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Poemas originales
de:

........

- La novia de ojos azules,
- la
rubia novia de blanco,
- se
ha mirado en el espejo,
- se
le han dormido los años.
-
- Del poema "Novia, niña, novia".
- Ver
el poema completo
en:
- Tan
ligera
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de 2002
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|

-
-
- 919
- No alcanzo a
comprender cómo he podido
- vivir sin
conocerte, sin amarte;
- si no existieras
yo hubiera tenido,
- por mi
supervivencia, que inventarte.
-
-
- 920
- Cuánto te amé
entre espera y esperanza
- antes de
conocerte con los dedos;
- con tus
recuerdos viven hoy tus miedos,
- y con mis miedos
vive mi añoranza.
-
-
- 921
- Testigo fui de
tu dormir, testigo
- de tu quietud
serena, imperturbable;
- casi me siento,
al recordar, culpable
- de no dejarte
despertar conmigo.
-
-
- 922
- Olvida el canto
de mujer ajena
- manifestando que
desea y ama,
- u ofreciéndo
romántica una cena
- con intenciones
de ofrecer la cama;
- ya fragmentada
yace esa cadena,
- no tiembla en el
hogar sino tu llama;
- ella fue, pero
hundida está en su ocaso,
- y hoy hacia ti
seguro va mi paso.
-
-
- 923
- Tantos deseos
tuve que nunca han madurado...
- Todos se me
durmieron de treguas y abandono;
- pero hoy tu voz,
tu mano, me los han despertado,
- y me cantan de
nuevo, cada uno en su tono.
-
- Yo los siembro
en tu carne, y ellos se multiplican,
- qué abundante
cosecha de impulsos nos aguarda;
- saltémonos las
reglas, que amarran y complican,
- que este amor ni
se quiere dormir, ni se retarda.
-
-
- 924
- En nostalgia de ti
llevo los días,
- como a niños
pequeños, de la mano;
- en ausencia de ti,
frías, qué frías
- son las cálidas
noches de verano;
- en deseos de ti,
qué rebeldías
- brinda mi cuerpo
al tuyo tan lejano.
- ¿Cómo pude vivir
sin conocerte?
- Y ¿cómo
sobrevivo sin tenerte?
-
-
- 925
- He llegado tan
lejos, por tan breve sendero...
- Mientras unos
avanzan interminablemente,
- otros llegan, pero
hallan la meta insuficiente;
- yo llegué, me
aceptaste, fuiste mía, te quiero.
-
-
- 926
- Acerca el hombro
que me tambaleo
- en ausencia de ti;
en los cristales
- de los ojos hay
lluvia, y no te veo;
- como ondean al
viento los trigales,
- tiembla mi
pensamiento, en titubeo
- de si abrirás de
nuevo tus umbrales.
- tal vez el alma se
me desmorona,
- porque hoy, más
que sentir, teme y razona.
-
-
- 927
- Recién nacida en
mí, y arrebatada
- a enemiga
distancia; y hoy que intento
- adiestrar día a día
el sentimiento,
- veo que no hay
entre mis manos, nada.
-
930
- En cada ausencia,
viva está la muerte
- a la espera de la
resurrección;
- pasan los meses, y
este corazón
- se morirá de
tanto renacerte.
-
-
- 931
- Nunca sobre mi
piel fuiste una herida,
- pero eres sin
embargo cicatriz,
- siempre presente,
que jamás se olvida,
- rúbrica y sello
de que soy feliz.
-
-
- 932
- En las entrañas
de la noche advierto
- luces lejanas, trémulos
rumores;
- relámpago sinfónico
si vierto
- en tus entrañas
ímpetu y temblores.
-
-
- 933
- Si no llegara
mañana,
- tal vez no me
moriría,
- pero qué sola y
qué fría
- noche infinita,
inhumana:
- Asomado a la
ventana,
- contando árboles
o estrellas,
- incapaz de ver tus
huellas,
- o inmóvil sobre
la alfombra
- para no ahuyentar
tu sombra,
- autora de horas
tan bellas.

