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| Poesía del momento: Nº 85 b |
Segunda entrega:
Agosto 2003 |
Original
de
Francisco
Alvarez Hidalgo

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- Hay
catedrales que la fe ha erigido,
- y
aunque la fe hoy vacile, permanecen;
- y
hay catedrales vivas, que estremecen
- la
vista, el tacto, el gusto y el oído.
-
- Ah,
tú, mi catedral, donde el sentido
- tiene
un altar, donde en temblor se ofrecen
- sacrificios
de piel, donde enmudecen
- las
palabras, y el beso es estallido.
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Vieja Catedral
Brazos de piedra que,
horadando altura,
pretenden arrancarle a Dios sus dones;
inmóviles, absortas oraciones
que la marcha del tiempo no apresura.
Lanzas de centinela en
noche oscura,
de día, al sol, pareja de leones,
en defensa de axiomas y visiones
de una fe que aún durmiéndose perdura.
Se han perdido compás,
plomada, escoplo,
y hasta el viento llevó en furtivo soplo
los nombres de arquitectos y canteros.
Mas queda este perfil
inalterable,
exhuberante pluma, erguido
sable
de sobrios monjes, rígidos guerreros.
Los Angeles, 13 de agosto de 2003
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Nueva catedral
Brazos de viva carne,
horizontales,
labrados con amor para la entrega,
para ese abrazo que jamás se niega,
con aroma de cámaras nupciales.
Estas son las modernas catedrales,
donde se alaba, espera, ofrece, ruega;
donde hay fervor, pero también se juega,
donde elevamos vanos pedestales.
Y nosotros en parte recibimos
la obra en progreso, en parte construímos,
pero también en parte derribamos.
¿Y los nombres? A veces esculpidos
en mármol van, y a veces van perdidos,
y en un olvido gris los enterramos.
Los Angeles, 13 de agosto de 2003
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I - Arbotante
- De
tu bóveda soy firme arbotante,
- brazo
en la resistencia de tu peso;
- de
mí dependes, y en mi ojiva preso
- yace
tu porvenir en cada instante.
-
- No
sé temblar por ti, ni estar distante,
- te
hundirías sin mí; no hay retroceso
- en
nuestra relación; por ti atravieso
- el
aire azul con pretensión de amante.
-
- Si
ambos unidos hoy permanecemos,
- tú
estás, yo te sostengo, respondemos
- a
una ley desigual que nos fue impuesta.
-
- Una
ley que acepté, que me confiere
- perenne
sitio junto a ti, y requiere
- la
misión de servirte sin protesta.
-
- Los
Angeles, 8 de agosto de 2003
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II -
Estructura
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- Ese
puente de luz que en mí reposa,
- de
tantos ojos, sólo una mirada,
- para
la luna, umbría balaustrada,
- para
el sol, sinfonía silenciosa.
-
- Túnica
de vidrieras, mariposa
- multicolor
en el cristal plasmada,
- y
al interior palmera desbordada
- de
columna a techumbre luminosa.
-
- Tantas
manos te hicieron lo que hoy eres
- entre
crepúsculos y amaneceres,
- mi
catedral de carne, ahora tan mía.
-
- Cada
bloque, caricia de un amante;
- ya
sé que sólo soy un arbotante
- que
te apuntala en amplia compañía.
-
- Los
Angeles, 9 de agosto de 2003
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III - Campanario
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- En
adusto silencio las prefiero,
- que
su tañido a multitud instiga;
- ¿quién
me distinguirá, dorada espiga,
- en
pradera de mies o en el granero?
-
- Enmudece,
que el bronce es pregonero
- de
la trivialidad y de la intriga;
- su
repique monótono mendiga,
- su
volteo reclama por entero.
-
- Dame
a escuchar el silencioso canto
- dormido
en su quietud, sonrisa o llanto,
- sin
permitir a nadie percibirlo.
-
- Pretenderé
que lo hayan olvidado
- quienes
antes lo hubieran escuchado,
- y
que soy el primero en descubrirlo.
-
- Los
Angeles, 9 de agosto de 2003
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IV
- Gárgolas
- Mis
sueños de terror, mis pesadillas,
- cuando
en calles equívocas, desiertas,
- me
soltabas la mano, y de sus puertas
- sombras
en vuelo ataban mis rodillas.
-
- Atormentado
entre las dos orillas
- de
esa calle sin fin, dudas abiertas
- desangraban
mi piel, sin que tú adviertas
- que
deshacías mi árbol en astillas.
-
- Esos
sueños de negro han instalado
- su
perfil en quietud, petrificado,
- en
cada gárgola de tu estructura.
-
- Y
no puedo evitar, cuando las veo,
- largo
temblor glacial de mausoleo,
- firme
anillo de hierro en mi cintura.
-
- Los
Angeles, 9 de agosto de 2003
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V -
Rosetón
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- Círculo
de cristal, frágil, silente,
- filtro
de luz, cascada de colores,
- dïagrama
de rosa en los albores
- de
fresca primavera transparente.
-
- Arabesco
de historias, elocuente
- discurso
mudo, voz de trovadores
- declamando
a las clases superiores
- la
misma erudición que a la indigente.
-
- También
mi amor tiene una bella rosa
- que
me filtra, en su rueda luminosa,
- matices
y bosquejos de su vida.
-
- Yo
perfilando voy sus elementos
- adosando
fragmentos a fragmentos,
- hasta
dejar su historia definida.
-
- Los
Angeles, 10 de agosto de 2003
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VI - Torres


