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- Náufrado en tu mirada, cuyas olas
- sumergen las visiones de mi entorno;
- en tu retina sólo vi mi imagen,
- se evaporó de mi retina todo;
- pero hoy, lejana aquella primavera,
- y a punto de borrarse ya el otoño,
- aparece un anónimo paisaje
- en la gris superficie de tus ojos;
- paisaje que no evocan mis recuerdos,
- tal vez inexistente, o que yo ignoro.
- Aún te reflejo, pero no me veo;
- sólo veo un extraño territorio
- por el que no me encuentro, tan
perdido
- como en el exterior, quizá en el
fondo.
- En ti extranjero, doble desterrado
- de tu mundo interior, y tus fiordos.
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- Los
Angeles, 20 de julio de 2001
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- Rosa
que la mañana abre al rocío,
- rosa
que estalla al sol en franca ofrenda,
- rosa
que borra nombres en mi agenda,
- usurpando
el catálogo hoy vacío.
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- Entre
tus pétalos mis dedos guío
- como
siguiendo misteriosa senda,
- consciente
que por mucho que me extienda,
- el
fin, como el trayecto, ha de ser mío.
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- Una
por una apartaré tus hojas,
- a
la vez que tú misma me despojas
- del
arraigo y apego de otras flores.
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- Rosa
oculta, fragante, hoy a mi puerta,
- tanto
tiempo dormida, ahora despierta:
- no
del rosal, son míos tus temblores.
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- Los
Angeles, 21 de julio de 2001
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- El
día encubre la insignificancia
- de
cuanto somos. Nuestra pequeñez
- se
revela en la noche, cada vez
- que
intentamos medir nuestra importancia.
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- Cada
estrella es un punto en la distancia,
- pero
un punto de inmensa solidez;
- y
un punto somos, punto en desnudez
- de
grandeza, aunque vasto en arrogancia.
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- Yo
sólo soy un punto, pero ardiente,
- persiguiendo
a otro punto equivalente,
- que
se vincule a mí en lazo exclusivo.
-
- Un
punto nada más, punto y aparte,
- que
los margine a todos para amarte,
- punto
final, en ti definitivo.
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- Los
Angeles, 21 de julio de 2001
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- Al
hablarte, me responde
- tu
silencio;
- y
un enjambre de palabras
- en
revuelo
- como
abejas libadoras,
- en
el hueco
- de
tu boca ronronea,
- con
intentos
- de
dulzuras inmaduras;
- si
enmudezco,
- los
silencios se entreabrazan,
- absorbiendo
- mutuamente
el intercambio
- de
conceptos.
- No
es la campana a rebato
- sobre
el pueblo
- sonido
más armonioso,
- ni
el estruendo
- de
trombones en la orquesta,
- más
ameno;
- ni
es el lenguaje el
más claro
- mensajero.
- Tu
silencio retraído,
- tan
intenso,
- es
tan obvio, es un mensaje
- tan
directo,
- como
lo sería el tacto
- de
tus dedos.
- Son
las palabras a veces
- como
espejos:
- reflejan,
pero carecen
- de
alma y cuerpo.
- Esa
voz con que me habla
- tu
silencio
- descubre
los entresijos
- del
misterio
- que
tímidamente guardas
- en
el pecho.
- Háblame,
amor, sin palabras,
- que
te entiendo.
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- Los
Angeles, 21 de julio de 2001
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- Piedra angular, esquina y fundamento
- del santuario de mis divinidades,
- a donde acudo en las adversidades
- para recuperar quietud y aliento.
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- Intimo templo de recogimiento,
- cuyo retablo de serenidades,
- ensueños, fantasías, libertades,
- suaviza mi inquietud y mi lamento.
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- Tú eres piedra angular de ese
edificio
- en que el alma se ofrece en sacrificio
- para la redención de sus caídas.
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- Sólo tu apoyo me mantiene firme;
- y si la duda intenta persuadirme,
- tú a la perseverancia me convidas.
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- Los
Angeles, 22 de julio de 2001
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- Eras
sólo una idea indefinida,
- vaporosa,
sin forma, casi abstracta,
- como
el cosmos, imagen inexacta
- antes
de la primera amanecida.
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- Y
mi voz te llamó; y estremecida
- te
perfilaste en estructura exacta,
- músculos,
sangre, piel, íntegra, intacta,
- de
toda gala de mujer vestida.
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- Fuiste
mi creación, y te recrea
- mi
mano cada vez que te moldea
- en
íntimo y dinámico proceso.
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- Mi
creación de ayer, mi criatura
- de
hoy y siempre, mi sólida figura,
- frágil
no más en la humedad del beso.
