Original de 

 



Monto la guardia sobre la atalaya
en cuyo torno vuelan las gaviotas,
gaviotas del ensueño de tu playa,
canciones infantiles y remotas.
 
Tiendo la vista, y sobre el agua vienes,
desnuda al sol, la cabellera al viento,
gaviota soñadora, que mantienes
en vuelo azul la flor del sentimiento.


Febrero 1998 

 

El

 

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154
Monto la guardia sobre la atalaya
en cuyo torno vuelan las gaviotas,
gaviotas del ensueño de tu playa,
canciones infantiles y remotas.
 
Tiendo la vista, y sobre el agua vienes,
desnuda al sol, la cabellera al viento,
gaviota soñadora, que mantienes
en vuelo azul la flor del sentimiento.
 
 
155
La rosa blanca es frágil, pero brilla
con vivo resplandor en cada hoja;
se bate con los celos la amarilla,
intentando gritar cuando se enoja;
aparece el rubor en la mejilla
al arrebato de la rosa roja…
Tres símbolos de amor y de belleza,
para una, gozo; para dos, tristeza.
 
 
156
Hombre me veo, espléndido y avaro,
al hacer sementera en campo ajeno
y dejar en barbecho tu terreno,
seco y estéril bajo el cielo claro.
 
Mas oirás cómo el soplo de mi viento
gime tu nombre en los cañaverales,
y mis lluvias traerán a tus rosales
las rojas rosas de mi ofrecimiento.
 
 
157
Silencio, hermano mío, dame tu paz serena,
amordaza los cantos que entumecen la mente,
detén en el remanso la furia del torrente,
y adormece el recuerdo que turba el alma en pena.
 
No me siento inocente, ni me encuentro culpable,
estoy mudo de acentos y desnudo de amores,
sordo a las melodías y ciego a los colores...
Dame el dulce descanso de un sueño interminable.
 
 
158
El ruido amortiguado de tu planta
encuentra un eco en mi interior vacío,
mas tú no oyes el grito que levanta
mi corazón abandonado y frío.
¿Es que tu alma no escucha cuando canta,
o es porque el grito de dolor es mío?
No sé por qué, pero al pasar de largo
sólo me dejas un sabor amargo.
 
 
159
Alas me dió el amor para el ascenso,
y volé con los ángeles un día.
Huyó el amor y me dejó indefenso;
y un ángel negro de mirada fría
me embriagó el alma de dolor intenso.
 
 
160
Volé muy alto, pero fuí abatido,
y me acogió en su abrazo el duro suelo;
pero olvidé mi corazón herido,
batí las alas, y remonté  el vuelo.
 
 
161
Al recorrer el múltiple sendero
de estos versos de amor y de promesas,
quizá te salga al paso un hervidero
de sombras, y fantasmas,  y sorpresas
que van y vienen con aspecto austero,
mas sólo habitan en tu mente presas.
Yo aquí enterrado estoy, pero estoy vivo,
forjando el sueño de un amor furtivo.

(Indice)

 

 

 

 
Cuando a tí venga no ha de ser en sueños,
porque los sueños dejan
imágenes truncadas y placeres pequeños
que al extender los brazos me evaden y se alejan.
 
Vendré hacia tí en marea irreprimible
de sucesivas e insistentes olas,
arropando el desnudo de tu piel apacible
en espumoso abrazo sobre la arena a solas.
 
Quizá venga como ímpetu violento
danzando en espirales
de huracanado viento
para así desflorarte los rosales.
 
O será en el empuje del torrente,
envuelta en mí y en mí zarandeada,
arrastrando tu cuerpo en mi corriente,
sin resistencias y sin retirada.
 
O es posible que venga sigiloso,
tigre en avance lento y decidido,
y en salto vigoroso
cayendo sobre tí con un rugido.
 
Pero quizá me llegue
como el hombre de instintos y de amores
buscando a la mujer que se me entregue
con alma en fuego y cuerpo de temblores.
 