- Brazos
en alto en actitud de entrega,
- o
en esperanza de intangibles dones;
- fervientes,
seculares oraciones
- de
la piedra que no sabe que ruega.
-
- Quieren
alzar el vuelo, y se les niega,
- caducos
símbolos de aspiraciones
- de
otros siglos; hoy mente y sensaciones
- son
el impulso que al azul navega.
-
- Hoy
ya no es vertical, es panorama,
- durmió
el creyente, despertó el que ama,
- tendiendo
brazos en horizontal.
-
- Somos
torres flexibles, doblegadas,
- en
búsqueda de nuevas llamaradas,
- cediendo
el hombre místico al sensual.
-
- Los
Angeles, 10 de agosto de 2003
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VII
- Claustro
- El
incienso del canto gregoriano
- se
desenvuelve en graves espirales
- de
sonido, cercando los rosales
- como
invisible, agigantada mano.
-
- Los
mismos pasos, eco cotidiano,
- sobre
las viejas losas desiguales,
- tras
los esbeltos arcos ojivales,
- cuerpo
inmediato, espíritu lejano.
-
- Y
yo en mi claustro interno me paseo,
- la
mente en horizonte que no veo,
- el
corazón aquí y en lejanía.
-
- Parezco
andar en círculos cuadrados,
- una
vuelta, otra vuelta, cuatro lados,
- y
en el aire una triste melodía.
-
- Los
Angeles, 10 de agosto de 2003
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VIII - Columna
- Cintura
en piedra donde el brazo ausente
- no
consigue arropar la desnudez;
- alegoría
de la solidez,
- en
elegancia de álamo ascendente.
-
- De
austero capitel, o irreverente,
- como
quien sueña en muertos, y a la vez
- en
la trémula, impúdica embriaguez
- de
una ofrenda carnal de adolescente.
-
- Yo,
columna en que tu ánimo gravita,
- tú,
capitel que en su relieve grita
- ya
temor, o pletórico deseo.
-
- A
través de cada arco te transmites,
- y
aún inmóvil, te alejas y repites
- en
tantos más, que ya sin ti me veo.
-
- Los
Angeles, 11 de agosto de 2003
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IX - Nave
- A
pecho abierto espera el frontispicio
- el
giro de la puerta de madera,
- el
interior, en claridad, espera
- el
canto gregoriano del oficio.
-
- Satura
la oquedad del edificio
- ligero
olor a derretida cera,
- el
sol perfora a chorros la vidriera,
- se
inicia en el altar el sacrificio.
-
- El
órgano revienta sus trompetas
- con
voz de apóstoles y de profetas,
- la
nave en luminoso fondo anclada.
-
- Y
tu nave, en silencio, se adormece,
- sin
música, sin luz, y no parece
- capaz
de abrir y autorizar la entrada.
-
- Los
Angeles, 12 de agosto de 2003
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Portada
(X)

- Indiferentes,
clausuradas puertas,
- hermanas
del silencio y la derrota,
- que
desgranáis el tiempo gota a gota,
- y
estais, al fin, como las horas, muertas.
-
- Desde
dentro debeis de ser abiertas,
- con
ese impulso firme que denota
- aceptación
del alma, nueva o rota,
- cansada
de rodar calles desiertas.
-
- Tantas
veces llamé, con esperanza
- de
oir los goznes gemir, pero la danza
- de
las horas no trajo ese gemido.
-
- Alcanzarán
mis pies otros umbrales,
- de
castillos, si no de catedrales,
- siendo
a trovar princesas admitido.
-
- Los
Angeles, 12 de agosto de 2003
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XI - Cripta
La cripta es húmedo vapor que
empaña
los cristales, es sombra y es secreto;
es el rincón desolador y quieto
donde la muerte afila su guadaña.
Vela el fantasma y sólo se
acompaña
de su macabro panteón, repleto
de murciélagos; duerme el esqueleto
en camilla de polvo y telaraña.
Descenderás, muriendo las
promesas,
a una cripta de olvido, y las pavesas
del viejo amor serán tu testamento.
Nada te quedará, ni la
añoranza;
porque una vez perdida la esperanza,
sólo quedan cenizas en el viento.
Los Angeles, 15 de agosto de
2003
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XII - Mi catedral
Hay catedrales que la fe ha erigido,
y aunque la fe hoy vacile, permanecen;
y hay catedrales vivas, que estremecen
la vista, el tacto, el gusto y el oído.
Ah, tú, mi catedral, donde el sentido
tiene un altar, donde en temblor se ofrecen
sacrificios de piel, donde enmudecen
las palabras, y el beso es estallido.
Chanel número cinco por incienso,
cuerpo vibrante, espíritu indefenso,
y entre torres yacentes, libre el paso.
Efímera serás, como la rosa,
y como ella radiante, luminosa.
En tu partida no hablará el fracaso.
Los Angeles, 14 de agosto de 2003
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Música de fondo: "Fantasía", composición para vihuela de
Alonso de Mudarra, español, 1510-1580
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