Original
de
Francisco
Alvarez Hidalgo


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- Dolor,
dolor, que prueba y legitima
- vida
y amor, y en soledad anida;
- quédate
junto a mí; que no me oprima
- la
paz intolerable del que olvida.
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- Me
despierto en la noche, y las palabras
- que
arrancaron tus dedos al teclado
- danzan
sobre mi cuerpo alborotado,
- creando
la exigencia de que me abras,
- entres,
y en mí te extiendas derramado.
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- Qué
dilatada soledad me abruma,
- a
mi lado dormido tu recuerdo,
- y
abrazada a un fantasma el aire muerdo,
- boca
sin tí vacía, leve espuma
- que
al querer apropiármela la pierdo.
-
- Quiero
el anillo de tus brazos vivos
- en
sólido apretón en mi cintura,
- implacable
y hermética atadura
- que
haga mis miembros tuyos exclusivos,
- siendo
a la vez mi escudo y mi envoltura.
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- Pero
no estás, y en cada noche sola
- me
recorren las manos de tu ausencia,
- que
son las mías, única experiencia
- en
que mi cuerpo insatisfecho inmola
- cuanto
obtuvieras tú sin resistencia.
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- Sorpréndame
la ráfaga intangible
- de
húmedos besos y sensual aliento
- cruzando
por mis sueños, y al momento
- manifiéstate
en gloria irresistible
- tú
mismo, en desnudez, en mi aposento.
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