
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- Nunca dos serán uno. Los amantes
- dormirán en costumbre, o caminantes
- avanzarán por líneas paralelas.
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- Más que piezas que mutuamente encajan,
- llegarán a adversarios que se ultrajan;
- serán almas perdidas, no gemelas.
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- Los
Angeles, 6 de marzo de 2001
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(Indice) (Comentario)
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- 430 - Cita
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- Mudo vestíbulo de hotel cualquiera,
- de anónima ciudad, grisáceo día,
- calles dormidas en quietud. Llovía
- sobre el ciprés del patio, y la palmera.
-
- Ambos en lento ascenso. La escalera,
- con alma de cemento, ajena y fría.
- Pasillo a media luz, débil, sombría,
- decoración impersonal y austera.
-
- Pero en la habitación doscientas nueve,
- sólo un calor impúdico se atreve
- a deshacer del tiempo los dictados.
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- A los cristales el invierno llama,
- y en los pliegues del lecho se derrama
- vivo ardor de desnudos abrazados.
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- Los
Angeles, 9 de marzo de 2001
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(Indice) (Comentario)
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- Cuerpo
y alma
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- La
razón me distancia de ti, pero el sentido
- me
adhiere a tu costado como la hiedra al muro;
- y
sin embargo admito que la razón ha sido
- quien
te anexó a mi vida, por quien en ti perduro.
-
- Eres
más que una idea, pero no te percibo
- sino
como una sombra, grácil e inaccesible;
- sombra
que se me acerca con aire fugitivo,
- y
como aire se pierde, como sueño imposible.
-
- Y
a pesar de ser sombra, y a pesar de ser sueño,
- y
a pesar de ser aire, te acarician mis manos;
- una
caricia suave, que muere en el empeño,
- porque
aire, sueño y sombra se perfilan lejanos.
-
- ¿Por
qué te siente el cuerpo tan cerca, si la mente
- tan
remota te sabe, tan fuera de mi tacto?
- ¿Y
por qué el mismo cuerpo te reconoce ausente,
- si
la mente establece su intangible contacto?
-
- Qué
triste paradoja, qué absurda coyuntura,
- qué
condena se impone la condición humana,
- dividida
en la busca de su propia ventura,
- y
en la perenne espera de que vendrá mañana.
-
- Los
Angeles, 10 de marzo de 2001
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(Indice) (Comentario)
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- A
oscuras
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- Tu mirada nostálgica es mensaje
- al que no sé asignar destinatario.
- Tus ojos no perciben mi paisaje,
- perdidos en remoto itinerario.
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- ¿Por
dónde vas, como la nube errante,
- como
espirales de humo, como viento,
- a
mí adyacente, y a la vez distante,
- la
piel conmigo, ausente el pensamiento?
-
- Llueven
estrellas de húmeda tristeza
- detrás
de tus pupilas y las mías;
- siento
tambalearse en mi cabeza
- tus
promesas de ayer, mis alegrías.
-
- Como
si ambos hubiéramos llegado
- a
cierta encrucijada del sendero,
- y
de repente hubieras regresado,
- trocando
nuestro mayo en mi febrero.
-
- Estás
aquí como si no estuvieras,
- sombra
en la sombra de mi atardecer;
- tu
alma ha cruzado ya nuestras fronteras,
- se
ha extinguido tu luz. Adios, mujer.
-
- Los
Angeles, 12 de marzo de 2001
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(Indice) (Comentario)
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- Sueños
-
- Al
ciclo de los años, estaciones
- húmedas,
verdes, sofocantes, frías
- se
han ido sucediendo,
- cabalgata
de anhelos y apatía.
- A
su sombra he dormido, y he poblado
- mis
sueños de una absurda comitiva
- de
cíclopes de acero en bamboleo
- sobre
sus pies de arcilla.
- Ah,
la premura en la magnificencia
- impresa
lleva el sello de la ruina,
- y
así se derrumbaron mis quimeras,
- escombros
de la mente en carne viva.
- Y
al sueño regresé, esta vez vacío,
- como
al perder su estatua la hornacina,
- oasis
desierto de la caravana,
- buque
fantasma errando a la deriva.
- Soledad
de hermetismo y de penumbra,
- desapacible
clima
- de
silencio forzado, no elegido,
- que
en vez de serenar, deshumaniza.
- Y
conmigo durmió la luz, y el aire,
- y
el flujo de la arena en la clepsidra.
- Yacente
en el dintel de mi ostracismo,
- me
rebasó la vida, sin sentirla.
