|
Original de

|
- Me
llegaron tus rosas, no tus brazos,
- y
no saben sus pétalos besarme;
- ¿me
dejarás como ellas marchitarme,
- con
la esperanza rota en mil pedazos?
|



|

|
- Resuena
como un eco mi gemido
- por
las hondas cavernas del recuerdo;
- contigo
amé y reí; y hoy que te has ido,
- el
pan amargo de tu ausencia muerdo.
|


|
Vendrá, vendrá,
no puede haberse ido
definitivamente;
sólo el río
prosigue el recorrido
sin regresar jamás
hacia la fuente.
El estará al
llegar; no se ha ausentado;
emergerá en la
curva del sendero,
y de nuevo a mi
lado,
volverá a ser
amante y compañero.
|
 |



-
- Ella
-
- Vendrá, tal vez, trayendo
perspectivas
- que tuve y olvidé, gocé y
perdí;
- y lucharé por mantenerlas vivas,
- y me daré como jamás me di.
-
- Y mi horizonte, que hoy
desvanecido,
- se perfila en silueta nebulosa,
- en su presencia cobrará sentido,
- con su línea quebrada luminosa.
-
- Volverá mi paisaje a ser
completo,
- en mí, y en derredor, y en lejanía,
- colgada de su cuello, su amuleto,
- muerta la sombra de la noche fría.
|

|
|



|

|
- Él
-
- No más en tierra extraña
peregrino,
- agorero de rostros y lenguajes,
- desentrañando apenas los
mensajes
- cruzados a mi paso en el camino.
-
- Dentro de mí persiste cristalino
- el más espléndido de los
paisajes;
- ¿quién precisa de exóticos
viajes,
- si el punto de partida es su
destino?
-
- Esculpida en mi propia roca viva
- quedaste un día, y yo fui a la
deriva,
- intentando suplirte u olvidarte.
-
- Y en la banalidad de cada
encuentro,
- llegué a saber que lo que llevo
dentro
- es de mi realidad la mejor parte.
|
|



|