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Original
de

Francisco
Alvarez Hidalgo

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- En nostalgia de
ti llevo los días,
- como a niños
pequeños, de la mano;
- en ausencia de ti,
frías, qué frías
- son las cálidas
noches de verano;
- en deseos de ti,
qué rebeldías
- brinda mi cuerpo
al tuyo tan lejano.
- ¿Cómo pude
vivir sin conocerte?
- Y ¿cómo
sobrevivo sin tenerte?
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- Ayer fue mayo,
eterna primavera,
- ciega fe en
dilatar cuanto vivimos,
río en perenne movimiento fuimos,
- uniendo una
ribera a otra ribera.
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- Hoy la corriente
es prófuga barrera
- que aleja ambas
orillas. Persistimos
en la idea de unión, mas presentimos
- que aquella
eternidad no es ya lo que era.
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- Pleamar espumosa
que desmaya
- los rizos de las
olas en mi playa,
así te vi, trepando en mis
arenas.
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- Y eres hoy
horizonte, tan remoto,
- que aunque mis
ojos sobre el agua floto,
a implacable distancia me condenas.
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- Te amé bajo la
lluvia persistente,
- sobre la verde
hierba en la colina,
en el atardecer que se reclina,
y al alba despertándose
indolente.
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- Te amé en la
noche densa y absorbente,
- cuando en
silencio el alma se ilumina,
y de día, a la sombra de la encina,
- y en el mar, en
el aire, en el torrente.
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- Donde mi
evocación te convocaba,
- allí emergías
tú, y allí te amaba,
ensoñación tornada en realidad.
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- Tanto te amé, mi
dulce amor lejano,
- que percibía el
toque de tu mano,
- y olvidaba mi
hueca soledad.
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