¿De qué sirve?

Cada declaración, cada promesa,
abre una zanja entre tu pie y el mio;
nos une un ancho y árido vacío
que ni se contraerá ni se atraviesa.

Somos la boca que habla, mas no besa,
desolación de atardecer sombrío,
riberas somos de incesante río,
quedando mientras fluye, y no regresa.

Me dueles tanto que mi piel se agrieta;
sobre el madero soy llama incompleta,
zigzagueando sin brindar calor.

¿Por qué guardar la rosa, si marchita?
¿De qué sirve el amor que así limita?
¿Qué hacer con tal ausencia, tal dolor?


11 de marzo de 2003

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   

 

 



Visita mi "Antología de sonetos"



   





Contador de "Sonetos de marzo"



Contador de "Postales poéticas"