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Original
de

Francisco
Alvarez Hidalgo



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- Desnuda
estás. La noche se ha vestido
- de
ausencia y soledad. Nadie te mira.
- Arde
tu lecho, y tú, sobre la pira,
- inmolada
a los dioses del olvido.
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- Tu
silencio no es calma, es alarido
- de
cuerpo insomne que incesante gira
- en
las horas sin fin; es llanto, es ira,
- por
sentir sin sentido tu sentido.
-
- Sembrada
está tu piel de sensaciones,
- madura
ya la mies de las pasiones,
- pero
no hay labrador para la siega.
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- Ah,
tus espigas altas y doradas,
- irrigadas
con lágrimas de almohadas,
- qué
trémulas esperan en tu vega.
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- Cuando mi piel te llama
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- ¿En qué sueño trivial tu alma se esconde
- cuando mi piel en soledad te llama
- desde la estepa helada de mi
cama,
- y sólo el eco de su voz
responde?
-
- ¿Por qué rutas de olvido vas? ¿En dónde,
- o sobre quién profusa se derrama
- la lluvia de tu
esmero? ¿Quién reclama
- ese amor que a mí sólo
corresponde?
-
- Hay dos tús a ambos lados de un
abismo,
- el que susurra dentro de mí
mismo,
- y el que a lo lejos su canción
silencia.
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- O tal vez uno sólo, y tu gemido
- grita, pero se asfixia enmudecido
- en la oquedad vacía de la
ausencia.
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- Vendrá la noche
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- Vendrá la noche sin
lugar ni fecha,
- y nos sorprenderá con
su venida;
- vendrá esa noche como
media vida
- a restaurar la otra
mitad deshecha.
-
- Ni tañerá en tu mente
la sospecha
- de la exangüe esperanza
renacida,
- ni auguraré si al borde
de mi herida
- un clavel rojo su eclosión
acecha.
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- Desecharé mi ajada
vestidura,
- y avanzará mi brazo a
tu cintura,
- desnuda en mí como yo
en ti desnudo.
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- Y habrá en la noche
aroma de jazmines,
- y sedoso oleaje de
violines
- sobre un abrazo posesivo
y mudo.
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