Y en su abrazo cerrado, y en sus muslos abiertos,
ha de haber una oferta
de placeres dormidos y de sueños despiertos,
de secretos al aire, de intención descubierta.
 
Si así vengo y te encuentro,
seré viento y torrente, seré tigre y marea,
te abrirás a mi asalto, y al recibirme dentro
seré yo quien te invada, mas tú quien me posea.
 
Los Angeles, 2 de Febrero de 1998
 






 
Al llegar el momento,
ha de llorar la luna con lágrimas de estrellas
haciendo más oscuro en la noche el firmamento,
pero serán las tuyas más tristes y más bellas.
 
Cuando llegue el momento se aferrará tu mano
a la mía, intentando retenerme a tu vera,
y maldiciendo al tiempo, inflexible tirano,
que no detuvo el paso en su carrera.
 
Una serpiente amarga se enroscará en tu pecho,
atenazando el alma con negra incertidumbre.
Qué frío habrá en tu lecho,
qué sola irás entre la muchedumbre.
 
Mas quedará el recuerdo de los días brillantes,
de las noches rojizas
en que fuimos amantes,
y el fuego estará vivo en las cenizas.
 
Y habrá un faro en la costa destellando
chorros de luces sobre el mar inquieto,
penetrando en las sombras, y aventando
la duda oculta y el temor secreto.
 
Mira en la oscuridad
del sentimiento triste
el resplandor, no la fugacidad,
de la entrega que dí y que me ofreciste.
 
Y cesará la luna
de sollozar nostálgicos olvidos,
porque no habrá ninguna,
ninguna otra mujer en mis gemidos.
 
Los Angeles, 2 de Febrero de 1998






 
Esta noche no dormiré en tu alcoba.
por no ver los fantasmas que detesto
y los sombríos monstruos que me espantan.
 
Cuando brota tu amor, alguien lo roba;
Si mis besos te doy, se pierden presto;
y las penas que arranco, otros las plantan.
 
Hay un pasado escrito en las paredes
que se burla de mí, y me lanza insultos,
y aunque cierre los ojos, aún le leo.
 
Ha desplegado sobre mí sus redes,
ha invadido mi paz con sus tumultos,
y me aturde con su repiqueteo.
 
Tienes que abandonar esa caverna
que un día para tí fue trono y gloria,
y que conserva tanta resonancia.
 
Si acaso su recuerdo aún te gobierna,
desentiérrale ya de la memoria,
y déjale perderse en la distancia.
 
Sal de tí misma, apréstate a la huída
sin volver la mirada hacia el pasado,
destrozando los lazos que te amarran.
 
Hallarás junto a mí una nueva vida,
y en tí habrá paz cuando haya aniquilado
los garfios del dolor que te desgarran.
 
Los Angeles, 3 de Febrero de 1998






 
En mis paredes internas cuelgan trofeos soñados
de ambiciones,
de ilusiones,
de propósitos abiertos, de afanes nunca logrados.
 
Desembocan
como crueles arroyos en serenidad de lagos,
vertiendo inseguridades y diseminando estragos
que en el fondo se colocan.
 
Las colinas circundantes,
al mirarse reflejadas en la superficie tersa,
se perciben a sí mismas, no a la realidad inmersa,
oyen la armonía clara, no las notas discordantes.
 
Soy como soy en mí mismo, no sólo como aparezco,
si me has de juzgar, que sea
no por lo que tu ojo vea,
mas por lo que yo te ofrezco.
 
A veces sobre las aguas se agitará la tormenta,
pero habrá paz en el alma;
y a veces será la calma
flotando sobre el tumulto, soñolienta.
 
Verás al pasar que tengo
la entrada franca y abierta,
sólo has de empujar la puerta
para observar cómo vivo y en qué luces me mantengo.
 
Pero si pasas deprisa,
con una breve mirada
dirigida a la fachada,
quizá no veas el llanto camuflado en la sonrisa.
 
Los trofeos aparentes
sean virtudes o vicios,
son atributos ficticios
en la ardiente fantasía de las gentes.
 
