Treinta
días
Treinta días, un mes, nuestro
primero,
con el alma rodando entre las
manos
envuelta en los mensajes
cotidianos
que pavimentarían el
sendero.
Cada palabra fue ágil
mensajero
de esperanzas y júbilos
lejanos,
de piel, latidos, sueños tan
tempranos
que parecieran aire
pasajero.
Revistiéronse pronto de
firmeza,
hermanados de gozo y de
tristeza,
cabalgando ilusiones y
dolor.
La marcha de las horas,
dura y lenta,
quiebra la mente, el ánimo
revienta,
pero aún así, me afirmo en este
amor.
1 de Marzo 2003