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Original
de
Francisco
Alvarez Hidalgo



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Alza los párpados, mujer, y mira;
mira de frente, con el alma abierta;
tanto has dormido en soledad..., ¡despierta!,
duerma el silencio ya, pulse la lira.
Revolotean coplas, se retira
la tristeza a su cueva, está desierta
de temores la casa, y a la puerta
aire de primavera se respira.
Tiemble tu mano al tacto de mi mano,
y en las teclas de piel de tu piano
mis dedos crearán nueva armonía.
Abrete a mí, pupilas vinculadas,
labios, senos, rodillas separadas,
mujer irreversiblemente mía.
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Vengo sobre las alas de la aurora
a ti, que de tan sola no has dormido;
mírame sin palabras; extinguido
sigue todo murmullo en esta hora.
La luz no entiende de rumor, ignora
cuanto vibra, el silencio es su sonido;
ella me guía, y de silencio ungido,
a tu piel impaciente me incorpora
Si la noche fue larga, desvelada,
más se dilatará esta madrugada,
eslabonando al fin noches y días.
Qué amanecer tan claro, tan extenso,
oyendo lo que piensas, lo que pienso,
sin palabras decrépitas, vacías.
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