Poesía del momento, Nº 127 b

Segunda de febrero de 2007

 


Está viva la muerte, respirando
como perro dormido;
tal vez la oiremos despertar ladrando,
o solamente lo sabremos cuando
ya nos haya mordido.

Brevería Nº 1234

 

 

Breverías

   
1626
Al abrirse la luz, tenue primero,
luego de par en par, vasta, imperiosa,
aún abrazado estoy, brasa y acero,
a la mujer que junto a mí reposa.

Tantas noches fue sombra, que a la aurora
se obligaba a partir, pero hoy es causa
y efecto, es efigie y escultora,
en ciclo sistemático, sin pausa.

1627
Las preguntas lejanas no saben de repuestas
convincentes; escuchan, y les responde el viento
en sus tonos ligeros, con sus aires de fiestas,
o el frío de las frases hechas de reglamento.

Son respuestas que sólo luchan en las trincheras,
ocultas a las balas que disparan las dudas;
las respuestas auténticas nacen de las aceras,
de la almohada, del parque, directas y desnudas.

1628
Seremos casa, y estará vacía,
coloquio hemos de ser, mas despojado
de ideas y verdades; si ironía,
tal vez será atropello disfrazado;
quizá nos queda sólo la alegría
de ser islotes en un mar callado.
Oh, qué celebración en solitario
cada Año Nuevo, cada aniversario.

1629
Se han abierto los brazos de todas las mujeres,
mas no hay hombres bastantes para llenar sus nidos;
tal es la discrepancia de metas y placeres,
que muchos se declaran, sin ensayar, vencidos.

1630
Hemos escrito en agua y en arena.
¿Quién logrará leer tal documento?
¿A quién convencerá nuestro argumento,
si es mensaje invisible y no resuena?

Tal vez esa expresión perecedera
no tuvo por destino ser leída,
sino que detallamos una herida
para que nadie más la percibiera.

(Indice)

 

Poemas

   
 
Una mañana

Una mañana, al desplegar los ojos
para absorber la realidad de nuevo,
allí la vi, vibrante, pero inmóvil,
con la respiración casi en suspenso,
y la vitalidad de la Victoria
de Samotracia, donde queda el viento
tallado entre los pliegues de la túnica,
y el mármol es exquisitez y esfuerzo.
Oscuro y ondulado
levemente el cabello,
y sugerente escote, revelando
la doble, blanca curva de los senos;
corta la falda y piernas como ríos
inmensamente largos, paralelos,
y el caudal desbordante por las anchas,
tibias encrucijadas del deseo.
Voy sobre su figura paso a paso,
observo cada rasgo, cada gesto,
tan alucinador, tan sosegado
como de estatua, pero siempre vuelvo
al color y calor de sus pupilas;
no ya a los ojos, tácito ornamento,
sino a la intensidad de la mirada,
elocuente explosión en su silencio.
Mira con la certeza
de quien penetra el límite del cuerpo,
y vaga libremente
del sur del alma al norte del cerebro,
suavizando el rigor de cada enigma,
desentrañando el último misterio.
Y me siento vestido
de cristal, sin secretos.
Saboreo esta imagen sorprendente
de desnudez mental; no tengo miedo
a esta irrupción frontal en lo más íntimo
de cuanto he sido, o soy, o cuanto sueño.
Sigo mirando, entiendo su mirada,
y ella la mía, comunión, acuerdo.
No inmóvil ya, viene hacia mí, se queda;
mujer compenetrada, sobre el lecho.



Los Angeles, 11 de febrero de 2007
(Indice)

   

Al pasar por tu casa

Te conocía, pero sin saberlo,
y sin pertenecerme, fuiste mía;
mis pies eran rebeldes a mi mente,
y me llevaban como a la deriva,
pero siempre camino de tu casa,
ignorante de cómo o por qué iba.
Era una carretera secundaria,
apenas concurrida,
desde mi casa a cualquier otro sitio,
sin líneas blancas junto a las orillas,
con álamos de un lado, de otro pinos,
serpeando entre el río y las colinas.
Y al pasar por tu casa,
sin saber que era tuya, sin más vida
que un ladrido lejano,
y en el tejado algunas golondrinas,
siempre una voz muy leve me llegaba
enlazada a mi nombre, tan furtiva
como si musitada entre visillos,
detrás de los cristales. La llovizna
era una mano de infinitos dedos
trabados de caricias;
y el último momento de la tarde
dulce, profundamente se dormía.

Y así una vez y otra,
mi paseo, tu voz arrimadiza,
sin saber que era tuya,
dentro de mí la misma sacudida,
y el mismo oculto gozo inexplicable
de haber hallado no sé qué. Y un día,
al verte en el balcón, toda temblores,
toda fragilidad, toda sonrisa,
sentí la invitación ineludible
de adherirme a tu vida.
Y es donde estoy, en propiedad de amores,
ya no en perplejidad, distancia, enigma.



