El soneto hizo su aparición probablemente en la Italia
del siglo XIII, y
Petrarca, en el XIV, lo consagró definitivamente, no tardando
en aparecer en
España.
Técnicamente, el soneto se compone de dos cuartetos y dos tercetos,
con un
total de catorce versos endecasílabos. La rima debe ser de tipo
consonate:
El primer verso con el cuarto, el quinto y el octavo, y el segundo
con el
tercero, el sexto y el séptimo. La rima de los tercetos admite
cierta
flexibilidad: Puede rimar el primero con el tercero y el quinto, y
el
segundo con el cuarto y el sexto. O bien: El primero con el segundo,
el
tercero con el sexto, y el cuarto con el quinto. Hay otras modalidades,
aunque menos frecuentes.
El acento del verso también admite cierta flexibilidad, aunque
quizá el más
popular lleve los acentos principales en las sílabas sexta y
décima, o en
la cuarta, octava y décima, pudiendo combinarse ambas modalidades.
Esta técnica ha permanecido invariable durante casi siete siglos,
aunque en
nuestros días algunos poetas hayan tratado de prescindir de
la rima, del
verso endecasílabo y hasta del ritmo del acento interno. En
tales casos, lo
único que permanece del soneto son sus catorce líneas.
Pablo Neruda, por ejemplo, publicó su libro Cien sonetos de amor,
y
reconoció no sólo la dificultad de escribirlos, sino
las deficiencias de su
forma, cuando escribía a Matilde Urrutia: "Gran padecimiento
tuve al
escribirte estos mal llamados sonetos, y harto me dolieron y costaron.
[....] Por afición electiva y elegancia, los poetas de todos
los tiempos
dispusieron rimas que sonaron como platería, cristal o cañonazo.
Yo con
mucha humildad hice estos sonetos de madera..."
Las restricciones de la forma son un reto para el arte del poeta y exigen
del mismo toda su habilidad técnica.
Charles Gayley escribe: "Los dos cuartetos arrastran la carga del soneto:
La
duda, el problema, la reflexion, la pregunta, la afirmación
histórica, el
grito de indignación o deseo, la visión del ideal. Y
los tercetos aligeran
el peso, resuelven el problema o la duda, responde a la pregunta, se
recrean
en la ternura, cristalizan la visión."
El Siglo de Oro en España fue testigo de una maravillosa producción
de
sonetos, en calidad y en cantidad. Los nombres más importantes
de aquella
época nos han dejado muestras magníficas: Garcilaso,
Lope de Vega, Quevedo,los hermanos Argensola, etc...
La presente Antología no puede ni pretende ser completa. Es sólo
una muestra de la riqueza existente.
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