| Poesía del
momento, Nº 86 a |
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Primera
entrega de Septiembre 2003 |


Original de
Francisco
Alvarez Hidalgo



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- No
dejaré la mente desvestida
- de
recuerdos, la quiero ataviada
- con
las mejores galas de mi vida,
- cuando
era inútil tu segunda almohada.
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Breverías
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1103
La caricia del sol en la mañana
se ha vuelto extraña, casi indiferente,
sin detenerse ya ante mi ventana,
como el amante que se torna ausente;
aún me mira al pasar, con la desgana
de quien habla de amores, pero miente.
Ni siquiera la luna ya me besa,
brilla por ti, por mí no se interesa.
1104
¿Le esperas todavía? Nube, viento,
intangible, variable, luz de plata...
¿Con qué maroma de oro se le ata,
si en paisajes de piel vaga su aliento?
¿Qué
verdad sus palabras hoy presentan?
¿La que halague de nuevo tus oídos?
No tiene más verdad que los sentidos,
y ni siquiera sobre ti lo intentan.

1105
Tanto escribí por ti...Tú me leías.
Tanto soñé contigo...Tú soñabas.
Y un día percibí frías, tan frías
tus palabras, y vi que ya no estabas.

1106
Invadido me siento
de innumerables huestes enemigas,
y tú flotando al viento,
del riesgo te desligas
con la pasividad de un mar de espigas.
Tal
vez la muerte encuentre
el secreto postigo para entrarme,
y en ti también se adentre;
e intentarás llamarme,
mientras de ti me atrevo a despojarme.

1107
A quien dejó de amarme doy mi llanto,
y atado permanezco a quien ha huído;
si supiera forjarme un viejo olvido,
y a quien llora por mí yo amara tanto...

1108
¿De qué color es hoy tu ofrecimiento?
¿Rojo de sangre? ¿Verde de esperanza?
¿Azul de ensueño? ¿Negro de lamento?
El mío es arco iris de añoranza.