- Un
opaco rumor de agua rodante,
- de
indescifrables términos y risas,
- me
llegaba de lejos,
- en
confusa, tenaz cacofonía.
- Mundo
lejano, extraño, inabordable,
- de
índole oscura, intriga clandestina.
- Y
dormido y sin sueños
- cruzó
sobre mi cuerpo la ventisca,
- cuajó
la nieve en mi aterida carne,
- las
hojas amarillas
- cubriéronme
calladas,
- desamparadas
de la luz del día.
- Y
una clara mañana,
- suave
como el temblor de una caricia,
- se
detuvo, al llegar, la primavera,
- su
antigua claridad restablecida.
- Me
llamó con nudillos de rumores,
- algazara
de voces y de risas,
- con
aroma de rosas y claveles,
- con
despertar de valles y colinas.
- Me
tomó de la mano,
- bailó
conmigo sobre las cenizas
- del
pasado marchito,
- y
me besó risueña en la mejilla.
-
- Los
Angeles, 14 de marzo de 2001
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(Indice) (Comentario)
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- Compañeros
-
- El camino que dos andan
- es en sí mismo destino;
- llegar no es tan importante
- como hacer el recorrido.
- Sentir la mano en el hombro
- al temblar el equilibrio,
- percibir la voz afable
- en el instante preciso,
- y sorprender la mirada
- que sonríe si sonrío,
- es, caminando con otro,
- caminar conmigo mismo.
- Por eso he abandonado
- las prisas y los designios,
- para avanzar paso a paso,
- anómalo peregrino,
- retrasando la llegada,
- sólo por estar contigo.
- Más quisiera ser laguna,
- que ser corriente de río,
- porque aquélla permanece,
- y éste al mar entra perdido.
- O ser rueda de carreta,
- en lento, constante giro,
- sincronizado a otra rueda,
- ambas el mismo gemido.
- O caminante que torna
- su sendero en laberinto,
- retrasando la arribada
- prolongando el recorrido.
- Mas si he de llegar un día,
- prefiero hacerlo contigo,
- compañero de viaje,
- nunca mejor elegido.
-
- Los
Angeles, 16 de marzo de 2001
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(Indice) (Comentario)
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- Silencio
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- Barro soy, con un soplo de
inspiración latente,
- y a tu barro me amoldo, de tu
aliento respiro;
- mis ideas han sido tuyas
primeramente,
- y a ser tuyas regresan, en verso o
en suspiro.
-
- Hemos ya traspasado la frontera
del miedo
- y no hay rincón oscuro, dominio
inexplorado,
- puedo decir que es tuyo mi
pensamiento, y puedo
- decir que tengo el tuyo dentro de
mí tatuado.
-
- Es el silencio ahora más
significativo
- que la tosca palabra, que nunca
representa
- la exactitud, la hondura, del
sentimiento vivo;
- la palabra, hojarasca seca que el
aire aventa.
-
- Ya no diré que te amo, ni que
eres tan hermosa;
- se ha dicho tantas veces que ya no
dice nada;
- escucharás el grito de mi alma
luminosa
- en callado estallido flotando en
la mirada.
-
- Y yo escucharé el tuyo resonando
en el fondo
- de un abismo que ignora las curvas
del oído;
- qué elocuente el silencio con el
que correspondo
- a tu íntimo silencio, jamás
enmudecido.
-
- Los Angeles, 24 de marzo
de 2001
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(Indice) (Comentario)
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- 431 - Vacilación
-
- Inaccesible fruta, esa manzana,
- en el árbol del bien y el mal pendiente,
- prohibida, y como tal, más atrayente,
- tan próxima a la mano, y tan lejana.
-
- No la protege foso o barbacana,
- libre al anochecer y al sol naciente,
- brindándose atractiva y sugerente,
- con languidez de incitación pagana.
-
- Quiero acercarme a ti, que no eres mío,
- y me detiene un cierto escalofrío,
- que de nuevo me impulsa, y me reprime.
-
- No sé si he de invadirte o esquivarte,
- si eres más mi llanura o su baluarte,
- si eres amor, o carga que me oprime.
-
- Los
Angeles, 26 de marzo de 2001
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(Indice) (Comentario)
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- 432
-Frivolidades
-
- A
mis océanos afluyen ríos
- de
los que ignoro número y caudales;
- descargan
su opulencia en mis umbrales;
- diluídos en mí, los llamo míos.
-
- Ficticia infiltración, brazos vacíos,
- de ofertas cíclicas superficiales,
- idas dejando sólo unas señales
- fugaces como estelas de navíos.
-
- Ríos de mi ambición y devaneo,
- rodando sedimento de deseo
- que aflora a veces y otra vez se
esconde.