- 660
- Reciprocidad
-
- Apuntálame el
alma y la memoria,
- que ni una se
derrumbe, ni otra olvide;
- tu abrazo, círculo
de acero, impide
- que hoy sean
ruinas lo que ayer fue gloria.
-
- Tan delgada es
la línea divisoria
- que entre vigor
y flojedad reside,
- que si hoy tal
vez mi voluntad decide,
- mañana será
tuya la victoria.
-
- Cuando mi
robustez se desmorone,
- tiemble el brazo,
y la mente no razone,
- álcese pertinaz
tu fortaleza.
-
- Y al oscilar la
torre de tu ensueño,
- avanzará mi brío
en el empeño
- de mantenerla
pieza sobre pieza.
-
- Los
Angeles, 3 de agosto de 2002
Indice
-
-
-
- Eran
-
- Eran frutos
maduros, mansamente arropados
- por el húmedo césped
en la clara mañana;
- eran moldes
gemelos de sonora campana,
- cuyos ecos aún
vibran en mi oído arraigados.
-
- Eran firmes
relieves, zigzagueando unidos
- sobre la íntima
tundra de mi cálida piel,
- dibujando
invisibles figuras que un pincel
- nunca hubiera
esbozado sobre carne o tejidos.
-
- Eran, en noche
oscura, lúcidas lunas llenas,
- y de su
firmamento yo tenía la escala;
- eran límpidas
olas por cuya agua resbala
- enjambre de
nereidas, sílfides y sirenas.
-
- Eran
ofrecimientos a las concavidades
- de labios
anhelantes, de manos temblorosas,
- abriéndose
obsequiantes, como se abren las rosas,
- casi súbitamente,
y sin ambigüedades.
-
- Y eran, en fin,
dos cumbres donde nacen los ríos
- que fecundan mis
valles, que mi llanura riegan,
- y avanzan
insistentes y nunca se repliegan,
- que un día se
me dieron, y hoy siguen siendo míos.
-
- Los
Angeles, 3 de agosto de 2002
Indice
-
-
-
- Ojos
y manos
-
- Guardan tus ojos
algo que a tus manos elude,
- como el águila
en vuelo, la gacela al galope,
- y jirones de
nubes, y titilar de estrellas,
- y las
enredaderas trepando a los balcones;
- claros patios
moriscos poblados de macetas,
- donde cantan su
copla de agua los surtidores...
- Y me guardas, me
guardas, me encuentro al fondo de ellos,
- donde duermen
las luces y se apagan las voces.
- Pero tus manos
tibias, las que me acariciaron,
- al evocar mi
tacto casi han perdido el roce
- descubierto hace
un tiempo, cuando en las horas muertas,
- sembraban
turbulencias en surcos de temblores.
- Y me duermo en
tus ojos más que lo hago en tus manos,
- allí, en cuya
penumbra, cuanto yo soy se esconde;
- tus manos son
las ramas del sauce en la ribera,
- y tus ojos el río
que un cielo entero absorbe.
- Son tus ojos el
álbum que archiva cada imagen,
- y tus manos el
canto que se perdió en la noche.
-
- Los
Angeles, 3 de agosto de 2002
Indice
-
-
-
- Mente
y corazón
-
- Cuando instinto
y amor, mano con mano,
- hacen girar del
corazón las ruedas,
- la mente avanza
con mirada turbia,
- vagabunda
perdida entre la niebla.
- Razones hay que
el corazón no entiende,
- y afectos que la
mente ni sospecha.
-
- Yo te veo con
ojos perceptivos
- de color, de
emociones y de estrellas,
- ciegos a
sensatez y maniobras,
- ajenos a
equilibrios y cautelas.
- Te miro con el
tacto clandestino
- sondeador de
piel bajo la seda,
- con impulso que
irrumpe y se dispara
- sin medir opinión
ni consecuencia.