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Poemas
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882 -
Yo,
que esperé dormir
No
es esta noche invitación al sueño,
ni al amor, que se niega a comprenderte;
es más bien un preámbulo de muerte,
acantilado en el que me despeño.
Inadmisible
tu cariz risueño,
que en amargor de labios se convierte;
ya no voy a luchar por retenerte,
el fruto de tu mies es tan pequeño...
Yo,
que dejé vacío mi granero
esperando la siega, y llega enero,
con su escarcha, y agosto se ha perdido.
Yo,
que esperé dormir, y en la mañana
verme en tus ojos a la luz temprana,
ya no recuerdo haberte conocido.
Los
Angeles, 2 de septiembre de 2003
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883 -
Hoy es
el día
Desesperadamente
me has besado,
te besaré desesperadamente,
y luego en placidez casi inocente,
beso apenas tangible, prolongado.
Beso
desde hace tiempo destinado
a piel que se ahuyentó y no se arrepiente,
beso que hubiera sido suficiente
a cualquier corazón enamorado.
Besos
que no se dan no se evaporan;
esperan sonriendo, tal vez lloran,
pero surgen un día, y se derraman.
Hoy
es el día en que por ti florecen,
regenerados, puros, y se ofrecen
a tus labios en sed que los reclaman.
Los
Angeles, 2 de septiembre de 2003
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- Mi
noche, tu noche
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- En
los remansos del alma
- donde
dormita el recuerdo
- entre
neblinas de olvido
- tan
claramente te veo.
- Mi
mano oprime tu mano,
- aunque
tu mano no tengo;
- mis
labios te cantan mía,
- aunque
tan ausente y lejos;
- pero
al buscarte de noche,
- perdida
estás, estoy ciego,
- con
una almohada vacía
- al
otro lado del lecho.
- Y
en tu cama dos almohadas,
- sonriendo,
sonriendo,
- y
un revoltijo de sábanas
- que
no se rinden al sueño.
- Mi
noche fluye perdida
- como
un río de silencio;
- tu
noche, una catarata
- de
relámpagos y truenos.
- Mi
noche, sombras etéreas
- al
fondo de los espejos;
- tu
noche, una caravana
- sobre
las rutas del cuerpo.
-
- Ya
no me quedan remansos,
- mas
remolinos sangrientos.
- Si
en las nieblas del olvido
- se
me perdiera el recuerdo...
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- Los
Angeles, 2 de septiembre de 2003
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- (Índice)
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Tu
grito
Te
oigo gritar en la penumbra incierta
de mis sueños, remotas catacumbas,
y el eco me repite tu mensaje
de intensidad dorada y leve espuma.
Me llega como a lomos de delfines,
o en las hojas redondas del nenúfar,
como en alas de viento, de palomas,
como en temblor de muslos y cinturas.
Y te entiendo, y te creo; tus palabras
tañen con tono de sedosa lluvia,
fluyen en ríos de vibrante plata,
brillan con luces de serena luna.
Y
de repente eres silencio oscuro,
luz dormida en su cámara nocturna.
Parece que tu grito es sólo mío,
lo que quiero escuchar, y no pronuncias.
Los
Angeles, 2 de septiembre de 2003
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- Hacia
la muerte vamos
El
tiempo queda inmóvil,
- y
en su pista de hielo resbalamos;
- él
no se va; nosotros
- somos
los fugitivos cabizbajos,
- que
en derrota de vida,
- hacia
la muerte vamos.
- Cabalgamos
un tren de mercancías,
- porque
somos artículos gastados,
- tren
que no se detiene
- en
ninguna estacion, tren solitario.
- Los
pasajeros en el rostro exhiben
- inerte
gesto en seriedad de esclavo,
- perdida
ya la libertad, perdida
- la
razón de vivir, fin de su plazo.
- El
tiempo queda inmóvil, y nosotros
- hacia
la muerte vamos.
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- Los
Angeles, 2 de septiembre de 2003
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884 -
Si esta
mujer
Si
esta mujer que hoy llora percibiera
el temblor de mi luz en su ventana,
si viera mi alma, frágil porcelana,
que un soplo de aire, un pétalo rompiera;
si
esta mujer, lejana compañera,
no fuera tan lejana, tan lejana,
si consiguiera ver cada mañana,
al despertar, mis ojos..., si pudiera...
Tal
vez la sombra que su rostro acuna
se tornaría en claridad luna,
o en caricia de sol primaveral.
Y
su nueva sonrisa tal vez fuera
mágica mano que reconstruyera
mi fragmentada copa de cristal.
Los
Angeles, 3 de septiembre de 2003
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885 -
En mi
regreso
Cuando
recale a ti, como quien llega
a reclamar lo que una vez fue suyo,
no me verás torrente, sólo fluyo
en suavidad de arroyo, en mansa entrega.
Diré
a la mente que se vuelva ciega,
mientras entre tus brazos me diluyo;
este camino que otra vez concluyo
comienza y tiene fin sólo en tu vega.
Oirás
golpes, verás bifurcaciones,
te acosarán ilógicas razones,
se extenderá la niebla en el sendero.
Venda
los ojos, cierra los oídos,
y atiende solamente a mis latidos,
repitiendo incesantes que te quiero.
Los
Angeles, 3 de septiembre de 2003
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886 -
Y
tú, ¿qué ves?
Mi
sonrisa de dientes apretados
es dique reteniendo la congoja;
blanca fachada, pero entraña roja
de utopías y empeños desangrados.
Me
ven pasar, los ojos desmayados,
mientras la margarita se despoja
de la esperanza escrita en cada hoja,
y mis recuerdos van crucificados.
Todos
ven la sonrisa, no la mueca,
y me persigue la palabra hueca
de la felicidad que me engalana.
Y
tú, ¿qué ves? Ajena a lo que vivo,
verás tal vez un corazón festivo,
e ignorarás su muerte cotidiana.
Los
Angeles, 4 de septiembre de 2003
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887 -
Volveré
Volveré
al despertar la primavera,
dormida tú, no me verás llegar.
Veré vestirse el campo de azahar,
como a tu lado, en otro abril, lo viera.
Abrazada
estará la enredadera
a la rugosa encina; y el pinar,
con su verde oleaje, será un mar
que por el aire busca su ribera.
Entrarán
otra vez en mi retina
los rosales, el río, la colina,
las alboradas que contigo vi.
Sobre
la misma playa habrá un revuelo
de mil gaviotas bajo el mismo cielo,
y todo será igual, pero sin ti.
Los
Angeles, 4 de septiembre de 2003
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Mis
únicos espectros
Abáteme
los monstruos que me hostigan,
los fantasmas que danzan noche y día
en torno a mí en grotesca compañía,
y despiadadamente me castigan.
Oscurecen
tu rostro y no te veo,
y un surtidor de sangre me salpica;
siega sus sombras, ven y purifica
mente y alma al calor de tu deseo.
Casi
te toco ya, casi te tengo,
y tus manos de lluvia se derraman
sobre mi cuello, tuyo me reclaman,
y desnudo hacia ti, gozoso, vengo.
Al
fin despierto en soledad callada,
y en inmovilidad y duda quedo;
mis únicos espectros son el miedo
de que el alma, sin ti, se muera helada.
Los
Angeles, 5 de septiembre de 2003
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