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Original de


- Cuánto los
dos un tiempo dependimos
- del recíproco
amor que descubrimos,
- mitad
propósito, mitad sorpresa.
-
- Y cuánto hoy
este amor se fortalece
- con cada hora
que exulta o entristece,
- lágrima muda
en la sonrisa presa.

| Nº 79a |
1ª entrega |
Febrero 03 |
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- 1016
- En
tu sonrisa danzan auroras luminosas,
- tu
mirada rebosa de pétalos y
estrellas,
- no
necesito noches, alboradas
o rosas,
- que
son meros reflejos de ti, frágiles
huellas.
-
-
- 1017
- Para
hoy hemos forjado el pensamiento,
- para
ayer se nos dio la remembranza;
- para
mañana un doble enfrentamiento
- de
desesperación y de esperanza.
-
-
- 1018
- Te
recuerda mi sexo devorado,
- dormido
ahora sin ti;
- ramo
soy del almendro desgajado,
- languideciendo
desde que me fui.
-
-
- 1019
- Con
el amor sonámbulo o dormido,
- vas
al encuentro de caricias mudas,
- subyugado
el sentir por el sentido,
- y
en torno al árbol del placer te
anudas;
- profundiza
en la cuenca de tu oído
- su
voz sedosa al par que te desnudas,
- y
se desatan claros manantiales,
- floreciendo
en tu piel rosas carnales.
-
-
- 1020
- Antes
de tus palabras no hubo nada,
- sólo
viento al pasar, sólo rumores;
- antes
de tus palabras, la alborada
- despertaba
vacante de colores;
- antes
de tus palabras, mutilada
- se
vio la primavera de sus flores.
- Sólo
al hablarme tú se hizo armonía
- la
noche oscura y la mañana fría.
-
-
- 1021
- No
sé si es un espasmo o un aleteo,
- si
un águila real o un colibrí;
- no
sé si un aluvión o un borboteo;
- no
sé si mi deseo cabe en ti.
-
- Índice
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- 712
- Columbia
-
- Siete
magníficos exploradores,
- siete
pasos en la última frontera,
- siete
sonrisas antes, a la espera,
- y
hoy, en el cielo azul, siete dolores.
-
- Samurais
del espacio, siete flores
- en
féretros vacíos, primavera
- recién
tronchada por la ventolera
- de
fuego y aire en cósmicos horrores.
-
- Desconsoladas
gimen las estrellas
- que
les vieron volar, éstas y aquéllas,
- en
la bandera y en el firmamento.
-
- Todos
hemos perdido siete hermanos,
- nuevo
temblor sacude nuestras manos,
- y
aprende nuestra voz nuevo lamento.
-
- Los
Angeles, 1 de febrero de 2003
-
- Índice
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- 713
- Cuando
mi piel te llama
-
- ¿En
qué sueño trivial tu alma se
esconde
- cuando
mi piel en soledad te llama
- desde
la estepa helada de mi cama,
- y
sólo el eco de su voz responde?
-
- ¿Por
qué rutas de olvido vas? ¿En dónde,
- o
sobre quién profusa se derrama
- la
lluvia de tu esmero? ¿Quién
reclama
- ese
amor que a mí sólo corresponde?
-
- Hay
dos tús a ambos lados de un abismo,
- el
que susurra dentro de mí mismo,
- y
el que a lo lejos su canción
silencia.
-
- O
tal vez uno sólo, y tu gemido
- grita,
pero se axfisia enmudecido
- en
la oquedad vacía de la ausencia.
-
- Los
Angeles, 3 de febrero de 2003
-
- Índice
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- 714
-
Cuánto
-
- Cuánto
te amé, sin miedos, sin razones,
- de
noche oscura a claridad de día;
- dentro
de mí una luz se encendería
- por
cada una de nuestras sensaciones.
-
- Cuánto
me amaste; tantas emociones,
- tan
nuevas, tu alma sobre mí vertía,
- que
como tú ninguna fue tan mía,
- ni
de otra fui con tales ilusiones.
-
- Cuánto
los dos un tiempo dependimos
- del
recíproco amor que descubrimos,
- mitad
propósito, mitad sorpresa.
-
- Y
cuánto hoy este amor se fortalece
- con
cada hora que exulta o entristece,
- lágrima
muda en la sonrisa presa.
-
- Los
Angeles, 6 de febrero de 2003
-
- Índice
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- Tristeza
-
- A
Marisol
-
- Tan
triste estás, tan triste,
- que
hasta tu espíritu proyecta sombra;
- no
la sombra del olmo,
- bajo
la danza de las verdes hojas,
- que
al peregrino ofrece
- breve
descanso sobre fresca alfombra;
- la
sombra de tu espíritu
- se
alarga con carácter de mazmorra,
- con
lóbregos barrotes
- que
amedrentan crepúsculos y auroras.
- Huyen
de ti colores y sonidos
- como
asustada banda de palomas;
- y
llueve sin cesar, llanto y
nostalgia,
- sobre
la cabalgata de las horas.
- Nacen
abrazos de mis hombros, canta
- mi
voz dulce salmodia,
- y
no aciertan a anclarse en tu cintura,
- ni
llegan a tu tímpano mis notas.
- De
soledad y decepción cercada,
- con
la esperanza sólo gota a gota,
- te
atribuyes la suerte del vencido,
- condenado
a cavar su propia fosa.