-
- Oigo el frenazo
del entendimiento,
- abanderado de áridas
ideas,
- tedioso arroyo
de invariable cauce,
- nunca
desbordador de sus riberas,
- siempre a la
escucha, frío, analizando
- cuándo y por qué,
preciso centinela.
- Alzo los hombros,
cierro los oídos,
- sigo avanzando,
el corazón gobierna.
-
- Los
Angeles, 3 de agosto de 2002
Indice
-
-
-
- 661
- De
vuelta
-
- Vives en mi
reloj a ritmo lento,
- y yace estático
mi calendario,
- mientras yo te
medito en solitario,
- mudo el canto,
dormido el movimiento.
-
- Mantiene la
esperanza el firme intento
- de retrazar el
viejo itinerario,
- como vuelve cada
año al campanario
- la cigüeña a
través de lluvia y viento.
-
- Mi mano avanzará
las manecillas,
- arrancará los
meses, y en gavillas
- los quemará, y
el tiempo habrá venido.
-
- Y me presentaré
sin anunciarme,
- y otra vez te
amaré y podrás amarme
- como si nunca
hubiéramos partido.
-
- Los
Angeles, 4 de agosto de 2002
Indice
-
-
-
- Restáurame
la fe
-
- Eres silencio
oscuro de catedral desierta
- que sólo
invaden luces tenues, multicolores,
- oblicuas, tibias
lanzas de un sol que se despierta
- y embiste las
vidrieras. Placeres y dolores.
-
- Relámpago eres
súbito, látigo luminoso,
- de truenos
ignorante, de sombras enemiga,
- caricia que
fusiona sacudida y reposo,
- sin que el
reposo implique dejadez ni fatiga.
-
- Eres río
sangriento de venas desgarradas,
- las que zarpas
ajenas rasgaron implacables;
- las que abrieron
tus manos, tersas, apasionadas,
- en otra piel
hambrienta, rojos inevitables.
-
- Hablaré a tu
silencio con mi voz de poeta,
- repoblando tu
entorno de luz y de sonido;
- mi caricia en la
noche trazará tu silueta
- como lenta
descarga de callado estallido.
-
- Y a la fiera
corriente de tus venas abiertas
- he de arrojar el
alma, que pueda navegarte;
- saltar todos tus
muros, cruzar todas tus puertas,
- y en tu torre más
alta desplegar mi estandarte.
-
- Cubierta estás
de labios, pero sólo los míos
- son espigas
doradas, racimos en sazón,
- siendo los otros
pétalos agostados y fríos
- que ha de
hacinar el viento mañana en un rincón.
-
- Y si un día
sombrío se apagara mi aliento,
- si una noche de
niebla tropezara mi pie,
- si acaso, amada
mía, en el mar turbulento
- de mis dudas
naufrago, restáurame la fe.
-
- Los
Angeles, 5 de agosto de 2002
Indice
-
-
-
- Te
amo
-
- Fueron palabras
cálidas, desnudas,
- nunca escuchadas
antes;
- rompieron en mis
jóvenes oídos
- como brisa de
abril en los pinares.
- Me dijo: “Te
amo”, y en sus manos tibias
- se encendieron
diez águilas reales,
- volando sobre mí
en círculos breves,
- y se alteró mi
sangre.
- Le respondí:
“Yo a ti”, en encogimiento
- de malgastar una
vez más la frase
- tan suspendida
en labios
- de medio
enamorados, medio amantes.
- Y nació una
tendencia
- que arrastraron
los años en su cauce.
-
- Dije a algunas
“Te quiero”,
- y a pocas “Te
amo”, siempre vacilante,
- como si fuera a
profanar un templo,
- y temblaran mis
pies en sus umbrales.
-
- Tú estabas por
nacer, pero vivías
- dentro de mí,
y yo ya empezaba a amarte;
- y cada otra
mujer era una sombra
- proyectada por
ti, fuego distante.