-
- Os vi ayer, hoy os tengo, habréis
caído
- mañana en la hendidura del olvido,
- donde a mi voz ni el eco le
responde.
-
- Los
Angeles, 27 de marzo de 2001
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(Indice) (Comentario)
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- Hispanidad
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- “Abominad
la boca que predice desgracias eternas,
- abominad
los ojos que ven sólo zodíacos funestos,
- abominad
las manos que apedrean las ruinas ilustres,
- o
que la tea empuñan, o la daga suicida”.
- (Rubén
Darío, Salutación del optimista)
-
- Hombres de Hispanidad, en dos
riberas,
- tended sobre el azul del mar las
manos;
- venid, auténticos americanos
- de las llanuras y las cordilleras.
- No os amedrente sombra de gigante
- que en su altivez os ha robado el
nombre,
- ni anglosajón del norte, ni
emigrante,
- por hablar en inglés será más
hombre.
- Nos une mucho más que nos separa,
- romped los moldes que fraguó el
pasado,
- el troquel de la Historia está
gastado,
- y un nuevo amanecer nos da en la
cara.
- Ayer hubo rencillas familiares,
- y hoy hemos de sentarnos a la
mesa;
- tornemos los insultos en cantares,
- las divisiones en común empresa.
- Sólo el enano necesita ruinas
- para alcanzar significante altura;
- en nuestros propios pies hay
estatura
- para estar al nivel de las colinas.
- Que el Maya y el Azteca consideren
- sangre y color, mezcla de casco y
pluma;
- y que la herencia que desde hoy
prefieren
- sea en común Cortés y Moctezuma.
- El Inca en Machu Pichu se asegure
- la robustez de sus ciclópeos sueños,
- y al mismo tiempo logre que
perdure
- el recuerdo de un grupo de extremeños.
- En el extremo austral, junto a la
orilla
- del Mar del Sur, reviva el
araucano
- su ayer heroico, y se confiese
hermano
- ya de Caupolicán como de Ercilla.
- Y el gaucho de las pampas, que al
becerro,
- a caballo persigue en la llanura,
- reconozca que en parte es su
cultura
- Juan de Garay y en parte Martín
Fierro.
- Amazonas, hermano de los Andes,
- río de sambas y de carnavales,
- portugués o español, somos
iguales,
- multitud somos ya, seamos grandes.
- Gentes del Orinoco y la sabana,
- Bolívar y Miranda no han arado
- sobre el agua del mar; hay un
legado,
- vivo y común que a todos nos
hermana.
- Poeta o guerrillero colombiano,
- cubano del exilio o del bloqueo,
- emigrante a la caza de un empleo,
- no te llames latino, eres hispano.
- Y al otro lado del azul profundo
- romana Mérida, Granada mora,
- Toledo visigótico, Zamora,
- Burgos, León…somos el mismo
mundo.
- Repudiemos el odio y el rechazo,
- olvidemos la sombra y los errores,
- mezclemos esperanzas y sudores,
- y abramos la sonrisa y el abrazo.
- Que una familia somos, todos uno,
- y al mismo tiempo todos diferentes,
- cien civilizaciones, tantas gentes,
- a una mesa en que no sobra ninguno.
-
- Los
Angeles, 23 de marzo de 2001
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(Indice) (Comentario)
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- -
- Doña
Juana la Loca
-
- I
-
- De las escarchas de Burgos
- endureciendo las eras,
- a la vega de Granada,
- dormida al pie de la sierra,
- avanza la caravana
- braceando las tinieblas.
- Tiemblan mudas las antorchas,
- reflejos de almas en pena
- merodeantes en la noche;
- y en la imperceptible senda,
- danzan volutas de incienso
- como girones de niebla.
- Solemne coro de voces,
- lejano rumor de abejas,
- en requiems, y misereres,
- y lamentos se destrenza.
- Lento, rutinario el paso,
- rítmico sobre la arena,
- y el cierzo, como un cuchillo
- inevitable, atraviesa
- los cuerpos sobrevestidos
- de caballeros y dueñas.
- Ay Doña Juana, que amaste
- con la furia y la impaciencia
- de quien espera o exige
- exclusividad perpetua.
- Ah las noches solitarias,
- tan desnudas de promesas,
- cuando la carne se enfría,
- mientras el alma se quema.
- Mitad del lecho vacío,
- mitad de la vida muerta,
- y tu mitad cabalgando
- corceles de puerta en puerta.
- Cómo tu razón sangraba
- de preguntas sin respuesta,
- perdiendo el brillo, quedando
- pausadamente desierta;
- abrazada al triste miedo
- de soledad indefensa.
