Noche de paz

Regado estoy de paz que de ti mana,
qué descanso obtenido sin contienda;
el fuego en el hogar es roja ofrenda
a que la noche ahuyente la mañana.

Dame el silencio que en quietud hilvana
sonrisas luminosas, y trascienda
de un alma a la otra, en paralela senda,
este alborozo inmóvil que nos gana.

El tiempo se detiene; ya no hay horas
en cíclico viraje, no hay auroras
avanzando en cuadrigas apremiantes.

Sólo un punto, un perfil contemplativo,
y un mundo absorto al escuchar cautivo
la callada canción de dos amantes.


8 de marzo de 2003

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   

 

 



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