-
- Y hoy, cuando al
fin recalas en mi puerto,
- de vuelta de
otros mares,
- rota la
arboladura
- de tanto capear
los temporales,
- hoy por primera
vez suenan auténticas,
- porque nacieron
para ti radiantes,
- cuando alguien
me las dijo
- y recibió en
respuesta ambigüedades.
- Tal vez opiné
entonces
- que era el amor,
como pensé más tarde.
- Hoy sé que eran
reflejos, espejismos,
- vientos perdidos
en los olivares.
- Como te digo
“Te amo”,
- antes que a ti
no se lo he dicho a nadie.
-
- Los
Angeles, 6 de agosto de 2002
Indice
-
-
-
- 662
- Purificada
-
- Revélanse en el
ceño de tu frente
- viejos recuerdos,
mil evocaciones,
- amparándose en
sombras y rincones,
- olas que baten
contra tu rompiente.
-
- Calcinaré como
un hierro candente
- esa piel
arrugada en decepciones,
- originando hipnóticas
visiones
- de las que el
alma en luz no se arrepiente.
-
- Las aguas
cenagosas han cedido,
- y una nueva
inocencia se ha ceñido
- en torno a ti en
flamígera espiral.
-
- Luminosa y
desnuda la memoria,
- sin el lastre de
ayer y de su escoria,
- transparente será
como el cristal.
-
- Los
Angeles, 6 de agosto de 2002
Indice

- Tres
primaveras
-
- Se dieron una
cita
- más allá del
invierno.
- Fue tan larga la
espera, que las nubes
- surcaron
repetidos sus diseños,
- y el otoño, en
muletas, alargaba
- exasperante y
torpe su trayecto.
- El, a la orilla
opaca de la vida,
- ella en el cénit
de esperanza y sueños;
- ambos en
juventud exhuberante,
- espoleando júbilo
y deseo
-
- Llegó el otoño
al fin a su destino,
- el olmo desnudó
brazos y pecho,
- desbordó el
arroyuelo sus riberas,
- y la corriente
se durmió en el hielo.
-
- Qué remoto aún
el mayo de las rosas,
- qué lejano el
abril de los jilgueros,
- qué distante el
crepúsculo de marzo
- y las tempranas
flores del almendro.
-
- Qué paradójico,
casual prodigio,
- contradictorio
al tiempo,
- que cuanto más
los meses se suceden,
- más ellos dos
van rejuveneciendo.
-
- Tres primaveras
en la primavera,
- dos delirantes,
y una floreciendo.
-
- Los
Angeles, 6 de agosto de 2002
- Indice

- Ladridos
-
- “No quiero decir, por hombre,
- las cosas que ella me dijo”.
- (García Lorca: ‘La casada infiel’.)
-
- Aunque ladren a
la luna
- no romperán mi
silencio,
- que son ruin
inconveniencia
- los ladridos de
los perros,
- y no quiero
asemejarme
- a quienes ladran
como ellos.
-
- Ah, los que
tuvieron amos,
- y hoy son perros
callejeros
- en busca de
desperdicios
- por calles y
basureros,
- y tal vez al fin
reciben
- de gente benigna
un hueso.
- Lamen los pies
del vecino
- cuando no tienen
los nuestros,
- mendigando las
caricias
- que en otro
tiempo tuvieron.
-
- Ya se escondan
en la sombra,
- ya muerdan o
huyan con miedo,
- nunca gritaré
que callen,
- ni hablaré a
sus nuevos dueños.
- Sirva a quien
esté a la escucha
- su ladrido y mi
silencio.
-
- Don Quijote, una
mañana,
- dijo a Sancho el
escudero:
- “Ladran, luego
cabalgamos”.
- Cabalgando voy,
no huyendo.
-
- Los
Angeles, 7 de agosto de 2002
- Indice

- 663
- El
leño
-
- Cada golpe del
hacha en el madero
- canta un
requiebro a la futura llama;
- ya no será raíz,
tronco ni rama,
- sino impulso en
el fuego prisionero.
-
- Alas y lenguas
en tropel ligero
- le han de brotar,
dinámica amalgama
- que bate y lame
y lúbrica derrama
- entre cenizas su
vigor entero.