- Al
fin he conseguido
- establecer
un puente a tu congoja,
- que
ya no es exclusivamente tuya,
- ni
has de tener que confrontarla a
solas.
- Esta
aflicción que aflora de mis labios,
- esta
parte de ti que de mí brota,
- diluye
tu amargura,
- y
el firme anillo de tu pena afloja.
-
- Duérmete
entre mis versos doloridos,
- entramado
de vástagos de rosas;
- duerme
y relega el eje de tu angustia
- a
un oscuro rincón de la memoria.
-
- Los
Angeles, 6 de febrero de 2003
-
- Índice
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- Juegos
de arena
-
- He
vuelto a mi niñez, descubridora,
- sobre
la húmeda arena de la playa,
- de
tantas formas rústicas
- bajo
mi torpe mano edificadas.
-
- Volví
a mi juventud, y fue un castillo
- rodeado
de torres y murallas,
- donde
el dragón de mi alta fantasía
- guardaba
a una princesa encadenada.
-
- Luego,
en mi madurez, fue la escultura
- yacente
de tu cuerpo junto al agua,
- tallada
por mis manos
- en
lentitud, en suavidad, en llamas.
- Por
un momento el mar detuvo el paso,
- en
respeto a la imagen moldeada,
- aupándose
las olas para verte,
- avanzando
hacia ti su espuma blanca.
- Lengua
del mar, lasciva y pudorosa,
- llamando
y retirando la llamada,
- rondando
pies, y muslos, y caderas,
- en
leve intento de lamida mansa.
- Al
esculpir mi nombre sobre el vientre,
- celoso
el viento lo desmoronaba.
- ¿Qué
puedo hacer contra los elementos,
- que
te destruyen o te me arrebatan?
- Toda
tú, flor de orillas,
- cuya
corola mar y viento arrancan,
- toda
tú fuiste mía,
- y
la erosión hoy lenta te desgasta.
- Tantos
juegos de arena destruídos...,
- no
volveré a la playa.
-
- Los
Angeles, 8 de febrero de 2003
-
- Índice
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- Tarde
viniste
-
- Se
me derrama el tiempo,
- como
el agua en la fuente sobre el cántaro;
- estoy
lleno de ti, y estoy perdiendo,
- de
tanto que me has dado, tanto, tanto...
- Te
me vas cada día, poco a poco,
- o
¿soy yo quien se va? Arde el ocaso
- en
llamas que no supo el mediodía,
- y
tocan las campanas a rebato,
- no
sé si por la vida que hoy palpita,
- o
la muerte que blande su zarpazo.
- Tarde
te conocí, tarde viniste,
- tarde,
muy tarde, descubrí tu espacio.
- Oh,
cómo rompe calmas y equilibrios
- este
miedo a partir, recién llegado.
- Hubiera
sin ti entrado en la tiniebla
- con
mente gris, indiferente paso,
- tal
vez con una mueca de sonrisa
- colgando
de mis labios.
- Pero
dejarte aquí, tras adquirirte,
- sin
haberte llevado de la mano
- por
caminos de luna y arco iris,
- sin
poner a tus pies mi itinerario...
- Cómo
me rasga el alma
- este
puñal del tiempo envenenado.
-
- Los
Angeles, 11 de febrero de 2003
-
- Índice
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- Octavo
día
-
- “Díjose
Yavé Dios: ‘He ahí a Adán hecho
como
- uno
de nosotros, conocedor del bien y
del mal;
- que
no vaya ahora a tender su mano al árbol
de
- la
vida, y comiendo de él, viva para
siempre’.
- Y
le arrojó Yavé Dios del jardín
del Edén, a labrar
- la
tierra de la que había sido tomado.”
(Gén. 3, 22-23)
-
- Amaneció
en Edén. La luz bisoña
- descolgó
su pisada irresoluta
- sobre
nuevos caminos aún sin huellas,
- tímida
replegando la penumbra.
- Y
en la fronda, entre perlas de rocío,
- hombre
y mujer su desventura ocultan.
-
- Los
coléricos ojos del relámpago,
- la
voz del trueno, autócrata, iracunda,
- el
revuelo del viento en la enramada,
- son
del rostro de Dios fiera envoltura.
-
- Hombre
y mujer caminan al exilio,
- hombre
y mujer, la flor de la lujuria,
- enredadera
de hálito y deseo,
- enmarañada
en muslos y cintura.
-
- Cincelado
en el barro de la carne
- el
afán de querer, roca y espuma,
- firmeza
y suavidad, grito y susurro,
- vergüenza
es hoy sobre la piel desnuda.
-
- Roja
brasa de rumbos e inquietudes
- prendió
la mente, afirmación o duda,
- hambre
de abrirse a lo desconocido,
- ejercicio
de lógica y argucia.
- Y
la orden vino de quedarse al margen,
- y
hubo una rebelión, y hay una tumba.
-
- El
sepulcro nos llama, pero amamos,
- la
verdad nos requiere, o nos impulsa,
- el
bien y el mal se mezclan y confunden
- y
en el fondo de alma se refugian.
- Y
en exilio de Dios, del Paraíso,
- vivimos
esta inagotable lucha
- de
recrear lo que un día perdimos,
- el
mismo fin por diferentes rutas.
-
- Los
Angeles, 11 de febrero de 2003
-
- Índice
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