Júzgame por lo que soy,
por lo que hago y lo que digo,
sin rumores ni sospechas; sólo yo soy mi testigo;
soy como soy, como fui, como ayer, mañana y hoy.
 
Los Angeles, 4 de Febrero de 1998






 
 
Esta mañana amanecí a tu lado
despertando del sueño a la ilusión;
y las alas de la imaginación
en manos de ternura he transformado.
 
Sorprendióme tu entrada desarmado
tras los muros del alma y la razón,
llevándote de mí, como ladrón,
el sosiego que yo había logrado.
 
Habiendo sopesado la evidencia
de los actos pasados, que aún cometes,
tu culpabilidad se ha decidido.
 
A cadena perpetua es la sentencia,
con un solo eslabón, dos brazaletes,
uno en mí, y sin opción para el olvido.
 
Los Angeles, 8 de Febrero de 1998
 






 
Quiéreme en marzo, quiéreme en septiembre,
y en agosto, y en junio, y en enero,
y quiéreme en octubre y en diciembre,
pero no en el catorce de febrero.
 
¿Por qué ha de haber para el amor un día,
rosas, bombones, bailes o teatro,
dejando indiferencia y apatía
en los trescientos y sesenta y cuatro?
 
Hoy no ha de ser mi amor ni más ni menos
que lo fue ayer o lo será mañana;
si he de besar tus labios o tus senos,
lo quiero hacer cuando me dé la gana.
 
En esta fecha mercantilizada,
en que el amor es una obligación,
nada espero de tí, no esperes nada,
deja la regla, adopta la excepción.
 
Te buscará mi mano cuando quiera,
estaré para tí siempre asequible,
verano, otoño, invierno y primavera,
con fuerte impulso o toque imperceptible.

Destruye el plan, arroja el calendario,
rechaza la ocasión prefabricada,
marcha con paso firme y voluntario,
y que nadie distraiga tu mirada.
 
Y habrás de responder a quien te diga
que debes ser romántica un instante,
que hoy has de ser únicamente amiga,
y volverás mañana a ser amante.
 
Olvídame el catorce enteramente,
ser amado este día es un engaño,
mas recomienza el quince intensamente,
y ámame más y más en todo el año.
 
Los Angeles 10 de Febrero de 1998
 






 
Te han seguido mi mano y mi mirada
entre las sombras y a la luz del día,
mas tu sombra en las sombras se perdía,
y tu luz quedó al sol difuminada.
 
Te busqué al levantarse la alborada,
en el silencio y en la melodía,
en el gozo y en la melancolía,
y sólo encontré mi alma desolada.
 
En cada nueva esquina te adivino,
pienso hallarte en el próximo recodo,
siempre te espero en cada amanecer.
 
Pero sigo, incesante peregrino,
sin alcanzarte, aunque lo intento todo.
¿Por qué no vienes hacia mi, mujer?
 
Los Angeles, 12 de Febrero de 1998
 






 
Desnúdenme tus manos lentamente
sobrenadando senos y caderas,
y desliza tus dedos diligente
entre botones, lazos, cremalleras.
 
Mira mis ojos y ábreme la blusa,
y descuelga los pechos prisioneros,
que mi deseo nada te rehusa,
y ellos son del deseo mensajeros.
 
Se abren a tí como dos rosas tiernas,
esperando la lengua en los pezones,
y percibo temblores en mis piernas,
y un aire abrasador en los pulmones.
 
No hay en mi ofrecimiento ambigüedades,
va a tí sin desvergüenza o timidez,
y aunque con tinte de frivolidades,
parece siempre la primera vez.
 
Besa con humedad mi boca hambrienta,
y haz que ambas lenguas jueguen en contacto,
no ha de haber nada a lo que no consienta ,
mía es la voluntad, tuyo es el acto.
 
En la espalda hay insólitos caminos
que mi mano jamás ha transitado,
y de tus dedos brotan remolinos
erizando la piel de mi costado.
 
En breve y delicada sacudida
mis hombros de la blusa se desprenden;
semidesnuda estoy, y enarde