-
- Déjame arder
hasta que en ti se enreden
- mi luz y mi
calor, y exhaustos queden
- en la quieta
penumbra de tu hogar.
-
- Lánguida,
inerme, frente a mí tendida,
- en ese
claroscuro en que la vida
- parece desistir
de caminar.
-
- Los
Angeles, 11 de agosto de 2002
- Indice

- 664 - Tu
silencio
-
- Puedo, al
mirarte, ver los pensamientos
- que tú misma aún
no sabes que has tenido;
- en ti he estado
en tal modo sumergido
- que sé desde el
tejado a los cimientos.
-
- He visto gozo,
sueños, desalientos,
- y te he visto en
el miedo aún no vencido;
- por mi alborozo
tu alegría mido,
- por mis
desolaciones, tus lamentos.
-
- Tu rostro me
habla si tus labios callan,
- y en tu quietud
unánimes estallan
- rojos ocasos, pálidos
albores.
-
- ¡Qué silencio
sensual tan elocuente!
- Te escucho desde
el centro de tu mente
- y oigo en tu
piel redoble de tambores.
-
- Los
Angeles, 13 de agosto de 2002
- Indice
- Soñar
fuera del sueño
-
- Llama la noche a
los amantes, llama
- con oscuro,
callado, tenue canto.
- Te ayudaré a soñar
fuera del sueño,
- ligero el párpado,
ferviente el labio.
- Tu sueño en que
no estoy, mi propio sueño
- ignorante del
eco de tus pasos,
- desdeñan los
que somos y tenemos,
- nos tratan como
a extraños.
- No hay voluntad
en el soñar dormidos,
- del río es la
corriente, no del lago;
- para ir del uno
al otro
- debe avanzar el
pie, temblar la mano;
- ser flecha libre
en vuelo permanente
- que olvida la
ballesta en ruta al blanco;
- catarata
incesante,
- más que inmóvil,
letárgico remanso.
- Dormido no te
sueño,
- te sueño
desvelado.
- Dormido no soy
yo, mente en suspenso,
- de imágenes caóticas
amparo,
- con vida y
tiempo propios,
- nunca por mí
otorgados.
- Rechazo esas
ideas,
- repudio ese
retablo
- de perfiles
absurdos que me observan,
- y que yo no he
creado.
- Quiero soñar
contigo en vigilancia
- de ti misma, en
dinámico contacto,
- consciente de tu
pulso,
- de tu aliento y
sonrisa, de mi abrazo.
- Soñar fuera del
sueño,
- con tu piel
adherida a mi costado.
-
- Los
Angeles, 14 de agosto de 2002
- Indice
- Ayer
y hoy
-
- Para llenarme de
tu luz tan nueva
- me he despojado
de las viejas sombras;
- lo que un día
juzgué aurora radiante,
- fue tarde gris
que en noche desemboca.
- Y tú eres
claridad de luz de luna
- rielando en la
cresta de las olas.
-
- Lo que pensé
armonía, fue alboroto,
- lo que aflicción,
temor a la derrota.
- El húmedo
cristal de tus retinas
- canta muda, nostálgica
salmodia,
- íntima melodía
estimulante,
- desgranando su
ritmo gota a gota.
-
- Abrió el amor
sus cauces al despecho,
- se transformó
en corneja la paloma,
- y sucedió el
denuesto y la impostura
- a las palabras
acariciadoras.
- Pero has llegado
tú, mano inefable,
- entre tus dedos
deshojando rosas,
- tejiendo un
despertar fantasmagórico
- de sonidos, imágenes
y aromas.
-
- Puede el amor
ser arma de dos filos,
- pero el auténtico
no injuria, llora,
- ni pordiosea lástima
en la calle
- si su pirámide
se desmorona.
- Hoy voy contigo,
como iré mañana,
- en presencia o
ausencia; ésta es la copa
- que gustamos
beber, vino maduro
- de sabor
agridulce en esta hora.
