Original de

Francisco Alvarez Hidalgo

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Cuanto tengo, las cosas más triviales,
evocan tu recuerdo en añoranza;
y entre ellas oigo el canto de esperanza
que escuchan en otoño los rosales.
 
¡Quién te tuviera aquí, quién te tuviera!,
amor, si temporal, de temple eterno,
para entibiar las nieves de este invierno,
tú, mi gentil, perenne primavera.

 

 
 
Invierno
 
Se apresuró Diciembre, llorando en las esquinas,
sembrando de congojas las noches alargadas.
Rodaban por las calles los gemidos del viento
como ulular sombrío de lúgubre fantasma.
Vino Enero arrastrando su gélido capote
sobre los yertos miembros del olmo y las acacias,
y Febrero nos trajo las heladas auroras,
el hielo en el regato, y en los campos la escarcha.
 
Mis pensamientos iban en busca de una idea,
mi corazón cansado no consiguió encontrarla,
y el frío de la muerte me clavó su cuchillo,
y adormeció mi sangre, y me azotó en la cara.
Solo, en un mundo extraño, sin besos ni sonrisas,
era invierno en la tierra, y era invierno en el alma.

 

 
 
 
Primavera
 
El tibio sol de Marzo, como amigo en retorno,
acarició las cumbres con sus manos de plata.
Abril pobló los aires de trinos y plumajes,
Mayo nos dió claveles, lirios, rosas y dalias.
 
Su pie ligero y suave produjo en mi sendero
la impresión de una huella frágil e inesperada:
Encuentro sin presencia en el mensaje breve
de un simple comentario brillando en mi pantalla.
Nuevos pasos se oyeron marcando nuevas huellas,
volaron las misivas, crecieron las palabras,
y un aliento poético revistió nuestras vidas
con aromas azules de cariño y nostalgia.
Fue una dulce y sincera penetración de espíritus,
primavera en la tierra, primavera en el alma.

 

 
 
 
Verano
 
Junio trajo el misterio febril del plenilunio;
los calores de Julio iniciaron su marcha,
y la tórrida hoguera de Agosto quemó el aire,
dejó secos los ríos, la tierra calcinada.
 
Ella surgió de pronto poderosa y vibrante,
con la pasión ardiente de una orgía de llamas,
me envolvió en su regazo, puso fuego en mis venas,
y me arrastró en su torno en vertiginosa danza.
Mis pasiones alzaron la copa brindadora
con un clamor sediento de deseos en alza,
y mi cuerpo pulsaba con violentos latidos,
como el duro martillo sobre el yunque en la fragua.
Fue un torrente ardoroso que me abrasó en su abrazo:
El verano en la tierra, y el verano en el alma.
 

 

 
 
Otoño
 
Septiembre es una fiesta de racimos y pámpanos,
Dionisios y Bacantes en lúbrica algazara.
Octubre, un remolino de hojas secas al viento,
la desnudez del árbol, la vida sofocada.
Y Noviembre es la muerte de la naturaleza,
y el frío que nos clava su garfio en las entrañas.
 
La ví alejarse un día por el largo sendero,
su gentil silueta perdiose en la distancia.
Y me quedé tan sólo con un mundo vacío,
de pasiones perdidas, vendimias malogradas.
Un frío amargo y triste congelaba mi espíritu,
y los buitres del miedo siniestros me rondaban.
Sentí un dolor de muerte, y me miré a mí mismo
cargado con mi propio cadáver a la espalda.
Un horizonte oscuro me ofrecía sus fauces:
Negro otoño en la tierra, negro otoño en el alma.
 
Los Angeles, 2 de Abril de 1997

 

 

 

 

Último poemario de Francisco Alvarez Hidalgo, 

disponible en España desde mayo 2006, 

y en América a partir de primeros de junio 2006.

Más información en el siguiente enlace:

http://poesiadelmomento.com/voces/vocesalviento.html

 

 

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