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Junio
1998

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211
El
beso suave y la caricia leve
al
borde de mi sueño recibidos,
han
quedado a mi piel tan adheridos
que
si otra mano a acariciar se atreve,
no
será percibida en mis sentidos.
212
Esa
joven mujer adormecida
tan
largo tiempo en tu castillo interno,
que
olvidó los impulsos de la vida,
ha
de verse de nuevo renacida:
Su
primavera seguirá a su invierno.
213
Cierro
los ojos y a mi lado llegas,
quebrando
la distancia.
Y
cuando te me entregas
nuestras
memorias permanecen ciegas,
y
lo demás carece de importancia.
214
Deslízate
en la sombra de mi lecho,
y
abraza mi dormir sin despertarme;
sabré
que estás que allí, sobre mi pecho,
y
esperaré que empieces a besarme.
215
Convoca
la trompeta a los amores
al
valle verdiazul de la esperanza,
para
contrapesar en la balanza
el
arsenal de entrega y de valores
que
dan la floración a una alianza.
Y
entre todos, sagrados y profanos,
de
furia intensa, o tenues ilusiones,
uno
surgió en altura y dimensiones:
el
amor recibido de tus manos,
sin
ataduras y sin condiciones.
216
Cuando
el instinto me desate el hambre,
no
abrazaré en los lirios la pureza;
si
me han de rodear como un enjambre,
dejaré
que me invada con firmeza
la
rigidez vibrátil del estambre.
217
Abriré
mis más íntimos recintos
para
que tu pasión me los posea;
dejaré
en libertad a tus instintos,
y
seré como tú quieras que sea.
218
No
atavíes tu voz con el adorno
de
palabras prestadas;
derrámalas
en saltos virginales,
sinceras
y espontáneas.
La
melodía es bella, pero es eso,
un
canto en la alborada.
Lo
importante es la esencia del mensaje,
que
se entierra en el alma.
Susúrrame
al oído que me quieres,
pero
usa tus palabras.
(Indice)


Invasora
de ideas y emociones,
absórbeme
las noches y los días,
duerme
el temblor de mis mañanas frías,
y
despójame el alma de razones.
No
lograré escapar de mis prisiones,
pero
han de ser por tí menos sombrías
al
roce de tus manos en las mías
y
al eco de tus íntimas canciones.
Ayúdame
a remar contra corriente,
que
me está dominando la costumbre,
y
puedo naufragar en un instante.
No
me dejes perderme indiferente
como
uno más entre la muchedumbre:
Sé
mi amiga, mujer, y sé mi amante.
Los
Angeles, 26 de Mayo de 1998
Cuántos
años, amor, se te durmieron
en
las páginas grises del contrato,
con
la mente clavada en lo inmediato
de
paisajes que desaparecieron.
En
comunión dos seres se ofrecieron
sin
ver sus pies en diferente estrato;
dió
el tiempo sus campanas a rebato,
y
en mutua soledad amanecieron.
Y
al mirarse al espejo una mañana,
"¿Quién
soy?", se dijo, sin reconocerse;
"¿Y
quién es éste, que a mi lado duerme?"
Dos
extraños, en vida cotidiana,
que
hoy solamente pueden ofrecerse
alma
vacía y voluntad inerme.
Los
Angeles, 26 de Mayo de 1998
No
me arranques el sueño que me diste
desde
el fondo lejano de la ausencia;
porque,
de tí privada en permanencia,
la
vida de vacío se reviste.
Deslízate
en mi oscura noche triste
derramándote
en mí en gentil violencia,
apuñalando
olvido, indiferencia,
y
cuanto entre nosotros se resiste.
Ven
a mi sueño. Yo estaré despierto,
que
no quiero perderte, si dormido,
y
te sueño mejor en mi velar.
Bajo
tu cuerpo yo estaré cubierto,
me
hallaré en tus entrañas sumergido,
y
no querré dormir ni despertar.