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- Los
Angeles, 23 de julio de 2001
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- Audaz
amor, carente de memoria,
- incapaz
de volver la vista atrás,
- o
mirar adelante, porque estás
- sedentario
en un punto de tu historia.
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- Audaz
amor, que afirmas tu victoria
- en
el eres, no el fuiste ni el serás,
- por
querer en presente quieres más,
- que
otra forma de amar es ilusioria.
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- Audaz
amor, al hoy encadenado
- por
tu propia elección, no condenado,
- libre
de ayer como eres de mañana.
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- Al
golpear la aldaba de una puerta,
- no
indagas si quedó un día desierta,
- sino
si hoy tiene una presencia humana.
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- Los
Angeles, 23 de julio de 2001
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- Quiero
permanecer siempre despierto,
- porque,
al dormir, de ti me quedo ausente;
- siguen
mis sueños rumbo independiente,
- naves
que el viento aleja de su puerto.
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- Te
sueño en mi desvelo, mas no acierto
- a
soñarte dormido; estás latente
- en
mi brega diaria, a mí adyacente;
- duermo,
y parezco estar de ti desierto.
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- Consciente
la razón te ve y te expresa,
- tu
efigie queda en la memoria impresa,
- pero
te piensa más la voluntad.
-
- Si
voluntad, memoria y razón huyen,
- o
en el sueño furtivas se recluyen,
- ni
te pienso o te siento de verdad.
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- Los
Angeles, 24 de julio de 2001
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- Somos hijos de
madres reaccionarias,
- de la pasividad,
de la costumbre;
- labramos nuestra
propia servidumbre,
- cadena y bola de
labores diarias.
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- Se nos imponen
normas arbitrarias,
- y se atrofia el
cerebro con la herrumbre
- de la duda, el
temor, la incertidumbre,
- que ciegan las
ideas visionarias.
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- Tiempo es de
profanar los viejos ritos,
- derrotar el
silencio, hablar a gritos,
- romper la inercia,
huir a otro lugar.
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- Tiempo de cambio
que abra otro camino,
- que uno mismo se
forja su destino,
- y esa forja no
admite vacilar.
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- Los
Angeles, 25 de julio de 2001
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- Soñé que pasaba un ángel
- rozándome con sus alas.
- Yo era una mujer desnuda,
- una sonrisa en la almohada,
- y el sol filtraba sus rayos
- por la entreabierta persiana;
- rayos de notas dormidas
- como en cuerdas de guitarra;
- en el silencio vibrantes,
- sólo yo las escuchaba.
- Tú sobre mí, pecho, techo,
- que me cubre y me resguarda,
- yo pedestal que sostiene
- en sólo un punto tu estatua.
- Mis manos de seda tiemblan
- caricias sobre tu espalda,
- suavidad de tibias plumas,
- pájaros en desbandada.
- Pero mis dedos tropiezan
- con las plumas de tus alas
- ligeramente batidas
- al compás de tus entradas.
- Angel-pegaso que vuela,
- y al mismo tiempo cabalga.
- Brisa ligera que acuna
- las ramas de las acacias,
- así tu soplo de viento
- sobre mis flancos resbala.
- Al redoblar tu aleteo
- sentí como si se alzara
- tu cuerpo, arrastrando al mío,
- ascensión arrebatada.
- Y en el fondo de mis ojos
- naufragaba tu mirada.
- Cesó el vuelo, y el sosiego
- se durmió sobre tu espalda;
- se hundió tu pecho, mi techo,
- y me arroparon tus alas.
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- Los Angeles, 29 de julio de
2001
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- No
te puedo escuchar mientras te miro,
- abstraídos
sentido y pensamiento;
- a
tu imagen despierto, y soñoliento
- a
lo demás en cuyo entorno giro.
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- Al
mirarte, te absorbo, te respiro,
- sordo
el oído, sólo el ojo atento;
- mi
suficiencia de discernimiento
- más
se extenúa cuanto más te admiro.
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- Sólo
el silencio me habla, y le comprendo;
- ¿cómo
añadir a lo que ya estoy viendo?
- ¿qué
aclaración puede llevar la escena?
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- La
vista escucha y el oído es ciego,
- y
el hablar es inútil, como el juego
- de
escribir las palabras en la arena.
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- Los
Angeles, 29 de julio de 2001
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- Déjame
ser descubridor de tierras,
- piloto
del azul, nauta de mares,
- explorador
de rutas estelares,
- viajero
de estepas y de sierras.
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- En
tu más íntimo universo encierras
- junglas,
desiertos, pampas y glaciares,
- áreas
ocultas, zonas familiares,
- bajo
luces de paz, ruinas de guerras.
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- A
ese universo ignoto me dirijo,
- con
la esperanza, con el regocijo
- de
rastrearlo, de reconocerlo.
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