He enviado mis ojos en tu
busca,
y han regresado de colores
llenos:
Verdes de bosques, pardos
de mesetas,
rojos de ocasos, con azul
de cielos,
blancos de nieves, y de nubes
grises...
mas sin tu imagen hacia mí
volvieron.
Envié mis oídos
a buscarte,
reapareciendo con sonidos
nuevos:
rumor de brisas en los olivares,
rugidos de leones y de truenos,
murmullos de las aguas en
los ríos,
fragor del mar, contestación
del eco...
mas llegaron sin ti, y esos
sonidos
fueron sólo otra forma
de silencio.
Mis pies de peregrino te buscaron,
dejando huella en campos y
senderos,
y me trajeron polvo de países
extendidos por ambos hemisferios...
pero no te encontraron, y
su rastro
hojas fueron perdidas en el
viento.
Y salieron mis labios, indagando
las incógnitas de tu
paradero,
y trajeron exóticas
canciones,
palabras misteriosas de otros
pueblos,
voces alegres, gritos penetrantes,
eruditos monólogos,
lamentos...
pero tu voz no vino entre
esas voces,
quedé sin ti, con sólo
tu recuerdo.
Y mis manos, en ávida
odisea,
rastreándote trémulas
partieron,
y regresaron por igual vacías,
con un temblor amargo entre
los dedos...
Y por eso en la noche silenciosa
te busco en los recodos de
mi cuerpo.
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