Los
Angeles, 27 de Mayo de 1998
Daga
mortal me llega por correo,
envainada
en el sobre,
clavándose
en mis ojos mientras leo
tu
mensaje, que cuanto más lo veo,
más
impide que el alma se recobre.
Y
no puedo apartarle la mirada;
persisto
en su lectura,
sin
entender por qué tu llamarada
se
ha transformado en una lluvia helada
dejándome
empapado de amargura.
Del
rosal que contigo cultivara
te
has llevado las rosas
esta
mañana clara;
ya
sólo tengo espinas que en mi cara
rasgan
sangrientas huellas dolorosas.
Sé
que no volverás, y yo algún día
sabré
recuperarme,
silenciando
tu vieja melodía,
y
he de colmar el alma, ahora vacía,
cuando
vuelva de nuevo a enamorarme.
Porque
otra ha de llegar con una oferta
que
arrojará la tuya en el olvido,
y
resucitará la ilusión muerta;
tomará
posesión del alma abierta,
y
he de ser suyo más que tuyo he sido.
Los
Angeles, 1 de Junio de 1998
¿No
me ves sumergida en el silencio,
y
amordazada en soledad y olvido?
Al
pasar por la sombra de mi vida,
dame
la mano y llévame contigo.
Te
esperé tantos años sin saberlo,
perdida
dentro de mi laberinto…
ahora
que me has abierto la salida,
dame
la mano y llévame contigo.
No
quiero abrir el libro del pasado,
porque
detesto cuanto en él he escrito;
uno
en blanco abriré para tu pluma;
dame
la mano y llévame contigo.
Llena
mis hojas de apretada letra,
yo
no quiero escribir, hazlo tú mismo,
enrojeciéndome
de sangre y fuego;
dame
la mano y llévame contigo.
Dondequiera
que vayas, te acompaño,
porque
haré tu camino mi camino;
déjame
despertar en tus mañanas;
dame
la mano y llévame contigo.
No
he de mirar atrás, sólo adelante;
perdí
el pasado, y el futuro es mío;
no
te quiero perder; dame la mano,
dame
la mano y llévame contigo.
Los
Angeles, 8 de Junio de 1998
El
círculo vacío de mis brazos
se
extiende hacia tus formas imprecisas,
mas
ni sienten la piel cuando te tocan,
ni
los ojos te ven cuando te miran.
Sé
que estás a mi lado, y no te
encuentro,
te
escucho, sin poder oir tus risas,
y
estremecida se me duerme el alma
sin
percibirte cuando me acaricias.
Qué
plenitud de anhelos implacables
en
tu respiración se arremolina,
salvaje
y a la vez plácido impulso,
diafanidades
y a la vez enigmas.
Voy
en tu busca con tenaz intento,
Pasaré
junto a tí como la brisa,
arrancando
la rosa que en tí crece,
y
haciendo libre a la que fue cautiva.
Y
conmigo vendrás, y en mi camino,
sin
multitudes, ni temor, ni prisas,
andarás
sin llegar a ningún sitio,
porque
en mí encontrarás tu meta misma.
Te
llevaré conmigo al fin del mundo,
donde
están las estrellas sumergidas,
y
las verás surgir de entre las aguas,
trepando
el horizonte cuesta arriba.
Pero
estarás en mí, sin ir más lejos;
en
mí toda tu vida se perfila;
en
mí hallarás la forma imponderable
de
empezar y acabar tu fantasía.
Y
al dormir en mi abrazo rebosante,
reposando
en mi pecho la mejilla,
comprenderemos
que el futuro es nuestro,
que
nuestras vidas aún no están escritas.
Los
Angeles, 8 de Junio de 1998
Cae
sobre mí en los copos de la nieve
con
blancos besos de temblor ligero;
satúrame
de tí, vivo aguacero
de
mano innumerable que en mí
llueve.
