Ningún hombre es una isla, ni está completo en sí mismo: todo hombre es un trozo del continente, una parte de la totalidad: si un pedazo de tierra fuera barrido por el mar, daría igual que pasara en Europa,o en un promontorio, o en la mansión de tus amigos o en la tuya propia; la muerte de cualquier hombre me empequeñece, porque estoy integrado en la humanidad; por eso no envíes a nadie a preguntar por quién doblan las campanas, porque doblan por ti.

John Donne (1572-1631)

"A la memoria de las víctimas inocentes del terrorismo, en Nueva York, cuya cifra exacta tal vez nunca sepamos.
A quienes han sufrido la cruel desgarradura de la pérdida de un familiar, de un amigo, de un compañero: Sus vidas nunca más serán como lo fueron.
A la ciudad misma, ferozmente amputada, con la esperanza, la certeza, de que nuevamente se alzará de los escombros.
De los prejuicios pasamos al fanatismo, del fanatismo a la barbarie."

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Oh Nueva York de torres y cañones,
enhiesta y apretada en tus almenas,
sin tiempo ni lugar para el descanso,
y bajo el cielo gris ciudad abierta.
La Libertad que firme alza la antorcha
convocando a las masas de la Tierra,
a perseguidos y desamparados,
hoy carece de aliento y fortaleza;
cuelga su brazo hacia los pies hundido,
e inclina la cabeza,
rociando de lágrimas de cobre
la túnica sangrienta.
Al clarear la aurora te abordaron
los buitres del rencor y las tinieblas,
de corazón fanático,
mentes blindadas, de una sola idea.
Hombres del arma blanca y la pistola,
en busca de un martirio de blasfemia,
desplegaron penacho de humo sobre
tus dedos de cristal, acero y piedra.
Arde en sus altos ejes
la simbólica puerta financiera,
y se derriten como hielo al fuego
las dos torres gemelas.
Bajo el escombro terminó la vida,
calló bajo el escombro la colmena
de millares de historias
tejidas día a día de promesas,
esperanzas, amores, fantasías,
luces hoy apagadas, rosas muertas.
Ya no serás la misma, asesinadas
ingenuidad y estoica negligencia,
ha expirado en tus labios la sonrisa,
y ahora reflejan preocupada mueca.
Desdentada en el hueco
que desde hoy evidencia tu silueta,
te lloro, Nueva York, triste y oscura
más que nunca a la luz de las estrellas,
evaporado el brillo de las torres,
apagado el bullicio de las fiestas.
Pero sé que al dormir sobre las calles
el remolino de la polvareda,
de nuevo te alzarás, desafiante,
volviendo a ser, como tu nombre, nueva.

Los Angeles, 11 de septiembre de 2001



 

 

Último poemario de Francisco Alvarez Hidalgo, 

disponible en España desde mayo 2006, 

y en América a partir de primeros de junio 2006.

Más información en el siguiente enlace:

http://poesiadelmomento.com/voces/vocesalviento.html

 

 

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