Los Angeles, 12 de febrero de 2007

(Indice)

   
La tierra será vuestra

La tierra será vuestra, multiplicad la especie,
poblad páramos, valles, riberas y mesetas,
con orgullo de bestias, matad al que os desprecie,
quemad la tierra, el aire, y si acaso profetas

levantaran sus voces contra crimen y abuso,
contra el hambre del débil, y el oro del magnate,
si alguien clamara a gritos de indignación "Yo acuso",
crucificadle al punto, sin opción a debate.

Ríjase vuestro mundo por la ley del más fuerte,
los fantoches de turno, las máquinas de guerra;
se sostendrá la vida sólo sobre la muerte
del frágil y el caído, rémora de esta tierra.

Vivid para el presente, talad selvas y montes,
contaminad las aguas, ampliad el desierto;
no es menester crearse ni planes ni horizontes,
háganlo vuestros hijos después de haberos muerto.


Los Angeles, 12 de febrero de 2007
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1636 - Déjame entrar

Voy hacia ti cubierto de un olvido
no inevitable, pero necesario,
con desteñida sangre de Calvario,
y sombra de Tabor desvanecido.

No habrá Resurrección, se ha consumido
el último residuo solitario;
sólo queda, doblado ya, el sudario,
y en el ambiente el aire enrarecido.

Tú eres el alba en que la luz estalla,
velero yo que en tu arenal encalla,
consumado un periplo displicente.

Déjame estar, las olas ya no incitan
mi impulso viajero; si me invitan,
les diré que tu playa es suficiente.


Los Angeles, 12 de febrero de 2007


   

1637 - De Juana Chaos
No he callar por más que con el dedo,
ya tocando los labios, ya la frente,
silencio mandes o amenaces miedo.

¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?
(Francisco de Quevedo)

Al alma, ya de compasión desnuda,
de acrimonia y protesta la revisto;
no es tiempo de perdón, hoy reconquisto
la más audaz ley del talión. Acuda

cada cual a sus códigos; sin duda
se alegarán razones…que resisto;
si la ley exonera al anticristo,
¿debe la lengua mantenerse muda?

No, yo habré de gritarlo en los mercados,
en las plazuelas, desde los tejados,
mi palabra venablo arrojadizo.

Quien mata a hierro, por el hierro muera;
quien tantas vidas a la muerte diera,
que se muera o lo maten, como él hizo.


Los Angeles, 13 de febrero de 2007

Información sobre 

El terrorista no vasco que los terroristas vascos glorifican como héroe.

(Indice)

   
1638 - A tu manera

Tan largos son tus dedos, y afilados,
que me penetran hasta el sumergido
centro del sentimiento y del sentido,
y me roturan, lúbricos arados.

Qué luengos surcos, por tu amor trazados,
donde el grano revienta en estallido
de doradas espigas. Me han vencido,
labradora del alma, tus cuidados.

Horádame hasta el núcleo, desbarata
cada espejo interior que no retrata
tu propia imagen cuando en él te miras.

Sea todo de ti, que a tu manera
viva si vives, y si mueres, muera,
por ser mío el mismo aire que respiras.


Los Angeles, 14 de febrero de 2007
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1639 - Un guión nada más

Nunca podré decir: "Llegó mi hora".
Ni una hora tuve, ni una ha de esperarme;
he sido mucho menos, y al mirarme,
sólo un instante fui que el mundo ignora.

Un punto en la amplia, sobrecogedora
vastedad del espacio, y un adarme
en la piel de la historia, que al limarme
nadie verá caer, y nadie llora.

Pero nadie me vio venir tampoco,
por eso a nadie acudo, a nadie invoco;
"nací, viví, morí", fiel epitafio.

Y dos fechas tal vez, eslabonadas
de un guión nada más; sólo tres nadas
sobre la cuarta de mi cenotafio.


Los Angeles, 14 de febrero de 2007
(Indice)

   
1640 - Rosa de los vientos

Me adormezco en la rosa de los vientos
repasando los puntos cardinales;
míos son cordilleras, litorales,
y los cuatro primarios elementos.

El aire que me azota, los fragmentos
del agua golpeando los cristales,
el fuego que derrite los metales,
la tierra y todos sus ofrecimientos.

Floto en la cruz de treinta y dos agujas,
conciliábulo de otras tantas brujas
brindándome sus propias direcciones.

El mundo, tal como es, me pertenece.
Aún sin poder cambiarlo, me parece
más lugar de palomas que de halcones.


Los Angeles, 14 de febrero de 2007


La rosa de los vientos

(Indice)

Música de fondo: "Variaciones Nº 8", de Beethoven

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La familia de Francisco te responderá agradecida.


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