Caligrafía

Preterido el teclado indiferente,
de mecánico tacto y lengua fría,
hoy, a la luz del sol, mi alma se guía
por la mano que escribe cordialmente.

En cada rasgo o tilde está latente
un temblor, un lamento, una alegría,
una parte de mí que irrumpiría,
al ser leído, en ti, como un torrente.

Escúchenme tus ojos. Hoy te hablo
con la firme agudeza del venablo,
la suave intimidad de voz que besa.

Hacia ti mi escritura va, vibrante;
que cada línea azul, zigzagueante,
en ti se imprima, sin estar impresa.


7 de marzo de 2003

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   

 

 



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