Arrópame
en tus vientos, y remueve
la
fronda del amor perecedero;
y
hazme en la oscuridad tu prisionero,
cárcel
de noche larga y día breve.
Deja
libre correr tus elementos
en
suave flujo o rápida avalancha,
en
manso arroyo, o en feroz torrente.
Irrumpe
en mis sentidos turbulentos,
y
sotérrame el alma, que se ensancha
para
albergar un solo residente.
Los
Angeles, 11 de Junio de 1998
Apenas
te comprendo, porque vienes
como
un enigma envuelto en un misterio;
¿A
qué se debe ese temor que tienes?
¿Por
qué tu rostro permanece serio?
Déjame
penetrar el fondo oscuro
donde
está tu sonrisa sepultada,
derribando
a mi paso el viejo muro
que
tu vida dejó incomunicada.
Cataratas
de luz y de sonidos
se
van a derramar en tu semblante,
con
palabras de amor en los oídos,
y
en la mirada brillo rutilante.
Y
entonces podré verte en transparencia,
sin
sombra, ni tristeza, ni secreto;
llevándote
en constante pertenencia
colgada
de mi cuello, mi amuleto.
Los
Angeles, 20 de Junio de 1998
¿Por
qué me juzgas por tener espalda,
si
te miro de frente?
Todos
acarreamos un pasado
proyectándose
en parte en el presente.
Pero
avanzo hacia tí con firme paso
rasgando
el aire denso que te oprime,
saltando
la muralla que te esconde,
y
ofreciendo el amor que te redime.
No
es un plan de conquista
programado
hacia el débil por el fuerte,
ni
un ensayo de intentos inseguros,
sino
afán espontáneo de quererte.
Tengo
en el hoy anclada la memoria,
y
hacia el mañana el corazón se
inclina;
no
eres de ayer, mujer, pero al tenerme
sólo
tu imagen llena mi retina.
Estoy
tratando de elevar un muro
para
aislar lo que fue de lo de ahora,
y
de excavar un foso que sepulte
la
duda que la calma te devora.
No
hay ya quizá, ni puede ser, ni creo,
ni
sobre mí pesada interrogante,
sólo
apareces tú, forjada en bronce,
firme
campana de tañer vibrante.
Los
Angeles, 22 de Junio de 1998
De
la luz y el color de tu mirada,
aún
sin verte, mis ojos están llenos;
y
entre mis manos tiembla alborozada
la
caricia lejana, derramada
en
las rosas abiertas de tus senos.
Suéñame
hoy como ayer, en la distancia;
ven
a mis sueños cada noche oscura,
olvidando
la rígida armadura
que
puede estrangular tu exhuberancia,
y
yace junto a mí, dulce y segura.
Abandonada
en mí, yo sabré darte
firme
pie en el temor en que resbalas,
y
he de elevarte, al desplegar mis alas
a
un mundo nuevo en que vivir aparte
de
tu peregrinaje en cien escalas.
Uno
será el viaje, al lado mío,
sin
parada final ni intermitente;
marcha
perenne y ritmo consistente,
sin
meta establecida ni desvío,
como
amor imposible y permanente.
Sal
de tu sombra, entierra la costumbre
en
tumba desmarcada y escondida
para
iniciar mejor y nueva vida
cerrada
al flujo de la incertidumbre,
que
revive el dolor de cada herida.
Y
en mí estarás, en caminar constante,
viviendo
sin la espina de la duda,
en
sonora canción, o pasión muda,
amiga,
amada, enamorada, amante,
a
mi lado felizmente desnuda.
Los
Angeles, 18 de Junio de 1998
Si
eres la nube resbalando lenta
sobre
mi superficie azul verdosa,
lluéveme
oscuramente silenciosa,
caricia
triste en alma que lamenta.
Marea
ya indecisa, ya violenta,
en
búsqueda insistente y ambiciosa
de
la playa febril, voluptuosa,
donde
el furor de mi ímpetu revienta.
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