Ven y duerme

Cada noche me acuesto en la estructura
de sábanas de acero, y su dureza,
su frialdad, su rígida tristeza,
me oprimen con rigor de sepultura.

Sólo tu mano cálida, segura,
traerá esa elástica delicadeza
que poda el luto, lima la aspereza,
funde el acero a golpes de ternura.

Con ella ausente, temblará la llama
de mis sueños; sin ella se derrama
el agua de mi cántaro, mi fe.

Ven y duerme conmigo, en alianza
de cuerpo y alma, que la noche avanza,
y el corazón ya casi no te ve.


6 de marzo de 2003

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   

 

 



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