-
- Esa
mujer, sentada a la ventana,
- con
la mirada errática a lo lejos,
- escudriñando
un horizonte en brumas
- al
final de un paisaje soñoliento;
-
- esa
mujer, nostálgica de amores
- sembrados
a la luz de otro hemisferio,
- con
un temblor de besos en los labios,
- y
un temblor de caricias en los dedos;
-
- esa
mujer, cuyas palabras mudas
- vuelven
a sus oídos como un eco,
- monólogo
o diálogo, ¿quién sabe?,
- ¿quién
sabe si luz vívida o reflejos?
-
- Y
las horas transcurren, y los días,
- viendo
las nubes navegando el cielo
- en
lento rumbo a insólitas riberas,
- cargadas
de ilusiones y de sueños.
-
- Calma
aparente neutraliza el rostro,
- mientras
la tempestad se agita dentro.
-
- Unos
la ven esfinge misteriosa,
- máscara
gris de indiferente gesto;
- otros
como indolente soñadora,
- encallada
en la incógnita del tedio;
- yo
la veo en los fieros remolinos
- y
en las tormentas de su mar interno;
- la
rítmica explosión de sus latidos,
- el
violento rugir de sus deseos.
- Lo
escucho todo porque estoy colgado
- en
invisible abrazo de su cuello.
-
- Los
Angeles, 26 de octubre de 1998
-
- Esta
mañana el viento me ha azotado la
cara
- con
el látigo helado , trenzado de
gemidos,
- de
una queja de amante que nunca
anticipara,
- hiriéndome
los ojos con voces sin sonidos.
-
- Los
mensajes escritos son tan impersonales…
- Carecen
de sonrisas, de lágrimas, de euforia,
- ni
hay tonos de ternura, ni cadencias
sensuales,
- sólo
palabras frías que hablan a la
memoria.
-
- Si
entre tantas palabras resalta el
abandono,
- o
el temor, o el olvido, ¿serán sus
emociones
- resignación
o angustia? Porque faltando el tono
- se
multiplican siempre las
interpretaciones.
-
- Y
al entregar mis dedos la respuesta al
teclado
- desfilarán
las letras con paso indiferente,
- mientras
el sentimiento se queda bloqueado,
- y
le llega incompleto el mensaje al alma
ausente.
-
- Aún
la palabra hablada tiene sentidos
varios,
- perdiéndose
la esencia de la lengua al oído,
- y
en la escrita habrá a veces
resultados contrarios,
- interpretando
el llanto como áspero alarido.
-
- ¿Y
mi amante? Si teme que el final se
aproxima,
- ¿será
que lo presiente o será que lo desea?
- Quién
pudiera aplicarle al lenguaje una lima
- para
que nadie altere lo escrito cuando
lea.
-
- Los
Angeles, 28 de octubre de 1998
-
- Ha
muerto una sonrisa en mi ventana;
- ¿no
has visto a su alma levantar el vuelo?
- Murió
por tí, tendida sobre el hielo,
- Cansada
de esperar cada mañana.
-
- Qué
calidez, qué calidad humana
- Exhibió
en la antesala del recelo,
- Sin
permitir que el hondo desconsuelo
- Oscureciera
su ilusión temprana.
-
- Asomóse
a la noche hora tras hora
- Con
su visión de tí
esperanzadora,
- Y
a la luz de la aurora se asomó.
-
- Pero
en la paz del campo mudo y triste
- No
se oyó tu pisada, no viniste,
- Y
dulcemente se desvaneció.
-
- Los
Angeles, 29 de octubre de 1998
-
- No
soy un hijo de la fantasía
- Aunque
mi piel ignore tu contacto,
- O
desconozcas mi perfil exacto,
- O
permanezcas en la lejanía.
-
- ¿Por
qué exiges que mi fisonomía
- deba
imprimir tan singular impacto,
- si
quizá entre los dos nunca habrá un
acto
- que
una ambos cuerpos en audaz orgía?
-
- Deja
libres fluir los sentimientos,
- Con
naturalidad, sin aspavientos,
- Y
sin considerar rostro ni edad.
-
- Ama
con furia insólita y salvaje,
- Siendo
mi compañera de viaje,
- Aunque
sea un viaje en soledad.
-
- Los
Angeles, 29 de octubre de 1998
-
- I
- Hambrientos
y desnudos,
- van
mis brazos en busca de un abrazo,
- arrastrando
abandono,
- y
abiertos en silencio en doble arco.
- En
las mieses maduras del gentío,
- separan
las espigas cuando avanzo.
- Qué
insípida igualdad de multitudes,
- sin
destacarse variedad ni encanto.
- Roja
de sangre, tímida amapola,
- ¿dónde
te ocultas, bajo el sol de mayo?
- Mira
que vengo ahogado de infortunio,
- y
te quiero adherir a mi costado.
-
- II
- Sentada
en mis rodillas, desprovista
- de
palabras, ideas y reclamos,
- recoge
mi hombro el rostro,
- leve
sonrisa y ojos entornados.
- Flota
en el aire la quietud dormida,
- con
auras místicas de epitalamio,
- y
la mente vacía se columpia
- en
la sombra de un mundo imaginario.
- Nada
se mueve en torno,
- como
el agua tranquila del remanso;
- detenida
la arena en la clepsidra,
- dormido
el viento, inmóviles los pájaros…
- Qué
abrazo interminablemente dulce;
- no
te muevas, mujer, de mi regazo.
-
-
- III
- Este
abrazo, mujer, viste mi cuerpo
- de
la túnica azul de tu arrebato,
- marea
de tu mar, contra las rocas
- firmes
y erectas de mi acantilado.
- Cúbreme
de tí misma, que al ceñirme,
- tus
labios con los míos amordazo,
- y
sólo el alma me hablará en tus ojos,
- y
me transmitirá tus sobresaltos.
- Estrecha
el cerco, que aún no somos uno,
- que
dos es casi tanto como varios…
- Desliza
la rodilla entre mis piernas,
- que
a mi tigre despierta como un látigo,
- y
en ímpetu salvaje se abalanza
- hacia
tí incontrolable, incontrolado.
- Abrazo
vertical, exhuberante,
- nudo
incondicional, íntimo abrazo.
-
-
- IV
- Se
alejaron las aguas torrenciales
- que
el paisaje arrasaron a su paso;
- desanudóse
la atadura firme
- y
la pasión degeneró en letargo.
- Mi
cómplice, mi amante,
- yace
exhausta a mi lado.,
- y
los brazos que fueran energía,
- se
hallan ahora en descanso.
- Se
despierta la brisa junto al río,
- coqueteando
inquieta entre los álamos,
- y
se percibe el agridulce aroma
- de
almendros, limoneros y naranjos.
- El
sol naciente besará tu espalda,
- y
se adormecerá en ella mi mano,
- y
tamborilearán sobre mi pecho
- tus
finos dedos largos.
- Lentas
las horas van, y silenciosas,
- seco
el sudor, y el ímpetu apagado,
- sueña
despierta junto a mí, y sonríe
- al
sentir en tus párpados mis labios.
-
- Los
Angeles, 3 de noviembre de 1998