1257
En el aire, columpio de los dioses,
oscilarás conmigo, cimbreante,
sin gravedad de Tierra; qué distante
parecerá el portal de los adioses.
En el aire, en extático aislamiento,
sin llegadas de extraños, ni partidas
en la celebración de nuestras vidas,
te convoco en el aire, mi elemento.
Oh, si en el aire tú me arrebataras,
despojada de toda vestimenta,
prendida de tu sexo me acunaras
en cadencia ya plácida o violenta,
y en lecho de sedosas nubes claras
me reclinaras, calma y soñolienta…
Qué mutuo afán de manos extendidas
formaría la piel de nuestras vidas.