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Original
de


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- Me
llevo tu mirada, tan serena,
- diafanidad,
cristal, mañana clara,
- silenciosa,
recóndita algazara,
- ventanales
del alma en luna llena.
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- Mirada
navegante en cada vena,
- en
muda fiebre de mi piel avara,
- persistente
quietud que se dispara
- de
un ojo al otro, antorchas en cadena.
-
- Me
la llevo conmigo, porque quiero
- permanecer
en ella prisionero,
- verte
bajo mis párpados cautiva.
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- Otras
retinas se agostaron ciegas,
- sólo
tú, categórica, me llegas
- con
perenne verdor de siempreviva.
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- Enmudece
el reloj del campanario,
- y
mi propio reloj se inmoviliza;
- el
tronco, antes en llamas, ya es ceniza,
- luz,
sombra, luz, en devenir diario.
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- En
el sendero, el viento solitario
- se
ha detenido ya, no se desliza;
- en
el bosque, cada hoja movediza
- encuentra
su temblor innecesario.
-
- Ni
una estrella en la noche parpadea,
- el
mar ha detenido la marea,
- todo
está inmóvil, todo satisfecho.
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- Quietud
extática en el aposento,
- sosiego
al exterior, y en tal momento,
- tú
junto a mí, desnuda, sobre el lecho.
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