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Original
de

Francisco
Alvarez Hidalgo





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Temblores en las yemas de mis dedos
acechan tus recursos, tus instantes;
llevo hacia ti, en ofrecimientos quedos,
larga tropa de tactos vacilantes.
No prepares la guerra, abre tu plaza
a esta invasión de paz y de alborozo;
desármate en sonrisas; desenlaza
la cinta de la túnica hacia el gozo.
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- Para el amanecer quedan
cien horas,
- o tal vez diez minutos
solamente;
- detén la idea, impide
que la mente
- precipite en el alma las
auroras.
-
- Este momento prófugo en
que lloras,
- este soplo de tiempo
insuficiente,
- tórnese inmóvil como
lo es ardiente,
- o alárguese en
penumbras soñadoras.
-
- Será en ti la alborada
falsa vida,
- resurrección inversa en
que la huída
- no es del
morir, sino a
la misma muerte.
-
- Aférrate a este
instante, no hay mañana;
- si la luz te llamara a
la ventana,
- diré que
duermes, y se
irá sin verte.
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