-
- Por ti, contigo,
hacia mejores campos
- el corcel de mis
ímpetus galopa.
-
- Los
Angeles, 23 de agosto de 2002
- Indice
-
-
-
-
- En
eso está mi fe
-
- Ni yo te elegí
un día, ni tú me has elegido,
- aunque tu
acequia en todos los campos he buscado;
- esos campos hoy
yertos donde el viento ha esgrimido
- su látigo de
ruina, su ráfaga de enfado.
-
- Peregrino
sediento, me llegué a tantas fuentes,
- y hallé las
aguas turbias, o el canal cenagoso;
- sólo tu arroyo
fluye con aguas transparentes,
- sólo a tu
fresca sombra mi afán logró reposo.
-
- Y peregrina
fuiste, rodando otros caminos
- que abocaron a
ciegas fronteras sin salida;
- y a través del
cansancio, y el yermo, y los espinos,
- a mi lado
surgiste, sólo de ti vestida.
-
- Tal vez estaba
escrito que tu senda y mi senda
- se cruzaran al
eco de tu pie y de mi pie;
- pero sé que hoy
marchamos sin tener otra agenda
- que amar y ser
amados. Y en eso está mi fe.
-
- Los
Angeles, 23 de agosto de 2002
- Indice
- No
eres recién llegada
-
- No eres recién
llegada;
- tu pie hizo
huellas que pisé yo luego,
- aunque seguiste
sin volver los ojos,
- y me quedé sin
verlos.
- Pero vi tu
contorno,
- tu cabellera al
aire, desde lejos,
- ondeando al compás
de las caderas,
- con ritmo
juvenil, y tan ligero.
- Ibas en busca de
algo, tal vez de alguien,
- indefinido,
tenue, como un sueño;
- de una canción
de brisas y gardenias,
- de una llama que
no apagara el viento.
- Y al extender tu
mano
- de náufrago que
al fin arriba al puerto,
- te quedó sólo
el toque delusorio
- de húmeda y
leve espuma entre los dedos,
- lúcida pompa de
jabón, tan frágil
- que se quiebra
al contacto del aliento.
-
- Y volviste a la
carga, entre esperanzas
- prófugas,
deshojadas; bajo inciertos,
- efímeros
indicios,
- y la urgencia
vital de un nuevo intento.
- Y una vez más
los ejes de tus ruedas
- de astillas
salpicaron el sendero.
-
- Siempre una luz,
y un apagón al fondo;
- una canción, y
un eco de lamentos;
- y un potencial
de amor inexplotado,
- cántaro de agua
oculto en el desierto.
-
- Y desde lejos yo
te conocía,
- aún sin saber
quién eras. En mi lecho
- hubo siempre un
vacío que esperaba,
- acumulando beso
sobre beso;
- los que nunca di
a nadie,
- los que di sin
sentirlos, los sinceros,
- todos con la
esperanza de algún día
- regenerarlos, y
al hacerlos nuevos,
- quitando viejos
nombres,
- poner el tuyo en
cada uno de ellos.
- Virginizarlos
todos,
- retrocediendo el
tiempo,
- porque te
pertenecen,
- porque fueron
- préstamos que
hoy se cobran,
- y en tu cuenta
de amor se hace el ingreso.
-
- Mujer que al fin
has dado a mí la vuelta,
- cuánto tiempo
perdido sin querernos.
-
- Los Angeles, 26 de agosto de 2002
- Indice
- De
madre a hija
- (Campanas de boda)
-
- No es que te
lleva un hombre, es que te vas tú misma,
- como yo me fui
un día claro y alborozado;
- te vas con esa
calma que cubre la marisma,
- y el ímpetu del
agua sobre el acantilado.
-
- Avanzas por la
vida como lo hice yo un día,
- aunque hoy tiene
matices diferentes de ayer;
- te colmará de
gozo tu nueva compañía,
- pero de vez en
cuando, mira hacia atrás, mujer.
-
- Hay mundos
fascinantes que no has aún descubierto,
| |