- Las lágrimas del silencio
- cómo te hicieron violencia,
- dulce Juana, y en tu mente
- se durmieron las ideas,
- las imágenes huyeron,
- se ahogó el rumor de las fiestas,
- y permaneciste ausente
- en medio de tu presencia.
- Y murió. Murió el esposo,
- llevando la primavera,
- dejándote un duro invierno
- de ineludible tristeza.
- Hoy su ataúd le defiende,
- y sólo tú eres su dueña.
-
- II
-
- La noche oscura y adusta
- desatendió a las estrellas,
- y solicitó a la lluvia,
- que en el viento llegó envuelta.
- Detuvo el cortejo el paso
- al resguardo de una iglesia,
- y en la nave resonaron
- el cansancio y las espuelas.
- Desperezó una campana
- el sueño de las vidrieras,
- llamando al rezo a los miembros
- del convento. Tras la reja
- del coro se adivinaban
- gráciles, blancas siluetas.
- Y el canto de los maitines
- se abrió en voz de gentileza.
- Un alarido de angustia
- abortó el canto. En la iglesia
- revuelo de caballeros,
- y de damas soñolientas.
- Y un murmullo de uno a otro:
- -“La Reina se ha dado cuenta
- que es monasterio de monjas,
- y quiere el féretro afuera”.
-
- III
-
- Oh dulce Juana, celosa
- de voces, sombras, quimeras,
- de la clara luz del alba,
- de miradas indiscretas,
- del aire que ya no puede
- respirar… Oh pobre Reina.
-
- Avanza la caravana
- braceando las tinieblas.
- Tiemblan mudas las antorchas,
- reflejos de almas en pena
- merodeantes en la noche;
- y en la imperceptible senda,
- danzan volutas de incienso
- como girones de niebla.
-
- Vigila el féretro Juana.
- Ninguna mujer se acerca.
-
- Los
Angeles, 18 de marzo de 2001
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(Indice) (Comentario)
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- Mío
Cid y el judío
-
- "Barva?
E agora veré yo si te trabaré d'ella.
- E
quisiéndole trabar d'ella espiró Dios en el Cid
- e
puso la mano derecha en la espada e sacóla
- quanto
un palmo; e tan grande ovo el judío el
- espanto
que, dando vozes, cayó amorteçido.
- E
llegando las gentes allí, falláronlo atordido
- e
vieron al Cid la espada así sacada, e maravilláronse."
- Vino la muerte a caballo,
- sin espuelas, y sin prisa,
- sabiendo que el caballero
- a pie firme esperaría.
- Y al arroparle en su manto,
- hubo una mutua sonrisa,
- y una caricia ligera,
- fría, pero al fin, caricia.
- Ausentado se ha Rodrigo
- hacia quien le dio la vida.
- Ya no cabalga en Babieca,
- pero es El Cid todavía.
- Yace su cuerpo en la nave,
- que vagamente ilumina
- la luz del sol que al ocaso
- por las vidrieras se filtra.
- Cota de malla en el pecho,
- las manos entretejidas
- sobre el puño de Tizona
- que hasta los pies se desliza,
- aún húmeda de la sangre
- y del sudor de la lidia.
- En la soledad del templo
- quedos los ruidos dormían,
- sólo silencio y penumbra
- vigilaban en la cripta.
- Silueta de hombre embozado
- en la puerta se perfila,
- doce tribus a la espalda,
- Cábala, Talmud, y Mishna,
- y ecos de preces hebreas
- en diáspora a la deriva.
- Agrio sabor en los labios
- del fracaso prestamista
- de sus correligionarios
- en Burgos, Raquel y Vidas,
- y en la mente un plan de ultraje.
- Aproximóse a hurtadillas;
- temblores entre los dedos,
- torvo brillo en las pupilas.
- En el cadáver de El Cid,
- serenidad de fatiga
- que ha conseguido el reposo;
- la rubia barba reclina
- sus bucles sobre la malla;
- las cuatro velas titilan.
- “En vida no pude hacerlo,
- pero hoy esa barba es mía”.
- Tiende la mano el judío…
- y al momento la retira,
- viendo que El Cid desenvaina
- media espada. Las rodillas
- le flaquean, y en el suelo
- aterrorizado grita,
- disipándose en el aire
- su último soplo de vida.
-
- Ausentado se ha Rodrigo
- hacia quien le dio la vida.
- Ya no cabalga en Babieca,
- pero es El Cid todavía.
-
- Los
Angeles, 21 de marzo de 2001
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(Indice) (Comentario)
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