Anuario de la madre
Año 0
Siento emociones íntimas y extrañas
cual si fuera invadida por un río;
nueva vida se agita en mis entrañas,
y el pequeño invasor es todo mío.
Año 1
Oh, qué rosa ha nacido en mis rosales,
reflejo de mi rostro y de mi vida,
ángel depositado en mis umbrales
por la mano de Dios, hija querida.
Año 6
Por vez primera la llevé a la escuela,
filtrándose en un grupo bullanguero,
sin mirar hacia atrás, ave que vuela
por nuevo espacio, mientras yo la espero.
Año 16
Hoy trajo a casa un brillo en la mirada
con el misterio de la luna llena;
canta en su risa el alma enamorada,
abriendo un ciclo de alegría y pena.
Año 17
Anida la tristeza en su semblante
y el llanto fluye silenciosamente
por el amor herido e inconstante...
¡Cómo me sangra el corazón doliente...!
Año 18
El hombre que la amó me la arrebata,
y ella feliz inicia otro camino.
Yo siento sobre mí una catarata
de gozo y de inquietud por su destino.
Año 19
Vino a verme. De nuevo una aureola
circundaba su rostro enardecido;
y al verla entrar, fue su sonrisa sola
quien me habló de su cuerpo florecido.
Año 20
Un ángel más desciende desde el cielo
y aparece en su puerta una mañana;
Y un día ha de llegar en que alce el vuelo...
pero esa coyuntura está aún lejana.
Año 23
¡Cómo te ví nacer, desarrollarte,
llorar, reir, jugar y enternecerte...
Cómo te ví después enamorarte;
Cómo en mí estás, amor, hasta la muerte.
Respuesta:
Llevo en el alma la divina huella
de tu recuerdo, madre inolvidable;
otras pisadas hay, pero tan bella
no habrá ninguna, ni tan perdurable.
- En tu
interior un día me tuviste,
y en tu interior me llevas todavía.
Nunca al pensar en tí puedo estar triste,
pues soy tan tuya como tu eres mía.

- Francisco Alvarez
Hidalgo
- Los
Angeles, 27 de Abril de 1998